viernes, 8 de noviembre de 2024

Del poema de cada día. Hoy, Cenizas, de Alejandra Pizarnik (1936-1972)

 






CENIZAS



La noche se astilló de estrellas

mirándome alucinada

el aire arroja odio

embellecido su rostro

con música.


Pronto nos iremos


Arcano sueño

antepasado de mi sonrisa

el mundo está demacrado

y hay candado pero no llaves

y hay pavor pero no lágrimas.


¿Qué haré conmigo?


Porque a Ti te debo lo que soy


Pero no tengo mañana


Porque a Ti te…


La noche sufre.



Alejandra Pizarnik (1936-1972)

Poetisa argentina


















De las viñetas de humor de hoy viernes, 8 de noviembre de 2024

 































jueves, 7 de noviembre de 2024

De bulos y DANAS. Especial 1 de hoy jueves, 7 de noviembre de 2024

 







Cada mañana, lo primero que hacemos en el diario es hablar de ustedes, escribe en El Periódico de Catalunya [¿La mejor manera de combatir las 'fake news' es hablar de ellas?, 07/11/2024] su director Albert Sáez. Empezamos la jornada escuchando a Oli Valls, nuestro magistral SEO de contenidos, que nos cuenta lo que ustedes consumieron en la edición digital del día anterior y también nos explica la información que están buscando las personas que todavía no nos leen. Este martes buscaban quién iba a ganar las elecciones en Estados Unidos. Una pregunta que, a esas horas, no tenía respuesta. La semana pasada las búsquedas más frecuentes eran sobre cuántos muertos/desaparecidos había en la tragedia de València o, más concretamente, en el parquing del centro comercial Bonaire. Hasta aquí, el conocimiento del comportamiento de la audiencia enriquece y mejora a los medios informativos porque sabemos cuáles son los intereses de la audiencia y podemos organizar así nuestras prioridades. Pero, a partir de aquí, hay tres reacciones diferentes. Los outlets periodísticos se dedican a especular con las respuestas a esas preguntas incontestables. Seguro que se han cruzado con informaciones del tipo: "esto dicen las redes sobre el parquing de Bonaire". Y en las redes, como en la vida, hay de todo: gente sensata, chalados, vividores y estafadores. Nada nuevo. La segunda reacción es la de los medios tratan de aprovecharse de esas corrientes de búsquedas para colocar sus temas, muchas veces sesgados ideológicamente. Por ejemplo, este viernes pasado un medio digital obsesionado en derrocar a Mazón antes que en informar sobre lo ocurrido, aseguró estar en posesión de un acta de la comisión de coordinación de la emergencia en la que se "reconocía" la existencia de 1.900 desaparecidos en la DANA. Las alarmas saltaron en todas las redacciones que, en medio del aluvión de información de ese día, tuvieron que comprobar que el acta no existía, que eran las notas de un asistente sometidas a su libre interpretación y que seguíamos sin tener datos consistentes para responder a las búsquedas de los lectores. Mientras, algunos lectores ansiosos ya nos recriminaban al resto de medios por qué estábamos "ocultando" ese dato o por qué éramos tan torpes de no enterarnos de lo que estaba pasando. Paciencia. La tercera reacción frente al mejor conocimiento de las búsquedas de los usuarios es seguir haciendo periodismo, es decir, seguir buscando hechos, datos contrastados por fuentes fidedignas que no respondan a los intereses pariculares de los periodistas, ni al sesgo idelógico de los editores o a los mandatos de los anunciantes sino a esos intereses que expresan los lectores a través de su consumo y de sus búsquedas. El lunes, por fin, una de las mejores periodistas de sucesos de España, Teresa Domínguez, respondió en Levante a la pregunta: las primeras inspecciones de los cuerpos de seguridad no habían encontrado ningún cadáver en el parquing del centro comercial Bonaire. Pregunta respondida, con datos. Misión cumplida. 

Si algo es el periodismo es un método de verificación de los hechos. Es infantil pensar que las noticias falsas han nacido con las redes. Y es estúpido pasarse el día difundiendo esas noticias falsas denunciando que lo son para rapiñar unos clics en las búsquedas de preguntas que no tienen (aún) respuesta. Las televisiones en los 90 se alimentaron de todo tipo de bulos en la tragedia de Alcàsser, a pocos kilómetros de la zona cero de ahora. Un diario serio de Madrid estuvo una década especulando sobre una mochila que no existió y que no conectaba al 11-M con ETA. Este diario publicó una nota falsa de la CIA sobre los atentados de Barcelona. La mentira acecha a todo lo humano desde Adán y Eva. Durante décadas, The New York Times exhibió en la cabecera este lema: "Todo aquello que merece ser publicado". Pues eso, Teresa Domínguez.  










De las entradas del blog de hoy jueves, 7 de noviembre de 2024

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 7 de noviembre de 2024. de repente, llega el desastre, se dice en la primera de las entradas del blog de hoy, y de un modo trágico nos reconcilia con lo esencial, con la vida, con la verdad; nos ocurrió con la pandemia de la covid y nos ha ocurrido ahora, con el desastre de Valencia. La segunda es un archivo del blog de marzo de 2019 en la que se hablaba de 1959, una fecha en la poetas jóvenes homenajearon a Machado en su tumba de Colliure a los veinte años de su muerte. En la tercera va un hermosísimo poema del Siglo de Oro español que comienza con estos versos: Ayer naciste, y morirás mañana. / Para tan breve ser, ¿quién te dio vida? / ¿Para vivir tan poco estás lucida? / Y, ¿para no ser nada estás lozana? Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de  interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt










De la verdadera patria

 







Yo tenía escrito un texto sobre Íñigo Errejón. Iba a mandar al periódico una columna contando el día que me propuso quedar y hablamos de feminismo, pero por alguna razón que no sé explicar no me siento cómoda enviándolo, comenta en El País [La patria es el otro, 02/11/2024] la escritora Ana Iris Simón.. Uno anda enfangado en debates sobre si las relaciones sexuales de mierda son acoso o no, sobre si está feo que la mujer del presidente se aproveche de su condición en su trabajo, sobre si es mejor Broncano o es mejor Motos, y cree que todo eso es importante. Pero, de repente, llega el desastre. Y de un modo trágico nos reconcilia con lo esencial, con la vida, con la verdad. Nos ocurrió con la pandemia de la covid y nos ha ocurrido ahora, con el desastre de Valencia.

En estos días pienso en una frase de la abuela de Juan Soto Ivars: “Volcanes ha habido siempre, no los han podido quitar”. Su aparente sinsentido encierra una enorme lucidez y describe un fenómeno contemporáneo: para una civilización que reduce tanto el progreso como el bienestar al avance científico, la técnica y la tecnología y cuyo mayor pecado es la soberbia, que correlaciona con lo anterior, es inconcebible que la naturaleza siga siendo capaz de quebrarnos. De existir, siquiera. Así que a la enorme tristeza que nos provoca el desastre se suma el del estupor porque, como decía la abuela de Soto, nadie haya podido quitar los volcanes, los terremotos o las tormentas torrenciales.

Y como nadie las ha podido quitar, hay que preverlas. Hay varias cosas que nadie entiende del desastre de Valencia, y la primera es por qué pasaron más de diez horas entre la alerta roja que emitió la Aemet y el aviso a los móviles de los ciudadanos. Por qué miles de valencianos tuvieron que acudir a sus centros de estudios y puestos de trabajo. Podría haberse hecho bien, porque hubo quien lo hizo: la Universitat de València, por ejemplo. Cuando baje el agua habrá que hablar muchas cosas, entre ellas de esto. O de las grandes corporaciones, algunas de ellas lideradas por quienes ahora anuncian donaciones a bombo y platillo —y eso no es solidaridad, es propaganda— pero que no dejaron que sus trabajadores se fueran a casa cuando el desastre era evidente.

La segunda pregunta que muchos nos hacemos es dónde está el Estado. El jueves, Susanna Griso, Iker Jiménez o Ana Rosa Quintana retransmitieron en directo desde pueblos que llevaban dos días sin agua. Los testimonios eran desgarradores, y era aún más desgarrador oírles decir que se sentían abandonados. Cuando no haya barro, alguien tendrá que explicarles por qué las estrellas de la tele llegaron a sus casas antes que el agua potable. A esa familia que llevaba dos días conviviendo con el cadáver de su hijo menor, o a los que aún tienen desaparecidos a sus seres queridos, por qué la ayuda de los youtubers y los tuiteros llegó antes que el ejército. Por qué Mazón no lo pidió antes. Por qué el Gobierno no declaró la emergencia nacional para no discutir con Mazón.

No quería escribir sobre Errejón, pero también estoy recordando estos días un mantra repetido por él, un lugar común de la izquierda progre: que la patria son los impuestos y los servicios públicos. Ante el fracaso del Estado y las instituciones en Valencia solo podemos pensar que no. Que la patria es el otro, como dijo Cristina Fernández Kirchner. Y que, como escribió Machado, “en España, lo mejor es el pueblo. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva”.










[ARCHIVO DEL BLOG] El homenaje a Machado que censuró el franquismo. Publicado el 11/03/2019












En 1959, los poetas jóvenes homenajearon a Machado en su tumba de Colliure. La revista Acento Cultural le dedicó un número pero algunos textos no pasaron la censura franquista de la época. Lo contaba hace unos días la escritora Lea Vélez, hija del director de la revista en aquel momento, Carlos Vélez, con motivo del 80 aniversario de la muerte de poeta sevillano.
Sesenta años de una carpeta, comienza diciendo Lea Vélez. Sesenta años guardada en un despacho. Un pequeño tesoro literario, amarillo por el tiempo. De su interior surgen sobres, fotografías, folios y cuartillas con correcciones de última hora. Son los descartes de un número de la revista Acento Cultural en homenaje a Antonio Machado a los veinte años de su muerte. Un número maldito, dirían algunos, un número frustrado, un número despojado de significado, en su momento, pues a causa de la censura franquista no se publicó como le hubiera gustado a su director, Carlos Vélez. Aquel Acento tuvo que rehacerse tres veces y fue peliagudo. El asunto, además de llegar ante Franco en el Consejo de Ministros, casi da al traste con una de las revistas culturales más progresistas de la época. Los materiales referentes a la muerte de Machado y sus últimos días de penuria fueron prohibidos, pero no borrados de la historia, porque Carlos Vélez guardó los manuscritos originales durante todos estos años. Entre ellos, materiales originales e inéditos de Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Caballero Bonald, Gloria Fuertes, José Agustín Goytisolo y otros muchos poetas de la época. También tuvo el cuidado de explicarnos a sus hijos, cuando aún éramos muy jóvenes, el sentido de estos papeles. Abrir la carpeta es como abrir un camino al pasado, del que surge, por ejemplo, Gloria Fuertes y su tarjeta postal:
En esta primavera ya del cincuenta y nueve, / quiero decirte Antonio / cómo va tu Castilla / —que marcha igual que siempre—, / el trigo ya verdea / y Emilio tras las mulas, / han hecho un Sindicato / y el hombre sigue hambre, / y el sol sigue más sol / y aquí no pasa nada, / tan solo tu recuerdo / metido entre mis rejas / recordando tus versos / y tu amor a mi estampa. / Antonio, ¿tú qué piensas / de estos homenajes? / ¿Te gustan? ¿Te disgustan? / ¿Te dan… justicia? Habla.
Aparecen más papeles. Fotografías con leyendas al reverso: “Grupo de poetas asistentes al homenaje a Machado en Colliure. De izquierda a derecha y de arriba abajo: Blas de Otero, J. A. Goytisolo, Ángel González Muñiz, J. A. Valente, Jaime Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Carlos Barral, J. M. Caballero Bonald”.
Leo un poema de Caballero Bonald. Sesenta años tiene el papel y la emoción es nueva: Con una mano escribo / y con la otra, abro / las páginas / de un libro. Aquí está / la palabra que busqué / tantos años. ¿La podré / repetir / impunemente / ahora / mientras leo tu nombre, / una sola palabra / en el piadoso mármol?
Veo al poeta sobre la tumba del padre poético de tantos otros autores y me pregunto si leería estos versos allí, en el homenaje en Colliure, o si los escribiría unos días después, aún lleno de las emociones del homenaje, para la revista Acento. La censura lo guardó en la carpeta, pero el tiempo no censura, el tiempo es como el mar y suele devolverlo todo. Surge de este remanso de historia literaria un sobre. Lleva escrito esto: Ermita de San Saturio, donde se sentaba A. M. / Pensión y casa que habitó en Soria. / Camino entre San Polo y San Saturio. / El puente sobre el Duero visto desde el Castillo. / Del sobre brotan fotos y recuerdos de un viaje familiar a Soria. Los niños corren entre los árboles y su padre grita: / He vuelto a ver los álamos dorados, / álamos del camino en la ribera / del Duero, entre San Polo y San Saturio: / tras las murallas viejas / de Soria —barbacana / hacia Aragón, en castellana tierra—. / Estos chopos del río, que acompañan / con el sonido de sus hojas secas / el son del agua, cuando el viento sopla, / tienen en sus cortezas / grabadas iniciales que son nombres / de enamorados, cifras que son fechas.
Entre las fotos reconozco el hotel Quintana, donde murió Machado. Es una imagen en blanco y negro, pero el artículo inédito de Carlos Barral, escrito días después de su visita a Colliure, pinta de colores la estampa: “Es una casa de tres plantas con la fachada de color y las persianas muy verdes, versión un poco más mediterránea y alegre del Hotel de la Gare que uno encuentra a la entrada de casi todos los pueblos de Francia (…) En el pórtico está madame Quintana, un poco asustada por tantas preguntas, un poco emocionada también, en medio de un grupo de gente que habla animadamente y saca fotografías”. Carlos Barral pasa a describir las habitaciones en las que el poeta vivió sus últimos días y siento la confirmación de que ese homenaje frustrado se hizo en mi casa, en cada enseñanza paterna. Ahí está Blas de Otero, otro favorito de mi hogar, que, junto a José Agustín Goytisolo, me mira desde la foto, ambos bajo una placa en el hotel Quintana en la que leo: “Antonio Machado, poète espagnol, est mort dans cette maison le 22 fevier, 1939”.
De Machado se habla, pero no de su caminar desolado, ni de la injusticia de su muerte. Los poemas están firmados por Leopoldo de Luis, Pere Quart, Gabriel Celaya, Pacheco, Leyva, Joaquim Horta, José Agustín Goytisolo. Me quedo con estos versos de Jaime Gil de Biedma, porque yo cuando pienso en Machado escucho a mi padre y recuerdo esa manera suya de guardar la cultura en sus hijos, construyendo con retales de verso un camino de vuelta a la memoria: A ti, compañero y padre, / reconocida presencia. / Por lo que de ti aprendimos, / por lo que olvidado queda. / Por lo que tras la palabra / breve, todavía enseñas. / Por tu tranquila alegría / Y por tu digna entereza. / Por ti. Gracias. Porque en ti / Conocimos nuestra fuerza. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 













El poema de cada día. Hoy, A una rosa, de Luis de Góngora (1561-1627)

 






A UNA ROSA 


Ayer naciste, y morirás mañana.

Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?

¿Para vivir tan poco estás lucida?

Y, ¿para no ser nada estás lozana?


Si te engañó su hermosura vana,

bien presto la verás desvanecida,

porque en tu hermosura está escondida

la ocasión de morir muerte temprana.


Cuando te corte la robusta mano,

ley de la agricultura permitida,

grosero aliento acabará tu suerte.

No salgas, que te aguarda algún tirano;


dilata tu nacer para la vida,

que anticipas tu ser para tu muerte.

Ya besando unas manos cristalinas,

ya anudándose a un blanco y liso cuello,


ya esparciendo por él aquel cabello

que Amor sacó entre el oro de sus minas,

ya quebrando en aquellas perlas finas

palabras dulces mil sin merecello,


ya cogiendo de cada labio bello

purpúreas rosas sin temor de espinas,

estaba, oh, claro sol invidïoso,

cuando tu luz, hiriéndome los ojos,


mató mi gloria y acabó mi suerte.

Si el cielo ya no es menos poderoso,

porque no den los suyos más enojos,

rayos, como a tu hijo, te den muerte.


Luis de Góngora (1561-1627

Poeta español













De las viñetas de humor de hoy jueves, 7 de noviembre de 2024