jueves, 30 de mayo de 2024

De la apisonadora

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 30 de mayo, Día de Canarias. La metáfora visual que resume con descaro cínico este tiempo, dice en El País el escritor y académico de la Lengua, Antonio Muñoz Molina, es ese anuncio de un nuevo modelo de iPad que la compañía Apple se ha apresurado a retirar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Y nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com









En lucha contra la apisonadora
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
25 MAY 2024 - El País - harendt.blogspot.com

Cada época encuentra sus metáforas: imágenes que resumen la realidad y el espíritu de un tiempo igual que una fórmula química contiene la composición de una materia. La metáfora visual que resume con descaro cínico este tiempo es ese anuncio de un nuevo modelo de iPad que la compañía Apple se ha apresurado a retirar nada más estrenado, con la rapidez culpable de quien quisiera borrar unas palabras recién dichas sin darse cuenta o un gesto incontrolado que revelan justo aquello que más quisiera ocultar. Los dueños de Apple, que en gran parte son los dueños del mundo, cultivaban en otras épocas más crédulas una fantasía publicitaria de creatividad desatada, de una especie de misticismo futurista que estaba entre la psicodelia pop de los últimos sesenta y los vapores corporativos de la new age, que parecían irradiar de la presencia de su líder, surgiendo como una visión religiosa o un holograma en aquellos escenarios lejanos como altares, o como cimas de esas montañas sobre las que desciende una cegadora divinidad, en este caso algún modelo nuevo y más bien superfluo de cualquiera de sus muchos productos. Las religiones establecidas tienen la ventaja de que ya no van a darnos ninguna sorpresa, y algunas hasta contienen principios éticos admirables, y bellos pasajes de poesía en sus textos sagrados. Las religiones de la política del siglo XX —el estalinismo, el nacionalismo, el fascismo— no tuvieron más patrimonio estético ni ético que los embustes y las exageraciones intoxicadoras de la propaganda; las religiones tecnológicas del XXI no han dado de sí por ahora más que unos cuantos anuncios y unas efigies de gurús vestidos de diseño que imitan en todo el hieratismo litúrgico de los antiguos profetas salvadores, así como su omnipotencia y su omnipresencia, en algún caso, como el de Steve Jobs, prolongada después de la muerte. Multitudes de sus fieles más devotos lo lloraron cuando murió, con el desconsuelo de que se fuera tan pronto, y el desconcierto de que no fuera inmortal; y cada vez que su sucesor en la tierra lanza un nuevo producto, alzándolo bajo un rayo de luz en un escenario en penumbra, como si mostrara el Grial, o el cáliz consagrado, esos mismos devotos repartidos por toda la anchura del mundo velan durante noches enteras para conseguirlo cuanto antes, con la misma mansa impaciencia que los peregrinos exhaustos ante la puerta cerrada de un santuario.
El cristianismo pasó en un par de siglos de las catacumbas de la clandestinidad a la alianza con los grandes poderes terrenales. En mucho menos tiempo, Apple ha pasado de la estética del hippismo y la revelación espiritual comprimida en la forma de un iPhone a la cruda amenaza de una apisonadora apocalíptica. Quien no haya visto todavía el anuncio suprimido debe apresurarse a buscarlo en YouTube. Es obsceno en su brutalidad, en su arrogancia despótica, en su descarada voluntad de destrucción y supremacía. Una canción de pop blando y acústico empieza a sonar en un disco de vinilo. “Soy todo lo que necesitas”, dice el estribillo en inglés. Sobre una ancha mesa metálica se acumulan todo tipo de objetos, como en aquellas “vanidades” del Barroco en las que los pintores reunían unos libros, una partitura, una copa de oro, un reloj, un cetro, una vela encendida, una calavera, para simbolizar lo transitorio de las vidas y las obras humanas. Quizás alguno de los talentos mercenarios del anuncio se inspiró en las acumulaciones de esos cuadros: en lo más alto una trompeta, y debajo una guitarra, metrónomo, un montón de cuadernos y libros, tarros y botes de pinturas, una máquina de escribir, una batería, una bola iluminada del mundo, una claqueta, una mesa de sonido, un maniquí de sastre, una de esas figuras articuladas de madera que se usan en las escuelas de dibujo, un piano sobre el que hay una partitura, una maqueta de arquitecto, una cámara de fotos, un busto clásico, una lámpara de estudio de brazo flexible, unas cabezas amarillas de goma con los ojos saltones. Mientras sigue sonando la canción tonta y risueña, una prensa apisonadora empieza a descender lentamente y va aplastando uno por uno todos esos instrumentos de saberes y oficios. Hay una delectación en los detalles: la trompeta aplastada que cruje, el metrónomo que se rompe, la madera y las cuerdas del piano trituradas, el muñeco de madera cayendo hacia atrás como una silueta humana aniquilada, los tarros de cristal que se rompen provocando una catarata de pinturas que lo mancha todo. Al final de todo, a la pelota amarilla se le salen los ojos bajo la presión de la apisonadora, que completa su tarea de aplastamiento sin dejar una fisura.
La religión triunfadora barre de los altares las estatuas de los antiguos dioses y funde el oro y la plata de sus objetos litúrgicos. En un barato éxtasis musical, entre nubes de polvo o de humo, la plancha se levanta y en su superficie no queda ni rastro de todas las cosas destruidas. Lo que aparece, inexplicable y misterioso, como los pergaminos o las láminas doradas de una nueva fe, a la vez inmaterial y tangible, ingrávido, viviente, es el nuevo iPad. En un cuento de Borges, los guerreros de una tribu invasora queman todos los libros de una civilización, por temor a que contengan injurias a su dios, “que era una espada de hierro”. A los señores de Apple no les basta con eliminar los libros impresos: como asépticos talibanes aspiran también a destruir los instrumentos musicales, las partituras, los altavoces; como iconoclastas de su integrismo tecnológico quieren borrar las imágenes y triturar las estatuas. El anuncio es la metáfora impúdica de un absolutismo que nos va privando día tras día de la biodiversidad de tantas cosas cotidianas condenadas a desaparecer en beneficio de un monopolio que se apodera de todo, el monoteísmo de un solo objeto que elimina todos los demás, una especie invasora que empobrece y acaba arrasando un ecosistema.
Estas palabras las escribo en un Mac. Al alcance de la mano tengo un smartphone, apagado para asegurarme el silencio mientras trabajo. Pero miro a mi alrededor y me gusta recrearme en la variedad de las cosas que me acompañan, las necesarias y las inútiles, las que duran mucho tiempo y no se estropean, las que alimentan mi memoria y las que me son tan familiares que cuando estoy usándolas no sé distinguir entre el trabajo y el puro deleite: botes con lápices, una goma de borrar y un estuche que hacen su servicio y guardan intacto el olor de la escuela, una caja de cartón que contuvo un juguete y en la que he guardado entradas de conciertos y de cine, posavasos de bares, tarjetas de restaurantes, un tarro de cristal con varios tornillos herrumbrosos del puente George Washington que recogí hace años a la orilla del río Hudson, fotos de mi mujer y de mis hijos en épocas diversas de la vida. Y también cuadernos y borradores y papeles sueltos en los cajones, como un humus fértil que tal vez dé fruto alguna vez, y un calendario en el que apunto a lápiz citas y fechas de entrega, y tinteros con tintas de varios colores, y una pluma de segunda mano con la que he escrito los borradores de dos novelas, y una estantería de libros y otra de cedés en las que puedo ver desplegada como la biografía de mis aficiones literarias y musicales, no mediadas por ningún algoritmo, sino por mi capricho soberano. No quiero renunciar a nada. La música en cedé o en vinilo suena mucho mejor que en streaming. Quiero que la tecnología me facilite ciertas cosas en la vida pero no quiero vivir sometido a ella, a las maquinaciones codiciosas de unos plutócratas disfrazados de gurús. No es nostalgia. Es resistencia y rebeldía contra la apisonadora. Antonio Muñoz Molina es escritor y miembro de la Real Academia de la Lengua.



















miércoles, 29 de mayo de 2024

De la calidad de las democracias

 








Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 29 de mayo. La calidad de la democracia en países en desarrollo y en proceso de transformación, comenta en la Revista Ethic la directora del Bertelsmann Transformation Index, Sabine Donner, ha experimentado un declive constante en los últimos 20 años. Los últimos hallazgos del Bertelsmann Transformation Index muestran que, de los 137 países analizados, solo 63 siguen siendo democracias. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Y nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com












La democracia, un sistema a la baja
SABINE DONNER
22 MAY 2024 - Revista Ethic - harendt.blogspot.com

La calidad de la democracia en países en desarrollo y en proceso de transformación ha experimentado un declive constante en los últimos 20 años. Los últimos hallazgos de la décima edición del Bertelsmann Transformation Index (BTI) de la Fundación Bertelsmann muestran que, de los 137 países analizados, solo 63 siguen siendo democracias, mientras que la mayoría se clasifican como autocracias. En su análisis de la calidad democrática, el desarrollo económico y el desempeño de la gobernanza en 137 países, el BTI registra nuevos mínimos globales promedio en cada una de estas áreas. Sin embargo, hay razones para tener esperanza. Países en transformación como Brasil y Polonia, donde los votantes han rechazado las tendencias autoritarias, muestran el potencial para revertir la erosión de las democracias.
Los informes y datos por país del BTI muestran que cada vez son más los países que restringen particularmente los derechos de participación política, que van desde la celebración de elecciones libres y la libertad de reunión hasta la libertad de expresión. Además, la continua erosión de la separación de poderes y el espacio cada vez más limitado para la participación de la sociedad civil están exacerbando estos desafíos.
Este estado deteriorado de la transformación política está estrechamente vinculado a un declive similar observado en la gobernanza. La erosión de los controles y equilibrios socava la responsabilidad ejecutiva, mientras que las restricciones a la participación política hacen cada vez más difícil criticar las políticas gubernamentales. Además, los casos de abuso de poder y corrupción a menudo quedan sin castigo, perpetuando una cultura de impunidad. El deterioro de la confianza en las instituciones y procesos democráticos es otra consecuencia de una mala gobernanza.
Estas tendencias adversas en la gobernanza y la transformación política se han desarrollado en un contexto de empeoramiento de las condiciones económicas que tienen su origen en la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania. Esto ha provocado un aumento de los precios de los alimentos y la energía, y ha incrementado la inflación pospandemia en muchos países. Al mismo tiempo, muchos gobiernos no están dispuestos o no son capaces de adoptar políticas económicas sostenibles e inclusivas a largo plazo. En cambio, sus esfuerzos están orientados hacia el mantenimiento de un sistema corrupto de clientelismo que obstaculiza tanto a la competencia económica libre como a la justa.
El desarrollo en América Latina y el Caribe refleja esta tendencia. Los estilos políticos polarizadores se han vuelto habituales, lo que debilita aún más los sistemas de partidos ya fragmentados. Además, los candidatos radicales que se sitúan fuera del espectro político dominante están ganando popularidad y desafiando a instituciones persistentemente débiles. Así, la tendencia a la polarización está exacerbando la inestabilidad política y erosionando la democracia. Prueba de ello es el debilitamiento de las instituciones democráticas en América Central y la débil gobernanza democrática en países como Argentina, Brasil y México.
Las puntuaciones promedio para la mayoría de los indicadores de gobernanza han disminuido en América Latina y el Caribe durante el período analizado, especialmente en áreas como la coordinación de políticas, la priorización, la implementación, la exclusión de actores antidemocráticos y la gestión de conflictos. Ello allana el camino a una combinación peligrosa de débil capacidad de gobernanza y fracaso de los gobiernos para una gestión eficaz de las divisiones y conflictos entre sus poblaciones. Contrarrestando esta tendencia, la gobernanza democrática ha mejorado en Colombia y la República Dominicana.
En lo que respecta a África del Norte y Oriente Medio, estos siguen siendo territorios gobernados de manera autócrata. Todas las esperanzas políticas generadas por la Primavera Árabe se han disipado. En Túnez, Kais Saied se benefició notablemente de la incompetencia legislativa, al igual que Nayib Bukele en El Salvador. Su movimiento contra el parlamento y, por lo tanto, contra el partido islamista Ennahdah, fue enormemente popular al principio, y le ayudó a consolidar el gobierno autocrático. Los sindicatos tunecinos, que conforman el actor más fuerte del país, guardaron silencio y sacrificaron logros democráticos a cambio de seguridad y una supuesta mayor eficiencia, las cuales todavía están por manifestarse.
A escala global y regional, también es cierto que se percibe una resiliencia democrática. Al igual que las elecciones detuvieron el deterioro democrático en Kenia, Zambia y, más recientemente, en Polonia, también se han producido recuperaciones democráticas en Brasil y Honduras, así como en Guatemala. Todos estos casos muestran que la movilización de la sociedad civil debe combinarse con el control institucionalizado del poder gubernamental, ya sea por parte del poder judicial, las autoridades electorales o los medios de comunicación, para resistir con éxito las tendencias autoritarias. Fortalecer y salvaguardar estas fuerzas e instituciones cívicas se consolidan como estrategias primordiales para fortalecer la democracia. Sabine Donner es directora del Bertelsmann Transformation Index, Bertelsmann Stiftung.




























[ARCHIVO DEL BLOG] La integridad del político. [Publicada el 19/12/2017]












Gumersindo de Azcárate, de cuya muerte se cumplen cien años en 2017, es uno de los defensores más destacados del parlamentarismo. Luchó contra las corruptelas electorales y creía en la prensa como pilar de la opinión en una sociedad abierta, escribe en El País el profesor Francisco J. Laporta, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid. La desaparición de Gumersindo de Azcárate un quince de diciembre del año 1917 es un centenario ineludible, comienza diciendo el profesor Laporta. Se desplomó sobre su mesa del Instituto de Reformas Sociales cuando trataba de evitar la retirada de la representación obrera por las detenciones de la huelga general de ese año. A las pocas horas murió. “Cayó sobre el yunque”, se escribió en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, de la que fue cofundador y presidente. En realidad siempre estuvo sobre el yunque, porque nunca vio el trabajo como un simple modus vivendi profesional sino como una profunda obligación moral hacia sus ciudadanos y su patria, un deber que le ataba a las necesidades de su sociedad. Ortega dijo que era “el último ejemplar de una casta de hombres que creía en las cosas superiores y para los cuales toda hora llegaba con un deber y un escrúpulo en la alforja”. Muchos años después se añoraba todavía su figura como un ejemplo vivo de integridad moral en el mundo de la política. No digamos hoy.
Había nacido en León en 1840, en el seno de una familia culta y liberal. A su padre, Patricio de Azcárate, le debe este país la primera traducción completa de los diálogos de Platón y las obras de Aristóteles. Y eso que era gobernador civil, pero de aquellos gobernadores civiles con el coraje suficiente para exigir del cura párroco que nadie fuera enterrado extramuros del cementerio porque todos tenían igual derecho al reposo. Aquel amor por la filosofía y esta lucha contra el sectarismo religioso estarán siempre presentes en la vida de su hijo Gumersindo. Catedrático de Legislación Comparada en la Universidad de Madrid, fue separado de ella en 1875, en la llamada Cuestión Universitaria. No consintió que sus enseñanzas hubieran de ajustarse a las consabidas buenas costumbres, a los dogmas de iglesia alguna o a la forma monárquica de gobierno. Por eso fue deportado a Cáceres.
Allí empezó a escribir dos libros clave para entender la España del siglo XIX y para entenderle a él mismo: la Minuta de un testamento y El self-government y la monarquía doctrinaria. En el primero describe las agonías de un creyente liberal en el medio asfixiante de la ortodoxia católica de su tiempo. Y reclama la tolerancia y la sinceridad de la vida moral frente a la hipocresía que generaba el dogma impuesto. Ese fingimiento en el comportamiento exterior mientras se vive internamente una moralidad huera y sin fuerza le repugna profundamente. La hipocresía no es un homenaje a la virtud; es solo simulación y falseamiento de las propias convicciones. La denunció siempre. También en la vida política.
El otro libro, cuyo título puede confundir o extrañar, es la mejor contribución a la teoría política de nuestro siglo XIX. Versa sobre la cuestión clave de la vida constitucional de su tiempo: soberanía popular o monarquía autoritaria. Y Azcárate no lo duda: la única legitimación posible del poder es la soberanía de la nación, el gobierno del país por el país. El autogobierno exige que el pueblo sea dueño de sí mismo, aunque la monarquía española de entonces no acabe de aceptarlo. El libro aparece en 1875, y en él Azcárate afirma que la monarquía sólo sobrevivirá si resulta ser constitucional y parlamentaria, como la inglesa o la belga. Un siglo nos ha llevado entenderlo. También defiende que el régimen parlamentario, concebido como una articulación representativa de las distintas ideas y disposiciones que habitan en la sociedad, obtenida con un sufragio limpio y sincero, es la fórmula política insustituible. Todo lo demás es puro poder personal. Por eso, por ejemplo, trata de convencer al movimiento obrero de que deje de lado la acción directa y se incorpore a la actividad parlamentaria. Y a los patronos conservadores e integristas que se unan con él a la reforma social mediante el acuerdo y la ley. ¡Cuántas calamidades se hubieran evitado de hacerle caso de una y otra parte!
Toda esa riqueza de propuestas y matices la obtiene Azcárate de una concepción ética de la responsabilidad, la transparencia y la sinceridad, que él se exige a sí mismo y al sistema político. Durante treinta años —de 1886 a 1916— fue diputado al Congreso por la provincia de León. Advirtió desde el primer momento a sus electores que no era un 'delegado' de la provincia sino un representante del interés de todos. Y, aunque conocía perfectamente los problemas que crea la indisciplina en cualquier organización, puso siempre su conciencia por encima de las conveniencias de su partido. Nunca formó parte del gobierno. Fue toda su vida diputado de la oposición pero si el gobierno proponía algo que redundara en el bien común, no dudaba en apoyarlo, dijera su partido lo que dijera. Otro proceder le parecía indecente.
Luchó siempre contra las corruptelas y vicios del proceso electoral y parlamentario de sus días. Concebía la tarea del diputado como una responsabilidad sagrada. Por eso le repugnaban las claudicaciones y los trapicheos. Su libro El régimen parlamentario en la práctica (1885) tendría que ser lectura obligatoria para todo responsable político. El falseamiento de las elecciones, la impaciencia aventurera por el poder, la falta de transparencia, la doble moral, la corrupción económica, etc., van desfilando en sus capítulos como otras tantas traiciones al sistema político de opinión pública abierta, que era para él el único aceptable. Creía en la prensa como un ingrediente imprescindible del régimen parlamentario, a condición de que fuera, son sus palabras, desinteresada, culta, imparcial e independiente. Por supuesto que conocía perfectamente los intereses bastardos y los condicionamientos económicos y políticos que la asediaban; y odiaba “el interés malsano y momentáneo que le dan el noticierismo, las personalidades, los chismes y el escándalo”. Sin embargo, la tenía por un pilar fundamental para la formación y el flujo de la opinión pública en una sociedad abierta.
Como consecuencia de su enorme prestigio y su reconocida ejemplaridad fue convocado con frecuencia a ocupar cargos de responsabilidad en diferentes juntas, comités o instituciones públicas. Jamás aceptó sueldo o remuneración por ello. Ni coche oficial alguno. Y sólo accedía a ejercerlos si eran compatibles con su cátedra y su escaño. Anciano ya, se vio en la necesidad de enviar por primera vez a un auxiliar a explicar su lección a la Universidad, y sólo por ello tomó la decisión de dimitir de ella. Esa era la clase de escrúpulos que llevó siempre en la alforja, y que tan raros resultan hoy día. Vamos a evocarlos esta semana en León, su viejo distrito electoral. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt











martes, 28 de mayo de 2024

De como nos ciegan los dioses, sobre todo a los de izquierdas...

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 28 de mayo. Parece que para una cierta extrema izquierda, escribe en La Vanguardia el publicista Luis Bassat, no cuentan los más de 200.000 muertos en Ucrania provocados por los rusos, ni por las guerras en Burkina Faso, Somalia, Sudán, Birmania, Nigeria, Yemen o Siria; pero está claro que no hay nin­guna acampada que proteste por ellos. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Y nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com










Una viñeta que es un editorial
LUIS BASSAT 
24/05/2024 - La Vanguardia - harendt.blogspot.com

El pasado día 16, nuestro admirado humorista JL Martín, publicó una viñeta en La Vanguardia que tiene la categoría de un editorial, donde un par de personas preguntaban a un joven que había montado su tienda de campaña protestando por la guerra de Gaza: “¿El campamento de protesta por la invasión de Ucrania dónde lo han instalado?”.
Parece que para una cierta extrema izquierda no cuentan los más de 200.000 muertos (según algunas fuentes) en Ucrania provocados por los rusos. También esos dos señores podían haber preguntado acerca de las protestas por las guerras de Burkina Faso, Somalia, Sudán, Birmania, Nigeria, Yemen y Siria, con muchos cientos de miles de muertos civiles, mujeres y niños. Pero no hay nin­guna acampada que proteste por ello. ¿Es esto de recibo? ¿Son diferentes los muertos de una guerra o de otra? No, los muertos son todos iguales, con sus ilusiones, su derecho a vivir, su derecho a formarse, a tener una familia, a disfrutar de la vida, a tener­ hijos y nietos, y a morir en paz.
Todo eso se ve truncado por una bala, una bomba o un misil, fabricados, tal vez, muy lejos de donde producen tanto dolor. Los conflictos bélicos son un gran negocio para unos, los fabricantes de armamento, y un gran drama para muchos más. ¡Cuántos saldríamos ganando si se acabaran las guerras! Todas. ¿No es hora ya de que las guerras paren, de que los países dejen de matarse unos a otros? ¿O haría falta que llegaran agresivos extraterrestres con intención de exterminarnos y ocupar nuestro planeta, para que los seres humanos dejáramos de pelear entre nosotros y juntos nos preparáramos para defendernos? Tenemos unos enemigos que no son extraterrestres, pero que pueden ser letales y que no me cansaré de repetir: el cambio climático, la sequía, las inundaciones, las epidemias, la malnutrición y el hambre, la pobreza extrema y otros graves problemas que hemos de solucionar, trabajando juntos toda la humanidad, no matándonos unos a otros en guerras que son una vergüenza para todos. Lui Bassat es publicista.























[ARCHIVO DEL BLOG] El cielo y la tierra. [Publicada el 03/06/2019]











El cielo no queda lejos ni cerca de la tierra. Leer unos párrafos de amor a un árbol herido de muerte, que se desangra rodeado de vida, desentierra un recuerdo lejano de la infancia, comenta en El País el escritor y periodista gallego Manuel Jabois, así que fui dándole besos a todos los árboles por una razón: si dejase uno sin besar, esa noche la pasaría llorando. 
De César Vallejo: “En realidad, el cielo no queda ni lejos ni cerca de la tierra. En realidad, la muerte no queda lejos ni cerca de la vida”, comienza diciendo Jabois. . Y en el mismo librito Carnets, que publicó Interzona: “Cuando leo, parece que me miro en un espejo”. Lo envidio, si bien debía cuidar mucho los libros elegidos. Yo no me miro en un espejo cuando leo, hay que reemplazar el del baño y tengo la cámara del móvil estropeada, así que para saber de mí utilizo el ascensor, algo que por otra parte he hecho siempre; donde el vecino ve un ascensor yo veo un camerino: así empezó el Quijote. Cuando no salgo de casa, y eso pasa a menudo, paso muchas horas sin verme. Es un ejercicio estupendo, porque de este modo hay que palparse para envejecer. Siempre se aprende con las manos lo que no puede aprenderse con los ojos.
En Tierra de mujeres (Seix Barral), María Sánchez cuenta hacia el final de ese libro tan necesario cómo un día, con su padre, se sentaron los dos a descansar en un alcornoque muerto. “La hija se levanta, necesita tocar el corcho que nunca más se separará del árbol. No volverá a separarse del cuerpo, no habrá lugar para la regeneración. La envoltura se convierte en un ataúd para el propio árbol”. De repente marco la página y desentierro, como en una consulta, un recuerdo fresquísimo que no había tenido nunca. Se juntan varias cosas, la primera de ellas haber visto después de muchos años a mis primos lejanos Olga y José, y estar con sus padres, Chicho y La Nena, en una boda reciente. Son de O Seixal, la aldea que visitaba de niño con mi abuelo, los días de matanza do porco y los días que no. La segunda, leer esos párrafos de amor a un árbol herido de muerte, que se desangra rodeado de vida (“los pájaros anidan, los insectos se alimentan, las setas se aprovechan de la materia orgánica. Si alguna rama permanece seguirá siendo sombra, descanso, refugio. La vida siempre continúa, a pesar de la muerte”).
Aquel día yo jugaba al fútbol fuera de casa, solo, con una pelota verde. Uno de esos disparos dio en un árbol, y fui hacia él, le pedí perdón y le di un beso. Lo que pasó después fue que miré el árbol que estaba más cerca, me dio una pena inmensa que no sabría calificar, una clase de lástima que he arrastrado siempre, fui hacia él y le di otro beso. Y miré otro. Y otro. Fui dándoles besos (un besito, tampoco es que los morrease) a todos por una razón: si dejase uno sin besar, esa noche la pasaría llorando. En aquella época de piedad por las cosas del mundo y terrores nocturnos me pasaban esas cosas. Creía en el cielo y también creía que empezaba en la tierra.
Me gustaría contar que pasó cuando tenía 24 años, pero debía de tener ocho, no recuerdo bien. Lo que sí recuerdo es la tristeza infantil de entonces que no solo tenía que ver con aquellos árboles sino con muñecos o juguetes, algo que no podía dejar atrás ni preferirlo a otra cosa, una sofisticada tristeza que reconozco en mi hijo, incapaz de decir que prefiere un animal a otro, un juguete a otro, porque reparte el afecto entre todos hasta obligarme a poner la misma cara que mi abuelo puso cuando me encontró con los labios pegajosos preparado para dedicar los siguientes años de mi vida a besar los bosques gallegos. La cara del adulto que distingue entre las misiones que sirven y las inservibles. Sin saber nunca si las está distinguiendo bien. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 


















lunes, 27 de mayo de 2024

De la izquierda chula

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 27 de mayo. Yolanda Díaz dice ser muy beligerante con la patronal, comenta en El País la escritora Nayat El Hachmi, pero pone la alfombra roja a quienes tienen como negocio comprar y vender hembras humanas como si fueran ganado. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Y nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com














Izquierda para chulos
NAJAT EL HACHMI
24 MAY 2024 - El País - harendt.blogspot.com

Prohibido prohibir la explotación de mujeres y el machismo más deleznable. Hay una izquierda que, de todo el legado del mayo del 68, no se quedó más que con los eslóganes superficiales. “No se puede prohibir la prostitución porque la prostitución existe”, afirmó sin despeinarse Yolanda Díaz. Pues aplíquese lo mismo a los asesinatos, a la corrupción o al fraude fiscal, a la pederastia o a cualquier crimen. Si lo que existe no se puede prohibir, ¿por qué tenemos inspectores de trabajo? ¿Para que vayan a certificar que la explotación laboral existe? Y ni siquiera estamos hablando de una ley abolicionista de verdad que contemple acabar con el uso de las mujeres a cambio de dinero, sino de una norma que pretende perseguir a los proxenetas. Yolanda Díaz dice ser muy beligerante con la patronal, pero pone la alfombra roja a quienes tienen como negocio comprar y vender hembras humanas como si fueran ganado e importarlas en condiciones de pura y simple esclavitud, la única esclavitud que seguimos tolerando en pleno siglo XXI.
La enorme contradicción de esta izquierda que se presenta como chupi-guay mientras avala políticas que validan la vulneración de derechos es poner el grito en el cielo ante lo que sufren las palestinas, las racializadas que están lejos, mientras permiten y promueven una de las formas más vomitivas en las que se articula el machismo racista en occidente. Porque esas putas del Raval que Gala Pin tuvo la desvergüenza de citar en el debate sobre el asunto no son blancas catalanetes que se puedan permitir ir saltando de sillón en sillón político, no son precisamente eco-pijas con el estómago lleno de quinoa y salmón salvaje. Esas mujeres que malviven en la calle sufriendo todo tipo de violencias son negras, inmigrantes, pobres que fueron violadas y secuestradas para el ejercicio de eso que esta facción vergonzosa de la izquierda llama trabajo. ¿Dónde está la interseccionalidad de la que tanto alardean? ¿Dónde la descolonización de los cuerpos? ¿Acaso las negras merecen ser penetradas por desconocidos sin derecho a consentir porque son producto y las mercancías no hablan? ¿Merecen las inmigrantes sin papeles que las metan en zulos apestosos donde ser violadas todos los días de su vida para que se lucre ese chulo que tanto aman en Sumar? ¿Lo merecen las pobres y las desperadas? Yo qué quieren que les diga, de todos los racismos con los que me he topado a lo largo de la vida, prefiero el claro y directo, que por lo menos a las “racializadas” no nos ofrece como salida laboral hacernos putas. Najat El Hachmi es escritora.