lunes, 14 de septiembre de 2026

DE LA TARDE QUE CAE. UN VERANO HOMÉRICO, POR EMILIO DEL RÍO (LA VANGUARDIA). 14 DE SEPTIEMBRE DE 2016

 





“¿Cómo te llamas?”, pregunta Polifemo. “Nadie”, responde Ulises. Es una escena genial de la Odisea. Ulises y sus compañeros están atrapados en la cueva del cíclope. Lo emborracha, lo ciega y, cuando Polifemo pide ayuda, los demás cíclopes preguntan quién lo ataca: “¡Nadie me mata!”, responde. Y se marchan.

Ulises ha vencido a la fuerza con la inteligencia. Pero ya a salvo lo estropea: su orgullo vence a su prudencia y grita su verdadero nombre. Es la hybris, la soberbia. Polifemo, hijo de Poseidón, pide entonces a su padre que impida a Ulises regresar a Ítaca.

Esta escena no aparece en la película de Nolan. Se lo perdonamos, porque ha convertido a Homero en un fenómeno mundial. La Odisea se ha convertido en una de las películas más taquilleras de la historia –lleva 1.500 millones de dólares recaudados– y millones de espectadores hablan de Ulises, Penélope o Circe. Muchos se acercan así a una de las primeras y más grandes obras de la literatura universal.

Y descubrirán que la Odisea sirve para la vida. Que debemos conocer nuestras debilidades, como Ulises ante las sirenas; que a veces hay que elegir entre dos males, como entre Escila y Caribdis, y que conviene tener una Ítaca a la que dirigirnos. Homero no alecciona, cuenta historias, historias para la vida. Miles de años después seguimos reconociéndonos en ellas.

Por eso debemos preguntarnos por qué arrinconamos a los clásicos en nuestras aulas. Nuestros jóvenes necesitan conocer las historias, las palabras, los mitos y las ideas con las que nuestra civilización lleva siglos intentando comprender qué somos. Antígona, Ulises o Eneas no son antiguallas. Hablan del amor, del poder, de la amistad, del miedo, de la libertad, de la muerte, de la soberbia.

Hablan de nosotros y de nuestra manera de entender el mundo: no se entienden tres mil años de arte, literatura o música sin los clásicos grecolatinos. Nos ayudan a pensar por nosotros mismos, a formar ciudadanos críticos y libres. Por eso todos los alumnos deberían cursar Cultura Clásica al menos durante uno de ¡los cuatro cursos! de la ESO. Castilla y León puso esta materia como asignatura obligatoria y está a la cabeza de España en PISA, ¡bingo­!

Nolan ha conseguido que este verano millones de personas vuelvan a Homero. Ahora falta que los clásicos vuelvan a nuestras aulas. Porque una sociedad que no sabe de dónde viene tampoco puede saber adónde va. Necesitamos a los clásicos para no convertirnos en nadie. Que no solo el verano sea homérico. Emilio del Río es escritor.




















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