jueves, 16 de abril de 2026

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, INVENTAR EL PASADO A DESTIEMPO, POR GUILLERMO ALTARES. PUBLICADO EL 14 DE ABRIL DE 2019

 







El siglo XIX fue esencial para la construcción de las naciones europeas. Muchas nacieron entonces y otras se forjaron culturalmente. En Francia, por ejemplo, la mayoría de la población no tenía el francés como primera lengua, sino que hablaba sus dialectos regionales, una situación que se prolongó hasta bien entrado el siglo XX. En las trincheras de la Primera Guerra Mundial, muchos soldados eran incapaces de entender las órdenes de sus superiores porque no hablaban el mismo idioma. Esa construcción nacional necesitaba mitos fundadores. Así, por ejemplo, se hablaba de “nuestros antepasados los galos”, una frase que se enseñaba incluso en las escuelas de las colonias francesas de Indochina y África. Cada país tuvo su Rudyard Kipling que ayudó a cimentar una identidad y, de paso, a justificar el dominio de tierras y países a miles de kilómetros de distancia.

Todo eso cambió durante el siglo XX y los mitos se fueron resquebrajando. Con las revoluciones de los años sesenta, los viejos clichés nacionales resultaron insostenibles y muchos países se volcaron en conocer su auténtica historia, el pasado que se habían perdido entre las fanfarrias. La evolución del wéstern lo explica muy bien (al fin y al cabo, Estados Unidos fue fundado por europeos). Las películas de vaqueros crearon toda una mitología de hombres libres, de caravanas que avanzaban hacia el Oeste para fundar una nueva sociedad. Los indios eran, en el mejor de los casos, una molesta presencia en la aventura civilizatoria y, en el peor, unos salvajes asesinos.

Pero eso también cambió. Ninguna película expresa con tanta precisión ese camino como El gran combate (Cheyenne Autumn en su versión original), el último y magistral wéstern de John Ford, de 1964, en el que el maestro pidió perdón a los indios a los que retrataba con una dignidad emocionante frente a las mentiras y los expolios del hombre blanco. “Incluso un perro puede ir donde quiera, pero no un cheyene”, exclama unos de los indios, privado de sus tierras y de su libertad.

Aquí, en España, se hacen oír cada vez con más fuerza corrientes que regresan sin complejos a los mitos fundadores de la nación del siglo XIX, que reescriben una historia que ignoran totalmente, olvidando que los países se hacen grandes y fuertes por su capacidad para mirar a su pasado de frente, no para idealizarlo. GUILLERMO ALTARES es escritor. Publicado en El País del 14 de abril de 2019.


























DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO, POR GABRIEL CELAYA

 






LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO




Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,

mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,

fieramente existiendo, ciegamente afirmando,

como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente

los vertiginosos ojos claros de la muerte,

se dicen las verdades:

las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.


Se dicen los poemas

que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,

piden ser, piden ritmo,

piden ley para aquello que sienten excesivo.


Con la velocidad del instinto,

con el rayo del prodigio,

como mágica evidencia, lo real se nos convierte

en lo idéntico a sí mismo.


Poesía para el pobre, poesía necesaria

como el pan de cada día,

como el aire que exigimos trece veces por minuto,

para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.


Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir que somos quien somos,

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.

Estamos tocando el fondo.


Maldigo la poesía concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.


Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren

y canto respirando.

Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas

personales, me ensancho.


Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,

y calculo por eso con técnica qué puedo.

Me siento un ingeniero del verso y un obrero

que trabaja con otros a España en sus aceros.


Tal es mi poesía: poesía-herramienta

a la vez que latido de lo unánime y ciego.

Tal es, arma cargada de futuro expansivo

con que te apunto al pecho.


No es una poesía gota a gota pensada.

No es un bello producto. No es un fruto perfecto.

Es algo como el aire que todos respiramos

y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.


Son palabras que todos repetimos sintiendo

como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.

Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.

Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.




GABRIEL CELAYA (1911-1991) 

poeta español




***




Gabriel Celaya (1911-1991), fue un poeta español de la generación literaria de la posguerra. Fue uno de los más destacados representantes de la que se denominó «poesía comprometida» o poesía social. Su obra y su figura tuvieron la influencia y fueron fruto de la estrecha colaboración con su esposa, Amparo Gastón. Con Blas de Otero y Ángela Figuera Aymerich fueron llamados el "triunvirato vasco" de la poesía social. Entre 1927 y 1935 vivió en la Residencia de Estudiantes, donde conoció a Federico García Lorca, José Moreno Villa y a otros intelectuales que lo inclinaron por el campo de la literatura, llevándolo a dedicarse por entero a la poesía. En 1986 fue galardonado con el Premio Nacional de las Letras Españolas por el Ministerio de Cultura.



















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 16 DE ABRIL DE 2026

 





























miércoles, 15 de abril de 2026

REVISTA DE PRENSA. NOSOTROS LOS ESPAÑOLES, POR JAVIRROYO. ESPECIAL NOCHE CUATRO DE HOY MIÉRCOLES, 15 DE ABRIL DE 2026

 








Nos han vendido que ser español es llevar una pulserita con la bandera, gritar mucho en los bares y aplaudir discursos que ni siquiera entienden. Pero ser español —de verdad— va de otra cosa bastante menos cómoda. Ser español es sostener lo común. Es pagar impuestos, trabajar, cuidar, levantar persianas, llenar escuelas, hospitales y calles. Y en eso, quienes llegan con papeles cumplen con todo: cotizan, trabajan donde falta gente, cuidan a nuestros mayores, levantan sectores enteros y aportan más de lo que se llevan. Mientras algunos agitan banderas, otros sostienen el país. Porque ser español no es una estética, es una práctica. No es una pulsera, es una responsabilidad. No es hacerse fotos con símbolos, es contribuir a que el sistema funcione. Y en un país envejecido, con baja natalidad y necesidad de mano de obra, quien viene a trabajar legalmente no es un problema: es parte de la solución. Lo paradójico es que quienes presumen de patriotismo son a menudo los mismos que defienden políticas que debilitan lo público o aplauden intereses extranjeros aunque vayan contra el bienestar aquí. Así que igual hay que empezar a redefinirlo: ser español no es gritar “España”, es hacer que España funcione. Y en eso, muchos inmigrantes con papeles son hoy más útiles —y más coherentes— que quienes llevan la bandera en la muñeca pero no en los actos. JAVIRROYO es ilustrador. Publicado en InfoLibre el 15 de abril de 2026.






















REVISTA DE PRENSA. EL LIBRO BLANCO DE LA DEMOCRACIA, POR GABRIELA BUSTELO. ESPECIAL NOCHE TRES DE HOY MIÉRCOLES, 15 DE ABRIL DE 2023

 








Han pasado 15 años desde que Larry Diamond, catedrático de Sociología Política de la Universidad de Stanford, aseguró que estamos inmersos en una «recesión democrática». En los tres años transcurridos desde que la OMS certificó el coronavirus como pandemia global, esta crisis de la democracia global no ha hecho sino acrecentarse. En otras palabras, el centenar aproximado de países democráticos que hay en el mundo estaría perdiendo calidad, día tras día, en sus respectivos sistemas de gobierno. ¿Y cuáles son los parámetros clásicos que definen una democracia estándar? Son seis: sufragio universal, separación de poderes, libertades civiles, parlamento funcional, partido de la oposición e igualdad ante la ley.   

Nueve catedráticos analizan la democracia española. En nuestro país, nueve catedráticos han tomado la decisión de unir fuerzas para denunciar una situación que juzgan de máxima gravedad: la merma progresiva de la democracia española. Sus análisis y reflexiones se han reunido en un libro que publica la Fundación Colegio Libre de Eméritos bajo el título España: Democracia menguante.

A cargo de este informe de situación se halla Manuel Aragón, catedrático de Derecho Constitucional y magistrado emérito del Tribunal Constitucional, que ha expresado públicamente su zozobra en cuanto a que la coyuntura política actual de nuestro país pudiera derivar en una «democracia disminuida». Bajo su batuta, el octeto denunciante lo forman Francesc de Carreras (Catedrático de Derecho Constitucional), Juan Díez Nicolás (Catedrático de Sociología), Tomás-Ramón Fernández (Catedrático de Derecho Administrativo), José Luis García Delgado (Catedrático de Economía Aplicada), Emilio Lamo de Espinosa (Catedrático de Sociología), Araceli Mangas (Catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales), Francisco Sosa Wagner (Catedrático de Derecho Administrativo) y Gabriel Tortella (Catedrático de Historia Económica).

El veloz declive de la calidad democrática española. En la prensa generalista se han publicado desde 2020 centenares de artículos inquietos por la deriva política nacional, en especial desde que el semanario británico The Economist eliminara a España del selecto grupo de Democracias Plenas de su Democracy Index (DI) en febrero de 2022 (valorando el comportamiento de nuestro país durante 2021). El 1 de febrero de este año 2023, España recuperaba su estatus de democracia plena, ascendiendo de nuevo al pequeño olimpo de los 24 países más políticamente avanzados del planeta. Pero, ojo, que ocupa el penúltimo lugar, casi rozándose con el siguiente grupo de las democracias deficientes. Pues bien, entre los factores que determinaron la mala posición de España en el prestigioso grupo de las democracias plenas del Democracy Index destacaron las medidas coercitivas que tomó el ejecutivo de Pedro Sánchez durante la pandemia de coronavirus. (Merece la pena recordar que en la cima del Democracy Index está Noruega, que mantiene su primer lugar desde el año 2010, cosa que en la España de la ideología de trazo grueso podría sorprender, ya que el sistema de gobierno noruego es una monarquía parlamentaria).

Deterioro grave y deslealtad constitucional de las instituciones. Si algo ha demostrado la pandemia es que, ante una crisis mundial de semejante envergadura, los países sin instituciones sólidas corren el peligro de perder calidad democrática de manera casi inmediata. En una democracia sana y funcional, las instituciones son el vínculo principal entre la ciudadanía y el Estado, nexo imprescindible para mantener la salud del sistema político. Precisamente, el sector institucional es el que más inquieta a los autores de este informe: «Nos estamos refiriendo principalmente al mal funcionamiento de nuestro Estado social y democrático de Derecho, cuyo deterioro se ha producido sobre todo en el plano institucional». Los autores van más lejos, al concretar que detectan una “deslealtad constitucional” en no pocas instituciones españolas.

La crisis democrática española es superior a la crisis democrática global. Una de las primeras aseveraciones del libro España: democracia menguante es que la crisis democrática global no puede considerarse un fenómeno tan agudo como el de España. No en vano recientes encuestas del Eurobarómetro (verano de 2022) indican que 9 de cada 10 españoles desconfían de los partidos políticos (la media de la UE es del 75%); el 74% desconfía del gobierno (frente al 61% de la UE); y otro 74% desconfía del parlamento (muy superior a la media UE del 60%).

En el capítulo inicial, dedicado al fracaso de la política española, se aportan datos recientes de un sondeo de Metroscopia (Junio, 2022) en cuanto a la «demoledora opinión sobre los políticos» que tiene la población española. Un 87% lamenta que no presten atención a las preocupaciones de los ciudadanos; un 84% echa en falta ideas claras para solucionar los problemas nacionales; un 81% detecta una carencia de vocación de servicio público; un 79% cree que los líderes no tienen la experiencia necesaria y un 75% asegura que actúan de manera deshonesta.

Gobiernos radicales administrando a ciudadanos moderados. En cuanto a la polarización, que con frecuencia se cita en España como un problema inherente a la propia ciudadanía, esta idea se rechaza de plano en el libro. El «bibloquismo», los «cordones sanitarios» y la falta de diálogo derecha-izquierda serían impostaciones de los propios líderes políticos, que infectan con ellas a sus representados. En cuanto a la conchabanza del bipartidismo con el nacionalismo, el veredicto es severo: «No olvidemos que los dos grandes partidos han dificultado siempre la posible emergencia de partidos bisagra (UCD, CDS, Partido Reformista, UPyD, Ciudadanos), prefiriendo el apoyo de los nacionalistas catalanes y vascos». Esta estrategia temeraria, en lugar de integrarlos, habría contribuido a reforzarlos, debilitando al Estado, hoy casi «residual» en algunas Comunidades Autónomas. Como reflexionaba Emilio Lamo de Espinosa en su cuenta de Twitter el 2 de marzo de 2023, aportando un gráfico de autoubicación ideológica del CIS para apoyarlo: «Los españoles llevan siendo de centro izquierda casi treinta años sin variación. No se han radicalizado. Los que se han radicalizado son los políticos, aunque no todos. Gobiernos radicales administrando a ciudadanos que no lo están».

Partitocracia derivada de una Ley Electoral oligárquica. El desmedido poder de los partidos políticos —cimentado por una Ley Electoral anticuada e injusta— habría devorado la separación de poderes: «el líder del partido que gana las elecciones controla no solo el Poder Ejecutivo, sino también el Poder Legislativo, pues los representantes lo son porque el aparato les ha incluido en la lista electoral». En cuanto al Poder Judicial, la Constitución se habría ido «modificando subrepticiamente» para que un «Consejo General del Poder Judicial políticamente mediatizado», junto a un reparto por cuotas de las designaciones directas que hacen las Cortes Generales, permitan a los principales partidos políticos nombrar a los jueces de los principales órganos de la Justicia.

La cultura de la corrupción. No olvidan los autores el gravísimo problema de la corrupción española, citando datos de Transparencia Internacional, que en 2021 situaba a España en el puesto 34 del escalafón global, empatada con Lituania. Constatan que recién estrenado este índice, en 1995, España ocupaba un puesto 26 y llegó a estar en el 20 en el año 2000. Pero quedó en el puesto 41 en 2018, hasta llegar al puesto 35 actual, empatada con Botsuana y Cabo Verde, según el Índice de Percepción de la Corrupción publicado en enero de 2023. En efecto, la cultura de la corrupción parece formar parte de la mentalidad nacional, que justifica la del partido propio y demoniza la del contrario. Los dos partidos mayoritarios tienen largos historiales corruptos, pero tampoco se libran los nacionalistas, ni los pequeños o emergentes. Los juzgados españoles rebosan «casos de corrupción en los que están involucrados políticos pertenecientes a todo el arco parlamentario».

España, ¿país sin ley ni justicia?. Abundan las columnas periodísticas que hablan ya de España, como «un país sin ley». En ese espíritu nos recuerda este libro que no puede haber democracia sin Estado de Derecho, cosa que en otros tiempos hubiera podido parecer una obviedad, pero que hoy es de obligada reivindicación. «Se observa con estupor cómo en parte del territorio español los poderes autonómicos desobedecen, de manera expresa y reiterada, la Constitución, las leyes y las sentencias de los tribunales sin que el poder central lo remedie, usando las competencias de ineludible ejercicio que tiene».

La politización de la justicia se define como el resultado de la partitocracia más cruda y voraz, lamentando que la ciudadanía haya asumido como algo «normal» la existencia de dos bloques entre los jueces de izquierdas y los jueces de derechas. Los autores nos comparan con Alemania y Estados Unidos, cuyos magistrados llegan a los tribunales «cargados de medallas políticas e incluso con el carné del partido en el bolsillo», pero este posicionamiento ideológico no suele influir sobre sus decisiones jurídicas. En España, por contraste, los jueces serían peones de partido, acatando las órdenes del aparato sin demasiada resistencia.

Gobierno «a golpe de decreto» y nula capacidad de absorción de fondos europeos. En el capítulo sobre el gobierno y la administración se puntualiza la cuestión sin ambages y con la claridad meridiana que caracteriza a todo el libro, reiterando que el Poder Ejecutivo ha desplazado al Legislativo, además de instrumentalizar a los tribunales. La masa de decretos leyes convertidos en leyes o convalidados equivale ya a tres cuartas partes del output legislativo, aseguran, y se requeriría una operación colosal para sanear el ordenamiento jurídico. Por si esto fuera poco, se apostilla que todas estas aparatosas «reformas» no mejoran una capacidad de absorción de fondos europeos casi nula, «que nos coloca los últimos de la lista de veintisiete, en la que nuestro modesto vecino, Portugal, figura en segundo lugar». España tiene la peor tasa de absorción de los fondos europeos en el período 2014-2020, con solo un 43% de los fondos ejecutados.

Estado autonómico gravemente disfuncional. En cuanto al estado autonómico, los autores lo desaprueban con una asepsia casi clínica, señalando los dos problemas graves manifestados desde sus comienzos. El primero es la disfunción organizativa, que genera anomalías, duplicidad de funciones y un gasto público innecesario. El segundo es la integración territorial defectuosa, que en determinadas partes del perímetro español pone en grave riesgo la unidad estatal y nacional. La solución que se recomienda sin rodeos es modificarlo para convertirlo en un modelo federal, es decir, en una versión perfeccionada de la actual. «El federalismo no es una forma política más conservadora o más progresista, más liberal o más socialdemócrata, más de izquierdas o más de derechas. Simplemente es una forma de organización territorial que funciona bien en muchos países y, por ello, también debiera funcionar en el nuestro».

Política exterior e imagen internacional: del enfrentamiento interno a la insignificancia global. El capítulo sobre el papel de nuestro país en el escenario mundial acusa a las cúpulas políticas del «descrédito de España como consecuencia de la ruptura de sus obligaciones europeas e internacionales», in crescendo ante las instituciones europeas y los mercados internacionales. Las grietas estructurales del Estado español lo incapacitan para cumplir con sus deberes y compromisos como país europeo y lo deslegitiman para aportar propuestas normativas que le confieran la relevancia e influencia correspondientes por su estatus occidental. Las ineficaces administraciones públicas, colonizadas por los partidos, ahuyentan a las empresas y agentes socioeconómicos. Por no hablar de la dependencia de la ayuda externa para salir de las quiebras internas en que los propios partidos políticos sumen al país, desde las crisis nacionalistas hasta las crisis económicas. La pandemia, lejos de servir como acicate para efectuar las reformas estructurales exigidas en 2019 por la UE, ha agravado junto con la crisis energética los desafíos orgánicos de España como nación europea. Lamentan los autores que la polarización interna haya impedido durante todo un siglo acordar intereses nacionales que permitieran afrontar con fuerza y dignidad el devenir externo de una España autocondenada a la irrelevancia mundial.

Es la economía, estúpido. Esta es la frase que James Carville, jefe de campaña de Bill Clinton, pegó en la pared de su oficina en 1992, bajo otra anotación que exigía «Un cambio» versus «Lo de siempre». Pues bien, para los autores de España: Democracia menguante la política económica española requeriría un cambio radical. En abierta contradicción con la propaganda gubernamental, observan un descenso del PIB por habitante desde 2007; un desempleo que duplica la media de la UE, disparado con los gobiernos socialistas y aminorado con los gobiernos del PP; un mercado laboral agarrotado e inflexible, que conserva la inmovilidad de los tiempos de Franco, con la dualidad de los trabajadores protegidos por el sistema (contratos laborales indefinidos) y los desprotegidos (contratos temporales); y unos sindicatos que no encarnan al sector laboral, sino a las cúpulas políticas y al sector público. ¿Las soluciones que se proponen? Entre otras, flexibilización del mercado, eliminación de trabas al comercio nacional e internacional, conexión del sistema educativo con el sistema productivo, seguridad jurídica como garantía del correcto funcionamiento de los mercados, reconducción del gasto público para impedir que el déficit presupuestario exceda del 3%, incluso llegando al superávit y creación de un mecanismo de fiscalización de las políticas públicas.

Objetivos generales de este informe. La meta inmediata de los autores de este Informe es generar un debate público sobre las averías crónicas de la democracia española, pues en opinión de estos nueve maestros, los peligros que acechan a España son de tal envergadura que, en su opinión, ponen en riesgo su propia existencia. Alegan que este debate nacional sería urgente y perentorio, dado que la ciudadanía ya no puede confiar en soluciones clásicas, como optar electoralmente por la izquierda o por la derecha, sino que se halla ante la disyuntiva de decidir entre la conservación y la destrucción de lo que hasta ahora veníamos llamando la democracia española. Reseña del libro España: Democracia menguante, VV. AA. Colegio Libre de Eméritos. Madrid, 2023. GABRIELA BUSTELO es filóloga. Publicado en Revista de Libros el 23 de marzo de 2023.




















REVISTA DE PRENSA. REBELDES EN NUESTRO TIEMPO, POR TIMOTHY SNYDER. ESPECIAL NOCHE DOS DE HOY MIÉRCOLES, 15 DE ABRIL DE 2026

 






Hablé en la manifestación "No Kings" en Cincinnati hace dos semanas. Gracias a los increíbles organizadores locales de 50501 y a la buena gente que realiza el trabajo nacional en Indivisible , pude dirigirme a unas quince mil personas en la mayor manifestación celebrada hasta la fecha en Cincinnati.

El discurso debería valerse por sí mismo, y la cámara nos ayuda a comprender que surgió en un momento y lugar determinados, y que fue en gran medida una conversación. ¡Hubo muchas bromas e intercambios que no puedo resumir en prosa! Después de terminar, formé un gran círculo entre la multitud para saludar, estrechar manos y dar abrazos; y eso me llevó tanto tiempo que llegué tarde a la marcha, que también fue genial. Todo eso formó parte de la experiencia para mí, aunque no se refleja aquí. Ver lo que los organizadores pueden hacer y conocer a personas que quieren destacar es una alegría en sí misma.

Una de las cosas que buscaba era la relación entre oposición y liberación. El lema «No a los reyes» crea un amplio espacio para el consenso en contra del abuso de poder. Pero la oposición carece de sentido sin una visión de lo que es mejor. Por eso, con la multitud quise vincular la idea de «No a los reyes» con la idea de libertad: no solo libertad frente al tirano autoritario, sino libertad para convertirnos en las mejores personas que podamos ser.

¿Qué significa —pregunté a continuación— conmemorar los 250 años de la república estadounidense? De forma inquietante, lo que la gente de Trump está haciendo en este 250 aniversario es repetir los abusos de los que se quejaron los fundadores de Estados Unidos: impuestos arbitrarios; impuestos sin representación; actitudes imperialistas; guerras sin consentimiento. La cuestión —continué— no es que los fundadores tuvieran razón en todo, sino que fueron rebeldes en su época (esto lo tomé prestado de Frederick Douglass y su famoso discurso "¿Qué significa el 4 de julio para un esclavo?").

Honrar los orígenes de nuestra república no significa retroceder al siglo XVIII. Significa ser rebeldes en nuestro tiempo. Significa exigir libertad y aspirar a un futuro radicalmente mejor.

Así pues, la forma en que la gente de Trump intenta gobernarnos consiste en acabar con la república. Para que la república sobreviva, tiene que mejorar: necesitamos una liberación que incluya educación, sanidad, justicia y oportunidades, y que excluya el encarcelamiento masivo, los campos de concentración , la limpieza étnica y las guerras criminales sin sentido. Tenemos que ser capaces de dialogar en lugar de que nuestras conversaciones estén determinadas por oligarcas y algoritmos. Tenemos que trabajar juntos en lugar de permitir que nos aislen.

Así que estamos actuando —quería decir— por un nuevo comienzo . No hay vuelta atrás al pasado lejano, ni siquiera al pasado reciente. El futuro se abre cuando actuamos. Y al final intentaba explicar qué formas de acción están disponibles: solidaridad, defensa de los menos afortunados, protección de las elecciones y búsqueda de grandes victorias electorales, organización local y acción de masas; con esto me refería en particular al Primero de Mayo , que está a solo tres semanas. ¡Hagan un plan !

TIMOTHY SNYDER es historiador y profesor en la Universidad de Yale. Publicado en Substack el 11 de abril de 2026.