martes, 11 de marzo de 2025

De las viñetas de humor de hoy martes, 11 de marzo de 2025

 





































lunes, 10 de marzo de 2025

De las entradas del blog de hoy lunes, 10 de marzo de 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 10 de marzo de 2025. No se puede comprender nuestra historia, comenta en El País [Señora con hombre muerto en brazos, 08/03/2025] la escritora Ana Iris Simón, sin el sustrato católico en el que se asienta o contra el que se construye. La segunda de las entradas del día es un archivo del blog, fechado el 09/10/2019 que llevaba por título El viaje como libertad, en el que el escritor nicaragüense y Premio Cervantes, Sergio Ramírez, comentaba que toda lectura, o toda vida que empieza a adentrarse en lo desconocido, es una promesa de felicidad. El poema del día, en la tercera, es del poeta británico W. H. Auden, lleva por título Blues del refugiado, y comienza con estos versos: Digamos que esta ciudad tiene un millón de almas,/algunas viven en mansiones, otras en agujeros:/pero no hay lugar para nosotros, mi amor, no hay lugar para nosotros. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt











De los fallos en la educación humanística

 





No se puede comprender nuestra historia sin el sustrato católico en el que se asienta o contra el que se construye, comenta en El País [Señora con hombre muerto en brazos, 08/03/2025] la escritora Ana Iris Simón. Hace unas semanas, una profesora de secundaria me contó que puso la imagen de una Piedad en un examen y un chaval la nombró como “señora con hombre muerto en brazos”. No le culpo: siendo poco mayor que él, una amiga y yo estuvimos a punto de tatuarnos “el corazón de Ricardo Cavolo”, un dibujo de un corazón con un ojo en medio del que salía una llama ardiente. Era la interpretación del ilustrador del Sagrado Corazón de Jesús, pero mi amiga y yo lo desconocíamos. Tatuárnoslo habría sido un símbolo no de fe sino de ignorancia: la de parte del ateísmo.

Ni ella ni yo éramos tontas, como seguro que no era tonto el chaval. Pero crecimos en una sociedad secularizada en la que, además, aún pesaba el recuerdo de la infame asociación de buena parte de la Iglesia con la dictadura de Franco. Las heridas de nuestros bisabuelos se convirtieron en los traumas de nuestros abuelos, que a su vez se transmutaron en la voluntad de nuestros padres de que creciéramos lejos de aquello con lo que se les obligó a convivir: el catecismo y el crucifijo sobre la pizarra.

Los padres de los que ahora tenemos 30 fueron quienes lucharon por una escuela pública laica, los que nos apuntaron a ética en lugar de a religión. Y nosotros, los críos que se iban al despacho del jefe de estudios a pintar cuando tocaba reli. Supongo que sus anhelos y decisiones, como las de casi todos, se basaron en dos vectores: el corazón y la razón. En lo sentimental, en un comprensible rechazo a la Iglesia heredado del nacionalcatolicismo y por extensión ―quizá una extensión sin sentido, pero humana al fin y al cabo― a la fe. En lo racional, en su querencia de hacer de nosotros personas críticas con el statu quo y formadas, entendiendo la Iglesia como el poder y la formación como lo contrario a la religión.

Pero han pasado ya más de tres décadas desde aquellos años noventa en los que se anunciaba el fin de la historia y se cantaban las bondades del liberalismo en sus formas política, económica y antropológica, y lo que parecía claro no lo fue tanto. El poder ya no es el de la Iglesia, sino el del consumo, la historia no se acabó y el liberalismo no resultó ser la panacea. E incluso las que parecían decisiones razonables, como dejar la religión fuera de la escuela, tuvieron su cara b.

Pertenezco a una generación que, me atrevería a decir que mayoritariamente, no sabe descodificar su cultura. En el instituto público al que fui leí la Odisea y aprendí cultura clásica con una asignatura específica, pero nadie me puso a estudiar los Evangelios, me explicó el vía crucis ni me hizo disertar sobre el concepto y el sentido del perdón cristiano. La formación en cristianismo que recibí por parte del sistema educativo fue anecdótica, y eso tiene consecuencias: no se puede comprender nuestra historia, nuestro arte ni nuestro ser sin el sustrato espiritual en el que se asienta (o contra el que se construye), que es el del catolicismo.

La amiga con la que estuve a punto de tatuarme el Sagrado Corazón es hija de una limpiadora y un camarero. Yo soy hija de carteros. Y aunque no sé quiénes son los padres del chaval que respondió en aquel examen “señora con hombre muerto en brazos”, sí que sospecho que dejar cualquier formación en cristianismo fuera de la escuela a quien más perjudica es a los hijos de la clase obrera. Porque las clases medias y altas ilustradas siempre van a tener los recursos para que sus hijos sepan qué están viendo cuando vayan al Museo del Prado y se pongan frente al Cristo de Velázquez.














[ARCHIVO DELBLOG] El viaje como libertad. Publicado el 09/10/2019












Toda lectura, o toda vida que empieza a adentrarse en lo desconocido, es una promesa de felicidad, afirma el escritor nicaragüense y Premio Cervantes 2017, Sergio Ramírez, en su artículo El viaje como libertad [El País, 09/10/2019].
La convalecencia en una cama de hospital, -comienza diciendo Ramírez-, incita a pensar en la libertad de los viajes, los que deparan los libros, y la propia vida. Y anclado así en la cama, le he pedido a mi mujer que me traiga ciertos libros que quiero, indicándole dónde buscarlos en los estantes por el momento lejanos de mi biblioteca.
Cuenta Plutarco que Pompeyo Magno veía que los marineros de su armada no querían hacerse a la mar tempestuosa, y entonces los arengó, y una de las frases de esa arenga ha quedado para siempre: “navegar es necesario, vivir no es necesario”.
Fernando Pessoa la transformó siglos después: “quiero para mí el espíritu de esta frase, transformada/La forma para casarla con lo que yo soy: vivir no es necesario; lo que es necesario es crear…”
Crear viajando, crear leyendo, crear escribiendo. Crear viviendo.
Ismael, el marinero que nos cuenta la historia del viaje fatal del Pequod en Moby Dick, la novela de Melville, explica desde la primera página el porqué de sus ansias de navegar: “…cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes…entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda”.
El capitán Ahab quiere llegar cuantos antes a su destino para encontrarse con la ballena blanca, que años atrás le arrancó una pierna. Este será un viaje poco placentero, pero uno de los grandes viajes de la literatura. Ismael, que cuando se pone melancólico piensa en ataúdes, salvará su vida en el naufragio agarrado a un ataúd fabricado por el carpintero de abordo, que aparece flotando a su lado.
Joseph Conrad fue él mismo un viajero buena parte de su vida, como marino mercante. En El corazón de las tinieblas, Marlow navega a través del río Congo, en tiempos de la brutal colonización belga en África, cumpliendo el encargo de buscar a Kurtz, que ha enloquecido. Es otro viaje. No hacia la venganza, sino hacia la violencia, la explotación, y la ambición de poder y riqueza.
Simbad el Marino, "poseído con la idea de viajar por el mundo de los hombres y de ver sus ciudades e islas", se encuentra de repente en una la isla que no es sino el lomo poblado de árboles de una ballena dormida, que de pronto despierta y se adentra en la profundidad del mar”. Un viaje a lo imposible esta vez, como son siempre los viajes de la imaginación.
Son libros que llamamos clásicos, porque según Ítalo Calvino siempre tienen algo nuevo que enseñarnos. Han sido leídos generación tras generación, desde La Odisea a La isla del tesoro de Stevenson, y eso los hace clásicos también, la repetición.
Quizás Melville nunca imaginó que Moby Dick se convertiría en un libro para niños, y tampoco Homero pudo vislumbrar que Ulises llegaría a ser un personaje de películas de dibujos animados.
O que las tramas que inventaron se volverían patrones de conducta en la literatura, en el cine, en las series de televisión que se multiplican hoy en día, en las telenovelas, en los comics. Si hay un viaje, hay obstáculos. No hay viajes placenteros donde los amaneceres se sucedan un día tras otro sin sorpresas urdidas por malvados, o por el destino mismo.
El gusto de leer, y el de vivir, están en las interrupciones de la felicidad. Toda lectura, o toda vida que empieza a adentrarse en lo desconocido, es una promesa de felicidad; y en la medida que esas interrupciones se multipliquen, mejor disfrutaremos como lectores, y seremos, igual que los personajes, víctimas del destino y sus desatinos.
Ulises quiere llegar cuanto antes a su hogar en Ítaca, descansar en el regazo de su mujer, abrazar a su hijo tras diez años de ausencia. Pero no puede. Tendrán que pasar otros diez años de obstáculos, peligros de muerte, aventuras amorosas, secuestros, naufragios, el descenso a los infiernos. Si no, no habría historia que contar.
La felicidad prolongada se queda fuera del viaje, y fuera de las páginas del libro. La frase “y vivieron felices para siempre” cierra el relato, y lo que ocurra después ya no nos incumbe, ya no nos interesa porque la dicha sin obstáculos no es literaria, como tampoco los viajes sin tropiezos ni sorpresas.
Y desde la cama del hospital, lejos de la libertad, uno oye el canto terrible y seductor de las sirenas, igual que Ulises amarrado al mástil de su nave. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt













Del poema de cada día. Hoy, Blues del refugiado, de W. H. Auden

 






BLUES DEL REFUGIADO



Digamos que esta ciudad tiene un millón de almas,

algunas viven en mansiones, otras en agujeros:

pero no hay lugar para nosotros, mi amor, no hay lugar para nosotros.


Una vez tuvimos un país y creímos que era justo,

mira en el atlas y lo encontrarás:

no podemos ir ahí ahora, mi amor, no podemos ir ahí.


En el patio de la parroquia del pueblo hay un tejo añoso,

que vuelve a florecer cada primavera:

los pasaportes viejos no pueden hacer eso, mi amor, no pueden hacer eso.


El cónsul golpeó la mesa y dijo,

‘Si no tienen pasaporte, oficialmente están muertos’:

Pero aún estamos vivos, mi amor, aún estamos vivos.


Fui a un comité; me ofrecieron una silla;

me dijeron gentilmente que volviera al año siguiente:

¿Pero a dónde iremos hoy, mi amor, a dónde iremos hoy?


Fui a un acto público; el orador se paró y dijo:

‘Si los dejamos entrar, nos robarán el pan de cada día’;

Estaba hablando de nosotros, mi amor, hablaba de nosotros.


Creí escuchar un trueno retumbar en el cielo;

era Hitler sobre Europa, diciendo: ‘Ellos deben morir’,

él pensaba en nosotros, mi amor, pensaba en nosotros.


Vi un caniche abrigado con una mantita,

Vi una puerta abierta y entró un gato:

Pero no eran judíos alemanes, mi amor, no eran judíos alemanes.


Fui hasta el puerto y me detuve en el muelle,

vi los peces nadando como si fueran libres:

a solo diez pies, mi amor, a solo a diez pies.


Caminé por un bosque, vi los pájaros en los árboles;

no tenían políticos y cantaban libremente:

no eran hombres, mi amor, no eran hombres.


Soñé que había un edificio de mil pisos,

mil ventanas y mil puertas:

ninguna era nuestra, mi amor, ninguna era nuestra.


Me detuve en una planicie bajo la nevada;

diez mil soldados marchaban de un lado a otro:

buscándonos, mi amor, a ti y a mí.



W. H. AUDEN (1907-1973)

poeta británico


















De las viñetas de humor de hoy lunes,10 de marzo de 2025

 







































domingo, 9 de marzo de 2025

De las entradas del blog de hoy domingo, 9 de marzo de 2025

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz domingo, 9 de marzo de 2025. Ser socialista y liberal, se dice en la primera de las entradas del blog de hoy, es ante todo la consecuencia de una arraigada convicción de orden ético y político: la que identifica el progreso humanizador de la vida con el creciente desarrollo de las libertades personales y de las potencialidades individuales. En la segunda entrada del día, un archivo del blog de julio de 2008, se reproducía un artículo de prensa de tal día como hoy de 1977, hace 48 años, y un año y medio antes de la aprobación de la Constitución, firmado con seudónimo, que reivindicaba para nosotros, los canarios, las mismas libertades, deberes, derechos y privilegios que pedíamos para todos los restantes pueblos y países de España. Por su parte, el poema del día, en la tercera, comenzaba con estos versos: Ven, camina conmigo,/sólo tú has bendecido alma inmortal./Solíamos amar la noche invernal,/Vagar por la nieve sin testigos./¿Volveremos a esos viejos placeres? Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt