miércoles, 10 de septiembre de 2025

ARCHIVO DEL BLOG. DE LA NOSTALGIA DE UN IMPERIO. PUBLICADO EL 18/03/2019

 






Nací en 1881 en un imperio grande y poderoso, la monarquía de los Habsburgo –escribió Stefan Zweig en el prefacio de sus memorias, El mundo de ayer –; pero no se molesten en buscarlo en el mapa: ha sido borrado sin dejar rastro. Lo comentaba el escritor Lluís Uría hace unos días en el diario barcelonés La Vanguardia: Abrumado por la furia suicida de Europa, -comienza diciendo Uría- que por segunda vez en el siglo XX dirigía el continente hacia la destrucción, el escritor austriaco lamentaba la pérdida de un mundo basado en la razón y la tolerancia, y añoraba la Austria culta, cosmopolita, abierta y plural, arruinada por las guerras mundiales y condenada en aquel momento –finales de los años treinta, principios de los cuarenta– a convertirse bajo la bota de Hitler en una provincia alemana: “Sólo las décadas venideras demostrarán el crimen cometido contra Viena con el intento de nacionalizar y provincializar esta ciudad, cuyo sentido y cultura consistían precisamente en el encuentro de elementos de lo más heterogéneo, en su supranacionalidad”. Un siglo después de la caída y desmembramiento del imperio austro-húngaro –el pasado 10 de septiembre se cumplieron cien años de la firma del tratado de Saint-Germain-en-Laye entre Austria y las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial, que certificó su fenecimiento–, algunos estudiosos valoran el legado de la monarquía de los Habsburgo, cuya evolución a finales del siglo XIX ven como un ejemplo de Estado multinacional moderno, alejado del mito de la “prisión de naciones” con el que fue calificado al término de la Gran Guerra. Los historiadores Paul Miller-Melamed y Claire Morelon, autores de un artículo reciente publicado en The New York Times con el título Lo que el imperio de los Habsburgo hizo bien , presentan la monarquía multinacional austriaca casi como un antecedente de la Unión Europea: en sus vastos territorios –que incluían Austria, Hungría, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, buena parte de Polonia y Rumanía, y porciones de Italia y Ucrania–, no había fronteras interiores, funcionaba una moneda única, había 11 lenguas reconocidas oficialmente, se permitía la libertad de expresión y de religión, y todos los ciudadanos eran iguales ante la ley. No se trataba, desde luego, de un Estado democrático, pero sí era más abierto y tolerante que los imperios vecinos, el alemán y el ruso. Para Paul Miller-Melamed y Claire Morelon, la monarquía de los Habsburgo demostró que “un Estado multinacional no está necesariamente condenado al fracaso” y que “el Estado-nación no es la única forma natural de organización política”. ¿Hasta qué punto el modelo de los Habsburgo fue una apuesta política consciente o resultado de las contingencias históricas? El escritor italiano Claudio Magris, nacido en una antigua posesión austro-húngara, Trieste, y autor de un formidable libro histórico y cultural sobre las tierras del viejo imperio – El Danubio –, sostiene que la inclinación de Viena por la construcción de la denominada Mitteleuropa , fue consecuencia de su impotencia a la hora de disputar a Berlín la hegemonía del mundo germánico. “Incapaz de llevar a cabo la unificación alemana, a cuya cabeza se sitúa Prusia, la Austria de los Habsburgo busca una nueva misión y una nueva identidad en el imperio supernacional, crisol de pueblos y de culturas”, escribe Magris. El Danubio se acabaría erigiendo en símbolo de cruce y de mezcla, en contraposición al Rin, “místico guardián de la pureza de la estirpe”. Quien más quien menos reconoce la originalidad del modelo supranacional austriaco, pero no todo el mundo comparte el mismo entusiasmo. En un trabajo realizado en 1997 para el Center for Austrian Studies of Minnesota –y publicado en el 2009 on line por Cambridge University Press–, el desaparecido historiador norteamericano Solomon Wank, uno de los mayores expertos mundiales en el imperio austro-húngaro, constataba ya en aquel momento –dos décadas atrás– la existencia de una cierta “ola de nostalgia” historiográfica hacia lo que representó la monarquía de los Habsburgo, que compartía sólo parcialmente. Wank reconocía de buena gana los avances que el imperio introdujo a nivel económico y social, pero –por más que consideraba también contingente la organización del Estado-nación, modelo que según decía “no durará siempre”– veía serias disfunciones en la estructura austro-húngara. El modelo presentaba claros desequilibrios. Fruto del llamado Compromiso de 1867, por el cual se reconocieron como iguales las entidades nacionales austriaca y húngara, el imperio otorgó un segundo rango al resto de nacionalidades y nunca llegó a adoptar la forma federal e igualitaria que reivindicaba en 1848 el líder nacionalista checo Francis Palacký. A juicio de Solomon Wank, las sucesivas concesiones descentralizadoras realizadas por los Habsburgo –que no dejaban de verse a sí mismos como una dinastía alemana– perseguían solamente salvaguardar la continuidad de su monarquía y no hicieron sino acrecentar las pulsiones nacionalistas en el seno del imperio. “La cuestión de cómo purgar el nacionalismo de Europa central y del este de sus agresivas y destructivas tendencias y crear una estructura política multinacional –razonaba Wonk– sigue abierta. (...) Quizá la solución radica en una Europa comunitaria ampliada”. Eso escribía en 1997. Austria había ingresado en la UE apenas dos años antes, y el resto de países del viejo imperio, aún tardarían bastante: Chequia, Eslovaquia, Eslovenia y Polonia entrarían en el 2004; Rumanía en el 2007; Croacia en el 2013... No deja de ser irónico que el nacionalismo de los antiguos países del viejo imperio, lejos de haberse curado en la Europa unida, no ha hecho más que exacerbarse, hasta el punto de que son precisamente ellos –reunidos en el Grupo de Visegrado– los que amenazan hoy más directa y gravemente los principios y la cohesión de la UE. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt






EL POEMA DE CADA DÍA. HOY, DESTERRADOS, DE EVA RODRÍGUEZ MÍNGUEZ





 



DESTERRADOS




Miro el paisaje atado a mis ojos

su verdor terrible

ambos desterrados

grises testigos

de un mundo sobreexpuesto


Miro el reflejo

de la rapaz que huye

por el cortado del monte

y tiemblo

yo soy su presa

el añadido expuesto


Miro

al fulgurante sol

que me ciega

y me alumbra

y dinamita mi ausencia


Sus acuarelas

tiñen donde me escondo

y te escondes

Son trazos fundidos

en el cristal del tiempo

azul cían

azul celeste saturado

sobre el paño terso

sobre la trama que guarda

el boceto de grafito

Mi alma y tu cuerpo

magenta y amarillo

oro y fuego

prendidos del otoño tardío

bajo la lluvia que anega

la verde paz del verano


Plácido tiempo

efímero y frágil

belleza dormida

fulgurante y muerta

para los ojos ciegos


Luz que vuelas libre

que muerdes las hojas llenas de savia

las verdes hojas que se amarronan

y crujen

se desgarran

y deshacen


Luz que esparces los defectos

que soplan los pinceles del viento

en su arrebato


Luz que se proyecta más y más

hasta ser sólo un recuerdo

un reflejo

sobre el agua y la piedra

un trazo al aire

un verso suelto




EVA RODRÍGUEZ MÍNGUEZ (1968)

poetisa española

























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY MIÉRCOLES, 10 DE SEPTIEMBRE DE 2025

 





































martes, 9 de septiembre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY MARTES, 9 DE SEPTIEMBRE DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 9 de septiembre de 2025. Recientes revelaciones periodísticas muestran los descuidos, pero también la falta de escrúpulos del gigante informático, Microsoft, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora Marta Peyrano. En la segunda, un archivo del blog de agosto de 2018, hablaba la escritora Anna Caballé de que la cultura española no se lo puso fácil a las primeras literatas, pues comprendieron muy pronto que su tiempo no había llegado, pero ejercieron de formidables quitanieves luchando por abrirse camino en medio de una cerrada misoginia. El poema del día, en la tercera, se titula La hormiga: peregrinatio, es de la poetisa portuguesa Ana Luisa Amaral, y comienza con estos versos: A través del jardín,/camina en el sentido contrario al de las otras:/las antenas astutas, vida amarga,/rebasa bruscamente. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt













DEL VERANO FATAL DE MICROSOFT

 








Recientes revelaciones periodísticas muestran los descuidos, pero también la falta de escrúpulos del gigante informático, escribe en El País [El verano fatal de Microsoft, 01/09/2025] la escritora Marta Peyrano. Hubo un tiempo, comienza diciendo, en que Satya Nadella parecía el yerno tecnológico ideal. Desde que asumió la dirección ejecutiva de Microsoft en 2014, la prensa especializada alabó su estilo discreto, empático y humilde, sobre todo en contraste con antecesores como el ambicioso Bill Gates y el bombástico Steve Ballmer, o el líder mesiánico de Apple, Steve Jobs. Más que un visionario, Nadella ha sido el peón que avanza poco a poco, casilla a casilla, hasta convertirse en reina. Con su estilo de “liderazgo sin ego”, fue capaz de rescatar a Microsoft de un olvido garantizado invirtiendo en una infraestructura comercial de nube (Azure), creando lazos colaborativos con la competencia e incorporando el videojuego como una pata estratégica de su ecosistema digital. Al menos hasta que se cruzó con Sam Altman. El hombre que dijo que quería sacar a bailar a Google en 2023 ya no era la misma persona que conocimos en 2014.

Ahora sabemos que, a finales de 2021, Satya Nadella se sentó con el jefe de la Unidad 8200, dedicada a la inteligencia de señales y la ciberseguridad del ejército israelí, para el desarrollo de una infraestructura personalizada y segregada dentro de la plataforma Azure. Se trataba de un sistema diseñado para registrar, almacenar y analizar el contenido y los metadatos de millones de llamadas telefónicas móviles realizadas cada día por palestinos en Gaza y Cisjordania. Microsoft ha declarado que no tenían conocimiento del uso que iban a dar al servicio, pero documentos filtrados a The Guardian este verano y entrevistas con 11 operativos de la Unidad 8200 sugieren que Azure ha sido clave en el almacenamiento de estas comunicaciones diarias, facilitando así la preparación de ataques aéreos mortales y las operaciones militares en la región. Se estima que la Unidad 8200 almacena más de 11.500 terabytes de información en centros de datos de Azure ubicados en Países Bajos e Irlanda.

También descubrimos, gracias a una investigación de ProPublica, que Microsoft ha estado utilizando a ingenieros chinos que viven en su país para mantener sistemas informáticos del Departamento de Defensa estadounidense, bajo una supervisión mínima por parte del personal militar. Esto significa que, durante la última década, los datos más sensibles del Gobierno han estado expuestos al principal archienemigo de EE UU. Un descuido verdaderamente increíble, teniendo en cuenta su implicación en dos de los ciberataques más masivos de la historia digital.

En mayo de 2017, el ransomware WannaCry se propagó por todo el mundo a través de un protocolo que Windows usaba para compartir archivos e impresoras, afectando a más de 150 países y bloqueando hospitales, empresas y organismos gubernamentales, entre ellos el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, FedEx, Telefónica y la Renault. Y fue un fallo crítico en los sistemas de Microsoft lo que permitió a hackers rusos acceder a redes gubernamentales estadounidenses, en el ataque conocido como SolarWinds. Un exempleado declaró que habían ignorado los avisos internos por temor a perder contratos gubernamentales. Parece que volvió a ocurrir.

Algunas cosas son inevitables. Windows supone el 75%-80% del mercado global en sistemas operativos de escritorio, un monocultivo propenso a coger pestes y hongos digitales. Pero preocupa el descuido y la falta de escrúpulos que sugieren estas incidencias, especialmente cuando la misma empresa expande su negocio por nuestras tierras, con gran impacto energético, hídrico, climático y político. ¿Quién es el verdadero Nadella, el discreto peón que quiere ser reina o el oscuro operador que huye hacia adelante sin mirar por dónde pisa ni a quién? Marta Peirano es una periodista española especializada en las relaciones entre tecnologías informáticas y poder.​​ Ha publicado varios libros sobre derechos digitales y sobre el conflicto entre ciberseguridad y privacidad en la sociedad de la información.​ Vive entre Madrid y Berlín.


















ARCHIVO DELBLOG. LAS PIONERAS. PUBLICADO EL 29/08/2018





 




La cultura española no se lo puso fácil a las primeras literatas. Pronto comprendieron que su tiempo no había llegado, pero ejercieron de formidables quitanieves luchando por abrirse camino en medio de una cerrada misoginia, comenta en El País Anna Caballé Masforroll, escritora y crítica literaria, que el próximo septiembre publica en Taurus su libro Concepción Arenal. La caminante y su sombra. 

Caballé comienza su artículo contando lo que Rüdiger Safranski dice en su libro sobre la amistad entre Goethe y Schiller: que cuando Madame de Staël anunció al primero su próxima visita a Weimar, prevista para las Navidades de 1803, con el propósito de conocer al gran hombre, Goethe corrió consternado a casa de Schiller: ¿qué pretendía aquella notable mujer con su visita? Los dos amigos experimentarían un gran alivio cuando se fue, tres meses después de su llegada. Germaine Staël tampoco se mostró muy entusiasta de sus conversaciones con los dos grandes poetas alemanes: no encontró en Weimar ninguna de las cosas que le interesaban: algo de amor, poder o el brillo de la gran ciudad. Sin embargo, con aquella y otras visitas al país germano armaría un gran libro, De l’Allemagne, decisivo en el conocimiento y la admiración de franceses y españoles por la nueva cultura germánica. Interesa subrayar aquí el estupor de Goethe: ¿quién quería sostener una conversación intelectual con una mujer, fuera de París, donde las mujeres sí lograron abrir durante la Ilustración un espacio de cultura maravilloso gracias a sus preciados salones? Mary Wollstonecraft se había hecho eco ya de los cambios que se avecinaban en su ensayo Vindicación de los derechos de la mujer, analizado recientemente por Charlotte Gordon en una biografía donde se considera aquella figura excepcional en relación a su hija, Mary Shelley.

Desde luego, la cultura española no se lo puso fácil a las primeras literatas que creyeron en los nuevos ideales que inflamaron el romanticismo, a excepción de Juan Eugenio Hartzenbusch, su principal apoyo. Hartzenbusch, el hombre que amaba a las mujeres. Muy pronto, aquellas pioneras comprenderían que su tiempo no había llegado, pero, en todo caso, ejercieron de formidables quitanieves luchando por abrirse camino con sus obras en medio de una cerrada misoginia. A la que firmaría más adelante con el seudónimo de Fernán Caballero, su padre, el influyente Nicolás Böhl de Faber, furioso con las ideas defendidas por Wollstonecraft, le escribió: “El día que quemes sus Rights of Women será para mí un gran día”. Y es que su joven hija Cecilia, deseosa de recibir la bendición paterna, le había consultado qué opinaba sobre el ensayo que tanto citaba y admiraba su madre, la también literata gaditana Francisca Larrea. Para el cónsul alemán, el libro no podía ser más dañino: “La esfera intelectual no se ha hecho para las mujeres. Dios ha querido que el amor y el sentimiento sean su elemento. Cuando Ícaro se acercó demasiado al sol, cayó al agua, y lo mismo sucedió a madame Wollstonecraft. ¿Por qué son desgraciadas todas las mujeres sabias? ¿Por qué se las detesta? ¿Por qué se las ridiculiza, por lo menos?”. La forma de reaccionar a esa hostilidad generalizada que solo la tenacidad del feminismo ha conseguido disolver, al menos en amplios sectores de la sociedad, determinaría la trayectoria de cada literata. En general, limitaron su talento para evitar choques, se recluyeron en el misticismo o bien aceptaron una masculinización impuesta que las sumía en la mayor confusión sobre sí mismas. Cuando Nicasio Gallego subrayó el “varonil vigor” de la literatura de Gertrudis Gómez de Avellaneda, ella respondería expresando sus dudas: “Yo no lo sé, creo que ningún hombre ve ciertas cosas como yo las veo, pero no niego que nunca descollé por cualidades femeninas”. Se entiende que las cualidades en las que estaba pensando eran el gusto por el hogar o las labores de aguja, pues la maternidad, aunque fugaz, sí fue intensamente vivida por la novelista cubana.

El caso más interesante en el conflicto que se plantea en el siglo XIX entre razón (hombre) y naturaleza (mujer) es el que ofrece Concepción Arenal, la pensadora (declino la palabra también en masculino) más importante del siglo XIX. Para poder abrirse camino intelectualmente se deshizo de corsés y crinolinas adoptando una cómoda indumentaria masculina en su juventud que le permitió acceder, mal que bien, a las aulas universitarias y trabar sólidas amistades. Sus ensayos sobre la moralidad pública, la necesidad de una sociedad civil concebida como contrapoder, el derecho de gentes o la urgencia de una reforma penitenciaria mostraban a las claras una inteligencia brillante, dominada por la lucidez. Sin embargo, su influencia sería mínima y no se contó con ella cuando tímidamente se abordaron las primeras reformas en el mundo penal. Vestirse de hombre no era suficiente, solo incrementaba su excentricidad y que la señalaran con el dedo. Arenal adoptó un aspecto que transmitía una gran severidad, pero era solo un escudo protector ante la maledicencia. Por ello defendió el derecho de las mujeres a intervenir activamente en la sociedad: “¿Cómo una mujer ha de ser empleada de aduanas? Solo pensarlo da risa. Pero una mujer puede ser jefe del Estado”. Era su razonamiento, porque no hay lógica que justifique tan absurdo criterio: una mujer puede ser madre de Dios, pero no puede dedicar su vida al sacerdocio. Tampoco le servirían de mucho los dos ensayos. En su tiempo se aceptó que su extraña vocación por la filosofía era fruto de una inteligencia masculina en un cuerpo de mujer, y así lo repetía la prensa una y otra vez, escribiendo con asombro sobre su talento viril, y desentendiéndose al mismo tiempo de la fuerza de sus ideas. La soledad moral de Arenal iría en aumento hasta darse casi por vencida en los últimos años. Casi, porque siguió trabajando y publicando hasta el final. Una vez desaparecida, de su política del espíritu, destinada a despertar a las élites liberales, no han quedado más que un par de frases. Pero sus correspondencias con el pensamiento de Martha Nussbaum son asombrosas: ambos se fundan en la empatía (que Arenal llamaba compasión) y tiene que ver con la idea de que es posible conectar con los otros, por diferentes que sean. No solo es posible, es un deber ético el intentarlo, y con ello se fomenta una cultura cívica y verdaderamente democrática. De ahí su frase, inspirada en el Tartufo de Molière, “odia el delito y compadece al delincuente”.

Es posible que ahora, en plena reescritura de la tradición cultural, se vea con un cierto hartazgo la presencia femenina, pero está respondiendo a la necesidad de romper con un orden —intelectual, científico, artístico, moral y económico— que ignoraba a la mujer como albergue del logos (la expresión es de María Zambrano, vista por los poetas de su generación como una pedante insufrible). Piénsese en lo que puede ocurrir si a una niña le destruimos su voluntad, sus propósitos, sus preferencias y aficiones cuando no se ajusten a un modelo determinado. Si le negamos su derecho a saber y minimizamos su talento, exigiéndole, además, que su físico sea el que nos conviene a nosotros. ¿Qué obtendríamos de toda esa presión? Pensar en ella ayuda a comprender de dónde venimos. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LA HORMIGA: PEREGRINATIO, DE ANA LUISA AMARAL

 








LA HORMIGA: PEREGRINATIO




A través del jardín,

camina en el sentido contrario al de las otras:

las antenas astutas, vida amarga,

rebasa bruscamente


De vez en cuando,

del verde pavimento descuella una colina

que ella rodea

como soldado, rasa


En este instante,

no sé si es que el oxígeno le falta:

exiliada del aire,

el cuerpo se le arquea y queda como estatua:

la seducción más pura

frente a ella:


semilla pequeñísima


que ela transporta agora, tão esforçada

e delicadamente:

futura refeição para família, amigos,

como ela peregrinos

do quase-nada:

a sua gente




ANA LUISA AMARAL (1956-2022)

poetisa portuguesa