jueves, 17 de septiembre de 2026

DEL ASUNTO DEL DIA: EL RIESGO DE LA INDIFERENCIA, POR MIQUEL ROCA. 17 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





Todo el mundo coincide: esto está muy complicado. Todas las noticias tienden a presentarnos un panorama conflictivo, sin que se pueda intuir alguna vía de solución. Ni voluntad, por lo que parece, de intentar revertirla. De hecho, en la práctica, se podría señalar una peligrosa indiferencia. Por un lado, están los que ven desde la indiferencia cómo sus actitudes y comportamientos no hacen más que aumentar los problemas. Les resulta indiferente; con tal de atacar al adversario les importan muy poco las consecuencias que todo ello pueda comportar. Si las cosas van a peor, mejor. Indiferencia ante los costes que esta actitud pueda tener para el conjunto de los ciudadanos. Indiferencia ante la degradación del clima social. Indiferencia ante la desestabilización y la radicalización; indiferentes ante la erosión institucional, ante el futuro de su país. El interés general se ha eliminado; ni obliga ni se persigue. Indiferencia ante el desastre que ellos alimentan sin límites de ningún tipo.

Y aquí no se acaba el problema. Está también la indiferencia de los que ante el clima sociopolítico lo que manifiestan es un total desinterés por lo que está pasando. Es más que un pasotismo o una apatía, es el menosprecio por el sistema, por las instituciones, por el juego político, por los cimientos de la democracia. La indiferencia les hace asumir tranquilamente posiciones populistas con un regusto de autoritarismo corrosivo.

Ciertamente, en este bando de la indiferencia como respuesta no faltan argumentos. Mucho de lo que está pasando facilita la crítica más agria, más disolvente. La percepción social de una justicia tambaleante, de una política migratoria que es objeto de actitudes que creíamos olvidadas desde las páginas más oscuras de nuestra historia; una retórica agresiva al tratar del problema de Ceuta, una voluntad manifiesta y contundente para no acercar posiciones en temas de gran relevancia como puede ser el de la vivienda; todo esto no ayuda. Es un lastre que pesa mucho, que condiciona cualquier debate. Pero desde la indiferencia, desde la radicalidad no argumentada, nada se resolverá por sí solo.

Cualquiera de los problemas que nos afectan no se puede resolver rápidamente con mayorías débiles, contradictorias e itinerantes. Su profundidad –la de estos problemas– requiere tiempo y consenso. No es un problema de hoy para mañana; requiere acuerdo y voluntad de mantenerlo más allá del corto tiempo de una legislatura. Pero los indiferentes, desde su irresponsable indiferencia, no lo quieren entender. Unos porque no quieren resolver el problema, sino simplemente aprovecharse de él. Y otros porque no ven otra cosa que una exigencia de cambio, aunque comporte un retorno a prácticas autoritarias con regusto al pasado.

Es evidente que esta situación tiene como escenario a toda Europa. No es un problema “casero”: afecta a toda Europa, a la construcción política de la historia más larga de paz y de progreso. Europa se tambalea y, a pesar de que son muchos los que lo contemplan con angustia, parecería que aún son más los que miran este momento con una incomprensible indiferencia. Hay que explicar lo que esta tendencia puede comportar; hay que recordar de dónde veníamos y adónde no queremos volver.

La polarización no es casual, es el escenario idóneo para trastocar el sistema. La historia no se repite, pero tiene ritmos y cadencias muy parecidos. Y en todos los momentos que han facilitado crisis profundas de convivencia, siempre aparece la indiferencia de los que no han puesto límites a su acción política guiada por un afán de destruir y no de construir. Y de los otros que han hecho de la indiferencia la aceptación dócil de la pérdida de su propia libertad.

Este no es un panorama pesimista. Es la realidad que, entre todos, si queremos, podemos reconducir. Otras veces lo hemos sabido y querido hacer. Y se ha conseguido. Ahora estaríamos en condiciones de hacerlo.

Pero deberíamos no menospreciar el riesgo que la indiferencia representa para el futuro de todos. Nada de lo que está pasando se puede reconducir desde la indiferencia sobre las consecuencias de lo que se hace y de lo que se dice; ni se puede aceptar como si aquí no pasara nada. Tenemos trabajo por hacer, mucho, pero hay que superar la indiferencia. Miquel Roca es abogado. Publicado en La Vanguardia el 15 de septiembre de 2026.























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