jueves, 9 de febrero de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] En el lado oscuro. [Publicada el 21/04/2011]










El próximo 1 de julio se cumplen cincuenta años de la muerte del escritor francés Louis-Ferdinand Destouches (1894-1961), más conocido en el mundo de la literatura como "Céline". Para algunos, el más importante escritor en lengua francesa del siglo XX. El gobierno francés tenía preparado para la conmemoración una serie de actos oficiales en su homenaje, pero se han quedado en nada. La razón, la denuncia de organizaciones judías francesas que no le perdonan su pasado antisemita. La historia la traía a colación el diario El País del pasado 20 de febrero en un interesante reportaje titulado "¿Qué hacemos con los genios infames?", firmado por el periodista Javier Rodríguez Marcos. No dejen de leerlo porque realmente merece la pena
Hannah Arendt en su libro "Los orígenes del totalitarismo: I. Antisemitismo" (Alianza, Madrid, 1987) dice de Louis-Ferdinand 'Celine' cosas terribles. "Poseía una tesis sencilla e ingeniosa, que contenía toda la imaginación ideológica de que había carecido el más racional antisemitismo francés. Afirmaba que los judíos habían impedido que Europa evolucionara hasta formar una entidad política, habían provocado todas las guerras europeas desde el año 843 y habían conspirado para arruinar tanto a Francia como Alemania, incitando su hostilidad mutua. 'Celine' ofreció esta fantástica interpretación de la Historia en "L'École des Cadavres", escrita en la época del pacto de Munich y publicada durante los primeros meses de la guerra. Un folleto anterior sobre el mismo tema, "Bagatelle pour un massacre" (1938), aunque no incluía la nueva clave de la historia de Europa, resultaba notablemente moderno por su forma de abordar el tema: evitaba todas las diferenciaciones restrictivas entre judíos nativos y judíos extranjeros, entre judíos buenos y judíos malos, y no se molestaba en complejas propuestas legislativas (característica particular del antisemitismo francés), sino que iba derecho al fondo de la cuestión y pedía la matanza de todos los judíos".
Es cierto que el estallido de una guerra civil puede coger a cualquiera en el lado equivocado y en el momento más inoportuno. La II Guerra Mundial fue sin duda, la última gran contienda civil europea. Pero fue también y sobre todo una guerra ideológica, y cuando la adscripción a una ideología resulta previa y voluntaria al estallido de la misma, es mucho más complicado encontrarle justificación a esa caída en "el lado oscuro". 
Para algunos, se dice en el reportaje, esa adscripción "fue un sarampión -Mies van der Rohe, Mircea Eliade, Günter Grass-; para otros -Giuseppe Terragni, Pierre Drieu La Rochelle o el Nobel noruego Knut Hamsun-, una enfermedad crónica. Eso en la versión fascista, porque la versión estalinista del sarampión afectó a medio Parnaso, de Pablo Neruda a Rafael Alberti, que en 1937, durante una visita a la URSS, quedó fascinado por Stalin, por "su bondad, su conocimiento de la gente, su deseo de verla feliz".
El caso de Knut Hamsun, el escritor noruego Premio Nobel de Literatura en 1920, del que escribí en mi entrada del 20 de diciembre de 2009 [v. "El caso Knut Hamsun"] resulta paradigmático al respecto. Considerado el escritor más influyente del siglo XX, al finalizar la contienda mundial fue procesado y condenado por los tribunales noruegos por colaboración con el régimen nazi de ocupación. Él nunca reconoció haber traicionado a su patria.
La cuestión como dice el autor del reportaje al final del mismo, es que el día que Céline nos resulte tan lejano como Quevedo algo se habrá ganado pero algo se habrá perdido. Significará que el horror que contribuyó a encender se ha vuelto para nosotros más ajeno que la belleza que él mismo consiguió crear. Entre tanto, habría que prescindir de la brocha gorda para asumir de una vez por todas que los buenos escritores son a veces malas personas. Y, de paso, asumir que para reconocer la grandeza de un artista no hace ir con flores a su tumba.
Solo he encontrado un vídeo en español sobre "Céline", titulado "Un diamante negro como el infierno", y lo he añadido como complemento a esta entrada del blog. Al enlazarlo podrán acceder si lo desean a otra serie de vídeos sobre él tanto en francés como en inglés. Espero que les resulten interesantes. ¡Ah, y Felices Pascuas a todos los creyentes y Felices Fiestas a los que no lo sean!, pero intenten ser felices en todo caso, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt












miércoles, 8 de febrero de 2023

Del bipartidismo

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del profesor Ignacio Sánchez-Cuenca, va del bipartidismo. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.







La mala salud de hierro del bipartidismo
IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA
07 FEB 2023 - El País

Francia y España son los dos países de Europa occidental en los que se registra una confianza ciudadana en los partidos políticos más baja. Según los datos del Eurobarómetro, la encuesta que realiza periódicamente la Comisión Europea, menos del 10% de franceses y españoles confía en los partidos.
Resulta lógico que, con un nivel tan bajo de confianza, el sistema de partidos de la V República francesa haya saltado por los aires. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2022, la candidata socialista Anne Hidalgo obtuvo el 1,7% del voto y el candidato gaullista, Nicolas Dupont-Aignan, se quedó en el 2,1%. Los tres primeros candidatos fueron Emmanuel Macron, encabezando una plataforma personalista (La República en Marcha), Marine Le Pen (Agrupación Nacional) y Jean-Luc Mélenchon (Francia Insumisa).
En España, en cambio, con un desprestigio de los partidos similar al francés, las dos grandes formaciones, PSOE y PP, han resistido bastante mejor. Sin duda, han perdido cuota de voto, pero siguen siendo los dos primeros partidos y ninguno de los nuevos ha conseguido superarlos: a punto estuvieron de hacerlo Podemos con el PSOE en 2015 y Ciudadanos con el PP en abril de 2019. En medio de una mayor fragmentación, PP y PSOE no pueden gobernar en solitario, mas son las fuerzas dominantes en sus respectivos bloques ideológicos. En este sentido, los partidos nuevos han acabado adoptando una posición subalterna en el sistema.
¿Por qué en España, aun debilitados, resisten los dos grandes partidos, mientras que en Francia socialistas y gaullistas prácticamente han desaparecido? La pregunta, en realidad, no se limita a estos dos países, pues el fenómeno del que estamos hablando, la desestructuración de los sistemas tradicionales de partidos, está muy extendido. Hay algunos países en los que los partidos históricos han capeado el temporal político de los últimos quince años, pero hay otros en los que se ha producido una transformación profunda.
España se encuentra en una posición intermedia, no ha habido un colapso de PSOE y PP, pero sí un desgaste importante. En las elecciones de 2008, en los prolegómenos de la gran crisis, los dos partidos consiguieron la mayor concentración de voto desde 1977: juntos sumaron el 83,8% del voto. En noviembre de 2019 habían bajado al 48,8% (en las elecciones de abril de ese mismo año el porcentaje fue incluso menor, el 45,4%, el mínimo histórico). Se trata de una pérdida muy sustancial, pero que no compromete su supervivencia. Es más, todo indica que en las próximas elecciones PSOE y PP recuperarán una parte de la cuota perdida.
Una primera explicación de esta resistencia tiene que ver con la extraordinaria rapidez con la que los nuevos partidos han reproducido algunos de los vicios políticos de los antiguos, con la consiguiente decepción de sus seguidores. Llama la atención cómo en tan poco tiempo se han constituido en el seno de las nuevas organizaciones núcleos cerrados o camarillas de poder que anulan cualquier atisbo de disenso y que adoptan el mismo lenguaje acartonado, uniforme y rutinario que ha dominado la política española durante décadas. Los nuevos políticos hablan con las mismas frases hechas de siempre, obsesionados por colocar sus mensajes en los medios, a la defensiva, apuntalando la posición oficial contra viento y marea. Muchos de los potenciales votantes terminan cansándose, igual que se cansaron antes de los viejos partidos. Da la impresión de que los nuevos se adaptan con demasiada facilidad a las reglas del ecosistema político-mediático, si bien el coste a pagar consiste en romper amarras con la sociedad civil. La grieta entre la opinión pública y los partidos no para de ensancharse. Solo así se entiende que la aparición de tres nuevas fuerzas (Podemos, Ciudadanos y Vox) no haya conseguido aumentar la confianza política de la ciudadanía.
Con todo, creo que hay algo tan o más importante que el envejecimiento acelerado de las fuerzas jóvenes: el sistema electoral ha contribuido a que el PSOE y el PP salven el pellejo. Uno de los elementos clave de este sistema es el tamaño de los distritos electorales (que en España son las provincias). Hay grandes variaciones de población en las provincias y, por tanto, también en el número de diputados que se eligen en cada una. En Soria se elige solo dos diputados, mientras que, en Madrid, 37. En la práctica, como ha mostrado Alberto Penadés en sus trabajos sobre el tema, operan simultáneamente tres sistemas electorales: el de las provincias pequeñas (con circunscripciones con 5 o menos escaños), el de las provincias intermedias (de 6 a 9 escaños) y el de las provincias grandes (más de 10 escaños). En las provincias pequeñas el sistema es prácticamente mayoritario (es decir, casi todo se lo llevan los dos grandes partidos); en las grandes, es proporcional (cada partido recibe el porcentaje de escaños que corresponde a su porcentaje de votos); y en las intermedias tenemos proporcionalidad con un sesgo mayoritario.
Pues bien, la idea central se puede expresar brevemente: en las provincias pequeñas, el sistema electoral ha amortiguado considerablemente el castigo a los grandes partidos. Si se comparan los resultados electorales de noviembre de 2019 y de marzo de 2008, la concentración de escaños en manos de PP y PSOE se redujo en 24 puntos porcentuales en las provincias pequeñas (pasó del 97% en 2008 al 73% en 2019), mientras que en las grandes la pérdida equivalente fue de 41 puntos porcentuales (del 91% al 50%). Las pérdidas de voto, sin embargo, no fueron tan diferentes: 33 puntos porcentuales en las pequeñas y 38 puntos en las grandes (esta diferencia de 5 puntos, por cierto, no se debe a variaciones provinciales en la renta per cápita). Los escaños de las provincias pequeñas, por tanto, son menos sensibles (menos elásticos) al castigo electoral que los escaños de las provincias grandes. Si a esto se añade que en las provincias pequeñas hay un número considerable de votantes que renuncian a votar a los partidos nuevos porque saben de antemano que no van a obtener representación (voto útil), el premio del sistema electoral a los partidos tradicionales es considerablemente mayor.
Debido a la fuerte variación en la distribución provincial de escaños, en España no opera la lógica de los sistemas mayoritarios (fundamentalmente, los anglosajones), en los que, en lugar de nuevos partidos, surgen candidatos rompedores en el interior de los grandes partidos (como Donald Trump en el partido republicano, Bernie Sanders en el partido demócrata y Jeremy Corbin en el laborista), pero tampoco funciona plenamente la lógica proporcional, que se debilita en las provincias intermedias y se bloquea en las pequeñas. No cabe descartar que si el sistema hubiera sido más proporcional en el reparto de escaños, alguno de los nuevos partidos hubiese adelantado a su competidor directo, con las consecuencias políticas que eso podría haber tenido.
Al final, el viejo sistema electoral español, perfilado en la Ley para la reforma política de 1976, durante los estertores del franquismo, y que no ha sido modificado en lo sustancial desde entonces, ha contribuido a preservar el sistema de partidos en medio de las turbulencias políticas de nuestro tiempo. Algunos, quienes priman la estabilidad política, se sentirán aliviados; otros, sin embargo, los que creen prioritaria la renovación, lo lamentarán.

























[ARCHIVO DEL BLOG] Hannah Arendt, de actualidad. [Publicada el 01/02/2013]











Resulta indudable que el pensamiento, la obra y la vida de la gran teórica-política estadounidense de origen judeo-alemán, Hannah Arendt, fallecida hace treinta y ocho años a los sesenta y nueve de edad en su casa de Nueva York, siguen de actualidad.  De enorme actualidad diría yo. Aunque pudiera parecer redundante recalcar su condición de estadounidense, de su origen alemán y de su condición de judía, no es una cuestión baladí, y un repaso a su biografía lo atestigua fehacientemente. 
La cineasta alemana Margarethe von Trotta estrena en estos días una película sobre Hannah Arendt, interpretada por la actriz Barbara Sukova. En una entrada del 13 de febrero del blog de Fernando Mires hay una reseña crítica de la película que vale por todo un tratado sobre la vida y la filosofía de Hannah Arendt. El filme se centra en el proceso de elaboración de uno de sus libros más famosos y polémicos, "Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal", publicado en 1963 y que escribió tomando como base los articulos que realizó para la revista "New Yorker" sobre el secuestro del exjerarca nazi Adolf Eichmann en Argentina por agentes del Mossad israelí, y su posterior proceso judicial, condena y ejecución en Israel. La película trata también aspectos fundamentales de la trayectoria vital e intelectual de esta original pensadora, quizá la más original y controvertida del siglo XX. Ya escribí sobre ello en una entrada anterior y a ella me remito, y la película ha sido objeto de un interesante reportaje publicado en "El País" del pasado 29 de enero por Javier Rodríguez Marcos con el sugerente título de "La banalidad del mal. 50 años después". También  traté el asunto en otra entrada de mayo pasado titulada "Juicio y condena de Adolf Eichmann" que pueden ver aquí y que hace innecesario insistir más en el tema. Pueden ver un tráiler de la película de Margarethe von Trotta en este enlace.
Para quien se enfrente por vez primera al pensamiento y la obra de Hannah Arendt me tomaría el atrevimiento de sugerirle que lo hiciera no por sus grandes y monumentales construcciones teóricas, tales como "La condición humana", "Los orígenes del totalitarismo" o "Sobre la revolución", por citar solo algunas de ellas, todas editadas en español, sino por la anteriormente citada sobre el proceso de Eichmann o la titulada "Tiempos presentes" (Gedisa, Barcelona, 2002), editada por la profesora alemana  Marie Luise Knott.
Leí esta última hace justamente diez años, en la primavera de 2003, y he vuelto a releerla en estos días con sumo placer. Se trata de una recopilación de ensayos, ocho en total, de extensión media (entre veinte o treinta páginas cada uno) publicados entre 1943 y 1979, que analizan fenómenos y acontecimientos políticos contemporáneos del momento en que se escriben, tales como "El problema alemán" (1943), la impresión recibida tras la vuelta a su país de origen al finalizar la guerra mundial en "Visita a Alemania" (1950), o el interesantísmo "El problema alemán no es ningún problema alemán (1945). Pero también "Europa y América" y "Little Rock" (1959), "Desobediencia civil" (1970) y "200 años de la revolución americana" (1975).
Sobre la actualidad de su pensamiento, un ejemplo tomado del ensayo "Desobediencia civil" antes citado. Dice en él: "Se ha demostrado suficientemente que las campañas de desobediencia civil, organizadas con habilidad, pueden ser muy efectivas y ocasionar cambios legales deseables". ¿Les suena la idea? Y este otro: "Por mucho que la resistencia (a la opresión) actúe movida por la idea de libertad, esta solo puede tomar forma allí donde los hombres se reúnen, se entienden y se tratan". O este texto, ciertamente premonitorio de los tiempos que vivimos, citado en "200 años de la revolución americana": "Es perfectamente posible que estemos en uno de esos puntos de de inflexión decisivos en la historia, uno de esos puntos que separan a épocas enteras las unas de las otras. Para nosotros, contemporáneos implicados en las inflexibles exigencias de la vida cotidiana, la línea divisoria entre una era y la siguiente apenas si es visible mientras la traspasamos; solo cuando el hombre las ha sobrepasado, las líneas se convierten en muros tras los que queda el pasado irrecuperable".
Para la profesora Marie Luise Knott, editora de "Tiempos presentes", cuando el libro se publica por vez primera (1986), Hannah Arendt no estaba políticamente tan en alza como lo estuvo después de la caída del Muro de Berlín (1989). Como bien dice era considerada por sus críticos como una escritora "hors catégorie" (inclasificable), a la que desde la izquierda consideraban una derechista, y desde la derecha una polemista temible a la que sus ensayos siempre resultaban incómodos. Y es que sus escritos constituyen siempre intentos de describir lo novedoso, lo "no-dicho" y lo "no-visto"; pensar apasionadamente para comprender la realidad.
Para Arendt no hay nada en la política que resulte obvio, sino que es algo que hay que discutir constantemente para que exista en un espacio público; un espacio público que necesita renovarse sin cesar para mantenerse. Los ensayos de Hannah Arendt, dice su editora, viven de la discusión, sobre la que quiere poner acentos propios al escribir. En lugar de definir y deducir despliega las reglas del juego jugándolo; intentando medir la trascendencia de una idea, palpar sus límites y sobrepasarlos. De ahí, su permanente actualidad.
El vídeo que acompaña la entrada, que ya he reproducido anteriormente, en un extenso reportaje televisivo sobre su vida y su obra, dentro del ciclo dedicado a los grandes pensadores del siglo XX. Ella, sin duda, lo fue. Y en este otro enlace pueden disfrutar de la entrevista, interesantísima, que la periodista Esther Andradi realizaba el pasado 8 de febrero para la revista argentina "Página 12" a la realizadora alemana Margarethe von Trotta, titulada "Un retrato para Hannah", con motivo del estreno mundial en Berlín de su película "Hannah Arentd", y que he tomado también del magnífico blog de Fernando Mires.
Espero que les resulte interesante. Y sean felices, por favor, a pesar del des-gobierno que padecemos. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν": Nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt








martes, 7 de febrero de 2023

De la perennidad sin enmienda

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del escritor Manuel Vicent, va de la perennidad sin enmienda. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.







El vigilante
MANUEL VICENT
05 FEB 2023 - El País

“Piensa que cualquier cosa que firmes, un día estará en la mesa de tu peor enemigo en tu peor momento”. Esta fue la advertencia que le hizo el viejo director de una multinacional a un joven que acababa de acceder a un puesto ejecutivo en la empresa. Su aviso partía del conocimiento directo de lo más ruin del alma humana, algo que en estos tiempos en que la violencia y la banalidad cabalgan juntas, le puede servir de lección a quien aspire a sacar cabeza del anonimato. Lo primero que debe saber un político, un líder de opinión, un científico, un empresario, un artista famoso es que hay alguien que te vigila, que conoce tus puntos flacos, tus caídas, los errores que has cometido, lo que has dicho o escrito, incluso aquello tan humillante, que siempre has tratado de ocultar. Ese vigilante lo sabe todo de ti y guarda tu secreto con una labor de insecto en un cajón por si un día le puede servir para anularte. Será en tu peor momento o cuando a él le convenga. Hasta hace poco, durante los felices tiempos analógicos, este acecho desde la oscuridad no tenía tanto peligro, puesto que el papel o el micrófono que servían de soporte a cualquier grave desliz acababa por desaparecer podrido junto con los periódicos en el basurero y la voz de la radio al final se la llevaba el viento y ya no volvía. Pero en el mundo digital cualquier error que cometas, seguirá de forma perenne en la Red, como si lo estuvieras cometiendo siempre ahora mismo. De hecho, la Red te convierte en ese mosquito que fue atrapado por una gota de ámbar y permanece intacto desde hace un millón de años, solo que ahora cualquier pelanas puede devolverte a la actualidad, donde ya te espera un tribunal constituido por miles y miles de idiotas. Bastará con que un enemigo anónimo escriba tu nombre en el teclado y aparecerán en su pantalla todas tus caídas por las que serás una y otra vez sacrificado.



















[ARCHIVO DEL BLOG] Retorno a Wittenberg. [Publicada el 05/01/2018]










Dotado de una fuerza visionaria, Lutero captó hace cinco siglos los apasionados anhelos religiosos de su tiempo. El Reformador era un hombre de pensamiento y oración, preocupado por el futuro de Alemania y de Europa, escribía hace unos días en El País el profesor y catedrático emérito de la UNED Manuel Fraijó, teólogo y filósofo español, discípulo y amigo de grandes pensadores en el ámbito de la teología y la filosofía, como Karl Rahner, Wolfhart Pannenberg, Hans Küng, Jürgen Moltmann y Johann Baptist Metz.
Con cierta impaciencia, comenzaba diciendo, debe estar contando Lutero las horas que faltan para que termine el año de su V centenario. Hay que imaginárselo contento, pero también algo exhausto a causa de tanta conmemoración. Con no poco asombro habrá tomado nota de la visita de los papas Benedicto XVI y Francisco a lugares emblemáticos del protestantismo; especial satisfacción le habrá producido escuchar sus himnos, una de sus mejores herencias, cantados en tantas iglesias católicas; y, como su corazón nunca dejó de ser del todo agustino, le habrá encantado la carta, tan serena y justa, que el prior general de los agustinos ha dirigido a la orden; y él, que tan agrios debates mantuvo con el cardenal Cayetano, habrá leído con asombro y honda satisfacción la excelente monografía que otro cardenal, Walter Kasper, le ha dedicado: Martín Lutero. Una perspectiva ecuménica; especial alegría debe haber sentido al leer el Acuerdo sobre la justificación, un documento ratificado oficialmente por ambas iglesias en el año 1999 que pone de manifiesto que el polémico concepto de justificación no es ya motivo de división; y, cómo no, se habrá interesado por otro documento, este del año 2017, titulado Del conflicto a la comunión. Conmemoración conjunta luterano-católico-romana de la Reforma en 2017. Es la primera vez que luteranos y católicos conmemoran juntos lo que ocurrió hace 500 años.
Con no poco agrado habrá tomado nota de la paulatina desaparición de la leyenda de las 95 tesis clavadas por él en la puerta de la iglesia de Wittenberg. En realidad, las envió el 31 de octubre de 1517 a Alberto de Brandemburgo y a algunos obispos. Al no recibir respuesta, las envió a “hombres eruditos”. Fueron ellos quienes las difundieron. Lutero lo lamentó, ya que “no van destinadas al gran público”. Pidió disculpas al Papa, asegurándole que no las retiraba porque ya no estaba en su mano.
Pero tal vez la mayor sorpresa se la habrá dado quien le haya informado de que hace ya más de 60 años los católicos celebramos un concilio, el Vaticano II, en el que se aprobaron algunos temas por los que él tan denodadamente luchó: el sacerdocio general de todos los fieles; el uso de la lengua vernácula en la liturgia; la comunión bajo las dos especies; el protagonismo de los laicos en la Iglesia; la importancia de las comunidades locales; la Biblia como alma del cristianismo y de la teología. No sin cierta melancolía, Lutero habrá recordado su insistencia en la celebración de un concilio que Roma solo convocó en 1545, cuando ya no era posible la concordia. El concilio de Trento llegó demasiado tarde.
Y algo atónito se habrá quedado al leer los elogios que un dominico, Y. Congar, le ha dedicado: “Lutero es uno de los mayores genios religiosos de la historia”. Y sabiamente añade: “Lutero no es el Evangelio. Lo importante es ir hacia el Evangelio juntamente con él”. Por suerte, los insultos de ayer han hecho sitio a los elogios de hoy. Y bien que lo necesita el Reformador. En sus últimos años sufrió notables desengaños y decepciones. Tuvo que ver, por ejemplo, cómo algunos protestantes abusaban de la justificación por la fe para entregarse a la pereza.
Con todo, su principal fuente de preocupación fue la Reforma misma. En sus horas de reflexión y soledad debió recordar cómo en 1483, año de su nacimiento, toda Europa era católica; en 1546, fecha de su muerte, casi la mitad del continente se había separado de Roma. Algo que, como sabemos, no ocurrió sin feroces enfrentamientos y abundante derramamiento de sangre. A Lutero le preocupaba el futuro de Alemania y Europa. Él sabía que no era el único responsable de lo ocurrido: fue decisivo el apoyo de los príncipes alemanes, cansados de las injerencias de Roma y de sus exigencias financieras. Pero sin la fuerza religiosa y visionaria del Reformador nada de lo que ocurrió hace 500 años habría sido posible. Captó como nadie los apasionados anhelos religiosos de su tiempo. Lo que no supo fue encontrar un sucesor apropiado. Lutero, que se definía a sí mismo como “un sajón, un rústico y duro sajón”, terminó enfrentándose con muchos de los que habrían podido sucederle. Th. Mann dirá que el Reformador fue “un bárbaro de Dios con bovina cerviz”. De acuerdo, pero aquel bárbaro de Dios, hombre de pensamiento y oración, contemplaba con honda preocupación el resultado de su propia obra.
Y, probablemente, nada le atormentó tanto como su actuación en la rebelión de los campesinos. K. Marx la califica como “el hecho más radical de la historia alemana”. Los campesinos se sublevaron contra la opresión a la que les sometían la Iglesia y los nobles. En un primer momento contaron con el decisivo apoyo de Lutero, pero cuando este constató que también los campesinos se lanzaban al pillaje, al asesinato y a la destrucción de conventos e iglesias, cambió de bando y animó a los señores a sofocar la rebelión a sangre y fuego; sus arengas son de tenor irreproducible. Al frente de los campesinos iba Thomas Müntzer, llamado “místico con martillo” y “reformador sin iglesia”. A Müntzer no le bastaba la libertad interior que predicaba Lutero, quería libertades concretas, políticas y sociales. Fue ejecutado al fracasar la revuelta en la que perecieron unos 70.000 campesinos. Algunos historiadores afirman que el fracaso de esta revolución adormeció por un par de siglos la actitud del pueblo alemán ante los desmanes del poder. Y analistas políticos bienintencionados sostienen que, si Lutero se hubiese aliado con los campesinos, habría corrido su misma suerte y nos habríamos quedado sin Lutero, sin Müntzer, y sin la Reforma. Parece una hipótesis plausible.
A partir de 1525, fecha de la derrota de los campesinos, Lutero entró en una crisis de la que ya nunca se repuso. Su prestigio declinó rápidamente. También su boda, celebrada en el mismo año 1525, sirvió de mofa para sus enemigos y de disgusto para sus amigos. Se había iniciado el declive del Reformador. El hombre que entre 1500 y 1530 publicó el 20% de los textos editados en Alemania se fue quedando sin inspiración. “Culpable” fue también el cuidado de sus seis hijos.
El final le llegó en la noche del 17 de febrero de 1546. Ocurrió en su pueblo, en Eisleben. Fue la muerte serena de un gran creyente cristiano. En realidad, Lutero deseaba ya el final: “He vivido mi vida, ya es hora de que me reencuentre con mis mayores”. Durante sus últimos años no podía andar, lo trasladaban en un pequeño carro. Su cadáver fue trasladado de Eisleben a Wittenberg donde se le tributaron impresionantes honras fúnebres. Melanchthon, su discípulo más fiel e inteligente, pronunció una emocionada oración fúnebre. La concluyó con estas palabras: “Se ha ido el carro y el auriga de Israel”. Después de este agitado 2017, el “auriga” retornará a su silencio de Wittenberg en espera del próximo centenario.
Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt










lunes, 6 de febrero de 2023

De la cultura de la cancelación

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, de la filósofa Rosa María Rodríguez Magda, va de la cultura de la cancelación. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.






Sobrevivir a la cultura de la cancelación
ROSA MARÍA RODRÍGUEZ MAGDA
04 FEB 2023 - El País

Hay una parte del mundo, la nuestra, donde no tanto el poder sino la propia sensibilidad del individuo genera un orden despótico y una reescritura de la realidad. Lo novedoso, en las sociedades democráticas estables, es que ya no se lucha de manera violenta e incluso sangrienta para cambiar una realidad impuesta a los sujetos —como en otros tantos puntos del planeta—, sino que se borra esa realidad y se la resetea y reformula para adecuarla a una blanda sensibilidad indignada. Todo lo que no encaja con esa hipersensibilidad de la ofensa vestida de exigencia moral es denunciado, perseguido, hecho desaparecer, cancelado.
Aunque abundan en el mundo gobiernos tiránicos, sin embargo, en las democracias occidentales el poder busca adoptar una faz suave, no desea mostrarse como Leviatán dominador. Y mientras los gobiernos intentan sibilinamente disfrazar su autoritarismo, lo vemos crecer donde residía la esperanza de la rebelión: en los individuos.
Durante mucho tiempo se consideraron dos polos opuestos: por un lado, los individuos; por otro, el poder que los anulaba. Con posterioridad se ha profundizado en la manera inconsciente en que los humanos introyectan ese poder y obedecen a las normas sin percatarse de ello, con la vana ilusión de ser libres.
Han sido las dictaduras las que, habitualmente, han impuesto la represión, aun cuando, en buena medida, las reglas pudieran ser asumidas por los sujetos, en una “servidumbre voluntaria”. La represión (no solo sexual) se ha sublimado con justificaciones morales, religiosas o sociales: pareciera, pues, que una desublimación debería llevarnos a una verdadera libertad. Pero ya Herbert Marcuse acuñó el término “desublimación represiva” para mostrar cómo bajo el rostro de la supuesta libertad anidaba la coerción asumida. La hipersexualización festiva no nos libera de la normatividad —hoy diversa, deseante e inclusiva— con la que se dibuja el mapa de su verdad.
El famoso panfleto ¡Indignaos! de Stéphane Hessel, el 15-M, incluso el gesto huraño de Greta Thunberg proponían un levantamiento frente a un mundo adverso, injusto, depredador…, todo ello parece diluirse en un narcisismo ofendido plagado de censura, persecución y ferocidad, en el que la emoción sustituye a la razón.
Tomar la Bastilla o conquistar el Palacio de Invierno se han convertido en viejos símbolos de ese derrocamiento del absolutismo, fueron objeto de revoluciones, alimentadas por teorías (la Ilustración, el marxismo). Actualmente, la sentimentalidad sustituye al andamiaje teórico, no se busca un cambio social sino un resarcimiento de la identidad herida. No se pretende modificar la realidad, sino inventarla, corregirla también retrospectivamente, y forzar el asentimiento público y legal de esa depuración: la nueva normalidad como psicosis colectiva de la corrección política.
La cultura woke realiza la siguiente traslación: me siento ofendido, luego hay una verdadera ofensa (salto del sentimiento a la objetividad), toda disensión es una muestra de odio (se rechaza la argumentación), luego quienes así me ofenden merecen ser cancelados (yo no odio, reparo la injusticia, se dice el cancelador).
Asistimos a una omnipotencia del deseo que borra a quien no demuestra la corrección requerida, y, por otro lado, a una manipulación de la culpa. Nunca podremos estar a la altura de quien pertenece a un colectivo oprimido —o intenta mostrarse como tal—, su herencia de humillación hace que cualquier palabra pueda reabrir la herida, no cabe hablar, razonar, sino solidarizarse con su opresión, hacernos perdonar el pertenecer al grupo de los opresores.
Además de los dramas personales que pueden sufrir los “cancelados”, me parece importante señalar una consecuencia sustancial: la cultura cancelada, y, más allá de ello, la cultura falseada. Todos aquellos libros y películas que dejan de recomendarse porque contienen elementos ahora prohibidos. Y aún más: por ejemplo, no solo HBO quita de su catálogo Lo que el viento se llevó, sino que, traicionando la historia, elige una actriz negra como Ana Bolena en su miniserie del mismo título, similar afán el de Garth Davis en su filme María Magdalena al convertir a San Pedro en un hombre de color. ¿Es ese el camino efectivo para superar el racismo? Y ante cualquier otra incorrección, ¿ocultaremos obras artísticas?, ¿resucitaremos el índice de libros prohibidos o solo reescribiremos algunos párrafos? ¿Por qué no la contextualización crítica en vez de la censura?
Lo real no importa, es imperfecto, mi deseo debe imponerse —piensa el nuevo narciso censor—. Cambiamos el pasado, los cuerpos, la naturaleza. El sentimiento genera derechos, leyes, realidad. Ese es el trasfondo de lo woke, inscrito en lo que Michel Foucault denominó el “régimen de verdad” —o de ficción— de nuestra época.
Estamos perdiendo la realidad, la historia, y convirtiendo la cultura en un cuento para niños temerosos y malcriados que no soportan el menor rasguño, pero pueden empujar a la nada a quienes no comparten su visión. Debemos prepararnos para sobrevivir a los puñales envueltos entre algodones.





















[ARCHIVO DEL BLOG] Sortu y el Digesto de Justiniano. [Publicada el 10/04/2011]










Después de mi entrada del pasado 7 de febrero, "Servidumbre y grandeza de la democracia", que concluía con una apelación a esperar la resolución final de los jueces, no tenía la menor intención de volver a escribir sobre el asunto de Sortu, el grupo político de la izquierda radical vasca al que la ha sido denegada por el Tribunal Supremo su inscripción como partido y con ello la posibilidad de presentarse a las elecciones locales del próximo mes de mayo. Un hecho reciente, la manifestación de ayer sábado en Madrid de diversas asociaciones de víctimas del terrorismo contra toda posible legalización de Sortu, me anima a plantear de nuevo algunas consideraciones al respecto. 
Sobre la manifestación de ayer quisiera dejar constancia de mi respeto por las asociaciones convocantes de la misma pero también de mi desasosiego por los insultos al gobierno, que no por esperados y reiterativos, dejan de ser preocupantes por lo que tienen de demagógicos y sobre todo de falsedad al acusarle de complicidad con los terroristas. Que lo digan los manifestantes, puede admitirse porque forma parte del guión; que lo piense y lo diga el partido que aspira a sustituir al gobierno de la nación en 2012 resulta desvorgonzado pero sobre todo clarificador sobre el concepto de democracia que manejan algunos dirigentes del PP. 
Desde mis profundas convicciones federalistas siento una animadversión rayana en el desprecio por el nacionalismo radical e independentista, pero ese juicio moral (o prejucio, si lo prefieren así) por mi parte, no puede ser óbice para reafirmarme en los criterios que exponía en la entrada citada del blog. Me gustaría reproducir una frase del político frances Georges Clemencau, pronunciada a finales del siglo XIX en relación con el afer Dreyfus: "Cuando se infringen los derechos de uno se infringen los derechos de todos". ¿Esa afirmación presupone por mi parte reconocer a Sortu su derecho a participar en política siempre que respete  la legalidad vigente? Por supuesto que sí. Me remonto al Derecho Romano, y en concreto al Digesto (Aranzadi, Pamplona, 1968) de Justiniano, publicado el año 533 d.C., base y fundamento del derecho civil occidental, en el que se recoge el famoso aforismo "In dubio pro reo" (Digesto: L, 17, 155), obviado por el Tribunal Supremo en su sentencia a juicio de siete de los dieciséis magistrados de la Sala 61 que ha dictado la resolución denegando la inscripción de Sortu en el registro de partidos políticos. 
No voy a entrar en el análisis material del contenido de la sentencia mayoritaria ni del voto particular de los magistrados discrepantes de la misma. De cualquier modo se trata de una resolución de indudable importancia jurídica porque es la primera vez que una minoría de nada menos que un 44% de los magistrados de una Sala del Tribunal Supremo anteponen la primacía de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución a los ciudadanos, entre ellos el de participar en política mediante la formación de partidos, a cualquier otra consideración legal o de oportunismo político.
Les confieso con cierto pudor que el desencadenante, trivial y anecdótico, que me ha empujado definitivamente a publicar este entrada tan políticamente incorrecta ha sido una película vista esta misma tarde por televisión: "Cinco minutos de gloria", un film del año 2009 del cineasta alemán Oliver Hirschbiegel, interpretado por Liam Neeson y James Nebit, sobre la violencia  política y terrorista que asolaba Irlanda del Norte hace una treintena de años, pero también, conseguida la paz, sobre la necesidad del perdón y del olvido. Sino somos capaces de entender algo tan sencillo como esto es que no hemos entendido nada... 
Sean felices a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt