El blog de HArendt (2006-2026). Pensar para comprender, comprender para actuar
martes, 11 de marzo de 2025
lunes, 10 de marzo de 2025
De las entradas del blog de hoy lunes, 10 de marzo de 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 10 de marzo de 2025. No se puede comprender nuestra historia, comenta en El País [Señora con hombre muerto en brazos, 08/03/2025] la escritora Ana Iris Simón, sin el sustrato católico en el que se asienta o contra el que se construye. La segunda de las entradas del día es un archivo del blog, fechado el 09/10/2019 que llevaba por título El viaje como libertad, en el que el escritor nicaragüense y Premio Cervantes, Sergio Ramírez, comentaba que toda lectura, o toda vida que empieza a adentrarse en lo desconocido, es una promesa de felicidad. El poema del día, en la tercera, es del poeta británico W. H. Auden, lleva por título Blues del refugiado, y comienza con estos versos: Digamos que esta ciudad tiene un millón de almas,/algunas viven en mansiones, otras en agujeros:/pero no hay lugar para nosotros, mi amor, no hay lugar para nosotros. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt
De los fallos en la educación humanística
No se puede comprender nuestra historia sin el sustrato católico en el que se asienta o contra el que se construye, comenta en El País [Señora con hombre muerto en brazos, 08/03/2025] la escritora Ana Iris Simón. Hace unas semanas, una profesora de secundaria me contó que puso la imagen de una Piedad en un examen y un chaval la nombró como “señora con hombre muerto en brazos”. No le culpo: siendo poco mayor que él, una amiga y yo estuvimos a punto de tatuarnos “el corazón de Ricardo Cavolo”, un dibujo de un corazón con un ojo en medio del que salía una llama ardiente. Era la interpretación del ilustrador del Sagrado Corazón de Jesús, pero mi amiga y yo lo desconocíamos. Tatuárnoslo habría sido un símbolo no de fe sino de ignorancia: la de parte del ateísmo.
Ni ella ni yo éramos tontas, como seguro que no era tonto el chaval. Pero crecimos en una sociedad secularizada en la que, además, aún pesaba el recuerdo de la infame asociación de buena parte de la Iglesia con la dictadura de Franco. Las heridas de nuestros bisabuelos se convirtieron en los traumas de nuestros abuelos, que a su vez se transmutaron en la voluntad de nuestros padres de que creciéramos lejos de aquello con lo que se les obligó a convivir: el catecismo y el crucifijo sobre la pizarra.
Los padres de los que ahora tenemos 30 fueron quienes lucharon por una escuela pública laica, los que nos apuntaron a ética en lugar de a religión. Y nosotros, los críos que se iban al despacho del jefe de estudios a pintar cuando tocaba reli. Supongo que sus anhelos y decisiones, como las de casi todos, se basaron en dos vectores: el corazón y la razón. En lo sentimental, en un comprensible rechazo a la Iglesia heredado del nacionalcatolicismo y por extensión ―quizá una extensión sin sentido, pero humana al fin y al cabo― a la fe. En lo racional, en su querencia de hacer de nosotros personas críticas con el statu quo y formadas, entendiendo la Iglesia como el poder y la formación como lo contrario a la religión.
Pero han pasado ya más de tres décadas desde aquellos años noventa en los que se anunciaba el fin de la historia y se cantaban las bondades del liberalismo en sus formas política, económica y antropológica, y lo que parecía claro no lo fue tanto. El poder ya no es el de la Iglesia, sino el del consumo, la historia no se acabó y el liberalismo no resultó ser la panacea. E incluso las que parecían decisiones razonables, como dejar la religión fuera de la escuela, tuvieron su cara b.
Pertenezco a una generación que, me atrevería a decir que mayoritariamente, no sabe descodificar su cultura. En el instituto público al que fui leí la Odisea y aprendí cultura clásica con una asignatura específica, pero nadie me puso a estudiar los Evangelios, me explicó el vía crucis ni me hizo disertar sobre el concepto y el sentido del perdón cristiano. La formación en cristianismo que recibí por parte del sistema educativo fue anecdótica, y eso tiene consecuencias: no se puede comprender nuestra historia, nuestro arte ni nuestro ser sin el sustrato espiritual en el que se asienta (o contra el que se construye), que es el del catolicismo.
La amiga con la que estuve a punto de tatuarme el Sagrado Corazón es hija de una limpiadora y un camarero. Yo soy hija de carteros. Y aunque no sé quiénes son los padres del chaval que respondió en aquel examen “señora con hombre muerto en brazos”, sí que sospecho que dejar cualquier formación en cristianismo fuera de la escuela a quien más perjudica es a los hijos de la clase obrera. Porque las clases medias y altas ilustradas siempre van a tener los recursos para que sus hijos sepan qué están viendo cuando vayan al Museo del Prado y se pongan frente al Cristo de Velázquez.
[ARCHIVO DELBLOG] El viaje como libertad. Publicado el 09/10/2019
Del poema de cada día. Hoy, Blues del refugiado, de W. H. Auden
BLUES DEL REFUGIADO
Digamos que esta ciudad tiene un millón de almas,
algunas viven en mansiones, otras en agujeros:
pero no hay lugar para nosotros, mi amor, no hay lugar para nosotros.
Una vez tuvimos un país y creímos que era justo,
mira en el atlas y lo encontrarás:
no podemos ir ahí ahora, mi amor, no podemos ir ahí.
En el patio de la parroquia del pueblo hay un tejo añoso,
que vuelve a florecer cada primavera:
los pasaportes viejos no pueden hacer eso, mi amor, no pueden hacer eso.
El cónsul golpeó la mesa y dijo,
‘Si no tienen pasaporte, oficialmente están muertos’:
Pero aún estamos vivos, mi amor, aún estamos vivos.
Fui a un comité; me ofrecieron una silla;
me dijeron gentilmente que volviera al año siguiente:
¿Pero a dónde iremos hoy, mi amor, a dónde iremos hoy?
Fui a un acto público; el orador se paró y dijo:
‘Si los dejamos entrar, nos robarán el pan de cada día’;
Estaba hablando de nosotros, mi amor, hablaba de nosotros.
Creí escuchar un trueno retumbar en el cielo;
era Hitler sobre Europa, diciendo: ‘Ellos deben morir’,
él pensaba en nosotros, mi amor, pensaba en nosotros.
Vi un caniche abrigado con una mantita,
Vi una puerta abierta y entró un gato:
Pero no eran judíos alemanes, mi amor, no eran judíos alemanes.
Fui hasta el puerto y me detuve en el muelle,
vi los peces nadando como si fueran libres:
a solo diez pies, mi amor, a solo a diez pies.
Caminé por un bosque, vi los pájaros en los árboles;
no tenían políticos y cantaban libremente:
no eran hombres, mi amor, no eran hombres.
Soñé que había un edificio de mil pisos,
mil ventanas y mil puertas:
ninguna era nuestra, mi amor, ninguna era nuestra.
Me detuve en una planicie bajo la nevada;
diez mil soldados marchaban de un lado a otro:
buscándonos, mi amor, a ti y a mí.
W. H. AUDEN (1907-1973)
poeta británico
domingo, 9 de marzo de 2025
De las entradas del blog de hoy domingo, 9 de marzo de 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz domingo, 9 de marzo de 2025. Ser socialista y liberal, se dice en la primera de las entradas del blog de hoy, es ante todo la consecuencia de una arraigada convicción de orden ético y político: la que identifica el progreso humanizador de la vida con el creciente desarrollo de las libertades personales y de las potencialidades individuales. En la segunda entrada del día, un archivo del blog de julio de 2008, se reproducía un artículo de prensa de tal día como hoy de 1977, hace 48 años, y un año y medio antes de la aprobación de la Constitución, firmado con seudónimo, que reivindicaba para nosotros, los canarios, las mismas libertades, deberes, derechos y privilegios que pedíamos para todos los restantes pueblos y países de España. Por su parte, el poema del día, en la tercera, comenzaba con estos versos: Ven, camina conmigo,/sólo tú has bendecido alma inmortal./Solíamos amar la noche invernal,/Vagar por la nieve sin testigos./¿Volveremos a esos viejos placeres? Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt























.webp)

























