miércoles, 23 de octubre de 2024

[ARCHIVO DEL BLOG] Generación Y (Desde Cuba): La fuerza de un Blog. Publicado el 08/12/2009.












Ya he hablado en ocasiones anteriores sobre el Blog "Generación Y" que desde La Habana (Cuba) escribe -como puede y cuando puede- la joven escritora y filóloga cubana Yoani Sánchez. Para muchos, el mejor blog en castellano del mundo. Y para la revista Time uno de los cien más influyentes. Visítenlo y leánlo y comprenderán porqué... Y eso, a pesar de que su autora no puede acceder a él ni escribirlo directamente desde su Cuba natal. Paradojas de un régimen que se reclama "libertador" de las Américas.
El País Semanal del pasado 29 de noviembre le dedicó un reportaje escrito por el periodista Mauricio Vicent, titulado "El blog que mueve la isla", que recoge muy bien lo que significan "Generación Y" y Yoani Sánchez en el mundo de Internet. Lo reproduzco más adelante, pero hoy no tengo ánimos para explayarme. Excúsenme, por favor: simplemente, les recomiendo que lo visiten. Y que lo disfruten. Para mi es un inmenso honor y un gran placer contar con la amistad personal de su autora. Y una gran envidia, sana, pero envidia. Les dejo con el artículo de Vicent: Hace seis años, la filóloga cubana Yoani Sánchez era sólo una emigrada más a la que le iba regular, tirando a mal. Vivía en Suiza, adonde había llegado "empujada por el desencanto y la asfixia económica", y allí criaba a su hijo, Teo. Yoani tenía entonces 28 años, y trabajaba en una librería y en todo lo que podía. Nunca había pensado en crear un blog, pero la vida resultó tan terca como ella. En 2004, debido a razones familiares, Yoani regresó a Cuba a la brava, saltándose todas las normas del Gobierno que impiden a los exiliados volver a su país si no es de turismo. Ya en La Habana, junto a su marido, el periodista Reinaldo Escobar, se metió de lleno al mundo de la informática y fundó la revista independiente de reflexión y debate Consenso. En abril de 2007, aburrida y hastiada, Yoani creó Generación Y simplemente como "un ejercicio de exorcismo personal".
Al principio, su bitácora fue sólo eso. No había pretensiones políticas en aquella "terapia", y mucho menos Yoani tenía conciencia de que las "desencantadas viñetas de la realidad" que colgaba en el ciberespacio podían llegar a convertirse en un emblema contestatario y de denuncia del régimen. A lo más, aspiraba a ser una voz de su generación: la de los nacidos en la Cuba de los años setenta y ochenta, jóvenes "marcados por el racionamiento, las escuelas en el campo, los muñequitos rusos, el paternalismo, las salidas ilegales, la doble moral y la frustración".
Un día Yoani hablaba en su blog del problema del transporte. Otro criticaba la discriminación de los cubanos en las instalaciones turísticas. Otro fustigaba el anacronismo del permiso de salida, o los muros impuestos a Internet en la isla, o el estado calamitoso de los hospitales, o el deterioro de los valores en su país… Todo en un país en el que no hay libre acceso a Internet y donde una tarjeta de una hora de conexión equivale a una semana de salario de un profesional de nivel.
El atrevimiento y el estilo retador de Yoani, así como la frescura de sus palabras, alejadas del mensaje de la vieja disidencia, llamaron la atención de internautas y periodistas. Y llegaron las primeras entrevistas… "La vida no está en otra parte, está en otra Cuba", dijo en la primera que realizó con este diario, allá por noviembre de 2007.
Generación Y despegó… y Yoani comenzó a recibir cientos de elogios y también críticas. Algunos de los que hoy la defienden la acusaron entonces de agente raulista. Ella se reía. Las autoridades, al principio, se limitaron a ignorarla; pero estaba claro que no hacía ninguna gracia aquella irreverencia en un área sensible y tan difícil de controlar como Internet.
Dos años después, la situación es radicalmente distinta. En abril de 2008, Yoani Sánchez obtuvo el Premio Ortega y Gasset de periodismo, concedido por EL PAÍS, en la categoría de trabajo digital. Fue seleccionada por la revista Time entre las 100 personas más influyentes del mundo, en el apartado de Héroes y Pioneros. Generación Y fue elegido en 2009 entre los 25 mejores blogs del mundo, una selección hecha por Time y la cadena norteamericana CNN. Además, en este tiempo Yoani fue distinguida con el máximo galardón de los Premios BOB, así como una mención especial en el prestigioso Premio de periodismo María Moors Cabt, de la Universidad de Columbia. Y múltiples honores más.
Otro dato confirma que Yoani dejó de ser una simple bloguera para convertirse en todo un fenómeno: en septiembre, Generación Y registró 14 millones de entradas, y eso sólo en español, ya que esta bitácora está traducida a 16 lenguas. A mediados de noviembre, las referencias a Sánchez en el buscador Google se acercaban al millón, y su biografía en Wikipedia era casi del mismo tamaño que la de Fidel Castro.
Paradójicamente, el fenómeno Yoani ha ocurrido de espaldas a la mayoría de los cubanos. Además de que el acceso a Internet en la isla es muy reducido, desde marzo de 2008 las autoridades utilizan un filtro informático ralentizador que bloquea la entrada a Generación Y. Sin embargo, algunos de sus escritos circulan en memorias flash o a través de cadenas de correos electrónicos, sobre todo en La Habana. Yoani no puede acceder directamente a su plataforma ni ver su blog, por eso dice que es una "bloguera ciega". Esto la ha hecho recurrir a la ayuda de amigos y colaboradores en el extranjero, a quienes envía sus correos por e-mail o incluso les dicta los textos por teléfono.
Varios son los factores que han contribuido a su éxito. Según Yoani, "había un fermento necesitado de una chispa y una generación que había callado durante mucho tiempo", lo que, sumado a la aparición de las nuevas tecnologías, la convirtió a ella en las "dos piedras que se frotan". "Yo camino sobre un terreno nuevo que permite que la voz se amplifique a unas dimensiones increíbles", dice, consciente de que hoy con un teléfono celular y una camarita se puede "hacer temblar al poder". "Todo lo que sucede en Internet es así, arrasador. Pero eso no significa que antes no se hicieran cosas valiosas, sino que no se disponía de esa herramienta".
Con independencia de ideologías y posiciones políticas, para muchos Yoani representa la reivindicación de dos ideas vitales, de ahí la formidable pegada de su propuesta. El académico exiliado Haroldo Dilla lo resume a la perfección: Yoani rescata "el derecho de ella, de sus amigos y amigas blogueros y de los varios millones de cubanos (exiliados incluidos) a vivir en su país, opinar libremente y obrar en consecuencia". Y en segundo lugar está "el deber que tienen los que detentan las posiciones de poder de abrir los espacios públicos a todas esas opiniones".
Muchos piensan que Yoani ha conectado con una realidad posrevolucionaria que cada vez gana más terreno… Si la vida en Cuba es cada vez más blogger, ella ha sabido ocupar un espacio que ni el Gobierno ni la disidencia tradicional parecen capaces de llenar… "Hoy no se puede vivir de espaldas a la información y a Internet. Y contra más el Gobierno se empecine y demore en reconocer el fenómeno, antes entraremos por la puerta de atrás", advierte Yoani.
¿Ciberdisidente? No. En todo caso, "ciberactivista", dice. Yoani rechaza ser opositora y tener programa político, ni siquiera un "color político". Hace dos años lo dijo claramente: la gente de su generación "no se define ni de izquierdas ni de derechas; éstos son conceptos cada vez más obsoletos". Estas palabras provocaron la reacción de Fidel Castro en junio de 2008. En un prólogo a un libro sobre Bolivia, el líder comunista lamentó que hubiera "jóvenes cubanos que piensen así" y criticó a aquellos que amplificaban su discurso y la premiaban.
Ella se lo tomó como "una condecoración". Pero también como el primer cruce de espadas. Poco a poco Yoani fue abandonando el ámbito privado de su blog. Y de las reflexiones en voz alta pasó a las acciones de calle. Un día desplegó una pancarta en un concierto para pedir la libertad del rockero Gorki Ávila. Otro tomó el micrófono durante una acción plástica en la décima Bienal de La Habana, donde realizó una encendida defensa de la libertad de expresión. "No sigamos esperando que nos autoricen entrar en Internet, a tener un blog o a escribir una opinión. Ya es hora de saltarnos el muro del control", dijo en aquella ocasión.
Simultáneamente, mientras su discurso tomaba cuerpo, Yoani empezó a acumular permisos denegados para salir del país a recoger sus premios. Sus detractores dijeron que cada galardón internacional y cada facilidad que recibía eran interesados y la fabricaban como opositora a la medida, en creciente sintonía con las posiciones de Washington y Miami.
A principios de año lanzó Voces Cubanas, una plataforma para que los blogueros de la isla tuvieran forma de expresar sus opiniones. Más recientemente se coló disfrazada con una peluca en un debate sobre Internet, organizado por la revista Temas, en el que se impidió la entrada de blogueros y disidentes. El último capítulo tuvo lugar el 6 de noviembre de 2009. Ese día, Yoani denunció que, junto a otros amigos, fue "secuestrada" durante 20 minutos y golpeada por presuntos agentes de la policía secreta para impedirle asistir a una manifestación en un céntrico barrio de La Habana.
Nos cuenta la agresión golpe a golpe, apoyada en una muleta, en el mismo apartamento donde la entrevistamos hace justo dos años. Hay una diferencia. En aquella ocasión, la sala estaba vacía. Hoy, unas 25 personas toman apuntes, pues desde finales de octubre aquí funciona una academia blogger. Se imparten clases de ética y derecho, cultura cubana, fotografía, técnicas periodísticas y herramientas para blogueros como Word Press, Blogspot o Twitter (por supuesto, la maestra de esta última asignatura ya saben quién es). Llama la atención que no se habla de política, aunque sin duda Yoani acaba de dar una vuelta de tuerca al pulso que sostiene con el Gobierno.
En la isla hoy existen unos 50 blogs. La idea, dice, es que dentro de unos años haya miles. "De jardinería, de cocina, de lo que sea… lo importante es que la gente pueda expresarse con libertad". Éste es su punto. Según Haroldo Dilla y otros analistas, Yoani, a sus 34 años, "es la figura emblemática de un nuevo tipo de oposición política que da aire a los agotados disidentes". Ella asegura que no pretende ocupar ningún espacio, aunque sí piensa que los blogs están llamados a ser un motor de cambio en Cuba, no en el sentido político, pero sí "ciudadano". En su opinión, el verdadero factor de cambio en su país "es que la realidad es cada vez más opositora". Sean felices, por favor.Tamaragua, amigos. HArendt











El poema de cada día. Hoy, La reina de la noche, de Alicia Louzao (1987)

 







LA REINA DE LA NOCHE

 


«Todos los peligros que encierra el mar, todos los de la tierra»

Ovidio


 

La reina de la noche y el dedo en el mapa 

que mueve sobre la hoja y despierta el agua que surge de la tierra 

y abre los dedos en una especie de camino por donde circulan los desaparecidos. Con una bolsa de patatas fritas, un reloj de bolsillo y la mochila de aquellos que llevan todo lo que tienen como un clavo en el ojo. 

La reina de la noche y el dedo en el mapa 

que mueve en la mesa y tuerce y arruga hasta el punto en el que las venas se llenan de peces de plata y escamas en la piedra. 

Y escamas en la piedra. 

Y los caminantes que cruzan el agua que surge de la tierra y la reina que mueve los dedos como si sostuviera todas las razones entre los dedos. 

El dedo en el mapa. 

Pero estas cosas no las sabe nadie. 

Porque la reina de la noche se oculta en un pequeño apartamento de cortinas blancas y azulejo en el suelo. Lleva los pies descalzos. La arruga en la frente. El dedo en el bolsillo del pantalón vaquero apunta el mapa encima de la mesa 

que despierta el agua. 

La reina guarda todos los países en un mueble de Ikea. Y guarda todos los mundos. Y guarda todas las flores. 

Cuando está triste, 

agita el mapa como una tela fina sobre los cuerpos, 

como si el río cruzase la garganta,

agita el mapa y los caminantes pierden el equilibrio y comprueba la hora en sus relojes de acero inoxidable. 

Todavía las cuatro de la tarde. La hora imprecisa y toda la melancolía. 

Cuando la reina tiene sueño se dobla sobre el mapa y los caminantes sienten el peso de la noche sobre sus cabezas. 

Porque el pelo negro. 

Porque los rizos. 

Porque la reina descansa sobre todos ellos y ellos abandonan los caminos y buscan el ojo de la luna para que no apague: 

la lumbre en la mano 

y la bolsa de patatas que nunca se acaba cuando se tiene hambre. Los dedos llegan hasta donde la reina duerme 

con la cabeza como el mundo sobre el otro mundo de los caminantes. 

Y cuando está triste la noche sube hasta la garganta y de las venas del mapa salpican los peces y llegan hasta los cuerpos de los caminantes. 

La reina con el dedo en el mapa. 

Pero esto nadie lo sabe. 

Nadie sabe que el día largo con las horas arrastradas comienzan cuando ella no encuentra la bolsita de té negro, la cuchara de azúcar, el pan, la mantequilla, el pájaro en los ojos que la avisa de que son ya las dos de la tarde y los caminantes se mueven en la tierra 

y el mapa se arruga en la mano de la reina de la noche 

divorciada, metro setenta, piscis ortopédico, caja de galletas con dibujos dorados, alergia al polen porque es la reina de la noche y con estas cosas ella lo recuerda. 

Mueve el dedo la reina y se mueve el agua. 

En el cajón del mueble de Ikea guarda el mapa de todos los ríos y todos los países y todas las ciudades antes de que desaparecieran. No ve a los caminantes pero ellos la ven un poco a ella cuando llueve finito sobre los cuerpos. 

Y los ríos de plata

Cruzando la tierra llenos de agua y llenos de peces que la reina de la noche cuenta con las puntas de los dedos no sean que se despierten. 

Y con el dedo en el mapa desordena las piedras y los insectos. 

La reina busca el desayuno o duerme o simplemente se seca el pelo dentro del baño de azul y de niebla. El mapa de los países dentro del cajón y los caminantes que pasan frío cuando la reina se olvida de ellos o busca el desayuno o simplemente se seca el pelo. 

Solo la ven un poco llueve finito. 

El mapa se arruga sobre los dedos y se mueve el agua. 

La lumbre en la mano. 

Pero esto nadie lo sabe. 



Alicia Louzao (1987)

Poetisa española








De las viñetas de humor de hoy miércoles, 23 de octubre de 2024

 

























martes, 22 de octubre de 2024

De las entradas del blog de hoy martes, 22 de octubre de 2024






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 22 de octubre de 2024. En la primera de las entradas del blog de hoy, titulada De la derecha de siempre, se habla del origen del termino "derecha", cuyo significado político viene de París y que cumplió hace unas semanas 235 años. La segunda de ellas, un archivo del blog de octubre de 2015, es un cuento para adultos titulado Un marido sin vocación, escrito por Enrique Jardiel Poncela. La tercera es hoy el poema titulado no lo puedo explicar, del poeta turco Orham Veli Kanik, para algunos especialistas el segundo poema más leído del mundo. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de  interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt








De la derecha de siempre

 








Los españoles hablan de derechas porque creen que son muchas; los sudacas decimos derecha porque quizá sospechamos que todas son una, dice en El País [La palabra derecha, 19/10/2024] el escritor Martín Caparrós. Pero el significado político de la palabra viene de París y cumplió, hace semanas, 235 años: “El 29 de agosto empezamos a reconocernos: los que defendían su religión y su rey se reunieron a la derecha del presidente para evitar los gritos, los insultos y las indecencias que sucedían en la parte opuesta, a su izquierda”, escribió en sus memorias el barón de Gauville, diputado de la nobleza en la Asamblea de la Revolución Francesa. Era el nacimiento de la definición política más eficaz de los últimos siglos: la izquierda, la derecha.

Funcionó, se mantuvo: era muy clara, muy gráfica y tan arbitraria que, aunque ahora parezca extraño, aquellos señores se podrían haber parado al revés y lo diríamos al revés y sería lo mismo. En cualquier caso seguimos hablando de derechas e izquierdas, sus matices. Durante años las derechas quisieron disfrazarse de centros. Pero vieron que las izquierdas lo conseguían mejor y tuvieron que lanzarse a su derecha. Así que ahora las que más suenan se hacen llamar “extrema derecha” o “ultraderecha”.

Estamos impresionados porque la “extrema derecha” resucitó cuando la dábamos por muerta. Durante décadas fue la etiqueta que casi todos esquivaban; ahora, al contrario, es una que muchos buscan, aun cuando no esté muy claro qué quiere decir, qué quieren decir. Lo que sí lo está es que nos venden la ilusión de un movimiento global unificado —”la extrema derecha avanza en el mundo”— cuando las diferencias entre ellos son cuantiosas.

A veces parece que decir “extrema derecha” es tan vago como decir “populista”. Vago, digo, en el sentido de perezoso, descuidado. Es una concesión que les hacemos y deberíamos dejar de hacerles. Definir a todos esos oportunistas dispersos como parte de lo mismo les da poder, los agiganta —y, por lo tanto, vale la pena hilar más fino y resaltar sus diferencias.

Que son tantas: algunos son estatistas, otros quieren destruir el Estado; algunos son nacionalistas, otros son pura globalización; algunos mueren por el mercado, otros le desconfían; algunos responden a viejas tradiciones fascistas, otros acaban de inventarse; muchos son bien cristianos, otros más bien supersticiosos; varios son muy homófobos, otros un poco más. Y suelen ser antisemitas como sus mayores pero han inventado una nueva manera de serlo: apoyar a su camarada de Israel.

Los une, si acaso, su forma de aprovechar la frustración reinante y ofrecer a esos frustrados la expectativa de un “cambio social”. Es curioso: en varios países esas derechas han conseguido aparecer como la única reacción contra un statu quo que todos los demás supuestamente representan. Y así convierten a los demás en “conservadores” que quieren mantener la democracia, estas sociedades donde tantos no viven las vidas que merecen.

Eso sí que es un cambio: la derecha siempre se definió por conservar, por pelear para que nada cambiara porque cualquier cambio era peor, destruía el orden. No se podía ser de derecha sin una religión, que garantizaba que todo iba a seguir igual porque era la voluntad de un dios. Ni se podía ser de derecha sin algún dinero porque la derecha existía para garantizarte que los pobres no te lo “robarían”. Ni se podía sin aferrarse a las viejas tradiciones y las viejas reglas. Ahora, en cambio, muchos de los votantes de derecha son trabajadores que temen ser reemplazados por migrantes, perder los privilegios que deberían tener por haber nacido más cerquita. Estas nuevas derechas expresan y exprimen como nadie el miedo al diferente.

Pero la meta que realmente los unifica a todos es la que silencian: mejorar las vidas de los ricos. Lo hacen de muchas maneras. El enredo fiscal es uno de sus favoritos: se nota poco y los beneficia mucho. Y así cumplen su viejo objetivo con eficacia renovada: si hay algo que estas nuevas derechas tienen en común es su habilidad para conseguir que los voten los pobres para defender los intereses de los ricos. Descubrieron que estas nuevas máscaras ultras pueden dar un aspecto moderno y sexy a las políticas de siempre, y tratan de ponérselas. Usar a los descontentos para mejorar la situación de los más contentos es el truco más viejo del manual y, por eso, cada tanto cambia de nombre comercial: ahora se llama extrema derecha cuando debería llamarse la gran derecha, el gobierno tradicional de los poderosos de toda la vida. O derecha a secas, que es lo que es y ha sido desde aquel día en que todos los nobles que defendían al rey decidieron juntarse en un costado del salón —y atrincherarse allí. Martín Caparrós es escritor.











[ARCHIVO DEL BLOG] Cuentos para la edad adulta. Hoy, "Un marido sin vocación", de Enrique Jardiel Poncela. Publicado el 03/10/2015.











El cuento, como género literario, se define por ser una narración breve, oral o escrita, en la que se narra una historia de ficción con un reducido número de personajes, una intriga poco desarrollada y un clímax y desenlace final rápidos.
Durante los próximo meses voy a traer hasta el blog algunos de los relatos cortos más famosos de la historia de la literatura universal. Obras de autores como Philip K. Dick, Franz Kafka, Herman Melville, Guy de Maupassant, Julio Cortázar, Alberto Moravia, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Lovecraft, Jack London, Anton Chejov, y otros... Espero que los disfruten.
Hoy continúo la serie con "Un marido sin vocación", de Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), escritor y dramaturgo español. Su obra, relacionada con el teatro del absurdo, se alejó del humor tradicional acercándose a otro más intelectual, inverosímil e ilógico, rompiendo así con el naturalismo tradicional imperante en el teatro español de la época. Esto le supuso ser atacado por una gran parte de la crítica de su tiempo, ya que su humor hería los sentimientos más sensibles y abría un abanico de posibilidades cómicas que no siempre eran bien entendidas. A esto hay que sumar sus posteriores problemas con la censura franquista. Sin embargo, el paso de los años no ha hecho sino acrecentar su figura y sus obras siguen representándose en la actualidad, habiéndose rodado además numerosas películas basadas en ellas. Murió de cáncer, arruinado y en gran medida olvidado, a los 50 años. En su nicho figura como epitafio una frase suya: «Si queréis los mayores elogios, moríos». La originalidad de Jardiel no reside tanto en la selección de los temas como en la creación de situaciones grotescas, ridículas o increíbles, lo cual consigue por medio de ironías, diálogos vivaces, equívocos, sorpresas o contrastes de estilos y registros, mezclando a menudo lo sublime y lo vulgar. El influjo del estilo de Jardiel sobre muchos de sus contemporáneos es algo fuera de toda duda. Alfredo Marqueríe acuñó el término jardielismo e insistió en que en ciertas obras de Edgar Neville, de Calvo Sotelo, de José López Rubio, de Miguel Mihura, de Tono, de Víctor Ruiz Iriarte, en los tipos que presentan, en las situaciones, en el juego coloquial, la huella de Jardiel está siempre presente. Entre los autores que reciben y reconocen su influjo se hallan Jorge Llopis, Álvaro de Laiglesia, Alfonso Paso, Juan José Alonso Millán, Carlos Llopis, Ignacio Amestoy, Ramón Paso y otros. Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 


UN MARIDO SIN VOCACIÓN (SIN LA LETRA “E”)

Nota: Narración escrita por el autor sin utilizar la letra “e”.


Un otoño -muchos años atrás-, cuando más olían las rosas y mayor sombra daban las acacias, un microbio muy conocido atacó, rudo y voraz, a Ramón Camomila: la furia matrimonial.

-¡Hay un matrimonio próximo, pollos! -advirtió como saludo a su amigo Manolo Romagoso cuando subían juntos al Casino y toparon con los camaradas más íntimos.

-¿Un matrimonio?

-Un matrimonio, sí -corroboró Ramón.

-¿Tuyo?

-Mío.

-¿Con una muchacha?

-¡Claro! ¿Iba a anunciar mi boda con un cazador furtivo?

-¿Y cuándo ocurrirá la cosa?

-Lo ignoro.

-¿Cómo?

-No conozco aún a la novia. Ahora voy a buscarla…

Y Ramón Camomila salió como una bala a buscar novia por la ciudad.

A las dos horas conoció a Silvia, una chica algo rubia, algo baja, algo gorda, algo sosa, algo rica y algo idiota; hija única y suscriptora contumaz a La moda y la Casa (publicación para muchachas sin novio).

Y al año, todos los amigos fuimos a la boda. ¡La boda! ¡Bah!… Una boda como todas las bodas: galas blancas, azahar por todos lados, alfombras, música sacra, bimbas, sonrisas, codazos, almohadón para hincar las rodillas los novios y para hincar las rodillas los padrinos; lunch, sandwichs duros como un fiscal…

Al onzavo sandwich hubo una fuga súbita por la sacristía y un auto pasó raudo, y unos gritos brotaron:

-¡Adiós! ¡Adiós! ¡Vivan los novios! ¡Vivaaan!

Y los amigos cogimos otro sandwich -dozavo- y otra copita. Y allí acabó la cosa.

Mas, para Ramón Camomila, la cosa no había acabado allí…

Al contrario: allí daba principio.

Y al subir con su novia al auto fugitivo, vio claro, vio clarísimo: ni amaba a Silvia, ni notaba inclinación ninguna al matrimonio, ni sintió su alma con la vocación más mínima por construir un hogar dichoso.

-¡Soy un idiota! -murmuró Ramón-. No valgo para marido, y lo noto cuando ya soy ciudadano casado…

Y corroboró rabioso:

-¡Soy un idiota!

Silvia, arrinconada junto a Ramón, bajaba los ojos con rubor, y al bajar los ojos subía dos mil grados la rabia masculina.

-¡Dios mío! -gruñía Ramón mirándola-. ¡Casado! ¡Casado con una niña insulsa como unas natillas!… No hay ya salvación para mí…, ¡no la hay!

Incapaz para dominar su irritación, dirigió unas palabras durísimas a Silvia.

-¡Prohibido fingir rubor y mirar a la alfombra! -gritó. (Silvia miró al parabrisas con infantil docilidad).

Y Ramón añadió para su sayo, alumbrado por una brusca solución:

-Voy a lograr su odio. Voy a obligarla a suplicar un divorcio rápido. Poco valgo si no logro inspirarla asco con cuatro o cinco burradas a cual más disparatada…

Y tal solución tranquilizó mucho a su alma.

Por lo pronto, al subir a la fotografía (visita clásica tras una boda), Ramón hizo la burrada inicial. Un fotógrafo modoso y finísimo abordó a Ramón y a Silvia.

-Grupo nupcial, ¿no? -indagó.

-Sí -dijo Ramón. Y añadió-: Con una variación.

-¿Cuál?

-La sustitución más original vista hasta ahora… Novio por fotógrafo. Hoy hago yo la foto… ¡Viva la originalidad!

Y Ramón aproximó la máquina y advirtió al asombrado fotógrafo:

-¡Vamos! Coja por la mano a la novia y sonría con ilusión. La cara más alta… ¡Cuidado! ¡Así!… ¡Ya!

Ramón tiró la placa, y a continuación obligó al pago al fotógrafo; guardó los duros y salió con Silvia orondo y dichoso.

-¡Al auto! -mandó. (Silvia ahora iba llorando)-. ¡La cosa marcha! -susurró Ramón.

Al otro día trasladaban sus organismos a Irún. (Lo clásico, asimismo, tras una boda.)

Ramón no quiso subir al vagón con Silvia.

-Yo viajo con los maquinistas -anunció-. Voy a la locomotora… ¡Hasta la vista!

Y subió a la locomotora, y ocupó su actividad ayudando a partir carbón. Al arribar a Irún había adquirido un magnífico color antracita.

***

Ya allí, compró sus harapos a un sordomudo andrajoso, vistió los harapos y marchó a la fonda a buscar a Silvia.

Y tocado con las ropas andrajosas anduvo por Irún, acompañando a Silvia y cogido a su brazo mórbido y distinguido. Nutrido público los miraba al pasar, asombrado.

Silvia sufría cada día más.

-¡La cosa marcha! ¡La cosa marcha! -murmuraba todavía Ramón-. Pronto rogará Silvia un divorcio total. Sigamos con las burradas. Sigamos con la droga antimatrimonial, multiplicando la dosis.

***

Ramón vistió a continuación sus fracs más maravillosos, y al pisar un salón, un dancing u otro lugar público acompañado por Silvia, imitaba a los criados, y con un paño al brazo acudía solícito a todas las llamadas.

Una mañana pintó sus párpados con barniz rojo.

***

Por fin lo trasladaron al manicomio.

Y Ramón asistió a su propia dicha: su contrato matrimonial yacía roto y vivía imposibilitado para otra boda con otra Silvia…


FIN



 









Del poema de cada día. Hoy, No lo puedo explicar, de Orham Veli Kanik (1914-1950)

 






NO LO PUEDO EXPLICAR



Si llorara, ¿podrías oír

Mi voz en mis poemas?

¿Podrías tocar mis lagrimas

Con tus manos?

Antes de caer presa de este dolor,

Nunca supe que las canciones fueran tan encantadoras

Y las palabras tan suaves.

Sé que hay un lugar

Donde se puede hablar acerca de todo;

Siento que estoy cerca de ese lugar,

Sin embargo no lo puedo explicar.



Orhan Veli Kanik (1914-1950)

Poeta turco