miércoles, 5 de noviembre de 2025

DE LOS PRIVILEGIADOS E INFELICES HUMANOS

 







El cansancio contemporáneo no es casual, es estructural; somos herederos de un sistema que necesita cuerpos extenuados, comenta en El País (28/10/2025) la escritora Mariza Perezagua. Desde la ventana, mientras fregaba los platos, vi algo moverse en el agua, comienza diciendo. Se agitaba con desesperación. Vivo cerca del Estrecho de Gibraltar, así que lo primero que pensé fue que era un hombre. Cogí una toalla y le dije a mi hija de tres años que nos íbamos a la playa. Mientras bajábamos a toda prisa, iba pensando en cómo sacarlo sola, en que un cuerpo al borde del ahogo puede hundirte con él. Recordé que en algunas zonas de Japón los socorristas, cuando no tienen otra opción, golpean la cabeza del ahogado para desmayarlo antes del rescate.

Pero no era un hombre. Era un buitre. Unos pescadores me dijeron que llevaba dos horas luchando contra la corriente. Por fin lograron sacarlo con una red.

Ya en tierra, me impresionó su forma de ángel caído: las alas enormes plegadas sobre el cuerpo, como omóplatos desterrados del paraíso. El animal estaba aterido, tiritaba, y desde el pico le caía un hilo de baba espesa, mezcla de bilis y jugos gástricos que los buitres usan para eliminar bacterias. Sabía que ese ácido, inocuo para ellos, es corrosivo para la piel humana. Le eché la toalla por encima. Un ser hecho para los aires recién salido del mar. Mientras me fijaba en su temblor pensé que aquel buitre no había caído del cielo, sino del desastre de nuestro tiempo. También nosotros, desde el privilegio del primer mundo, nos estamos ahogando en un medio que ya no nos pertenece. Intentamos batir las alas contra un peso invisible: el cansancio, la burocratización de cada gesto.

Mis días, la mayoría, se parecen a una sucesión de absurdos: correos electrónicos que exigen registrarse en plataformas solo para pagar un recibo; asistentes virtuales que te obligan a atravesar menús infinitos antes de llegar a una voz humana; certificados digitales que fallan justo cuando los necesitas; contraseñas que minan la memoria; burócratas que rebotan tu paciencia como si fuera una pelota. No son problemas técnicos: son mecanismos de desgaste. Es una de las enfermedades del privilegio: la pérdida del tiempo propio. Simone Weil escribió que “la atención es la forma más pura de la generosidad”. Pero vivimos distraídos hasta la mutilación, y sin atención no puede haber pensamiento, ni compasión, ni mundo compartido.

El tiempo, lo único que tenemos en cantidad finita. No es el hambre ni la guerra; es una pobreza silenciosa que define a la clase media global. Hemos escapado —por ahora— de la escasez física, pero vivimos atrapados en una penuria de horas perdidas, en una miseria que no mata el cuerpo, pero aplasta el sentido de existir. Y aun así, el sentimiento de no tener derecho a la queja: porque el tiempo que yo pierdo en contraseñas, en un Occidente cebado de exceso y colesterol, lo pierde otra persona en esperanza de vida, en guerras, en hambre. Lo que para nosotros es un trámite para otros es un destino. Lo que aquí se desgasta en minutos, allí se extingue en cuerpos. Aquí lo llamamos estrés. Demasiado ocupados para pensar. Allí lo llaman supervivencia. Demasiado débiles para resistir.

En los llamados países avanzados el tiempo es una cuestión de jerarquías. El tiempo de gestión se ha convertido en un marcador de clase. Quienes menos tienen son quienes más pierden resolviendo trámites que otros pagan por delegar. Nos drenan la vida mediante un expolio diario, un saqueo sistemático de minutos irrecuperables. Nos llaman usuarios, pero somos mano de obra no remunerada. Recepcionistas de nosotros mismos. Secretarios de nuestra vida.

El buitre permanecía con el cuello inclinado hacia abajo, el pico apuntando al suelo, con el aire del anciano más triste, más solo. No me muero de hambre, y doy gracias a la vida por ello, pero otros hombres, otras mujeres, otros niños se extinguen cada segundo, mientras yo tengo que demostrar que no soy un robot seleccionando ridículas fotos de semáforos. La sostenibilidad, la eficiencia, la transición verde: etiquetas al servicio de la versión amable de un colonialismo que continúa drenando horas humanas y recursos ajenos para mantener la infelicidad de la mayoría y la desatención al Otro.

En los peores días llego a la noche exhausta sin haber hecho nada que sienta mío ni útil, ni para mí ni para nadie. Un día perdido. El cansancio contemporáneo no es casual: es estructural. Somos herederos de un sistema que necesita cuerpos extenuados para mantener la fatiga, la insolidaridad y la muerte del espíritu.

El buitre mueve, de manera casi imperceptible, un ala. Me conmueve ese intento: el instinto de seguir batiendo el aire incluso cuando ya no queda cielo.

Quizá eso sea lo único que nos salve: la obstinación animal de vivir no sólo para nosotros, sino para que otros también sigan viviendo. Recordar que la atención es la forma más pura de generosidad. Y para mantenerla, necesitamos reclamar la devolución de nuestro tiempo. Por nuestro bienestar. Por la recuperación y el ejercicio de la bondad humana. Marina Perezagua es escritora. Su último libro es La playa (Pre-Textos).



























DEL ARCHIVO DEL BLOG. EL RITUAL DE LOS BUENOS PROPÓSITOS. PUBLICADO EL 06/02/2019

 










En un buen número de países dominan los simuladores de lo popular que se presentan como políticos de un nuevo comienzo que, en realidad, quieren un retroceso a una situación de orden autoritario, escribe la periodista, escritora y filósofa alemana Carolin Emcke en El País de hoy. 

Los buenos propósitos forman parte del ritual del Año Nuevo. Queremos mejorar alguna práctica licenciosa o alguna costumbre acomodada. Tomamos la determinación de dejar esto o hacer aquello. La mayoría de las veces, en la decisión ya tenemos en cuenta que no tardaremos en fracasar. Con ello, la idea del comienzo pierde vigor y queda reducida a una minucia privada y secreta sobre la que merece la pena preguntarse cuál es el significado profundo, cuál es la gracia inherente a la posibilidad de comenzar.

“Dado que todo ser humano, por el hecho de nacer, es un initium, un comienzo, un recién llegado, los seres humanos son capaces de emprender iniciativas”, señala la filósofa Hannah Arendt en La condición humana, a lo que añade la posibilidad de “convertirse en iniciadores y poner en marcha algo nuevo”. En este sentido, el comienzo no pertenece solamente a las fechas especiales o a los cambios de ciclo como el final del año, sino que puede manifestarse en cualquier actividad humana, en cualquier ocupación que se sustraiga al cálculo y a la previsibilidad. Sin embargo, emprender una iniciativa, empezar algo, significa también, como señala Arendt, “convertirse en principiante”. Quien empieza algo nuevo no puede confiarse a sí mismo, a su experiencia o a su situación anterior. Las personas que tienen que recuperarse de una enfermedad o de una pérdida, que cambian de trabajo o se han vuelto a enamorar, lo saben. Quien empieza de nuevo se adentra en lo desconocido e inestable, y no le queda otro remedio que pensar y actuar sin apoyos, lo cual asusta tanto como inspira.

Pero la posibilidad de poner rumbo hacia lo nuevo nos enfrenta también con la experiencia social y política del abandono de lo viejo. La capacidad de poner en marcha un proyecto, de iniciarlo, puede ser igualmente un acto colectivo. Aunque a menudo lo olvidemos, las festividades religiosas nos traen el recuerdo de antiguas tradiciones repletas de historias en las que el comienzo no solo se anuncia, sino que se lleva o se hace posible a un individuo o una comunidad. Frente a la idea de la optimización permanente de uno mismo, característica del espíritu de nuestra época, cuyo principal sentido es la adaptación forzosa a la competitividad, las antiguas historias nos remiten a la idea del comienzo disidente; nos hablan de la huida colectiva de la falta de libertad o de la búsqueda común de otro lugar, de otra forma de vida; relatan el valor de la multitud para resistir o la reflexión autocrítica del individuo.

Quizá la razón de que esas viejas historias sigan conmoviéndonos sea que alimentan permanentemente la esperanza de podernos liberar de lo que nos ha lastrado o limitado; de aquello que nos hace que seamos más pequeños, más pobres o más cobardes de lo que podríamos ser. Tal vez conserven también esa fuerza intacta porque nos dicen cómo dejar algo atrás, lo que un día fuimos o lo que nos ha deformado; cómo evitar vernos obligados a ser prisioneros de nuestra historia o nuestros orígenes; cómo ser capaces de rebelarnos contra una vida alienada, contra la privación de derechos. En eso reside la milagrosa promesa de estas historias de comienzo. Vivir con el mismo gozo que tantos personajes de ficción en la literatura, el teatro o el cine cuando se aventuran en lo abierto, aún incierto, y nos muestran la alternativa del valor o la libertad para ser.

Últimamente, en un buen número de países de todo el mundo dominan los personajes o los movimientos políticos que quieren limitar y reprimir esa posibilidad de comenzar. Ya sea Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil, los simuladores de lo popular se presentan como políticos del nuevo comienzo. Sin embargo, el contenido de sus programas pone en evidencia lo contrario. Lo que quieren es restringir la diversidad social, que es justamente la manifestación de la posibilidad de toda persona, sea hombre o mujer, de desarrollarse sin cortapisas. No quieren saltos hacia mundos más libres, sino un retroceso ficticio a una situación de orden autoritario regido por la promesa no de igualdad, sino de jerarquización. Por eso escenifican su política de la regresión como si la demolición de los derechos humanos y civiles o la negación de la diversidad de la propia sociedad fuesen beneficiosas. Se declaran reformadores, y lo único que quieren decir es que van a ablandar las leyes y disposiciones que protegen a las minorías y los espacios de libertad. La brutalidad del lenguaje, la barbarie sin complejos con que Trump se refiere a los emigrantes de México, o Bolsonaro a los homosexuales, o ambos a las mujeres, son síntoma de una ideología inhumana cuyo objetivo es la represión.

En consecuencia, si queremos hacernos un propósito para el nuevo año, que sea el de volver a fortalecer la verdadera idea del comienzo en nuestras democracias; el de confiar en nuestra capacidad de alumbrar otras formas de convivencia más abiertas, y no más restrictivas; más libres, y no más jerárquicas; más democráticas, y no más autoritarias. Porque en eso consiste una democracia abierta y plural: en proteger los espacios y los derechos que permiten a las personas desarrollarse; en no rezagarlas o coartarlas por su origen o sus creencias; en permitirles que cambien, que sueñen con la felicidad individual o colectiva, y que esa felicidad pueda ser diferente de la de sus padres o sus vecinos.

Que las comunidades indígenas hayan sido marginadas y expoliadas durante siglos no significa que haya que seguir haciéndolo; que, históricamente, las mujeres hayan sido tratadas con condescendencia y reducidas a la condición de objeto, que su palabra valiese menos ante los tribunales, no es razón para perpetuar la tradición de violencia contra ellas. De la duración de una injusticia no se puede deducir su legitimidad. Que algo haya sido siempre así no significa que sea bueno.

Esta es la promesa del comienzo: la posibilidad de revisar nuestra herencia social o cultural; de seguir utilizando y transmitiendo lo bueno y de interrumpir y cambiar lo que nos ha perjudicado o limitado. Porque la democracia consiste en experimentar como sociedad; en preguntarnos si nuestras prácticas y nuestras costumbres son lo bastante buenas, si nos hacen más libres, si son justas, o si solo algunas son ventajosas, y otras, no. Una democracia es un orden dinámico porque aplica procedimientos que nos permiten aprender como individuos, pero también como sociedad. Es nuestra obligación no solo defender esta concepción del comienzo, sino ampliarla y profundizarla. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, POEMA DEL FRACASO, DE JOSÉ ÁNGEL BUESA

 







POEMA DEL FRACASO




Mi corazón, un día, tuvo un ansia suprema,

que aún hoy lo embriaga cual lo embriagara ayer;

Quería aprisionar un alma en un poema,

y que viviera siempre... Pero no pudo ser.



Mi corazón, un día, silenció su latido,

y en plena lozanía se sintió envejecer;

Quiso amar un recuerdo más fuerte que el olvido

y morir recordando... Pero no pudo ser.


Mi corazón, un día, soñó un sueño sonoro,

en un fugaz anhelo de gloria y de poder;

Subió la escalinata de un palacio de oro

y quiso abrir las puertas... Pero no pudo ser.


Mi corazón, un día, se convirtió en hoguera,

por vivir plenamente la fiebre del placer;

Ansiaba el goce nuevo de una emoción cualquiera,

un goce para él solo... Pero no pudo ser.


Y hoy llegas tú a mi vida, con tu sonrisa clara,

con tu sonrisa clara, que es un amanecer;

y ante el sueño más dulce que nunca antes soñara,

quiero vivir mi sueño... Pero no puede ser.


Y he de decirte adiós para siempre, querida,

sabiendo que te alejas para nunca volver,

Quisiera retenerte para toda la vida...

¡Pero no puede ser! ¡Pero no puede ser!




JOSÉ ÁNGEL BUESA (1910-1982)

poeta cubano












DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY MIÉRCOLES, 5 DE NOVIEMBRE DE 2025

 


























martes, 4 de noviembre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY MARTES, 4 DE NOVIEMBRE DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 4 de noviembre de 2025. El año 2028, se lee en la primera de las entradas del blog de hoy, la fecha escogida por el Consejo Europeo la semana pasada para completar definitivamente el Mercado Único, podría convertirse en el nuevo 1992; se trata de un reto difícil y exigente, pero también de la única vía posible para devolver impulso y fuerza al proyecto europeo. En la segunda, un archivo del blog de noviembre de 2019, se reproducía un hermoso y nostálgico relato sobre la Galicia rural, la fuerza de la naturaleza y  la finitud de la existencia. El poema del día, en la tercera, es de un conocido escritor español fallecido repentinamente a comienzos de este siglo, que comienza con estos versos: Proletarios/del mundo/buscadores de estrellas/os espero algún día. Y la cuarta y última son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt















PARA EUROPA, 2028 DEBE SER EL NUEVO 1992

 










Es el momento de acelerar la integración de los mercados financieros para evitar convertirnos en una colonia de Wall Street, escribe en El País (28/10/2025) el expresidente del gobierno italiano Enrico Letta.

El año 2028, comienza diciendo Letta, la fecha escogida por el Consejo Europeo la semana pasada para completar definitivamente el Mercado Único, podría convertirse en el nuevo 1992. Se trata de un reto difícil y exigente, pero también de la única vía posible para devolver impulso y fuerza al proyecto europeo.

La Europa del 92 fue la obra maestra política de Jacques Delors. La decisión de fijar una fecha —el 31 de diciembre de 1992— como límite para eliminar las fronteras interiores y hacer efectiva la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas dentro de la UE tuvo el poder de movilizar las energías de todo el continente y de la sociedad europea en su conjunto en favor del Espacio Común de las cuatro libertades.

Sin esa fecha, ese compromiso colectivo y esa prolongada movilización, no se habría establecido el Mercado Único Europeo y, en consecuencia, no habríamos llegado a estar en condiciones de prescindir de las débiles monedas nacionales para construir el euro. Nuestra moneda única, respaldada hoy por la valoración favorable de cuatro de cada cinco europeos según el Eurobarómetro, representa en efecto un escudo fundamental en defensa de la economía europea.

Fue una obra maestra de Delors, pero los líderes nacionales —principalmente Kohl, Mitterrand, Andreotti y González— también resultaron decisivos al apostar con todas sus fuerzas por la integración y la eliminación de las barreras nacionales.

Desde entonces, la integración del Mercado Único, excluyendo el componente monetario, ha avanzado con excesiva lentitud. En parte debido a la reaparición de numerosas barreras nacionales, pero, sobre todo, por falta de voluntad para completar, por razones políticas, el Mercado Único en los sectores clave de la energía, la conectividad y los servicios financieros, que en consecuencia han permanecido esencialmente nacionales. Nuestra fragmentación en veintisiete, en estos campos, nos ha debilitado a todos ante la supremacía estadounidense y el avance de China, India y otras potencias emergentes.

Ha llegado el momento, si no es ya demasiado tarde, de completar por fin el Mercado Único en esos tres sectores clave y de añadir dos importantes objetivos transversales: la introducción de un vigésimo octavo régimen legal que simplifique un marco jurídico muy fragmentado, y el añadido, a las cuatro libertades históricas (bienes, servicios, capital y personas), de una quinta libertad, basada en la innovación, el conocimiento, la investigación y las competencias.

En particular, es el momento de acelerar la integración de los mercados financieros para evitar convertirnos, con nuestra fragmentación, en una colonia de Wall Street. La Comisión ha dado los primeros pasos importantes por la senda que lleva a una Unión del Ahorro y la Inversión y, al mismo tiempo, se ha formado una coalición de países favorables, a partir de una primera iniciativa del ministro español Carlos Cuerpo. Mantener la fragmentación de los mercados financieros europeos significa seguir asistiendo al éxodo de cientos de miles de millones de euros de ahorradores europeos invertidos fuera de Europa, principalmente en Estados Unidos. Unificar y expandir las dimensiones del mercado financiero europeo significa conservar nuestros ahorros en Europa y transformarlos en inversiones para los bienes públicos comunes que necesitamos, desde la innovación hasta el apoyo a las transiciones ecológica y digital.

Para completar definitivamente el Mercado Único Europeo, es necesario recuperar el método Delors y fijar, en torno a una fecha límite, un importante objetivo común, vinculante y movilizador.

En su discurso sobre el estado de la Unión del pasado 10 de septiembre, la presidenta Von der Leyen aceptó el método Delors y propuso la fecha de 2028. El Consejo Europeo de la semana pasada respaldó esa elección de 2028 y la incluyó formalmente en sus conclusiones finales.

Ahora ya no hay excusas. Ahora debemos actuar. La responsabilidad está en manos de la Comisión, de los gobiernos nacionales, del Parlamento Europeo y de la sociedad europea en su conjunto, empezando por los representantes de los interlocutores sociales, los sindicatos y las empresas.

La primera barrera que hay que superar es la de la concienciación. En este torbellino de constante agitación política internacional, son pocos quienes han reparado durante estos días en esta decisión europea. Debemos recordar que la clave del éxito de la Europa del 92 de Delors fue precisamente la concienciación y la movilización. Si 2028 sigue siendo un tema de debate solo para expertos, la operación está condenada al fracaso. Crear un compromiso amplio y compartido en torno a 2028, difundir información e involucrar a todos los sectores de la política, la economía y la sociedad parece ser la condición decisiva para lograrlo.

La segunda barrera, sin embargo, la constituye el espíritu falaz de la época, que parece ver en la soberanía nacional el principal instrumento para proteger a los ciudadanos y la economía. Lo cierto es que, frente a los gigantes estadounidenses y chinos, lo que nos salvará no será la soberanía nacional, demasiado pequeña, sino la soberanía europea. Encerrarnos en la defensa de la soberanía nacional, principalmente en conflicto con nuestros propios vecinos europeos, es la mejor manera de fortalecer el poder excesivo de estadounidenses y chinos, quienes, en última instancia, prefieren una Europa fragmentada y harán todo lo posible —basta con seguir el desarrollo de las guerras comerciales— para impedir una Europa más integrada.

Completar el Mercado Único para 2028, incluyendo la introducción del 28º ordenamiento jurídico y la quinta libertad, es la única manera de relanzarnos como europeos en el vasto mundo actual. Por el contrario, optar por la inercia será optar por el declive.

Los tres años que tenemos por delante hasta 2028 pueden y deben ser testigos de una extraordinaria movilización colectiva. Las instituciones europeas deberán identificar rápidamente una hoja de ruta clara y razonable para cada uno de los puntos clave del Mercado Único que han de completarse y compartirla con los Estados miembros.

Se trata de una oportunidad única, y todos juntos podemos lograrlo, como lo hicieron la Europa de Delors en 1992 y la Europa del euro. Si perdemos esta oportunidad y seguimos avanzando lentamente y por separado, la única opción que nos quedará será discutir sobre si, dentro de unos años, queremos ser una colonia estadounidense o una colonia china. Enrico Letta es exprimer primer ministro de Italia, decano de IE University, presidente del Instituto Jacques Delors y autor del informe Much More than a Market [Mucho más que un mercado].















DEL ARCHIVO DEL BLOG. LAS MALAS HIERBAS. PUBLICADO EL13/11/2019

 







A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. Ellos tienen, sin duda, mucho que decirnos. Les dejo con el hermoso y nostálgico relato del escritor Miguel-Anxo Murado, en la Voz de Galicia de hoy (13/11/19)  sobre la Galicia rural, la fuerza de la naturaleza y  la finitud de la existencia. 

"Como bisnieto de campesinos -¿y quién en Galicia no lo es?- no debería tener ninguna simpatía por la mala hierba -comienza diciendo Murado-. Y, sin embargo, la admiro, que es uno de los grandes ejemplos de coraje y perseverancia, de tenacidad y adaptación al medio que nos ofrece la naturaleza. La mala hierba es mala para nosotros, pero buena para sí misma. Frente a las herbáceas domesticadas, el dócil trigo o la cebada simplona, que se han rendido a nosotros sin apenas oponer resistencia, la mala hierba continúa siendo el espíritu rebelde de su especie, el desafío a la corrección política del campo sembrado en hileras regulares e incuestionables, un ser que preserva su libertad a base de hacerse indigerible para las demás especies, incluida la nuestra. No soy un botánico ni siquiera aficionado, pero cada vez me fijo más en la naturaleza, quizás por el motivo opuesto al de tanta gente: en mi caso, al menos, es porque me recuerda a la sociedad humana, porque, como esta, es a la vez un mundo de belleza y dolor, un espejo de nuestros dilemas más que una víctima de ellos. Pienso, por ejemplo, en el trébol, esa mala hierba con buena fama; tan buena que hasta es uno de los símbolos oficiales de un país, Irlanda. El trébol es como la sombra de nuestros pasos, crece allí donde los animales y las personas hoyamos el suelo con frecuencia. En un prado, señala el camino invisible que elige el paisano para ir a recoger las vacas; en el parque de una ciudad, el lugar donde los niños suelen jugar al más al fútbol, y más concretamente el punto donde se colocan los porteros. Pienso en la hierba de las cucarachas, que sigue el camino de los caminos areneros que van de las playas a las fábricas, o el de los vehículos de obras públicas que echan sal en la carretera cuando nieva en invierno -siempre hay más hierba en las curvas donde se echa más sal, he observado-. O pienso en la hierba de Santiago, que se encuentra a menudo en las vías del tren, entre el granito gris machacado de Ávila que la Renfe usó como balasto el siglo pasado -tiene a veces las manchas rojizas de la catedral abulense, que está hecha en parte del mismo material-. Me fijo siempre en esta hierba de amarillo intenso cuando voy en tren y mi ventanilla mira al sur, donde es más abundante porque es donde da más el sol. De hecho, la hierba de Santiago se vale de los trenes para propagarse. Desde la construcción del ferrocarril en España en la segunda mitad del siglo XIX ha ido colonizando pacientemente buena parte de la Península, siguiendo el trazado de la red ferroviaria. A veces, mientras espero, las veo incluso en las vías de alguna estación, erguidas y desafiantes, supervivientes del Alvia.

Las malas hierbas, en fin, parecen tener interés por nosotros. Nos señalan con el dedo tumbas, casas en ruinas, fosas comunes, campos de batalla -por estas fechas, en Gran Bretaña conmemoran a una de ellas, la amapola, que crece en los escenarios de la Primera Guerra Mundial-. Algo nos quiere decir la mala hierba. Eso fue lo que se me ocurrió el Día de Difuntos de esta semana, viendo la que crecía en los márgenes de un cementerio parroquial. Primero pensé que quizás se entretiene recordándonos nuestra finitud, como aquel esclavo que llevaban los generales romanos a su lado en la carroza triunfal, para que les repitiese al oído «recuerda que eres mortal». Pero luego pensé que no, que a lo mejor tiene para nosotros un mensaje de esperanza, incluso para los que no creemos. Porque no es cierto que la mal llamada mala hierba nunca muere. Más bien lo que ocurre es que, contra todo pronóstico y a pesar de todo, resucita". Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt





















EL POEMA DE CADA DÍA. HOY, EL MIEDO A LA TIERRA, DE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

 










EL MIEDO A LA TIERRA




Proletarios

del mundo

buscadores de estrellas

os espero algún día

bajo el cielo que nubla

el lugar donde mora

vuestra hermana caída

en tierra extranjera

llevaréis la bandera

de la media zurcida

y en el borde del puño

el miedo de la tierra.




MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN (1939-2003)

escritor español



















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY MARTES, 4 DE NOVIEMBRE DE 2025

 



























lunes, 3 de noviembre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY LUNES, 3 DE NOVIEMBRE DE 2025

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 3 de noviembre de 2025. El ciudadano se ve sometido a una continua coacción: si no nos votas vendrá el fascismo; o bien, si no nos votas proseguirán la corrupción y la disolución de España, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy. En la segunda, un archivo del blog de noviembre de 2017, se comentaba que una de las muchas consecuencias trágicas de la revolución rusa fue la aniquilación del mundo cultural, pues quienes no abrazaron el movimiento fueron perseguidos, encarcelados o deportados, aunque su obra permanece y sigue conmoviendo al mundo. El poema del día, en la tercera, va del placer de viajar, es de un poeta mexicano, comienza con estos versos: Viajar es marcharse de casa,/es dejar los amigos/es intentar volar. Y la cuarta y última son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt