El blog de HArendt (2006-2026). Pensar para comprender, comprender para actuar
viernes, 11 de octubre de 2024
jueves, 10 de octubre de 2024
De las entradas del blog de hoy jueves, 10 de octubre de 2024
De la eterna guerra entre Caín y Abel
La actual guerra en Oriente Próximo es, en el sentido más cabal de la palabra, un círculo vicioso, comenta en El País [La guerra eterna, 05/10/2024] el escritor Alberto Manguel. ¿Dónde comienza un círculo? ¿Cuál es el punto de partida? Netanyahu respondería que el conflicto nace con el sangriento ataque de Hamás el 7 de octubre 2023 donde murieron 1.195 personas, israelíes y extranjeros. Según Hamás, el conflicto comienza mucho antes, con la creación del Estado de Israel en 1948, cuando 750.000 palestinos fueron desalojados de sus tierras para establecer una nueva nación. Los historiadores pueden elegir una u otra de esas fechas para intentar explicar esta guerra fratricida. Los teólogos podrían elegir una anterior, cuando el divisionario Jehová ordena a Abraham quedarse con Sarah, madre de Isaac, de quien descenderán los hebreos, y echar de casa a su compañera Hagar junto con su hijo Ismael, quien, según la tradición, es el padre de los árabes. La Biblia nos enseña que, empezando por Caín y Abel, Jehová está siempre sembrando cizaña entre hermanos, ignorando el consejo que algún tiempo después el viejo Vizcacha le dará a Martín Fierro como ley primera: que los hermanos sean unidos porque “si entre ellos pelean/ los devoran los de afuera”. Así está sucediendo ahora.
Los griegos conocían estas sangrientas historias de nunca acabar. Para cortar sus círculos viciosos (la maldición de la Casa de Atreo, por ejemplo), los griegos inventaron el deus ex machina. En el caso de La Orestíada es una dea, la diosa Atenea, quien transforma las implacables Furias vengadoras en las Euménides, las benévolas, y acaba así con los asesinatos en serie. El público griego exigía resolución.
Pero en nuestro siglo XXI las cosas no pueden ser resueltas con tal elegancia. Un coro de intereses creados está implacablemente en escena para impedir que las Furias se vuelvan benévolas y que el conflicto llegue a su fin. Los políticos cuya ambición depende de ser vistos como ganadores, los comerciantes de armas que acumulan fortunas con sus ventas, los pequeños inversores que reciben intereses de ese comercio infame, los poderes extranjeros que buscan mantener sus posiciones dejando que los otros se destrocen entre sí, todos ellos no quieren que el círculo vicioso se interrumpa. La Codicia y la Ambición (con perdón por el uso de estas banales alegorías) se creen inmortales y más allá de todo perjuicio. No quieren entender que la ley del talión, que exige “ojo por ojo,” inevitablemente resulta, como dijo Gandi, en una ceguera mundial.
Assaf Orion, ex general de brigada israelí, comentando la situación presente, observó que no podemos prever la conclusión del conflicto porque “aún estamos en la mitad de la película”. Por lo que estamos viendo, el público no está apostando a un final feliz.
Eurípides quiso que Atenea hiciese entrar a las Euménides a la ciudad para radicar la benevolencia en el seno mismo de la sociedad en conflicto. Con idéntico objetivo, los místicos ponen su fe en la intrínseca (y necesaria) coherencia del mundo. El cabalista Isaac Luria habló de ciertas chispas de luz (nitsutsot) atrapadas dentro de nódulos malignos (klippot) que son liberadas mediante nuestros actos benéficos (mitsvot), iluminando así un universo que se ha vuelto diabólicamente oscuro. El credo musulmán dice lo mismo. “Un acto benévolo (sadaqah) extingue el pecado como el agua extingue el fuego”, reza un dicho del Profeta. Permitir la entrada de la benevolencia (la buena voluntad) en una sociedad en conflicto es posible solo a través del diálogo. Y eso es lo que los artífices de esta guerra no quieren: no quieren que Caín se siente a conversar con Abel.Atenea no es solo una diosa capaz de transformar a las Furias en seres benévolos. Varias veces en su ajetreada carrera, Atenea misma actúa como una Furia salvaje, sin bondad ni compasión, para alentar la guerra. En Ayax, una obra temprana de Sófocles, la diosa le anuncia a su protegido Ulises que Áyax, su enemigo, ha caído víctima de innumerables desgracias. Entonces Ulises da una respuesta que de pronto convierte al rey griego en un ser mucho más noble que la diosa guerrera: “El desdichado bien fue mi enemigo,” dice Ulises, “y, sin embargo, me compadezco de él cuando lo veo agobiado por las desgracias. Viéndolo, es en mí mismo más que en él que pienso, pues me doy cuenta que somos, todos los que vivimos sobre esta tierra, nada más que míseros fantasmas y sombras ingrávidas”. Atenea no sabe sentir la empatía que siente Ulises. Cómo los gobernantes de hoy, la diosa solo piensa en términos de victoria o derrota, y nunca en crear un diálogo entre supuestos enemigos. En su mundo, en el mundo de la codicia política, lo que cuenta es la victoria, por más imposible o ilusoria que parezca. Alberto Manguel es escritor.
Cerebros de gallina. [Archivo del blog, 31/10/2017]
Del poema de cada día: Hoy, La venganza de don Mendo (fragmento), de Pedro Muñoz Seca (1879-1936)
LA VENGANZA DE DON MENDO (Fragmento)
– Primero me arranco la vida.
¿Voy a verla! Sí. ¿Qué incoa
mi espíritu? Lo que incoe
ya mi cerebro corroe.
¿Mas qué importa que corroa?
¡Aspid que en mi pecho roe,
prosigue tu insana roa
que aunque soy digno de loa
no he de ser yo quien se loe!
¡Fuerzas, cielos, porque al vella
querré matalla y mordella
y eso sería delatalla!
¡Juro a Dios que he de miralla
y escuchalla sin vendella!
Mas si juré no perdella
también vengarme juré
en la infausta noche aquella.
Y he de vengarme; sí, a fe.
¿Mas qué haré, qué intentaré?
¿Cómo vengarme podré
si lo que juré, sé que
lacra mi boca y la sella?
¡Cómo, ¡ay Dios!, compaginallo
si este desengaño, ¡ah!,
no puede dejarme ya
ni tiempo para pensallo?...
(Saca el puñal, lo besa y lo contempla con arrobo.)
¡Puñal de puño de aluño!...
¡Puñal de bruñido acero,
orgullo del puñalero
que te forjó y te dio bruño!...
Puñal que en mi mano empuño,
en cuyos finos estríes
hay escritas con rubíes
dos frases a cual más bella:
«Si hay que luchar, no te enfríes.
Si hay que matar... descabella.»
Tú con tu lengua me llamas
y deshaces mi congoja,
pues teniendo yo tu hoja
no he de andarme por las ramas.
Penetra, puñal, en mí,
llega pronto al corazón
y a quien te pregunte, di
que a pesar de su traición
adorándola morí.
(Ocultando el puñal al ver que se abre la puerta.)
¡Mas ya llegan: maldición!
¡Qué lindo tiempo perdí!
Pedro Muñoz Seca (1879-1936).
Escritor español
miércoles, 9 de octubre de 2024
De las entradas del blog de hoy miércoles, 9 de octubre
De la carta de un israelí a su madre muerta
Querida madre: Han pasado cinco años desde que falleciste y hasta ahora no te había escrito, dice en El País [Carta a mi madre sobre el último año de Israel, 04/10/2024] el escritor y cineasta israelí Etgar Keret. Siento haber tardado tanto, pero estaba esperando alguna buena noticia que contarte y nunca la ha habido. Podría haberte escrito sobre la pandemia de covid-19, o sobre el Gobierno mesiánico y derechista de Benjamín Netanyahu, a quien nunca pudiste soportar. Podría haber escrito sobre la horrible masacre que tuvo lugar aquí el 7 de octubre, sobre los cientos de rehenes que languidecen en Gaza y cómo da la impresión de que el mismo Netanyahu está haciendo todo lo posible para sabotear un acuerdo, empeñado en prolongar esta horrible guerra para siempre. También podría haberte hablado de Alex, el historiador barbudo de aquel documental polaco en el que participé, de quien dijiste que era un mensch, un buen hombre: lo secuestraron en su casa, donde grabamos las entrevistas aquel día, y murió en Gaza después de que Netanyahu, en el acuerdo sobre los rehenes, se negara a que liberasen a los ancianos antes que a las mujeres. O podría haberte escrito sobre las personas mayores con las que quizá nos habríamos cruzado en la sala de espera del médico si todavía vivieras: la policía fascista de Itamar Ben-Gvir las detuvo de forma violenta y las esposó, como si fueran delincuentes peligrosos, solo porque tuvieron la audacia de recordarnos que una de las mitzvot judías [los preceptos] más importantes es la redención de los cautivos. ¿Pero de qué habría servido?
Estás ya en otro mundo diferente y mejor. Así que seguí esperando buenas noticias y me prometí a mí mismo que te escribiría cuando los rehenes volvieran a casa o, por lo menos, cuando cayera este horrible Gobierno y Bibi asumiera la responsabilidad de la catástrofe, en lugar de echar la culpa de que Hamás esté más fuerte a los generales del ejército, los jueces del Tribunal Supremo e incluso a tus propios hijos, que han salido a la calle cada semana para pedir equidad y democracia y protestar por el hambre que sufren los gazatíes y los pogromos que llevan a cabo los colonos en los pueblos palestinos de Cisjordania.
Este último año en Israel ha sido un poco como si estuviéramos viendo una pantalla de televisión dividida en dos: por un lado, los acontecimientos se suceden a cámara rápida, como en una película de Chaplin, de dimensiones épicas, con las imágenes de una masacre inimaginable en los kibutz del sur de Israel, que conduce a una tormenta de muerte y devastación sobre Gaza. Mientras tanto, en la otra parte de la pantalla, hay una imagen congelada.
Desde hace nada menos que un año, el primer ministro de Israel no ha sido capaz de explicar a su país ni al mundo cómo se imagina Gaza cuando termine esta guerra interminable, ni le ha parecido necesario reconocer su responsabilidad por los fallos de seguridad que desembocaron en el asesinato de cientos de ciudadanos. Tampoco puede explicar por qué, un año después de haber cesado a su ministro de Defensa, este sigue en su puesto. Un año entero durante el que el jefe del Gobierno se niega a conceder entrevistas a los medios de comunicación locales, a formar una comisión de investigación para averiguar cómo fue posible la debacle o a fijar una fecha para las elecciones, para que la gente ―que según las encuestas se ha cansado hace ya tiempo de él― pueda expresarse.
Este ha sido un año tan largo como la eternidad y tan árido como un desierto; y ahora nos encontramos de pie junto a un montón de cadáveres, sin que hayamos avanzado un ápice en conocimiento ni esperanza. Los medios de comunicación nos van informando sobre los planes para conmemorar el aniversario del 7 de octubre. La ceremonia, nos dicen, se filmará sin que haya público, por miedo a que estallen protestas. La grabarán previamente, al margen del tiempo y de la gente, igual que el disparatado Gobierno que la ha concebido. Una ceremonia conmemorativa mientras todavía hay rehenes en Gaza que esperan a ser liberados resulta tan incomprensible como un acto en memoria de las víctimas del Holocausto que se hubiera celebrado en plena Segunda Guerra Mundial, mientras aún salía humo de los crematorios.
Hay casas ardiendo en el norte de Israel, mamá, y en Líbano, las explosiones de buscas y walkie-talkies fueron la antesala de un amplio ataque que eliminó a gran parte de la cúpula de Hezbolá, incluido Hasan Nasralá. Ah, e Irán lanzó otro ataque con misiles sobre Israel, pero sonaba más grave de lo que finalmente fue. Lo cual me recuerda que hoy, por fin, he conseguido encontrar en internet una buena noticia que, aunque no tiene nada que ver con este país al que tanto quieres, creo que te alegrará: un nuevo estudio encargado por la OMS demuestra que, al parecer, no hay correlación ninguna entre el uso frecuente del teléfono móvil y el cáncer. ¿Recuerdas que siempre me decías, con una sonrisa algo nerviosa, que una cosa era que parase de hablar, pero que todas esas largas llamadas de móvil iban a acabar por freírme el cerebro? Pues ya puedes dejar de preocuparte: no hay peligro. El parlanchín de tu hijo puede seguir hablando sin cesar por teléfono, sin que se le caiga ni un solo pelo.
Las muertes se multiplican a ambos lados de la frontera de Gaza: niños y ancianos israelíes inocentes, jóvenes soldados y miles y miles de mujeres y bebés gazatíes. Pero ninguno de ellos ha muerto por usar demasiado el móvil. Los móviles, probablemente, seguirán estando siempre, pero este Gobierno tiene fecha de caducidad. Recemos juntos para que expire antes de que lo haga el país y antes de que llegue la destrucción del Tercer Templo con la que fantasean Ben-Gvir y sus compinches en su camino hacia la redención.
Hablando de redención, espero que estés bien allí arriba y que papá y tú tengáis un poco de paz y tranquilidad. Muchos israelíes dicen que se alegran de que sus padres ya no estén vivos y se libren de ver en qué se ha convertido el país por el que tanto se sacrificaron, pero a mí me da pena todo el tiempo no tenerte a mi lado. Sé que, si estuvierais vivos, papá y tú habríais puesto orden o, por lo menos, habríais conseguido, como hacíais siempre, mirar dentro de la oscuridad y la pesadumbre para encontrar un camino de luz lleno de esperanza. Un beso, Etgar. / Etgar Keret es escritor y director de cine israelí.






































