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martes, 19 de noviembre de 2024
[ARCHIVO DEL BLOG] Un mundo de trols y duendes. Publicado el 14/11/2018
El poema de cada día. Hoy, Te quiero a las diez de la mañana, de Jaime Sabines (1926-1999)
TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once,
y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y
con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia.
Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me
pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la
comida o en el trabajo diario, o en las diversiones
que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con
la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y
siento que estás hecha para mí, que de algún modo
me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos
me convencen de ello, y que no hay otro lugar en
donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu
cuerpo. Tu vienes toda entera a mi encuentro, y
los dos desaparecemos un instante, nos metemos
en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo
hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente.
Y hay días también, hay horas, en que no
te conozco, en que me eres ajena como la mujer
de otro, Me preocupan los hombres, me preocupo
yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense
en ti durante mucho tiempo. Ya ves ¿Quién
podría quererte menos que yo amor mío?
Jaime Sabines (1926-1999)
poeta mexicano
lunes, 18 de noviembre de 2024
De las entradas del blog de hoy lunes, 18 de noviembre de 2024
De la tentación del ahí os quedáis
Hace pocos días, el gran autor que es Fernando Aramburu se despedía de este espacio —la columna en un periódico como EL PAÍS, probablemente el atril más honroso para quienes amamos la verdad y nada más que la verdad— con una reflexión que nos sacudía: “Abrigo la sospecha de que me he ido convirtiendo en un desplazado de mi época; que he dejado de entenderla y que mis opiniones se asemejan cada vez más a un paraguas abierto en medio del huracán”. Palabras mayores. Tocaba tragar saliva, comenta en El País [La tentación Aramburu nos acecha a todos, 16/11/2024] la escritora Berna González Harbour.
Acontecimientos como el arrollador triunfo de Trump o la propulsión que ha alcanzado el torrente de mentiras en torno a la tragedia de Valencia nos han inundado el ánimo casi como la propia dana: quien miente abiertamente, inventa, manipula y al mismo tiempo dice a los estadounidenses todo lo que les va a recortar mientras sus amigos millonarios se forran ha vencido; quien propaga muertes inexistentes, conspiraciones y niega evidencias sale en prime time; quien manipula los hechos es un partido de Estado.
Confieso que comparto la sensación de Aramburu: ya no entiendo los nuevos códigos y además no los quiero entender. Asomarse a los debates de estos días para analizar los hechos y enfrentarse al ejército de quienes atribuyen hoy todas las culpas de la dana a la planificación hidrológica (es decir, al Gobierno) sin detenerse en el caos y la frivolidad de un president que ha demostrado la vigencia del principio de Peter (cada uno asciende hasta su nivel de incompetencia) es desolador.
Después de Aramburu y en otro plano de la discusión, periódicos como The Guardian y La Vanguardia han anunciado su salida del lodazal X. Tienen argumentos para ello, como tenemos argumentos para callar, buscar aire fresco y no seguir luchando en un terreno de juego en el que las reglas han cambiado sobre la marcha y ahora valen las patadas sin que aparezca por el horizonte un VAR en el que revisar fehacientemente la verdad.
La mentira se abre paso en estos tiempos, sí. Mentiras y manipulaciones de Trump, de Feijóo según los días, como antes fueron las de Aznar (el mismo que ahora nos quiere dar lecciones) para camuflar el gran error de la guerra de Irak y su pésima gestión del 11-M.
Podemos seguir la tentación Aramburu, que nos acecha a todos. Callar, entregar la placa y la pistola y apagar la luz. Cederles todo el espacio. Pero esto no es un juego, un deporte, un partido, ni una liga con una final. Es una vocación, la de usar las palabras para perseguir la verdad. Y esa búsqueda es perpetua. Por ello más nos vale comprender los nuevos códigos y, sin compartirlos, espabilar.
[ARCHIVO DEL BLOG] A vueltas con la universidad: Punto y final, con "post scriptum". Publicado el 19/11/2008
El poema de cada día. Hoy, Puedo escribir los versos más tristes esta noche, de Pablo Neruda
PUEDO ESCRIBIR LOS VERSOS MÁS TRISTES ESTA NOCHE
Puedo escribir los versos más tristes está noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda (1904-1973)
poeta chileno








































