jueves, 28 de noviembre de 2024

Del poema de cada día. Hoy, Las cometas, de José de Viera y Clavijo

 








LAS COMETAS



Anda cometa bella


toma de mi mano el vuelo


y vete subiendo al cielo


hasta parecer estrella,


extiende como centella


esa cola con que brillas


y corriendo largas millas


por los aires más ligeros


asusta a los gallineros,


y espanta a las aguilillas.



José de Viera y Clavijo (1731-1813)

poeta canario












De las viñetas de humor de hoy jueves, 28 de noviembre de 2024

 































miércoles, 27 de noviembre de 2024

De las entradas del blog de hoy miércoles, 27 de noviembre de 2024

 





Hola, buenos días de nuevo y feliz miércoles, 27 de noviembre de 2024. Kakistocracia (o caquistocracia, según la grafía que recomienda la Real Academia Española), se dice en la primera de las entradas del blog de hoy, viene del griego kàkistos, el peor, y kratos, gobierno; es decir, el gobierno de los peores; se trata de una deriva a la que tienden muchos gobiernos, también en nuestros lares, cuando el líder prima en la selección de sus colaboradores la lealtad sobre la competencia. La segunda es un archivo del blog de diciembre de 2017 en la que se traía a colación una cita de Dostoyevski, en su novela Los endemoniados, que decía así: ¿No podría ocurrir que la prosperidad le resultase antipática al hombre? ¿No podría ocurrir que prefiriese el sufrimiento y también que este le resultase tan provechoso como la prosperidad? Que el ser humano ama con pasión el sufrimiento es un hecho comprobado. La tercera es un poema de Zuri Negrín, titulado Pop, que comienza con estos versos: El balanceo del hundimiento es el eco de la pérdida/el orden nunca es permanente cuando escasea el equilibrio./Nada perdura en la inclinación de los ecosistemas/el mobiliario solo es un escenario de ficción. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de  interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt










De tiempos difíciles para la democracia

 






Kakistocracia (o caquistocracia, según la grafía que recomienda la Real Academia Española) viene del griego kàkistos, el peor, y kratos, gobierno; es decir, el gobierno de los peores. Se trata de una deriva a la que tienden muchos gobiernos, también en nuestros lares, cuando el líder prima en la selección de sus colaboradores la lealtad sobre la competencia, escribe en La  Vanguardia [Liderazgo y kakistocracia, 22/11/2024] el catedrático de Derecho Mercantil de Esade-URL, Miguel Trias.

Pero la galería de los monstruos en que se convertirá el gobierno de Estados Unidos a partir del 20 de enero aconseja que nos acostumbremos a su uso. No hablemos del comandante en jefe, pues poco cabe añadir a lo que todos conocemos. Centrémonos en la cuidadosa selección de los miembros de su gobierno, que supera las expectativas más tenebrosas. Como ministro de Sanidad elige al más inepto de los Kennedy, un conspiranoico antivacunas sin la más mínima noción del funcionamiento del sistema sanitario. El Departamento de Defensa ha sido encomendado a Pete Hegseth, un presentador de la Fox cuyo único mérito es ser veterano de guerra, pero sin experiencia pública ni conocimiento de la gestión militar. Y como fiscal general propuso a Matt Gaetz, un congresista acusado de tráfico sexual de menores, despreciado por sus propios compañeros de partido, que finalmente renunció ayer al nombramiento. Podríamos seguir, pero resultaría reiterativo.

A la lista hay que sumar al emprendedor más genial que ha producido el ecosistema norteamericano. Elon Musk ha sido designado para reducir el gasto público en dos billones (de doce ceros) de dólares. Es decir, un tercio del presupuesto federal. Podríamos esperar que alguien dotado de una capacidad tan desbordante para crear nuevos mundos empresariales esté habilitado para tan magna tarea. No será el caso, porque es sencillamente imposible y las habilidades empresariales no necesariamente son trasladables a la política. Además, es muy probable que, en pocos meses, su carácter egocéntrico entre en rumbo de colisión con el de su (actualmente) amado líder.

Solo con liderazgos sólidos será posible contrarrestar la ola de irracionalidad carismática que se abre. ¿Era esto lo que quería el pueblo norteamericano? Probablemente no. Pero votó a Trump con pleno conocimiento de causa, pues no paró de repetir en campaña lo que iba a hacer. ¿Por qué entonces el país más creativo e innovador de la Tierra es capaz de tomar el camino que decidió el pasado 5 de noviembre? Necesitamos tiempo para digerir la respuesta. Ha habido quien ha señalado como motivo el radicalismo woke que impregna el programa de los demócratas. Aunque desde luego no ayuda, no creo que se halle ahí la razón, sino en una combinación de ingenuidad, propia de un país que no ha sufrido nunca la opresión de la dictadura, y sobre todo de liderazgo.

Donald Trump, gracias a su estrategia falsaria de negar su derrota, pudo pre­sentarse ante su electorado como un ­hombre fuerte que siempre gana. Esa imagen se afianzó en su debate con Biden y adquirió un aura mítica al salir ileso del atentado que sufrió en el mes de julio. En un momento en que las ideologías se fragmentan en mil batallas, el electorado busca un referente. Sucedió en Italia con otro empresario salvador como Silvio Berlusconi, por no hablar de los liderazgos carismáticos que infestaron Europa en la primera mitad del siglo XX.

En el lado demócrata, Biden fue capaz de movilizar en el 2020 a un electorado que había constatado adónde podían llegar las políticas supremacistas y se había aglutinado en torno al movimiento Black Lives Matter, al tiempo que pudo comprobar la inepcia de Trump en la gestión de la covid, y cosechó 81 millones de votos gracias a una movilización histórica. Inició su mandato con todas las cartas a su favor, pero enseguida, con la precipitada retirada de Afganistán, empezó a decepcionar. Y a pesar de que sus políticas fueron en general más atinadas que las de su predecesor, fue demostrando su falta de empatía y liderazgo. No obstante, en lugar de dar un paso atrás en el momento apropiado, tiró la toalla cuando no tuvo más remedio. Y aunque nos ilusionamos con la sonrisa de Kamala Harris, la suerte estaba echada.

Vienen tiempos difíciles para la democracia y, particularmente, para Europa. Solo con liderazgos sólidos, anclados en valores firmes, será posible contrarrestar la ola de irracionalidad carismática que se abre. La reacción llegará, pero entre tanto vamos a sufrir amplias dosis de kakistocracia global.












[ARCHIVO DEL BLOG] Contra la depresión nacional. Publicado el 24/12/2017











Llevamos meses preguntándonos gran parte de los españoles, comenta en El País el escritor y exministro de Cultura socialista César Antonio de Molina, y estoy seguro que miles también de europeos también, los motivos por los cuales la región más próspera de nuestro país, Cataluña, ejemplo permanente de buen hacer para el resto de las demás, perdió su cordura (evidentemente no de un día para otro, pero sí a mucha más velocidad en estos últimos tiempos) y se entregó a un camino de destrucción convivencial y económico que la hará sufrir gravemente durante los próximos años. Y para responder a pregunta tan simple y compleja, como casi siempre, acudo a la literatura como si acudiera a Cumas a obtener una respuesta de la Sibila. 
La encuentro a esta adivina de la época romana releyendo, por otros motivos relacionados con el centenario de la revolución bolchevique, la obra de Dostoyevski Los endemoniados. "¿No podría ocurrir que la prosperidad le resultase antipática al hombre? ¿No podría ocurrir que prefiriese el sufrimiento y también que este le resultase tan provechoso como la prosperidad? Que el ser humano ama con pasión el sufrimiento es un hecho comprobado". No creo que todos los catalanes amen con pasión el sufrimiento que les quieren infligir unos cuantos de sus dirigentes enloquecidos por una voluntad de exclusión de poder absoluto y de destrucción. La reivindicación identitaria es la expresión del rechazo que produce la uniformización del mundo y su falso carácter universal; proceso de uniformización que fundamentalmente atañe a cuestiones de carácter económico. Pero no hay una identidad cultural única, monolítica y separada de las demás. Por el contrario, existen comunidades de sujetos convivenciales. Es decir, personas que conviven con los demás mediante el diálogo y el convencimiento razonado o conquista del otro a través de las palabras. No hay violencia que pueda sobrevivir a la persuasión. 
Quien no reconoce lo heterogéneo propio de toda cultura y ataca esas diferencias como enemigas, se convierte en un peligro para la convivencia. Una cultura que deja permanentemente de transformarse es una cultura muerta. La evolución incesante es un principio básico de lo cultural y por eso no se pueden establecer características culturales o hablar de la identidad cultural dentro de una cultura. El filósofo francés François Jullien lo explica muy bien en su libro La identidad cultural no existe. Y no existe no sólo para regiones dentro de un Estado, caso como el de Cataluña que, además, nunca fue un reino independiente y siempre perteneció al Reino de Aragón. No existe ni siquiera para la propia Europa. Cuando se quiso redactar el preámbulo para la Constitución europea se pensó definir lo que era Europa, pero fue imposible. Lo mismo sucedió con el intento fracasado todavía de escribir un libro donde se reflejara una historia común para enseñar en colegios y universidades de la Unión. La definición de una identidad europea era imposible: «¿Europa es cristiana? ¿O, en cambio, es laica (si pensamos en el tiempo ilustrado a finales del siglo XVIII y en el fomento del racionalismo)?». Como no fue posible definir una identidad europea a gusto de todos, en el preámbulo no se incluyó. Y como comenta Jullien, a partir de ese momento se disolvieron las convicciones, se desunieron las voluntades y se adormecieron las energías. No se votó la Constitución europea, y Europa aún está a la búsqueda de sí misma. Europa, evidentemente, es cristiana y laica (con otros añadidos menos significativos, al menos por ahora) y se desarrolló en el espacio existente entre ambas ideas. Europa avanzó con dificultades entre la fe y la razón. 
De ahí proviene una de las grandes riquezas que conforma a Europa. O mejor, lo que constituye Europa. En consecuencia, toda definición de la cultura europea, toda aproximación identitaria a Europa es reduccionista. Y cabe preguntarse: si hay dificultades para encontrar esta identidad común, ¿no existen también dificultades para encontrar identidades todavía más minoritarias? ¿Es que acaso los catalanes no son cristianos o laicos, no hablan una lengua románica, no comparten costumbres y hábitos similares al resto de peninsulares y europeos. ¿Acaso no han pertenecido a Grecia o Roma y no han sido partícipes de una empresa común que se llama España y que se trasladó más allá de nuestras costas? ¿Se busca acaso una identidad propia tan solo a través de una lengua? Cristo predicó en arameo, hoy lengua en peligro en Siria. Los Evangelios se escribieron en griego. Y la mayor difusión de estas ideas se llevó a cabo en latín, incluso cuando ya las lenguas romances habían tomado forma. ¿Las lenguas son acaso un signo de identidad? ¿No se habla en gran parte de India el inglés, así como en tantos otros lugares, y en qué afecta esto a la identidad de los indúes?
Julia Kristeva, en su ensayo Sol negro. Depresión y melancolía, escribe que la depresión no es sólo un malestar personal, sino que también las naciones se pueden deprimir por las crisis económicas y la falta de ilusiones derivadas de las mismas. Kristeva advierte de que la misma Europa en persona está amenazada por una regresión melancólica, por una pérdida de identidad, valores y orgullo. Kristeva ya había escrito Contra la dépression nationale y Nation without nationalism. A la identidad la consideraba la filósofa francesa como un antidepresivo sociopolítico, pero para que no se convirtiese en una fuente de graves crispaciones nacionales, y ante los impasses económico-políticos de Europa "que nos dejan impotentes", sólo tenemos una baza: la cultura. Para entenderlo, Kristeva nos animaba al estudio de El Cristo muerto, de Holbein; El desdichado, de Nerval; o El mal de la muerte, de Duras. «¿Existe una cultura europea? ¿Qué es? ¿Ayer, hoy, mañana?». La identidad, según este libro de Kristeva, se alcanzaba al compatibilizarlo todo, al asumirlo todo, como parte esencial del conjunto. La parte, no como diferencia, sino como complemento.
¿Es o no española la melancolía? ¿Es o no España depresiva? A los españoles durante siglos se nos atribuyó el carácter "atrabiliario" (genio destemplado y violento) y "contemplativo". Lo hizo Baltasar Gracián en El Criticón para resaltar nuestra agudeza y sutileza, rasgo común a catalanes y demás peninsulares.François Jullien nos dice que la identidad cultural no existe, así de tajante. Pero Julia Kristeva ahonda aún más en la herida. Por primera vez, los europeos nos estamos dando cuenta que nuestros problemas no son solubles y habrá que convivir con ellos de la mejor manera posible. Probablemente, el 21 de este mes todo permanezca, enquistado, por el estilo. Sobre todo, después de no haber intervenido democráticamente en algunos medios de comunicación antidemocráticos, feroces e insultantes contra el resto de España. ¿Nos imaginamos RTVE haciendo campaña contra Cataluña de la misma manera que la TV3? Quizás todo quede igual y nuevas generaciones de jóvenes catalanes sigan siendo, eternamente, educados en la mentira de su falsa identidad racista. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt












Del poema de cada día. Hoy, Pop, de Zuri Negrín (1984)

 






POP


El balanceo del hundimiento es el eco de la pérdida

el orden nunca es permanente cuando escasea el equilibrio.


Nada perdura en la inclinación de los ecosistemas

el mobiliario solo es un escenario de ficción.


Cuando lo novedoso se vuelve basura

es el tiempo el que vence.


Cuando nos saluda la muerte

es el tiempo el que vence.


Cuando ya nada

ni el espacio

ni la música

ni una mirada

puede escapar

a la oscuridad.


Zuri Negrín (1984)

poeta canario













De las viñetas de humor de hoy miércoles, 27 de noviembre de 2024

 































martes, 26 de noviembre de 2024

De las entradas del blog de hoy martes, 26 de noviembre de 2024

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 26 de noviembre de 2024. Finalmente la sangre no ha llegado al río Senne, que cruza soterradamente la ciudad de Bruselas, se dice en primera de las entradas del blog de hoy, y la nueva Comisión propuesta por la presidenta Ursula von der Leyen será aprobada en su totalidad por el Parlamento Europeo, con Teresa Ribera en la vicepresidencia con mayor peso. En la segunda del día, un archivo del blog de agosto de 2015, el autor del blog se declaraba heredero del pensamiento de la Ilustración, monárquico y socialdemócrata, añadiendo a continuación que entendía la política como ejercicio virtuoso de la cosa pública, el federalismo como el marco idóneo en el que desenvolver el autogobierno de los pueblos y los Estados y la democracia como procedimiento y fin en sí misma. El poema de hoy, en la tercera, es del poeta Andrés Mirón y comienza con estos versos: Hay cosas que se explican cuando ya nada importa./Evoco los tranvías y a las rubias platino/del lábil cine negro y ciertos plenilunios. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de  interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt











De como hacer el ridículo en Bruselas

 






Finalmente la sangre no ha llegado al río Senne, que cruza soterradamente la ciudad de Bruselas, dice en La Vanguardia [Cómo hacer el ridículo en Bruselas, 21/11/2024] su director adjunto Enric Juliana. La nueva Comisión propuesta por la presidenta Ursula von der Leyen será aprobada en su totalidad por el Parlamento Europeo, con Teresa Ribera en la vicepresidencia con mayor peso. El PP español tendrá que escoger en los próximos días entre la abstención y el voto en contra. Si vota en contra se verá en la obligación de expresar su rechazo a 14 comisarios pertenecientes al Partido Popular Europeo. 

Se veía a venir y así lo apuntamos en La Vanguardia. La brega interna española no podía poner en crisis la puesta en marcha del nuevo gobierno europeo mientras Estados Unidos y el Reino Unido autorizan a Ucrania el lanzamiento de mísiles de largo alcance sobre suelo ruso, mientras Rusia revisa su doctrina de respuesta nuclear, mientras Donald Trump empieza a nombrar ministros, mientras Alemania, con la economía en crisis, se prepara para un decisivo adelanto electoral en febrero. Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. La locuaz eurodiputada Dolors Montserrat no estaba en condiciones de provocar una crisis política de alcance internacional, ni siquiera aconsejada por el sagaz Esteban González Pons .

“¡La hemos tumbado!”. “¡La hemos tumbado!” El martes de la semana pasada, Montserrat salió de la sala de audiencias del Parlamento Europeo, gritando que Ribera estaba políticamente muerta. Los periodistas allí presentes tomaron nota de esas exclamaciones.

El PP iba a muerte contra Ribera y parecía tener el apoyo de Manfred Weber, jefe de filas del Partido Popular Europeo y frustrado candidato a la presidencia de la Comisión en el 2019. Von der Leyen se inquietó. Pedro Sánchez, también. La futura Comisión Europa parecía estar herida de muerte. Si el PPE vetaba a la candidata española, los socialistas vetarían a los candidatos de Italia y Hungría. El pacto de julio parecía roto. El PP español estaba consiguiendo distraer la atención del drama de Valencia. Después de la multitudinaria manifestación de protesta del sábado 9 de noviembre en la ciudad de València, no vendría la dimisión de Carlos Mazón, sino la caída de Teresa Ribera, portaestandarte de las energías renovables en España.  Una magnífica operación de distracción.

Sánchez habló del asunto con Von der Leyen y se avino a reconsiderar la oposición socialista a los candidatos húngaro e italiano, a los que la izquierda ponía objeciones, por pertenecer a fuerzas de ultraderecha que no forman parte del bloque de investidura de la presidenta (populares, socialdemócratas, liberales y verdes). La gesticulación del grupo socialista contra Raffaele Fitto, el candidato italiano, tenía puntos débiles. Italia es la tercera economía de la UE y el Partido Democrático italiano (centroizquierda) no quería ser acusado de “antinacional” en su país. El PD, reforzado en los últimos días con sendas victorias en las elecciones regionales de Emilia-Romagna y Umbria, no iba a votar en contra. La oposición más fuerte a Fitto estaba residenciada en los socialistas franceses. La pugnacidad entre Francia e Italia es creciente. Emmanuel Macron y Giorgia Meloni no se soportan. 

Sánchez argumenta ahora que todos los gobiernos de la Unión tienen derecho a proponer sus candidatos a la Comisión Europea y que ello no significa aceptar su ideología. No decía lo mismo hace unas semanas. Quizá en algún momento de esta historia, Sánchez se imaginó que podía ser el Capitán Trueno que se enfrentaba a la extrema derecha en todos los planos imaginables.

Cuando la UE era más pequeña, los países grandes disponían de dos comisarios europeos, lo cual facilitaba los consensos nacionales: uno para el Gobierno y otro para la oposición. Esa norma armónica se rompió en el 2004 con la última ampliación del espacio comunitario. Muchas cosas se rompieron en España en el 2004. El 2004 habita en el 2024, lo estamos viendo constantemente.

No ha sido Sánchez el que ha frenado a Weber y ha dejado a Alberto Núñez Feijóo en la estacada. Hace una semana, la CDU alemana (partido conservador democristiano al que pertenece Von der Leyen) quiso discutir ese asunto con sus aliados bávaros de la CSU (partido conservador social-cristiano al que pertenece Weber). Bajo ningún concepto, la Comisión Europea podía entrar en crisis antes de las elecciones alemanas. Un enredo español no podía debilitar al gobierno europeo. Los conflictos locales no pueden escalar tan fácilmente en Bruselas.












[ARCHIVO DEL BLOG] ¿Por qué me declaro socialdemócrata? Publicado el 14/08/2015










En la página de presentación del blog, a la derecha de sus pantallas, hay una barra vertical en la que tras una brevísima explicación sobre la foto que encabeza la portada del mismo, se hace una reseña, también breve sobre el autor en la que él mismo se reconoce como heredero del pensamiento de la Ilustración, monárquico y socialdemócrata, añadiendo a continuación que entiende la política como ejercicio virtuoso de la cosa pública, el federalismo como el marco idóneo en el que desenvolver el autogobierno de los pueblos y los Estados y la democracia como procedimiento y fin en sí misma. No creo necesario justificar esa declaración, pero si me gustaría explicar porque me declaro socialdemócrata en un momento, todo hay que reconocerlo, en que la socialdemocracia no levanta cabeza en el mundo, ni siquiera en este Occidente que la inventó.
Hace unos días, en la entrada titulada "¿Son incompatibles mayor libertad y mejor democracia?", recordaba una frase pronunciada por el que fuera secretario general del partido socialista y presidente del gobierno de España, Felipe González, en la que decía que él era socialista porque era demócrata, y demócrata a fuer de liberal. Algo que suscribo totalmente. 
Si uno pone la palabra "socialdemocracia" en el buscador de Google en español saldrán reflejados unos 623.000 enlaces. A falta de otra definición más académica, creo que podemos quedarnos con la que da la Wikipedia, que no es muy extensa. En ella podemos leer que la socialdemocracia es una ideología política cuyo objetivo es el establecimiento del socialismo democrático a través de métodos reformistas y gradualistas, que procura un Estado de bienestar universal dentro del marco de una economía capitalista, y que se diferencia de otras concepciones del socialismo por la manera que interpreta el significado e implicaciones de ese término, especialmente en materias políticas. 
Las palabras claves, a mi juicio, son reformismo, gradualismo y capitalismo. Muchos ismos son esos pensarán algunos, pero es que eso es así, y lo demás son utopías que no llevan a ningún lado por mucha voluntad que uno quiera ponerle. La otra clave del pensamiento socialdemócrata, que parece olvidada por la mayoría de sus dirigentes, es la prevalencia de la política sobre la economía. 
Me ha resultado enormemente curioso encontrar en el libro que estoy leyendo ahora mismo y que ya he citado en entradas recientes: "La sociedad abierta y sus enemigos" (Paidós, Barcelona, 2010), del sociólogo británico de origen austríaco Karl R. Popper (1902-1994), un párrafo esclarecedor al respecto (página 341), que dice así: "El poder político es fundamental y puede controlar al poder económico. Esto representa una inmensa ampliación del campo de las actividades políticas. Podemos preguntarnos qué deseamos lograr y como lograrlo; podemos, por ejemplo, desarrollar un programa político racional para la protección de los económicamente débiles; podemos sancionar leyes para restringir la explotación; podemos limitar la jornada de trabajo; y si bien todo esto no es despreciable, todavía podemos hacer mucho más. Mediante las leyes, podemos asegurar a los trabajadores (o mejor aun, a todos los ciudadanos) contra la incapacidad, la desocupación y la vejez. De esta manera, haremos imposibles aquellas formas de explotación basadas en la desvalida posición económica de un trabajador que debe aceptar cualquier cosa para no morirse de hambre. Y cuando podamos garantizar por ley un nivel de vida digno a todos aquellos que estén dispuestos a trabajar -y no hay ninguna razón para que esto no se logre- entonces la protección de la libertad del ciudadano contra el temor y la intimidación económicos será casi perfecta. Desde este punto de vista, el poder político constituye la llave de la protección económica. El poder político y su control lo es todo. No debemos permitir que el poder económico domine al político; y si es necesario, deberá combatírsele hasta ponerlo bajo el control del poder político".
Escrito en 1943, en plena II Guerra Mundial, y publicado por vez primera en 1945, "La sociedad abierta y sus enemigos" es, como dijera de ella el filósofo Bertrand Russell, "una obra de primerísima importancia que debe ser leída por su magistral crítica de los enemigos de la democracia, antiguos y modernos". Quizá convendría que la releyeran algunos dirigentes socialdemócratas europeos de hoy. Y que pusieran en práctica sus enseñanzas. Entre ellas, que la política nunca puede estar supeditada a los intereses económicos, de nadie, por poderosos que se crean. Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt