viernes, 15 de mayo de 2026

DEL ARCHIVO DEL BLOG. A EXTRAMUROS DE LA LITERATURA, POR HARENDT. PUBLICADO EL 15 DE MAYO DE 2015

 








No soy un lector exquisito. Por el contrario, tengo y reconozco gravísimas carencias lectoras de buena literatura. Por ejemplo, no puedo con los clásicos rusos... Y la novela realista de finales del XIX me pone de los nervios. Mi primer libro fue "La isla del tesoro", regalo de mis abuelos maternos. Y a los diez años me leía las novelas de Marcial Lafuente Estefanía como se fabrican churros: a una por hora y tres o cuatro al día... A las cuatro o cinco páginas ya era capaz de adivinar cuál de los personajes era el bueno, quién el malo, la chica que iba a morir, la que se casaba con el bueno...

Con el tiempo, los años, la edad, más lecturas y más discriminadas, se me fue depurando el gusto literario, si es que eso no es una perogrullada, que no estoy muy seguro de que no lo sea... En términos generales soy más lector de ensayo que de ficción, pero no desdeño ni mucho menos las novelas, Y en esas estamos. 

Nunca fui un lector compulsivo, al estilo de "todo vale", aunque leía de treinta a cuarenta libros al año, académicos aparte. Ahora selecciono muchísimo mis lecturas, porque con el poco tiempo que me queda no quiero perderlo leyendo tonterías. Por ejemplo, no leo los Premios Planeta, sobre todo los de los últimos años. Me mosquean los "superventas", y desconfío de todo lo que se exhiba en los anaqueles de las "grandes superficies" rotulados del "Uno" al "Diez"...

Me encantó el artículo que hace unos años escribió en El País Antonio Muñoz Molina sobre buena y mala literatura, sobre escritores integrados y apocalípticos, citando los ejemplos de Carlos Ruiz Zafón, al que clasificaba entre los "integrados" y de Juan Goytisolo, al que encuadraba entre los "apocalípticos".

Y sobre escritores malditos, o maldecidos, recuerdo haber leído también un magnífico artículo del editor y crítico literario Constantino Bértolo titulado "El juego de la silla y la literatura de la transición", sobre el escritor José Antonio Gabriel y Galán y su "Diario, 1980-1993" (Editora Regional de Extremadura, Mérida, 2007). Lo publicaba Revista de Libros en la primavera de 2008, y reproduzco algunos fragmentos del "Diario" citados por el comentarista: "La crítica me trató bien en general, pero no sabía dónde situarme, yo era fronterizo. No entraba en las listas generacionales, ni en las recopilaciones críticas". O esta otra, bastante triste: "A mi me emparejaron con Félix de Azúa: él representaba la belleza y yo el compromiso. Malentendidos semejantes fueron institucionalizándose. Se creó una atmósfera poco grata..." Y por último, este demoledor fragmento que rezuma ¿rencor, menosprecio?: "El mundo es un inmenso desierto por el que no cruza la sombra de ningún escritor español, si exceptuamos a Lorca, que se permite el lujo de ir en camello y descansar en los oasis. Sólo existe él, todo para él, nada para los demás, del marqués de Santillana a nuestros días. En nombre del marqués, de Quevedo y de Luis Cernuda, por ejemplo, grítese el resentimiento, reclámese la justicia".

De Carlos Ruiz Zafón sólo he leído "La sombra del viento". Y con ella me sobra para no volver a leerle. Tengo mucho más claro lo que no me gusta que lo que sí, y aunque nunca se puede saber a priori lo que te vas a encontrar, la veteranía es un grado, como se decía en la extinta mili... No es un juicio de valor, ni literario, ni estético, ni de ningún tipo: simplemente no me gustó. Y lo mismo me pasó con el otro gran superventas español: "La Catedral del Mar", de Ildefonso Falcones. Y aunque la esperanza es lo último que se pierde, prefiero no probar de nuevo con ninguno de los dos. De Juan Goytisolo he leído "Crónicas sarracinas", "Makbara" y "Reivindicación del Conde don Julián". Desde luego, si tuviera que elegir entre ellos, me quedo con Goytisolo...

Junto al artículo de Muñoz Molina he rescatado de la hemeroteca una entrevista que Carles Geli le hizo a Carlos Ruiz Zafón en Revista de Libros, y dos artículos de Juan Goytisolo en El País, llenos de sarcasmo sobre los "superventas" y la la obra de escritores como Ruiz Zafón o Dan Brown, el autor de "El Código da Vinci" o la detestable (el juicio es mío) "Ángeles y demonios". Les animo a leerlos en el buscador del blog. Si tienen interés en ellos, claro está…























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 15 DE MAYO DE 2026

 





























SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA ESPANYOLA. AVUI DIVENDRES, 15 DE MAIG DE 2026, EN CATALÀ

 






Hola, bon dia de nou a tots i feliç divendres. I feliç dia als madrilenys de la ciutat de Madrid que avui celebren el seu Sant Patró, Sant Isidre Labrador. Li desitjo de cor, ja que Madrid va ser la ciutat estimada de la meva infantesa i joventut (1950-1967) i la terra dels meus avantpassats materns, on descansen els meus avis, pares, germans oncles i nebots. Anem amb les entrades del bloc d'avui. La primera, les vinyetes d'humor del dia; la segona, un arxiu del bloc del 15 de maig de 2015 on HArendt s'esplaiava sobre les seves lectures d'aquells moments; la tercera, amb el poema del dia, es titula Alguna cosa ha de fallar entre nosaltres, i és del poeta eslovè Brane Mozetic; l'assumpte del dia, a la quarta, el signa l'escriptor Rubén Amón i es titula L'emergència no és sanitària sinó informativa; la sisena, amb el cafè de sobretaula, la signa l'escriptor Sergio del Molino, i es titula, Andalusia, un altre clau al taüt de l'esquerra; i tots tres al capvespre d'avui els signa l'economista i professor Robert Reich i giren sobre l'actualitat dels Estats Units i les peripècies del seu president Donald Trump. Espero que us resultin d'interès. Tamaragua, amics meus. Ens veiem demà si la deessa Fortuna ho permet. Sigueu feliços, us ho prego: us ho mereixen, ens ho mereixem. Petons. Els vull. HArendt














ENTRADA NÚM. 10529

jueves, 14 de mayo de 2026

DE LA TARDE QUE CAE. ESPECIAL TRES. CARTEL DE AYUSO NUEVO CHAMBERÍ, POR MANUEL JABOIS. 14 DE MAYO DE 2026

 






Yo entiendo a Isabel Díaz Ayuso cuando dice que ha pasado un “peligro extremo” en México por apoyar a Hernán Cortés y como consecuencia del terror que le produjeron las represalias se fue cuatro días a las playas de la Riviera Maya: pues claro. Tomar el sol es prioritario cuando la muerte acecha. ¿Quién no estuvo en una hamaca de la Riviera Maya con miedo a que apareciese de repente un sicario de Miguel Ángel Félix Gallardo y le furase el cuerpo, o peor aún: le disparase al mojito? Nadie. La vida no es como te la cuenta Netflix; la vida es hacer un viaje a México, homenajear a un tipo que llegó con un ejército a sangre y fuego y montar el pollo del siglo porque a los mexicanos, por la razón que sea, no les parezca bien esto. Y declararse —Ayuso— en “peligro extremo” como si los cárteles mexicanos no concibiesen que alguien hable mal de la presidenta del país: “Hasta aquí hemos llegado”. Ayuso debe viajar más. Cuanto más viaje Ayuso, mejor para Madrid y mejor para los articulistas, que podemos viajar a través de ella como viajaba el tío Matt de Los Fraguel y luego enviaba esas cartas loquísimas tipo “no entiendo nada, he ido a Alabama a alabar al Ku Klux Klan, que los enseñó a evitar el calor con las ropas, y no les ha gustado nada”. En fin. La victimización se está llevando a unos extremos tan desagradables que en un lugar en el que te matan si hablas de un narco, resulta que te la juegas si hablas de un señor de hace 500 años. Ha ido allí a montarla al estilo Jimmy Jump: montarla por montar, sabiendo lo que ocurriría (esto lo tiene estudiadísimo su asesor) y acusando al Gobierno, o a quien sea, de dejarla a merced del primer guionista que vea de lejos. Extremo peligro dice quien no pisó una aldea de la frontera, quien no tiene un padre inocente en la cárcel, quien vive de la indulgencia periodística de aquellos a quienes riega con dinero público porque si no, sin esa mordacita dorada, no se atrevería ni a decir la mitad de las cosas que con tanta impunidad cuenta. Manuel Jabois es escritor. El País, 13 de mayo de 2026.



























DE LA TARDE QUE CAE. ESPECIAL DOS. LA APOTEOSIS DE LA IGNORANCIA DELIBERADA, POR PAUL KRUGMAN. 14 DE MAYO DE 2026

 






Los supuestos expertos ridiculizaron las afirmaciones de Donald Trump durante la campaña de 2024 de que bajaría los precios de los alimentos desde el primer día y reduciría los precios de la energía a la mitad.

Los supuestos expertos afirmaron que los aranceles de Trump elevarían los precios al consumidor sin lograr recuperar los puestos de trabajo en el sector manufacturero.

Los supuestos expertos afirmaron que el énfasis que Pete Hegseth, nombrado por Trump, pone en el "espíritu guerrero" en lugar de la competencia, y su purga de oficiales que no considera suficientemente leales a Trump, degradarían al ejército estadounidense y serían desastrosos en caso de guerra.

Los supuestos expertos advirtieron que el ataque de Trump contra Irán nos llevaría a un atolladero y provocaría una crisis energética mundial.

Los supuestos expertos afirmaron que el desprecio de Trump por los acuerdos internacionales y sus amenazas a las naciones amigas socavarían la confianza del mundo en Estados Unidos, y que nos encontraríamos sin aliados cuando necesitáramos su ayuda.

Los supuestos expertos tenían toda la razón.

En estos momentos la inflación se está disparando; el empleo en el sector manufacturero ha disminuido; el estrecho de Ormuz permanece cerrado; y Trump viaja a Pekín como un suplicante, rogando en efecto a China que le ayude a salir del lío en el que se ha metido con Irán.

Pero sería una tontería esperar que Trump y sus secuaces aprendieran algo de su humillación.

Para ser justos, los expertos no siempre aciertan. Por ejemplo, muchos analistas militares prominentes se han equivocado repetidamente y de forma contundente sobre la guerra entre Rusia y Ucrania, exagerando enormemente la fuerza rusa y subestimando enormemente la resistencia ucraniana. Muchos economistas, entre los que me incluyo , subestimaron los riesgos de la inflación en 2021. Muchos economistas prominentes, entre los que no me incluyo , sobreestimaron entonces enormemente los costes de controlar la inflación.

Pero las figuras políticas que creen saber más que los supuestos expertos tienen muchas más probabilidades de equivocarse que de acertar. Y es especialmente probable que se equivoquen si su rechazo a la opinión de los expertos se debe a ilusiones, obsesiones personales y, por último, pero no por ello menos importante, a la corrupción.

Trump es, por supuesto, un ejemplo perfecto del tipo de figura política que bajo ningún concepto debería ignorar a los expertos, y que sin duda lo hará. Al decidir llevarnos a la guerra con Irán, desestimó las advertencias sobre lo que podría salir mal e insistió en que sería fácil. Su política económica refleja su obsesión de décadas con los aranceles; su política energética aún está marcada por su enfado por un parque eólico que, según él, estropeaba la vista desde su campo de golf; su política hacia Irán ha estado impulsada en gran medida por la determinación de rechazar todo lo que logró Barack Obama. Y en todos los temas, sus acciones están fuertemente influenciadas por quién es capaz y está dispuesto a ofrecer los mayores sobornos.

Sin embargo, la catastrófica estupidez de la política actual de Estados Unidos no debería atribuirse únicamente a la incapacidad personal de Trump para liderar. La ignorancia deliberada y el rechazo al consejo de los expertos han caracterizado a la derecha política estadounidense durante muchos años. Thomas Mann y Norman Ornstein publicaron « Es incluso peor de lo que parece », una advertencia sobre el creciente extremismo del Partido Republicano, hace catorce años. Incluso entonces escribieron que

El Partido Republicano se ha convertido en un elemento disidente y marginal en la política estadounidense. Es ideológicamente extremista; indiferente a la interpretación convencional de los hechos, las pruebas y la ciencia ; desdeñoso del compromiso y desdeñoso de la legitimidad de su oposición política. [Énfasis mío]

El trumpismo puede representar la apoteosis de la ignorancia deliberada como principio político, pero llevamos décadas encaminándonos hacia aquí.

¿Por qué la derecha odia a los expertos?

El rechazo a la ciencia, al igual que gran parte del panorama político estadounidense, tiene mucho que ver con la influencia de la industria de los combustibles fósiles. Las advertencias sobre el cambio climático amenazaban las ganancias de esa industria, por lo que fue necesario atacar la ciencia climática, y esto se generalizó en una hostilidad hacia la investigación científica en su conjunto.

Más allá de este tema específico, los movimientos antidemocráticos tienen una desconfianza inherente hacia la experiencia, hacia cualquiera que sepa de lo que hablan. No se puede confiar en los expertos, porque podrían pensar de forma independiente. En su libro clásico Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt escribió que

El totalitarismo en el poder invariablemente reemplaza a todos los talentos de primera categoría, independientemente de sus simpatías, con aquellos chiflados y necios cuya falta de inteligencia y creatividad sigue siendo la mejor garantía de su lealtad.

La administración Trump no es un régimen totalitario en toda regla, al menos no todavía, pero sus instintos apuntan claramente en esa dirección. El deterioro de la competencia del gobierno federal, el desmantelamiento de la ciencia estadounidense y el pésimo juicio que condujo a la Operación Furia Épica forman parte de la misma historia.

¿Cómo responderán Trump y su partido a su larga lista de fracasos políticos de alto perfil, desde Irán hasta la inflación? Puede que Trump encuentre la manera de aceptar la derrota en el Golfo Pérsico y proclamar la victoria, aunque eso parece cada vez más difícil. Pero no hay razón para creer que la formulación de políticas mejorará, que los expertos y los sensatos volverán a tener voz y voto. Los ataques —y la ignorancia deliberada— continuarán hasta que mejore la moral. Paul Krugman  es premio Nobel de Economía. Substack, 13 de mayo de 2026.



























DE LA TARDE QUE CAE. ESPECIAL UNO. LO QUE ACABO DE ESCUCHAR SOBRE EL COMPLOT PARA DERROCAR A TRUMP UTILIZANDO LA 25ª ENMIENDA, POR ROBERT REICH. 14 DE MAYO DE 2026

 







Amigos: Hace poco cené con un grupo de asesores políticos: personas sofisticadas que llevan años asesorando a políticos y candidatos. Durante la cena, compartieron conmigo su fantasía, a la que le atribuyeron un 30% de probabilidades de convertirse en realidad en los próximos cuatro meses.

En la fantasía de mis acompañantes en la cena, la guerra fallida de Trump disparará los precios de la gasolina y los alimentos durante tanto tiempo que gran parte de la base republicana comenzará a volverse contra él. Y los problemas mentales de Trump se harán aún más evidentes.

Ante todo esto, JD Vance le promete a Marco Rubio que lo nombrará vicepresidente si Rubio se une a Vance en su intento de destituir a Trump amparándose en la Enmienda 25.* Rubio acepta.

Posteriormente, Vance y Rubio se acercaron al presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y al líder de la mayoría del Senado, John Thune, para mantener conversaciones confidenciales en las que plantearon la posibilidad. Johnson y Thune les brindaron su apoyo tácito.

Vance y Rubio consiguen que Pete Hegseth se una al grupo, prometiéndole que conservará su puesto. También consiguen que Todd Blanche se sume al grupo prometiéndole que será nombrado fiscal general permanente.

Vance, Rubio, Hegseth y Blanche son lo que Thune y Johnson necesitan para que el 25º puesto se mantenga.

Este acuerdo beneficia a todos. Para Vance y Rubio, evita lo que podría ser unas elecciones primarias complicadas en 2028, en las que ambos se enfrentarían directamente. Como presidente, Vance tiene ventaja para ser elegido presidente en 2028. Como vicepresidente, Rubio es el sucesor natural en 2032 (cuando Rubio tenga solo 60 años) o en 2036.

Como presidente y vicepresidente, Vance y Rubio ponen fin a los aranceles de Trump y a su guerra, que han provocado un aumento vertiginoso de los precios, han enfadado a la base republicana y han puesto a gran parte del mundo en contra de Estados Unidos.

Hegseth consigue la estabilidad laboral que tanto anhela. Blanche obtiene el ascenso que tanto desea.

Los republicanos en la Cámara de Representantes y el Senado quieren deshacerse de Trump, que se ha convertido en una carga insoportable y que temen que, si permanece en el cargo, les haga perder el control de la Cámara y el Senado en las elecciones de mitad de mandato, lo que podría conducir a una derrota aplastante en el Congreso en 2028.

El plan se finaliza cuando Trump está en Mar-a-Lago. Se ejecuta en una teleconferencia con Trump, durante la cual Vance, Rubio, Hegseth, Blanche, Johnson y Thune le notifican que ya no es presidente.

Trump grita, vocifera, golpea su escritorio en Mar-a-Lago y amenaza con acciones legales, pero no hay nada que pueda hacer. Ya no está en el cargo.

Escuché atentamente mientras mis acompañantes me explicaban todo esto. "¿De verdad creen que hay un 30 por ciento de probabilidades de que esto suceda?", les pregunté.

—Podría ser mayor si la guerra continúa —dijo uno de ellos, y los demás asintieron. Otro opinaba que las probabilidades ya eran mayores.

—No sé si sentirme eufórico o preocupado —respondí.

Se rieron, pero yo hablaba en serio.Para recordarles: la Sección 4 de la 25ª Enmienda establece que “siempre que el Vicepresidente y la mayoría de… los principales funcionarios de los departamentos ejecutivos… transmitan al presidente pro tempore del Senado y al Presidente de la Cámara de Representantes su declaración escrita de que el Presidente no puede ejercer los poderes y deberes de su cargo, el Vicepresidente asumirá inmediatamente los poderes y deberes del cargo como Presidente en funciones”. La Sección 2 de la 25ª Enmienda establece que “siempre que haya una vacante en el cargo de Vicepresidente, el Presidente nominará a un Vicepresidente que tomará posesión del cargo tras la confirmación por mayoría de votos de ambas Cámaras del Congreso. Robert Reich es economista. Substack, 13 de mayo de 2026.





















DEL CAFÉ DE SOBREMESA. TIEMPO DE LETRAS, POR PILAR MERA. 14 DE MAYO DE 2026

 






Empieza la semana grande de la literatura gallega. Es tiempo de lecturas, recitales, festivales infantiles, encuentros literarios… En los colegios e institutos, se organizan todo tipo de actividades. Ya sólo por este bullir creativo merece la pena. Resulta hermoso ver a una sociedad volcada celebrando su lengua, reivindicando el gallego como idioma vivo y creador, transmisor de historias y relaciones de afecto, recuperando universos literarios y acercando la riqueza de un patrimonio común.

La tradición comenzó en 1963. La idea partió de la Real Academia Galega, que escogió el 17 de mayo por su valor simbólico. Se cumplían 100 años de la primera edición de Cantares gallegos, el poemario de Rosalía de Castro que daba inicio al Rexurdimento. El gallego recuperaba su esplendor como lengua escrita después de siglos de apagón editorial, en los que permaneció vivo gracias al hablar de la gente. Rosalía de Castro fue la primera homenajeada. La celebración se ha mantenido año a año, ganando peso con la democracia. Desde 1991 es día festivo, un espaldarazo institucional que consagró su importancia social. La nómina de homenajeados es variada. Hombres y mujeres. Autores del siglo XIII al XXI. De poetas medievales como Martín Códax, Xohán de Cangas o Mendinho a contemporáneos como Lois Pereiro o Xela Arias, pasando por los grandes nombres del Rexurdimento o de la Xeración Nós.

Las mujeres han ganado protagonismo en las últimas décadas. Aunque la fiesta comenzó con Rosalía hubo que esperar a 1987 y 2007 para que llegaran Francisca Herrera y María Mariño. El año pasado resultó emocionante el homenaje a las cantareiras. Con ellas se premiaba la labor de las mujeres rurales en la conservación de la lengua a través de la transmisión oral de nanas, canciones de trabajo o de fiesta. Porque la literatura no sólo vive en los libros y la oralidad, también es creación literaria.

2026 es el año de Begoña Caamaño, periodista y novelista fallecida en 2014. Se festejan sus novelas, revisiones modernas de mitos clásicos que rompen estereotipos. Pero sobre todo se celebra una manera de hacer periodismo que merece la pena reivindicar hoy en día. Un periodismo de calle, consciente de su función social y comprometido con ella y con la veracidad.

Frente a matonismos y tristes espectáculos en los que todo vale, reivindiquemos el periodismo. Como diría Begoña Caamaño: “É o tempo do feminismo: da xustiza, da igualdade, da liberdade, da dignidade e, por que non?, da felicidade”. Pilar Mera es historiadora y profesora de la UNED.
















DEL ASUNTO DEL DÍA. EL MÀS GRAVE DE LOS CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD, POR JOSÉ ANTONIO PIQUERAS. 14 DE MAYO DE 2026

 






¿Acaso pueden ser jerarquizados los delitos que han sido comprendidos en los crímenes de lesa humanidad? La sospecha sobre potenciales obligaciones económicas en el caso de suscribir una declaración política y moral —carente de consecuencias jurídicas, según se apresuró a subtitular la noticia la mayor parte de la prensa europea—, ¿justifica negar un cúmulo de evidencias y una llamada a promover derechos humanos dando a conocer la raíz de su vulneración? La resolución 80/250 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada el 25 de marzo pasado con el amplísimo respaldo de 123 países, declaró “la trata de africanos esclavizados y la esclavitud realizada a africanos como el crimen de lesa humanidad más grave”. Los argumentos y las dudas con las que iniciamos este artículo fueron esgrimidos por los tres estados que votaron en contra y por los 52 que se abstuvieron, entre estos, el Reino Unido y los países de la Unión Europea. Mientras en varias regiones del mundo se libra la defensa del multilateralismo, en la sede de Naciones Unidas se evidenciaba cómo el juego lo practican jugadores plurales y el llamado Sur Global ofrecía un cerrado respaldo a la iniciativa auspiciada por Ghana en representación de la Unión Africana y la Comunidad del Caribe (Caricom).

La declaración del 25 de marzo es un recordatorio doloroso y necesario del sufrimiento y la humillación infligidos durante cuatro siglos. En el apartado de fundamentos, resume circunstancias históricas entre las que destaca la excepcionalidad, sistematicidad, organización, brutalidad y duración de la experiencia esclavizadora de personas africanas, promovida, legislada y regulada en sus aspectos fiscales por Estados que arrastran esa responsabilidad. La declaración alude a precedentes recientes de reconocimiento, disculpas y reparaciones; se ampara en las líneas abiertas por el derecho penal internacional sobre la imprescriptibilidad de los crímenes contra la humanidad y el principio de justicia reparadora; y se ofrece como ejemplo consecuente de acciones anteriores de las Naciones Unidas, como la Declaración contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de discriminación racial, adoptada en 2001 en Durban, en la que se estableció que por su magnitud, su carácter organizado y la negación de la esencia de las víctimas, “la esclavitud y la trata de esclavos, especialmente la trata transatlántica de esclavos, constituía y siempre debía haber constituido un crimen de lesa humanidad”.

En 2013, la ONU proclamó el Decenio Internacional de los Afrodescendientes a fin de prestar especial atención a la desigualdad y la discriminación estructurales que padece esta población. La declaración sostuvo que todas las doctrinas de superioridad racial son científicamente falsas, moralmente condenables, socialmente injustas y peligrosas, y deben rechazarse al igual que las teorías con que se pretende determinar la existencia de distintas razas humanas. Esa misma afirmación se reiteró en la declaración del segundo Decenio Internacional de los Afrodescendientes, aprobada el 17 de diciembre de 2024 por la Asamblea General sin necesidad de ser sometida a votación. Esta última iniciativa fue patrocinada por un grupo de países entre los que se hallaban Estados Unidos (la Administración saliente de Joe Biden, todavía en la estela del Black Lives Matter), Brasil, Jamaica y Colombia, y reconocía la persistencia de un racismo sistémico en nuestras sociedades. Los afrodescendientes, en sentido estricto, son los descendientes de la emigración forzada conducida a América en régimen de esclavitud, que constituye la diáspora; existe una segunda situación, los descendientes de la emigración protagonizada desde África a partir de los años cincuenta de originarios de las colonias europeas.

El consenso antirracista, sin embargo, se rompió el 5 de diciembre de 2025 cuando la Asamblea General aprobó declarar el Día internacional en contra del colonialismo en todas sus formas y manifestaciones. En las consideraciones se reconocía “lo poco que se sabe sobre los 500 años de colonialismo” y añadía un elemento que le había sido intrínseco: “…y sobre la trata transatlántica de esclavos y sus duraderas consecuencias”, y condenaba “los crímenes cometidos durante la época colonial”. El cambio quizás era un reflejo del nuevo estado de opinión teñido de supremacismo y xenofobia; con seguridad, la oposición emergió de quienes no deseaban verse reconocidos en una indagación de medio milenio. La resolución recibió 119 votos a favor, dos en contra y una cincuentena de abstenciones, que incluían a la totalidad de las antiguas metrópolis.

El Decenio 2025-2036 de Naciones Unidas adoptaba el tema Afrodescendientes: reconocimiento, justicia y desarrollo. En torno a la noción de la justicia que podía esperarse, y de la idea de reparación, nació la discordia. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, cumpliendo el mandato recibido al aprobarse el primer Decenio, presentó en 2024 sus conclusiones. Destacaba que la justicia reparadora requería un enfoque integral basado en el derecho internacional sobre los derechos humanos que incluyera, cuando fuera procedente, el derecho a una reparación adecuada, efectiva y rápida. El objetivo de la justicia racial y la igualdad —continuaba— reclama a los Estados medidas para abordar el legado histórico de la esclavitud y el colonialismo, “y sus consecuencias duraderas con miras a buscar la verdad, definir el daño, perseguir la justicia y las reparaciones, y contribuir a la no repetición y la reconciliación”.

La resolución aprobada el 25 de marzo de 2026 rescata unas cuantas lecciones que todos deberíamos aprender y enseñar a los jóvenes: las acciones del pasado generan consecuencias futuras cuando no son debidamente reconocidas y tipificadas; los fenómenos sociales se enlazan entre sí y crean relaciones causales; el orden económico que ha sido ponderado como la mayor fuente de progreso y bienestar se construyó no solo sobre las privaciones de los trabajadores manufactureros de Europa y la miseria de muchos de sus campesinos, sino que contó, de forma determinante, con dos elementos indispensables: el colonialismo y la trata de africanos esclavizados y del trabajo forzado de estos deportados y de sus descendientes. Es más, existe una relación directa entre estos últimos fenómenos, que comportó por vez primera en la historia, a partir del siglo XV, de una esclavitud racializada en el africano, y el racismo, la discriminación por motivos considerados raciales que origina pobreza y sufrimiento en sucesivas generaciones. También dio pie a la ocupación colonial de África. El régimen extractivo, de personas esclavizadas, de riquezas y de patrimonio cultural ha supuesto en el tiempo explotación económica, alteración cultural y un trauma emocional, afirma la resolución a la que hacemos referencia.

La declaración 80/250 exhorta y alienta a los Estados a reconocer los hechos, a entablar un diálogo inclusivo en materia de justicia reparadora que comprenda una disculpa plena, medidas de restitución (comenzando por el patrimonio cultural expoliado), indemnización y rehabilitación, así como garantías de no repetición y el desarrollo de programas en materia de investigación académica, educación y memoria. La declaración admite “lo poco que se sabe sobre los 400 años de trata transatlántica de esclavos”. De ello dan prueba varios errores contenidos en el texto, en particular sobre la trata promovida por los imperios ibéricos, cuyos dominios americanos recibieron dos de cada tres africanos deportados, o considerar una novedad del siglo XV el principio jurídico de partus sequitur ventrem (“lo que nace sigue al vientre”). Hay también omisiones que no ayudan a explicar el fenómeno, siendo las dos más destacadas la que ignora que la inmensa mayoría de las extracciones de africanos esclavizados tuvo lugar mediante el sistema de “rescate”, como se llamaba a la transacción que incluye personas con mercancías materiales, correspondiendo a pueblos locales la captura de enemigos y el secuestro de mujeres y niños; o la intersección de la esclavitud promovida por los árabes y la europea. El revisionismo y el negacionismo ponen el foco en estas cuestiones para naturalizar la esclavización promovida por europeos y criollos americanos.

Sin embargo, es un flaco favor desconocer la complejidad del fenómeno. No parece que los Estados —y los diplomáticos— que negaron el respaldo a la resolución 80/250 estuvieran familiarizados con estas cuestiones, y, de estar interesados en la verdad y la justicia, sin alterar el fondo de la cuestión, hubieran podido contribuir a mejorar una resolución de tanta trascendencia en el orden de reconocimiento de las víctimas. Todo eso no altera una realidad incontestable: cerca de 13 millones de africanos, hombres y mujeres, niños y niñas, fueron capturados, reducidos a mercancía y llevados a la fuerza a América para trabajar. Antes de 1800, representan a casi el 0,9% de la población del continente africano, en una sangría continua que alteró el normal desarrollo de sus naciones; en comparación con la migración europea durante la misma época, tuvo un impacto humano unas 12 veces mayor sobre la población dejada atrás. Disponemos de la evidencia de extensos cuerpos legales y registros fiscales de los Estados involucrados; hemos levantado el inventario —por ejemplo, en España— de quienes participaron y se enriquecieron con estas prácticas, nuestros negreros.

El pasado no es una cápsula perdida en el tiempo desde el momento en que la continuidad de las experiencias humanas arrastra consigo consecuencias de toda índole. De la colonización, la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada, vinieron el racismo y la discriminación racial que llega a nuestros días. Un sistema arcaico de apropiación de seres humanos para extraer de ellos el trabajo acompañó desde su germen a un sistema económico cuya última expresión histórica es la coexistencia de migrantes repudiados, especialmente por su color, y la ampliación del arco de las desigualdades, del que África y los afrodescendientes cargan con un lastre difícil de superar. José Antonio Piqueras es catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat Jaume I y director de la Cátedra UNESCO de Esclavitudes y Afrodescendencia.