martes, 28 de enero de 2020

[A VUELAPLUMA] Conexiones y azar





"Es estremecedor pensar en la cantidad de cambios que se pro­ducen en nuestras vidas de­pendiendo de la calidad o existencia de la conexión a internet, -afirma en el A vuelapluma de hoy la escritora Flavia Company-. Mensajes que pueden mandarse a tiempo, mensajes que se pueden recibir a tiempo. De amor, de salud, de trabajo. Da vértigo, ¿no les parece?

De pronto todo lo que va a ocurrir, el resto de nuestra vida, va a estar marcado por un e-mail que llega, una foto de Instagram que descubrimos, un messenger que nos sor­prende, un watsap que nos detiene o acelera, un tuit que nos revela a tiempo una información que nos reafirma o una entrada de Facebook que nos desconcierta. De repente lo que iba a ocurrir, lo que podría haber pasado, no ocurre porque no funciona la conexión de quien iba a mandarnos un e-mail o watsap o messenger o lo que fuere. O porque escribimos algo que de veras nos importa pero nos resulta imposible enviar o publicar y lo borramos para siempre.

Y todo a una velocidad incalculable. Hay que decidir en instantes lo que podría ser para toda la vida, ese breve siempre que se nos ha concedido a los mortales. Dar a enviar. ¿Envío? Dar a recibir. ¿Recibo? Dar a publicar. ¿Publico? Dar a abrir. ¿Abro? A escuchar. ¿Escucho?

Todos los actos tienen consecuencias, ­incluso los menores. Por eso estamos tan ­pendientes de las respuestas, que por otra parte deben ser inmediatas para resultar del todo satisfactorias. En caso contrario, la ­duda, ¿lo habrá recibido?, si se trata de un e-mail; ¿por qué me clava el visto y no ­contesta?, si es un watsap o un messenger; ¿habrá abierto el ­ Insta ?, ¿por qué no me da un like ?; ¿no ha visto lo que he publicado en ­Facebook?, ¿por qué no reacciona? A veces el indicio es no recibir respuesta, no provocar el inicio de una cadena de acciones que resitúen las cosas en el mapa.

Y justo pensaba en todo esto hace algunos días, mientras permanecía caminando por lo más intrincado de una cordillera, a más de cuatro mil metros de altitud, lejos de cualquier tipo de conexión, decidiendo cada paso de un destino sin interrupciones tecnológicas. Un periodo al cabo del cual, tras tanto silencio y tanta energía verdadera, tanto diálogo con la naturaleza y tanta consciencia, regresé a la vida urbana y envié un mensaje que, sin duda, ha empezado a cambiarme la vida: porque en una estación de autobuses había conexión. Puro azar".

A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. 






La reproducción de artículos firmados en este blog no implica compartir su contenido. Sí, en todo caso, su  interés. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt










HArendt




Entrada núm. 5681
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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

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