sábado, 17 de agosto de 2024

De las viñetas del blog del sábado 17 de agosto de 2024

 





















viernes, 16 de agosto de 2024

De las entradas del blog de hoy viernes, 16 de agosto de 2024

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 16 de agosto de 2024. No solo es perfectamente razonable que un chaval de 16 años pueda participar en política, dice en la primera de las entradas de hoy el escritor Sergio del Molino, también es necesario para contrarrestar el peso de los tramos altos de la pirámide poblacional. En la segunda de ellas, un archivo del blog de agosto de 2016, el autor del blog reflexiona en voz alta sobre el federalismo, algo de lo que lo suelen hablar todos sin mucho fundamento ni conocimiento de causa. La tercera de hoy la ocupa el famoso poema Adiós del poeta español Claudio Rodríguez. Y para terminar, como siempre también, la cuarta con las viñetas de humor de la prensa del día. Espero que todas ellas les resulten de interés. interesantes. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico; al menos inténtenlo. Nos vemos mañana si la  diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com









Del voto a los 16

 






Que voten los jóvenes para evitar la gerontocracia

SERGIO DEL MOLINO

14 ago 2024 - El País - harendt.blogspot.com


Todo el mundo habla de los jóvenes, pero pocos los han visto. En este proyecto de geriátrico llamado Europa, la juventud será pronto un exotismo, pura mitología. La gente dirá “he visto a un joven” como antes juraban ver licántropos, cuélebres, hadas y elfos. Correrán historias de tiempos antiguos en que las manadas de jóvenes galopaban libres por las calles de París levantando adoquines, y casi nadie se lo creerá. Aún no hemos llegado a eso, pero los jóvenes empiezan a ser huidizos: criaturas extrañas que bailan en TikTok y lloran cuando Taylor Swift les hace el símbolo del corazón.

No es extraño que muchos viejos se estremezcan ante la idea de que esos seres incomprensibles puedan votar. Sumar ha presentado una proposición no de ley para que se acometa una reforma de la ley orgánica electoral que adelante la edad de ejercicio del sufragio activo a los 16. La cosa, aprobada con apoyo del PSOE, ha pasado medio inadvertida entre tanto episodio de Mortadelo y Puigdemont, pero promete ser uno de los espectáculos políticos del curso que viene. La bancada del PP y de Vox ya se ha puesto a gruñir que no. Se entiende la oposición popular. La de Vox, no, pues tiene muchas simpatías entre los varones jóvenes y saldría beneficiado.

Que los jóvenes son tarugos sin ideas políticas será un argumento que muchos aplaudirán, pero de tarugos sin ideas políticas está Europa llena, y nadie les niega el derecho a votar monstruosidades. Un chaval de 16 años en España ya puede trabajar, puede emanciparse, tiene una autonomía notable para decidir sobre muchas cuestiones y puede exigírsele alguna responsabilidad penal desde los 14. No solo es perfectamente razonable que pueda participar políticamente en los asuntos de una nación que tanto le exige, también es necesario para contrarrestar el peso insoportable de los tramos altos de la pirámide poblacional. Si no ampliamos el censo electoral por abajo, España y Europa se convertirán en gerontocracias, y la democracia representativa no recuperará jamás su prestigio ni su vigor.

En un censo dominado por viejos, serán los problemas de los viejos los que marquen la agenda, como de hecho ya sucede: las pensiones reciben más atención que los salarios. Así, ¿cómo van a sentir los jóvenes que participan en el presente y construyen el futuro? Y en términos globales, ¿cómo va a afrontar los debates existenciales un sistema político conservador, asustadizo y despreocupado de un mañana que no va a vivir? Antes de que los jóvenes se conviertan en criaturas mitológicas, urge incorporarlos a la república. Cuanto antes. Mañana ya es tarde. Sergio del Molino es escritor.











El poema de cada día. Hoy, Adiós, de Claudio Rodríguez (1934-1999)

 








ADIÓS

Cualquier cosa valiera por mi vida
esta tarde. Cualquier cosa pequeña
si alguna hay. Martirio me es el ruido
sereno, sin escrúpulos, sin vuelta
de tu zapato bajo. ¿Qué victorias
busca el que ama? ¿Por qué son tan derechas
estas calles? Ni miro atrás ni puedo
perderte ya de vista. Esta es la tierra
del escarmiento: hasta los amigos
dan mala información. Mi boca besa
lo que muere, y lo acepta. Y la piel misma
del labio es la del viento. Adiós. Es útil
norma este suceso, dicen. Queda
tú con las cosas nuestras, tú, que puedes,
que yo me iré donde la noche quiera.

Claudio Rodríguez (1934-1999)
Poeta español








Las viñetas de hoy viernes, 16 de agosto de 2024

 













jueves, 15 de agosto de 2024

De las entradas del blog de hoy jueves, 15 de agosto de 2024

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 15 de agosto de 2024. ¿Vivimos en el presente dando por reales las sombras?, se pregunta en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora Raquel C. Pico. Si los esclavos en la caverna de Platón debían descubrir que las sombras no eran la verdad, comenta en ella, en el mundo actual habría que discernir qué hace parte del juego de espejos que crea una sociedad hiperconectada. La segunda de las entradas de hoy es antecedente directo del archivo del blog de ayer sobre la reforma de la Constitución. Publicada el 9 de septiembre de 2015 expresa las opiniones del autor del blog al respecto. La tercera de hoy es un bello poema, como casi todos los suyos, del poeta francés Charles Baudelaire (1821-1867) y lleva el sugerente título de A la una de la mañana. Y para terminar, como siempre también, la cuarta con las viñetas de humor de la prensa del día. Espero que todas ellas les resulten interesantes. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico; al menos inténtenlo. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com







Del mito de la Caverna en el siglo XXI

 






Platón y el mito de la caverna (en el siglo XXI)

RAQUEL C. PICO

13 ago 2024 - Revista Ethic - harendt.blogspot.com


Desde que creó en el siglo V a. C. la Academia de Atenas, la voz de Platón ha sido uno de los pilares de la filosofía universal. El filósofo griego bebió de las bases de sus predecesores, sentó las nuevas para quienes lo siguieron y, especialmente, buscó llevar a la práctica su pensamiento filosófico. Al fin y al cabo, Platón tenía claro que la filosofía era fundamental para el buen gobierno.

Y es ahí donde se enmarca su emblemática caverna, ese mito que aparece en La República y que sirve a Platón para hablar de forma alegórica de dos mundos que capturan la profundidad del conocimiento. Por un lado, está el mundo de las ideas, ese que solo se conoce gracias a la razón, y, por otro, el mundo de lo sensible, que se captura por los sentidos y que, precisamente por eso, no es del todo fiable.

Dos voces —la de Sócrates, su maestro, y la de Glaucón, el aprendiz de gobernante— desgranan la historia. «Imagina una cueva subterránea que tiene a lo largo una abertura que deja paso libre a la luz», dice Sócrates. Ahí viven «encadenados desde la infancia» unos hombres. Son, de modo literal y de modo figurado, esclavos. Solo pueden ver lo que tienen delante, las sombras de las cosas que pasan por delante de la luz (y que otras personas hacen y escogen desde fuera de la cueva). Esa es su realidad.

Pero ¿qué ocurre cuando esa realidad choca con la real, es decir, con la del mundo de las ideas? Si uno de los esclavos fuera «arrancado» de la caverna y lanzado al mundo que está más allá de las sombras, accedería al fin a los conocimientos: vería por primera vez el sol; descubriría que lo que estaba viendo eran solo simulaciones; que la verdad es otra. Una verdad que a lo mejor querría compartir con sus compañeros de cueva, pero hacerlo no será tan sencillo.

Acostumbrado a ver la luz real, cuando vuelva a la caverna le costará volver a ver en el mundo de las sombras. Sus compañeros, al ver su difícil reincorporación, desconfiarán aún más del mundo exterior, les parecerá peligroso. En lugar de aceptar que el retornado ha descubierto que la vida en la caverna es un eco deformado del mundo real, percibirán que salir de la oscuridad solo causa problemas e intentarán evitarlo. «Si a alguien se le ocurriese liberarlos para sacarlos de allí y llevarlos a la región superior, ¿no intentarían capturarlo para darle muerte?», pregunta Sócrates a Glaucón. «Seguro que sí», responde. «Esa es, querido Glaucón, la imagen de la condición humana».

La historia de la caverna aborda los diferentes niveles del conocimiento, el enfrentamiento entre el mundo sensible y el mundo de la razón. El sol se convierte en un símbolo de «la idea del bien», de aquello que lo ilumina todo y permite captar la verdad, que se produzca la aletheia, ese momento en el que se desvela la esencia. Platón no solo cuenta cómo se produce el descubrimiento del conocimiento, sino también el complejo camino hacia la ética. Y quizá sean todas estas capas —y lo que nos lleva a pensar sobre las zonas grises de lo que sabemos y lo que no— lo que hace que el mito de la caverna siga todavía resonando.

Sin embargo, hablar de mito no es exactamente correcto, de acuerdo con Aida Míguez, profesora de Filosofía de la Universidad de Zaragoza, pues Platón usa imágenes, símiles y alegorías en sus obras, no mitos: «Esa imagen de la caverna forma parte del proyecto de denuncia: Platón denuncia la mercantilización del saber en general». La caverna es un «artefacto»; un relato que ayuda a comprender el punto que elabora el filósofo, según explica Bernat Torres, profesor de la Facultad de Humanidades de la Universitat Internacional de Catalunya. La caverna está en un contexto concreto. La República habla al futuro gobernante, se centra en cómo educarlo y cómo debe aprender a serlo. Y «no podemos aprender la tradición occidental sin Grecia», apunta Míguez.

¿Podemos usar la alegoría de la caverna para entender el presente? Hoy en día, el mundo parece, cada vez más, un juego de espejos, en el que lo que es y lo que se ve no son exactamente lo mismo. Si tuviésemos que resumir la actualidad en palabras clave, se usarían términos como policrisis, incertidumbre, desconfianza, fake news o posverdad. Así, la alegoría parecería un atajo potencial para entender los matices de un contexto cada vez más complejo.

No obstante, Míguez es reacia ante la idea de rescatar del pasado para comprender el presente, de escudriñar claves que solventen los problemas y las preguntas del ahora en un escrito de la Grecia antigua. Para la profesora, los diálogos de Platón «son obras de arte» y, según su postura, no usamos otras obras de arte como palanca para entender el hoy. Por eso, afirma que deberíamos «tener conciencia del abismo histórico que separa a los griegos de nosotros» y no atribuir elementos al pensador, puesto que, por ejemplo, lo que leemos no es su voz sino la de sus personajes: «No se puede reducir a Platón a tres tesis». Así, sostiene que: «Lo que la gente conoce hoy es un cliché cultural».

Por el contrario, Torres señala que «leer a Platón siempre ayuda»: sus palabras son una palanca para tener una visión más crítica, para pensar y cuestionar. Esto pues, al fin y al cabo, la esencia de la caverna es invitar a reflexionar sobre la realidad, intentar ir al origen de lo que se sabe y de lo que no. Y sí, Torres también recuerda que el tiempo ha pasado y que hay cosas inconmensurables, que entre lo que era normal entonces y lo que lo es ahora puede haber abismos, pero la esencia sigue siendo la misma: «Platón nos hace reflexionar sobre muchas cosas, casi todas las importantes de la vida». Puntualmente, en la alegoría de la caverna, nos está diciendo que hay que ser suspicaces; invita a sustraerse de la vida política para mirarla desde fuera y volver a entrar en ella con la conciencia de sus complejidades.

En un mundo que se siente cada vez más polarizado y en el que los matices inevitables de la realidad cada vez son más pasados por alto, esta interpretación es especialmente atractiva. Lo que La República captura es que no puede existir una pasión por el poder y el dinero a la hora de acercarse a la política, sino que debe hacerse desde la honestidad. Platón, recuerda Torres, conocía muy bien la corrupción, que está muy lejos de ser un invento moderno, y apunta que La República puede ser un diálogo sobre lo que debería saber un gobernante de hace dos milenios, pero «ahí está retratando la vida política de cualquier sociedad». Raquel C. Pico es escritora.








[ARCHIVO DEL BLOG] Sobre la reforma de la Constitución. Cuestiones previas. [Publicada el 09/09/2015]










Antes de entrar en materia conviene asumir como premisa previa que la estupidez, en política, suele ser consecuencia de la ignorancia preñada de soberbia. En las discusiones acerca de la necesaria reforma de la Constitución de 1978, que nadie en su sano juicio pone en duda salvo el gobierno del PP, hay estupidez, ignorancia y soberbia a raudales.
Vayamos por partes. El artículo 167 de la Constitución establece que para una reforma parcial y limitada de la misma, por ejemplo, como las llevadas a cabo para aprobar las dos únicas modificaciones que esta ha tenido desde su promulgación, es necesario el voto favorable del 60% de cada Cámara, es decir, del Congreso y del Senado. 
Si el Senado no aprobase la reforma remitida por el Congreso, o la modificara, se constituiría una comisión paritaria de congresistas y senadores que elaborarían un texto consensuado común que volvería a someterse a votación, en las mismas condiciones, tanto en el Congreso como en el Senado. 
Si tampoco ese texto obtuviese el acuerdo del 60% del Senado, pero sí hubiese obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del mismo, el Congreso podrá votarlo de nuevo y aprobarlo si obtiene al menos el voto favorable del 67% de la Cámara.
Ni que decir tiene que si al inicio de todo el proceso la propuesta de reforma no hubiera obtenido en el Congreso el voto favorable del 60% de los diputados, no hay reforma y el texto queda desechado.
Esas son las condiciones para una reforma parcial. Si lo que se pretende es una reforma total de la Constitución, es decir, elaborar una Constitución de nueva planta, o una parcial que afecte al Título Preliminar de la misma; a la Sección Primera (De los derechos fundamentales y libertades públicas) del Capítulo II del Título I; o al Título II (De la Corona), la cuestión se agrava. 
El artículo 168 de la Constitución establece que, en ese caso, la decisión de proceder a esa reforma total o agravada de la Constitución deberá ser aprobada (y que quede claro que hablamos solo de la decisión de proceder a esa reforma, no de aprobarla) por los dos tercios (el 67%) de cada Cámara (Congreso y Senado), momento tras el cual las Cortes Generales serán disueltas y se procederá a convocar elecciones generales a Cortes.
Las nuevas Cortes Generales que salgan de esas elecciones deberán, a continuación, y por ese orden:
1. Aprobar por mayoría del 67% de cada Cámara la necesidad de reforma total o parcial de la Constitución.
2. Elaborar y aprobar la reforma parcial o la nueva Constitución por la misma mayoría del 67% tanto en el Congreso como en el Senado.
3. Someter el texto aprobado a referéndum nacional.
Ante lo expuesto, me parece que conviene pararse un momento ante tanta palabrería insustancial como la que se oye o se lee y recapitular sobre el asunto en cuestión.
A mí, que no soy constitucionalista, pero sí amante de la teoría política y del derecho constitucional, se me plantean algunas cuestiones que me parecen de interés.
La primera, es que hay que ponerse de acuerdo previamente en si queremos una reforma de la Constitución parcial, una reforma profunda de la misma, o una nueva Constitución. La segunda, es que hay que ponerse de acuerdo en qué se quiere reformar y para qué. La tercera, es que hay que ponerse de acuerdo en cuándo iniciamos esa reforma. Y la cuarta, saber con quienes contamos para promoverla.
Lo que sigue a continuación son solo opiniones personales mías al respecto, y en todo caso, un mero esbozo. Pienso que hay que ir a una reforma agravada de la Constitución (la que se recoge en el artículo 168 de la misma) que aborde como mínimo una reforma en profundidad del sistema electoral; incluya nuevos artículos (o perfeccione los existentes) sobre derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos; modifique la estructura territorial del Estado (Título VIII de la Constitución) y establezca con claridad las competencias de este y de las comunidades autónomas; modifique el título dedicado a la Justicia y al Tribunal Constitucional; establezca un Senado que, de verdad, represente a las Comunidades y Ciudades Autónomas; y cree y establezca nuevos mecanismos de control, absolutamente necesarios, del gobierno por parte de las Cortes Generales; y por último, que regule las competencias del Rey como Jefe del Estado y establezca la modificación del orden sucesorio actual. Seguro que hay más, pero estas son las que me parecen prioritarias.
Eso en cuanto a las dos primeras cuestiones. En cuanto a la tercera, es decir, el cuándo proceder a esa reforma constitucional, está claro que hay que esperar a la constitución de las nuevas Cortes Generales que salgan de las elecciones previstas para diciembre de este año. A partir de ahí, se podrían ir planteando reformas parciales de la Constitución que no exigieran el procedimiento agravado del artículo 168. Y para las que sí lo exigieran, plantearse el estudio de esas reformas a un plazo mínimo de dos o tres años que permitieran buscar un acuerdo o consenso suficiente entre las fuerzas políticas presentes en el parlamento para poder proceder a votar su necesidad a mediados de 2018, disolver las Cortes y convocar elecciones anticipadas que ratificaran la decisión de reforma y la llevara a cabo. Y en cuanto a la cuarta cuestión, resulta imposible saber a ciencia cierta que configuración parlamentaria van a arrojar las próximas Cortes, pero en todo caso parece claro que ni izquierda, ni centro ni derecha cuentan, ni van a contar, con escaños suficientes para llevar a cabo reforma alguna por sí solos. El acuerdo previo, al menos en lo fundamental, resulta absolutamente necesario; de ahí lo de tomarse las cosas con cierta calma y no pifiarla de nuevo por las prisas.
Así pues, señoras y señores diputados; señoras y señores senadores; señoras y señores de la oposición; señoras y señores del gobierno; profesores; académicos; intelectuales; escritores; artistas; empresarios y trabajadores de todas clases; señoras y señores; españolas y españoles; ciudadanas y ciudadanos..., ¿por qué no nos ponemos ya a trabajar en ello? Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 











El poema de cada día. Hoy, A la una de la mañana, de Charles Baudelaire








A LA UNA DE LA MAÑANA

¡Por fin solo! No se ve más que el volante de unos coches gastados y cansados. Durante una hora, si no hay descanso, todavía hay silencios. ¡Al final de la pérdida de la dignidad humana, sólo hay una manera de que pueda sufrir!

¡Para el final! Me permites descansar en un baño de tinieblas. La primera, doble vista del círculo. Esta segunda nota, creo, ha de amentar mi soledad, fortalecerá los muros que me separan del mundo.

¡Vida horrible! ¡Ciudad horrible!

Recapitula el día: ver a varios hombres de letras, uno de los cues me preguntó si se puede ir a Rusia por tierra —sin duda tomaba a Rusia por isla—; disputo generosamente con el director de una revista, que ante cada objeción repitió: ésta es la fiesta de los honrados; Por tanto, sugiero que ya están escritos por sobornos.

Saludar a unas veinte personas, quince de ellas desconocidas; Salir con apretones de manos, en igual proporción, sin tener que tener cuidado de comprar unos guantes.

Sufrir, ver el tiempo durante la lluvia, en casa de una corsetera, lo que me hizo preguntarme si sería un traje. Hablando con el director de un teatro, para que, a petición suya, me dijera: “Prueba el acero dirigido a Z; es, de todos mis autres, el más pesado, el más tonto, el más celebre; con el podría usted conseguir algo.

Alabarme, ¿por qué?, de diversas acciones que nunca llegan y dejan de cobardemente otras fechorías que sitúan al estudiante en Cabo, delito de fanfarronería, delito de respeto humano; Negar a amigo cierto favor easy y dar una recomendación por escrito a un cabal tunante cabal.

Descontento de todos, descontento de mí, quisiera rescatarme y recobrar a poco de orgullo en el silencio y en la soledad de la noche.

Almas de los que amé, almas de los que canté, fortalecedme, sostenedme, alejad de mí lamenta y los vahos corruptos del mundo.

Tú, Señor mío, concédeme la gracia de producir algunos versos de gente buena, que mi mismo pruebe que no somos los últimos de los hombres, que no somos inferiores a los que desprecian.

Charles Baudelaire (1821-1867). Poeta francés









Las viñetas de hoy jueves, 15 de agosto de 2024

 





















miércoles, 14 de agosto de 2024

De las entradas del blog de hoy miércoles, 14 de agosto





 

Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles. Cansada de golpearse contra la misma pared de huesos descarnados, dice en la primera de las entradas de hoy la escritora Marta Perezagua, ha tomado una resolución: se va de Nueva York y vuelva a su tierra andaluza para que su hija corra libre por las calles. La segunda es un archivo del blog de septiembre de 2015 en la que tres pensadores, Joseba Arregi, José María Ruiz Soroa y Gabriel Tortella, conversaban sobre la necesidad de reformar la Constitución de 1978, pero una década después esa reforma ni está ni se la espera. La tercera viene hoy con un bello poema del poeta alemán Friedrich Hölderlin titulado A las parcas. Y para terminar, como siempre también, la cuarta, con las viñetas de humor de la prensa del día. Espero que todas ellas les resulten interesantes. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico; al menos inténtenlo. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com













La vida es así

 







Mi reino por un pueblo
MARINA PEREZAGUA
12 ago 2024 - El País - harendt.blogspot.com

He vivido más de la mitad de mi vida en Nueva York, me emociona hasta la médula cuando veo sus luces desde el avión, y esa oscuridad guarecida en la misma luz. El grito animal, la querencia apasionada de futuro a golpes de empeño, caídas hacia arriba: la esperanza. Tengo la sensación de que cuando el avión desciende, es la propia ciudad la que tira de la máquina. 

Llegué con veinte años, trabajé como mula, pasé por una depresión y por la de otros amigos en condiciones similares. Descubrí que el sexo es diferente según la diversidad de culturas. Asimilé el feminismo activo, sin caretas. Terminé mi doctorado. Todos los libros que he escrito los he escrito en Nueva York. Formé mi familia elegida. Me enfermé gravemente varias veces. Descubrí la compasión en una megápolis. También aprendí de violencia. Una noche, un taxista no quiso que una amiga salvadoreña se montara en su coche. La humilló. Me acerqué a la ventanilla, le cogí la cabeza y como endemoniada tiré hacia fuera como si quisiera desraizar una calabaza. No me enorgullece. Sólo lo cuento porque en esta ciudad se te acumula dentro la metralla cotidiana y un día explota. Pero también sucedían actos de profunda solidaridad. Una mañana un indigente se montó en el autobús. Pagó su billete, pero su olor era tan fétido que el conductor le pidió que se bajara. Presencié atónita cómo todos los pasajeros, uno por uno, también se apearon, en silencio. 

Esto sucedió hace años. La ciudad era cruel y bondadosa al mismo tiempo. Ese contraste la hacía única porque debías enfrentarte al acto más humano: cuestionarte cada día. Ya no es así. Las ideas son como los rascacielos, fachadas de un arquitecto que parece haber abandonado a sus hijos de cristal y hierro. El racismo está en un punto álgido. Condenan a pena de muerte a personas con enfermedades mentales tan graves que ni siquiera entienden que van a ser ejecutados. El encarcelamiento sin juicio de menores o inocentes. Personas que mueren porque no pueden pagar la insulina. En las escuelas los niños tienen que pasar por simulacros de tiroteos, pero no les advierten de que son simulacros, con lo cual el trauma de ver a su profesor con un tiro falso en la cabeza equivale al trauma de una situación real. Todo esto ya pasaba, pero empeora a un ritmo frenético. Se ha incrementado el número de indigentes muriendo en las calles. Hace tiempo que no veo un gesto de solidaridad. Incluso los intelectuales de izquierdas son, en su mayoría —con notables excepciones— masas de desidia, murientes acaudalados. 

Cansada de golpearme contra la misma pared de huesos descarnados, he tomado una resolución: vuelvo a mi tierra andaluza. Dejo un trabajo que solía adorar cuando me sentía útil, doy un salto al vacío, sin apenas ahorros, trabajo, ni apoyo familiar. Nací en Sevilla, pero he elegido Istán, en la provincia de Málaga, en el centro de una reserva de la biosfera, paraíso de la escalada, fresco. Por todo el pueblo hay fuentes de agua, el oro de Andalucía y la mayor parte del planeta. A 25 kilómetros el mar marca el horizonte de África. Las calles están limpias y los enrejados de los balcones se entretejen con todo tipo de plantas. En otoño las setas crecen como flores de primavera. Me siento española y norteamericana, pero mi hija jugará en una plaza llena de niños y niñas, donde mi vecina Nati se la lleva a comer con su nieta cuando me ve muy apurada. Irá a un colegio de pueblo.  

Algunos se indignan. Cómo voy a cambiar el nivel cultural newyorkino —maravilloso, cierto—, por el de un pueblo. Muy simple: si tengo que elegir entre que mi hija conozca uno de los mayores planetariums del mundo, asista a los mejores conciertos, siga con sus clases de trapecio, o que corra libre por las calles sin riesgo de secuestros, tiroteos, y vaya a una escuela sin adoctrinamiento y censura de libros escolares, no tengo duda. Sin olvidar que en este pueblo no se conoce el método educador de pequeños monstruos llamado “gentle parenting”. Para quien no lo sepa, consiste en que a los niños no se les puede decir la palabra “no”, y hay que pedirles su opinión antes de que sepan hablar. Hace unos meses, mi hija de dos años le dio un abrazo a una amiga. En ese momento, la madre se levantó del sofá como si fuera a apagar fuego, corrió hacia su hija, la agarró de los hombros y le preguntó: “¿Cómo te ha hecho sentir el abrazo?”. En Istán he reaprendido a decir “no” sin sentirme juzgada. Es liberador. Despedirme de mi trabajo, de la que también es mi tierra, de mis grandes amigos. El miedo y la tristeza de esto sólo lo puede entender quien lo ha vivido. Pero también me lanzo a la excitación del cambio, a la cercanía de mi cuna. La vida es sencilla. Huele a jazmín por las noches. El rumor del agua que corre arrulla como el ulular de las lechuzas. He elegido un lugar donde las estrellas son visibles y siguen perteneciendo al cielo, y lo más importante: las personas de Istán han sabido mantener los pies en la tierra. Gracias a Manhattan por lo que fue, y a Istán por lo que será. Marina Perezagua es escritora.