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sábado, 30 de mayo de 2020

[A VUELAPLUMA] Miedos





"Al atenuarse el confinamiento por la Covid-19 -escribe en el último A vuelapluma de la semana [El síndrome del confinamiento. La Vanguardia, 15/5/2020] la socióloga Eulàlia Sole- se ha descubierto que hay personas que han desarrollado el miedo a salir a la calle. Lo han llamado síndrome de la cabaña, y tiene un sentido similar al conocido como síndrome de Estocolmo. Este significa que la persona retenida en contra de su voluntad va experimentando un vínculo afectivo hacia sus captores, y a su semejanza, los confinados por el virus tomarían el gusto a estar encerrados en el hogar. Lo cierto es que la ausencia de libertad conlleva asimismo la falta de obligaciones y responsabilidades, y habituarse a ello resulta peligroso.

La agenda vacía de compromisos, los días transcurriendo uno tras otro sin diferencia alguna. Al principio aburridos, poco a poco llenándose de actividades fáciles y a placer. Televisión, ordenador, móvil, teléfono, videollamadas, tiempo para leer, dibujar, coser, para ordenar armarios, ca­jones, archivos. Para jugar con la familia cuando no se vive solo. Siempre sin horarios estrictos, sin la antipatía del despertador de las mañanas.

Sin tener que inquietarse por el aspecto personal, la figura, la vestimenta. El cabello canoso, crecido, mal peinado. ¡Qué importa si tan sólo la parentela es testigo, acaso únicamente el espejo!... De pronto cobran gratificante protagonismo las flores que crecen en las macetas de la ventana, el balcón o la terraza, los pájaros que vuelan a ras de los cristales o entre algunas plantas relativamente altas.

Si no hay que salir siquiera a comprar, echar la basura o el reciclaje porque otras personas lo hacen, la comodidad, la molicie se instalan alevosamente hasta socavar todo trabajo, ansia, iniciativa, deber. ¿Para qué abandonar una vida tranquila y amable para entrar en otra agitada y en ocasiones hostil?

Tal es el síndrome del confinamiento, una secuela quizás imprevista, menos grave que los contagios y los muertos provocados por el maldito virus, pero que deja huella. Hombres y mujeres víctimas inesperadas de agorafobia. Arrancarlas del cobijo de su morada, disfrutado a tiempo completo durante tantas semanas, requerirá tiempo, estrategia o, en el síndrome más intenso, atención psicológica. Por lo demás, lejos de tal patología, ojalá el confinamiento haya servido para valorar los pequeños placeres y desdeñar el consumo descontrolado".

A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. 





La reproducción de artículos firmados por otras personas en este blog no implica compartir su contenido. Sí, en todo caso, su  interés. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




HArendt





Entrada núm. 6067
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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)