miércoles, 3 de junio de 2026

DEL ARCHIVO DEL BLOG. CON EL SOBERANISMO Y LA CORRUPCIÓN YA NO SIRVE SEGUIR MIRANDO A OTRA PARTE, POR JOSEP RAMONEDA. PUBLICADO EL 3 DE JUNIO DE 2017

 






“Si veo pasar un mamut salgo corriendo, si me dicen que pasará dentro de 15 años no me muevo”. Así explica el ecólogo Dominique Bourg la dificultad de los humanos para responder a los problemas a largo plazo.

En un artículo publicado en la revista Esprit en 2011, Emmanuel Macron relacionaba la política con esta doble temporalidad: el tiempo largo que condena a la procrastinación y el tiempo corto que conduce a la urgencia imperfecta e insuficiente. Y planteaba, como vía para armonizar las dos temporalidades, la recuperación de la ideología: “El discurso político no puede ser solo un discurso técnico que encadena medidas. Es una visión de la sociedad y de su transformación. Solo el debate ideológico puede reponer la cuestión de las finalidades”.

Asistimos estos días al agotamiento del modo de gobernar del presidente Mariano Rajoy. Para salvar la estabilidad, ha pagado el apoyo a los Presupuestos a precio de oro. Cinco años después del estallido soberanista de 2012, la cuestión catalana alcanza su máxima tensión, demostrando el fracaso del inmovilismo del presidente, convencido de que el independentismo declinaría solo. Y ahora declara el fin de la vía negociadora que nunca se abrió para entrar en la fase incierta y peligrosa del enfrentamiento institucional.

Rajoy no cree en los proyectos políticos, solo cree en el poder. La victoria de Pedro Sánchez en el PSOE, además de tener en la investidura de Rajoy a su catalizador, tiene algo de rechazo de una época de la que el presidente ha sido protagonista permanente. Todo ello con la corrupción crónica y la desidia en su tratamiento como telón de fondo de este Gobierno.

¿Qué define el modo de gobernar de Rajoy? El miedo a la política (en el sentido ideológico), el pésimo control de los tiempos y la indistinción entre política y legalidad. La filosofía espontánea de los juristas, y Rajoy lo es, tiende a confundir la realidad con la ley. Y ahí ha encallado el presidente en el caso catalán. La ley define un marco de convivencia, obliga a todos, puede roturar la realidad pero no sustituirla. Y la política está, entre otras cosas, para resolver los desajustes entre la realidad y la ley. En cambio, Rajoy la utiliza para desentenderse de sus deberes políticos. Para Rajoy, todo lo que no es inminente no es urgente. Si el mamut no aparece no hay porque inmutarse, aunque puede llegar la semana próxima.

En fin, Rajoy no cree en los proyectos políticos, en el debate sobre las finalidades al que apela Macron, solo cree en el poder. Su horizonte es el corto plazo y lo llama sentido común. Hasta que los problemas se hacen crónicos y, como con el soberanismo y con la corrupción, ya no sirve seguir mirando a otra parte. Y cuando llega este momento los ciudadanos verifican que la desidia la pagamos todos. Josep Ramoneda es filósofo. El País, 1 de junio de 2017.


























DEL POEMA DE CADA DÍA. QUIEN QUIERA CAZAR, POR THOMAS WYATT. 3 DE JUNIO DE 2026

 






QUIEN QUIERA CAZAR



Quien quiera cazar, sé dónde hay una cierva,          

Pero yo, ¡ay! ya no puedo alcanzarla.                      

El esfuerzo que hice en vano me cansa,                   

Rendido, me quedo atrás en la hierba.                     


Si mi mente extenuada se exacerba,                        

Apartar de esa presa no le basta.

Exhausto, la sigo mientras escapa                            

como el viento en una red se conserva.                    


Quien quiera cazarla, tenga certeza:                        

como hice yo, perderá el tiempo en nada.                

Y grabado en su cuello, con letras claras,


escrito en diamantes, con gran belleza:                  

«Noli me tangere, que del César soy,                                  

y soy salvaje, aunque parezca mansa».



THOMAS WYATT (1503-1542)

poeta inglés




***




WHOSO LIST TO HUNT



Whoso list to hunt, I know where is an hind,

But as for me, hélas, I may no more.

The vain travail hath wearied me so sore,

I am of them that farthest cometh behind.


Yet may I by no means my wearied mind

Draw from the deer, but as she fleeth afore

Fainting I follow. I leave off therefore,

Sithens in a net I seek to hold the wind.


Who list her hunt, I put him out of doubt,

As well as I may spend his time in vain.

And graven with diamonds in letters plain


There is written, her fair neck round about:

Noli me tangere, for Caesar’s I am,

And wild for to hold, though I seem tame.



THOMAS WYATT (1503-1542)




***




Sir Thomas Wyatt nació en Kent en 1503, en el seno de una familia noble. Se educó en el St. John’s College, en Cambridge, y fue cortesano de Enrique VIII. Gracias a su carrera como diplomático en Italia, España y Francia, pudo introducir el soneto al ámbito anglosajón mediante la traducción y adaptación de la obra de Petrarca. En 1536 fue encarcelado en la Torre de Londres por su presunta relación con Ana Bolena, si bien más adelante recuperó el favor del rey. Murió en Dorset en 1542.





















DEL ASUNTO DEL DÍA. NECESIDAD CRECIENTE, VIRTUD MENGUANTE, POR MANUEL CRUZ. 3 DE JUNIO DE 2026

 







Tal vez una de las secuelas más graves que esté dejando tanto el escándalo alrededor de la figura de Zapatero como el denominado caso Leire sea la evidencia de que no existe en la izquierda un planteamiento político alternativo o de recambio al que venía siguiendo hasta ahora para enfrentarse a la derecha, y que bien podría quedar ejemplificado en una anécdota (solo a medias) imaginaria. En efecto, todos hemos participado en (o asistido a) conversaciones entre amigos de izquierdas en las que alguno expresaba reticencias hacia la gestión del gobierno central y, en consecuencia, dudas en relación con el sentido de su voto en el momento en el que tocara acudir a las urnas en las próximas elecciones generales. Este tipo de conversaciones acababa siempre, indefectiblemente, con una pregunta que alguno de los defensores del Ejecutivo espetaba al que se había atrevido a expresar sus reticencias. La pregunta sin duda tenía una fuerte carga retórica: “¿O sea que tú prefieres que gobierne Vox?”. Y por si el interpelado no se había dado cuenta de la gravedad de su disidencia, el interpelante solía añadir —y así, de paso, acreditaba una lealtad casi mineral a los postulados de izquierda— la siguiente apostilla: “Pues a mí me da mucho miedo lo que podría hacer esta gente en el caso de que llegara al gobierno”.

Pues bien, quizá ahora, cuando hasta quién tenía el copyright de la “alerta antifascista” (Pablo Iglesias) ha pasado a compararla con el “que viene el lobo” de la fábula, sea un buen momento para intentar valorar los motivos por los que la izquierda parece haberse quedado con una escasa capacidad de reacción ante la tormenta política provocada por la imputación del expresidente del Gobierno o por la noticia de que la Kitchen podía haber tenido su réplica (a escala) en Ferraz. Porque sería un error visualizar un eventual mal resultado electoral en unas próximas elecciones generales utilizando la metáfora de los meteoritos inesperados que arrasan con toda forma de vida sobre la superficie del planeta. Cuando la metáfora que probablemente mejor dibuje cómo hemos podido llegar hasta aquí sea la de los últimos clavos en el ataúd.

A efectos clarificadores fijemos la atención en la peculiar mezcla de éxito y fracaso con la que parecía estarse saldando la estrategia del miedo a Vox en la que tanto confiaba el PSOE para poder sacar de la abstención a buena parte de sus votantes desencantados. El saldo podría quedar resumido así: se habría conseguido movilizar a un sector de estos, como indicaban con claridad los índices de participación en las recientes elecciones autonómicas, pero sus votos no fueron a parar a dónde se pretendía. Sin embargo, quienes no estaban consiguiendo recuperar a dichos votantes, antaño fieles, nunca parecieron estar por la labor de preguntarse por los motivos de tan persistente renuencia.

Pero si el objetivo declarado del oficialismo era el de intentar recuperar el voto de la mayor parte de tales exiliados, el de atraerles de nuevo para que respaldaran a la que siempre habían considerado su opción política, ¿no habría sido lo adecuado que se intentara corregir todas aquellas cosas que provocaron su alejamiento? No da la impresión, ciertamente, de que se haya querido ir en esa dirección, al menos si atendemos a las ideas-fuerza que se transmitían desde el poder, y que más parecían apuntar a perseverar en la misma línea que hasta el presente, que a introducir ningún tipo de rectificación del rumbo. Porque eso es lo que sugerían expresiones tan reiteradas como “profundicemos en…”, “avancemos en...” y similares, que sin duda eran recibidas por muchos destinatarios como equivalentes a “continuemos con...”. De resultar correcta esta descripción, la pregunta, tan pertinente como ineludible, que se desprende es: a la vista de que las conquistas anteriores no parecían estar consiguiendo recuperar para la antigua causa a un sector importante de votantes, ¿resultaba razonable entonces pensar que el mensaje de perseverar en lo mismo serviría para que los exiliados regresen a la casa del padre?

A tales exvotantes, en cambio, nunca les han faltado motivos para una perplejidad atravesada de escepticismo ante los que habían sido siempre los suyos. Así, por poner lo que es únicamente un ejemplo, pero sin duda ilustrativo, con frecuencia escuchan a los líderes socialistas enfatizar la importancia de la “Europa federal” (y bien está que así lo hagan) pero constatan su completo silencio sobre si albergan el propósito de intentar culminar el proyecto federal para España que ya se encuentra en germen en el Estado de las Autonomías. Incluso llegan a sospechar si ese espeso silencio no esconderá el propósito de aproximarse a otros modelos territoriales (de signo más bien confederal) que en el presente momento no les conviene, por razones electorales, explicitar.

Y así, en lugar de mostrar las cartas que estarían dispuestos a jugar, los mencionados líderes se han dedicado a repetir un mantra vacío, el de “la España plural y diversa”, cuyo único contenido identificable es el rechazo al neocentralismo de Vox, pero que no avanza ni un paso en proponer las formas de articulación de toda esa diversidad en una unidad mayor (en definitiva, eso que llamamos España). En idéntica, por vaporosa, línea se sitúan presuntas propuestas que, en realidad, no pasan de ser meras consignas y, por añadidura, de un tipo que, a buen seguro, Juan Marsé habría denominado consignas-sonajero, como “Impidamos que el pasado avance” y similares. Mero ruido biensonante, susceptible de ser interpretado de la manera que a cada cual se le antoje según cual sea el momento.

Acaso sea esta la más rotunda lección que quepa extraer del resultado de las diversas elecciones autonómicas celebradas en los últimos meses (los penúltimos clavos antes de los definitivos, por recuperar la metáfora anterior). El antiguo votante socialista que ha emigrado a otras opciones ha sido, desde luego, sensible a la campaña del miedo a Vox, pero ello no le ha impedido formular una severa enmienda a toda una manera de hacer política. En concreto, a esa que gusta de acogerse al viejo principio general según el cual “hay que hacer de la necesidad, virtud” para ocultar que, en realidad, la consigna que está siguiendo es la de que todo vale para alcanzar o mantenerse en el poder (incluyendo en este último capítulo inverosímiles teorías conspiratorias).

Se comprende que a nuestro imaginario abstencionista no le parezca que esta sea la forma de hacer política que hoy necesitamos, sobre todo a la vista de la situación en que hemos desembocado por practicarla. Es más, en los últimos tiempos, y a la vista de la que está cayendo, le da por barruntar si no será más bien que no han sido pocos los que han interpretado completamente al revés el conocido orden de prioridades que en su momento fijara Ramón Rubial (seguro que lo recuerdan: “primero España, luego el partido y al final el individuo”).

Quizá el abstencionista acierte con su recelo y uno de los mayores problemas que tiene en el presente momento la izquierda mayoritaria sea que en su seno parece haber demasiada gente incapaz de plantearse, ni tan siquiera en abstracto, la posibilidad de que lo que pueda ser bueno para su partido o para la dirigencia del mismo (por ejemplo, retrasar al máximo la convocatoria de elecciones generales a la vista de la magnitud de la actual tormenta política) no lo sea para la sociedad española en su conjunto. Quien padezca semejante incapacidad para jerarquizar lo que más importa tiene, sin duda, un severo problema, también de coherencia. Tal vez todo se pueda resumir diciendo que solo se desnortan aquellos que nunca tuvieron norte. Manuel Cruz es catedrático de Filosofía y expresidente del Senado. Su último libro es Resabiados y resentidos. El eclipse de las ilusiones en el mundo actual (Galaxia Gutenberg). El País, 1 de junio de 2026.






















BONS DIES. SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI DIMECRES, 3 DEE JUNY DE 2026

 






Hola, bon dia de nou a tots i feliç dimecres, apropant-nos a l'equador de la primera setmana del mes de juny. Si tot surt bé, segons el previst avui toca sortida de casa i passeig matutí per Triana, el carrer més bonic de la ciutat de Las Palmas de Gran Canària, amb cafè i dolços a qualsevol de les seves múltiples terrassas. Recorden els titulars de premsa que esmentava ahir a la nit? Compareu-los amb aquests si us plau: "El CGPJ mostra la seva "preocupació" pels atacs a les actuacions judicials que afecten el PSOE i les associacions professionals lamenten la seva "falta de contundència"; "L'independentisme s'indigna i es mobilitza en contra que el Papa beneeixi en castellà la torre de la Sagrada Família"; El finançament pactat amb Junqueras: "No participarem"; Feijóo descarta anar a Waterloo a buscar el vot de Puigdemont: «Parlem de coses serioses». Crec que va ser Thomas Jefferson qui va dir: “Prefereixo un mal govern amb llibertat de premsa que un de bo sense ella”. Jo també. Tamaragua, amics meus. Que passin un bon dia. Espero que les entrades del bloc d'avui siguin del vostre interès. Ens veiem demà de nou si la deessa Fortuna la permet. HArendt













ENTRADA NÚM. 10682

martes, 2 de junio de 2026

GAU ON, ATSEDEN ON ETA AMETS GOZOAK. ASTEARTEA, 2026KO EKAINAK 2

 






Kaixo, gau on, atseden on eta amets gozo guztioi astearte gau honetan, ekainaren 2an, eta asteazken gauean, ekainaren 3an. Dena gutxi gorabehera berdin dago, jainkoei eskerrak mundua bere ardatzaren inguruan biratzen jarraitzen duelako, eta Lurra eguzkiaren inguruan. Benetan kontsolamendua da. Gizakiek eragindako hondamendi guztien gainetik, bizitza aurrera doa, kikildu gabe: Trumpek Netanyahu Libanon egindako erasoengatik errieta egiten dio, erotzat joz; Juntsek Feijóori erantzuten dio azalpen larririk badu, Waterloora etorri behar duela horretarako; eta Sánchezek PSOEri justizia sistemak emandako tratua zalantzan jartzen du bere batzorde exekutiboaren aurrean. Beno, hori da, dena berdin dago... Bihar, goizeko 6:00etatik aurrera (Kanariar Uharteetako ordua), 2026ko ekainaren 2ko, astearteko, argitalpen berriak aurkituko dituzu blogean. Tamaragua, lagunok. Zorte ona eta patu onbera zurekin izan daitezela. Bihar arte. Maite zaitut. Musuak. HArendt





















DE LA TARDE QUE CAE. DERECHO A LA ESPERANZA, POR JORDI AMAT. 2 DE JUNIO DE 2026

 






En el Ateneu de Sant Roc, a 20 minutos en metro del centro de Barcelona, el derecho a la esperanza es una pared en el almacén de este barrio siempre pobre: en cuatro estantes están alineados decenas de pares de patines en línea —blancos, azules, rosas— para que los utilicen los chavales que se apuntan a las actividades del ocio, en las que se conocen y se mezclan. En la pared de enfrente, las cajas etiquetadas para encontrar rápido otros juegos: los diábolos y los platos chinos, los pañuelos o los bolos. Las modestas instalaciones de la entidad están enganchadas a una parroquia que se levantó hace medio siglo. Los primeros vecinos habían ido llegando aquí expulsados de otros lugares. De las barracas en la arena de la playa. Después de unas riadas trágicas. Cuando se construyó la autopista. Un cura progre habilitó un salón de actos que acabó siendo el punto de reunión donde se articuló la protesta vecinal. Fue el embrión de esta Fundació Ateneu. Con el paso del tiempo, con financiación privada y una parte pública menor, un grupo de laicos listos y concienciados consolidaron el proyecto, recosiendo la ciudad que se ve y la ciudad invisible. Hasta hoy.

“Hoy son los que responden mejor a las exigencias del Evangelio”. La frase pertenece a un documento interno redactado por quien era prior general de la orden de los agustinos: Robert Prevost. Hace algunos años, el actual Papa visitó esta parroquia de la periferia de Badalona y se interesó por el ateneo. Ya es nuestro presente. En el barrio sigue viviendo una importante comunidad gitana —los que plantan las sillas en la plaza este miércoles de calor insoportable—, pero la piel de los vecinos ha evolucionado durante los últimos lustros. Muchos paquistaníes, también chinos y latinos, quienes más participan de la actividad de esa parroquia de un cemento que se confunde con el de los edificios de viviendas de la incuria desarrollista.

De ellos, y de nosotros, habla la encíclica que León XIV dio a conocer el pasado lunes al reflexionar sobre el derecho a la esperanza. “Un examen decisivo para la justicia social hoy está representado por la condición de los migrantes, de los refugiados y de cuantos son obligados a desplazarse a causa de la pobreza, la violencia, el cambio climático y los desastres naturales. El modo en el cual una sociedad los trata muestra si su idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad”.

Sant Roc ha sido un símbolo de inseguridad y precariedad, pero no está aislado porque la zona tiene una gran complejidad tanto social como urbanística. “El eje del río Besós”, me cuenta mi guía Oriol Lladó, “concentra la mayoría de los barrios con los indicadores de vulnerabilidad más extremos del área metropolitana”. La buena política es la que no se olvida de este lugar, como tantos otros, y cuando aquí la política no llega, dejando que crezca el miedo como una mala hierba, y la flor del odio, hay ciudadanos que encarnan en su cotidianidad, sin grandes palabras, la dimensión ética de la democracia y preservan los fundamentos de la sociedad con actos de fraternidad. Un ejemplo. En Sant Roc, la tasa de abandono escolar es altísima, pero en el Ateneu hay 70 chavales a los que acompañan cada semana en sus estudios de ESO o de Bachillerato. Doce son chicas que cursan estudios de grado medio o superior. Este año, un chico y una chica que pasaron por estas aulas han empezado a estudiar en la universidad pública. Otro ejemplo. Cada día sirven 146 almuerzos o meriendas. Como escribió Edgar Morin, “no se puede hacer nada sin esperanza, acantonándose en la melancolía, el rencor o la resignación”. Jordi Amat es filólogo y crítico literario. El País, 31 de mayo de 2026.





























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. UNA CAJA FUERTE ESPECIAL, POR MANUEL VICENT. 2 DE JUNIO DE 2026

 






Cuando unos ladrones entran en una casa, en general buscan joyas y dinero en metálico y por su larga experiencia primero se dirigen a las cajas de zapatos, luego a las perolas de la cocina, a los libros de las estanterías, a los radiadores, a los colchones, a la caja fuerte descubierta detrás de un cuadro. Al parecer, existe un orden instintivo a la hora de esconder el dinero, los ladrones lo saben y por supuesto también lo sabe la policía que tiene a su disposición perros amaestrados capaces de señalar un fajo de billetes en cualquier doble fondo, entre las vigas de techo, bajo un ladrillo del salón o enterrado en una fosa del jardín. A la hora de buscar un lugar oficialmente seguro tampoco sirve alquilar la caja de un banco que sería el primero en delatarte si tuvieras un problema con Hacienda. La paranoia de quien guarda en casa gran cantidad de dinero negro debe de ser muy angustiosa. A un escritor especialista en historias de detectives le preguntaron, llegado el caso hipotético en que se viera obligado a esconder un alijo de dinero, qué lugar escogería. Era un escritor de éxito, muy elogiado por la crítica, había sido reconocido por su talento con alguna medalla de oro nacional. Ante una audiencia que le seguía con mucha atención explicó que su plan podría tomarse con humor a la manera de un relato de Agatha Christie. Primero trataría de mantener la fama de persona honesta fuera de toda duda, lo más alejada posible de cualquier hedor a dinero sucio. Para disimular escribiría versos muy líricos. Dada su reputación no tardarían a invitarle a que guardara para la posteridad algunos de sus escritos. Sin duda podría hacerlo en una caja fuerte del Instituto Cervantes donde los autores depositan textos que desean que se lean en el futuro. Aprovecharía esta invitación para guardar en esa caja un millón de euros envuelto en un pliego de sonetos donde permanecería bajo una llave a su disposición. Ni a Hercules Poirot se le ocurriría meter allí la nariz. Manuel Vicent es escritor. El País, 31 de mayo de 2026.

















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES, 2 DE JUNIO DE 2026

 






















DEL ARCHIVO DEL BLOG. IRAZOKI Y LAS GOTAS CONTRADAS. PUBLICADO EL 10 DE JULIO DE 2020

 






Las aberraciones de la historia [Irazoki y las gotas contadas, Revista de Libros, 2/6/2020] comenta el escritor y crítico literario Rafael Narbona- merman nuestra fe en el hombre, pero cada vez que surge la voz de un poeta fieramente humano se restablece nuestra confianza, revelándonos que la ternura y la inteligencia hacen retroceder a las pasiones más indignas. Francisco Javier Irazoki (Lesaka, 1954) es un hombre bueno y eso se transparenta en su poesía, luminosa, humilde y esperanzadora. La excelencia moral no es siempre garantía de excelencia artística, pero cuando ambas virtudes convergen el resultado es altamente inspirador. El contador de gotas es la última entrega de una trilogía que comenzó con Los hombres intermitentes y continuó con Orquesta de desaparecidos. Se trata de un tríptico autobiográfico, donde una suave melancolía convive con un acendrado optimismo vital. Irazoki nunca ha caído en la trampa del pesimismo. Conoce el dolor, pues ha sufrido accidentes y pérdidas, pero nada le ha hecho repudiar la vida. Su concepto de la existencia excluye lo sobrenatural. No hay ninguna referencia a Dios. Nunca deplora la finitud. Como diría su entrañable amigo Fernando Aramburu, «un paseo por la vida es suficiente». Irazoki es un poeta intimista y con grandes dotes de introspección, pero nunca le ha dado la espalda a  la realidad. Su voz se ha alzado contra el terrorismo de ETA, cuidando la memoria de las víctimas. Su coraje cívico nunca se ha oscurecido con sentimientos de rencor o revancha. Simplemente, se ha distanciado de los corazones endurecidos que han bañado de sangre su tierra natal, escarneciendo su tradicional espíritu de paz y acogida.

El contador de gotas comienza con una cita de Ramón Eder: «Sin compasión no hay cordura». Irazoki manifiesta desde la primera línea su perspectiva humanista. No hay equilibrio ni armonía sin piedad y solidaridad. Nuestros semejantes no son un escenario de fondo, sino una llamada permanente a la fraternidad. Irazoki inicia su viaje al pasado con las letras del alfabeto: «las letras del abecedario dormitan contra una tapia de mi cerebro». Las palabras son la llave de los recuerdos, la clave que hace inteligible lo que vivimos, la puerta que franquea el paso a la memoria. Irazoki se remonta hasta el principio: «Nací en una familia de campesinos y pastores feos que enamoraron a mujeres de gran belleza». La feliz conjunción de «belleza y desarmonía extremas» alumbró invariablemente el mismo fruto: «una mansedumbre que plantaba árboles». Fundidos con la tierra, los antepasados de Irazoki crecieron como árboles cargados de frutos: «El atuendo de mis ancestros incluía esquejes de roble, castaño o haya». El abuelo abandonó el pastoreo trashumante. Sus dos hijos mayores emigraron a América y, a su regreso, trajeron semillas de tabaco, sin reparar en que las lluvias y las granizadas no favorecían su cultivo. El abuelo no se arredró y logró que las semillas fructificaran con tamaños desiguales, evidenciando la diversidad de la vida. «Cada hebra de tabaco era una bomba de surrealismo». Cada bocanada, provocaba fenómenos insólitos: las pupilas crecían, la estatura disminuía. El abuelo se transformó en «un tallo transparente». Gracias al tabaco, Irazoki y su hermana crecieron como «borrachos sobrios», evitando los abismos que devoraron a otros jóvenes de su generación. Sus neuronas solo necesitaban la imaginación para bailar y vagar por el mundo.

Tras demorarnos en el pórtico de El contador de gotas, ya sabemos lo que nos espera: un árbol frondoso donde lo fantástico y lo cotidiano se funden, un poliedro de infinitas caras que atrapan imágenes del pasado y de un posible porvenir, un templo donde la naturaleza y el hombre se expanden interminablemente. Personalmente, me ha recordado los mejores momentos del realismo mágico, pero sin ningún preciosismo que lastre las palabras, cargándolas con un empalagoso almíbar. Zoki —me permito llamarle así, pues siempre he sentido su obra como algo muy cercano— es enemigo de la retórica, algo previsible en un tenaz adversario del fanatismo moral y político. Su niñez estuvo poblada por ilusionistas, otoños, soledades, espejos, intrusos, silencios, disfraces, oscuridades, aguadores, desiertos, zorros —ese «poeta maldito» que camina «atado a su soledad omnívora»—. Infancia de poeta, pero también de atleta que hacía subir el balón a una velocidad vertiginosa por un campo de fútbol. Una mala caída frustró su carrera deportiva, dejando una huella permanente en su cuerpo. La desgracia, lejos de llenarlo de amargura, hizo crecer su humanidad. Una humanidad que ya se había rebelado contra los prejuicios en nombre de los cuales se menospreciaba a los emigrantes o se desconfiaba de los gitanos.

Irazoki aprendió muy pronto a amar la diversidad. La promiscua alegría de las ciudades ahuyentó cualquier delirio de pureza racial. Frente al ensimismamiento de los esencialismos, apostó por la apertura a lo incierto y plural. Al igual que Albert Camus, se topó con las primeras certezas en un campo de fútbol. En el terreno de juego se aprende coraje, alegría y resignación. Despedirse de él por una mala caída es doloroso, pero es una buena experiencia para entender que la vida es una sucesión de adioses. La poesía reemplazó al fútbol: Blas de Otero, César Vallejo, Nazim Hikmet, Emily Dickinson. La belleza de las letras no apagó el fervor por las proezas deportivas. Sus ojos advirtieron que los ciclistas de la Vuelta a España eran «dioses manchados» que subían por «las cuestas» del deseo. Las peripecias de un pelotón son minuciosas analogías de la vida. En ellas, hay soledad, gregarismo, fatalidad.

El paso de los años desnudó el mundo real. El «hábito inmóvil» del racismo hacia los que no encajaban en el mito de la patria vasca declaraba intrusos a las  familias de Andalucía, Extremadura, Galicia, Asturias. Los partidarios del odio subían por una escalera hasta llegar a «una cima sin preguntas». Eran los cazadores de «palabras, pensamientos, ideas, incertidumbres». Con el corazón hundido en el resentimiento, hablaban con «frases encarceladas», esgrimiendo «las rejas de sus teorías». Irazoki abrazó a uno de esos corazones, pero descubrió que solo era «una piedra llena de odio». Buscó entonces otros interlocutores: Verlaine, Julio Ramón Ribeyro, Lautréamont, París. Irazoki completó su aprendizaje en las ciudades. La irrupción del amor le arraigó aún más a la vida. No en vano El contador de gotas está dedicado a Bárbara Loyer, su compañera. Compuesto en París entre 2016 y 2019, recoge un tiempo de gozo y de heridas, de recuerdos y proyectos. El pasado, lejos de ser un fardo, labra el porvenir. Irazoki sabe que el poeta es todos los hombres. Sus palabras le permiten infiltrarse en las vidas ajenas. No es una apropiación, sino un encuentro. El poeta «cuenta las gotas de los días vividos». Observa su yo y su yo le devuelve la mirada. Es imposible escribir y no sentirse escindido, desdoblado, multiplicado. El yo es realmente otro.

Irazoki rinde tributo a la música. Los músicos callejeros no son solitarios que esperan unas monedas, sino los artífices de la felicidad. La angustia se aplaca con sus notas. Sus interpretaciones son medicamentos que curan. El alma se alimenta de la belleza. Al heredar de sus familiares, Irazoki se desprendió de todo lo material para refugiarse en Los cantos de Maldoror. Se demolió por dentro para reconstruirse, masticando una pequeña bola de luz. El fruto fue una aguda conciencia ética. Irazoki no es un poeta didáctico, pero sí es un poeta comprometido. Comprometido con la causa del hombre y siempre en guerra con el totalitarismo. Lector de Ósip Mandelstam y Anna Ajmátova, ha vivido en sus carnes la lepra de la intolerancia. El silencio es la casa del poeta, pero el poeta no puede quedarse mudo cuando los pistoleros intentan sepultar la libertad. Irazoki evoca su primer paseo con Maite Pagazaurtundúa por San Sebastián. En las calles se respiraba miedo, complicidad con los asesinos, turbia equidistancia. Era el mismo aire opresivo que se respiró en la Alemania nazi, la Italia fascista y la Unión Soviética. Detrás, siempre el mismo mito: la identidad colectiva, un tótem que se nutre del egoísmo primario.

Irazoki rescata dos cuadernos de su juventud que contienen una serie de aforismos. Son frases ingeniosas que expresan un decálogo moral: desconfiar del idealismo; utilizar el ingenio para combatir las supersticiones, especialmente las que disfrutan de un amplio crédito; alejarse de los placeres que esclavizan la mente y el cuerpo; espantar el dogmatismo con preguntas; no transigir con la amargura; no permitir que la ambición material nos robe la vida; no complacerse con las propias lágrimas; sitiar el rencor. «Que el perdón —concluye Irazoki— sea más fuerte que la herida». Es indudable que el mundo sería un lugar mucho más habitable, cumpliendo estos preceptos. El contador de gotas es una bella utopía. No me importaría vivir entre sus páginas, donde todo es muy humano. Con su barba de ermitaño, Zoki podría confundirse con un santo laico, pero sé que a él no le agradaría la comparación. Su mirada no está en lo alto, sino en este mundo. Su paraíso es una calle de París iluminada por las notas de una balada de jazz".