viernes, 29 de mayo de 2026

DEL ASUNTO DEL DÍA. “MAGNIFICA HUMANITAS”, POR ANTONIO SPADARO. 29 DE MAYO DE 2026

 






El 15 de mayo de 1891 firmó León XIII la encíclica Rerum Novarum e impulsó a la Iglesia a abordar temas como las fábricas, los salarios y las jornadas laborales. Ciento treinta y cinco años después, ese mismo día, firma otro León su primera encíclica e impulsa a la Iglesia —y no solo a esta— a echar cuentas con los algoritmos. Magnifica Humanitas no es un documento sobre la inteligencia artificial. Es un documento sobre el ser humano, escrito desde el interior de una revolución que está transformando nuestra forma de trabajar, de comunicarnos, de aprender, de creer e incluso de rezar. La coincidencia de fechas es deliberada: el propio Papa, en su primer discurso a los cardenales tras el cónclave, vinculó la elección del nombre León con la doctrina social y la nueva revolución industrial. Lo que el primer León hizo por la dignidad del obrero en la era de la máquina de vapor, pretende hacerlo el nuevo León por la dignidad de la persona en la era del algoritmo.

El documento comienza con dos imágenes bíblicas cargadas de significado político. La Torre de Babel se convierte en una metáfora del paradigma tecnocrático: una humanidad homologada bajo una única lengua algorítmica, obsesionada con la relevancia y convencida de poder sustituir el misterio por la predicción. Lo que el Papa denomina el “síndrome de Babel”. En el extremo opuesto coloca la figura de Nehemías, el judío exiliado que regresa a una Jerusalén destruida y, en lugar de imponer un plan desde lo alto, observa las ruinas, convoca a las familias y les confía a cada una un tramo de la muralla. La ciudad renace mediante la responsabilidad compartida. La cuestión que se plantea la encíclica no es si aceptar o rechazar la tecnología, sino cómo distribuir el poder que genera.

Las consecuencias doctrinales son muy concretas. El principio católico del destino universal de los bienes, aplicado desde hace tiempo a la tierra, se extiende a las patentes, a los algoritmos, a las plataformas y a los datos. León XIV afirma que, cuando estos bienes permanecen concentrados en pocas manos, se genera una brecha estructural entre incluidos y excluidos. Ningún documento papal se había atrevido jamás a afirmar que la distribución de datos es una cuestión de justicia, no de mercado. Y la subsidiariedad, el principio según el cual aquello que puede hacerse al nivel más cercano a las personas no debe ser absorbido por instancias superiores, se reinterpreta en clave digital: hoy, quienes absorben competencias y la capacidad de decisión no es el Estado, sino cinco o seis gigantes tecnológicos. No es el Estado el que aplasta al ciudadano: es la plataforma la que vuelve irrelevantes tanto al Estado como al ciudadano. El Papa elige un verbo revelador: “desarmar” la inteligencia artificial. Sustraerla de la lógica de la competencia armada, que ya no es solo militar, sino económica y cognitiva.

La IA se alimenta de datos: de los nuestros, de los de nuestros hijos, de los de los agricultores de Bangladesh y los pescadores de Senegal. Los transforma en riqueza y en capacidad de control que termina en manos de muy pocos actores privados. La encíclica lo llama colonialismo digital: ya no se extraen únicamente recursos naturales, sino también datos sanitarios, mapas genéticos y perfiles epidemiológicos. Que son las “nuevas tierras raras del poder”. Entre las páginas más duras del documento se encuentran las que abordan las “nuevas formas de esclavitud”: millones de etiquetadores de datos en el Sur global, que entrenan modelos por salarios miserables; adolescentes y niños que trabajan en las minas de cobalto y litio. León XIV reconoce la demora de la propia Iglesia en condenar la esclavitud a lo largo de los siglos y pide perdón. No se trata de un gesto retórico: es una advertencia. Las cegueras del pasado deben servir para evitar que se repitan las de hoy.

Con todo, la fuerza de la encíclica no reside únicamente en sus denuncias, sino en la cuestión de fondo: ¿qué sucede con los seres humanos cuando delegan en las máquinas las operaciones que los definen? León XIV no teme que las máquinas se vuelvan humanas. Teme que los seres humanos se reduzcan a máquinas. Las inteligencias artificiales simulan comprensión, escribe, pero no habitan ese horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que los seres humanos alcanzan la sabiduría. Su aprendizaje es una adaptación estadística, no un crecimiento interior.

De ahí el pasaje sobre la creatividad y el arte. Un cuadro nace de la resistencia del material, un verso de la lucha con el lenguaje, una sinfonía del enfrentamiento con el silencio. Eliminar la resistencia no libera la creatividad: la suprime. Y el Papa advierte de que las inteligencias artificiales modernas están “más cultivadas que construidas”, porque los desarrolladores no diseñan cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la que crece la IA. Al igual que un campesino prepara la tierra, pero no produce el fruto, quien entrena un modelo cultiva un sistema cuyas respuestas lo sorprenden. Su responsabilidad no disminuye por ello; al contrario, aumenta, porque el resultado es menos predecible. Una civilización que confía la producción de sus contenidos culturales a un sistema que “no entiende lo que produce” renuncia a algo más que a una función: renuncia a una dimensión de sí misma. El Papa propone “un ayuno de IA”: en unos tiempos que predican la perpetua actualización, León XIV aboga por una pausa para proteger la capacidad de pensar por uno mismo. No se trata de ludismo. Es la constatación de que proteger el pensamiento crítico se ha convertido en una cuestión política.

A la utopía transhumanista que promete superar los límites de la condición humana mediante la tecnología, León XIV responde con una tesis radical: la humanidad florece no a pesar de los límites, sino a través de ellos. Al sueño prometeico contrapone el misterio de la Encarnación: el Dios cristiano no potencia al ser humano desde fuera; desciende a su fragilidad y la transforma desde dentro. La magnífica humanidad del título no es una humanidad potenciada, sino una humanidad habitada por Dios. Se trata de un mensaje que desafía frontalmente la metafísica implícita de Silicon Valley, donde las limitaciones se interpretan como defectos que deben corregirse y la fragilidad como fallos informáticos que deben solucionarse.

La encíclica no menciona nombres, pero las referencias son claras. La denuncia de la “cultura del poder” alimentada por la polarización, la crítica al rearme como respuesta a toda crisis, el desmantelamiento de la lógica del “yo primero” y la construcción de la identidad contra un enemigo dibujan un perfil reconocible. Un pasaje resulta particularmente incisivo: quienes disponen de “poderosos recursos técnicos y económicos” y los utilizan para imponer una visión del mundo, de la familia, incluso de Dios, ejercen lo que el texto define como “puro poder carente de verdad”. León XIV se encuentra ante un nuevo americanismo, una herejía más poderosa que la condenada por León XIII en 1899: un americanismo que fusiona a Dios, la patria y el mercado en una sola narrativa, sacralizando el poder y deificando la eficiencia.

En la presentación en el Aula del Sínodo el 25 de mayo, junto a los cardenales y a las teólogas estaba sentado Christopher Olah, cofundador de Anthropic. Invitar a quienes construyen estos sistemas es una señal muy clara: la Iglesia no se pronuncia en contra de Silicon Valley, sino que dialoga con sus interlocutores más reflexivos.

La encíclica concluye con el Magnificat de María transformado en un programa político y con una cita de J. R. R. Tolkien: “No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir”. En una época de reacciones instantáneas, León XIV ha optado por la reflexión. El verdadero desafío de Magnifica Humanitas no reside en si la inteligencia artificial llegará algún día a ser humana, sino en si la inteligencia humana sabrá seguir siendo tal. Antonio Spadaro es sacerdote y periodista, exdirector de Civiltà Cattolica y autor de Ciberteología, Pensar el Cristianismo en tiempos de la red (Herder). El País, 28 de mayo de 2026. Desde este enlace pueden ustedes decargar la Encíclica “Magnifica Humanitas” es español.




















SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA ESPANYOLA. AVUI DIVENDRES, 29 DE MAIG DE 2026, EN CATALÀ

 






Hola, bon dia de nou a tots i feliç divendres. Fa una mica de repugnància treure el cap, encara que sigui superficialment, a la premsa espanyol d'aquests dies. Tot gira entorn de la presumpta (mentre no es demostri el contrari) corrupció del beatífic expresident del govern d'Espanya, José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011), d'una banda, i de l'altra, a la presumpta (també mentre no es demostri el contrari) independència i neutralitat política de l'actual dirigencia del poder judicial, que per dir-ho suaument, i també presumptament, brilla esplendorosament per la seva absència. I això passa a la societat espanyola del 2026, que, oficialment, ocupa el lloc vint-i-unè del món pel que fa al nivell democràtic de les seves institucions, per davant del Regne Unit, Itàlia o els Estats Units… Com per posar-se a tremolar… Espero que les entrades del bloc d'aquest divendres els resultin interessants. Que passin un bon dia. Ens veiem de nou demà dissabte, Dia de Canàries, que Des del tròpic de Càncer celebrarà amb un número únic i especial, si la deessa Fortuna ho permet i està per la feina... Tamaragua, amics meus. Els vull. HArendt














ENTRADA NÚM. 10650

jueves, 28 de mayo de 2026

BUENAS NOCHES, FELIZ DESCANSO Y DULCES SUEÑOS. 28 DE MAYO DE 2026

 







Hola, buenas noches, feliz descanso y dulces sueños a todos ustedes, mis amigos, en esta noche de jueves del 28 al 29 de mayo de 2026. Les adelanto dos cosas: el próximo sábado, 30 de mayo, es el Día de Canarias, y Desde el trópico de Cáncer lo celebra con una edición especial, más corta de lo habitual, pero muy hermosa (esto último es un juicio personal). Mañana viernes las entradas del día vienen cargadas de actualidad. Por un lado, un artículo de Antonio Spadaro sobre la primera encíclica del Papa León XIV, que tanto revuelo está levantando, con acceso directo a la misma en español. Por otro lado, el famoso poema Canto a mí mismo, de Walt Whitman, en español y en su versión original en inglés. En el archivo del blog publico un artículo de 2017 de Fernando Savater titulado Espejos. Y luego sendos artículos de Daniel Gascón y Azahara Palomeque sobre el caso Zapatero y la moralidad de la izquierda. Y para terminar, como siempre, las viñetas de humor de cada día. Tamaragua, amigos míos. Que la diosa Fortuna y las benévolas Moiras les sean propicias, y que las entradas de Desde el trópico de Cáncer de mañana les resulten interesantes y merezcan su atención. A partir de las 06:00 (hora de Canarias) las tienen a su disposición en el blog. Les quiero. Hasta mañana. HArendt























DE LA TARDE QUE CAE. DEMOCRACIA EN RIESGO: LA URGENCIA DE UN DIQUE CÍVICO, POR ÍÑIGO URKULLU. 28 DE MAYO DE 2026

 






Hay momentos en la historia en los que las sociedades se miran al espejo y no terminan de reconocerse. Europa —ese espacio político y moral que durante décadas ha sido referencia de democracia, progreso y convivencia— atraviesa uno de ellos. Y no es solo una cuestión institucional o económica: es, sobre todo, una inquietud cívica, casi íntima, sobre la salud de nuestras democracias.

Europa, cuna histórica de la democracia representativa, atraviesa un momento de inquietud profunda. No se trata únicamente de una crisis coyuntural asociada a ciclos electorales o a tensiones socioeconómicas derivadas de la globalización. Lo que está en juego parece más estructural: la erosión progresiva del sentido mismo de la democracia, de su auctoritas institucional y de las reglas de gobernanza que, durante décadas, han garantizado estabilidad, prosperidad y cohesión social.

Esta preocupación no es ajena a lo que sucede en otras latitudes del mundo occidental. La fragmentación política, el auge de discursos polarizantes y la creciente desafección ciudadana hacia las instituciones dibujan un paisaje en el que los consensos básicos —aquellos que sostienen la convivencia— parecen resquebrajarse. Se debilita así el principio de representación y, con él, la confianza en que las instituciones actúan en beneficio del interés general.

Esta reflexión interpela también a nuestras democracias. La política española no es una excepción a esta dinámica. La legislatura actual se desarrolla en un clima de elevada tensión política, donde el debate público se ha visto progresivamente sustituido por una lógica de confrontación permanente. Un “guerracivilismo dialéctico”, en el que la deslegitimación del adversario sustituye al reconocimiento de su legitimidad democrática, amenaza con convertirse en la nueva normalidad. Cuando la política se reduce a una disputa identitaria constante, el espacio para la deliberación racional y el acuerdo se estrecha peligrosamente.

En este contexto cabe formular una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿ha llegado el momento de adoptar medidas conscientes y deliberadas para construir un dique de contención frente a este deterioro? No se trata de limitar el pluralismo ni de neutralizar el conflicto inherente a toda sociedad democrática. Muy al contrario: se trata de preservar las condiciones que hacen posible ese pluralismo, de reforzar las reglas del juego que aseguran que la discrepancia no derive en ruptura.

Ese dique no puede ser únicamente jurídico o institucional. Requiere también de un compromiso ético y cívico por parte de todos los actores: representantes políticos, medios de comunicación, sociedad civil y ciudadanía. Supone reivindicar la centralidad de la verdad frente a la desinformación, del respeto frente al insulto, y del acuerdo frente a la imposición. Supone, en definitiva, recuperar la conciencia de que la democracia no es solo un procedimiento, sino un valor compartido que exige cuidado constante.

Asimismo, resulta imprescindible reforzar la gobernanza colaborativa. Los grandes desafíos de nuestro tiempo —transición energética, transformación digital, cohesión territorial, desigualdad social— no admiten respuestas simplistas ni soluciones unilaterales. Exigen cooperación entre niveles de gobierno, entre sector público y privado, y entre diferentes sensibilidades políticas. Sin esa lógica de colaboración, la acción pública se vuelve ineficaz y la frustración ciudadana se intensifica.

Europa ofrece, en este sentido, una lección valiosa. Su propio proceso de integración ha sido un ejercicio continuo de construcción de consensos entre diferencias profundas. Tal vez sea momento de recuperar ese espíritu, de trasladarlo a las dinámicas internas de nuestros sistemas políticos, y de recordar que la fortaleza democrática no reside en la uniformidad, sino en la capacidad de gestionar la diversidad sin fracturarse.

Porque, en última instancia, el riesgo no es solo institucional. Es cultural y cívico. Si se deteriora el respeto a las reglas compartidas, si se normaliza la descalificación sistemática del otro, si se pierde la confianza en las instituciones, el edificio democrático comienza a vaciarse por dentro.

La democracia no se rompe de un día para otro. Se desgasta lentamente, casi imperceptiblemente, en la normalización del insulto, en la banalización de la verdad y en la pérdida de respeto a las reglas comunes. Por eso, actuar a tiempo no es alarmismo, sino responsabilidad. Porque, en última instancia, la pregunta no es solo qué democracia tenemos, sino qué democracia queremos legar. Y la respuesta a esa pregunta ya no puede esperar.

De ahí la urgencia de actuar. No con soluciones improvisadas sino con una renovada responsabilidad democrática. Construir ese dique de contención implica, ante todo, recuperar la conciencia de que la democracia es un bien frágil que no se garantiza por inercia. Y que, como tal, requiere compromiso, ejemplaridad y una voluntad decidida de preservarla para las generaciones futuras.

En momentos tan complejos como convulsos, es exigible a toda representación de la ciudadanía una reflexión sobre la dignificación del ejercicio de la política, y un Gobierno democrático ha de ser el máximo exponente de ello en el marco de un Estado de derecho.

En el contexto actual, a punto de cumplirse tres años desde que se convocaran las últimas elecciones generales celebradas en el Estado español, es el momento de decidir sobre la legislatura española, si es que así se puede denominar por su actividad parlamentaria. Hay quien, interpretando legítimamente la situación desde un punto de vista partidario plantea la necesidad de una cuestión de confianza y hay quien, ante la opción de una moción de censura se pregunta como alternativa por qué no proponer una moción de censura instrumental con una persona candidata cuyo objetivo único sea que inmediatamente de salir elegida disuelva las Cortes y convoque elecciones generales.

Considero la cuestión de manera estructural, más profunda. Con el calendario presente y próximo, y teniendo presentes las circunstancias que vienen provocando una enorme tensión y su derivada social en forma de un alto nivel de desconfianza ciudadana, ni soluciones como una cuestión de confianza o una moción de censura, ni mucho menos la opción de persistencia en la dinámica presente, se antojan como válidas. Es tiempo de decir con responsabilidad: “Hasta aquí hemos llegado de esta forma, y presentémonos a la ciudadanía con compromiso renovado por la democracia”. Iñigo Urkullu Renteria fue lehendakari entre 2012 y 2024. El País, 27 de mayo de 2026.



























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. ZP EN BREAKING BAD, POR MANUEL JABOIS. 28 DE MAYO DE 2026

 






El personaje de Walter White en 'Breaking Bad' Quizás sea el gran antihéroe de la historia de la ficción. La transformación de tímido profesor a peligroso narcotraficante logró trastocar hasta el rumbo de la propia serie, Breaking Bad, que pasó de la comedia al thriller con el paso de las temporadas. Los espectadores, prisioneros de Heisenberg, lo apoyaron de una forma tan incondicional que algunos incluso llegaron a acosar e insultar en la vida real a la actriz que interpretaba a su mujer en la ficción, Anna Gunn. Su lugar en la cultura pop millennial es incontestable.

Cuando González dice de Zapatero que no lo ve con capacidad para crear una ingeniería financiera utiliza el sarcasmo del que da por hecho que su adversario es tan tonto que sólo puede delinquir manipulado “por Maduro o por Delcy, que lo llama principito”. Es probable que a Felipe se le acabe poniendo cara de Hank Schrader, el poli de Breaking Bad al que no le cabía en la cabeza que Walter White, su gris cuñado enfermo de cáncer, de carácter endeble y siempre servicial, fuese el narcotraficante de MDMA más buscado de Estados Unidos, un tipo con asesinatos y secuestros en su haber, y un químico que alcanzó la excelencia no dando clases en su instituto sino fabricando cristal.

No, a González no le va a convencer la UDEF de que Zapatero es tan listo: lo prefiere inocente a listo de igual modo que los socialistas lo prefieren bueno a listo, y por tanto inocente biológico. Los extremos se tocan.

Así que “no me cuadra” es la frase de moda en el PSOE. Aún les queda: a Hank le llevó varias temporadas. Porque lo típico de quedar a cenar con tus amigos es que uno se sienta y les dice que esa tarde ha estado delinquiendo. El expresidente del Gobierno, concretamente. Ábalos les cuadraba, Cerdán les cuadraba menos pero les acabó cuadrando, Zapatero de momento están intentando cuadrarlo, aunque sin fortuna. Las acciones relatadas son incompatibles con el Zapatero que conocen, dicen. Y tienen razón.

Es lo más interesante de este escándalo: la imagen de Zapatero, su construcción como faro moral (ya devastada no por los ilegalidades investigadas, pues aún es inocente, sino por las legalidades asumidas, los cobros lobistas con la familia beneficiada de por medio en razón de su viejo cargo). Interesante porque le niegan a Zapatero sus defensores, y adversarios como Felipe, la capacidad de cambiar, en caso de que no fuese siempre así. Pero la gente toma notas, a veces se tuerce, aprende, las hijas crecen y hay que hacer dinero. Yo qué sé. Esa es la gran atracción de Breaking Bad: el proceso que va de White a Heisenberg, lo delicado que puede ser en la vida un cambio profundo. No digo que haya ocurrido con Zapatero; digo que no debe sorprender si ocurrió. Claro que White, cuando pudo enterrarse en dinero, siguió por la gloria, que es lo contrario de la corrupción. Manuel Jabois es escritor. El País, 27 de mayo de 2026.


















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 28 DE MAYO DE 2026

 































DEL ARCHIVO DEL BLOG. COMO LA NUEVA IA PUEDE MANIPULARTE COMO VOTANTE, POR ANDRÉS ORTEGA. PUBLICADO EL 17 DE JULIO DE 2023

 







No se la llamaba entonces inteligencia artificial (IA), pero la manipulación que puso en marcha la empresa Cambridge Analytica, esencialmente a través de la combinación de redes sociales y datos personales por medio de algoritmos, de los votantes en el referéndum sobre el Brexit —que triunfó— y en las elecciones de 2016 en EE UU, que ganó (no en votos populares sino electorales) Donald Trump, cambiaron un equilibrio interno en las democracias. Esa capacidad de influir —no de decidir­— en las preferencias de los votantes con mensajes individualizados adaptados a los gustos de cada uno es solo un primer paso comparado con lo que entraña la simbiosis que está al llegar entre la IA generativa basada en lenguaje natural (como ChatGPT o Bard, entre las principales), con unas redes sociales mucho más ágiles que Facebook (como TikTok) y otros futuros ecosistemas como el Metaverso. ¿Lo veremos ya en 2024 en las diversas elecciones europeas (incluidas a la Eurocámara) o en las cruciales de EE UU? En principio, esta simbiosis va contra la democracia, pero la nueva IA (aceptemos el nombre, aunque no sea propiamente “inteligencia”) aporta también nuevas posibilidades de participación directa de los ciudadanos en las decisiones colectivas.

“La IA generativa, basada en lenguajes naturales, y la ciencia de redes pueden converger en una tormenta perfecta, para dar lugar a nuevas formas de manipulación a nivel societal”, señala Manuel Cebrián, uno de los investigadores más importantes en este campo a lo largo de dos décadas en diversos centros punteros del planeta, ahora en la Universidad Carlos III de Madrid. La capacidad de esta tecnología para adaptarse, aprender y crear, junto con la ciencia de redes que aporta comprensión detallada de la propagación de la información y el cambio social, podría utilizarse para socavar la seguridad, la privacidad y la autonomía a una escala sin precedentes, señala. Lo que va mucho más allá de la política. “Para combatir estos desafíos”, estima Cebrián, “es fundamental desarrollar y adoptar nuevos enfoques”.

En contra. Esta simbiosis va a generar más capacidad de desinformación. “La IA generativa no solo inundará internet con más mentiras, sino que también puede crear desinformación convincente dirigida a grupos o incluso a individuos”, señala un reciente análisis en Wired. El uso de las redes sociales (entonces embrionarias) en las campañas electorales, antes de esta nueva IA, lo empezó Barack Obama en 2008. Le permitió no solo hacer llegar sus mensajes a una parte importante de la población, sino también escuchar esa “conversación pública” que no sabían recoger las encuestas que, en general, le daban como perdedor en su primer y exitoso intento. Algo similar, con las redes sociales ya plenamente desplegadas, ocurrió en las últimas elecciones en España del pasado 23 de julio. Todos los partidos con posibles hacen análisis de redes e intervienen, pero, sorprendentemente, no así los medios de comunicación. La consultora Llorente & Cuenca sí realizó este tipo de estudios. Y así como en la campaña (en un sentido amplio) para los comicios locales y autonómicos del pasado 28 de mayo, el PP logró imponer sus temas en la conversación pública (al final, contra la ley del sí es sí, y los votos comprados), no ocurrió lo mismo en las generales del 23-J, en las que, en la última semana de campaña, dicha conversación fue mucho más emborronada y favorable a los temas del PSOE, que recuperó mucho terreno. Pero había que saber escuchar.

Esto antes de que intervenga la citada simbiosis entre la IA generativa y la ciencia de redes que va a permitir una desinformación personalizada. Si las redes sociales clásicas usan ya la IA para atraer la atención, para que el usuario pase más tiempo en ellas, le saquen más información, y le metan más publicidad, la nueva combinación, con las posibilidades de la IA generativa puede llevar a un objetivo mucho más peligroso: que el usuario cambie de opinión (política, cambiando de voto; de consumo u otras formas) casi de forma inconsciente, con mensajes diseñados para cada cual que cambian de forma casi instantánea según las circunstancias a lo largo de una campaña, adaptándose a cada individuo de forma muy rápida, gracias a lo que se llama reinforcement learning, aprendizaje por refuerzo.

Un estudio sobre Facebook de Sandra González-Bailón y otros autores, publicado en Science, concluye que “la derecha está más expuesta a bulos intencionales que la izquierda”. En todo caso, esto dará mucho poder a los que estén detrás, desde un candidato, su oponente o un boicoteador —hay muchos y de varios tipos—, a empresas o a potencias extranjeras con intereses en los resultados.

Falta poco más de un año para las elecciones estadounidenses, y menos de nueve para las europeas. El uso de la IA generativa en las campañas estará en sus comienzos. Pero son numerosos los expertos que alertan contra sus efectos, no solo con enormes cantidades de desinformación y noticias falsas, con capacidades técnicas muy avanzadas (por ejemplo, en vídeos fake), que rápidamente se van amoldando a las preferencias de sus destinatarios, e inundando todo el ecosistema de falsedades difícilmente diferenciables de las veracidades, especialmente cuando los medios de comunicación tienen menos capacidades profesionales. Esta herramienta permite que personas con pocos conocimientos técnicos puedan generar esos contenidos, y reduce la capacidad de los receptores de diferenciar lo que viene de otra persona de lo que viene de una máquina o programa. Un reciente experimento en la Universidad de Cornell envió cartas a siete millares de legisladores en EE UU, la mitad generadas por IA y la otra mitad por humanos. El número de respuestas de los legisladores a unas y otras fueron muy similares.

Algunos expertos consideran que hay una aceleración y democratización de la propaganda. Archon Fung y Lawrence Lessig, en un análisis sobre cómo la IA podría tomar el control de las elecciones y socavar la democracia, citan cómo, preguntado en este sentido por el senador Josh Hawley, el propio director ejecutivo de OpenAI (ChatGPT), Sam Altman, respondió en una audiencia parlamentaria que algunas personas podrían utilizar estos modelos lingüísticos para manipular, persuadir y entablar interacciones individuales con los votantes.

En los últimos meses —ChatGPT va a cumplir un año de su lanzamiento público—, empresas como OpenAI, que la creó, o Google con Bard, han lanzado sus productos al mercado de masas y así han surgido herramientas de IA fáciles de utilizar capaces de crear imágenes fotorrealistas, imitar el sonido de la voz y escribir textos humanos de forma bastante sencilla.

No todos los expertos, sin embargo, coinciden en que la manipulación de las redes genera más polarización. Algunos estudios, con muestras amplias, como el de Andrew Guess y otros, también publicado en Science, concluyen que las personas no informaron de cambios en sus comportamientos políticos después de que se cambiaran lo que recibían por Facebook o Instagram. Pero el estudio es anterior a la IA generativa. La polarización está ya en las sociedades, pero se puede alimentar con estas tecnologías, aunque la televisión —en la que está por ver cómo entra esta herramienta, un proceso que ya ha empezado— es más determinante.

Hay también otra peligrosa simbiosis en marcha, la de la IA y la neurociencia. Es un campo que investigan tanto los servicios de inteligencia de países como EE.UU., como, especialmente, China, y también numerosas grandes empresas que quieren influir a través de la manipulación de nuestras mentes en nuestras decisiones comerciales. Como señala Nita Farahany en su libro The Battle for Your Brain (La batalla por tu cerebro), empresas de marketing descodifican nuestro cerebro para vendernos productos e incluso adaptar elementos de consumo (como las películas o las series) a los deseos de nuestra mente. Y para controlar. En esta ciencia, China parece más avanzada, y algunos estudios, como el del Centro para una Nueva Seguridad en EE UU, ven un peligro en la difusión global de lo que llama el “autoritarismo digital”, aunque EE UU también controla, como puso de manifiesto el exanalista de la CIA Edward Snowden con sus filtraciones. Son numerosos los gobiernos con medios para llevar a cabo investigaciones en este terreno, o comprar la tecnología necesaria, y aplicarlas. El desarrollo de la IA empodera a los gobiernos, a las empresas con medios y a los individuos. Por estas razones, el neurocientífico español Rafael Yuste ha promovido un nuevo tipo de derechos, que llama “neuroderechos” —véase al respecto la Declaración de Valencia a la que se quiere dar mayor alcance— porque “los datos cerebrales pueden ser uno de los pocos baluartes que quedan contra el compromiso total de la privacidad en la vida moderna”. Aunque está por demostrarse que nuevos derechos o declaraciones impidan este tipo de abusos en el mundo si no van acompañados de técnicas específicas para impedirlos que habrá que desarrollar.

Entre los previsibles efectos nocivos de la IA generativa en modelos amplios de lenguaje natural está que, como lo definen Markus Anderljung y Paul Scharre, se “democratice la violencia”, la capacidad de hacer daño. Ya no solo por parte de hackers o codificadores experimentados, sino por todo tipo de gente. La generación de desinformación va a resultar mucho más fácil de conseguir, y la diferencia entre la mentira y la verdad, mucho más difícil de discernir. El concepto de “posverdad” para la era que vivimos se puede quedar corto. Y la fabricación de armas biológicas y químicas por parte de individuos y grupos con escasos conocimientos de ellas también resultará facilitada. ¿Hacia un terrorismo generativo? La IA puede generar catástrofes, y no solo impedirlas que es para lo que se suponía que nació.

Incluso en vez de unir, la IA puede separar, justamente por la uniformidad que fomenta. En países básicamente democráticos como India, hay nuevos chatbots que fomentan la intolerancia religiosa (de los hindúes contra las musulmanes) y el extremismo.

A favor. La IA aporta grandes ventajas, por ejemplo, en avances en medicina o en el estudio del cambio climático. No todo con esta nueva tecnología tiene por qué ser negativo para la democracia. También brinda nuevas posibilidades a los ciudadanos, para empezar, forzando una nueva transparencia —además de un mayor control— en las administraciones o en las empresas privadas que sustentan estas nuevas tecnologías (a menudo con apoyo del sector público).

Puede permitir nuevos tipos de participación ciudadana en, por ejemplo, los usos de los fondos públicos. Es algo que se está empezando a estudiar. Así, desde el European Institute of Science in Management, un centro de investigación sin ánimo de lucro con sede en Barcelona, se está intentando poner en marcha con un equipo internacional de politólogos, físicos teóricos, matemáticos, biólogos, neurocientíficos, y economistas de Israel, USA y Europa un programa para enlazar la matemática de la física cuántica con un nuevo tipo de gobernanza democrática multinivel para la que la nueva IA será esencial, con unos primeros ensayos en ciudades europeas. Son proyectos de investigación que permitirían una participación más profunda de la ciudadanía no sólo en la elección de sus representantes, sino también de las prioridades presupuestarias a adoptar en ayuntamientos.

¿Regular es la solución? Crecen las demandas, incluso por los propios impulsores de la nueva tecnología, de regular el uso de la IA generativa en las elecciones democráticas, aunque hay dudas sobre la efectividad de tales regulaciones. OpenAI se ha comprometido a monitorear el uso de su ChatGPT para tratar de detectar operaciones de influencia política.

Algunos expertos, como los citados Anderljung y Scharre, hablan de la necesidad de “alineación de la IA”, es decir, de asegurar que los objetivos de un sistema de IA coinciden con las intenciones de sus usuarios y los valores de la sociedad. Se podrían prohibir este tipo de programas. Pero estos autores reconocen que “hasta ahora, nadie ha descubierto cómo controlar de forma fiable el comportamiento de la IA”, y menos cuando se prioriza (no es el caso de China) la libertad de expresión, que habrá que reforzar con la libertad de pensamiento, si nos controlan este último como George Orwell entrevió.

La UE lo está intentado con la nueva Ley de IA, la primera del mundo de su tipo, que está pendiente de un acuerdo final entre las instituciones, y cuya efectividad está por ver. El proyecto establece cuatro niveles de riesgo para los sistemas de IA, cada uno con su propio conjunto de requisitos de transparencia, trazabilidad, no discriminación y respeto por los derechos humanos. Los sistemas de IA de alto riesgo, como los que se usan en la toma de decisiones automatizadas con implicaciones legales o significativas para las personas, deben ser sometidos a una evaluación de impacto de la IA antes de su despliegue.

Sobre todo, hay que educar a los ciudadanos, desde los más jóvenes hasta los más mayores, en lo que implican estas tecnologías. Ya casi todo el mundo sabe que lo gratuito, para el usuario, tiene un precio, el de los datos cedidos a cambio, y ahora la capacidad de manipulación de nuestras propias mentes. Mucha IA generativa es gratuita. La alimentamos con nuestras preguntas, imágenes o escritos. Lo gratuito se acaba pagando. De otra forma. Andrés Ortega es escritor. El País, 17 de julio de 2023.























DEL POEMA DE CADA DÍA. LA MENTIRA ES UNA FLOR, POR LEOPOLDO MARÍA PANERO. 28 DE MAYO DE 2026

 








LA MENTIRA ES UNA FLOR




Y era peor la vida

Era peor el azote del silencio

Fustigando la hiedra en donde yace

Un hombre maldiciendo el silencio

En el que va a morir toda palabra

Y solo brilla para el silencio

Mi único defensor, mi única esposa.




Nunca supe lo que el cielo era

Lo dije en otra ocasión, cuando llovía

Sobre mi mano

Y la saliva esculpía mi autorretrato

Y había una mujer hecha de ceniza

Y la ceniza era una mujer.




Una serpiente se enrosca en mi cuello

Y susurra en vano palabras al viento

Que todo lo borra

Que borra mi mano y mi pie

Y mi cabeza

Para que el mundo sea solo señorío

Del viento

Y rey de la ruina.




No se terminará nunca la playa

Con este desierto que recorre

Mis dos piernas como un péndulo

Y un perro lame las costras de la vida

Y un cadáver abre la boca

Y le dice a Dios: no existiré

Estaré siempre atado a mi sombra y la muerte

Como María Magdalena

Besará mis pies.




Para qué escribir cuando todo está escrito

Solo quedan manierismos como el Laocoonte de los Monos

La absenta del suplicio, el río enorme y pardo

La cerveza del sacrificio de los hombres que odian a Dios

He aquí que vendrá el diablo a vengarse del frío

De los hombres que dicen amar y que me señalan

Con el dedo, como si yo existiera, como si hubiera existido

alguna vez

Porque yo soy Dios y la vida es hambre de la nada

Hambre del ser que corroe los gusanos

Que nadan sobre mi piel

¡Oh tú flor terrible a la que llaman vida

Que codicia aún mi piel!

Y me llama gusano y la poesía es una mantis religiosa

Que nunca morirá, porque está sobre el papel

Sobre el papel de hiel

Que amamanta al hombre

Como una madre a un niño.





LEOPOLDO MARÍA PANERO (1948-2014)

poeta español






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Leopoldo María Panero Blanc (Madrid, 16 de junio de 1948-Las Palmas de Gran Canaria, 5 de marzo de 2014) fue un escritor español, encuadrado en la poesía española contemporánea dentro del grupo de los «Novísimos». Fue el arquetipo de un malditismo cultivado tanto como repudiado, pero ese malditismo no le impidió ser el primer miembro de su generación en incorporarse a la nómina de clásicos de la editorial Cátedra, contar con una importante biografía e insertarse en la historia literaria, las antologías y los programas académicos.