jueves, 12 de diciembre de 2024

De Trump, Ucrania y la Unión Europea

 








La diplomacia ucrania en Occidente hace tiempo que dejó de centrarse en ganar la guerra. Quiere líneas rojas y poder de negociación en las conversaciones de paz, afirma en El Pais [Trump tiene razón con respecto a Ucrania] el analista de Política internacional Wolfgang Münchau. La decisión delobierno de Joe Biden de permitir a Ucrania utilizar misiles de largo alcance (Sistemas de Misiles Tácticos del Ejército, o ATACMS por sus siglas en inglés) suministrados por Estados Unidos para atacar objetivos en Rusia podría acercarnos a un acuerdo. Su objetivo más directo es ayudar a Ucrania a defender su posición en la provincia rusa de Kursk, donde Putin planea actualmente una contraofensiva con la ayuda de soldados norcoreanos. Pero la maniobra de Biden no cambiará el curso de la guerra. Su Gobierno filtró la decisión un día antes de que fuera anunciada. Esto nos indica que se trata de poco más que un cambio marginal de la política.

La reacción del Kremlin a la decisión de Biden fue previsiblemente negativa, aunque relativamente comedida. El portavoz de Vladímir Putin habló de una escalada. No dijo que Rusia se considera ahora en guerra con la OTAN. Con eso es con lo Putin amenazó en septiembre, cuando aseguró que la decisión de Occidente de permitir a Ucrania atacar objetivos en Rusia constituiría “una implicación directa de los países de la OTAN, Estados Unidos y los países europeos en la guerra en Ucrania”.

Después de que Biden anunciara su decisión, Olaf Scholz, el canciller alemán, dijo que ahora no seguirá su ejemplo. Se reafirmó en su resolución de no enviar sus misiles de crucero Taurus. La política alemana podría cambiar después de las elecciones de febrero. Pero ni siquiera yo espero ver ninguna entrega de misiles hasta el otoño del año que viene, y sería demasiado tarde.

La desunión y la incapacidad para acordar un objetivo de guerra han atormentado a la alianza occidental desde el inicio de la guerra. Me cuesta discernir un propósito estratégico detrás de la última jugada de Biden. En mi opinión, la incursión de Ucrania en Kursk fue un error estratégico. Habría sido mejor desplegar esas fuerzas para defender el territorio ucranio frente al avance ruso.

Si el objetivo hubiera sido que Ucrania liberara los territorios ocupados, la cantidad de ayuda militar occidental tendría que haber sido varias veces superior a la actual. Occidente habría tenido que tapar las gigantescas lagunas de su régimen de sanciones contra Rusia. Una de las más grandes es el puerto belga de Zeebrugge, a través del cual llegan a los mercados europeos grandes volúmenes de gas natural licuado ruso. El apoyo occidental a Ucrania ha estado condicionado desde el principio, rodeado de una maraña de líneas rojas. Scholz, por ejemplo, aseguró que no sacrificaría las políticas sociales para financiar el apoyo de Alemania a Ucrania.

No parece que Biden haya coordinado su decisión con otros aliados occidentales, y ni siquiera con Donald Trump. Donald Trump hijo tuiteó: “El complejo militar-industrial parece querer asegurarse de poner en marcha la Tercera Guerra Mundial antes de que mi padre tenga la oportunidad de crear la paz y salvar vidas”. No voy a hacer conjeturas sobre lo que pueda estar pensando el propio Trump, pero el hecho de que este siga siendo el relato de su círculo más cercano debería darnos que pensar.

Todo esto me lleva a concluir que el camino hacia un acuerdo es ahora más complicado de lo que Trump imaginaba, pero seguimos avanzando en esa dirección general. Tengo la corazonada de que la posición del nuevo presidente sobre Ucrania será más matizada en comparación con lo que él mismo ha dicho en el pasado. Está claro que no acabará con la guerra en 24 horas, como prometió en su día. Pero romperá con la política sin rumbo del actual Gobierno. Por eso creo que un acuerdo en 2025 sigue siendo el desenlace más probable.

Como informaba The Wall Street Journal, el equipo de Trump ya ha esbozado las líneas generales de un posible acuerdo: la congelación de la actual línea de batalla de 1.100 kilómetros de longitud, con una franja desmilitarizada a ambos lados. Los territorios ocupados al este de esa zona caerían en manos de Rusia. La parte más importante del acuerdo sería que Ucrania no se unirá a la OTAN durante al menos 20 años. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ya había presentado una propuesta de paz similar, con una prohibición del ingreso de Ucrania en la OTAN de al menos 10 años. En cualquier caso, tanto Estados Unidos como Alemania se oponen a la entrada de Ucrania en la OTAN, por lo que no es probable que esta cuestión se plantee en breve. Aun así, no estoy seguro de que sea prudente hacer una concesión tan grande antes de que las negociaciones comiencen siquiera.

Para los europeos, la parte más difícil va a ser financiar las operaciones de mantenimiento de la paz tras la guerra y la reconstrucción de Ucrania. Los gobiernos europeos tendrán que hacer sacrificios fiscales, ya que las sumas necesarias no pueden financiarse con los presupuestos actuales. No estoy seguro de que estén dispuestos a hacerlo. Todos se verán enfrentados al mismo dilema político del que hablaba Scholz, entre las políticas nacionales y el apoyo financiero a Ucrania. Algunos de los más firmes partidarios de Ucrania parecen vivir en un mundo en el que el dinero para armamento crece en los árboles. El gasto militar es consumo, no inversión. Se paga subiendo los impuestos o recortando otros gastos, no aumentando la deuda.

No me oirán decir esto a menudo, pero en este punto Donald Trump tiene razón: tendremos que llegar a un acuerdo. Esto no puede seguir así. Una escalada bien ejecutada puede venir bien en una situación así. Este puede ser el lado positivo de esta decisión. El cambio de las reglas de intervención para los misiles occidentales no ayudará a Ucrania a liberar los territorios ocupados por Rusia. Pero eleva el coste para Rusia y podría contribuir a llevar a Putin a la mesa de negociaciones. El objetivo de nuestra política debe ser el acuerdo, no la prolongación de una guerra inútil.











[ARCHIVO DEL BLOG] ¡Qué bello es dudar! Publicado el 03/02/2019










Mi amigo Voltaire decía que la verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura. Esa parece ser también la opinión del columnista de El País, Guillermo Altares, que en un reciente artículo señalaba que no hace ningún daño, más bien todo lo contrario, consultar, calibrar, dudar en fin, antes de tomar una decisión.
La historia de la filosofía, comienza diciendo Altares, se puede resumir como el relato de una gran duda. La mayoría de las certezas absolutas ante problemas complejos suelen llevar a grandes errores, por eso con el pensamiento racional nace a la vez la incertidumbre. Platón atribuyó a Sócrates el famoso “solo sé que no sé nada”, mientras que Descartes inaugura la racionalidad moderna con su duda metódica. Se podría argumentar que es muy fácil para los filósofos dudar, un lujo que no pueden permitirse los políticos, que tienen la obligación de actuar y decidir.
Sin embargo, la filosofía y la política siempre han ido de la mano. Los injustamente denostados sofistas discutían con Sócrates de los asuntos públicos de Atenas. Inmanuel Kant, al principio de La paz perpetua, se refiere a los ronchones que las opiniones de los filósofos suelen provocar en los políticos que “acostumbran a desdeñar, orgullosos, al teórico”. En ese mismo ensayo escribe el filósofo de Könisberg: “Ningún Estado debe inmiscuirse por la fuerza en la constitución y el gobierno de otro Estado”. Aunque el propio pensador sostiene un poco más adelante: “No es esto aplicable al caso de que un Estado, a consecuencia de interiores disensiones, se divida en partes, cada una de las cuales represente un Estado particular, con la pretensión de ser todo”. No hay ninguna contradicción, solo matices y prudencia a la hora de valorar una situación.
El gran problema de la política, o de la prensa, es que se deben tomar muchas decisiones sin tener el cuadro completo a mano. Es imposible conocer todas las consecuencias de un acto, pero tampoco hace ningún daño, más bien todo lo contrario, consultar, calibrar, dudar en fin, antes de tomar una decisión. Quizás por eso dan tanto miedo los políticos que se nutren de certezas absolutas, aquellos que creen que pueden solucionarlo todo con mensajes faltones en Twitter. Que los buenos y los malos estén claros, que haya pocas dudas —en algunos casos es cierto que no las hay— sobre las víctimas y los verdugos no significa que no se deban medir las consecuencias de una decisión. El mundo está lleno de políticos, periodistas, reyes de las redes sociales, que nadan en certezas absolutas, una versión del “quítate, que ya lo arreglo yo” que suele preceder a los desastres domésticos. Deberían darse una vuelta por el ágora en busca de preguntas y dudas. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 














Del poema de cada día. Hoy, Yo no recuerdo sino el sabor de la duda, de Julio Llamazares (1955)

 







YO NO RECUERDO SINO EL SABOR DE LA DUDA



Yo no recuerdo sino el sabor de la duda como un alud de fresas

sobre las blandas escamas de mi boca.


He olvidado el lugar donde las nieves más azules consiguen resistirse

a su abandono.


He olvidado ya hace tiempo la dócil lentitud de los molinos.


Mucho antes de la hora de los vagabundos, y a través de arboledas heladas,

caminé largamente hacia la mansedumbre. Busqué los prados donde pastan

los bueyes más antiguos.


Rocas más amarillas que el silencio puse sobre mi incertidumbre.

Rocas más dilatadas que algodón.


Y no quedó otra cosa que la duda fluyendo dulcemente, como nata derretida.


Yo no sé si, después de la muerte, alguien vendrá a dormirme con leyendas

aprendidas en lugares lejanos.


Yo no sé si el aguacero de la nada apagará los hornos de la mendicidad.


Pero es seguro que palabras absolutas, más absolutas que vasijas de aceite

derramadas, me estarán esperando al otro lado del olvido.


Y entre esas voces acuñadas sobre moldes de arcilla y certidumbre,

mi voz sonará extraña como tomillo arraigado en las cuestas del amor.


Mi voz será como un paréntesis de duda.



Julio Llamazares (1955)

poeta español


















De las viñetas de humor de hoy jueves, 12 de diciembre de 2024

 



























miércoles, 11 de diciembre de 2024

De las entradas del blog de hoy miércoles, 11 de diciembre de 2024

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 11 de diciembre de 2024. Lamento no tener nada que decir sobre el color frambuesa del vestido de la Reina, dice en la primera de las entradas de hoy del blog el periodista Íñigo Domínguez, pero he reflexionado sobre una banana y me pregunto cada vez más sobre la magnitud de la estupidez en nuestro tiempo; y una noticia ha dado datos para calcularla con cierta precisión. La segunda del día es un archivo del blog de abril de 2016 en la que el autor del blog definía a la justicia, o para ser precisos, a la organización de la justicia española, de auténtico cáncer de la democracia. La tercera de hoy es un poema del poeta Francisco José Chamorro, que comienza con estos versos: Cadenas de matanza: Cuadras. Anestesiado de cerdos./Enganchado, colgado, degollado, apuntillado./Cortar manos antes pelado. Repaso manual del pelado de cerdo. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de  interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt











Del arte y sus banalidades

 






Lamento no tener nada que decir sobre el color frambuesa del vestido de la Reina, y seguro que aún no está todo dicho, pero he reflexionado sobre una banana, escribe en El País [La “bananalidad” del mal, 02/01/2024] el periodista Íñigo Domínguez. No sé ustedes, pero me pregunto cada vez más sobre la magnitud de la estupidez en nuestro tiempo y una noticia ha dado datos para calcularla con cierta precisión. El martes se vendió en Nueva York una banana pegada a la pared con cinta aislante gris por 6,2 millones de dólares. Es una obra del italiano Maurizio Cattelan, aclaro. La adquirió un millonario en criptomonedas chino, Justin Sun, de 34 años, que anunció en X, “emocionado”, que era el comprador y se la comería este viernes. Es decir, a estas horas la banana como tal no existe, solo en un estado menos noble, que siguiendo esta lógica quizá incluso aumente su valor a extremos ya incalculables.

Hay más. El señor Sun no solo se quedó con la obra en sí, porque la banana se pone pocha, claro, sino también con el derecho a reproducirla cuando quiera (de hecho, no es la original de 2019). Le bastará comprar otra banana, pegarla a una pared y decir con toda autoridad que es la famosa obra de Cattelan. No sé si invitará a gente a casa los domingos para hacerlo en los postres, o lo hará en una tarde aburrida él solo, sin que el mundo sea consciente del evento, o pasado mañana ya se olvidará de que puede hacerlo. Ya da igual. Pero ¿de dónde salió la banana? Se lo preguntó una periodista de The New York Times, que pensó que los de Sotheby’s la tenían que haber comprado por allí. Y efectivamente, fue en un puesto callejero de enfrente, de un bangladesí llamado Shah Alam, de 74 años. Vendió la banana por 25 céntimos. Fue el momento de la verdad: la reportera le dijo a cuánto la habían vendido luego y al pobre hombre casi le da algo. Se puso a llorar. Supongo que yo haría lo mismo: haces la resta de 6,2 millones menos 25 céntimos y el resultado podría aproximarse a la medida de la estupidez humana, al menos en la cotización de esta semana.

El señor Alam, viudo, pobre, que paga 500 euros por dormir en un sótano con otros cuatro tíos en el Bronx, hizo dos preguntas muy pertinentes: “Quienes lo compraron, ¿qué clase de personas son? ¿No saben lo que es una banana?”. Y cómo se lo explicamos a este señor. Hablaba como alguien totalmente ajeno a este circo en el que nosotros nos hemos acostumbrado a vivir, ni siquiera sé si sabemos ya responder a estas preguntas. La periodista, magnífica, hizo algo más: escribió a Sun y Cattelan para contarles la historia. Se mostraron conmovidos, pero tampoco sabían qué decir. Sun respondió con uno de esos mensajes con muchos puntos suspensivos. Al día siguiente encontró la solución: comprará 100.000 bananas al vendedor, por su “indispensable contribución”, y las repartirá gratis. Le dan igual las bananas, está claro. El dueño del puesto, que paga 12 dólares la hora al señor Alam, estará encantado.

Pensarán que exagero, pero recordé las palabras de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal, que como saben utilizó para intentar explicar la actitud del criminal nazi Adolf Eichmann. Arendt decía que algunos individuos actúan dentro de las reglas de un sistema sin reflexionar sobre sus actos y, más que la inteligencia, les falta la capacidad de darse cuenta, de imaginar, lo que están haciendo: “Eichmann no era estúpido, era simplemente alguien sin ideas”. El peligro es la falta de ideas propias, que aleja de la realidad y de la responsabilidad sobre la realidad. El señor Sun tiene 3,6 millones de seguidores riéndole las gracias. No sé si esto nos lleva al totalitarismo, pero desde luego bueno no es.












[ARCHIVO DEL BLOG] Una nueva Justicia para la sociedad española. Publicado el 29/04/2016












El presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo de Justicia, Carlos Lesmes, ha defendido este viernes durante su intervención ante la Comisión de Justicia del Congreso "que solo un nuevo modelo de organización permitirá que la Justicia sea más eficiente" y ha invitado a los grupos parlamentarios a abrir un debate que aborde las reformas estructurales pendientes. 
De auténtico cáncer de la democracia ha definido "Desde el trópico de Cáncer" desde sus primeras bocanadas a la Justicia, o para ser precisos, a la organización de justicia española. Si se permite opinar a un lego en la materia, que quizá precisamente por eso, por ser lego, ve el asunto sin excesivas anteojeras corporativas, me permito sugerir al presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo de Justicia y a los legisladores, sintetizadas, la adopción de algunas de las propuestas expresadas con anterioridad por quien esto suscribe:
1. Suprimir los juzgados de instrucción a todos los niveles. La instrucción de los procesos corresponde a los fiscales, no a los jueces. A los jueces les corresponde aplicar la ley y defender los derechos de las partes, de todas, no de una de ellas, por cualificada que esta sea.
2. Suprimir todos los tribunales colegiados, a todos los niveles y convertirlos en tribunales unipersonales. En primera instancia todos los procesos se dilucidan ante el juez ordinario unipersonal que corresponda. Esta medida se aplicaría igualmente a las Audiencias Provinciales, que desaparecerían, y a la Audiencia Nacional, que pasaría a estar conformada, como tribunal especializado, por tribunales unipersonales. 
3. Establecer en la ley las condiciones taxativas en que, en función del propio hecho o de la cuantía económica del mismo, una sentencia se puede recurrir ante la instancia judicial superior. Estas solo serían dos: el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma, y en su caso, el Tribunal Supremo de Justicia.
4. Establecer el juicio por jurado (puro, sin intervención del juez) de manera generalizada para todos los procesos penales y aquellos civiles que por su cuantía económica determine la ley.
5. El Tribunal Superior de Justicia de cada comunidad autónoma actuaría como última instancia judicial ante cuestiones de Derecho emanadas de su propio ordenamiento jurídico, sin posibilidad alguna de recurso posterior.
6. El Tribunal Supremo de Justicia solo vería los recursos de casación determinados por la ley,  de forma restrictiva, y aquellos otros que decida asumir como propios a efectos de unificación de criterios jurisprudenciales una vez agotadas todas las instancias judiciales previas. La decisión de admitir el recurso, a petición de las partes, correspondería a una sala especial del Supremo distinta de aquella que hubiera de resolverlo. 
7. Centralizar la administración de justicia y sus tribunales ordinarios en las capitales de provincia y en las aquellas ciudades que la ley determine.
8. Tanto los Tribunales Superiores de Justicia de las Comunidades Autónomas como el Tribunal Supremo de Justicia funcionarían mediante salas de tribunales colegiados de tres jueces.
9. En cualquier caso todos los procesos serían gratuitos para las partes, a salvo lo que determinen las sentencias sobre el pago de las costas cuando observen mala fe por parte de los litigantes.
Respecto a las otras cuestiones relevantes del asunto que plantea el presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo de Justicia, como las de elección, permanencia y formación de los jueces, no tengo criterio formado, así que, de momento, opto por el silencio. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt















Del poema de cada día. Hoy, El papel de la justicia, de Francisco José Chamorro (1993)

 






EL PAPEL DE LA JUSTICIA


[…] Cadenas de matanza: Cuadras. Anestesiado de cerdos.


Enganchado, colgado, degollado, apuntillado.


Cortar manos antes pelado. Repaso manual del pelado de cerdo.


Pelado, desollado manual. Cortar cabezas y manos de vacuno.


En cerdo, si se realiza antes del pelado.


Soflamado y depilado manual. Extracción de cular y turmas.


Extracción de vísceras blancas (tripas).


Extracción de vísceras rojas.


Pelado manual de cabezas; patas y morros de vacuno.


Triperías: Separado y limpieza tripas. Limpieza de estómagos.


Trabajos varios: Matadero sanitario.


Digestores: únicamente alimentación o carga no automática


y no en el manipulado de harinas y grasas.


Evacuar, colgar y enfardar pieles y cueros.


Carga de las mismas. Recogida de pelo. […]


Francisco José Chamorro,

poeta español










De las viñetas del blog de hoy miércoles, 11 de diciembre de 2024

 

























martes, 10 de diciembre de 2024

De las entradas del blog de hoy martes, 10 de diciembre de 2024, 76º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 10 de diciembre de 2024, 46º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sí, ya sé que muchas veces despotricamos de nuestro país; que se nos llevan los demonios cuando vemos conductas miserables que nos parecen históricamente repetitivas, como, por ejemplo, la falta de unidad política ante la brutal tragedia de la dana, pero ¿es que ni siquiera somos capaces de colaborar ante una catástrofe semejante?, dice en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora Rosa Montero. En la segunda, un archivo del blog de junio de 2015, el autor del blog comentaba como había comenzado a pasarle factura el sentimiento de náusea escuchando el lenguaje que utilizaban y utilizan algunos -o casi todos- los políticos y los tertulianos habituales televisivos -estos, todos- aunque haya gradaciones entre unos y otros. El poema del día, en la tercera es del poeta Michel Gaztambide y comienza con estos versos: Quedan los amaneceres, queda la luz./Queda el calor de las sábanas/o su frío intolerable y enfermo. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de  interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt














Del civismo de los ciudadanos y el incivismo de sus representantes

 






Sí, ya sé que muchas veces despotricamos de nuestro país. Que se nos llevan los demonios cuando vemos conductas miserables que nos parecen históricamente repetitivas, como, por ejemplo, la falta de unidad política ante la brutal tragedia de la dana. Por todos los santos, nos decimos (o al menos yo me digo), pero ¿es que ni siquiera somos capaces de colaborar ante una catástrofe semejante?, dice en El País [Orgullo, 01/12/2024] la escritora Rosa Montero. Ese Feijóo ladrando y fastidiando desde el primer momento me abrió las carnes y me hizo recordar el proverbial sectarismo español, nuestra tradición individualista y feroz, reseñada desde hace siglos por los estudiosos de lo hispano, como Gerald Brenan. Nunca nos ha cabido en la cabeza el bien común, nunca nos hemos educado en el respeto a lo social, me repetí. Somos un país anclado a la tribu, a la horda, al clan; somos ese tipo de sociedad que mantiene su casa impoluta pero tira la lavadora estropeada a la calle, porque lo que no es propio y personal es enemigo y ajeno.

Eso volví a decirme, atrapada por el fatalismo nacional. Pero, a ver, un momento: ¿es así de verdad? Hace algunas semanas cené con amigos franceses e italianos. En un momento determinado, ya no recuerdo a cuento de qué, uno de los franceses comentó: “Es que los españoles sois tan obedientes”. Esta frase abrió una conversación en torno al tema. Por ejemplo: es verdad que en España se respetan más los pasos de peatones que en ningún otro sitio. Intenta cruzar en París por un paso de cebra sin mirar: es posible que te atropellen. Por no hablar de Italia, en donde te espachurrarán sin duda alguna. ¿Te parece un detalle baladí? La verdad, no lo creo. Es educación cívica, conciencia de los derechos del otro, cierta confianza en el Estado. Una de las poquísimas cosas buenas de envejecer es que conoces el pasado; y así, recuerdo la Alemania dividida, y cómo en el Oeste se respetaban los pasos de peatones y los semáforos, mientras que en el Este era un maldito caos, porque los ciudadanos no creían en el sistema e imperaba la supervivencia del individuo frente a una sociedad hostil. Otro buen ejemplo es la pandemia. Fuimos una de las naciones que menos cayó en el negacionismo científico y que, por consiguiente, se vacunó de forma más completa. En noviembre de 2021 éramos el tercer país de la UE en número de vacunados (un 79,1%), solo por debajo de Portugal y Malta (87,78% y 83,61% respectivamente) y muy por encima de la media europea del 66,69%.

“¿Por qué sois tan obedientes?”, me preguntaron esa noche. Mis amigos son cultos y estupendos, y además gente muy amable, pero advertí en ellos cierto desprecio hacia nuestra supuesta docilidad, una suerte de satisfacción gamberra por el hecho de no respetar los pasos de cebra en Roma y en París, cosa por otra parte comprensible porque hay un saludable mecanismo psicológico que fomenta que a todos nos guste nuestra manera de ser. “Somos así porque lo hemos escogido. Porque estábamos hartos de ser feroces y caóticos. Porque venimos de una tradición cainita y asocial y hemos decidido convertirnos en otra clase de país. Y, con mucho esfuerzo, lo hemos conseguido”, me descubrí contestando. Y me quedé pasmada.

Ya digo, soy mayor y recuerdo. Tengo la clarísima memoria de una España de tramposos y listillos en la que jamás se respetaba una cola, la gente se burlaba de las regulaciones públicas, se intentaba engañar al vecino en provecho propio y las neveras rotas se arrojaban en efecto a la cuneta. Todo eso lo he vivido. Hoy quienes se cuelan son las excepciones, y hasta recogemos mayoritariamente los excrementos de los perros: no hay comparación con la marea de mierda que cubría las aceras hace 30 años, y eso que el número de animales se ha centuplicado. Habrá quien lea este artículo y diga: no es verdad, sigue habiendo guarros y energúmenos, y tiene razón, pero es que su número es incomparable con el pasado. Si crees eso es que no viviste esos años, o no los recuerdas. Hoy somos otros. ¿Cuándo hemos hecho ese cambio, cómo ha sucedido? Ha sido tan gradual que no me he dado cuenta, pero está ahí, sin duda. Rememoro ahora a mis amigos, alardeando de insubordinación ante el país que hasta hace poco fue el más insubordinado del mundo, y me producen un poco de risa y de ternura, como quien escucha las baladronadas de un niño. Perdón, pero no somos obedientes, sino, por fin, civilizados. Educados en lo social. Respetuosos del otro y del bien común. Qué orgullo. Ahora solo falta que los políticos estén a la altura de los ciudadanos.











[ARCHIVO DEL BLOG] ¡Hasta la náusea!.. Publicado el 10/06/2015








"Ad náuseam" es una locución adverbial latina que significa, literalmente, "hasta la náusea", y que se utiliza para dejar constancia de algo cuyo exceso resulta molesto o produce profundo desagrado... Nada que ver con la gran novela del creador del existencialismo, el filósofo francés Jean-Paul Sartre ("La náusea", 1938). 
A mí comenzó a pasarme factura el sentimiento de náusea escuchando el lenguaje que utilizaban y utilizan algunos -o casi todos- los políticos y los tertulianos habituales televisivos -estos, todos- aunque haya gradaciones entre unos y otros... Me pasó con Julio Anguita, José María Aznar, Juan José Ibarretxe, Paulino Rivero, Josep-Lluís Carod-Rovira, Iñaki Anasagasti, José Luis Rodríguez Zapatero, José Manuel Soria, por citar algunos.... Y ahora me pasa con Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, Artur Mas, Oriol Junqueras, Cayo Lara, Willy Toledo, Miguel Ángel Rodríguez, Fernando Sánchez Dragó, Paco Marhuenda, Eduardo Inda, Pedro J. Ramírez, Federico Jiménez Losantos y los monseñores Rouco y Cañizares, por citar unos cuantos otros, casi-casi al azar, y según me vienen los retortijones de estómago al pensar en ellos... Evidentemente, no están todos los que son en la cita, pero sí lo son todos los citados. 
Decía la escritora y novelista Almudena Grandes en un artículo de hace unos años titulado "Equivocaciones", que habíamos convertido la política en la profesión de unos señores que nunca se sienten obligados a reconocer que se han equivocado, y que ésa es la mayor de las equivocaciones. No quiero ni pensar lo que pensará ahora mismo...
Creo que tenía toda la razón del mundo. En tiempos más oscuros, y no me refiero a los que relató John Ronald Reuel Tolkien en "El Señor de los Anillos", los procuradores en Cortes de las ciudades castellanas que volvían de las mismas sin conseguir la aprobación real a las propuestas emanadas de ellas, solían ser colgados, sin más trámites, de las almenas. No propongo yo que se llegue a tanto con nuestros representantes políticos, pero visto lo visto y lo que vamos a ver a raíz de lo votado por los españoles el pasado 24 de mayo, sí es cierto que deberíamos comenzar a exigir a nuestros representantes que respondan con un poco más de rigor de aquello que dicen y de aquello que hacen. Y más, cuando pretenden hacernos creer que lo que dicen y hacen lo dicen y hacen en nuestro nombre... Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt