viernes, 17 de noviembre de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] Matar el diecinueve. [Publicada el 02/01/2020]









El siglo XXI palpita en nuestras manos, ociosas enterradas arañadas y frías. No sé qué construimos cuando destruimos, afirma en este A vuelapluma de hoy jueves, la escritora Lara Moreno. 
"El año empezó en una playa del sur, -comienza diciendo Moreno- donde nadie parecía haber deshojado la noche cuando por la mañana salí a correr como si aquello fuera a redimirme. Estuve sola tumbada en la arena al terminar, y me hice un par de fotos sofocada bajo mi forro polar que envié a algunos amigos que no se habían acostado todavía. Feliz 2019, debí de decirles. El 2018 había sido un huracán y ahora solo quedaba comenzar de nuevo.
El 1 de enero de 1919, Rosa Luxemburgo, Liebknecht y Pieck fundaron el Partido Comunista alemán. Pocos días después se fundaría el Partido Alemán de los Trabajadores, al que más tarde perteneció Hitler. Antes de que acabara el mes, Luxemburgo y Liebknecht serían aniquilados por el Gobierno. En febrero, en Barcelona se declara una huelga general a raíz de La Canadiense. En marzo, en Milán, Mussolini funda un partido fascista que luego sería el partido fascista, y los rusos, el Komitern. En abril, 160.000 mujeres firman una petición en Bélgica por el sufragio universal. También en abril, en Amritsar, India, fuerzas británicas perpetran una masacre que se cobra 1.800 muertos y miles de heridos. Zapata muere en México. En mayo se confirma la Teoría de la Relatividad y en junio finaliza el primer vuelo trasatlántico. En julio, en Chicago, comienzan los disturbios raciales, en los que ciudadanos de piel blanca asesinarán a 38 afroestadounidenses. En septiembre, en la matanza de Elaine, cayeron casi 200. En octubre, el rey Alfonso XIII inaugura la primera línea de Metro de Madrid. En noviembre, el Tratado de Versalles no obtiene el voto de ratificación de Estados Unidos. No hemos cambiado tanto y sin embargo somos enteramente otras personas.
Recuerdo que el primer día de enero que pisé Madrid mi casero me invitó a un vino en la plaza más bonita de la ciudad para decirme que debía irme de su casa, la enésima casa en la que había construido mi hogar. Recuerdo que se acabó para siempre lo que había tenido durante 20 años: la seguridad de una vivienda de alquiler, de un techo digno que pudiera pagar. Ya hacía unos días que Bolsonaro y Trump se habían aliado para acabar con el planeta, y al poco tiempo el Gobierno español decidía que los menores inmigrantes debían ser repatriados porque estarían mucho mejor con sus familias. En Andalucía, nada más estrenado el final de la década, el imperio socialista perdió la Junta por primera vez en 36 años. En Madrid, frente a Sánchez, se levantaron en la plaza de Colón las manos de Rivera, Casado y Abascal. Se conquistó la cara oculta de la Luna e Iglesias y Errejón dejaron de ser amigos para ser quién sabe qué. Trump decidió que Venezuela sería salvada por Guaidó mientras Pedro Sánchez nos arrojó a unas elecciones interminables. No hemos cambiado tanto y sin embargo ahora sabemos lo que es el rostro de un agujero negro y también cómo arde Notre Dame. En las aguas siguen flotando nuestros muertos, esos que nadie quiere enterrar. Hong Kong entero se aprieta en la calle. El tratado para la eliminación de misiles nucleares, firmado en medio de la Guerra Fría, se queda sin Estados Unidos y en el verano se incendia el pulmón de la Tierra. No hemos cambiado tanto y quizá por eso violaciones en grupo, más de 100 asesinadas al año en nuestro país, y quizá por eso. No hemos cambiado tanto y sin embargo la revolución feminista se tiñe de negro por ellas. Carmena cayó en picado como otras tantas ilusiones desmedidas. El planeta se está secando y también se inunda. No hemos cambiado tanto y sin embargo somos enteramente otras personas. A punto de extinguirnos, seguimos en combate: campos de refugiados, exterminios y niños perdidos. Somos niños perdidos y somos campos de refugiados aun desde el privilegio, construimos con empeño la propia tortura y por supuesto la ajena: cambia la mancha de las ciudades en inhóspito destierro y cambia nuestra forma de relacionarnos como especie. A punto de los años veinte, tememos la vanguardia; ya no hay inocencia en la destrucción de los dioses.
La década se acaba sin aplauso. En mi casa nueva, un radiador pierde agua, pero la luz que rompe las ventanas es brillante como si nada estuviera pasando. Se nos ha muerto el año, lo matamos por fin. Los que seguimos vivos, por ahora, queremos estar vivos todavía. El siglo veintiuno palpita en nuestras manos, ociosas enterradas arañadas y frías. No sé qué construimos cuando destruimos, no sé qué arrebatamos cuando tanto se nos arrebata. De todas las carencias y los lujos, yo he pedido un deseo desde el cansancio infinito, desde el profundo cansancio de esta nueva mirada: deseo la ausencia de rabia por el presente, que todo lo que venga no sea carne quemada y no sea solo nada. Deseo el año veinte de la promesa turbia. Yo ya no aguanto más. Le deseo a mi hija un futuro sin machismo, un siglo reluciente de igualdad. Eso, para empezar".
A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt










jueves, 16 de noviembre de 2023

Del ya tenemos presidente al ¿y ahora, qué?

 





A Pedro Sánchez le perseguirá la amnistía
ESTEFANÍA MOLINA
16 NOV 2023 - El País - harendt

Pedro Sánchez quiere pasar página de la amnistía. El ya presidente del Gobierno lo fía todo a que la agenda social de la futura coalición sepulte el malestar en España por la cuestión catalana. Demasiado optimismo. Ni los independentistas catalanes ni el PNV ni Bildu renunciarán a vender su relato: que el perdón al procés no es el final del camino, sino una oportunidad para culminar sus aspiraciones nacionales. Y la derecha se frota las manos porque podrá avivar la agitación social al grito de “corrupción política” unos cuantos años.
Así que Sánchez le plantea a la izquierda la tesis del mal menor —“o la ultraderecha o mis pactos con el independentismo”—, pero la realidad es que está sitiado por quienes quieren poner el foco solo en la amnistía, o no solo en la transición ecológica y la jornada de 37,5 horas. Por mucho que Sumar o el PSOE creyeran que la citada ley era el pago para centrarse en las políticas progresistas, esta legislatura está atravesada por su carácter plurinacional. Si quieren los votos del Frankenstein, no se podrán quedarse en el plano folclórico de las lenguas cooficiales en el Congreso. Vienen las elecciones vascas y catalanas. El PNV aspira a suculentas cesiones competenciales —infraestructuras, Seguridad Social, etcétera– en virtud del Estatuto de Gernika. Bildu sueña con la construcción de la “república vasca”. ERC fantasea que, tras la salvación judicial o la cesión de Rodalies y la financiación, toque el referéndum pactado.
Y quizás Sánchez juega con la hipótesis de que la amnistía acabará siendo más beneficiosa que perjudicial, como los indultos. Causaron un enorme revuelo, pero fue una decisión en seco, que incluso dejó al poco tiempo la estampa de una Cataluña pacificada. Sin embargo, el calendario ahora no le acompaña. La amnistía se aboca a un largo periplo judicial de goteo de casos y recursos en los tribunales. Es más, Carles Puigdemont podría aterrizar pronto en España. Previo a ello, lucirá con grandilocuencia sus mesas de diálogo en el extranjero —lo único que tiene para diferenciarlas de las de Oriol Junqueras—, haciendo las delicias de la derecha.
Los propios altavoces del PP y Vox trabajan incansables. De los creadores del “Gobierno ilegítimo” o de los “socios ilegítimos”, ni el Congreso parece ya legítimo para un Santiago Abascal que se marchó a saludar a los manifestantes en las calles. Ciertas voces de ultraderecha incluso han decidido que el Tribunal Constitucional tampoco es legítimo. No esperan al veredicto sobre la amnistía y ya están deslegitimando al presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, para que la ciudadanía dude hasta de lo que se llegue a decidir.
A Sánchez le perseguirá la amnistía, sí, pero no quiere decir que logre derribarle. Todavía el Frankenstein se sustenta sobre el interés mutuo: que no gobiernen el PP y Vox y sacar tajada. Aunque si el 23-J dejó una lección es que las apariencias engañan. Por mucho que unos digan que las cesiones competenciales y los indultos o la amnistía rompen España, el hecho es que el independentismo catalán se hundió el 23-J en un clima de frustración por el fracaso de 2017. Por más agitación social o en las calles que haya, debe recordar la derecha que también creían que arrasaría en los pasados comicios y al final no lo logró. Estefanía Molina es politóloga.










Del otro debate

 






He escuchado otro debate
JAVIER SAMPEDRO 
16 NOV 2023 - El País - harendt.blogspot.com

Este miércoles escuché un debate distinto al que, por todo lo que sé, presenciaron los demás ciudadanos. Debo de ser un tipo raro. Vi que el candidato a la investidura empezaba su discurso analizando las graves consecuencias para España de un mapa internacional con dos guerras abiertas y otras varias enquistadas. Vi que hacía repetidas menciones a la crisis climática, a la transición energética y a la pandemia. Vi que apoyaba unas políticas cimentadas en el conocimiento científico, que reconocía que la desigualdad alcanza límites insoportables y que las actuales políticas de vivienda son erróneas. A esas alturas de la intervención, tuve que soportar a un analista quejándose de que el candidato estaba escurriendo el bulto para no hablar de la amnistía, que al parecer era la única cuestión crucial para la salvación de nuestras almas. Mientras redacto esto no puedo saber qué van a escribir mis colegas columnistas, pero no hace falta ser Sherlock Holmes para adivinar que el clima, la guerra, la ciencia y el precio de los pisos van a quedar fuera de foco.
No me entiendan mal. No soy tan ingenuo como indica el párrafo anterior. Sé que la amnistía es una cuestión central de la coyuntura política española. Sé que la primera mitad del discurso de Pedro Sánchez ―esa mitad en la que habló de otras cosas― es un inteligente y meditado ejercicio de oratoria, a mi juicio muy brillante. Sé que ni las energías renovables ni la inteligencia artificial van a abrir hoy los informativos. Pero también sé que las vicisitudes microterritoriales de esta provincia europea importan muy poco frente a esa primera mitad del discurso de investidura que solo va a ser analizada como un estorbo. Sé que es ahí donde se encuentran los problemas más importantes, los que van a marcar tu vida y la de tus hijos. Ahí está el tema, no donde tú crees. No la tomes conmigo, ya te dije que soy un tipo raro.
¿O no lo soy tanto? Al menos desde que experimenté con el buscador inteligente del reproductor de Apple, iTunes ―se llamaba Genius en la época―, soy consciente de que, por más enrevesados o sofisticados que sean mis gustos musicales, o los gustos musicales que le hice creer a Genius que yo tenía, siempre hay otras personas que los comparten. Esta es justo la razón de que Genius funcione. Busca gente a la que le gusten las mismas canciones que a ti y aplica un principio algo deprimente, pero casi infalible: quienes han coincidido antes, coincidirán después. El buscador me descubrió una música maravillosa de la que yo era por completo inconsciente, y eso quiere decir que soy miembro de un clan, disperso y distribuido por medio mundo, pero clan al cabo.
Por lo tanto, debo asumir por coherencia que hay otras personas que también se fijaron en la primera mitad del discurso de Sánchez, gente menos obsesionada por la amnistía que ocupada por las guerras devastadoras, la torrefacción del planeta, las fuentes energéticas, las pandemias, la vivienda digna, las artes y las ciencias. Si estáis ahí, recordad que no soy un tipo maligno: ni siquiera he hecho sangre con el tema de Antonio Machado e Ismael Serrano, en un admirable ejercicio de contención. Javier Sampedro es genetista.












De las ganas de mandarlo todo al diablo

 






​Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. Mi propuesta de lectura para hoy, del escritor Javier Cercas, va de las ganas de mandarlo todo al diablo. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com










Mandarlo todo al diablo
JAVIER CERCAS
11 NOV 2023 - El País Semanal - harendt.blogspot.com

Un viejo amigo y profesor de literatura catalana me dice que está de acuerdo conmigo en que, según escribí en esta columna, si España no acepta sin reservas el catalán, el gran beneficiado es el secesionismo. “Yo mismo”, añade, “llegué a decir en una comida que, si se aprobaba la propuesta de Vox de declarar Alicante zona castellanoparlante, cambiaba de bando”. Su caso me recuerda el de otro amigo, también contrario a la secesión, que acabó votando en el referéndum del 1 de octubre de 2017 por solidaridad con los votantes aporreados por la policía, aunque no tenía la menor intención de hacerlo porque estaba en contra de aquella consulta.
Estas reacciones no son insólitas, ni se dan sólo con el llamado problema catalán (simpáticamente conocido por algunos como “matraca catalana”); por lo demás, son lógicas: a menudo olvidamos que quienes tienen razón no siempre tienen toda la razón, que no todos los que tienen la razón política tienen la razón moral y que quienes tienen la razón política son, a veces, unos canallas: los canallas de las buenas causas. Y uno puede ceder a la tentación visceral de responder a los canallas y sus canalladas dando la razón a quienes no la tienen. Ejemplos. El 28 de abril de 1945, Benito Mussolini y su amante, Clara Petacci, fueron ejecutados sin fórmula de juicio por partisanos, y sus cadáveres colgados de una viga en la plaza de Loreto, Milán; fue un acto de barbarie, pero hubiera sido una mala idea unirse al fascismo para solidarizarse con el atropello padecido por el Duce. Poco después, el 6 de agosto de 1945, Estados Unidos lanzó una bomba atómica sobre Hiroshima, y a los tres días lo hizo sobre Nagasaki: en total, 214.000 muertos; aunque se trató de un crimen atroz, convendremos en que, durante aquella guerra, los japoneses no tenían la razón política (y también en que, al menos en aquellos dos días apocalípticos, quienes los masacraron perdieron la razón moral). Al final de esa misma guerra, los aliados sometieron las ciudades del Tercer Reich a furiosos bombardeos indiscriminados; sólo en Dresde, del 13 al 15 de diciembre de 1945, 25.000 personas perecieron bajo las bombas: ¿hubiera sido sensato abrazar el nazismo en protesta por semejante carnicería? Entre 1936 y 1939, casi 7.000 curas y monjas fueron asesinados a sangre fría en España; quienes cometieron esos crímenes fueron unos bellacos, pero yo sigo sin tener ninguna duda de que, en la Guerra Civil, la República llevaba la razón (y también de que la famosa Tercera España es un timo aún más siniestro que el de los famosos equidistantes vascos en los años de ETA). Dicho esto, entiendo el arrebato de mis amigos catalanes. Disculpen el desahogo autobiográfico: llevo 57 de mis 61 años viviendo en Cataluña, soy catalán, he estudiado lengua, literatura e historia catalanas, crecí entre escritores catalanes, traduje del catalán, vivo en catalán en un pueblo de la Cataluña profunda, abogo por el federalismo y he defendido una solución a la canadiense para Cataluña; sentado lo anterior, comprenderán ustedes que, cada vez que un señorito madrileño autodenominado de izquierdas tiene a bien darme clases de diversidad y me llama con desprecio españolista, me entren unas ganas irresistibles de pedirle a Gabriel Rufián el ingreso en ERC con carácter de urgencia; si no lo hago es sólo por dos motivos: primero, porque una Cataluña separada de España no me libraría de la burricie de los señoritos (en Cataluña los tenemos a patadas), y segundo, porque, por mucho que me recuerde al Pijoaparte de Marsé y por bien que me caiga, Rufián no tiene razón.
Nuestra pereza mental anhela la simplicidad, pero la realidad no es simple; no todos los que tienen la razón política tienen la razón moral: a veces, los buenos hacen cosas malas (y los malos, buenas). La verdad es la verdad, dígala Machado o su porquero: si Vox dice que la Tierra es redonda, me niego a decir que es plana, aunque los señoritos me acusen de alinearme con Vox. Es un error obrar con las tripas y no con la cabeza, pero —última confesión— cada vez que oigo lo de la “matraca catalana” me dan ganas de mandarlo todo al diablo. Créanme.


































[ARCHIVO DEL BLOG] El acto de mirar. [Publicada el 15/06/2019]










¿Qué hacen las figuras de Giacometti metidas en El Prado?, se pregunta el escritor José Andrés Rojo en El País. Están ahí, comienza diciendo, entre las obras de los maestros antiguos, con su extrema delgadez, casi todas impertérritas. Hay una de ellas que está atrapada en el gesto de dar un paso, ese Hombre que camina II, como si quisiera irse o acometer alguna tarea con una inaudita decisión y arrojo, pero por lo general da la impresión de que las hubieran llevado allí para estarse quietas, observándolo todo. ¿Y qué miran entonces y por qué lo miran ahora y cómo les afecta? ¿Y qué terminan contando por el hecho de estar ahí? Mujer grande I, Mujer grande III, Mujer grande IV, Mujer de pie, todas ellas tan hieráticas, con los brazos pegados al cuerpo y extrañamente distantes: como si vinieran de un mundo terrible en el que lo hubieran visto todo y que, quizá por eso, siguieran mirando y mirando y mirando. Gran cabeza, Eli Lotar III, Lotar II: a veces Giacometti solo ha esculpido una parte del cuerpo, pero toda la intensidad sigue estando colocada en el acto de contemplar. También ocurre con El carro, donde a la figura colocada sobre un sencillo taburete depositado sobre el eje que une dos ruedas solo pareciera interesarle lo que otea ahí lejos, en el horizonte.
En un breve ensayo escrito en 1966 y recogido en Mirar, John Berger se ocupa de Alberto Giacometti, que había muerto el 11 de enero de ese año —nació en 1901—, y empieza refiriéndose a la fotografía de Cartier-Bresson que Paris Match publicó una semana después de su fallecimiento y en la que aparece cruzando una calle mientras llueve, tapándose de cualquier manera con una gabardina. Una imagen que mostraba a “un hombre extrañamente despreocupado por su bienestar”, escribe Berger. “Un hombre que llevaba unos pantalones arrugados y unos zapatos viejos. Un hombre cuyas preocupaciones no tenían en cuenta el cambio de estaciones”.
Ese hombre fue el que concibió esas figuras alargadas. Y el que las hizo tan tremendamente frágiles y, al mismo tiempo, tan fuertes en su imponente dignidad. Han pasado por todo, o fue quizá la historia la que les pasó por encima con su reguero de destrucción y dolor, pero ahí siguen, observándolo cuanto ocurre. Berger explica que, para Giacometti, “el acto de mirar” era “una forma de oración” y que “se fue convirtiendo en un modo de aproximarse a un absoluto que nunca conseguía alcanzar”. Escribe Berger: “Era el acto de mirar lo que le hacía darse cuenta de que se encontraba constantemente suspendido entre la existencia y la verdad”.
“Pensemos en una de sus esculturas”, propone Berger. “Sólo hay una manera de llegar a ella: quedarse quieto y mirarla”. Pero luego apunta que es la propia escultura la que también “nos mira”, y “que nos seguirá atravesando, por mucho que nos alejemos”.
Ahí están en el Prado, pues, las figuras de Giacometti. Una de sus grandes mujeres se concentra en el fondo del pasillo y su mirada se da de bruces con el grupo escultórico de Carlos V y la furia, de Leone Leoni: una potente alegoría que habla del poder de aquel emperador para dominar el caos, el desorden, la cólera. La mujer grande que está a sus espaldas contempla el otro fondo del pasillo de la primera planta y lo que se encuentra es La familia de Carlos IV, en la que Goya retrata los personajes desvaídos de una monarquía cansada. De un lado a otro, las figuras de Giacometti contemplan lo que tienen delante y le dan un nuevo sentido a cada obra. El acto suyo de mirar lo atraviesa todo con su presencia y entonces el poder de cada monarca, grande o pequeño, queda reducido a la nada. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt













miércoles, 15 de noviembre de 2023

De los abusones sin argumentos

 





Un Abascal desnudo sin la gresca de la calle
BERNA GONZÁLEZ HARBOUR
15 NOV 2023 - El País - harendt.blogspot.com

No es lo mismo hablar ante el Congreso y recibir los aplausos de 52 diputados que de 33. No es lo mismo jalear a tus seguidores mientras algunos de ellos queman contenedores que intercambiar argumentos. No es lo mismo la calle que la tribuna. Santiago Abascal lo ha podido comprobar este miércoles. El eco de Vox este miércoles ante la Cámara baja es menor que en la legislatura anterior, y sobre todo, mucho menor que el que genera en las calles, en las protestas y disturbios más gamberros que acosan estos días las sedes del PSOE por todo el mapa nacional. El poder escueto de sus votos —se vio en el Congreso― es una paralela que transcurre muy alejada de la estridencia en las redes y en las calles, donde ni la compañía del periodista Tucker Carlson, despedido de Fox News por sus bulos, le puede legitimar. Abascal intentó trasladar el aire de turba y gresca a la sede de la soberanía popular, pero no le funcionó.
El líder de Vox arrojó sobre los escaños un bolo digestivo que mezclaba las habituales acusaciones contra el Gobierno (tiranía, golpe de Estado, criminalidad) con su mirada excluyente de la sociedad española. España es lo que Vox defiende y no la que podamos sentir los demás, nos quiso transmitir. Y la justicia, la que está a su favor. Hasta el atentado contra Vidal-Quadras, que el propio atacado ha atribuido a Irán, fue a parar al mismo bolo digestivo mientras Abascal describía la violencia que —supuestamente— ha favorecido este Gobierno. Elevó tanto el tono al acusar a Sánchez de subvertir el orden constitucional que la presidenta del Congreso, Francina Armengol, le interrumpió para que lo retirara. “Ni los diputados tienen libertad de expresión”, reaccionó él, ofendido. Y, sin ningún problema, tiros o tanques que se lo impidieran, prosiguió. El discurso fue pobre incluso en su supuesto fuerte, que es el patriotismo. Y después de terminar, se fue.
A Vox le ha venido la amnistía a ver. La necesidad de Pedro Sánchez de contar con los votos de Junts no solo ha resucitado a Puigdemont y le ha devuelto un podio que había perdido, sino también al partido de Abascal. Aunque sigue siendo el tercer grupo en el Congreso, al pasar de 52 escaños en la anterior legislatura a los 33 de la actual, por el camino ha perdido la capacidad de presentar mociones de censura (¡menos mal!) y recursos al Constitucional. Los escándalos financieros y las salidas de figuras emblemáticas tampoco ayudaban.
El Vox renacido en los disturbios y que este miércoles hemos visto en el Congreso debe mucho a los independentistas (desde 2017) y a la amnistía (desde julio). Pero, sobre todo, debe mucho al PP. Su alianza contamina a Feijóo, aunque le haya facilitado enormes cotas de poder. Hasta el punto de que le amenazó con romper los acuerdos si no frena la amnistía en el Senado. Y es a él, en última instancia, a quien apela el discurso ultraderechista ante el Congreso. De la mano de Vox, Feijóo ya sabe adónde va y sobre todo, adónde no podrá ir.
“Ahora puede usted lanzar sus embustes. Nosotros nos iremos junto al pueblo español”, terminó Abascal, sin esperar la réplica del presidente Sánchez. Eso es unilateralismo y no otra cosa. Luego, que no diga de Puigdemont.  Berna González Harbour es escritora.










De las almas del PP

 





Todas las almas del PP
GNACIO PEYRÓ 
15 NOV 2023 - El País - harendt.blogspot.com

En la mochila de experiencias de vida que Feijóo acumulaba de la política, le faltaba la de acudir a investiduras en las que él no era el investido. El sanchismo le ha procurado, en dos meses, un máster en la materia. Corbata azul y traje azul, el líder de la oposición había escuchado a Sánchez con esa mirada que parece no mirar a ningún lado. Un rato antes del discurso del gallego, Gamarra había prometido esperanza. Entre la solemnidad histórica churchilliana o el tronar de un discurso de trinchera, Feijóo optó… por ser Feijóo. El prime time de esta investidura había sido unas horas antes; por eso el gallego, maestro de los equilibrios, no quería sumar ni restar votos, sino dar contento a todas las almas de su partido: harán oposición en la calle, dilatarán los procesos, darán la lucha internacional y su aliento a la judicatura, no se conformarán… pero se conformarán.
Quienes esperaban firmeza se encontraron con el líder más duro, recordando contradicciones en las viejas declaraciones del presidente —solo le faltó decir “fin de la cita”— y a una bancada popular completamente sincronizada con el hilo del discurso. El gallego no dejó de leer con un gozo morboso los nombres de los socialistas de la vieja escuela que han mostrado su rechazo a la ley de amnistía. Sánchez le escuchaba con gesto de estatuaria clásica, mientras a Calviño, a su lado, solo le faltó bostezar.
También habló de empleo, sanidad y economía, aunque al líder de la oposición no se le ve muy cómodo en el manejo de las cifras. Feijóo tiró de una ironía que quería ser inglesa, pero que fue más bien esa retranca de gallego que ha sido patrimonio de la derecha. Desde esa actitud ofreció un gesto de rara empatía hacia Podemos: quedarían, al igual que los populares, fuera del calor de un Consejo de Ministros. Guardaba los mejores chistes para responder al propio discurso del socialista.
No faltó la referencia al PNV: si en su fallida investidura Feijóo dedicó las palabras más duras —más duras por inesperadas— a los nacionalistas vascos; en esta ocasión pareció tenderles la mano, justo antes de profetizar que se quedará con sus votos.
Por momentos, también sonó al discurso siguiente, al de después de todas las arengas; en la incertidumbre del presente meandro histórico, el líder de la oposición ha buscado afianzarse en ese espacio político donde elevar la voz no significa romper la baraja: he ahí otra de las almas del PP. Ha marcado una actitud. Y es en esas aguas turbias donde la experiencia del gallego adquiere densidad. Feijóo ha dicho, primero a su propia bancada, que sabrá esperar, que él también sabe hacer oposición. Ignacio Peyró es escritor.
 








De mirarse en el espejo

 





Junts y PP ante el espejo de la amnistía
JORDI AMAT
15 NOV 2023 - El País - harendt.blogspot.com

Levantó la vista de los papeles, se salió del guion y Pedro Sánchez miró hacia la bancada conservadora. “Todo el mundo pendiente de este bloque, pero no paran de hablar”. El discurso del candidato a la presidencia del Gobierno había llegado a la cuestión que ha servido y servirá para polarizar nacionalmente a parte de la sociedad española: la amnistía. Los diputados que votarán en su contra intensificaban el runrún, pero desde su casa el espectador pudo descubrir un par de silencios significativos.
Esteban González Pons, candidato al meme del día por su cara histriónica de pocos minutos antes, se descubría serio y atento en el plano que eligió el realizador. El eurodiputado popular, que en octubre de 2017 fue clave en el Parlamento Europeo y que este verano abrió un canal de comunicación con Junts, escuchaba concentrado. No era un rostro tan distinto al severo de Míriam Nogueras, la portavoz de Puigdemont en el Congreso, sin poder manifestar la teórica satisfacción de su partido mientras el candidato socialista defendía la controvertida medida que Junts querría capitalizar. Pero no puede, en último término, porque, más allá de la propaganda de consumo interno, la amnistía solo es viable en el marco de la Constitución. Dos silencios incapaces de escenificar indignación. Nogueras y González Pons. Porque el perdón señala a los partidos protagonistas de la crisis nacional y, seis años después, los sitúa frente al espejo de un fracaso que ni unos ni los otros han demostrado estar dispuestos a asumir.
Desde el arranque de su intervención, Pedro Sánchez estableció el marco discursivo donde inscribía su programa de gobierno: la Constitución. Nada distinto a lo dicho por todos los candidatos a la presidencia en el pasado democrático, por supuesto, pero probablemente ninguno repitió tantas veces la palabra en un discurso de investidura. “Solo hay democracia dentro de la Constitución”, dijo desde el arranque. Esta elección retórica es clave para la legitimación de la medida de excepción que pronto empezará a discutirse en las Cortes. No será tan fácil convencer a la ciudadanía de que la amnistía responde al reconciliador espíritu constitucional y que su aprobación cierra el círculo de la denominada “agenda del reencuentro”. Pero es probable que la deliberación parlamentaria, más allá del ruido y la tensión, acabe evidenciando que el perdón articulado desde el Legislativo —perdón, otra palabra repetida— es una demostración de fortaleza del Estado que así sutura la herida nacionalista y, al mismo tiempo, rehabilita al independentismo derrotado al encuadrarlo en el marco de la legalidad española.
“¿Cómo garantizamos esa unidad?”, se preguntó retóricamente el candidato. Ciertamente, ante el desafío independentista, se han ensayado dos caminos. Uno provocó una crisis que aún condiciona las emociones políticas del país. Otro, que se está transitando, ha neutralizado la pulsión soberanista y es condición necesaria para implementar las políticas que son la mejor alternativa al lado oscuro. Entre esas políticas, por cierto, Sánchez habló de la reforma del modelo de financiación. Ya tocaría. Mirarse en ese espejo será la otra clave de la legislatura. Jordi Amat es filólogo

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De Lakoff y el elefante en el baile

 







Bailando con un elefante
MÁRIAM MARTÍNEZ-BASCUÑÁN
15 NOV 2023 - El País - harendt.blogspot.com

Toda política es moral, dice el clásico experto en comunicación política George Lakoff. Y a juzgar por la intervención inicial de Sánchez debe ser este, y no Maquiavelo, su autor de cabecera estos días. El candidato a la investidura se esforzó durante una hora y media en articular un discurso que describía un mundo donde se libra una batalla de visiones morales contrapuestas. La democracia está siendo amenazada a nivel planetario y frente a las fuerzas reaccionarias es imperativo levantar un muro de contención. Ese muro deberá armarse con políticas progresistas que atiendan al reclamo de seguridad ciudadana ante los retos globales. Esa es la épica que trajo el presidente este miércoles al Congreso, la columna vertebral que preparó todo el marco para el bloque de la “agenda del reencuentro”, uno más dentro de otros tantos, donde iba configurando a su vez un trasfondo de reivindicación europeísta y socialdemócrata.
Sin nombrarlo, el elefante en la habitación estaba ahí: la amnistía fue una medida más incorporada dentro de la llamada “agenda del reencuentro” consistente básicamente en el diálogo, la reconciliación, la concordia y… el perdón. Quienes esperaban un discurso solemne articulado para explicar las razones de Estado de la amnistía se quedarán con las ganas, porque probablemente esta saldrá a lo largo de la investidura en un debate que se espera bronco. En el hemiciclo se respiraba esa furia contenida en la bancada de las derechas. A veces Sánchez, desde su acostumbrada levedad, paraba y sonreía. Y así, con una tranquilidad pasmosa, continuaba dibujando su marco discursivo: esta es una elección para España y Europa: reacción o progreso. Sacaba así su as de la manga: situar la mismísima amnistía dentro de ese marco. Frente a la crisis constitucional que generó la derecha en 2017, “la mayor crisis de nuestra democracia”, el Gobierno de coalición propone diálogo y perdón. “¿Qué Cataluña prefieren los ciudadanos, la de 2017 o la de 2023?”, añadió. Era el broche de oro de un discurso pensado para colocar el elefante dentro del contexto social español con ese fondo internacional de avance ultra.
El discurso de Sánchez ha resultado eficaz. Incluso nuestra vida democrática puede agradecer en estos momentos cierta ingravidez. Pero ahondar en la política moral a la larga puede polarizar más. La moralización pasa a través de esta idea de misión con un conjunto de políticas sociales —más la amnistía— erigidas sobre firmes creencias. Pero si todo se reduce a una guerra entre el bien y el mal, no queda otra que tomar partido. Y con ello le damos la razón, de nuevo a Lakoff: el centro no existe. Tal vez el propósito de Sánchez sea cerrar un bloque de investidura que homogeneiza al identificarlo con los mismos intereses: ese nebuloso objetivo de luchar contra las fuerzas reaccionarias para derrotarlas. Pero además de poder contribuir a la polarización, argumentar en términos de visiones del mundo contrapuestas, que van “más allá de las ideologías” puede suponer que a la postre los problemas políticos se presenten sin más opciones, anulando moralmente a los adversarios. Cuidado, porque en lugar de instalar de manera natural la convivencia, lo que nos podemos acabar encontrando sea un puro maniqueísmo entre burbujas morales contrapuestas.
A Sánchez le ha faltado un punto más de sinceridad, de convicción: todo esto no va solo de frenar a los reaccionarios, por mucho que ese sea el discurso que quiere escuchar Europa. Hay amnistía porque el PSOE necesita un puñado de votos. Hay amnistía porque es el precio de poner sobre la mesa una batería de medidas progresistas. Igual el futuro presidente del Gobierno debería sacarse de la chistera esa ráfaga de franqueza en lugar de bailar con Lakoff desde la tribuna del Congreso. Máriam Martínez Bascuñán es politóloga.













Del clientelismo y la corrupción

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles. Mi propuesta de lectura para hoy, del escritor Antonio Muñoz Molina, va del clientelismo y la corrupción. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com









La corrupción tranquila
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
11 NOV 2023 - El País - harendt.blogspot.com

Hay tantas cosas urgentes que a nadie le queda tiempo para ocuparse de las cosas importantes. Con el espanto de la guerra en Gaza, de la guerra en Ucrania, con el esperpento de ese fugitivo catalán de la justicia y los edecanes de su corte irrisoria en Bruselas recreándose en mantener en vilo a un país entero, ¿quién tiene tiempo, por ejemplo, para prestar seriamente atención al cambio climático, a las noticias diarias sobre los récords escalofriantes de temperaturas, o a las otras noticias no ya sobre la inacción a la vez criminal y suicida de empresas y gobiernos, sino sobre el incremento de las inversiones en combustibles fósiles en los mismos países teóricamente comprometidos a ponerles un límite? El ruido y la gresca lo borran todo. Los gritos roncos de esos bárbaros que ocupan la calle de Ferraz en Madrid con sus brazos levantados y sus banderas incendiarias remueven esa parte profunda de la memoria en la que sigue latente el miedo a lo peor del pasado: al Cara al sol, al uso bestial de la palabra “maricón”, la palabra “moro”, la palabra “hijoputa”, toda esa negra aspereza española que muchos de nosotros tuvimos la mala fortuna de experimentar en persona; una agresividad de barra de bar y copa de coñac, de arenga cuartelera, de exabrupto en tendido taurino o graderío de fútbol.
Personas de orden lamentan con una media sonrisa los excesos, siempre deplorables, y a continuación atribuyen a Pedro Sánchez la responsabilidad de que sucedan. Este último octubre ha sido el más caluroso en el mundo desde que existen registros, pero esa información se pierde bajo un nuevo alud de palabrería, de especulación y chisme político. Proyectos cruciales de plantas de energía eólica pueden quedar frustrados en España por culpa de la lentitud y la confusión de los procedimientos administrativos, y sin duda también porque muchas cosas acaban paralizadas cuando pasan tantos meses con un Gobierno en funciones, pero quién tiene tiempo ni ganas de ocuparse de esos asuntos, o de informarse sobre ellos, si la actualidad trae a cada minuto una nueva bronca que los algoritmos de las redes sociales agrandarán con su eficiencia automática.
Acabamos de saber que la producción de carbón va a seguir incrementándose al menos hasta 2030, y la de petróleo y gas, 20 años más. El mundo está quemando más del doble de los combustibles fósiles que habrían permitido cumplir con el Acuerdo de París de 2015, que aspiraba muy tentativamente a limitar el calentamiento del planeta a 1,5 grados. Más elocuentes que las cifras son los hechos: las inundaciones catastróficas, las sequías que convierten países enteros de África en desiertos, los incendios de amplitud continental que duran meses enteros. No pasa nada. Por ahora, son casi siempre otros los que cargan con las consecuencias de un sistema económico y un modo de vida que disfrutamos nosotros, otros los que sufren la contaminación de nuestra basura electrónica y pagan sin beneficio alguno el coste de nuestros privilegios.
Lo que parece que está lejos no importa. El espectáculo degradado y convulso de la así llamada actualidad política es una pantalla en la que se agitan fantasmas gritones, un teatro de títeres, un simulacro que oculta casi por completo la realidad al mismo tiempo que la intoxica con sus venenos de discordia y furia destructiva, no incompatibles con un trasfondo sórdido de cinismo. Los iluminados y los incendiarios, o al menos los menos tontos entre ellos, y los que luego los manejan y alientan no acaban de creerse su propia vehemencia. Al gran patriota perseguido y exiliado de Waterloo, que en otras épocas ha jugado a una épica redentora de tercera fila, ahora se le ha puesto en la cara un sarcasmo de tahúr, un gesto como de no poder contenerse la risa, la satisfacción de tener a un país entero pendiente de él, que se presenta a sí mismo y hasta tal vez se ve como la palpitante encarnación de su patria, pero quedó en quinto lugar en las últimas elecciones, detalle del que parecen olvidarse hasta sus adversarios. Esas elecciones resulta que las ganó en Cataluña el candidato socialista, que, sin embargo, por la extraña lógica de la política española, parece un hombre borroso, desalentado, vencido, con su voz débil y sus gafas grandes corridas sobre la nariz.
En medio de todo este circo, la antigua plaga española del clientelismo y la corruptela continúa prosperando en esas zonas de sombra administrativa que le son tan propicias, en la inercia, en la impunidad no ya del desconocimiento, sino de la indiferencia colectiva, de la aceptación resignada o cínica de lo que siempre se ha hecho. No hace falta molestarse en ocultar lo que ya no despierta vergüenza, y hasta el mayor escándalo se habrá olvidado en unos días, semanas como máximo. A quién le importa que a principios de este mes el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía destituyese sin previo aviso al director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Juan Antonio Álvarez Reyes, que ocupaba su puesto desde 2010 y lo había ganado en un concurso público y abierto, según el Manual de Buenas Prácticas que acordaron en 2007 los museos oficiales españoles, con el propósito de asegurar en lo posible la transparencia, el mérito y la equidad en los procesos de elección, tantas veces enturbiados en nuestro país por enjuagues políticos.
Pero el Manual de Buenas Prácticas resulta ser solo eso, y no una norma que deba ser obedecida. No conozco a Álvarez Reyes, ni tampoco a su sucesora, Jimena Blázquez, nombrada sin proceso de selección ninguno. Lo que sí conozco, tristemente, como cualquiera que se fije en estas cosas, es la corrupción insidiosa, tranquila, aceptada, que se impone en una Administración pública cuando todo depende del favor o el capricho de los cargos políticos, cuando son cargos políticos muchos puestos que deberían corresponder a funcionarios de carrera o a profesionales seleccionados según criterios objetivos de mérito, en concursos públicos, con todas las garantías de una legalidad que les otorgará las facultades y la independencia necesarias para cumplir con su trabajo. Civil servants, en la noble expresión inglesa, y no eso que lleva entre nosotros el título tan dudoso de “cargos de confianza”, que suena ya casi a conspiración mafiosa. Jimena Blázquez se declara dolida por las protestas que ha suscitado su nombramiento, apelando a su currículo y a sus credenciales en el mundo del arte, o del coleccionismo privado, pero esa no es la cuestión. Si el puesto de trabajo y la carrera profesional dependen del arbitrio político, inevitablemente se está suscitando la incertidumbre y el clientelismo, la necesidad no del cumplimiento exigente de la propia tarea, sino del favor del que manda, el miedo a no caer bien y a caer en desgracia, la sorda vileza del disimulo y la conspiración.
La consecuencia, de cara al exterior, es la ineficiencia y el descrédito: una Administración incompetente puede desbaratar hasta las políticas más racionales y mejor diseñadas, y está bajo la sospecha de servir a intereses partidistas, que cambiarán cuando ganen “los otros”, que solo para algunos serán “los nuestros”. Internamente, lo que acaba prevaleciendo es la desolación. Quien cumple y no medra siente muchas veces que ha trabajado en vano. Quien se empeña en hacer lo que debe y sabe y le gusta está destinado a la tranquilidad de conciencia y a la melancolía. Debajo de todo ese teatro, son ellos y sus semejantes en otros sectores fundamentales e invisibles los que hacen que el país, increíblemente, no se derrumbe.