jueves, 25 de diciembre de 2025

EL VACUO AYER, EL MAÑANA HUERO

 







En 30 años hay dos cosas que no han cambiado: la corrupción y el anuncio de medidas enérgicas para combatirla, comenta en El País (20/12/2025) el escritor y miembro de la Real Academia Española, Antonio Muñoz  Molina. Hace algo más de treinta años, comienza diciendo, estuve por primera vez en el palacio de La Moncloa. Llamarlo palacio es quizás excesivo. Me pareció más bien una de esas mansiones con techos de pizarra y columnas y un aire entre neoclásico y franquista que son a la vez ostentosas y mediocres, y hacia las que muestran una notable propensión las clases altas de Madrid, cuando se expanden en dirección a las distancias heráldicas de la sierra de Guadarrama. Nada más tocar las columnas del patio cubierto que sale en las noticias me di cuenta de que estaban huecas. En esos años penosos, desde la victoria inesperada de Felipe González en el 93, hasta el derrumbe sin remedio del 96, los escándalos de corrupción dinamitaban uno tras otro a un gobierno que venía durando demasiados años. Habrá quien recuerde que en las elecciones de 1993 todo el mundo había dado por segura la victoria de la derecha, y que ese fracaso inesperado provocó en el Partido Popular y en sus aliados en los medios una agresividad que muy probablemente no había existido hasta entonces en la vida pública española. La mala leche nacional ya existía mucho antes de que las redes sociales vinieran a multiplicar su toxicidad letal de armas biológicas. Como ahora, la impaciencia y la ira de quienes sabían que la próxima vez sí iban a ganar lo arrastraba todo. Del papel que ahora cumplen panfletos digitales subvencionados se ocupaban entonces con menos tecnología pero con la misma bilis los miembros de un autodenominado “sindicato del crimen”, una cofradía de columnistas y escritores —incluido todo un premio Nobel de Literatura— que se jactaban de sus ataques contra todo lo que tuviera algo que ver con la izquierda, y en particular contra los novelistas todavía jóvenes que en esos años habíamos alcanzado un cierto reconocimiento, y que además no rendíamos pleitesía de discípulos al antes citado premio Nobel. Aquellos sindicalistas de la injuria se celebraban a sí mismos por un presunto ingenio para insultar que según ellos heredaba el de las sórdidas peleas entre Góngora y Quevedo. Todavía se estará riendo con una carcajada bronquítica alguno de ellos. Sus objetivos predilectos éramos Julio Llamazares, Javier Marías y yo. Decían que escribíamos “novelas de ordenador”, o tan desabridas que parecían traducciones del inglés. Nos llamaban “angloaburridos”. A mí el premio Nobel me distinguió llamándome en una columna “doncel tontuelo”, y aconsejándome que me frotara vaselina para aliviar “el dolor de los cuernos”. Qué tiempos aquellos.

Pero la acusación más grave era designarnos como “los 150 novelistas de Carmen Romero”. Ha pasado tanto tiempo que todo hay que explicarlo. Se suponía que si habíamos encontrado lectores en España y editores que nos publicaran en otros idiomas era porque recibíamos el apoyo del Gobierno socialista, y más concretamente de Carmen Romero, entonces la esposa de Felipe González, que era profesora de instituto y muy amante de la literatura, y que a veces se reunía para comer con un grupo de escritores y críticos. Yo no había participado nunca en esas comidas, y menos aún había acudido a las tertulias nocturnas y al parecer festeras que Felipe González organizaba en aquel sótano de La Moncloa llamado entonces “la bodeguilla”, y algunas veces escribía artículos muy críticos con el Gobierno. Nada de eso me eximía del talento hispánico para el insulto y la burla. Eran tan ingeniosos que me llamaban “El jinete polanco”.

Lo cierto es que un día de marzo el año 96, en los finales de una campaña electoral en la que unos respiraban de antemano la catástrofe y otros la victoria, y la revancha, me vi por primera vez en el palacio de La Moncloa, en una recepción para “escritores y artistas”, a algunos de los cuales tal vez se nos convocó en el último momento para cubrir las bajas de los que ya se daban prisa por abandonar “la nave del Estado”. Solo un año antes, el director general de la Guardia Civil, Luis Roldán, se había dado a la fuga, dejando atrás un pufo de muchos millones y una serie de fotografías de juergas en las que hozaba en calzoncillos, en un decorado de puticlub, entre mujeres seguramente seducidas por su atractivo masculino. El caso de la guerra sucia y de los crímenes del GAL estaba reviviendo en los tribunales. En un momento dado me vi hablando con Felipe González, y lamenté que la gran esperanza de 1982 y todos los progresos de aquellos años se vieran malogrados por la corrupción, por la confianza insensata puesta en personajes de la calaña de Luis Roldán. Entonces se echó a reír y me dijo, como si contara un chiste:

-Pues pudo haber sido peor todavía, porque estuve a punto de nombrarlo ministro del Interior. Y ahí se acabó la conversación.

En 30 años ha dado tiempo a que cambien muchas cosas, pero hay dos que han permanecido invariables, con gobiernos de izquierdas y gobiernos de derechas, en ayuntamientos, en diputaciones, en comunidades autónomas: una de ellas la corrupción; la otra, los anuncios de medidas enérgicas para castigarla, acompañadas del escándalo contra las corruptelas de los otros partidos. “El vacuo ayer dará un mañana huero”, dice Antonio Machado. Ahora ya nos hemos resignado a saber que el vacuo ayer de las muy vacuas promesas de los dirigentes políticos para acabar con la corrupción que se enquista dentro de sus partidos y sus administraciones dará un mañana huero en el que los escándalos se repetirán, y la basura de la propia vergüenza, en vez de limpiarse, se arrojará contra el adversario, que hará lo mismo con la suya, como cuando don Quijote vomita en la boca hedionda de Sancho Panza, y Sancho vomita en la suya.

Como en cuestiones de salud, cuanto menor sea la previsión más grave será la enfermedad y mayor el gasto que habría podido evitarse. Antes del hospital están las normas de sentido común, el agua depurada, el aire limpio, los alimentos no ultraprocesados y los centros de salud. Cuando los indeseables y sus enjuagues llegan a los tribunales el daño ya está hecho, y además la justicia es muy lenta y no siempre de fiar. Nunca faltará un sinvergüenza que quiera hacerse rico vendiendo a precio de oro mascarillas deficientes en una pandemia, pero las inclinaciones turbias de la naturaleza humana no llegan tan lejos si hay sistemas racionales y eficientes de control que las atajen a tiempo. La corrupción en España casi siempre deriva de la discrecionalidad con que los cargos políticos pueden designar gestores o asesores sin exigencia alguna, y con la que unos y otros pueden ordenar pagos y gastos sin transparencia y eludiendo procedimientos administrativos demasiado laxos, calculados precisamente para que hagan lo que les da la gana sin despertar alarmas inmediatas y sin dejar huellas. También, en muchos casos, con privilegios inaceptables que los protegen de ley, como ese aforamiento multitudinario que no existe en ningún otro país del mundo, que yo sepa, igual que no existen tantos cargos políticos, y tantos puestos “de libre designación”, obtenidos sin más mérito que la adhesión al que manda. En cuanto a los empresarios que los compran, y que se llevarán la parte del león, poseen la curiosa virtud, tal vez hereditaria, de quedar impunes, y a salvo de la vergüenza. Sabemos que hay ladrones en los partidos políticos, y sabemos que algunos de ellos, cuando son atrapados, se convierten en chivos expiatorios destinados a encubrir el secreto más sórdido, que es la confluencia de intereses entre el ladrón que se queda con su parte del botín, la organización que se financia gracias a él y los altos empresarios con maneras y trajes de diplomáticos que lo contemplan todo desde la segura eminencia del dinero, limpio como el oro de toda impureza cuando llega a sus manos. De lo que menos ganas dan es de echarse a reír.























DEL ARCHIVO DEL BOG: ¿QUÉ ES EL POPULISMO". PUBLICADO EL 26/12/2016

 






Al populista le gustaría reemplazar las elecciones por los sondeos (o por un plebiscito), el concepto de República por el de concurso televisivo y al pueblo por la plebe; se trata de una enfermedad senil de las democracias, escribe el El País (26/12/2016) el filósofo Bernard-Henri Levy. Según el populismo (primer teorema), el pueblo sabe lo que quiere, comienza diciendo. Y, cuando quiere algo (segundo teorema), siempre tiene razón. Falta (postulado) que realmente sea él quien lo quiere. Falta también (corolario) que nada obstaculice esa legítima pretensión.

En otros términos, el populismo dice al mismo tiempo: confianza ilimitada en los recursos y en la capacidad del pueblo, y desconfianza hacia todo aquello que podría interpretar, desvirtuar, diferir la justa expresión de ese pueblo que, librado a sí mismo, libre de obstáculos, tiene buen criterio por naturaleza.

¿Interpretar? Los intelectuales, las élites. Y por eso el populismo es siempre un antintelectualismo, una reacción contra las élites.

¿Desvirtuar? La maledicencia. La hipocresía política. Y por eso, de Tsipras a Le Pen, de Trump a Mélenchon, el populismo siempre recurre al lenguaje vivo contra el lenguaje vacío, al lenguaje crudo, truculento, contra la lengua supuestamente muerta, constreñida por los tabúes, de lo políticamente correcto.

¿Diferir? Las leyes. El derecho. Las instituciones. La razón en el puesto de mando. La política. Todos esos ornamentos, esos suplementos redundantes e inútiles, esas formas vacías, cuyo único efecto será siempre, dicen y repiten los populistas, ahondar un poco más en la diferencia, un filósofo del siglo XX habría dicho la différance o, simplemente, la distancia entre el pueblo y sí mismo, entre su sana y santa voluntad y su expresión desvirtuada.

Hay políticos buenos y malos, dicen. Están los que actúan de común acuerdo con el mundo del vacío y los que han sabido desvincularse de él. Y lo propio de quien ha sabido hacer tal cosa es haber conjurado esa enfermedad que lo distancia del cuerpo social; es estar en contacto directo con los rencores, y también las esperanzas, de lo que los romanos llamaban, no el populus, sino la turba; es estar en contacto directo, también, con las fluctuaciones de esa turba tal y como se expresan, día tras día, a través de la enfermedad de los sondeos.

Ah, los sondeos… Cuando aparecieron los sondeos, algunos dijeron: un instrumento más en manos de los poderosos que van a escudriñarnos, a evaluarnos, a manipularnos.

Pero los más lúcidos —¿y por desgracia, los populistas estaban entre ellos?— respondieron: al contrario, es la opinión pública la que triunfa; ella la que, en adelante, llevará la voz cantante; ¿qué Gobierno podría ignorarla?, ¿cómo no tener en cuenta una voluntad popular tan sabia, constante e incesantemente medida?

Y he aquí que los roles se invierten: la Opinión arrogante, el Príncipe humillado; la Opinión en los graderíos, el Príncipe en el estadio; el Pueblo rey, pues es él quien presiona, acosa y atemoriza al Príncipe, y el Príncipe recientemente rebajado.

Otro filósofo de la misma época, Michel Foucault, describió los mecanismos del poder tomando como modelo el panóptico de Bentham, ese centro invisible a partir del cual un amo, ausente, escudriña el cuerpo social: nadie lo ve, pero él ve a todo el mundo; es estructuralmente invisible, pero esa misma invisibilidad hace visible a la sociedad; y es esta visibilidad la que, al final, nos hace tan totalmente  controlables.

El populismo ha dado la vuelta al dispositivo: pueblo invisible, poder visible; un pueblo que se escabulle, un poder conminado a mostrarse; ya nadie ve al pueblo, pero él ve todo el tiempo a sus amos (en los periódicos, en Twitter y en Facebook, en los programas de la señora Le Marchand, en los falsos debates, ajenos a toda voluntad de veracidad, que se organizan en nuestros días); de forma que, si el secreto del poder está en la mirada, el populismo es una de las fórmulas más elaboradas del poder en la Edad Moderna. Con los sondeos los papeles se invierten: la Opinión arrogante, el Príncipe humillado

¡Ah, si pudiéramos reemplazar de una vez las elecciones por los sondeos!, piensa el populista.

Si pudiéramos transformar la república en concurso televisivo; las elecciones, en plebiscito; la audiencia, en audímetro; si pudiéramos terminar con el pueblo y coronar al “gran animal” de Platón o a esa plebe que, según los sofistas, debía reemplazar al demos.

¿La plebe? El verdadero pueblo. ¿El audímetro? ¿El plebiscito? Modos de una única sustancia: la sociedad concebida como un cuerpo pleno, deslumbrado por el espectáculo de su propia presencia. Hay una psicología del populismo: el narcisismo de los individuos, ebrios de sí mismos y de su suficiencia.

Una fisiología: ese no sé qué abotargado, autosatisfecho, ahíto que encontramos en todos los Trump, Berlusconi y Le Pen varios (padre e hija).

Una metafísica: la idea de una voluntad general causa sui, anterior a toda palabra y, más aún, a todo contrato, una voluntad natural, soberana y naturalmente buena con la que volver a conectar a poco que se sepa eliminar los filtros y mediaciones que la oscurecen.

El populista será inevitablemente nacionalista: ¿el nacionalismo no es el camino más corto para ir hacia una comunidad libre de todo filtro o mediación?

El populista será implacable a la hora de fabricar alteridad y de generar enemigos: pues, si no, ¿cuál sería el medio de imaginar esa presencia en sí? Si no se dota de una exterioridad masiva y obsesivamente denunciada, ¿cuál sería el medio para reunir su propio cuerpo en una identidad recuperada?

El populismo es una propedéutica del odio, de la exclusión y, en definitiva, del racismo: véase el discurso antinmigrantes de Hungría a Estados Unidos, de Polonia a Rusia.

¿El populismo? La enfermedad senil de las democracias. Decimos “populismo”. Y es el nombre, finalmente único, de la reacción de las democracias al pánico que les gana y a la desbandada que las amenaza. Sálvese quien pueda: la última palabra de los populistas.













DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY: PLENITUD, DE VICTOR HUGO

 






PLENITUD



Puesto que apliqué mis labios a tu copa llena aún,

y puse entre tus manos mi pálida frente;

puesto que alguna vez pude respirar el dulce aliento

de tu alma, perfume escondido en la sombra.


Puesto que me fue concedido escuchar de ti

las palabras en que se derrama el corazón misterioso;

ya que he visto llorar, ya que he visto sonreír,

tu boca sobre mi boca, tus ojos en mis ojos.


Ya que he visto brillar sobre mi cabeza ilusionada

un rayo de tu estrella, ¡ay!, siempre velada.

Ya que he visto caer en las ondas de mi vida

un pétalo de rosa arrancado a tus días,


puedo decir ahora a los veloces años:

¡Pasad! ¡Seguid pasando! ¡Yo no envejeceré más!

Idos todos con todas nuestras flores marchitas,

tengo en mi álbum una flor que nadie puede cortar.


vuestras alas, al rozarlo, no podrán derramar

el vaso en que ahora bebo y que tengo bien lleno.

Mi alma tiene más fuego que vosotros ceniza.

Mi corazón tiene más amor que vosotros olvido.



VICTOR HUGO (1802-1885)

escritor francés

















 







DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL JUEVES, 25 DE DICIEMBRE DE 2025

 



























¡FELIZ NAVIDAD A TODOS LOS AMIGOS Y SEGUIDORES DE DESDE EL TRÓPICO DE CÁNCER. GRACIAS DE TODO CORAZÓN!










 

Muchas gracias por su visita

Moitas grazas pola súa visita

Moltes gràcies per la seva visita

Eskerrik asko zure bisita askoz












SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI, 25 DE DESEMBRE, NADAL, AL CATALÀ

 






Hola, bon dia i tots i Bon Nadal. Els desitjo de tot cor que passin al costat de les seves famílies un dia molt feliç. I que la Pau sigui amb vosaltres durant tota la vostra vida. Petons. HArendt












miércoles, 24 de diciembre de 2025

DE UNA NUEVA K EN ESTADOS UNIDOS. ESPECIAL DE HOY MIÉRCOLES, 24 DE DICIEMBRE DE 2025

 







La brecha entre los que tienen y los que no tienen se redujo con Biden, pero está aumentando con Trump, escribe en Substack (23/12/2025) el premio nobel de Economía Paul Krugman. Según los comentarios económicos actuales, todo gira en torno a la "K", comienza diciendo. Hablar de una "economía en forma de K", en la que los ingresos y la riqueza solo aumentan para quienes están en la cima, se ha vuelto omnipresente . Y con razón. Para los estadounidenses de altos ingresos que poseen muchas acciones, el año pasado les ha ido bastante bien. Pero para quienes no las poseen, no tanto.

Sin embargo, gran parte de los comentarios se ve afectada por una especie de cinismo perezoso. Muchos de estos comentarios se basan en la suposición casual de que siempre ha sido así. O al menos, que fue tan cierto durante los años de Biden como lo es ahora. Pero eso no es cierto. David Autor, Arindrajit Dube y Annie McGrew han documentado que la recuperación económica pospandémica de la era Biden fue lo opuesto a lo que estamos experimentando ahora. De hecho, durante la recuperación de Biden, las ganancias salariales para los trabajadores con salarios bajos fueron mucho mayores que para aquellos con ingresos más altos. De hecho, la inclinación de las ganancias salariales a favor de los trabajadores con bajos ingresos durante la recuperación de Biden fue algo que no hemos visto desde la "Gran Compresión" de la década de 1940. Y esa reducción de las brechas salariales se debió a factores especiales, incluida la política salarial en tiempos de guerra y una rápida expansión de los sindicatos.

El gráfico a continuación proporciona datos que respaldan la observación de que, al pasar de la Administración Biden a la Administración Trump, hemos cambiado de una economía que beneficiaba desproporcionadamente a los trabajadores de bajos ingresos a una que beneficia desproporcionadamente a los más adinerados (en particular, a quienes poseen grandes cantidades de acciones). El gráfico representa las estimaciones de la Reserva Federal de Atlanta sobre la tasa de crecimiento salarial para dos grupos: los trabajadores del 25% inferior de la distribución salarial (línea azul) y los trabajadores del 25% superior (línea roja).

Durante el gobierno de Biden, de 2021 a 2023, los trabajadores con salarios bajos experimentaron un crecimiento salarial consistentemente más rápido que los trabajadores con salarios altos. Por ejemplo, en septiembre de 2022, los salarios de los trabajadores con salarios altos crecieron a una tasa anual del 4%, pero alrededor del 7,75% para los trabajadores con salarios bajos, ya que estos se beneficiaron de un mercado laboral ajustado. El diferencial se redujo entre mediados de 2023 y mediados de 2024, a medida que la economía se enfriaba lentamente en respuesta a las subidas de los tipos de interés de la Reserva Federal. Para 2023 y principios de 2024, era evidente que la economía había logrado el deseado "aterrizaje suave": la inflación caía, mientras que el empleo se mantenía relativamente sólido.

Sin embargo, a fines de 2024, los aumentos salariales de los trabajadores bien pagados comenzaron a superar a los de los trabajadores mal pagados, que apenas superan la inflación.

Entonces, la economía en forma de K es un desarrollo real pero relativamente reciente. ¿Por qué está sucediendo?

La causa inmediata de la economía en forma de K es un mercado laboral débil. Como he escrito repetidamente, la economía estadounidense no ha experimentado (aún) despidos masivos. Sin embargo, los empleadores se han mostrado muy reacios a contratar nuevos trabajadores. Gallup se pregunta si ahora es "un buen o mal momento para encontrar un trabajo de calidad":

El resultado de Gallup, en consonancia con otras encuestas como la del Conference Board , muestra que los estadounidenses son muy pesimistas sobre el mercado laboral. Trump puede afirmar que somos económicamente " el país más dinámico del mundo ", pero lo cierto es que la última vez que tuvimos un mercado laboral dinámico fue en 2023-2024. En la actualidad, en cambio, tenemos un mercado laboral " congelado " en el que los trabajadores que no están empleados tienen muchas dificultades para encontrar un nuevo empleo, un marcado contraste con los años de Biden, durante los cuales los trabajadores afirmaban que era muy fácil encontrar un nuevo trabajo.

Como demuestran los años de Biden, un mercado laboral sólido beneficia a todos los trabajadores, pero es especialmente beneficioso para los relativamente marginados, en particular los trabajadores del sector servicios con salarios bajos y, en promedio, los trabajadores negros. Por el contrario, un mercado laboral débil perjudica a todos los trabajadores, pero históricamente ha sido peor para los relativamente marginados.

Una vez más, los datos lo confirman. El desempleo general en Estados Unidos ha ido aumentando gradualmente: actualmente se sitúa en el 4,6 %, frente a un promedio del 4 % el año pasado. Sin embargo, el desempleo entre la población negra se ha disparado desde mediados del verano de 2025:

La pregunta entonces es: ¿quién congeló el mercado laboral? Y es probable que en este caso la Trumponomics tenga gran parte de la responsabilidad.

El punto clave de los aranceles de Trump, y en cierta medida de sus demás políticas, es que cambian constantemente y nadie sabe qué ocurrirá después. Esta incertidumbre hace que las empresas se muestren reacias a asumir compromisos, incluyendo el que implica contratar nuevos trabajadores: si se contratan trabajadores con base en los aranceles vigentes, ¿qué sucede si la Corte Suprema declara ilegales esos aranceles o si la administración Trump elige a otro país o países como enemigos?

En este sentido, Trump podría ser en gran medida, aunque indirectamente, responsable de la economía en forma de K. Sus políticas arancelarias y otras políticas han generado incertidumbre que ha paralizado la contratación. La dificultad para conseguir trabajo ha perjudicado, a su vez, el empleo y los salarios de los grupos desfavorecidos, incluidas las minorías étnicas y los trabajadores con bajos salarios en general.

Como dije, es importante no caer en el cinismo perezoso que afirma, sin contrastar los hechos, que la economía en forma de K se remonta a la era Biden. Porque ese tipo de cinismo se convierte fácilmente en fatalismo, en la sensación de que no se puede hacer nada. Lo cierto es que nada de esto tenía que ocurrir. Lo que aprendimos durante la era Biden es que la política económica que promueve el pleno empleo también promueve una mayor igualdad. Y podemos hacerlo de nuevo. Demos la vuelta a esta situación.























DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY MIÉRCOLES, 24 DE DICIEMBRE DE 2025. NOCHEBUENA

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 24 de diciembre de 2025, Nochebuena. Este PSOE tiene poca capacidad de redención, tras haber ido perdiendo —o relegando— a su ala más feminista en los últimos años, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy la polítóloga Estefanía Molina. En la segunda del día, un archivo del blog del 22 de diciembre de 2022, el escritor Manuel Vicent decía que el encono político, a cara de perro, que se nos sirve desde el Parlamento cada día, por fortuna, no ha bajado todavía a la calle. El poema del día, en la tercera, se titula A la noche, es de la filósofa germano-estadounidense Hannah Arendt, y comienza con estos versos: Tú que me consuelas, inclínate sobre mi corazón sin hacer ruido./Tú que callas, dispensa alivio a mis dolores. Y la última entrada del día, como siempre, son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt













LA MANO LILA CONTRA PEDRO SÁNCHEZ

 








Este PSOE tiene poca capacidad de redención, tras haber ido perdiendo —o relegando— a su ala más feminista en los últimos años, escribe en El País (18/12/2025) la polítóloga Estefanía Molina. 

Pedro Sánchez llegó a La Moncloa con el relato de tener el Gobierno “más feminista de la historia”, comienza diciendo. Siete años ha tardado en pulverizarse aquella ilusión. Es llamativo que ahora haya algunas voces esparciendo rumores sobre que podría haber una mano negra, supuestamente, alentando la cascada de denuncias por acoso sexual, con intención de perjudicar al presidente. La paranoia alrededor de cualquier Gobierno es signo de debilidad: ni siquiera hacía falta un nuevo escándalo para que la gota china del feminismo acabe por destronar a este PSOE.

La realidad es que ya desde el principio el Ejecutivo de Sánchez se fundamentó más en lo estético que en lo sustancial. Su apuesta consistió en colocar a mujeres de prestigio en las vicepresidencias —como Nadia Calviño o Teresa Ribera— mientras Unidas Podemos aportaba como vicepresidente a Pablo Iglesias. Ahora bien, con el tiempo ha quedado claro que quienes tenían mando en plaza en el núcleo duro del poder —los House of Cards de La Moncloa y de Ferraz— siempre fueron hombres. Mientras que ellas ofrecían imagen de solvencia y el aval de estar sobradamente preparadas para gestionar carteras de perfil técnico, el círculo de mayor confianza política del presidente resaltaba por su nutrida presencia masculina. El exministro de Transportes y exsecretario de Organización, José Luis Ábalos, o Santos Cerdán, así como los jefes de gabinete —desde Iván Redondo hasta sus sucesores— son el mejor ejemplo. La prueba de que las vicepresidentas jamás fueron las paredes maestras del poder es que dos de ellas siguen hoy su carrera en la Unión Europea, fuera de nuestro país.

Así pues, existe el riesgo de confundir política con gestión, o representación femenina institucional con cambio profundo de las estructuras de poder. Y aun así, lo más curioso es que en una organización tan centralizada, férrea y presidencial como es el PSOE de Pedro Sánchez se vea tan sacudida por el goteo de mujeres que estos días alzan la voz. Sánchez ha laminado cualquier contrapeso interno, incluso el de los barones, para que no le puedan volver a echar, pero no puede detener la lluvia fina que arrecia sobre Ferraz. La moraleja es evidente: los partidos no son ajenos a la sociedad, ni se rigen solamente por la cadena de mando de quien está en el poder.

El caso es que este PSOE tiene poca capacidad de redención, tras haber ido perdiendo —o relegando— a su ala más feminista en los últimos años. Es llamativo que las mujeres que estaban más vinculadas a las decisiones políticas hoy estén lejos del centro decisor del partido, como en el caso de Carmen Calvo, Adriana Lastra o Andrea Fernández. Mientras tanto, Cerdán fue hasta dos veces ratificado como secretario de Organización, y Ábalos —hoy en prisión provisional— fue recuperado para las listas del PSOE tras su salida del Ejecutivo. Se dirá que la comparación es tendenciosa, porque no era público entonces lo que supuestamente había detrás de esos colaboradores. A veces, hasta los paralelismos que resultan más rocambolescos o casuales también emergen como metáforas políticas.

El problema es que estos días hay gente dispuesta a elaborar teorías conspirativas antes que asumir la situación. Los más afines tiran por elevación diciendo que el machismo atañe a toda la sociedad. Es cierto, pero es el PSOE quien ha tardado cuatro meses en contactar a las denunciantes de Paco Salazar. Aunque este conserve su presunción de inocencia, los recelos giran en torno a si un tiempo tan dilatado no dejaba el tema en el limbo. Se repite desde la organización que existen protocolos, pero parece que solo se vuelven efectivos bajo la presión mediática. Qué paradoja que hayan sido mujeres las encargadas de gestionar la crisis a posteriori, como en el caso de Rebeca Torró.

Otros se burlan de que décadas de lucha feminista queden pisoteadas por las presuntas actitudes de determinados hombres. Que se sepa, ninguna de las mujeres socialistas ha consumido prostitución ni ha presuntamente acosado a nadie. En Podemos dirán que todo esto ya se intuía cuando Sánchez habló una vez de sus amigos de 40 o 50 años, al parecer, perjudicados por el feminismo, o cuando Yolanda Díaz apartó a Irene Montero. Un partido que aún no ha asumido como propios también los errores de la Ley del solo sí es sí quizá no esté para dar lecciones a los demás.

En definitiva, habrá quien crea que poner ahora a una mujer al frente de la portavocía del Gobierno, en sustitución de Pilar Alegría, es otro signo de empoderamiento. En cambio, para otros quizás invite a pensar sobre si el relevo solo servirá como coartada de lo mucho que aún nos queda por avanzar. La mayor aportación feminista de este PSOE probablemente sea la indignación pública desatada. Quienes van diciendo que hay una mano negra detrás igual creían que el feminismo estético o instrumental era el feminismo de verdad. Que hoy pueda desmovilizarse el voto femenino habla del futuro que ha de venir: incluso si una mujer llega a la secretaría general, tampoco recuperará la credibilidad, si todo se reduce a estética y no a transformación real. La supuesta mano negra era en verdad una mano invisible o lila: la del exigente avance de la sociedad.