martes, 2 de junio de 2026

DEL POEMA DE CADA DÍA. SALITRE, POR PABLO NERUDA. 2 DE JUNIO DE 2026

 







SALITRE




Salitre, harina de la luna llena,

cereal de la pampa calcinada,

espuma de las ásperas arenas,

jazminero de flores enterradas.

Polvo de estrella hundida en tierra oscura,

nieve de soledades abrasadas,

cuchillo de nevada empuñadura,

rosa blanca de sangre salpicada.

Junto a tu nivea luz de estalactita,

duelo, viento y dolor, el hombre habita:

hondura y soledad son su medalla.

Hermanos de las tierras desoladas:

aquí tenéis como un montón de espadas

mi corazón dispuesto a la batalla.




PABLO NERUDA (1904-1973)

poeta chileno




***




Pablo Neruda, seudónimo y posterior nombre legal de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (Parral, 12 de julio de 1904-Santiago, 23 de septiembre de 1973), fue un poeta y político chileno. Es considerado entre los más destacados e influyentes artistas de su siglo; además de haber sido senador de la república chilena, miembro del Comité Central del Partido Comunista (PC), precandidato a la presidencia de su país y embajador en Francia. En 1971 Neruda recibió el Premio Nobel de Literatura «por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños de un continente». Entre sus múltiples reconocimientos destaca el doctorado honoris causa por la Universidad de Oxford. El escritor Gabriel García Márquez se refirió a él como «el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma» y el crítico literario Harold Bloom, quien lo considera uno de los veintiséis autores centrales del canon de la literatura occidental de todos los tiempos, señaló: «Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él».





















DEL ASUNTO DEL DÍA. TRAFICANTES DE HALAGOS, POR IRENE VALLEJO. 2 DE JUNIO DE 2026

 






En los hipnóticos escaparates de las redes sociales, la influencia se puede comprar. Existen empresas que ofrecen admiración de alquiler: seguidores, comentarios entusiastas, adhesiones apasionadas, elogios en serie —aunque no en serio—. La reputación tiene un precio, y la alabanza amañada catapulta a quien paga. Después de todo, la palabra fama proviene del verbo latino fari —hablar—, ya que famoso es quien está en boca de todos. Curiosamente, de la misma raíz deriva fábula: la celebridad tiene algo de cuento. Siguiendo el hilo y la melodía lingüística, fanfarrón, del árabe hispano farfar, significa “inestable, volátil, charlatán”. En esta feria de las banalidades, la vanidad digital cultiva el truco y trato.

La compra de ovaciones tiene precedentes antiguos. El historiador romano Suetonio cuenta en sus crónicas que Nerón amaba la música y, aun siendo su voz débil y ronca, insistía en dar recitales. Pagó sumas exorbitantes para que 5.000 jóvenes reclutados aplaudieran sus lamentables interpretaciones. Esta argucia serviría como inspiración a las claques europeas. En el siglo XIX, surgieron agencias que proveían a los teatros y autores de aduladores, un mecanismo que derivaría con el tiempo en las risas enlatadas de la televisión. El principio es el mismo: escenificar el éxito ayuda a triunfar. Tener público, aunque sea ficticio, genera publicidad. Ahí nacen las campañas dopadas y la demoscopia fantasiosa. Como intuyó Nerón, pionero de la mercadotecnia, es posible conseguir poder verdadero a través de la fama falsa.

Esta es una lógica que encumbra, cada vez más, a ególatras y aduladores. Las apariencias nos engañan y nos encantan; el prestigio, como su nombre indica, ama a los prestidigitadores. Desde tiempos de Nerón, una y otra vez, numerosas sociedades se han entregado, seducidas y convencidas, a fatuos arrogantes. La teoría proclama que los grandes líderes son quienes anteponen su misión a su ego, el interés público a la vanidad personal. En principio, los narcisistas son fáciles de identificar: se jactan de sí mismos, reclaman atención constante, se sienten con derecho a un trato especial y, cuando no lo obtienen, se erigen en víctimas y airean sus quejas. Pero, paradójicamente, todavía hoy, continúan hechizando y atrapando voluntades.

Un estudio sobre las elecciones estadounidenses entre los siglos XIX y XX reveló que, en tiempos de inestabilidad social, la gente deseaba un presidente que transmitiera aplomo, audacia y dominio. La abrumadora sensación de incertidumbre y ansiedad es propicia para las voces autoritarias que prometen restaurar el orden y para los ególatras embriagados de confianza y desafío. Como explica Giuliano da Empoli en su ensayo La hora de los depredadores, el caos ya no es el alma de los rebeldes, sino el sello distintivo de los poderosos. En un mundo impredecible gana el actor que se mueve con mayor decisión, de forma más agresiva, más sorprendente, el que impone su propia realidad. Serán avasalladores, pero nunca aburridos: folclóricos, extravagantes y cínicos, un espectáculo entretenido. Responsabilizarse es serio y tedioso; tiene más gracia atesorar medallas, coleccionar aplausos y atribuirse logros legendarios.

Sin embargo, sabemos que las personas con altos niveles de narcisismo son peores gobernantes. La experiencia enseña que están más dispuestas a manipular a los demás, a tomar atajos y esquivar las normas. Intentarán deshacerse de todo lo que ralentiza y limita su voluntad, ya sean los procedimientos garantistas, las leyes, los periodistas, los contrapoderes o los jueces. Se atribuyen todos los méritos mientras culpan a los demás de los fracasos. Se jactan de ser escudo frente a amenazas que ellos mismos crean y contra enemigos a los que previamente azuzaron. Consideran el liderazgo como una oportunidad que deben aprovechar; el poder es para ellos más un vicio que un servicio. El legado de estos líderes con frecuencia queda empañado por los desmanes despóticos y nepotistas, la corrupción y la hybris de decisiones desastrosas.

Intoxicados por las loas de los aduladores, estos líderes corren el riesgo de caer en la obstinación y negarse a cambiar de rumbo. En ocasiones, jaleados por sus colaboradores incondicionales, se enrocan en su torreón o se lanzan a galopar hacia temerarias decisiones y ostentaciones. En una época de constantes desahucios, el emperador Nerón, enamorado de los ornamentos dorados, se empeñó en construir una enorme mansión, la Domus Aurea, en pleno centro de Roma, con incrustaciones de oro y madreperla que destellaban bajo el sol, además de un lago artificial y una colosal estatua suya de más de 30 metros. Uno de sus predecesores, Calígula, despreciaba a los consejeros que no se plegaban a sus deseos, así que depositó toda su confianza en un caballo originario de Hispania llamado Incitatus, es decir, Impetuoso. Le regaló un establo de mármol con abrevadero de marfil, una villa amueblada y esclavos a su exclusivo servicio. El animal lucía mantas de púrpura, símbolo regio. Según averiguaciones de Suetonio, el emperador planeaba, en un gesto de sarcástico desprecio hacia las instituciones, nombrar a Incitatus cónsul, la máxima magistratura romana. Desde entonces Calígula, que eligió a un asesor capaz solo de relinchar, es el símbolo de la arrogancia política. Cuando el poder pierde los estribos, las proclamas épicas terminan por resultar patéticas.

En un ecosistema encabezado por vanidosos proliferan los aduladores y lamebotas. El filósofo griego Teofrasto, discípulo de Aristóteles, describió agudamente en Los caracteres al individuo que recurre a la lisonja para ganarse el favor de jefes y gerifaltes. Endulza sus oídos: “Fíjate como todos te miran: esto no le sucede a nadie más, solo a ti”. Le quita una mota o un pelo de la ropa mientras elogia su buen gusto y su figura. Si su alabado habla, ordena que callen los demás. Cuando termina, grita: “¡Bravo!”. En el teatro, se adelanta para mullirle los cojines. Si el patrón se burla de alguien, lo celebra a carcajadas; y, llevándose la mano a la boca, finge retorcerse de risa. En una comedia de Plauto, aparece retratado en plenitud de facultades el parásito Ganapán. Este hambriento perpetuo consigue camelar a un soldado fanfarrón para que le pague la cena, lanzándole su red de halagos: “Eres un héroe intrépido. En la India, le rompiste la pata a un elefante de un puñetazo”. “Y sin esfuerzo”, dice el militar. “Segurísimo. Si hubieras golpeado con todas tus fuerzas, tu brazo habría atravesado la panza del elefante. Bajo tus golpes perecieron un mismo día 150 soldados en Cilicia, 100 más en Sardes y 60 en Macedonia”. “¿Y eso cuánto suma?”. “7.000″. Plauto juega a la caricatura, pero nos avisa sobre el poder de los elogios para manipular y lograr favores de los vanidosos. Es el punto débil de quienes se derriten ante las alabanzas: cebado su ego —y cegada su razón—, resultan fáciles de embaucar por quien promete éxitos y mayores glorias.

La historia prueba que la mejor manera de impedir que los narcisistas tomen el poder consiste en abordar las amenazas que inquietan a la gente. Una vida más amable, tiempos serenos, mayor seguridad laboral y menor zozobra volverán a los votantes reacios a candidatos prepotentes. Adictos al caos, los ególatras pregonan su fuerza mientras dividen y debilitan la sociedad. Por el contrario, los líderes humildes, admitiendo sus fragilidades, nos robustecen. Cuidado con confundir vanidad con valía: la fanfarronería suele ser solo fanfarria. Irene Vallejo es filóloga y escritora, Premio Nacional de Ensayo de 2020 por El infinito en un junco (Siruela). El País, 31 de mayo de 2026.
























AGURRA NIRE HERRIALDIKO HIZKUNTZETAN. GAUR, ASTEARTEA, 2026KO EKAINAREN 2A

 






Kaixo, egun on berriro guztioi, eta astearte zoriontsua, asteko bigarren eguna eta hileko bigarren eguna. Dena ondo badoa, gorabehera nabarmenik gabe, gaur aterako naiz. Trianatik paseo bat emaztearekin, Las Palmasko kalerik ederrenean erakusleihoetatik begirada txiki bat, kafea eta gozokiak (agian...). Atzo, astelehena, egun normala izan zen. Etxean geratu nintzen. Kanpoan bero handia egiten zuen, eta lainoak dena hondatu zuen. Ea gaur hobeto den. Gabriela Mistralen Poema eta Prosa Antologia irakurtzen ari naiz oraindik, eta Gilgameshen Epopeia (K.a. 2100) Madrilgo Casa del Librotik iristeko zain nago. Duela egun batzuk eskatu nuen, eta irakurtzeko gogo handia dut. Espero dut gaurko blog sarrerak interesgarriak izatea. Egun ona izan. Bihar arte, Zorte Andereak nahi badu. Tamaragua, lagunok. HArendt

















ENTRADA NÚM. 10674

lunes, 1 de junio de 2026

BOAS NOITES, FELIZ DESCANSO E DOCES SOÑOS. LUNS, 1 DE XUÑO DE 2026

 






Ola, boas noites, feliz descanso e doces soños a todos nesta noite de luns, do 1 de xuño ao martes 2 de xuño. Rematou outro mes desastroso para o Partido Socialista en particular e para toda a esquerda española en xeral, incapaz de reaccionar ante as garras conxuntas do Partido Popular, agora atrapado inextricablemente na rede do partido ultradereitista Vox, e unha boa parte do poder xudicial intocable de dereitas. Por exemplo, por que ningún órgano xudicial pode ou non quere explicar como os detalles e as fotografías das presuntas probas incriminatorias contra o expresidente do Goberno José Luis Rodríguez Zapatero chegan á prensa e ás cadeas de televisión antes de chegar á propia oficina xudicial que ordenou a súa incautación? Non é iso tamén corrupción, e peor que a outra? Mañá, a partir das 6:00 da mañá (hora das Illas Canarias), atoparedes as novas publicacións do martes 2 de xuño de 2026 no blog. Tamaragua, meus amigos. Que a deusa Fortuna e o benévolo Destino estean contigo. Ata mañá. Quérote. Bicos. HArendt
















DE LA TARDE QUE CAE. UNA CASA EN LLAMAS, POR LEILA GUERRIERO. 1 DE JUNIO DE 2026

 








No pasa nada. Nada de enorme gravedad, nada como no poder pagar las cuentas, nada como no tener para comer, nada como no tener casa, nada como no tener ropa, nada como estar en guerra, nada como una enfermedad grave, nada como la pérdida del amor, nada como el secuestro o la tortura o la cárcel, nada como no poder caminar y, sin embargo, estamos preocupados. Porque se rompió la licuadora, porque nos da temor el examen, porque se nos vence la licencia de conducir, porque nos torcimos el pie, porque nos salió una arruga nueva, porque no vino el pintor a la hora en que dijo que iba a venir, porque no sabemos qué ropa ponernos para una reunión de trabajo, porque se cayó la conexión a internet, porque alguien no nos contestó un mensaje de WhatsApp, porque no llega el correo electrónico con la confirmación de una compra, porque el vuelo está atrasado, porque se nos despegó la suela del zapato en una ciudad extranjera y no tenemos otro par, porque el teléfono se quedó sin batería, porque no entendemos cómo completar ese formulario online, porque perdimos los auriculares inalámbricos, porque tenemos pocos likes en un posteo de Instagram, porque el delivery de helado no llega hasta nuestro barrio, porque hay polillas, porque se discontinuó el champú que usábamos, porque no sabemos qué cocinar, porque no encontramos el control remoto. ¿No es deslumbrante la masiva capacidad de olvido del fin, la masiva capacidad para hacer de cuenta que no nos sucederá la mayor de las catástrofes, la masiva capacidad para preocuparnos por el desdén de un desconocido o el virus de la computadora cuando todos, absolutamente todos, a pesar de la belleza, del trigo y del rayo, de Rembrandt y de Rothko, de Lorrie Moore y de Flaubert, de Laurie Anderson y de Beethoven, de los caballos y del color rojo, del mar y de los duraznos, del pan y de las canciones de cuna, hemos nacido en una casa en llamas? Leila Guerriero es escritora. El País, 30 de mayo de 2026.

















DEL CAFÉ DE SOBREMESA. ¿QUIÉN VA A GESTIONAR EL ESTADO DE ÁNIMO DE LOS PROGRESISTAS?, POR CRISTINA MONGE. 1 DE JUNIO DE 2026

 






La democracia necesita que todos y cada uno de los actores ejerzan diligentemente el rol que tienen encomendado. Si alguno de ellos se desvía de su función o la desempeña de forma perversa, la democracia se erosiona, y el engranaje se empieza a gripar pudiendo llegar a colapsar. Algo de esto estamos viviendo.

Ante las imputaciones de Zapatero y otros dirigentes socialistas, cualquier demócrata tiene que apelar a dos principios básicos: respeto y apoyo a la justicia, por un lado, y presunción de inocencia por otro. Sin embargo, a menudo se olvida que para que ambas existan hace falta una condición previa: el rigor informativo.

Durante los últimos días estamos viendo con asiduidad alusiones al presidente Zapatero como condenado, titulares que dan a entender acusaciones que luego no se concretan en el desarrollo del artículo, informaciones irrelevantes junto a otras que sí parecen tener trascendencia. El condicional ha desaparecido de muchos de los artículos que intentan describir lo que se sabe y lo que se podría saber. El rigor informativo se evapora al ritmo vertiginoso de los acontecimientos y de esta manera la conversación pública, el lugar donde se conforman las opiniones y las emociones, se contamina irremediablemente con el virus de la desconfianza. Objetivo conseguido: ya todos dudan de todo.

En este contexto, y analizando la opinión publicada —a la espera de tener datos de opinión pública—, se puede comprobar cómo analistas y columnistas conservadores dan por condenados a Zapatero, a Begoña Gómez, al hermano del presidente del Gobierno y a todos los investigados en los alrededores de Ferraz. Los informes de la UCO y de la UDEF son presentados como fallos definitivos, inapelables. Para este sector no hay duda de nada ni presunción de inocencia que valga, por mucho que los que saben algo de leyes insistan en que todos son indicios, a menudo suposiciones que deberán probarse, en su caso, en un juicio con todas las garantías procesales. Así ocurrió con la Gürtel, y sólo tras una sentencia firme la mayoría de las fuerzas políticas apoyaron la única moción de censura aprobada en democracia, la que llevó a Sánchez a la presidencia del Gobierno.

Los progresistas lo tienen más difícil. Algunos están convencidos de que todo es lawfare y forma parte de un ataque concertado contra el Gobierno. Otros dudan, a menudo sólo en la intimidad o en círculos de afinidad política. Recuerdan la sentencia al fiscal general del Estado y esa alusión a que la filtración procedía de él “o de alguien de su entorno”. Repasan las redes y no pueden evitar ver una relación causal entre el vídeo de Aznar recordando de forma escalofriante su “el que pueda hacer que haga” y los requerimientos e imputaciones 24 horas después. Pero hay algo que unos y otros comparten. Lo llaman decepción, desolación, hundimiento moral, abatimiento general.

Los procesos judiciales que rodean al Partido Socialista se van a alargar en un laberinto de indicios, pruebas o no pruebas, imputaciones y filtraciones. ¿Quién va a gestionar este proceso? ¿Quién se va a hacer cargo del estado de ánimo de los progresistas? En los últimos años, era Zapatero quien cumplía esta función. ¿Y ahora? Las declaraciones del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE no recogen este sentir. Tirar de ironía diciendo que no convoca elecciones porque hacerlo sería primar el interés partidista, —dado el mejor resultado que iba a conseguir—, es no entender el estado de ánimo de los suyos. No está el horno para bromas. Exhibir los logros de este Ejecutivo, que son muchos y notables, no sirve de consuelo para quienes desean que todo esto sea una pesadilla.

La sociedad, y en especial los progresistas, necesitan entender qué está pasando. Tras el escándalo de Ábalos, Koldo y Cerdán, el PSOE anunció una serie de medidas internas para levantar diques de contención de forma que nada parecido volviera a suceder. Incluso se encargó una auditoría externa que acreditó que, en efecto, no había rastro de financiación ilegal, la línea roja que los socios de gobierno le pusieron a Sánchez en su día. ¿Qué se hizo, cómo se hizo? De la misma manera, el Gobierno anunció un plan de regeneración democrática tutelado por la OCDE del que poco se conoce.

Hacerse cargo del estado de ánimo de los progresistas significa, más allá de las formalidades institucionales, hacer un ejercicio de empatía, dar seguridad y recuperar confianza. Esto supone mirar de frente el problema, dar todas las explicaciones necesarias y algunas más, y ayudar a analizar con visión crítica —¡ay ese pensamiento crítico, tan mentado como olvidado!— para que cada cual consiga separar el grano de la paja.

Es posible que al PSOE le espere una larga travesía por el desierto. Saldrá de ella, como lo ha hecho otras veces, y posiblemente de forma más rápida porque más rápidos son los tiempos. Quien tenga la empatía necesaria para entender el sentir de la izquierda española y darle una respuesta que gane su confianza será decisivo en ese futuro. Cristina Monge es sociòloga. El País, 30 de mayo de 2026.

















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY LUNES, 1 DE JUNIO DE 2026

 































DEL ARCHIVO DEL BLOG. AL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL LO RENUEVA LA LEY, NO LAS MATEMÁTICAS, POR JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÑIN. PUBLICADO EL 20 DE DICIEMBRE DE 2022

 






Hace dos semanas, conocimos la decisión del Gobierno de nombrar a los dos magistrados del Tribunal Constitucional que, según la Constitución y su ley orgánica, le corresponden. A partir de este trámite no puede surgir ningún impedimento para que, una vez publicados sus nombramientos en el BOE, tomen posesión de sus cargos sustituyendo a los dos magistrados nombrados por el anterior Gobierno, Pedro González-Trevijano y Antonio Narváez. Pero lo que es legal, siguiendo una lectura, gramatical, lógica y racional del texto constitucional, su ley orgánica y antecedentes jurisprudenciales no se acepta por un sector del Tribunal Constitucional, que alega que la sustitución ha de hacerse por tercios completos. Esta posición se basa en una simple operación matemática al alcance de cualquier escolar.
El actual presidente del Tribunal, González-Trevijano (nombrado magistrado el 12 de junio de 2013) se resiste a ejar su cargo, esbozando la teoría de que las matemáticas, es decir, un tercio, son la ley y que, por tanto, los cuatro nuevos magistrados (dos del Gobierno y dos del Consejo General del Poder Judicial) deben tomar posesión al mismo tiempo. En ningún lugar de la Constitución ni de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional se dice que los nombramientos deben hacerse conjuntamente como si se tratase de un solo órgano constitucional. Tanto el Gobierno como el Consejo del Poder Judicial son órganos constitucionales autónomos, con sus respectivas responsabilidades.
El artículo 159.1 de la Constitución se limita a decir que el Tribunal Constitucional se compone de 12 miembros: cuatro a propuesta del Congreso, cuatro a propuesta del Senado, dos a propuesta del Gobierno y dos a propuesta del Consejo General del Poder Judicial. La redacción del artículo no deja margen para artificios interpretativos que obliguen al Gobierno y al Consejo a demorar la efectividad de sus nombramientos, a la espera de lo que decida cualquiera de ellos. Lo único que puede sostenerse, con arreglo a la lógica más elemental, es que los órganos constitucionales no pueden nombrar a cinco magistrados.
El Código Civil, en su artículo 3, establece las pautas interpretativas de todas las normas de nuestro ordenamiento jurídico. Se debe atender al sentido propio de sus palabras en relación con el contexto, con sus antecedentes históricos y legislativos y con la realidad social. En este debate no podemos acogernos a los antecedentes históricos y legislativos ni interviene la realidad social; simplemente disponemos de las normas y el sentido literal de sus palabras. Ya he comentado lo que, a mi juicio, da de sí la interpretación literal del artículo 159.1 de la Constitución. Para profundizar con mejor criterio sobre el tema debatido, juega un papel fundamental la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, de 3 de octubre de 1979. Carece de exposición de motivos, por lo que no disponemos como pauta interpretativa del pensamiento del legislador. Por ello tenemos que atenernos exclusivamente al contenido de su articulado.
Según el artículo 2 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, este órgano solo tiene la competencia para la simple verificación de los nombramientos de los magistrados del Tribunal Constitucional y juzgar “si los mismos reúnen los requisitos requeridos por la Constitución y la presente ley”. En síntesis, comprobar si son juristas de reconocida competencia con más de 15 años de ejercicio profesional. Esta función, según el artículo 10, la debe realizar el Tribunal en pleno.
El artículo 17 de la ley orgánica refuerza la autonomía de cada uno de los órganos constitucionales al establecer que antes de los cuatro meses previos a la fecha de expiración de los nombramientos, el presidente del tribunal solicitará de los presidentes de los órganos que han de hacer las propuestas para la designación de los nuevos magistrados que inicien el procedimiento para ello. Luego, el Gobierno y el Consejo, cada uno por su lado, tienen la obligación constitucional de proceder al nombramiento de los magistrados que les corresponden.
Por si existiesen dudas sobre su alcance, se puede acudir a la sentencia de 15 de noviembre de 2016, del pleno del Tribunal Constitucional, firmada por González-Trevijano, en la que se establece una doctrina que aclara perfectamente la posibilidad de nombramientos independientes, sin necesidad de esperar al otro órgano constitucional. Solventando un conflicto surgido por el nombramiento de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, que otorga 10 al Congreso y 10 al Senado, declara que se puede constituir válidamente el Consejo con los 10 vocales nombrados por una de las dos Cámaras y determina los efectos que se derivan de la Cámara que haya incumplido el plazo de designación. Con mayor precisión, advierte de que en la interpretación de las normas no se puede ir más allá de donde la Constitución no lo haga de manera inequívoca. Rechaza la tesis de que todos los nombramientos se tengan que hacer en “unidad de acto” y admite que puede haber “renovaciones parciales”. Se trata con ello de eliminar “situaciones de bloqueo”.
El señor González-Trevijano, que yo recuerde, no ha expresado de forma pública y oficial su intención de denegar el nombramiento de los dos magistrados designados por el Gobierno hasta que no se proceda por el Consejo al nombramiento de los dos que le corresponden, pero ha transmitido a varios medios que esa es la interpretación que él hace del texto constitucional. Esta es la opinión que, al parecer, comparten varios magistrados pertenecientes a la línea más conservadora y que conforman la mayoría.
Si el Gobierno, de forma coherente y en virtud de un acuerdo del Consejo de Ministros, ha designado a un magistrado y a una magistrada, lo debe publicar en el Boletín Oficial del Estado y transmitirlo para que el pleno del Tribunal Constitucional verifique exclusivamente si reúnen los requisitos y condiciones establecidos por la Constitución y la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional. En dicho pleno y por aplicación de las normas supletorias que regulan las abstenciones y recusaciones de los jueces, tanto González-Trevijano como Antonio Narváez deben abstenerse de intervenir, ya que tienen un claro conflicto de intereses. Su voto en el sentido negativo se debe interpretar como una decisión interesada en conservar a
ultranza sus propios cargos, que ya están caducados por el propio texto de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional. La decisión de participar en la votación sería un grave atentado a la independencia, imparcialidad y dignidad que la ley orgánica exige a todos los componentes del Tribunal Constitucional, con un grave deterioro de su prestigio.
Es cierto que las resoluciones del Tribunal Constitucional no pueden ser objeto de revisión por ningún otro poder o institución. Este choque institucional, al margen de la degradación del concepto de justicia que deben defender sus componentes, podría llevarnos a un conflicto institucional, en el que se puede comprometer a la persona del Rey, ya que, según el artículo 56 de la Constitución, se le concede la función de arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones del Estado.
Espero que el Gobierno no renuncie a sus competencias, que publique los nombramientos de sus dos magistrados en el BOE y se evite una crisis institucional, que solamente sería atribuible al desprecio de la legalidad constitucional, ni más ni menos que por una mayoría de magistrados del Tribunal Constitucional que, no en vano, es el máximo intérprete de la Constitución. José Antonio Martín Pallín fue Juez del Tribunal Supremo. El País, 16 de diciembre de 2022.

























DEL POEMA DE CADA DÍA. LINDES, POR ALICIA AZA. 1 DE JUNIO DE 2026

 








LINDES




Retirarme de tus lindes


tornadas extensas salinas con el tiempo


y concurridas de anodinos estanques


donde tu mirada reposa turbia y sin descanso.


Escapar a la caligrafía de los  surcos


cavados en su interior por el alba


y dejar que el rastro del deshielo


marque la línea del horizonte,


si es que fuera posible divisarla


entre el liquen crecido en mis pupilas.


 


Fue la niebla en mi cuerpo pantanoso,


lirio en el camino erosionado


y ahora viene el viento a despertar la espiga


en la mujer dormida al calor de la leche amarga.


 


Es el campo cercado el que nos muta


y transforma nuestro instinto callejero


en tierra mojada del verano luminoso.




ALICIA AZA (1966)




***




Alicia Aza (Madrid, 1966), abogada en ejercicio y coach. Ha publicado los poemarios: El libro de los árboles (Ánfora Nova, 2010), con el que fue finalista Premio del Crítica de Andalucía 2011; El viaje del invierno (Ánfora Nova, 2011), que obtuvo el Premio Internacional de Poesía “Rosalía de Castro”; Las huellas fértiles (Ánfora Nova, 2014), con el que fue finalista del Premio de la Crítica de Andalucía 2015; Arquitectura del silencio (Valparaíso Ediciones, 2017); y Al final del paisaje (Valparaíso Ediciones, 2021). Ha elaborado los textos líricos para la ópera de Mozart THAMOS con la producción de la Fura dels Baus bajo la dirección de Carlos Padrissa y estrenada en Salzburgo en enero 2019. Su obra poética ha sido traducida al italiano, serbio, francés, búlgaro, inglés y árabe.
















DEL ASUNTO DEL DÍA. LA JUBILACIÓN DE LOS BANDIDOS, POR ANTONIO MUÑOZ MOLINA. 1 DE JUNIO DE 2026

 






La cara no es el espejo del alma. La cara de Daniela Klette es la de una mujer entre progresista y hippy, una melena gris y lisa, suelta o con una simple coleta, los rasgos comunes pero no sin atractivo, una expresión serena, una piel algo ajada pero saludable, no alterada nunca por ningún maquillaje. Daniela Klette vivía en un barrio popular y muy mezclado de Berlín, con artistas en alojamientos baratos e inmigrantes de medio mundo, y como muchas mujeres de la Europa fría y de su aspecto personal, tenía una preferencia por las artesanías, las danzas y las músicas de países abigarrados, tropicales y lejanos, en su caso esa mezcla de danza y lucha brasileña que se llama capoeira. Daniela Klette vivía en un bloque de viviendas sociales, donde tenía un trato afable y algo distante con los vecinos, que la veían ir y venir en su bicicleta. Podía haber sido una profesora, una doctora, una bibliotecaria. Algunos recordaban que una Navidad les regaló sabrosas galletas integrales que horneaba ella misma. Al hijo de una vecina que iba algo retrasado en la escuela se ofreció a darle clases gratuitas de matemáticas y alemán. Los vecinos creían que era italiana y que se llamaba Claudia Ivone. En su apartamento diminuto, de alquiler social, de unos 40 metros cuadrados, Daniela o Ivone guardaba un fusil Kaláshnikov, un lanzagranadas imponente, aunque de imitación, un kilo y cuarto de oro, un cierto número de pistolas con munición abundante, así como 240.000 euros en efectivo. A los 65 años, a la edad en que muchas mujeres de aspecto parecido al suyo se jubilan de profesoras, doctoras, bibliotecarias, Daniela Klette fue detenida por la policía alemana, que llevaba buscándola 30 años por todo el país y había emitido órdenes de búsqueda por media Europa.

En las fotos de su detención se la ve tranquila, con su habitual sonrisa semidesvanecida en los labios, rodeada con truculencia innecesaria por policías con uniformes, botas militares, chalecos antibalas, mascarillas, fusiles automáticos, cascos de combate. Daniela Klette va en vaqueros, con una sudadera, una señora que pudo ser detenida por equivocación, o en el tumulto de una protesta pública. Pero esta mujer ha manejado armas tan pavorosas como las que ahora llevan sus captores; ha asaltado furgonetas blindadas de trasporte de dinero, rompiendo a ráfagas de metralla sus cerrojos; y también ha irrumpido en supermercados junto a otros cómplices tan bien armados como ella, unas veces con el kaláshnikov en las manos, otras esgrimiendo con aterradora convicción ese lanzagranadas tan bien hecho que parece auténtico. A mediados de los años noventa pasó a la clandestinidad, en la época en que el grupo terrorista al que pertenecía, la Rote Armee Fraktion, la Fracción del Ejército Rojo, terminaba su historial a la vez banal y sanguinario y claudicaba ante el Estado. Sus fundadores estaban muertos o cumplían severas condenas en prisiones de máxima seguridad, o habían dejado las armas. Unos cuantos iluminados irredentos, Daniela Klette entre ellos, eligieron continuar las acciones violentas, ahora ya sin la finalidad grandiosa de derrotar al capitalismo y al imperialismo, sino de conseguir fondos que sustentaran sus vidas clandestinas.

A Daniela Klette no habría costado mucho encontrarla. Los capos mafiosos huidos de la justicia se someten a terribles operaciones estéticas, se esconden en búnkeres subterráneos, organizan tan complejas operaciones secretas que la policía los atrapa enseguida. A Daniela Klette no la encontraban porque se escondía a simple vista. Como una prueba más de los efectos dañinos de las redes sociales, parece que la reconocieron por una foto publicada en Facebook de una carroza de carnaval en la que bailaba con un disfraz exótico de capoeira. Almudena de Cabo y Yetlaneci Alcaraz han escrito aquí sobre su detención en 2024, y sobre el juicio en el que fue condenada a 13 años de prisión la semana pasada. Y la historia completa de la RAF, también llamada la banda Baader-Meinhof, de la que algunos de nosotros tanto oímos hablar en nuestra primera juventud, la ha contado con agotadora erudición el historiador Jason Burke en su libro The Revolutionists, que se centra sobre todo en movimientos terroristas alemanes, palestinos y japoneses, aunque solo menciona de paso a las Brigadas Rojas italianas, o a nuestras luctuosas variedades españolas de gangsterismo patriótico-revolucionario, que tuvieron la siniestra singularidad de seguir matando cuando todos sus congéneres de los años setenta ya estaban jubilados.

El terrorismo europeo, dice Burke, nace de un desengaño doble: el de la facilidad con que se desvanecieron las coloridas pompas de jabón de Mayo del 68; y el de la presunta acomodación de la clase obrera al Estado de bienestar y al consumismo de la posguerra. El coche, la televisión, las vacaciones en Mallorca, habían extinguido la lucha de clases. El bloque soviético no podía ilusionar a nadie. La esperanza revolucionaria estaba en el llamado entonces Tercer Mundo, en los países recién liberados del colonialismo, o en los que a través de revoluciones comunistas armadas desafiaban al imperialismo americano: en Cuba, en Vietnam, en África. Hijos de buenas familias y profesores con puesto vitalicio en las universidades teorizaban la necesidad de seguir el dictamen de Ernesto Guevara, quizás olvidando su muy escaso éxito cuando intentó ponerlo en práctica en Bolivia: “Crear dos, tres, muchos Vietnam”. Hubo quien se dejó la vida, quien practicó el próspero turismo revolucionario, quien dibujó carteles con puños alzados que sostenían fusiles. Y hubo también, en sorprendente abundancia, quienes dieron un paso más y pasaron a manejar armas de fuego, y a matar sin remordimiento a presuntos enemigos de clase, o a cualquiera que pasara por allí, o que tuviera la desgracia de encontrarse cerca del lugar donde ellos hacían estallar un coche bomba.

Habían dictaminado que sólo el impacto de la violencia política podría sacar a los obreros europeos de la somnolencia de lo que llamaban los teóricos “la falsa conciencia”. La consigna leninista cobraba el atractivo pintoresco de la guerrilla en lejanos escenarios selváticos. La jactancia masculina adquiría un disfraz de heroísmo revolucionario. Andreas Baader, uno de los fundadores del grupo terrorista alemán, seducía a las camaradas jóvenes con su palabrería, sus chaquetas de corte Mao, sus pantalones muy ceñidos, su predilección por los coches deportivos de alta gama. Aficionado a los puros cubanos, al whisky y a la nouvelle vague, llevaba a veces una gabardina y un sombrero flexible, y afectaba un desdén pendenciero, como Belmondo en À bout de souffle. Fugitivo en Italia después de un atentado, fue acogido por el aristócrata, editor y aspirante a terrorista Giangiacomo Feltrinelli, que tenía decoradas las salas de su palacio de Milán con armas de guerra y explosivos. Igual que Lenin, que provenía de la baja aristocracia rusa, un cierto número de aquellos privilegiados de la revolución escondían una vanidad de intelectuales y profesores con ansia de brillo y una arrogancia de clase que venía envuelta en la mística del pequeño grupo de conjurados y activistas que son la vanguardia de unas “masas” —esa palabra se escuchaba mucho— incapaces de sublevarse por sí mismas, aborregadas por la ignorancia o por la falta de espíritu de rebeldía, por los protocolos y las lentitudes de la democracia burguesa; y, sobre todo, por esas limosnas socialdemócratas, la sanidad pública, la vivienda social, los carriles bici, el derecho a la intimidad y a la presunción de inocencia, todas las que disfrutó durante sus años de clandestinidad Daniela Klette, y volverá disfrutar cuando haya cumplido su condena. Antonio Muñoz Molina es escritor y académico de Real Academia Española. El País, 30 de mayo de 2026.