martes, 1 de agosto de 2023

Del país de la cucaña

 





​Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz martes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, de la filóloga Lola Pons, va del país de la cucaña. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com










En el país de la cucaña
LOLA PONS RODRÍGUEZ
29 JUL 2023 - El País
harendt.blogspot.com

El sol no ha bajado del todo pero ya se puede salir a la calle. Estar a finales de julio en Sevilla es una valentía y una toma de postura. La ciudad me escupe su aliento caliente, su peor cara, pero no puede esconderme sus encantos naturales. Y los veo andando hacia el río, cruzando el puente que divide en dos la urbe, entre Sevilla y Triana: en una orilla, el ocre de la Torre del Oro; en medio, el azul verdoso del Guadalquivir; en la otra orilla, el blanco de las casas de cal trianeras. Ocre, azul y blanco, el tricolor de la bandera oficiosa de Sevilla.
Hoy es fiesta en Triana y la Velá de Santa Ana ha alterado la quietud de este río tan manso que es el Guadalquivir. Hay en medio del agua una barcaza amable, torpona, de filos redondos. Sobre ella esperan impacientes, en bañador, decenas de jóvenes. El primero es ayudado por otro para trepar al palo horizontal que sobresale de la barcaza. Avanza hábilmente por él, de pie; no pierde de vista el banderín que hay al final del tronco, roza por una instante la punta, casi se mueve la tela, se hace el silencio, pero el palo está sospechosamente brillante: ha sido untado de grasa, el chaval cae al agua del río sin el trofeo y el público aplaude a este primer Sísifo de Triana, funambulista veraniego. El entretenimiento se llama “cucaña” y cada final de julio se puede disfrutar, como lo estoy haciendo ahora, desde la calle Betis y su barandilla que asoma al río.
Hay unas cincuenta personas sobre la barcaza: alguna muchacha, niños y jóvenes llenos de energía; hay también señores de algo más de 40, con sus tatuajes un poco oxidados. Alguno hace muy buen papel sobre la cucaña, pese a la barriga que le asoma.
Nuevos rivales toman su turno, ordenadamente, siempre con el mismo protocolo: caminar por el palo y avanzar hasta, pronto o tarde, caerse. Subidos de nuevo a la barcaza, lo intentan otra vez. Alguno desluce su derrota: trata de agarrarse a la madera cuando ya ha perdido el equilibrio, es inevitable la caída y el descalabro es más indigno. Alguno logra el banderín; una vez obtenido, nos parece lógico que fuera el ganador por su aspecto y sus hechuras al moverse. Vamos olvidando a los perdedores. El espectáculo de la cucaña ha terminado, este año el regalo era un jamón y se lo ha llevado un chico avispado. Volvemos a casa cruzando el puente tras haber echado la tarde.
Esto es una fiesta de alegría secular. El país de la Cucaña era en la Edad Media europea algo parecido a lo que hoy llamaríamos Jauja. Cucaña era un reino inventado para el hedonismo, el lugar donde no hacía falta trabajar, representado en cuadros y grabados con disparates pasmosos: montañas de queso, ríos donde manaba vino o leche y árboles de los que, en forma de frutos, brotaban lechones asados provistos de cuchillos para que cada cual se sirviera al paso. Cucaña era la consagración de la gratificación terrenal, la exaltación de los deseos que terminó dando nombre al juego físico y mañoso de la cucaña.
Esta cucaña fue una diversión napolitana, propagada a otros puertos (esto es muy mediterráneo: extender lo divertido) y desde España difundida a América y Filipinas, donde, como en Triana, hay decenas de fiestas de localidades que programan su particular cucaña. Las cucañas marineras suelen ser horizontales, paralelas al agua, y las de interior son palos en vertical, diversiones más recias sin el chapuzón luminoso de la conclusión.
Una de ellas, en Orgaz (Toledo), se consagra cada agosto al Cristo del Olvido. Está bien elegida la advocación: el olvido es un buen remedio para afrontar una caída de la cucaña. Me lo aplico. De secano y sin riesgo alguno, he caído de la cucaña más de una vez, cuando pensaba desde la orilla de los planes que era fácil atrapar el banderín, pero al intentarlo he perdido el equilibrio y me he dado cuenta de que la vida es un palo engrasado en aceite, y que a veces ni siquiera hay un río indulgente abajo que amortigüe la caída. Con las mismas, como todos, lo he olvidado y he vuelto a subir a la barca para retar a la cucaña.
Supongo que el candidato electoral que cayó del palo insospechadamente en las últimas elecciones generales, cuando rozaba con los dedos el banderín presidencial, encomendará al Cristo del Olvido su episodio aciago. Pero todos somos sísifos que a veces tornan en Hércules. Quien se lleve el ansiado banderín de la presidencia creerá haber entrado en el país de la Cucaña. No hay tal benevolencia. Las montañas nunca serán de queso, no hay ríos de facilidades al otro lado, no brotarán lechones de los árboles pero quizás sí cuelguen de ellos cuchillos bien afilados.

































lunes, 31 de julio de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] Heisenberg y la manada de lobos. [Publicada el 22/08/2017]









El atentado de La Rambla se ajusta a la nueva estrategia del Estado Islámico, señala en El País el periodista y escritor Javier Lesaca, autor del libro Armas de seducción masiva. La factoría audiovisual de Estado Islámico para fascinar a la generación millennial. 
Abu Nur Ash-Shami, comienza diciendo, es un youtuber sirio que enseña a través de un vídeo, subtitulado en inglés, cómo hacer bombas caseras. Al estilo Heisenberg (el protagonista de la serie Breaking Bad), Abu Nur Ash-Shami mezcla acetona, ácido sulfúrico y agua oxigenada en un bol estampado con dibujos de kiwis y cerezas. El terrorista youtuber advierte del peligro de la operación: “Mi hermano, tienes que empezar haciendo esta sustancia en pequeñas dosis, antes de que seas capaz de producirla en grandes cantidades”, insiste mientras cocina el explosivo conocido como la madre de Satán, el preferido por los seguidores de Estado Islámico. La misma sustancia que asesinó a 23 fans de Ariadna Grande el 23 de mayo en Mánchester. La misma que provocó probablemente que saltara por los aires la fábrica de explosivos que los terroristas de Barcelona habían instalado en Alcanar.
Los jóvenes que provocaron la matanza de las Ramblas no atendieron las advertencias del Heisenberg de Estado Islámico. Querían fabricar explosivo a escala industrial. Su intención era llenar tres furgonetas de bombonas de butano y de la madre de Satán para provocar en Barcelona la mayor matanza terrorista de la historia de Europa.
Estado Islámico publicó el vídeo de Abu Nur Ash-Shami el 26 de noviembre de 2016 a través de las redes sociales. En él también aparecía un exlegionario francés, Abdellilah Himich, que explicaba cómo asesinar utilizando un cuchillo y un vehículo. Era el comienzo de una estrategia que Estado Islámico puso en marcha a finales de 2016 en la que pedía a sus seguidores que dejasen de viajar a Irak y a Siria y se centrasen en atentar en sus lugares de origen.
El atentado de La Rambla se ajusta a la nueva estrategia del Daesh. Los datos que actualmente se conocen sugieren que los terroristas de las Ramblas y Cambrils formaban parte de una célula de adolescentes radicalizados por los seguidores de Abu Bakr Al Bagdadi, pero no contaban con una infraestructura de apoyo directa. A diferencia de los atentados de París en noviembre de 2015 y Bruselas en marzo de 2016, los terroristas no disponían de armas de fuego ni de explosivos elaborados: tuvieron que recurrir a fabricarlos en su precario laboratorio casero. Tampoco habían viajado a Siria o Irak, ni tenían una red de casas de apoyo. Sentían la presión de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Tuvieron que improvisar y, afortunadamente, cometieron errores de principiante que neutralizaron sus planes originales.
El atentado de Barcelona es la acción de una manada de lobos radicalizados por la narrativa y la estrategia de terrorismo low cost del Estado Islámico. Una narrativa nihilista que ha infectado la mente y el corazón de decenas de miles de jóvenes en Europa. Un virus que se prolongará al menos durante dos generaciones y que es inmune a la eventual eliminación del Califato que los terroristas han instaurado en Irak y Siria. Aprender a asesinar a cientos de personas una tarde de verano en una ciudad de Europa está al alcance de un click. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt












Del miedo como antídoto

 




Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz lunes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del historiador José Andrés Rojo, va del miedo como antídoto. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com









Elecciones en el país del miedo
JOSÉ ANDRÉS ROJO
28 JUL 2023 - El País
harendt.blogspot.com

Este titular sirve para cualquier parte, el miedo campa a sus anchas, hay mucha inseguridad y no se dibuja con claridad un proyecto, un lugar hacia el que dirigirse. Pero las elecciones se celebraron en España y fue aquí donde los partidos utilizaron el miedo para movilizar a los votantes (lo hacen en todas partes). La derecha se refirió a Frankenstein, ese engendro que en una narración de Mary Shelley construyó un científico del mismo nombre a partir de trozos de cadáveres diseccionados, y que dicen ha gobernado en los últimos años. La izquierda señaló a los ultras, a los herederos del franquismo, a los iliberales, incluso a Donald Trump, el paradigma de una política que se construye sobre una realidad paralela.
El miedo se cuela mejor en las sociedades que están tocadas, que son más frágiles. Y España acumula en las últimas décadas una buena colección de sacudidas que la han dejado temblando. En 2004, el siglo XXI se estrenó en España con los atentados yihadistas que convirtieron Atocha en el referente de un terror que venía de lejos, pero que circulaba ya con una furia desconocida por las venas de las sociedades europeas. Hacia 2007-2008 se produjo en Estados Unidos una brutal crisis financiera que se trasladó de manera fulminante al resto del mundo. En España se cerraron negocios, hubo mucha gente que se quedó sin trabajo, se pidió un rescate a Bruselas, que aplicó en la Unión la terapia de choque de la austeridad. Más pobreza y dolor. En Cataluña se inició en 2012 el proceso soberanista que partió en dos a la sociedad y la ha dejado herida para un largo tiempo. Luego llegó la pandemia en 2020 y después Vladímir Putin invadió Ucrania en 2022. Tuvo también lugar otro episodio que resulta casi una metáfora de esta época. La erupción de un volcán en La Palma, en Canarias: esa lava negra que descendía de las cumbres arrollando cuanto se pusiera a su paso y que avanzaba a paso de tortuga con una determinación incontenible.
El terrorismo yihadista, una economía global desregulada y radicalmente injusta, el empuje autodestructivo de los nacionalismos voraces, los virus imprevisibles (la covid recordaba las pestes medievales), la violencia de los imperios: como para no quedarse tiritando y con el miedo en el cuerpo. Y el cambio climático, tan presente en todas partes. “Nada es más difícil de analizar que el miedo, y la dificultad aumenta más todavía cuando se trata de pasar de lo individual a lo colectivo”, escribió el historiador Jean Delameau. Intentó reconstruir sus avatares entre el siglo XIV y el XVIII en El miedo en Occidente (Taurus), donde lo distinguía de la angustia, y explicaba que a esta se la vencía “nombrando, es decir, identificando, incluso fabricando miedos particulares”.
“El miedo nos impulsa a actuar”, observa Bernat Castany en Una filosofía del miedo (Anagrama). Podía haber dicho también que nos fuerza a votar. “El miedo es ambiguo” (Delameau), puede convertirse en algo patológico y bloquearnos, convertir la vida en un infierno y destruirnos. Pero a veces es una garantía contra los peligros. El 23-J y con la ventana abierta: un vecino habla en el patio. “Hay que ir a votar” dice, “es necesario parar al señorito Iván —el personaje de Delibes de Los santos inocentes— y es que algunos quieren que España vuelva a ser la de la Milana bonita”. El Partido Popular no supo, no sabe, escuchar esas voces. Por eso está tan desconcertado.































domingo, 30 de julio de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] La fe de los carboneros. [Publicada el 19/03/2018]










Hoy, 19 de marzo, Hans Küng, sacerdote católico, suizo, teólogo, famoso por su postura contra la infalibilidad papal, profesor emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga, prolífico autor y presidente de la Fundación por una Ética Mundial, cumple 90 años. Y con tal motivo el profesor​ Manuel Fraijó, también catedrático emérito de la Facultad de Filosofía de la UNED (mi alma mater), de la cual Küng es "Doctor Honoris Causa", le dedica un artículo en El País sobre la agonía de la fe (o de su falta) que no me resisto a subir al blog. Espero que les resulte interesante. A mí, que no soy creyente, pero que he leído con pasión casi toda la obra de Küng, me ha emocionado. 
Los grandes teólogos, escribe Fraijó, son gentes que, como Unamuno y Pascal, han pasado por las aulas del saber. Pero hay una asignatura que ni los más eruditos aprueban: el anuncio cristiano de la resurrección. Es algo siempre “esperado” y nunca “sabido”. Miguel de Unamuno, comienza diciendo, consideró siempre que San Manuel Bueno, mártir era su mejor novela filosófico-teológica. En ella puso, según propia confesión, todo su “sentimiento trágico de la vida cotidiana”. De hecho, la diócesis imaginaria a la que pertenece la aldea de Valverde de Lucerna, en la que Unamuno sitúa su relato, se llama Renada, es decir, doble nada, o una nada muy agrandada. La nada, como destino último de los seres humanos, es la mejor expresión del sentimiento trágico, agónico, unamuniano. Unamuno sintió incluso, en una noche de marzo de 1897, las “garras del Ángel de la Nada”. Tampoco olvidó la nada nuestra de cada día, la hermana menor de la nada final, los sinsentidos intrahistóricos.
Hay en esta novela una figura que siempre ha despertado ternura: Blasillo, el bobo del pueblo. Su nombre parece remitir a Blas Pascal, figura muy presente en la obra del pensador vasco. Obviamente, Unamuno no pretendía llamar “bobo” a Pascal. Lo que Blasillo simboliza es la fe sencilla de Pascal, fe que siempre añoró Unamuno, la fe de su niñez y de sus años jóvenes en su Bilbao natal. Es, podríamos aventurar, la “fe del carbonero”, la fe heredada en la que se nace y se muere, la fe más sentida que pensada, la fe sin ilustración. Es la que practica Pascal cuando aconseja “encargar misas”, o cuando escribe: “Toma agua bendita y acabarás creyendo”. Es, también, la fe que practican hoy creyentes musulmanes que, al ser ciegos o analfabetos, deslizan cada día sus dedos por un número determinado de páginas del Corán; así, al terminar el mes, habrán “leído” el libro santo entero.
Es claro el contraste con don Manuel, el cura de Valverde de Lucerna que ni “celebrando misa” ha logrado creer. Preguntado por su fe, el párroco, llamémoslo “carbonero ilustrado” —había estudiado teología— “bajó la mirada al lago y se le llenaron los ojos de lágrimas”. Y, preguntado por la resurrección de los muertos, “el pobre santo sollozaba”. ¡Conmovedora forma unamuniana de revelar al lector el drama del cura! Era un santo, sus feligreses lo adoraban, pero su fe era débil, vivía más de la búsqueda de la verdad que de su posesión. Eso sí: nunca reveló a sus parroquianos su drama personal; y no lo hizo, escribe bellamente Unamuno, “para no quebrantar su contentamiento”, para no arrebatarles el consuelo de la fe. Hay en la novela un sostenido elogio de la fe del carbonero, del creer de las gentes sencillas que continúan creyendo porque siempre creyeron.
Blasillo recorría una y otra vez las calles del pueblo repitiendo en tono patético el grito de Jesús en la cruz que él tantas veces había escuchado de labios de don Manuel: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”. A las buenas gentes del pueblo se les saltaban las lágrimas al oírlo. Y, lleno de regocijo, Blasillo festejaba su triunfo iniciando una nueva vuelta a la aldea. Unamuno hace coincidir, magistralmente, la muerte del párroco con la de Blasillo, que se había sentado en la iglesia a los pies de un don Manuel ya moribundo. Con memorable sensibilidad escribe: “Así que hubo luego que enterrar dos cuerpos”. De esta forma, el carbonero ilustrado y el carbonero a secas, Blasillo, quedaron unidos para siempre.
Pero Unamuno era consciente de que la fe de Pascal no siempre olió a carbón. De hecho se refiere al gran científico como “un alma que llevaba cilicio”. Un alma, en definitiva, que murió a los 39 años “de vejez”. Su conversión, la que le sacó del “mar de distracciones” en el que navegaba, tuvo lugar, como él mismo informa, el 23 de noviembre de 1654 “ente las diez y media y las doce y media de la noche”. Al parecer se trató de una intensa experiencia religiosa, de una conmoción interior, de una sacudida mística. Algo muy diferente del sueño de Descartes ante su estufa. Al autor del Discurso del método se le reveló una “ciencia admirable” que le resolvió su duda metódica. Pero la duda de Pascal, como la de don Manuel, era existencial, dramática, trágica incluso. La consignó en su Memorial, un papel arrugado, cosido al forro de su levita, encontrado por un criado después de su muerte. La primera palabra lo dice todo: “Fuego”. A continuación, Pascal contrapone el Dios de los filósofos y de los sabios al Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob y de Jesucristo. Es de este último Dios de quien Pascal espera “certidumbre, paz, alegría”. Si Descartes había dicho “pienso, luego existo”, Pascal optará por su conocido “creo, luego existo”. En su caso triunfaron las razones del corazón. La fe de Pascal, afirma Unamuno, no era fruto de la “convicción”, sino de la “persuasión”, tenía voluntad de creer, pero su inteligencia matemática se lo puso difícil. De ahí su insistencia en las razones del corazón. La frase que mejor revela su lucha interior tal vez sea esta: “Incomprensible que exista Dios e incomprensible que no exista”. Con ella, Pascal dejó atrás los días del agua bendita y la fe del carbonero para adentrarse en el misterio de la “caña pensante” que somos y en el “eterno silencio de los espacios infinitos” que nos sobrecoge y aterra. Al presentir su final, repartió su dinero entre los pobres y los hospitales de París y rogó a su hermana Gilberta que le trasladase al Hospital de los Incurables, algo a lo que Gilberta se negó; lo cuidó ella con todo esmero y cariño. Aún tuvo tiempo Pascal de acoger en su casa a una familia necesitada. Unos días después, el 9 de agosto de 1662, una extraña y terrible enfermedad que los médicos no acertaron a diagnosticar acabó con su vida. Pero con nosotros siguen sus Pensamientos, obra genial que tanto ha dado que pensar.
En un conocido texto confiesa Kant que tuvo que “anular el saber para dejar un sitio a la fe”. Es el sitio que siempre andan buscando todas las religiones, pero no solo ellas. El carácter enigmático del universo condujo a un científico de la talla de Severo Ochoa a afirmar que sentía “irse de este mundo sin saber exactamente dónde había estado”. Todos los espíritus profundos se han visto obligados a llevarse bien con la incertidumbre. Tal vez por eso acuñó Nicolás de Cusa la fórmula “docta ignorancia”, fórmula que Ortega y Gasset consideraba la mejor definición conocida de la ciencia. “Carboneros ilustrados” es otra forma de decir “docta ignorancia”. Los grandes teólogos son carboneros leídos, gentes que, como don Manuel y Pascal, han pasado por las aulas del saber. Pero existe una asignatura que ni los más ilustrados aprueban, un asunto en el que todos compartimos la condición ignorante del pobre Blasillo. Me refiero al anuncio cristiano de la resurrección, al que Unamuno consagró su San Manuel Bueno, mártir. Es algo siempre “esperado” por muchos, pero nunca “sabido” por nadie. Cabe la opción generosa de Nicolás de Cusa “quia ignoro, adoro” (justo porque lo desconozco, lo adoro), pero también hay espacio para la duda, incluso para la negación, dolorosa unas veces, despreocupada o airada otras. El carácter misterioso del tema deja muchas puertas abiertas. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt












Del suicidio de las naciones

 





Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz domingo. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del periodista Lluís Bassets, va del suicidio de las naciones. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com






Las naciones no mueren, se suicidan
LLUÍS BASSETS
27 JUL 2023 - El País 

A Benjamin Netanyahu solo le quedaba un cartucho, después de 16 años como primer ministro. Martin Yndik, exembajador de Estados Unidos en Israel y enviado especial de Washington en las negociaciones de paz con los palestinos, ha señalado en declaraciones al diario Haaretz que el veterano político derechista israelí “ha sido una víctima de las circunstancias”, obligado tras las últimas elecciones de noviembre pasado a coaligarse con dos grupos de extrema derecha, uno de fundamentalistas judíos y otro de colonos supremacistas, para poder formar un Gobierno que ha resultado el más ultra e intransigente de la entera historia israelí.
Bibi no quería tan solo recuperar el poder, sino sobre todo blindarse ante el asedio judicial por tres casos de corrupción. Al primer ministro y a sus socios extremistas les une un mismo propósito: sacarse de encima la división de poderes y más en concreto el delicado escrutinio de las leyes por parte de la Corte Suprema. Israel no tiene constitución escrita, de modo que el único criterio a disposición de los jueces es la racionalidad o sensatez de las leyes aprobadas por la mayoría simple de la Knesset, ahora en manos de la coalición ultranacionalista y religiosa.
Pero Netanyahu es propenso a la insensatez y de ahí que no haya tenido escrúpulo alguno para liquidar el control de constitucionalidad hasta dejar a la única democracia liberal de Oriente Próximo a la intemperie. Tras desposeer a la Corte Suprema de sus poderes, los fundamentalistas podrán equiparar el estudio de la Torah al servicio militar y eximir a los estudiantes de las escuelas talmúdicas de la obligación que afecta a los otros jóvenes israelíes y que con frecuencia les lleva a poner en riesgo su vida para garantizar la seguridad de su país. No podía faltar en su agenda la legalización de la anexión de las colonias y los territorios ocupados de Cisjordania, hasta dejar a los palestinos sin territorio donde se pueda organizar algún día el Estado al que tienen derecho. O permitir que un criminal ya condenado forme parte del Consejo de Ministros. Y, por supuesto, nombrar a jueces y fiscales a su gusto, de forma que se paralicen los procesos penales que le afectan.
Sin control de constitucionalidad, nada impedirá que los derechos de los palestinos sean vulnerados todavía con mayor intensidad que ahora por una coalición supremacista que no está dispuesta a negociar la paz, ni siquiera la desea, y no reconoce tampoco —muy al estilo de Putin con Ucrania—, que la nación palestina exista y esté asistida por el mismo derecho a la autodeterminación ejercido por el pueblo judío. Está a la vuelta de la esquina el modelo de la Sudáfrica del apartheid, en la que había dos clases de ciudadanos, los boers blancos con plenos derechos y el resto, sin derechos políticos ni civiles.
El Parlamento, elegido por el sistema proporcional, se convierte así en el único y absoluto soberano, al borde de la dictadura avalada por las urnas. Lo que apruebe el actual, donde hay 64 diputados extremistas, tres más que la mayoría simple, lo puede revocar otro Parlamento de signo contrario, pero puede ser irreversible el daño que se produzca mientras no se rompa la mayoría o se convoquen nuevas elecciones. Hay que escuchar la voz de Shlomo Ben Ami, eminente historiador y exministro de Exteriores israelí, en su libro Profetas sin honor. La lucha por la paz en Palestina y el fin de la solución de los dos Estados (RBA): “A las naciones casi nunca se las asesina: se suicidan. Y la ocupación va camino de desembocar en la autodestrucción de Israel”. Este camino está ya abierto. De momento, esta semana Israel se ha situado abiertamente en el campo de las democracias iliberales, como Turquía o Hungría.