El blog de HArendt: Pensar para comprender, comprender para actuar # Primera etapa 2005-2008 (en Blog.com) # Segunda etapa: 2008-2020 (en Blogger.com) # Tercera etapa: 2022-2026 (en Blogger.com) #
domingo, 21 de diciembre de 2025
Salutationes linguis patriae meae. Hodie, die XXI Decembris, lingua Latina
Bonum mane et felicem diem Dominicum omnibus. Hodie, die XXI Decembris, anno MMXV (MMDCCLXXVIII ab Urbe condita), hora tertia et secunda post meridiem tempore Insularum Canariarum, hiems incipit. Quinque dies adhuc et erit Natalis Domini. Felix hiems; et illa transibit, sicut omnia in vita transibunt. Et ver veniet. Conemur esse felices sine nimia immoratione in natura vitae fugaci: Omnia transeunt et nihil mutatur, quia fatum nostrum est transire. (Machado, iterum). Fruere vita: nulla alia est. Et quaeso estote felices. Usque ad crastinum, si Domina Fortuna, semper inconstans, permittit. Oscula. Harendt
sábado, 20 de diciembre de 2025
LA VERDADERA AMENAZA ES LA LOCURA DE TRUMP
Amigos: Anoche no pude dormir porque no dejaba de pensar en la reacción de Trump ante la muerte de Rob y Michele Reiner. Había algo en ello que me preocupaba constantemente, escribe en Substack (18/12/2025) el economista y profesor de la Universidad de California en Berkeley, Robert Reich. Como recordaréis, comienza diciendo, en lugar de expresar sus condolencias, dijo en una publicación en Truth Social el lunes por la mañana que decía que Rob Reiner, un director de cine y comediante torturado y luchador, pero que en su día fue un gran talento, ha fallecido junto con su esposa, Michele, según se informa debido a la ira que causó a otros con su aflicción masiva, persistente e incurable, de una enfermedad paralizante conocida como SÍNDROME DE TRASTORNO DE TRUMP, a veces llamado SDT. Era conocido por volver loco a la gente con su obsesión desenfrenada por el presidente Donald J. Trump, y su evidente paranoia alcanzó nuevas cotas a medida que la administración Trump superaba todos los objetivos y expectativas de grandeza, y con la Edad de Oro de Estados Unidos acercándose, quizás como nunca antes. Que Rob y Michele descansen en paz. Muchos comentaristas y políticos (incluidos varios republicanos) han criticado a Trump por esto.
Sage Steele, expresentador de ESPN y aliado de Trump, calificó la publicación de Trump de "decepcionante". El representante Thomas Massie, republicano por Kentucky, escribió: "Independientemente de lo que piensen sobre Rob Reiner, este es un discurso inapropiado e irrespetuoso sobre un hombre que acaba de ser brutalmente asesinado". El representante Michael Lawler, republicano por Nueva York, dijo: "Esta afirmación es errónea".
Jenna Ellis, exabogada de Trump y ahora locutora de radio conservadora, escribió: «Este es un ejemplo horrible de Trump (y sorprendente considerando los dos atentados contra su vida) y debería ser condenado por todos con un mínimo de decencia». El columnista del New York Times , Bret Stephens, afirmó: «Estamos liderados por el ser humano más repugnante que jamás haya ocupado la Casa Blanca». Todo es cierto, pero Trump dice cosas inapropiadas todo el tiempo, y la mayoría de nosotros ya sabemos que es un ser humano repugnante. Stephens continuó denunciando que Trump había degradado a Estados Unidos:
En cada publicación grotesca en redes sociales; en cada reunión de gabinete dedicada, como en Corea del Norte, a adularlo; en cada ceremonia de firma de órdenes ejecutivas que busca presentarlo como un emperador chino; en cada referencia aduladora a la paz que supuestamente ha traído al mundo; en cada ampliación nerónica del Ala Este de la Casa Blanca; en cada indirecta desconsiderada a su predecesor; en cada negocio turbio que su familia cierra para enriquecerse; en cada reunión en la Casa Blanca de multimillonarios tecnológicos que lo cortejan (en el sentido literal de "cortejar" y "pagar"); en cada líder extranjero de visita que aprende a rebajarse para evitar algún arancel caprichoso u otro castigo: en todo esto y más, nuestros estándares como nación se están degradando, nuestras costumbres se están barbarizando.
Claro que Trump está denigrando a Estados Unidos. Pero esto también ya lo sabíamos. Lo que me mantuvo despierto anoche fue otra cosa. He trabajado para tres presidentes, uno republicano y dos demócratas. He visto a presidentes de cerca. El trabajo es abrumadoramente difícil. Tiene consecuencias. Pero nunca he visto nada remotamente parecido a lo que le ha sucedido a Donald Trump. Si Trump alguna vez fue racional, ya no lo es.
Su respuesta a los asesinatos de Reiner, como su publicación en AI del 18 de octubre en la que defecó sobre millones de manifestantes, revela una profundidad de paranoia y grandiosidad peor que cualquier cosa que haya mostrado antes.
Su jefa de gabinete, Suzy Wiles, le dijo a Chris Whipple en una entrevista publicada el martes en Vanity Fair que Trump tiene una "personalidad de alcohólico" porque "opera con la idea de que no hay nada que no pueda hacer. Nada, cero, nada". ¿Nada que no pueda hacer? No quiero alarmaros y dudo incluso en mencionarlo, pero no pude dormir sabiendo que Trump tiene el poder de lanzar una bomba nuclear. Como comandante en jefe, es la única persona en Estados Unidos con la autoridad para lanzar un arma nuclear. No necesita consultar a nadie más antes de hacerlo. Nadie más puede vetar tal orden. Ni siquiera el vicepresidente o el secretario de Defensa tienen el poder de detenerla. Ojalá no lo haga. No creo que lo haga. ¿Pero qué pasa si lo provocan? ¿Y si siente que su hombría, su autoridad o su estatus están amenazados? ¿Y si solo quiere demostrar a los estadounidenses y al mundo lo fuerte que es?
De nuevo, dudo que esto suceda, pero el riesgo no es nulo. Aquí tenemos a un hombre que cree que Rob y Michele Reiner fueron asesinados porque tenían una "obsesión feroz" con él . Un hombre que, según su actual jefe de gabinete, tiene la personalidad de un alcohólico con delirios de omnipotencia. Es un riesgo que ni Estados Unidos ni el resto del mundo pueden permitirse correr.nNo creo ser alarmista. De hecho, me preocupa que nos hayamos acostumbrado tanto a la locura de Trump que no seamos lo suficientemente alarmistas.
Trump debe ser destituido de su cargo lo antes posible. O bien debe invocarse la Sección 4 de la Enmienda 25 —porque es “incapaz de ejercer los poderes y deberes de su cargo”— o debe ser sometido a juicio político y condenado bajo la Sección 4 del Artículo II de la Constitución por “traición, soborno u otros delitos y faltas graves”.
DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 20 DE DICIEMBRE DE 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 20 de diciembre de 2025. Derrocar a un presidente es un objetivo legítimo de la oposición, pero no debe alcanzar jamás a los jueces, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Barcelona, Jordi Nieva-Fenoll. La segunda del día es archivo del blog del 4 de diciembre de 2011 en el que HArendt hablaba del antisemitismo latente y persistente en la sociedad española actual, una actitud que tiene su origen en la entrada de los visigodos en la península hace dieciséis siglos. El poema del día, en la tercera, se titula La canción de María, está escrito por la poetisa estadounidense Sylvia Plath, y comienza con estos versos: El cordero dominical cruje en su grasa./La grasa/sacrifica su opacidad. Y la última entrada del día, como siempre, son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt
DE LA JUSTICIA, POLITIZADA HASTA LA VERGÜENZA
Derrocar a un presidente es un objetivo legítimo de la oposición, pero no debe alcanzar jamás a los jueces, escribe en El País (13/12/2025) el profesor Jordi Nieva-Fenoll, catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Barcelona. En toda guerra, comienza diciendo, o surge alguien inteligente y con mirada amplia que llama a los contendientes a hacer las paces, o bien uno de los dos bandos aniquila al otro o, en el mejor de los casos, lo somete. También existe la idea, nuevamente inteligente, de que no hay que comenzar las batallas —ni siquiera las guerras— que no se pueden ganar. Pero no voy a hablar de ningún conflicto bélico, sino del evidente enfrentamiento que existe entre algunos jueces y el Gobierno y, en parte, el Parlamento con la actual mayoría en el Congreso.
El tema viene de lejos. Dejando de lado las clásicas refriegas prebélicas —ha habido demasiadas—, el primer capítulo de este triste relato sobrevino con la sentencia del procés. En dicho proceso, la Fiscalía mantuvo una acusación por rebelión tan sumamente fuera de lugar que hasta la rechazó el Tribunal Supremo, condenando por sedición, que tampoco existía porque jamás hubo un alzamiento, como exigía el Código Penal. Subirse a un coche de policía no es “alzarse”, al menos en el sentido que lo exigía el citado Código. Tampoco lo era intentar, con más astucia que vehemencia, la celebración de un referéndum ilegal y soportar los porrazos de la Policía. Ni siquiera fue sedición declarar la independencia, tal y como ridículamente hizo el Parlament, al menos en el sentido exigido por cualquier intérprete del Código Penal previo a 2017. Pero el Tribunal Supremo condenó, con escasa motivación, por cierto, y a nadie pareció importarle —más bien al contrario— esa interpretación suya tan sumamente creativa que suponía que, en resumidas cuentas, era ese tribunal, y no exactamente el legislador —es decir, el Parlamento—, quien determinaba el contenido de lo que debía ser delito. Nadie sensato negaba la gravedad, en varios sentidos, de intentar la secesión fuera de las vías constitucionales. Otra cosa es que lo sucedido fuera una sedición o una rebelión, insisto, al amparo del Código Penal entonces vigente.
El segundo capítulo de esta historia sobreviene con la muy discutible condena a Alberto Rodríguez, diputado de Podemos, que le supuso la pérdida de su condición de parlamentario por un delito menor en el que la prueba incriminatoria era realmente insuficiente, lo que equivale a decir que se pudo vulnerar su presunción de inocencia. Sin embargo, no reaccionó ninguno de los resortes que podrían haber corregido la situación. Hubo que esperar a 2024, tres años después de la condena, a que el Tribunal Constitucional enmendara el evidente desaguisado, y sorprendentemente no por vulneración de la presunción de inocencia, sino por falta de proporcionalidad de la condena.
Tras ello vino la ley de amnistía, que más allá de toda duda razonable dispuso el olvido de todos los delitos cometidos durante el llamado procés y sus secuelas. Sin embargo, nuevamente algunos magistrados del Tribunal Supremo se sintieron creativos y dijeron que el legislador no había querido amnistiar la malversación. Lo afirmaron con una muy peculiar teoría —ni siquiera interpretación— según la cual los políticos condenados pretendieron enriquecerse al financiar el referéndum —supuestamente— con dinero público, y no con dinero de sus bolsillos. Nuevamente, dio igual lo que dijo el legislador, y hasta muchos observadores imprudentes, políticamente disconformes con la amnistía, aplaudieron la conducta, ya ni siquiera del Tribunal Supremo, sino sólo de algunos de sus magistrados que, nuevamente, se separaba de la obra del Parlamento. A ver qué acaba diciendo al respecto el Tribunal Constitucional.
Es difícil negar que el Tribunal Supremo, con algunas resoluciones, ha estado inspirado de algún modo por la política o ha tomado decisiones, probablemente sin necesidad, que interfieren en esa vida política. Algunos otros jueces inferiores lo han imitado, y así tenemos varios casos abiertos contra diversos reos, siempre relacionados directa o indirectamente con algún político que, igual que aquellos antiguos casos contra Podemos que acabaron en nada, puede que tengan poco o nada que rascar, más allá de conjeturas policiales o elucubraciones sesgadas de algún juzgador.
En ese contexto sobrevino la sentencia que ha condenado al fiscal general del Estado, que tan poco costó deliberar y que tantísimo ha costado motivar. Un caso que es difícil de entender que se iniciara —las notas de prensa son habituales en fiscalías y tribunales y prácticamente jamás se investigan las filtraciones—, en el que se emplearon medios de investigación absolutamente desproporcionados y en el que los datos encontrados, en cualquier otro caso, hubieran resultado insuficientes, no ya para condenar o siquiera para pasar a juicio, sino incluso para abrir una investigación. Pero el fiscal general ha sido condenado en una sentencia que pasará a la historia como un ejemplo del esfuerzo sobrehumano en justificar lo injustificable. La información difundida en la nota de prensa no era ya secreta, pues la conocía cualquier medio de comunicación y hasta la difundió el entorno del interesado. A ver qué dice al respecto el Tribunal Constitucional ante tamaña vulneración de la presunción de inocencia.
Todos estos casos están dejando como unos zorros algo imprescindible en una democracia: la buena imagen de la justicia. No sin argumentos, muchísimos ciudadanos ven en varios de estos fallos, y en otros análogos, el signo de una ideologización extrema de demasiados jueces, siendo que quien debería ser independiente y, por tanto, imparcial, se transforma en un actor político que ni siquiera esconde —como ocurrió en el caso del fiscal general— relaciones personales, incluso oficialmente estrechas, con abogados de la acusación, es decir, de una de las partes. Se llegó hasta el extremo, en un exceso verbal, de banalizar sobre un fallo después de una conferencia nada menos que en la casa de una de las partes acusadoras: el Colegio de Abogados de Madrid.
Ocurre que es imposible entrar en una guerra sin salpicarse de sangre o lodo, y los jueces no pueden hacer eso. Derrocar a un presidente del Gobierno es un objetivo legítimo de la oposición política, pero no debe alcanzar jamás a los jueces, igual que —casi— nadie duda ya que no puede implicar a la Policía o al ejército, como ocurrió en el pasado. Sin embargo, ahí tenemos a varios jueces en las redes sociales haciendo comentarios orientados políticamente, y además esgrimiendo su condición de juzgadores desde una soberbia y una ausencia de criterio jurídico y de falta de independencia que resultan, no ya inquietantes, sino espantosas.
Los jueces no pueden mancharse de sangre, ni siquiera de barro entrando en la brega. Deben permanecer alejadísimos de cualquier juego político, a riesgo de ser las próximas víctimas de esa innoble guerra, como ya ha ocurrido históricamente varias veces y aún sucede en los Estados extranjeros en que algunos jueces han decidido dedicarse al deporte del lawfare, por corrupción o por alma de salvapatrias, es indiferente. Estas guerras deben detenerse, puesto que jamás las gana el más vulnerable, que es justamente el que no puede mancharse. La justicia, como concepto de origen incuestionablemente teológico, no deja de precisar, aun en nuestros días, mucho de fe ciudadana que las togas, que son las sotanas de los jueces, tienen que honrar. Hay que recuperar esa fe. Un ciudadano no puede confiar en los tribunales tras conocer los entresijos de según que vodeviles. Alguien debería poner un poco de cordura en este auténtico desvarío de intereses personales cruzados, acordándose de la dignidad que debe tener el órgano que ocupa, olvidándose de aspiraciones profesionales futuras o de lo que le digan o pidan sus amigos. El futuro, que hoy en día se hace presente enseguida, se lo demandará con tremenda dureza si no lo hicieren.
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DEL ARCHIVO DEL BLOG: ¿ANTISEMITISMO EN ESPAÑA?, ¿TODAVÍA HOY? PUBLICADO EL 04/12/2011 (MODIFICADA)
Tenía aparcado desde hace varios días un borrador de entrada sobre la experiencia de los kibutz israelíes que publiqué en el blog el 31 de enero de 2007. La reedito a continuación, pero ahora movido por razones que nada tienen que ver con el comentario interesado de un libro, que me ha dado pie para escribir esta entrada de hoy.
De Israel, israelíes, israelitas y judíos he escrito muchas veces en este blog. No son términos sinónimos: consulten el Diccionario de la Real Academia Española, si no me creen. Del antisemitismo latente y persistente en la sociedad española actual, una actitud que tiene su origen en la entrada de los visigodos en la península hace dieciséis siglos, también. Lo que no deja de ser altamente curioso en una sociedad cuya población, según los más recientes análisis genéticos, es en un 20 por ciento descendiente de judíos o de conversos. Les remito al respecto a la entrada de mi blog titulada "Genética española", del 8/12/2008.
De que el antisemitismo persiste latente e insistentemente en la sociedad española actual da cuenta un interesante artículo de El País del pasado día 1 de diciembre firmado por el periodista e investigador Juan G. Bedoya, que certifica que España encabeza las encuestas de más acendrado antijudaísmo de toda Europa. Sobre el "por qué" de esa circunstancia les remito al reportaje en cuestión.
Pero en todas partes cuecen habas, no vayan a creerse ustedes. Para mi siempre admirada Hannah Arendt (1906-1975), la politóloga norteamericana de origen judeo-alemán, el antisemitismo de la sociedad europea está en la base de lo que más tarde se convertirá en el imperialismo de finales del siglo XIX y las experiencias totalitarias de la primera mitad del siglo XX. Temas que estudió como nadie lo había hecho hasta entonces en su libro, un clásico de la ciencia política, "Los orígenes del totalitarismo" (Alianza, Madrid, 1987), y para ella, en el origen del antisemistismo que explota en Francia a finales del siglo XIX está el "caso Dreyfus".
¡Ah, la dulce Francia!... Francia ya no es lo que era: Sarkozy no es De Gaulle; ni por aproximación, aunque él lo pretenda con denuedo y constancia admirables... ¿Será el "caso Dominiques Strauss-Khan", estallado hace unos meses en Nueva York un nuevo "caso Dreyfus" organizado desde el poder para deshacerse del que podría haber sido el primer presidente de la república francesa de origen judío? Parece verosímil, en opinión del periodista Miguel Mora, que en El País de hoy, escribe el mejor reportaje que he leído hasta ahora sobre el asunto: "DSK, el morbo sin fin". "Voilá!", que dicen por allí...
No deseo terminar esta entrada con pesimismo. Les dejo con mi entrada del blog del 31 de enero de 2007, titulada El kibutz, una sociedad diferente. Dice así: Nunca he ocultado mi admiración por Israel y por los israelíes, sin que ello implique compartir los postulados de sus gobiernos en el conflicto palestino ni en otros aspectos de su realidad cotidiana. Que ello sea producto de la ascendencia hebrea de mis antepasados o de otras causas, no viene ahora a cuento. Releeo con interés el libro "Le Kibboutz, société différente", de H. Darin-Drabkin (Éditions du Seuil, Paris, 1970), que compré en Madrid, en la Librería del extinto Instituto de Estudios Políticos, Lespo, en la calle del Reloj, hace ya más de treinta años, seducido por la aventura de los “kibboutzim”, que incluso me llevó a plantearme una corta estancia en uno de ellos. Pecados de juventud, supongo ahora… La sociedad de los kibutz, se funda sobre los principios del colectivismo y la solidaridad y tiene por objetivo la igualdad máxima de sus miembros. Es, en cierto modo, la única experiencia de “comunismo” en libertad que ha prosperado en el mundo moderno, si bien muy localizada espacial y temporalmente. El libro de Darin-Drabkin que comento comienza con la historia del movimiento Kibutz, en la Palestina británica de 1908, fundamentalmente como explotaciones agrícolas autogestionadas por grupos de trabajadores inmigrantes fuertemente ideologizados por las ideas del comunismo teórico. Pero no es éste, en todo caso, un libro de historia, pues a lo largo de sus páginas se analizan con detenimiento la estructura de la sociedad del kibutz, con sus principios de base, sus mecanismos de administración y democracia interna, de organización del trabajo y planificación de sus actividades económicas, la vida en colectividad, la educación de sus menores, el papel del individuo, la mujer y la familia en la sociedad del kibboutz, la eficacia económica de sus planteamientos y su papel en la economía y la sociedad israelita. Existe una edición española, imagino que sudamericana, del libro anterior a la francesa de 1970 que comento, que no me ha sido posible localizar. En todo caso, me ha resultado muy grata su lectura pues me ha hecho recordar aquellos tiempos en que pensaba que el mundo podía cambiarse a base de voluntad.
Hay un vídeo realizado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en el que pueden ver como ha tratado el cine moderno las utopías totalitarias. Se lo recomiendo encarecidamente. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt
DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY: LA CANCIÓN DE MARÍA, DE SYLVIA PLATH
LA CANCIÓN DE MARÍA
El cordero dominical cruje en su grasa.
La grasa
sacrifica su opacidad…
Una ventana, oro sagrado.
El fuego la vuelve preciosa,
el mismo fuego
que derrite a los herejes de sebo
y expulsa a los judíos.
Sus gruesos paños mortuorios flotan
sobre la cicatriz de Polonia, la Alemania
calcinada.
No mueren.
Pájaros grises me obsesionan el corazón,
ceniza de boca, ceniza de ojo.
Se posan. Sobre el alto
precipicio
que lanzó a un hombre al espacio
los hornos resplandecían cual cielos, incandescentes.
Es un corazón
este holocausto en el que penetro,
oh, niño mimado que el mundo matará y devorará.
SYLVIA PLATH (1932-1963)
poetisa estadounidense
Saúdos nas linguas da miña terra natal. Hoxe, 20 de decembro, en galego.
Hola de nou a tots i bon dia. Cinc dies per al Nadal. Escolars i universitaris de vacances. Agafaments per les compres d'última hora i els àpats familiars... Tranquils, tot arriba i tot passa però el nostre és passar, com deia Serrat parafrasejant el nostre immortal Machado. Passarà. I mentrestant, encara que sigui difícil, intentem ser feliços. Ens ho mereixem pel sol fet de viure. Fins demà si la deessa Fortuna ho permet. Petons. HArendt








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