lunes, 13 de julio de 2026

DEL ASUNTO DEL DÍA. NEGRO FUTURO DE LA OTAN (Y DE LA UE), POR JESÚS A. NÚÑEZ VILLAVERDE. 13 DE JULIO DE 2026

 





Acostumbrados ya a movernos entre los lugares comunes —“es una cumbre de importancia extraordinaria en una encrucijada histórica”, como si no se hubiera dicho lo mismo en las 35 reuniones anteriores— y los gestos para la galería (con Donald Trump de actor principal, repartiendo exabruptos e insultos) se corre el peligro de pasar por alto el preocupante presente y el negro futuro de la Alianza Atlántica, y de la Unión Europea si se empeña en actuar como hasta ahora. La cumbre que se acaba de celebrar en Ankara no parece que vaya a pasar a la historia, ni por su vertiente más trivial, con Trump limitándose a repetir sus pulsiones imperialistas sobre Groenlandia y sus baladronadas de abusón del patio del colegio, ni por el calibre de las decisiones adoptadas.

Se transmite así una aparente imagen de business as usual que, en ningún caso, se corresponde con la situación real y las perspectivas de una organización militar de defensa colectiva sumida en la peor crisis desde el final de la Guerra Fría. Es cierto que no se ha roto el vínculo transatlántico, los 32 aliados siguen simulando que van a dedicar el 5% del PIB a la defensa en el horizonte de 2035, no se interrumpe la ayuda a Ucrania y hasta el comunicado final hace las consabidas referencias discursivas al Sahel, y, cómo no, al artículo quinto del Tratado. Para Washington la reunión ha servido para pasar lista sobre el grado de cumplimiento del compromiso establecido hace un año en La Haya para aumentar el gasto militar, sin olvidarse de amenazar (cualquier otra palabra rebajaría el matonismo del que Trump haga gala constantemente) a los más díscolos con castigos ejemplares. El resto de los aliados, con el secretario general, Mark Rutte, encabezando un ejercicio de servilismo que raya lo obsceno (sin que rinda beneficios tangibles), se han dedicado básicamente a no desairar al inquilino de la Casa Blanca.

Una lectura menos contemplativa transmite claramente la sensación de mutua desconfianza, con Washington interesado en mantenernos subordinados a su dictado, aprovechando nuestra (europea) incapacidad para superar el cortoplacismo y los resabios nacionalistas que nos han convertido en actores secundarios de nuestra propia seguridad y defensa. EE UU ha sabido jugar muy bien sus cartas desde un pasado en el que nuestras carencias le permitieron representar durante décadas el papel de hermano mayor, hasta un presente en el que la OTAN es su mejor activo para mantenernos a su rueda, jugando con el temor europeo a un futuro sin el paraguas de seguridad nuclear estadounidense.

La OTAN es, desde hace tiempo, el instrumento prioritario de Trump para evitar que los gobiernos europeos se salgan del carril en el que desea mantenerlos indefinidamente; por eso cabe pronosticar que, aunque reduzca su contingente militar en Europa, no llegará a abandonar la Alianza para no perder esa palanca de poder que va mucho más allá del terreno militar. Su posición de (teórico) garante de la seguridad europea le sirve, aprovechando el previsto cierre de la vía de suministro rusa y la ralentización de la transición energética, para convertirnos en compradores del gas estadounidense. Asimismo, dadas las actuales limitaciones de las empresas europeas de defensa, Trump busca garantizar la participación de sus empresas en los programas de rearme que los aliados europeos están poniendo en marcha. Y otro tanto cabe decir sobre la penetración de sus empresas tecnológicas y de servicios financieros en el atractivo mercado comunitario. En todos esos ámbitos Trump explota el miedo cerval de los europeos, haciéndonos ver que, si no nos ajustamos a sus requerimientos, quedaremos desprotegidos de inmediato frente a una Rusia que, en el imaginario militarista de algunos, solo espera la ocasión para abalanzarse sobre nosotros.

Para mayor desgracia de quienes sueñan con la autonomía estratégica de la UE, hasta ahora Washington ha logrado de ese modo que los aliados europeos sigan desunidos entre europeístas y atlantistas y se hayan comprometido a un rearme militar que no se explica en términos castrenses. Aun asumiendo que Rusia es una amenaza real, no cabe olvidar que es la misma Rusia que dedica tres veces menos a la defensa de lo que suman los presupuestos de defensa de la UE (más Reino Unido) y la misma que en más de cuatro años no ha sido capaz de doblegar a una potencia menguante como Ucrania, sumida en una profunda crisis económica. Por supuesto, tampoco se puede olvidar que es la primera potencia nuclear del planeta. Pero de ahí a suponer que Vladímir Putin está a las puertas de lanzar una invasión contra alguno de los Veintisiete hay un amplio trecho que debería llevar a pensar y actuar en clave europeísta, sin tener que plegarse a lo que Trump desee imponernos.

Por un lado, no empezamos de cero. Aun con todas las carencias actuales, es evidente que en el terreno convencional los ejércitos y la industria de defensa de la Unión Europea no está, por no decir lo contrario, por debajo de la potencia militar rusa. Nuestro reto es fundamentalmente de voluntad política para poner lo que ya tenemos a nivel nacional al servicio de una agenda común. Por supuesto, también hay capacidades que faltan, pero si algo deberíamos tener claro es que de aquí no se sale postrándose mansamente ante quien abusa de su condición de hegemón mundial, salvo que los europeos (y Canadá) renunciemos a tener una voz propia en el escenario internacional, en defensa de nuestros propios intereses.

Por eso es hora de convencerse de que la OTAN implica, por definición, subordinarse a un socio que ha dejado de ser fiable y que tiene otras prioridades (China, sobre todo). El camino para lograr una Europa de la Defensa no pasa, por tanto, por pelearse por colocar a generales europeos en puestos de mando reservados a generales estadounidenses o limitarse a reforzar el pilar europeo de la Alianza. Tampoco consiste en seguir sumisamente el rumbo marcado por Washington con un rearme que no responde a consideraciones de estrategia europea, entendiendo que la autonomía estratégica es mucho más que defensa militar; y por eso urge evitar que prosiga el deterioro de nuestros sistemas democráticos y del Estado de bienestar, lo que nos llevaría a un colapso interno. El reto, una vez más, es gastar mejor —es decir, juntos— evitando ejemplos tan penosos como el fiasco del FCAS por pruritos empresariales o la deriva alemana en clave estrictamente nacional.

¡Atreverse a plantear un proceso de verdadera autonomía estratégica europea no va a ser, evidentemente, un camino de rosas. Por un lado, cabe suponer que creará más fricciones con Washington y, por otro, puede tentar a Moscú a aprovechar la ausencia del paraguas estadounidense para aventurarse más allá de Ucrania. Supone, por tanto, aceptar un riesgo; pero no mayor del que implica ahora mismo creer que EE UU nos protegerá ante cualquier amenaza. Seguir como hasta ahora, en resumen, es suicida, autosugestionándonos con la ensoñación de que EE UU sigue estando ahí en caso necesario. Peor aún, significa perder el tiempo añadiendo más esfuerzos nacionales baldíos, en la medida en que no sirven a ninguno de los Veintisiete para garantizar su propia seguridad, y terminar siendo, como algunos ya vaticinan, irrelevantes tanto juntos como por separado. Jesús A. Núñez Villaverde es codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). El País, 10 de julio de 2026.





















OLA, BOS DÍAS A TODOS E FELIZ LUNS, 13 DE XULLO DE 2026. HOXE EN GALEGO

 





Ola, bos días a todos e feliz luns. Non sei se che gusta ou che apaixona o fútbol, ​​pero a min déixame bastante frío... Xa veremos que pasa mañá no partido Francia-España, a semifinal do Mundial de 2026. Eu estaría contento se España gañase para ver felices aos meus compatriotas. Espero que a Dea Fortuna estea do lado da selección española, e se non, pois non pasa nada; intentárono, e xa abonda. No primeiro artigo, o tema do día, Jesús A. Núñez Villaverde, codirector do Instituto de Estudos sobre Conflitos e Acción Humanitaria, escribe: Despois de acostumarme a navegar por lugares comúns —"é unha cimeira de extraordinaria importancia nunha encrucillada histórica", coma se non se dixese o mesmo nas 35 reunións anteriores— e de facer grandeza (con Donald Trump como actor principal, repartindo exabruptos e insultos), existe o perigo de pasar por alto o preocupante presente e o sombrío futuro da Alianza Atlántica, e da Unión Europea se insiste en actuar como ata agora. O poema de hoxe titúlase "A Renuncia", escrito polo polifacético peruano-chileno Andrés Bello (1781-1865), e comeza con estes versos: Renunciei a ti. Non era posible/Eran vapores de fantasía;/son ficcións que ás veces dan ao inaccesible/unha proximidade de distancia. No arquivo do blog de hoxe, de xullo de 2017, o escritor Manuel Jabois dixo: Nunha das súas frases máis felices, ese xenio Fernando Fernán Gómez, cuxo nome a peor escoria política de Madrid quixo eliminar dos teatros da cidade —ata quixeron renomealos como "Centro Cultural Vertedoiro de Putas"— escribiu que despois da guerra non chegara a paz, senón a vitoria; é difícil expresar mellor un tempo no que a reconciliación consistía nunha gabia, prisión ou exilio. E despois das viñetas humorísticas, a reflexión do café de sobremesa, hoxe escrita pola politóloga Estefanía Molina, na que di: Os migrantes merecen dignidade e respecto, pero analizar o impacto da inmigración como fenómeno non debería ser tabú nunha democracia. Afianzouse en España a idea de que atraer estranxeiros resolverá todos os males do noso estado de benestar. Non obstante, hai razóns para crer que isto só nos gañará tempo ou, mesmo, que a nosa clase política atopou no factor migratorio unha maneira de remendar eses desafíos demográficos e económicos que o precederon. A desta tarde é da escritora Esther Peñas, quen di: "O que fai fermoso o deserto é que nalgún lugar agocha un pouco de auga", escribiu o aviador e poeta Antoine de Saint-Exupéry. Algo semellante ocorre coa virtude. Embeleza a quen a practica, porque a virtude obriga á acción; polo tanto, quen posúe virtudes convértese en virtuoso. Pódense posuír valores nobres e elevados, pero estes (non é de estrañar que sexan un termo bursátil) só enraízan no abstracto. Non hai adxectivo para describir a quen os cultiva. Finalmente, como sempre, o autor do blog envía os seus desexos diarios de boas noites aos seus lectores, desexándolles todo o mellor da deusa da Fortuna e dos benévolos Destinos. Que teñades un bo día. Espero que as publicacións de hoxe vos resulten interesantes. Tamaragua, amigos. HArendt






















ENTRADA NÚM. 11081

domingo, 12 de julio de 2026

BONA NOX, QUIES BONUM ET DULCIA SOMNIA. HODIE, DIE SOLIS, XII IULII, MMXXVI, LATINE

 






Salvete iterum, amici. Bona nox, quies bona et dulcia somnia omnibus hac nocte dominica in mane Lunae, XII-XIII Iulii, MMXXVI. Spero vos diem bonum cum familiis et amicis vestris egisse. Gratias ex imo corde ago quod blog visitastis. Libenter existimarem vos visitatione vestra fructum esse. Tamaragua, amici mei. Dea Fortuna et Parca benevola vobiscum sint. Ad cras. Amo vos. Oscula. HArendt















REVISTA DE PRENSA DOMINICAL, 2. EL TONTO Y EL IDIOTA, POR LUIS GARCÍA MONTERO. 12 DE JULIO DE 2026

 





La cultura no se reduce a destacar los sentidos del arte y la literatura, lo que ocurre en las paredes de un museo, los escenarios, las pantallas y las páginas de un libro. Necesita también analizar las dinámicas del mundo que habitamos. Tomar conciencia de nuestros sentimientos y nuestras razones es inseparable de la apuesta por la dignidad humana que sostiene desde la ilustración nuestros valores democráticos. El fenómeno de la transformación tecnológica y las redes sociales ha supuesto una nueva oportunidad para el feudalismo, ya que las supersticiones se mueven por nuestras vidas en forma de bulos y de pseudoperiodismo. El pensamiento democrático tiene motivos serios para estar preocupado. Y es una trampa que el uso masivo y popular de internet sea convertido en argumento contra el pretendido paternalismo de los intelectuales de siempre, dispuestos a distanciarse de las costumbres generalizadas para dar lecciones de alta cultura. La conciencia crítica frente a las nuevas formas de dominio ideológico no supone ninguna forma de paternalismo, sino una responsabilidad intelectual en defensa de la convivencia democrática.

Jordi Gracia acaba de publicar el panfleto La izquierda ante el tecnofascismo (Anagrama), decidido a denunciar la situación de unas sociedades en las que el poder económico y los medios controlados de información quieren disponer de las directrices políticas en beneficio de los oligarcas. Asume el tono del panfleto para destacar el compromiso urgente del pensamiento crítico en esta situación. La izquierda democrática no sólo debe superar las críticas de paternalismo, sino que tiene que aprender a legitimar modelos serios de regulación y control para defender el estado del bienestar. Y, además, debe ser consciente de lo que ahora se esconde en las viejas banderas de la rebeldía y la libertad. La libertad es hoy ley del más fuerte y las banderas de su rebeldía son un peligro para la paz, el medio ambiente, la igualdad y la fraternidad.

Como Jordi Gracia alude en sus argumentos a los posibles esclavos involuntarios del sistema y a los nuevos rebeldes de la contrarreforma, la lectura de su libro me ha recordado una distinción en la que he pensado mucho cada vez que necesito discutir sobre las redes sociales, los tecnooligarcas y las nuevas formas de comunicación. No es lo mismo un tonto que un idiota. Según el diccionario de la RAE, tonta es la persona falta de razón y de entendimiento. La palabra idiota añade un matiz decisivo en nuestro tiempo: engreído sin fundamento.

El éxito manipulador de las redes del pensamiento reaccionario puede explicarse por la manipulación de esclavos involuntarios que son engañados hasta conseguir que una población vote en contra de sus propios intereses. El pobre que necesita la sanidad pública vota en favor del oligarca que acaba con la sanidad pública para favorecer el negocio de la medicina privada. Ese es un dato llamativo, pero la tontería no basta para explicar la profundidad de las estrategias de un sistema enemigo que nos conoce bien. Hay una apuesta cultural más profunda.

El neoliberalismo ha desplazado poco a poco las ilusiones colectivas en favor de un individualismo radical. Soy dueño de mis triunfos y responsable de mis fracasos, así que me sobran la política y las vigilancias de un Estado social. En esta lógica, los oligarcas no piensan sólo en tontos a los que manipular, sino en idiotas engreídos que se conviertan en activistas de una contrarreforma y olviden en nombre de su hedonismo consumista el conocimiento, la meditación y el estudio, animados por el populismo y la rabia de los insultos. Los engreídos llegan a creerse dueños de sus idioteces y las consumen con avaricia. Basta con pasearse un momento por las redes para ver hasta qué punto están habitadas, más que por tontos que son engañados, por idiotas engreídos que se creen en posesión rabiosa de su verdad.

Y cuando las redes se presentan como nuevas formas de agrupación dicen una verdad sesgada. No es que acaben con el individualismo en sus nuevas formas de comunicación, es que convierten los rencores individuales en el argumento prioritario de cualquier reunión. De ahí el éxito populista de los movimientos reaccionarios que se agrupan en nombre de los rencores personales y no en favor de las ilusiones colectivas.

No soy intelectual paternalista, sino un ciudadano preocupado por el mundo que habita. Por eso aconsejo la lectura de este ensayo de Jordi Gracia: La izquierda ante el tecnofascismo. Que los tontos y los idiotas sigan sin perdonarme. Ya estoy acostumbrado a sus insultos. Luis García Montero, es poeta. InfoLibre, 11 de julio de 2026.

























REVISTA DE PRENSA DOMINICAL, 1. LA JUSTICIA SE DESLEGITIMA SOLA, POR PILAR PORTERO. 12 DE JULIO DE 2026

 





Los grupos de whatsapp de los jueces han echado fuego esta semana, y no ha sido por la ola de calor permanente en la que vivimos. Para su sorpresa, los españoles no confían en la imparcialidad de la Justicia, que es el principio en el que se asienta su legitimidad. ¿Pero cómo es posible que la sociedad no les reconozca inmaculados y por encima del bien y del mal? La imagen de una justicia activista y militante coincide más con el sentir de la gente, tal y como muestran las encuestas de opinión. Las de El País y La Vanguardia, que es medio conservador, evidencian que la credibilidad de los jueces está por los suelos. Es lo que tiene sentirse superior y pensar que la ciudadanía se lo traga todo porque adolece de la inteligencia suficiente para distinguir entre lawfare y la exigible neutralidad que está garantizada en el artículo 24 de la Constitución. 

Alardear de activismo se ha normalizado entre la judicatura. Hace tres años que los togados se quitaron las caretas y se manifestaron a la puerta de los juzgados en contra de iniciativas legislativas que aún no se habían aprobado. Un hecho insólito en democracia. El poder judicial se la ha estado jugando desde entonces. Con gesto adusto y embutidos en el uniforme moral que se atribuyen, salieron en tromba contra la ley de amnistía. Total ¿para qué? si ahora Feijóo les ha dicho a los suyos que hay que dejar atrás el procés y normalizar la situación en Cataluña. La amnistía iba a destruir el país pero ya sí que mola. Desde entonces han llevado a gala un posicionamiento político tan descarado que hasta los votantes de derechas desconfían de sus resoluciones. 

Un 55% de electores de Vox y un 41% del PP reconocen que hay jueces que hacen política, según el sondeo de Ipsos para La Vanguardia. En la de 40dB para El País, el 60% no duda de la existencia de lawfare. La verdadera noticia sería: ‘Los españoles creen en la Justicia’. Perelló, presidenta del Poder Judicial, ha respondido con que va a encargar su propio barómetro. Igual se ofrece a hacerlo el juez Peinado en sus vacaciones, ya que es muy servicial y vale para todo. Pocas empresas de prospección de mercado con cierto prestigio se atreverán a mostrar resultados muy discordantes, sobre todo después de lo tocada que quedó su reputación tras vaticinar en las anteriores elecciones que PP y Vox las tenían ganadas de antemano. 

Hasta los que están a favor de la cruzada para expulsar a Pedro Sánchez de Moncloa son conscientes de la asimetría de las resoluciones judiciales y de la pasividad en los tribunales cuando, por ejemplo, el juez Antonio Viejo niega el permiso a Begoña Gómez para acudir al viaje de Estado a Ankara por riesgo de fuga pero obstaculiza la investigación tributaria a Alberto González Amador –Alberto Quirón para los amigos–. 

La celeridad con que se ha condenado a Ábalos a 24 años de cárcel y la Sala de lo Penal del Supremo ha dejado en libertad al corruptor e instigador Víctor de Aldama, librándole además de devolver casi cuatro millones de euros en comisiones que exigía la Fiscalía, es un tanto llamativa. Más aún que se haya convertido en el testigo más fiable de diversas causas contra los socialistas. Esta misma semana el 'pequeño Nicolás' quedaba eximido de entrar en prisión por los 12 años a que fue condenado gracias a la benevolencia de la Audiencia de Madrid, que le considera ya rehabilitado. Qué delicia observar lo generosos que son los magistrados con las penas de delincuentes de derechas. 

Hay una parte de la sociedad que no confía ciegamente en el poder judicial y mucho menos puede estar de acuerdo con la versión de que el Gobierno trata de intervenir en las resoluciones judiciales. A las pruebas me remito, que diría el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, que acaba de señalar al Ejecutivo como una panda de ladrones. Si la justicia no fuese independiente del Gobierno, no podría estar abriendo el rosario de causas que apuntan al mismo objetivo. Esto sí que es un problema grave que mina la democracia. Pilar Portero es periodista. InfoLibre, 11 de julio de 2026.






















DEL MARATÓN DE VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY DOMINGO, 12 DE JULIO DE 2026