viernes, 14 de junio de 2024

[ARCHIVO DEL BLOG] El legado de Muguerza. [Publicada el 21/06/2019]











El filósofo Javier Muguerza acuñó el término “pensar en español” y concibió el disenso como una herramienta para renovar los consensos, escribe en El País Roberto R. Aramayo, filósofo e historiador de de las ideas.
Durante las tres últimas décadas del milenio pasado y la primera del presente siglo, comienza diciendo Aramayo, Javier Muguerza ha sido el mentor de varias generaciones filosóficas y acuñó la expresión pensar en español para tender puentes con Iberoamérica, particularmente con México, gracias a su amistad con Fernando Salmerón, prestando una especial atención al exilio republicano. Resulta significativo que su DNI consignara como fecha de nacimiento 1939 y no 1936, como si hubiera preferido nacer una vez terminada la contienda y no en sus inicios. La reconciliación fue una de sus prioridades, merced a los traumas personales de una Guerra Civil que su familia vivió trágicamente, como tantas otras de uno u otro bando. 
Por eso concebía el disenso como una herramienta fundamental para renovar los consensos, al utilizarlo como un instrumento para explorar espacios inéditos en el ámbito de los derechos humanos que nos permitan soñar con un mundo mejor y contribuir a cambiar todo cuanto no sancione nuestro fuero interno; lo cual no supone tratar de imponer a los demás nuestros criterios u opciones vitales, pero sí negarse a secundar aquello que consideremos injusto sin plegarnos a una obediencia cuyos resultados puedan parecernos perniciosos.
Durante su primer destino en Tenerife supo mantener muy alto el pabellón filosófico que había izado allí Emilio Lledó, e incluso encabezó una reivindicación estudiantil para conseguir que los alumnos pudiesen acabar su licenciatura en La Laguna. De aquella época datan La concepción analítica de la filosofía y La razón sin esperanza. No desdeñó los logros del “giro lingüístico”, sin renunciar a conjugarlo con las herramientas del marxismo, y respaldó el feminismo académico cuando daba sus primeros pasos entre nosotros, entre muchas otras cosas.
Le interesó el pensamiento de Kant, según testimonia una entrevista de Carlos Pereda, en la que Muguerza presenta sus propias obras como sendas Críticas donde se replantean las preguntas kantianas. Los bicentenarios de la segunda Crítica y Hacia la paz perpetua originaron sendos volúmenes colectivos coeditados por él: Kant después de Kant y La paz y el ideal cosmopolita de la Ilustración. Y este ascendiente kantiano se plasmó de modo paradigmático en su célebre imperativo del disenso.
Su carisma le posibilitó rescatar a la filosofía moral del ostracismo al que le había condenado el franquismo, logrando identificarla con un espíritu de la transición que se compadecía cabalmente tanto con su pensamiento como con sus avatares biográficos, dado su insaciable anhelo de reconciliación. En este sentido, Muguerza se caracterizaba por leer y citar a todos, ya se tratara de una tesis o del trabajo aún por publicar de un joven estudiante, haciendo con ello honor a la isegoría. Sus libros fueron dados previamente a conocer en memorables conferencias de gran impacto. Ahora nos quedan por descubrir los inéditos que alberga el archivo legado por sus familiares a la Universidad de La Laguna, junto a su biblioteca personal.
Rehuyó la tentación de intervenir en la política, porque no creía en la panacea platónica del rey filósofo y entendía, una vez más con Kant, que la filosofía debe ocupar el ala izquierda del parlamento universitario, para criticar de oficio al poder sin dejarse contaminar por él. Tampoco aceptó cargos burocráticos, aunque su impulso resultó imprescindible para estructurar las Facultades de Filosofía de la UNED, la Universidad de La Laguna y el Instituto de Filosofía del CSIC o poner en marcha la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía.
El único puesto que conservó durante largo tiempo fue la dirección de su querida revista Isegoría, a cuyo Consejo de Redacción ha pertenecido hasta el final, y que no hubiera visto la luz sin su legendaria insistencia. Otro rasgo que caracterizó a Javier Muguerza fue rehuir todo tipo de galardones, que, sin embargo, procuraba obtener para quienes apreciaba. No estaría mal que ahora se le concediese algún reconocimiento oficial, se crease una fundación para custodiar su legado y/o el CSIC pusiera su nombre a ese Instituto de Filosofía del que fue primer director.
En Muguerza destacaba el ingenio de una perspicacia que se conjugaba con una generosa benevolencia. Lo mejor de su legado no se ciñe a ese liderazgo institucional o a su obra publicada e inédita, porque a todo ello se debe añadir la enorme influencia dejada en cuantos le conocieron.
Quienes no tuvieron esa fortuna pueden leer sus páginas, donde se combinan el rigor ensayístico con un estilo literario que hace su lectura tan fecunda como amena. Como ha escrito Jacobo Muñoz, la pluma de Javier Muguerza es homologable a las de Unamuno, Ortega o Zambrano. Dos meses después de su muerte, el gremio filosófico que piensa en español está de luto por uno de sus exponentes más egregios, a cuya figura le habrá de hacer justicia el paso del tiempo y la publicación de sus obras completas. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt












El poema de cada día. Hoy, Misterios, de Ida Vitale (1923)

 






MISTERIOS  


Alguien abre una puerta
y recibe el amor
en carne viva.
Alguien dormido a ciegas,
a sordas, a sabiendas,
encuentra entre su sueño,
centelleante,
un signo rastreado en vano
en la vigilia.
Entre desconocidas calles iba,
bajo cielos de luz inesperada.
Miró, vio el mar
y tuvo a quién mostrarlo.
Esperábamos algo:
y bajó la alegría,
como una escala prevenida.


Ida Vitale, 1923















Las viñetas de hoy

 






















jueves, 13 de junio de 2024

De las lenguas de Europa

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 13 de junio. El multilingüismo, señala en El País la escritora Nuria Barrios forma parte esencial del proyecto ilustrado y progresista que dio vida a la UE. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Y nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com

 







Europa, 24 lenguas contra una neolengua
NURIA BARRIOS
04 JUN 2024 - El País - harendt.blogspot.com

Las próximas elecciones europeas que se celebran el domingo pueden cambiar el rumbo de nuestro continente, según dicen. La guerra en Ucrania y el avance de la ultraderecha están presentes en todos los discursos. También lo está el futuro de una institución que nació tras la Segunda Guerra Mundial como una alianza de valores y no como un cajero automático.
Aquel sueño europeo vio la luz con un carácter claramente diferenciado del sueño americano. El multilingüismo era una de sus peculiaridades. Si 27 países forman parte de la Unión, los idiomas oficiales del privilegiado club suman 24. Cada vez que se acepta un miembro se incorpora su lengua, a la que se traduce todo el acervo comunitario y los documentos que se generan a partir de ese momento, sin importar lo minoritaria que sea la misma. El asombroso número de idiomas es asumido con naturalidad por la Unión, que ha hecho suya la certeza de Umberto Eco de que la traducción es la lengua de Europa. La salida del Reino Unido (66,97 millones de habitantes) de la Unión en 2020 no disminuyó el peso del inglés como lengua oficial, que sigue presente como una de las lenguas propias de Irlanda (5,12 millones de habitantes) y Malta (531.000 habitantes). A pesar del airado Brexit, se impuso la necesidad de entendimiento.
En la Unión los idiomas minoritarios gozan de los mismos derechos que los mayoritarios. No es una cuestión cuantitativa, sino cualitativa. No se valora el número de hablantes, sino el tesoro que es toda lengua. El multilingüismo es una hermosa rareza. Tan hermosa como frágil. Hay una narrativa, de clara deriva totalitaria, que alimenta el rechazo que sienten muchos ciudadanos ante lo que consideran “un gasto inútil”, dado el despliegue de traductores e intérpretes que requiere el funcionamiento del Parlamento Europeo. Desafortunadamente, los políticos que abogan por el uso de las 24 lenguas, maltratan sin piedad la propia y socavan así lo que defienden. ¿Cómo es posible respetar los idiomas ajenos cuando no se respeta el materno? Nuestros representantes, de uno y otro signo, no buscan interlocutores, sino seguidores; elaboran sus discursos a base de likes; solo hablan para su parroquia. Unos y otros han convertido la lengua en una herramienta propagandística, hecha de consignas, lemas y tuits.
Si nadie parece escuchar a nadie y las lenguas son utilizadas como proyectiles en un frente de batalla, ¿para qué sirve mantener esa costosa torre de Babel? ¿No equivale el Parlamento Europeo a una versión sofisticada de un parque temático lingüístico? ¿Se ha convertido en el homólogo idiomático del Banco Mundial de Semillas de Svalbard, en Noruega, que aspira a preservar todas las semillas del planeta?
La Eurocámara es un espacio de negociación, no una escuela de idiomas. ¿Qué más da poder decir “igualdad” en 24 lenguas si ya no sabemos qué significa? ¿Y solidaridad? ¿Y paz? ¿Y guerra?… ¿Qué significa hoy europeísmo? El nivel de los discursos políticos ha vaciado las palabras de contenido. Para defender ideas hay que empezar por devolverles su sentido. Hay que pararse a escuchar. La propia extrañeza que provoca oír un idioma desconocido debería actuar como resorte para potenciar el esfuerzo de comprender al otro y prestar atención a una forma distinta de formular los problemas y quizá también de encarar sus soluciones. Decía el ensayista George Steiner que cada lengua posee su manera de mirar, su lógica, su método de conocimiento, su particular cosmovisión. Acceder a 24 cosmovisiones posee un inmenso valor estratégico. Busquemos en el Parlamento Europeo el modelo del ágora que fue el corazón de la vieja y fascinante Atenas: un espacio de encuentro en medio del ruido donde hablar y escuchar, donde reflexionar y negociar. Asumir lo extraño como propio, comprender que lo común es lo diverso, es un excelente ejercicio democrático.
Trabajar por la eliminación de los 24 idiomas en favor de tres o dos o uno solo, en aras de la economía, nos llevaría de Steiner a Orwell, de un George a otro. El empobrecimiento verbal es un ejercicio sin fin. En su novela 1984, el británico George Orwell ideó un régimen totalitario que, para someter a sus ciudadanos, había creado la neolengua (newspeak), una versión extremadamente simplificada del inglés. A través de la jibarización del vocabulario, se lograba controlar y atrofiar el pensamiento de la población. “Al final de cuentas, se esperaba que todos emitieran palabras desde la laringe sin que participaran en absoluto los centros del cerebro”, escribe el autor. Los negros vaticinios no parecen tan ajenos a nuestra realidad.
Las ideas de Orwell y de Steiner bien podrían servir para construir una narrativa, la “Narrativa George”, en defensa de esa hermosa y frágil rareza que es el multilingüismo como parte esencial del proyecto ilustrado y progresista que dio vida a la Unión Europea.
Decía la escritora estadounidense Flannery O’Connor que “cuando los lectores no comparten tus creencias, entonces tienes que dejar clara tu visión sobresaltándolos: a los duros de oído les gritas y para los casi ciegos dibujas figuras más grandes y sorprendentes”. En la novela 1984, las autoridades aseguran que la neolengua estará implantada en 2050. Sería el fin del multilingüismo, entre otros males. Todavía estamos a tiempo de que la profecía no se cumpla. Nuria Barrios es escritora. 











[ARCHIVO DEL BLOG] Federalismo contra nacionalismo. [Publicada el 26/06/2013]











Les pido perdón anticipadamente por el lenguaje bronco y hasta cierto punto soez de esta entrada, reelaboración de la del mismo título de fecha 22 de abril de 2011, pero es que estoy hasta los mismísimos del nacionalismo y de los nacionalistas, incluido el español, por supuesto.
Y es que me importan un huevo y la mitad del otro el ir contracorriente y el lenguaje políticamente correcto... Detesto el nacionalismo: el cáncer de Europa, lo han llamado. Detesto el nacionalismo canario, el catalán, el vasco, el gallego, el andaluz, el extremeño, el español, el finlandés, el francés, el alemán, el británico, el lituano, el maltés, el padano, el serbocrata..., y el madrileño; sí, el madrileño también... Mi reacción de aquel día venía motivada, lo que son las cosas, por un partido de fútbol: ¿Qué coño pintaban esas miles de banderas nacionales españolas flameando en Mestalla durante la final de la Copa del Rey de unos días antes -me preguntaba- entre el Real Madrid C.F. y el Barcelona F.C.? ¿Qué creían esos zafios e ignorantes energúmenos que las enarbolaban, que la final era un partido internacional entre un equipo español y otro de las antípodas? ¿Pensaban acaso que más allá de la M-40 que circunvala la metrópoli madrileña todo es "tierra conquistada" y que España es solo el territorio y las gentes que rodea esa autovía? ¿Recuerdan ustedes que la en aquellos tiempos presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, doña Esperanza Aguirre, tildó de "empresa extranjera" a la catalana Gas Natural cuando pretendió comprar la "española" Endesa?
En el mismo sentido, pero en dirección contraria, me parece enormemente clarificador el artículo del historiador Antonio Elorza que publica el 28 de junio El País, y que lleva el título de España contra Cataluña, en el que critica por su parcialidad, el congreso de historiadores promovido por la Generalidad de Cataluña, con ese mismo lema.
Soy un federalista convencido. No solo creo que el federalismo, tal y como lo expusieron a finales del siglo XVIII los ilustrados norteamericanos Hamilton, Madison y Jay en su memorable libro El Federalista (Fondo de Cultura Económica, México, 1994) -un texto que vale por sí mismo tanto o más que el mejor de los máster en Ciencia Política- es la forma más perfecta de organizar políticamente una sociedad, es decir, de organizar un Estado, sino que como expreso en la columna de presentación del blog el federalismo es también el mejor marco donde desenvolver y desarrollar la autonomía personal, el autogobierno de los pueblos y los estados, y la democracia como procedimiento y fin en sí misma. 
Supongo que habrá otros caminos, pero yo no veo otro mejor ni más idóneo para organizar políticamente las sociedades complejas y democráticas del sigo XXI, tanto en España como en Europa, que el federalismo. También es la opinión de Javier Tajadura, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad del País Vasco y autor de "El principio de cooperación en el Estado Autonómico. El Estado Autonómico como Estado Federal Cooperativo" (Comares, Granada, 2010), cuya tesis central comparto plenamente, y que en de 2011 publicaba en el diario El País un brillante artículo al respecto titulado El horizonte federal de España, cuya lectura les recomiendo. Al igual que hago con el de la diputada nacional y presidenta de UPyD, Rosa Díez, con la que no comparto afinidad política alguna, que publicaba El País del pasado 24 de junio. Un artículo titulado Una propuesta para la igualdad, proponiendo una revisión constitucional que lleve a España a un Estado configurado bajo los principios del federalismo cooperativo, que no dudo en suscribir y que me parece la propuesta más sería realizada en tal sentido por responsable político español alguno en los últimos años, y que es lo que me ha llevado a reelaborar la entrada citada al comienzo.
También ahora parece que el principal partido de la oposición, el partido socialista (PSOE) hace bandera de las tesis federalistas. ¿Con convicción?, pues, sinceramente, no lo sé; pero si no las promueven y las defienden ellos, va a ser difícil que se lleven a cabo porque ni nacionalistas catalanes y vascos ni nacionalistas españoles están muy por la labor.
Si el ánimo persiste sostenido, les invito a leer este otro artículo, publicado en el número de octubre de 2008 en "Revista de Libros" por el profesor Félix Ovejero Lucas, que lleva el título de El rayo que no cesa, y en el que comentaba el libro del también profesor Roberto L. Blanco Valdés titulado "La aflicción de los patriotas" (Alianza, Madrid, 2008). Les aseguro que no ha perdido ni un ápice de su actualidad. Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt











El poema de cada día. Hoy, El amenazado, de Jorge Luis Borges (1899-1986)

 






El amenazado


Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir. 

Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. 

La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. 

¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, 

la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, 

la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, 

los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño? 

Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. 

Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se 

levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz. 

Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. 

Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles. 

Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. 

Ya los ejércitos me cercan, las hordas. 

(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.) 

El nombre de una mujer me delata. 

Me duele una mujer en todo el cuerpo.


Jorge Luis Borges, 1899-1986












Las viñetas de hoy

 
























miércoles, 12 de junio de 2024

Del fin de la democracia más antigua del mundo

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 12 de junio. No hay hipocresía alguna entre los fieles de Trump, escribe en El País el politólogo Fernando Vallespín, su mensaje es claro: no nos importa hundir la democracia, sus instituciones y procedimientos, con tal de que gane “el nuestro”; el partidismo por encima del sistema. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Y nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com
 









La democracia en la papeleta
FERNANDO VALLESPÍN
02 JUN 2024 - El País - harendt. blogspot.com

La expresión no es mía, es de Paul Krugman, que se plantea si esta puede ser “la última elección real” en Estados Unidos. Como es obvio, la duda obedece a la posibilidad de un triunfo de Trump, y eso que al articulista no le dio tiempo a incluir el fallo del jurado del tribunal de Nueva York. Desde el jueves pasado, la pregunta del millón de dólares ha pasado a ser cuál pueda ser el efecto de la sentencia cara al próximo 5 de noviembre. Hay respuestas para todos los gustos, pero yo me inclino por lo siguiente: movilización y prietas las filas entre las bases de Trump, dudas o deserciones entre quienes no estaban tan convencidos de votarle; pero, sobre todo, abandono de cualquier tipo de indecisión o escrúpulo entre los votantes potenciales de Biden. Como el resultado depende de un puñado de votos en determinados Estados decisivos, al final debería verse favorecido el actual presidente. Ahora este sí que debería contar con cualquier ciudadano demócrata. Y no me refiero al partido, sino a la forma de gobierno.
Observen que he utilizado un condicional, “debería”, no estoy seguro de que al final vaya a producirse dicha movilización a favor de Biden, pero me resisto a creer que los ciudadanos de la democracia más antigua del mundo vayan a ponerla en solfa no acudiendo a su rescate. La reacción del magnate al fallo del jurado ha sido, como suele ser habitual cuando algo no le favorece, que todo el sistema democrático de su país está “amañado” (rigged), y que él se siente como “un prisionero político”. Nada que no le hayamos oído con anterioridad, son sus soflamas de siempre, y del mismo modo que en su día puso en cuestión el resultado electoral, ahora lo hace con los procedimientos del poder judicial. Y, lo más grave, con amplio aplauso de sus fieles y un espectacular incremento de fondos para su campaña. Aquí, esto es en lo que quiero fijarme, no hay hipocresía alguna, el mensaje es claro: no nos importa hundir la democracia, sus instituciones y procedimientos, con tal de que gane “el nuestro”. El partidismo por encima del sistema.
Podrá decirse que esto es un efecto de la polarización o de la presencia de un personaje de la calaña de Trump; me temo, sin embargo, que el problema es más profundo y no exclusivo de Estados Unidos. Tiene que ver con la progresiva erosión de un intangible imprescindible para la política democrática, la cultura cívica. Esta presupone un exquisito seguimiento de las reglas, y no su cínica instrumentalización; la aceptación de la legitimidad del adversario y amplios niveles de tolerancia hacia quienes disienten de nuestras posiciones; atención a nuestros deberes cívicos y no solo a nuestros derechos; la predisposición a actuar siguiendo el interés general, no el estrictamente privado. Ahora, por el contrario, desfallece la alerta ciudadana, distraída en la persecución de lo propio cuando no atávicamente ligada a lealtades partidistas que se consideran por encima del fair play propio de la democracia cuando no de su mismo orden legal.
En suma, Trump como síntoma de algo más profundo; a saber, el eclipse de los presupuestos de ética pública sin los cuales no hay sistema democrático que funcione. Mucho se insiste en las reformas institucionales, pero estas sirven de poco si los ciudadanos no están dispuestos a defenderlas. Al final son el árbitro en última instancia del sistema. Lo fueron en Alemania en enero de 1933, cuando Hitler llegó al poder, y lo serán el próximo 5 de noviembre en los Estados Unidos. Ahora muchos piensan que la fiera podrá ser domada. Entonces también lo creyeron. Fernando Vallespín es politólogo.