miércoles, 12 de julio de 2023

De la risa como antídoto de casi todo

 






Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz miércoles. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del escritor Manuel Jabois, va de la risa como antídoto de casi todo Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.











Entrevista de trabajo
MANUEL JABOIS
05 JUL 2023 - El País
harendt.blogspot.com

Escribo en la cafetería de un hotel con mucho jaleo alrededor hasta que una conversación me termina captando; cada vez me cuesta más encontrar motivos por los que interrumpir el trabajo y perder el tiempo, pero cuando los encuentro me siento joven y ambicioso por última vez. Cierro el ordenador, pido un descafeinado y me concentro en la tarea diaria y alegre de espiar.
Él es un señor que recibe a candidatos a un puesto de trabajo. Ha despedido a una chica levantándose del sillón (“te llamaremos”, le dice a modo de epitafio) y saluda a un chico. “Le he traído una copia del currículum”. “Trátame de tú”. Fantaseo con la respuesta del chico: “Le trataré como me educaron mis padres, no voy a perder la educación por una nómina”. No lo dijo pero se atusó las barbas mirando para mí: los barbudos llevamos siglos comunicándonos entre nosotros con un lenguaje peculiar transmitido de generación en generación. Después de media hora, el señor de los recursos humanos le pidió al aspirante que enumerase sus virtudes. El chico balbuceó: “Soy sincero, me gusta trabajar en equipo...”. De todos los métodos de tortura, el de tener que hablar bien de ti delante de un desconocido está entre los más sofisticados.
“Di en qué eres bueno”. “En obedecer, señor” [se saca la gorra de peaky blinder].
Después del chico vino una mujer. Pasaron cinco en toda la mañana. Todos arreglados y nerviosos. Querer gustar es un suplicio mayor aún que el de gustar. Cuando lo he necesitado, he bebido, y de esta manera si tenía posibilidad de gustar algo, se disipó. Porque del mismo modo que no se bebe para olvidar, sino para recordar menos, lo contrario de obedecer no es desobedecer, sino mandar.
Una de las candidatas, en un momento dado, se rio como se ríe Diane Lockhart (The good wife, The good fight). En aquella escena que inauguró una risa y un mundo, una periodista de cotilleos da la noticia de que Diane Lockhart es lesbiana. La heterosexual Diane, de pie frente a la tele, se ríe primero para dentro, con una risa feliz y dichosa, puro cachondeo, y luego a carcajadas.
Yo soy un estudioso de la risa y he profundizado en investigaciones insólitas acerca de su origen y ejecución. Creo que no se puede andar por la vida sin al menos tres risas, una para cada escenario, siendo los más relevantes las infamias y las penas; quien se hace con una risa que no sea cobarde ni descortés para esas situaciones, quien se hace con una risa que le permita afrontar los disgustos a su manera libre y salvaje, tiene media vida hecha.
Lo que tenía de inconfundible la risa de Diane era el contexto. Una falsa afirmación sobre ella en horario de máxima audiencia. Pasa en las series y en la vida: cuesta acostumbrarse a las mentiras sobre ti. Y ahí estaba aquella mujer, Diane Lockhart, reaccionando con una risa que va creciendo de dentro afuera hasta acabar siendo una expresión de júbilo.
A veces ser felices es baratísimo. Basta la decencia de una risa en el momento adecuado para desviar los ataques más tóxicos; basta reírse como Diane y rodearse de gente que entienda esa risa y todo lo que significa: no soy lesbiana y eso que me pierdo, y si me río no sólo es por la gente que cree que diciéndolo me hace daño, sino por respeto a mí misma y por la necesidad de mantenerme así, riéndome de vosotros, toda la vida.
Pensé que de aquella mujer, la mujer que se rio así en su entrevista de trabajo, tenía que ser el puesto. De gente que se ríe así tiene que ser el mundo.









































martes, 11 de julio de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] La crisis constitucional y el artículo 155. [Publicada el 05/10/2017]










Una declaración de independencia provocaría un vacío institucional en Cataluña, porque su Gobierno y su Parlamento ya no podrían ser órganos estatutarios. Pero la aplicación del 155 no exime al Gobierno de ofrecer un nuevo modelo territorial, dice en El País el profesor Javier García Fernández, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense de Madrid. 
Cuando a lo largo del año se confirmó la voluntad secesionista de celebrar un referéndum como antesala de la declaración unilateral de independencia, comienza escribiendo, el Gobierno de Rajoy tenía dos vías, no excluyentes, de hacer frente a la crisis. Por un lado, dar una respuesta política junto a los partidos nacionales y a los grupos catalanes no independentistas, para buscar un modelo constitucional y estatutario diferente. La otra vía era la respuesta jurídica a través del artículo 155, que resultó viable a partir del acuerdo del Gobierno catalán de convocar el referéndum, acuerdo adoptado en una reunión extraordinaria el 9 de junio. Tras este acuerdo, algunos creímos que había materia jurídica para iniciar acciones por desobediencia al Tribunal Constitucional (Responsabilidades por el referéndum, EL PAIS, 12 de julio de 2017) pues el referéndum, prohibido previamente por el Tribunal Constitucional, comportaba que la comunidad autónoma catalana estaba atentando gravemente contra el interés general de España. Si el Gobierno y el Senado hubieran actuado así, se hubieran podido adoptar medidas para impedir la celebración del referéndum: avocar competencias sobre seguridad, educación y medios de comunicación y, en caso de no realizarlo el Tribunal Constitucional, también inhabilitar a las figuras más representativas del independentismo con cargos públicos. Pero el Gobierno prefirió poner por delante al Poder Judicial y al Tribunal Constitucional antes de comprometerse sin entender que, puestos a inhabilitar a un presidente en rebeldía, los ciudadanos prefieren que lo haga su Gobierno, pues para eso lo han votado.
Al activar en junio las previsiones del artículo 155 no hubiera habido controversias sobre el mando de la policía autonómica ni sobre la obligación de los directores de los centros escolares de cerrarlos, y los medios públicos de comunicación no hubieran bombardeado a los ciudadanos con sus campañas sectarias. Y eso en el supuesto improbable de que se hubiera llegado al referéndum. Por no actuar, tampoco se acudió a la reciente Ley de Seguridad Nacional que, sin estar pensada para estos supuestos, hubiera servido para neutralizar a una Administración orientada a la secesión.
El artículo 155 estaba demonizado cuando es un instrumento legítimo para hacer frente a crisis territoriales y algunas Constituciones europeas contienen medidas similares, pues sin un instrumento de coerción el Derecho federal no podría asegurar su primacía. Además, tal como está configurado en la Constitución y en el Reglamento del Senado, es un procedimiento democrático, flexible y gradual, con participación parlamentaria, de la comunidad autónoma concernida y hasta de los restantes presidentes autonómicos.
Tras la proclamación de independencia, la inmediata aplicación del artículo 155 resulta una necesidad, pero ya no puede ser con los fines y con el alcance jurídico que hubiera tenido si se hubiera aplicado para impedir el referéndum. Y es que la proclamación de ruptura con España por parte de un Parlamento autonómico, con la aquiescencia de su Gobierno, nos sitúa ante una crisis constitucional. Hace medio siglo un jurista francés definió la crisis como una situación que comporta un peligro para el Estado o para el régimen político (Paul Leroy: L’organisation constitutionnelle et les crises, París, 1966, pág. 9), lo que nos permite describir como crisis constitucional aquella situación en que el Estado o el sistema político están en peligro por causa de la vulneración grave de la Constitución. La declaración de independencia de Cataluña sería así una crisis constitucional que pone en riesgo grave el actual sistema político español al vulnerarse la Constitución y el Estatuto de Autonomía. En esta situación, cualquiera entiende que el Estado reaccione para impedir que triunfen las conductas que han provocado la crisis.
Sin embargo, la Constitución española no contiene un procedimiento específico que dote al Estado de instrumentos de gran intensidad para hacer frente a las crisis constitucionales. Mientras que la Constitución francesa contiene un artículo 16 que habilita al presidente de la República a adoptar las medidas exigidas por las circunstancias, en España sólo contamos con el artículo 116 que regula los estados de alarma, excepción y sitio que permite suspender derechos y libertades, pero no dotan al Gobierno de instrumentos excepcionales. Y es ahí donde emerge el artículo 155.
Pensada para crisis territoriales de alcance más limitado (y para eso habría servido si Rajoy lo hubiera aplicado el mes de junio), con la independencia declarada se convierte, sin ser ese su fin primordial, en un instrumento de excepcional valor para hacer frente a la crisis constitucional que esa declaración comporta. Porque, aparte de romper la indisoluble unidad de la nación (artículo 2 de la Constitución), la declaración de independencia tiene un efecto jurídico ulterior pero relevante, que es el de provocar un vacío institucional en Cataluña, al arrebatarle su Gobierno y su Parlamento que, tras la declaración, ya no pueden ser órganos estatutarios. Al proclamar la independencia, Parlamento y Gobierno han salido de la organización institucional autonómica y Cataluña se ha quedado en el vacío jurídico, sin sus órganos estatutarios.
Ese es el fin de la aplicación del artículo 155, que Cataluña, en un plazo razonable, recobre las instituciones políticas que su Parlamento y su Gobierno le han arrebatado. Con ese fin, ya no es necesario que el Estado avoque muchas competencias estatutarias como hubiera sido preciso para impedir el referéndum. En puridad, el Senado sólo tendría que autorizar la avocación en favor del Gobierno de la Nación de la competencia sobre instituciones de autogobierno, competencia que está prevista en la Constitución y que el vigente Estatuto ha diluido en varias competencias y potestades. Con esta competencia constitucional avocada por el Gobierno, éste podrá formalizar (porque se ha producido previamente) la inhabilitación del Gobierno y la disolución del Parlamento (que con la declaración ya han salido del ordenamiento), nombrar un Gobierno en funciones y, cuando se considere oportuno, convocar elecciones al Parlamento. Un Gobierno en funciones plural, que represente a todas las sensibilidades catalanistas y no catalanistas, salvo quienes han propiciado el autogolpe.
Pero no debemos olvidar que aplicar el artículo 155 no exime al Gobierno ni a las Cortes de ofrecer un nuevo modelo territorial para Cataluña, modelo que no debe marginar a la mitad de la población a la que habían hecho creer que la independencia estaba llegando por el Cabo de Creus. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos.  HArendt










Del orgullo democrático

 







Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz martes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del periodista Idafe Martín Pérez, va del orgullo democrático. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.










España, ¿democracia iliberal?
IDAFE MARTÍN PÉREZ
04 JUL 2023 - El País
harendt.blogspot.com

Les voy a contar un cuento sobre este periódico, porque nadie es perfecto. EL PAÍS publicó este lunes una columna de su fundador y actual presidente honorario, Juan Luis Cebrián. Se titula: “Un invento español: lo liberal”. En ella explica que en la clase política actual hay “acusada tendencia al extremismo y a la descalificación mutua” y que los políticos, en el Gobierno y en la oposición, son “responsables de la deriva iliberal de nuestro actual sistema”.
Entre febrero y marzo se actualizaron los tres índices de referencia a nivel global sobre calidad democrática. En el de The Economist España pasa de 7,94 a 8,07 sobre 10 y entra en el club de 24 “democracias plenas”. En el índice del V-Dem Institute pasa de 0,78 a 0,79 en una escala de 1 y queda 16 a nivel global. En el de Freedom House consigue un 90 sobre 100 y forma parte del grupo de “democracias libres”.
La tesis de Cebrián se basa en que el sistema político español ha ido derivando en una partitocracia “en el que no se reconoce ninguna baza del adversario político y el culto a la personalidad del que manda o aspira a hacer, al margen de cuáles sean sus cualidades y defectos, acaba por convertir su tarea no en un acto de servicio a los ciudadanos, sino en una descarnada lucha por el poder”.
Cebrián cuenta como una obra colectiva dirigida por el magistrado emérito del Constitucional Manuel Aragón señala las debilidades, errores y miserias que amenazan la estabilidad política en nuestro país, “pero también en otros de Europa”. Los votantes tradicionales de los socialistas les habrían abandonado por sus errores, entre ellos el haber dejado la centralidad política.
La columna asegura que “la desaparición del socialismo en Francia, Italia o Grecia, su desfiguración en Alemania, su debilidad y ausencia en los países nórdicos” […] “son el resultado de errores, corrupciones y rendiciones de políticos de toda condición”.
Siendo cierto que en Francia los socialistas sólo sobreviven aliados con los Insumisos de Mélenchon, en Italia fueron la segunda fuerza el pasado septiembre y en Grecia la tercera fuerza este año doblando sus resultados de 2015. En Noruega (2021) y Dinamarca (2022) fueron la primera fuerza y en ambos países el primer ministro es socialista. En Suecia y en Finlandia también fueron la primera fuerza política y no gobiernan porque la derecha tradicional se alió a la extrema derecha. Extraña ausencia.