domingo, 3 de marzo de 2024

De Pla y la inflación

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz domingo. La estabilidad de la moneda, comenta en La Vanguardia el escritor Carles Casajuana, era una de las obsesiones de Josep Pla desde que, en su juventud, siendo corresponsal de La Publicitat en Berlín, en la época de entreguerras, fue testigo del fortísimo impacto en la sociedad alemana de la inflación del marco. Les recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo y espero que junto con las viñetas que lo acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com












Josep Pla y la inflación
CARLES CASAJUANA
26/02/2024 - La Vanguardia - harendt.blogspot.com

El día de San José de 1975, el entonces príncipe Juan Carlos visitó a Josep Pla en el Mas Pla, en Palafrugell, acompañado por doña Sofía. Josep Pla les recibió con gran cortesía, acompañado por su editor, Josep Vergés, que fue quien acordó los términos del encuentro con el secretario del príncipe, José Joaquín Puig de la Bellacasa, y quien resumió luego lo ocurrido en una nota recogida en el volumen complementario de la obra completa de Pla, Imatge Josep Pla.
La visita tuvo lugar por la mañana porque el editor Vergés temía que, si se reunían a almorzar, Pla empinaría el codo y en la sobremesa podía poner a sus ilustres visitantes en un aprieto. Como es lógico, Pla y el príncipe hablaron de la transición. El príncipe le dejó claro que no comulgaba con los postulados del franquismo y que se proponía impulsar un cambio. Dijo a Pla que no podía visitar Catalunya y no ir a verle porque era el primer escritor español vivo –una muestra de estima por el mundo de las letras que no se prodigó durante su reinado– y le preguntó su opinión sobre el futuro inmediato.
Hay quien ve en el fin de la democracia de Weimar y el ascenso nazi un precedente de lo que puede ocurrir hoy
Entre los consejos que Pla le dio, para desconcierto del príncipe, el más destacado fue que cuidara mucho del valor de la moneda, porque era la base para evitar la pobreza y el desorden. Sorprendida por la extemporaneidad del consejo, sobre todo por provenir de un escritor, la princesa Sofía deslizó una broma sobre el vil metal. Pla insistió con testarudez en que el hundimiento de la moneda significaba la destrucción del orden social.
El tipo de cambio de nuestras tristes pesetas debía de ser el último de los peligros que tenía en la cabeza el futuro monarca. El desmantelamiento del franquismo, la legalización de los partidos políticos, el terrorismo y la unidad y neutralidad de las fuerzas armadas eran sin duda cuestiones más acuciantes para él en aquellos momentos.
Pero Pla era mayor y no podía evitar mirar atrás. La estabilidad de la moneda era una de sus obsesiones desde que, en su juventud, siendo corresponsal de La Publicitat en Berlín, en la época de entreguerras, fue testigo del fortísimo impacto en la sociedad alemana de la inflación del marco.
Aquel fenómeno constituyó un episodio crucial en la cristalización de su conservadurismo. Para Pla -cuya esperada biografía, escrita por Xavier Pla, está a punto de aparecer-, no se trataba de una cuestión económica. Se trataba ni más ni menos que del valor del esfuerzo y del trabajo, de la cohesión social, de la unidad de las familias. Se trataba de una cuestión, sobre todo, moral.
Cuando Pla llegó a Berlín, en agosto de 1923, el marco se cotizaba a miles de marcos. Al cabo de pocos meses, superó los cuatro billones. Un billete de tranvía podía costar una suma astronómica. Salía más barato empapelar una pared con billetes de marco que con papel pintado. Los alemanes tenían que llevar consigo voluminosos fajos de billetes y hacer cuentas con muchos ceros. Llegó un momento en el que el billete más pequeño en circulación era de cien millones de marcos. “¿Qué es un trillón?”, se pregunta Pla, con su retranca ­habitual.
Durante aquel año, en compañía de Euge­ni Xammar, Josep Pla conoció la opulencia gracias a su sueldo en pesetas. Se acostumbró a cambiarlas en pequeñas cantidades, a medida que las necesitaba, para capear el descalabro monetario y vivir con comodidad, y en algunos momentos pudo concederse lujos impensables en medio de la miseria y el desorden.
Los historiadores están hoy de acuerdo en la causa de aquella vertiginosa pérdida de valor del marco: la exigencia de reparaciones a Alemania tras la Primera Guerra Mundial y, ante la incapacidad alemana de pagarlas, la ocupación francesa de la cuenca del Ruhr. También están de acuerdo sobre las consecuencias de aquellos hechos, que tras la Gran Depresión condujeron al triunfo de Hitler, un personaje que Pla juzga histriónico.
Pla intuye desde el primer momento que la disciplina y la resignación de los alemanes ante el alza galopante de los precios es solo aparente, que la procesión va por dentro. No se equivoca. Ve como muchos alemanes toman a los judíos como chivo expiatorio y como el país se debate entre la disgregación, la revolución comunista, que él considera improbable, y el ascenso del nacionalismo más reaccionario, que adivina difícil de detener.
Hoy suenan con fuerza en muchos lugares de Europa los tambores de la extrema derecha. Es comprensible que nos interesemos por los casos de transición de sociedades democráticas hacia el autoritarismo. No son pocos los autores que ven en la descomposición de la democracia de Weimar y el ascenso del nazismo un precedente de lo que está ocurriendo o puede ocurrir en nuestro continente. Desde este punto de vista, el interés de las crónicas de Pla, recogidas hace poco en La inflación alemana, es ­­in­dudable.
Es cierto que las circunstancias no son las mismas. Los actuales embates contra la democracia en Euro­pa obedecen a causas relacionadas con la globalización, con la erosión del Estado de bienestar y con las tensiones migratorias, no con la volatilidad monetaria. El brote inflacionario de los dos últimos años ha sido de proporciones muy manejables y está quedando atrás. Nada que ver con lo sucedido en Alemania en aquellos años.
Pero ahí es donde la capacidad de observación de Pla y su afilada pluma cobran un valor indudable. Aquel joven corresponsal llamado a ser uno de los grandes periodistas del siglo elabora un retrato muy vivo de la sociedad alemana en un momento crucial. Quien le lea hoy comprenderá por qué, cincuenta años más tarde, Pla consideró ineludible advertir al futuro rey de España sobre los peligros de la volatilidad monetaria. No eran obsesiones de un anciano trasnochado. Eran las reflexiones de alguien que había visto muy de cerca los grandes cataclismos del siglo XX. Carles Casajuana es diplomático y escritor.

































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