martes, 6 de enero de 2026

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY: LOS GÉNEROS DE LA VIOLENCIA. PUBLICADO EL 19/11/2017

 






En memoria de María José y

de las demás mujeres asesinadas

por energúmenos incapaces

de entender que prefiriesen a otro


Tenemos el deber de tomar medidas realmente radicales contra las agresiones machistas, afirma en El País José Lázaro, profesor de Humanidades Médicas en la Universidad Autónoma de Madrid y autor de La violencia de los fanáticos

Los decepcionantes resultados de la lucha contra la violencia de género indican que debemos intensificar y radicalizar el combate contra ella comienza diciendo. El problema es que el propio término apunta a formas de violencia impersonal o genérica, como la violencia machista, la genocida o la terrorista. Pero, ¿se puede considerar impersonal la violencia del bárbaro que asesina a la mujer con la que lleva veinte años viviendo?

A veces se quejan los homosexuales de que cuando uno de ellos es asesinado por su pareja no se le pueden aplicar al asesino las medidas legales vigentes contra la violencia de género, aunque sea violencia de pareja. Y precisar los términos es condición necesaria para profundizar en los conceptos y poder tomar medidas más específicas y efectivas contra los diversos tipos de violencia.

El sintagma “violencia de género” sugiere un agresor que no sabe nada de su víctima, salvo el grupo (o género) al que pertenece. La violencia realmente genérica es la del que mata “rojos”, “fachas”, “judíos”, “herejes”, “infieles”… Quien mata a María José sabe muy bien a quien mata, pues la mata por razones (en parte al menos) personales.

En los últimos años el término “género” ha tomado un sentido que es muy importante y útil; la RAE lo recoge ahora en su tercera acepción: “Grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico”. Pero el término tiene ocho acepciones, que conviven en la lengua cotidiana: desde las más amplias (“clase o tipo a que pertenecen personas o cosas”) hasta las más específicas (“tela o tejido”). De ahí la necesidad de precisar el sentido en que se usa.

Cuando un atracador mata a una agente de policía no lo hace por violencia machista, sino por pura violencia instrumental; no dispara contra una mujer sino contra el uniforme que se interpone entre su pistola y el botín. Es un asesinato impersonal.

Cuando un hombre armado con un cuchillo entró en una iglesia de Madrid y la recorrió mirando al vientre de las mujeres que asistían a misa, hasta que encontró a una embarazada, la acuchilló y siguió su camino en busca de otra, estaba realizando un acto de violencia genérica: lo que le estaba ordenando su delirio era que asesinase a personas del género “mujeres embarazadas”. Para entender las raíces de la violencia humana, la distinción entre la psicótica y la que no lo es resulta tan importante como la distinción entre la personal y la impersonal. Lo dejó muy claro el psiquiatra Enrique Baca en el libro Las víctimas de la violencia.

Hace unos meses una mujer de 28 años declaró a la policía de Almería que su pareja la había agredido. ¿El enésimo caso de violencia machista? La víctima añadió que como él se mostraba “cada vez más agresivo, había cogido un cuchillo de 21 centímetros de hoja para defenderse y que éste se abalanzó sobre el arma y se la clavó”. Él varón fue detenido por violencia de género y la mujer por un presunto delito de homicidio en grado de tentativa.

Es evidente que en la violencia de parejas heterosexuales la mujer casi siempre es la víctima y el hombre el agresor. Pero si queremos aclarar las razones por las que sigue habiendo tanta violencia contra las mujeres y por las que son tan insuficientes las medidas tomadas hasta ahora contra ella hay que partir de esa diferencia cuantitativa para hacer un análisis cualitativo de los aspectos comunes y los elementos diferenciales que se encuentran en los distintos tipos de violencia.

Tenemos una deuda sagrada con las mujeres que han muerto asesinadas por hombres que dormían con ellas. Y tenemos un deber sagrado con las que van a morir si no tomamos contra la violencia machista medidas auténticamente radicales. Pero para tomarlas antes tenemos que aclarar las múltiples y complejas raíces que se ocultan tras la violencia humana. Y para eso hay que empezar por hacer un análisis comparativo de conceptos como violencia de género, violencia doméstica, sexual, machista, instrumental, ideológica, patológica, política, terrorista, religiosa, sádica… Cada tipo de violencia es teóricamente distinto, pero en la vida real no suelen darse formas de violencia puras, sino una gran cantidad de casos heterogéneos y mixtos. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt





















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY: POEMAS EN LUZ, DE BEGOÑA M. RUEDA

 








POEMAS EN LUZ



Me ha sido dado un nuevo día. Doy gracias.

Se me ha permitido vivir otro más. Ya van

treinta años, diez mil novecientos cincuenta días

de los que nada más que uno

mereció la pena.


Un rayo de sol purga el sudor de mis sábanas. ¿Alcanzará la luz

a sanear las paredes de mi nicho?


Llevo el frío de la muerte en las manos. Es una seda. Prendo

el invierno a tu cabello y a la piel de las naranjas. Me calzo


e intento vivir.



BEGOÑA M. RUEDA (1992)

poetisa española

























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES 6 DE ENERO DE 2026.

 



























SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA. HOY MARTES, 6 DE ENERO, EN CASTELLANO

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz 6 de enero, el Día de los Reyes Magos, el día más feliz del año para todos los niños de España. Unos recibirán más que otros, seguro, pero el momento de felicidad al despertar, será igual para todos. Yo recuerdo con especial cariño un toro de cartón, con ruedas, que los Reyes Magos me trajeron hace 76 años. Tenía 4 recién cumplidos y era mi primer Día de Reyes en Madrid, donde viví hasta los 21. Pero vamos a lo que vamos. La primera de las entradas del blog de hoy está escrita por la filósofa Aurora Freijó y va del centenario del escritor ultranacionalista japonés Yukio Mishima, y nos recuerda que existe una identidad indisoluble entre obra y persona, y que la separación entre ambas debe competer únicamente al lector. La segunda es un archivo del blog de noviembre de 2017, escrito por el profesor José Lázaro, de la Universidad Autónoma de Madrid, en el que se hablaba de los decepcionantes resultados de la lucha contra la violencia de género, y es que, el propio término apunta a formas de violencia impersonal o genérica, pero ¿se puede considerar impersonal la violencia del bárbaro que asesina a la mujer con la que lleva veinte años viviendo? El poema del día, en la tercera, es de la poetisa española Begoña M. Rueda, y se titula Poemas en luz. Y la cuarta y última, son, como siempre las viñetas de humor del día. Feliz Día de Reyes, de nuevo, a todos ustedes. Sean felices, por favor. Al menos inténtenlo. Tamaragua, amigos míos. Les quiero. HArendt












lunes, 5 de enero de 2026

DE SER AMERICANO

 






Hoy Estados Unidos es un país fascista; no cabe llamarlo de otra manera, comenta en El País (02/01/2026) el escritor Eduardo Lago, pero hay estadounidenses que se resisten y crean refugios de belleza y cultura. Cuando hace 40 años, en diciembre de 1985, comienza diciendo, puse por primera vez un pie en Nueva York, no era consciente de que acababa de emprender un viaje sin retorno. Sin habérmelo propuesto, el centro de gravedad de mi vida se había desplazado para siempre al otro lado del Atlántico, que desde entonces he cruzado en unas trescientas ocasiones. Dos tercios de mi vida han transcurrido en Nueva York, ciudad que me ha marcado de manera indeleble: aquí hice un doctorado en literatura, gané una cátedra en un college de élite y nací públicamente como escritor, con una novela que ganó el Premio Nadal en 2006, Llámame Brooklyn. Aquel mismo año fui nombrado director del Instituto Cervantes de la ciudad, cargo que desempeñé hasta 2011. Desde que llegué, he observado atentamente la cultura estadounidense a través de un prisma doble: la situación del español y el estado de la cuestión de la literatura norteamericana. Década tras década he ido dando cuenta de ambas cosas desde las páginas de este periódico.

En cuanto a la literatura, he mantenido conversaciones a fondo con Joan Didion, Janet Malcolm, Toni Morrison, Anne Carson, Siri Hustvedt, Norman Mailer, Philip Roth, John Updike, Paul Auster, David Foster Wallace, Don DeLillo, Salman Rushdie y Richard Ford, entre otras figuras de relieve. De muchas tuve que escribir después su obituario. Si algo traslucen aquellas conversaciones es que las contradicciones que han sacudido siempre de manera violenta al país son mayúsculas. Desde que llegué han pasado por la Casa Blanca siete presidentes: Ronald Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama, Joe Biden y Donald Trump. El mero hecho de transcribir este último nombre tiene un efecto paralizante, dadas las atrocidades que perpetra su Administración de manera incesante. Por lo que se refiere al español, el ataque a nuestra lengua es frontal. El mero hecho de hablarlo te convierte en sospechoso y posible reo de deportación, aunque no es ese el final de la historia. El español llegó a lo que es hoy territorio norteamericano antes que el inglés y jamás nadie logrará erradicarlo, al revés, cada vez tendrá más fuerza. Conviene precisar que Trump es la cristalización de una tendencia que siempre ha estado presente en la historia estadounidense; baste recordar al Ku Klux Klan o la era de Joseph McCarthy.

Inmediatamente después de que el ocupante actual de la Casa Blanca tomara posesión del cargo por segunda vez, mucha gente de mi entorno que llevaba décadas residiendo legalmente en este país, la mayoría artistas, escritores, cineastas, muchos de ellos españoles, tomaron la decisión de adoptar la nacionalidad estadounidense. Un motivo de peso es la inseguridad, pero no es el único. Como cuestión de fondo está la precariedad de la democracia en un país que se constituyó sobre la inviolabilidad de los valores democráticos. Norman Mailer fue el primero que me hizo notar el peligro que corría la democracia como tal cuando lo entrevisté en plena guerra del Golfo, en 2003. Desde entonces la situación no ha hecho más que deteriorarse hasta llegar a donde nos encontramos hoy. En estos momentos Estados Unidos es un país fascista. No cabe caracterizar de otro modo lo que estamos viviendo. Conviene volver a precisar. No es que el fascismo se haya adueñado de Estados Unidos de manera monolítica. En muchos lugares, Nueva York uno de ellos, hay un profundo sentimiento de repulsa hacia lo que está sucediendo, lo cual ha dado lugar a movimientos de resistencia. Mis dos últimas colaboraciones para este periódico se ocupan del libro más reciente de Thomas Pynchon y de la historia de Nueva York en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, contada por Mike Wallace. El denominador común es la resistencia al fascismo. Eso es también lo que subyace a la decisión que tantos hemos tomado últimamente de, invocando un título elocuente (bien que inexacto) de Gertrude Stein: ser “americanos”.

Llegar a serlo no es un proceso exactamente fácil. En su fase final, superados todos los trámites, tuve que acudir a una entrevista en el siniestro edificio ubicado en 26 Federal Plaza, limítrofe con Broadway, en Manhattan Sur. Al acercarse, lo primero que llama la atención es un cartel con las siglas ominosas de ICE —el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas—. Al amanecer, a merced del viento y el frío, se forman colas interminables de gente que no sabe bien qué suerte acabará corriendo cuando las autoridades examinen su caso. Un artículo escalofriante publicado no hace mucho en este periódico daba cuenta de atrocidades perpetradas por los agentes de ICE contra inmigrantes a quienes esposaban después de derribarlos al suelo en pasillos o ascensores. No vi nada de eso, aunque sé que es cierto porque está ampliamente documentado. Mi experiencia en Federal Plaza fue totalmente distinta a lo que me esperaba. Lo que vi puso de relieve la enorme disfunción que estamos viviendo hoy en este país. En mi experiencia, los encargados de atender a los inmigrantes fueron gente extraordinariamente afable y deseosa de ayudar. Mientras aguardaba, pude observar la más diversa variedad humana que cabe imaginar, hombres y mujeres de todas las razas, lenguas y estatus sociales. Algo que me llamó poderosamente la atención fue la considerable proporción de hispanos que había entre el público, y el hecho de que quienes los atendían utilizaran el español para comunicarse con ellos. El tenor de las conversaciones subrayaba su voluntad de ayudar. El motivo que con mayor insistencia se repetía era lo precario de la situación en la que se encontraban quienes no eran ciudadanos y las dificultades que tendrán que afrontar los que aspiren a serlo en un futuro inmediato, cuando entren en vigor medidas aún más duras que las que han regido hasta ahora. La entrevista que me hicieron reforzó la impresión de solidaridad que transmitían los funcionarios. La última pregunta que, como parte del llamado examen cívico, me hizo el encargado de revisar mi caso fue: “¿Cómo se llama el presidente de los Estados Unidos?” Cuando escuchó mi respuesta, sonrió enigmáticamente. No lo dijo, pero era evidente que sentía una profunda antipatía por el individuo objeto de su pregunta.

Hace unos días tuvo lugar la solemne ceremonia en que se nos concedió la ciudadanía a un centenar y medio largo de personas. No fue en Federal Plaza, sino en Pearl Street, la calle en la que nació y vivió durante años Herman Melville. Presidió la ceremonia una jueza de origen latino que pronunció un discurso en el que denigró la hostilidad de la política migratoria de Trump. “Esta es una nación que desde su nacimiento se ha sustentado sobre los hombros de los inmigrantes,” proclamó con vehemencia, y evocó la historia de sus padres, que llegaron a Ellis Island huyendo de la pobreza sin hablar una palabra de inglés, recordando que pese a lo humilde de sus orígenes había llegado a ser jueza federal. Cuando comuniqué a mis amigos que me había nacionalizado estadounidense (sin perder la nacionalidad española) la reacción era siempre cortés, pero con grandes dosis de reserva. Identificaban Estados Unidos con la imagen que proyecta hoy la Administración del país. Pero Estados Unidos no es Trump, como Alemania no fue Hitler, Italia Mussolini o España Franco, figuras execrables que la historia se ha encargado de borrar, como lo hará con Trump. Solo algunos de los que me felicitaron supieron discernir. Estados Unidos es Martin Luther King, Angela Davis, Rosa Parks, es James Baldwin y es Zohran Mamdani, el alcalde de mi ciudad, un inmigrante socialista y musulmán nacido en Uganda que hace ocho años se hizo ciudadano. Para poder votar por gente como él y apoyarlo en su lucha contra el fascismo es importante hacer lo mismo.











ENTRADA NÚMERO 9655 

DEL ARCHIVO DEL BLOG: ¿LEE PABLO IGLESIAS? PUBLICADO EL 05/05/2017





 




El líder de Podemos no ha sido capaz de hilar dos conceptos que son, ahora, indisociables: Europa y democracia, comenta en El País de hoy el escritor Jorge M. Reverte. La pregunta no pretende ser ofensiva. Al fin y al cabo, tres de cada diez españoles no leen nunca un libro, según las encuestas que maneja el Ministerio de Cultura, que no creo que estén manipuladas ni por la institución de gobierno ni por los encuestados. O sea, que los españoles que no leen no solo son muchos sino que, además, no tienen vergüenza de confesárselo a un encuestador.

Imaginemos que se puede conseguir una posverdad con ese hecho, de modo que algún partido político pensara en sumar a sus votantes a una parte importante de semejante colectivo: lograría sin dificultad hacerse con la mayoría política en España.

Pues ese parece ser el nuevo objetivo de Pablo Iglesias, y lo construye con el gran mérito de partir de una base electoral con un alto nivel educativo. La gente del 15-M era, en gran medida, lo más ilustrado de España, además de lo más joven entre las clientelas políticas. Hasta ahora, Pablo Iglesias ha tenido mucha habilidad en tratar a esa base social, la ha pastoreado desde el radicalismo asambleario hasta hacerla participar en un partido que tiene todas las trazas de acabar en un modelo leninista, sin excluir el uso más trapacero de la aparente libertad de expresión (Irene Montero designada tertuliana por el dedo del partido).

Solo Lenin y sus discípulos más aventajados habían sido capaces hasta ahora de imponer la razón de partido sobre la razón política, como está haciendo Pablo Iglesias. Su ambigüedad en relación con la situación en Francia, en un seguidismo repugnante con el luego rectificado mensaje de Mélenchon en torno a Marine Le Pen y al “extremista” Macron, ha sido escandalosa.

Pocas veces los diarios españoles han sido tan unánimes en su diagnóstico sobre la posibilidad (remota parece ser, por suerte) de victoria de Marine Le Pen. Y pocas veces hemos podido leer artículos de grandes firmas que compartían la necesidad de batir a la extrema derecha para construir Europa y para defender la libertad.

Da la impresión de que a Iglesias le da lo mismo lo que pasa en Europa, porque no ha sido capaz de hilar dos conceptos que son, ahora, indisociables: Europa y democracia.

Por eso siento la perplejidad de ver actuar al líder de Podemos como si fuera uno de los muchos españoles que no leen, no solo libros, sino tampoco los periódicos, que son, según también las encuestas de Cultura, la fuente más fiable de información y opinión.

Es urgente que Pablo Iglesias lea periódicos. Controla muchos votos y podría controlar muchos más.






















EL POEMA DE CADA DÍA. HOY: CON ESTRÉPITOS DE MÚSICAS VENGO, DE WALT WHITMAN

 






CON ESTRÉPITOS DE MÚSICAS VENGO



Con estrépitos de músicas vengo,

con cornetas y tambores.

Mis marchas no suenan solo para los victoriosos,

sino para los derrotados y los muertos también.

Todos dicen: es glorioso ganar una batalla.

Pues yo digo que es tan glorioso perderla.

¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan!

¡Hurra por los muertos!

Dejadme soplar en las trompas, recio y alegre, por ellos.

¡Hurra por los que cayeron,

por los barcos que se hundieron el la mar,

y por los que perecieron ahogados!

¡Hurra por los generales que perdieron el combate y por todos los héroes

vencidos!

Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes mas

grandes de la Historia.



WALT WHITMAN (1819-1892)

poeta estadounidense





















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY LUNES, 5 DE ENERO DE 2026

 



































SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI DILLUNS, 5 DE GENER, AL CATALÀ

 






Hola, bon dia de nou a tots. Demà és el Dia de Reis, un dia màgic per a tots els nens espanyols de 2 a 80 anys, i per a alguns altres de menys i més edat de les expressades. Avui els Estats Units són un país feixista; no cal dir-ho d'una altra manera, afirma sense embuts l'escriptor Eduardo Lago a la primera de les entrades del bloc, però hi ha nord-americans que es resisteixen i creen refugis de bellesa i cultura. A la segona, un arxiu del bloc del maig del 2017, el també escriptor Jorge M. Reverte, afirmava que el líder de Podem en aquell moment, Pablo Iglesias, havia estat incapaç de filar dos conceptes que eren, en aquell moment, indissociables: Europa i democràcia. El poema del dia, a la tercera, es titula Amb estrèpits de músiques vinc, i és del gran poeta nord-americà Walt Whitman. I la quarta i última, com sempre, són les vinyetes d?humor del dia. Sigueu feliços, si us plau, ho mereixem. I ens veiem demà si la deessa Fortuna està per la feina. Tamaragua, amics meus. Petons. HArendt












domingo, 4 de enero de 2026

MÁS REAL QUE EL TELEDIARIO DE TVE. ESPECIAL 3 DE HOY DOMINGO, 4 DE ENERO DE 2026

 







José Mota es el comentarista más brillante de la tele; o, al menos, el más capaz de representar el sentir popular, comenta en El País (03/01/2026) la escritora Ana Iris Simón. Hay un termómetro social mucho más preciso que el CIS, Sigma Dos o GAD3: el especial de José Mota. Cada Nochevieja, millones de españoles sintonizamos Televisión Española para enterarnos de lo que ocurre en nuestro país.comienza diciendo. Porque entre broma y broma, la verdad asoma. Mucho más que entre bronca y bronca, que es a lo que les tenemos acostumbrados los que salimos en la tele y, a priori, no hacemos humor sino tertulias.

Como sucede en este periódico, donde el analista más fino lo encontramos en formato viñeta en lugar de en columnas o tribunas, José Mota es el comentarista más brillante de la tele. O, al menos, el más capaz de representar el sentir popular, el más deslenguado con las vergüenzas de las élites.

Esta Nochevieja nos presentó El Juego del Camelar, una parodia de la serie de Netflix en la que nuestros políticos competían para salvarse a sí mismos. Tal y como vemos cada día en las noticias, pero con disfraces y caracterización. Especialmente brillante fue un número en el que representaba a un comité de expertos en inmigración valorando la idea de las deportaciones masivas. Tras mucho cavilar, decidían largar a todos los inmigrantes. A todos menos a los que cuidaban ancianos en negro, a los que trabajaban en el campo, a los de la hostelería, a los cualificados, a los que “necesitamos para pagar las pensiones”…

No había visto a nadie en los últimos años -quizá a Villarroya en Malas Lenguas- retratar en la tele y con tanto tino el fenómeno migratorio como maniobra de extracción del capitalismo. Y la manera en la que esta postura que concibe a las personas como divisas, como recursos en lugar de como humanos, es no solo compatible sino alimento de la xenofobia. Porque incluso cuando se disfraza de humanitarismo no está concibiendo al otro como un igual. Un igual que tiene una tierra y un derecho previo al de emigrar: el de no tener que hacerlo. Eso repetía el papa Francisco.

Hemos despedido el año en el que se nos fue el último gran líder moral global que hemos tenido, con perdón de Pepe Mujica, a quien también tuvimos que decir adiós. Sin ellos el mundo es un lugar peor, y lo será en la medida en la que no recordemos lo que dijeron pero, sobre todo, como vivieron. Ojalá un 2026 en el que a nuestra casta política le diera por recordarlos. Por recordarlos de verdad, no como material posteable en X o Instagram para ganar me gustas, que es a lo que ha acabado reduciéndose la política. Y si no, que le pregunten a Óscar Puente.

Ese es otro de los matices que recogió José Mota en su especial, que supongo que a algunos, por momentos, no les hizo ninguna gracia: a aquellos a los que nuestros líderes, en el Congreso y en los medios, han conseguido convencer, a base de mucho esfuerzo, de que tienen que escoger bando. De que el sanchismo -ese invento que nadie sabe definir ni acotar sin resultar ridículo- es una amenaza de muerte para España. O de que, por el contrario, es su única salvación, la tabla de Jack en el mar tormentoso del fascismo, sea lo que sea eso.

José Mota le habló con su especial a todos aquellos que siguen sin concebir la política como un partido de fútbol. Que no son el centro centrado, la medianía y la equidistancia sino todo lo contrario, como demostró hace más de una década el 15-M. Puede que lentamente, pero es probable que caminemos hacia algo similar. Que no será igual, pero tendrá las mismas motivaciones. Es lo que están sembrando nuestros políticos, que hace tiempo que parecen los muñecos del guiñol, parodias de sí mismos. Por eso el especial de José Mota se nos hizo más real que el telediario.