martes, 11 de febrero de 2025

De las viñetas de humor del blog de hoy martes, 11 de febrero de 2025

 














































lunes, 10 de febrero de 2025

De las entradas del blog de hoy lunes, 10 de febrero de 2025

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 10 de febrero de 2025. A principios del pasado mes de enero, se dice en la primera de las entradas del blog de hoy, antes de que Trump tomará posesión de su cargo de presidente de los Estados Unidos de América, el afamado lingüísta George Lakoff hizo público en su blog un manifiesto titulado Como mantener viva la democracia en 2025, y merece la pena reproducirlo. La segunda entrada del día es un archivo del blog de mayo de 2011, y reproduce un relato corto escrito por una amiga personal de HArendt, ganador de un importante premio literario; se titula Determinismo, término que como ustedes saben el Diccionario de la lengua española define como la teoría que supone que la evolución de los fenómenos naturales está completamente determinada por las condiciones iniciales. La tercera entrada es hoy una serie de diez aforismos escritos por el insigne físico, Albert Einstein, sobre los hombres y la vida. Y la cuarta y última entrada de hoy, como siempre, son las viñetas de humor. Pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (nos vamos), y volveremos a vernos mañana de nuevo si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt









De como mantener viva la democracia en 2025

 






George Lakoff, investigador norteamericano de lingüística cognitiva, fue unos de los fundadores de la semántica generativa en lingüística en la década de 1960, fundador de la lingüística cognitiva en los setenta, y uno de los investigadores de la teoría neural del lenguaje durante la década de 1980. Entre 1965 y 1969 ejerció como docente en la Universidad de Harvard y, posteriormente, en la Universidad de Míchigan. Durante 1971 y 1972 trabajó en el Center for Advanced Study in the Behavioral Sciences en Stanford, y desde entonces imparte clases en la Universidad de California, Berkeley, y comparte estudios con destacadas figuras académicas como el filósofo venezolano Rodolfo Alonzo y el catedrático uruguayo Miles Ricardi.

Lakoff fue miembro fundador del ya extinto Instituto Rockridge, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la investigación y la educación, orientada especialmente a la reforma social desde una perspectiva progresista, y actualmente es miembro del comité científico de la Fundación IDEAS española. Como lingüista cognitivo, ha estudiado la naturaleza de los sistemas conceptuales humanos, a través de su teoría sobre el pensamiento metafórico, que comenzó a desarrollar con Mark Johnson en su libro Metáforas de la vida cotidiana, en temas como los conceptos de tiempo, causalidad, emociones, moral, y política.

A principios del pasado mes de enero, antes de que Trump tomará posesión de su cargo de presidente de los Estados Unidos de América, George Lakoff hizo público en su blog un manifiesto titulado Como mantener viva la democracia en 2025. Creo que merece la pena reproducirlo. Les dejo con él:

1. Sé valiente. Evita hablar desde la impotencia o desesperanza. Los autoritarios quieren que te sientas sin poder porque facilita su trabajo. El valor, la fe y el optimismo son esenciales. El fascismo se alimenta del cinismo y el pesimismo. Hazlo morir de hambre.

2. Cultiva la empatía. Una forma en que los autoritarios derrotan la democracia es intentando destruir la empatía. Sus estrategias dependen de la deshumanización y la división. Una de las mejores formas de resistir es cultivar activamente la empatía. La democracia depende de ella.

3. Mantén el enfoque. Los autoritarios intentan abrumarte con ataques constantes para mantenerte distraído y desequilibrado. Mantén un férreo enfoque en lo importante: Tu salud, tu familia y la supervivencia de nuestro país y el estado de derecho. No pierdas de vista el panorama general.

4. Sé proactivo. Derrotar el autoritarismo requerirá un movimiento de ciudadanos comprometidos. Involúcrate en tu comunidad. Acude a protestas y reuniones. Si puedes, dona a organizaciones que realizan trabajo crucial por la democracia. Tienes más poder del que crees.

5. Fomenta conexiones reales. Una forma en que los regímenes autoritarios aíslan a la gente es fomentando el miedo y la desconfianza. Contraataca construyendo relaciones sólidas con vecinos, amigos y compañeros de trabajo. Busca formas de conectar más allá de las diferencias políticas y fortalece tu comunidad.

6. Evita la intoxicación mental y las mentiras. Las redes sociales están plagadas de trampas sensacionalistas que se benefician de la indignación y la desinformación. Bloquéalas y busca fuentes de información legítimas basadas en la verdad y la realidad. Suscríbete a medios de comunicación confiables para que el periodismo sobreviva – lo necesitaremos.

7. Comparte un mensaje positivo cuando sea posible. Trump y los suyos quieren que el país esté temeroso y polarizado porque este es el terreno donde crecerán sus políticas más oscuras. Si bien es esencial oponerse firmemente a su régimen, también debemos defender algo positivo.

8. Exige responsabilidades. Los autoritarios prosperan con la impunidad. Es fundamental hacer responsables a líderes, corporaciones e instituciones. Insiste en la rendición de cuentas. La corrupción y la injusticia se marchitan bajo la luz del escrutinio.

9. Involucra a los jóvenes. La próxima generación heredará las consecuencias. Involucra a los jóvenes en conversaciones sobre democracia, libertad, justicia y la crisis climática. Dales herramientas, educación y mentoría para dar forma al futuro.

10. No ayudes a Trump. Algunos opositores de Trump están obsesionados con centrarse en él personalmente; así, sin querer amplifican y potencian su propaganda. Al centrarse únicamente en Trump – sus declaraciones ridículas, gestos y payasadas – sus opositores le hacen marketing.

11. No discutas con sus seguidores. No funciona. Tus posibilidades de convertir a un votante pro-Trump son prácticamente nulas. Su apoyo a él es ahora una estructura física en sus cerebros. En lugar de discutir con los seguidores de Trump, céntrate en motivar a los ciudadanos pro-democracia.

12. Recuerda: Esto es un régimen. Trump no actúa solo. Es un títere de poderosos aspirantes a oligarcas que quieren un gobierno de los multimillonarios, por los multimillonarios y para los multimillonarios. Exponlos. .

13. Aprende de la historia. El autoritarismo, la oligarquía y la tiranía no son nuevos. Estudia movimientos pasados por la democracia y la justicia para entender qué funciona y qué no. La historia está llena de lecciones e inspiración para guiarnos en nuestra lucha actual.

14. Apoya a los artistas y las artes. La literatura, la música y el arte son cruciales para una sociedad sana y una democracia funcional. Fináncialos y apóyalos de todas las formas posibles. Los artistas, músicos y escritores ayudarán a inspirar los cambios que necesitamos. ¡Compra entradas, compra arte, compra libros!

15. Cuídate. Esta será una época desafiante. Salvar la democracia requerirá mucha energía, pasión y resistencia. Cuida tu salud. Duerme lo suficiente. Bebe mucha agua. Haz ejercicio. Estamos todos juntos en esto – para el largo plazo.

16. Celebra las victorias. El camino para preservar la libertad y la democracia será largo y desafiante, pero es esencial reconocer el progreso cuando ocurre. Celebrar las victorias – por pequeñas que sean – puede mantener viva la esperanza. ¡El optimismo y el espíritu importan!

17. ¡Persiste! La persistencia es la mejor resistencia.










[ARCHIVO DEL BLOG] Determinismo. Publicado el 05/05/2011











Me gusta cultivar las relaciones con mis amigos, sobre todo -perdónenme los caballeros- con mis amigas. No creo que haya muchas personas tan sumamente orgullosas como yo de sus amigas, orgullo que me es deparado por el inmerecido aprecio que ellas me dispensan y no por mis propios méritos. Mis otras grandes pasiones son mi familia, la teoría política, la historia y la literatura. La mayor parte de las veces van entrelazadas, tan estrechamente, que me resulta difícil separar unas de otras. 
Hoy vuelvo a referirme a una de esas amigas entrañables, y en esta ocasión la cito con nombre y apellidos: María Victoria Embid, que me honra con su amistad personal y su cariño desde hace muchos años. Madrileña, madre, trabajadora, y compañera de lides sindicales, que además escribe, y muy bien, relatos cortos de contenido social, con lo que ha ganado ya varios premios. Uno de ellos: "Desierto y mar"  me permitió publicarlo en el blog en Febrero del pasado año.
Hace unas semanas, ganó otro premio en el XI Certamen de Relatos Cortos "Únete", con un relato triste, intimista y desesperanzado. escrito en primera persona, por el protagonista del mismo, un muchacho dominicano que sobrevive a duras penas en uno de los innumerables basurales que rodean muchas ciudades de la América hispana y del tercer mundo. Se titula "Determinismo", un término que en la definición que da del mismo el Diccionario de la Real Academia, designa a la teoría que supone que la evolución de los fenómenos naturales está completamente determinada por las condiciones iniciales. 
Es un honor para mi blog y para mí publicarlo, con su consentimiento, y con la esperanza de que les resulte lectura interesante. Les dejo con él. Dice así: 
Desde que Enrique, el cooperante, no está, aquí todo nos va muy mal, como dice mi abuela, vamos “de mal en peor”. Hace unos meses mi padre murió. Mi madre también murió hace algunos años. Estábamos enterrando a mi padre y sus huesos aún no habían tocado tierra, cuando comenzó a hacer un viento de esos que nubla la visión y le dejamos allí con el cuerpo a medio enterrar.  Dicen que ese viento viene del Interior. Yo nunca he estado allí, bueno en realidad nunca he salido del batey. Sé que aquí vivo y aquí moriré, eso dice mi abuela. Ella vino a este país desde Haití y se quedó en la ribera del río, al resguardo de las basuras de República Dominicana. Las basuras nos dan para vivir, lo peor es la enfermedad. Yo tengo deformados los pies y apenas puedo caminar. A mi me gusta bailar y cuando lo hago otros chicos se ríen de mí. Yo lo sé, pero no me importa, me gusta hacer reír, al menos, Wilson, el niño bailón,  como me llaman, sirve para algo.  El viento del interior se convirtió en  huracán y éste atrajo a las  tormentas y se puso a llover como nunca había visto, y eso que yo no he visto mucho, pero mi abuela decía que nunca había visto llover así, decía que esos vientos calientes vienen de África, los mismos que había cuando sus antepasados esclavos estaban allí, y que ahora, sus almas contrariadas vienen en forma de viento atrayendo a los aguaceros. Yo no sé donde puede estar ese lugar, creo que está al sur del batey, pero son suposiciones mías porque, ni siquiera la abuela, sabe donde puede encontrarse. 
Dicen que en la ciudad, cuando el cielo se pone así de revoltoso,  sacan a las personas de sus casas para que nada malo les pase, pero a nosotros no nos dicen nada, quizás porque aquí somos tan pobres que ni el viento puede golpearnos. Mi abuela dice que para ellos no existimos porque las basuras nos hacen invisibles. Ella a veces nos habla así. Todos lo primos que vivimos con ella nos reímos cuando lo hace. La tía nos dice que no le hagamos mucho caso, que desde que le “pasó el agua” la santera, anda diciendo tonterías, pero a mi me parece que tiene razón.
Cuando empezó a llover las chabolas comenzaron a quebrarse. El aguacero llegó de repente, como grandes olas de agua, no tuvimos tiempo de esconder nada, lo único que pudimos hacer fue escondernos nosotros mismos, allí acurrucados entre las basuras. Estoy tan acostumbrado a las basuras que me encuentro a gusto entre ellas, forman parte de mí o yo formo parte de ellas. Mi abuela dice que estamos entre lo que somos y que, cuando alguien entra en el batey, no distingue cuando empieza la basura y cuando empezamos nosotros. Mi tía ríe cuando mi abuela habla así, pero yo creo que a veces la basura y nosotros somos como la misma cosa.
Cuando el río comenzó a crecer y rebosar los campos a eso de la media noche, yo estaba muy dormido y me despertó el estruendo y el agua que ya me calaba los huesos. La abuela comenzó a hablar al cielo. Mi tía chillaba y le decía que se dejara de llamamientos,  que había que despertar a los chicos, pero mis primos y yo ya estábamos despiertos, nos despertó el agua en las camisas ya caladas como cuando nos bañamos en el río. Me levanté y seguía lloviendo sin parar. El cielo estaba negro como un montón de basura quemada. Me asomé al río pero había perdido sus orillas y ya la basura flotaba en el agua. En la chabola, el agua sonaba a chorros como cuando nos cae un cubo para darnos de restregones. Entre mi primo el grande y yo, tratamos de parapetarla, pero para entonces, ya caía con tanta fuerza que “a pocas” no se nos lleva  también. Por él, por mi primo, supe que la riada se había llevado a Patosa, nuestra gallina, era ya vieja pero ponía huevos muy grandes, en más de una ocasión le había salvado de hacer puchero para varios días o meses. 
Las noticias nos llegaron días después, cuando nos dijeron a los que estamos abajo, que la riada se había llevado la nave central de nuestra escuela y que las cosechas del huerto fueron desperdiciadas a causa del gran chapoteo. Mi abuela decía que tal cantidad de lluvia nunca podría ser tragada por la tierra y parece ser que así fue, porque en los meses que siguieron, las montañas de basura se habían encogido como cuando se nos encoge el estómago de no comer.  La abuela nos decía que eso sería nuestro final. Y algo de razón llevaba porque al poco tiempo comenzamos a enfermar por beber de aquella agua parduzca. De “aquellas”, mi primo el chico se murió y la abuela lo enterró una mañana. 
Cuando los cielos se abrieron y  la lluvia pareció templarse, mis primos y yo intentamos ir a la escuela, lo hicimos cruzando el lodazal que cubría los caminos hacia la vereda. La nave central de la escuela estaba anegada, el huerto encharcado bajo el lodo y el invernadero, llenito de semillas, había corrido con la riada, como Patosa. 
Las semillas las había traído Enrique desde España. En el suelo solo quedaba una parte del papel del embalaje en el que se podía ver “ISCOD”. Yo no conozco muy bien las letras pero las recordaba porque mis primos y yo habíamos arrastrado los sacos desde la camioneta cuando Enrique las trajo de Almería. 
En la escuela nos daban los desayunos por las mañanas. Por eso íbamos. Y lo hacíamos limpitos y con nuestras camisetas blancas. Yo tardaba mucho en atravesar el huerto para llegar a la nave de la leche y, cuando llegaba, a veces se había acabado, pero el señor que manda, siempre tenía un poco más, para los que como yo, íbamos a empellones y algo trastabillados. Venían muchos señores por aquí, de España nos decían. Nos regalaban camisetas blancas que usábamos para venir a la escuela. Esos hombres nos cogían afectos y nosotros a ellos también, pero siempre se terminaban yendo. Yo, la última vez que vino Enrique, pensé en irme con él, al menos eso me dijo, que me llevaría con él a España, decía que allí me curaría pero eso fue antes de los aguaceros. La mañana que se iba, yo llegué con mi zurrón y fui a pedir a la abuela una zamarra pues me habían dicho que fuera del batey hacía frío. 
- Me voy a España abuela.  
- ¿Dónde está eso?
- No lo sé abuela, supongo que está a la vuelta de África. 
- Está bien no te tardes. El cielo anda revuelto.
Aquella mañana me levanté temprano, el último tramo, lo hice casi volando. Jamás pensé que mis piernas pudieran correr tanto apenas sostenidas por un solo pie en el suelo. Cuando llegué, Don Rafael, estaba trabajando en el huerto y las escuelas estaban vacías. Era temprano, casi no había amanecido, lo supe porque el sol todavía no había echado sus rayos sobre el batey. Pensé que había llegado demasiado pronto y esperé hasta que Enrique llegara, y lo hice allí, sentado en el alféizar de la entrada.  No supe cuanto tiempo estuve allí, ni cuanto tiempo había pasado, no escuché el murmullo de los niños al entrar, ni el ruido de los peroles de leche chocando contra el suelo, porque cuando la nave central estuvo repleta, yo todavía seguía sentado en el poyete con mi zurrón y la zamarra colgados de mis piernas. A eso de la media tarde don Rafael me encontró. Sé que era media tarde porque el sol ya casi se había volteado del todo.   
-¿Qué haces aquí todavía? - me preguntó -  Espero a Enrique. Me voy del batey. Me acarició con su mano blanca y pude adivinar que, Enrique, ya no vendría a buscarme. Me encontraron días más tarde al atardecer. Las sombras se inclinaban hacia el lado oeste de las basuras, por eso supe que el sol estaba cayendo. Yo estaba encogido de hambre y sería por lo de las basuras y eso de que te hacen invisible, como decía la abuela, porque tardaron varios días en encontrarme, eso me contaron cuando me llamaron  – Nos manda la tía a buscarte – me dijo mi primo el grande. Yo me quedé un poco más entre las basuras, en esos momentos y por primera vez, sentí el viento cálido y húmedo sobre mi cuerpo, ese mismo viento que, una vez estuvo todo encima de nosotros, no nos traería nada bueno. Cuando llegué a casa busqué los brazos de la abuela, ella miraba las nubes, decía que estaban preñadas de almas negras y que tarde o temprano el cielo las escupiría todas. Y no le faltó razón.
Después de la marcha de Enrique, seguí yendo a la escuela. Don Rafael me dijo que no me preocupara, que volvería en otra ocasión. Pero no lo hizo. Aún así yo le esperé a la mañana siguiente y a la otra también, hasta que no quise esperar más. Días más tarde, fue cuando el río comenzó a perder sus orillas y  las aguas a rebosar los campos.
Un día, por Don Rafael, me enteré que Enrique había desaparecido. Poco después nos llegaron noticias de que se le había llevado la riada en la capital. Se le llevó como a mi gallina. Yo pensé que eso solo nos pasaría a nosotros por eso de ser invisibles, quizás,   Enrique también lo era, un invisible de piel blanca. Y algo de eso tuvo que ser, porque un día alguien le trajo en un puchero repleto de cenizas. Le habían quemado como a un montón de basura y las arrojaron en un montículo que hay detrás de la escuela.  Allí, todos los niños rezamos al cielo, ese cielo que un día furioso se nos llevó lo que teníamos. En esos momentos me acordé de mi padre al que habíamos dejado con el cuerpo a medio enterrar, quizás su cuerpo también se lo llevó la riada, mejor que ya estuviera muerto y no penara esa travesía, porque como dice la abuela, la vida es un camino que nos adentra entre las basuras. 
A veces miro a la abuela. Ya no mira al cielo. Está triste. En realidad creo que siempre lo ha estado. Esta mañana, después de la escuela he ido a las basuras. Allí he vuelto a notar el viento, ese viento cálido y húmedo. Le he seguido. Me ha llevado hasta el mar. Allí he bailado entre las olas, he bailado hasta dejar de sentir el agua bajo mis pies. Entre todas las almas negras contrariadas. Entre la envoltura del viento y del mar. Allí me he fijado en ese trozo de cielo que ha vuelto a ser azul y, con la mano, he dicho adiós a ese viento cálido y húmedo que dicen viene de África. Espero que sean felices a pesar de todo, al menos, inténtenlo, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt















El poema de cada día. Hoy, Diez aforismos, de Albert Einstein

 







DIEZ AFORISMOS



LA VIDA


La vida

es una preparación para el futuro;

y la mejor preparación para el futuro

es vivir

como si no hubiera ninguno.


***


RENUNCIAR


Debo estar dispuesto a renunciar a lo que soy

con el fin de convertirme en lo que seré.


***


SOMOS ARQUITECTOS


Somos arquitectos

de nuestro propio destino.


***

EL AMOR


El amor

es mejor maestro

que el deber.


***

EL AMOR (II)


El amor

por la fuerza nada vale,

la fuerza

sin amor es energía

gastada en vano.


***

DIOS


Dios

no juega a los dados

con el universo.


***


LOCURA


Locura

es hacer lo mismo

una y otra vez

esperando obtener

diferentes resultados


***


YO VIVO


Yo vivo

en esa soledad

que es dolorosa

en la juventud,

pero deliciosa

en los años de madurez.


***


EN MEDIO


En medio de la dificultad

reside la oportunidad.


***


EL TIEMPO


El tiempo

es

una ilusión



***



Albert Einstein (1879-1955)

físico estadounidense, de origen alemán



















De las viñetas de humor de hoy lunes, 10 de febrero de 2025

 






































domingo, 9 de febrero de 2025

De las entradas del blog de hoy domingo, 9 de febrero de 202

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz domingo, 9 de febrero de 2025. Este año se cumple el 50º aniversario del inicio de la Transición, y lo lógico sería celebrarlo, se dice en la primera de las entradas del blog de hoy. Nunca España había disfrutado de un periodo tan largo de democracia. La Transición, además, es uno de los pocos asuntos públicos en los que no se detecta una gran polarización en la opinión pública. Las encuestas muestran que sigue habiendo un elevado grado de orgullo por la forma en la que se llevó a cabo la democratización del país. La segunda de las entradas del día es un archivo del blog fechado en agosto de 2018, sobre la relación entre ciencia y religión que ha sido tortuosa a lo largo de la historia de la humanidad. Eso sí, con absoluto predominio de la segunda sobre la primera, al menos hasta la Ilustración. La tercera, con el poema del día que lleva por título Oración por Marilyn Monroe, comienza con estos conmovedores versos: "Señor recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de/MarilynMonroe/aunque ese no era su verdadero nombre/(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a/los 9 años/y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)." Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor. Pero ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt