viernes, 16 de enero de 2026

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY: LA RELIGIÓN EN EL ARTE. EL ANTIGUO TESTAMENTO EN 40 PINTURAS. PUBLICADO EL 23/01/2016





 




En todas las culturas y a lo largo de toda la historia del hombre, la religión ha jugado un papel fundamental en el desarrollo del arte: influyendo en sus motivos, inquietudes, formas y funcionalidades, y utilizándolo a menudo para expresar sus intereses. El mecenazgo religioso ha llevado al arte multitud de representaciones plásticas de muy diferentes sensibilidades, según su propia concepción del mundo sensorial y espiritual. Y todo ello, desde la prehistoria hasta el día de hoy.

La edición electrónica de la revista Jot Down, en su sección Arte y Letras, presenta en su último número un hermosísimo reportaje, firmado por Eloy Bilbao, titulado El espectáculo del Antiguo Testamento en 40 pinturas [https://www.jotdown.es/2016/01/el-espectaculo-del-antiguo-testamento-en-cuarenta-pinturas-i/],      en el que se nos ofrece, en una primera entrega que anuncia próxima continuación, una veintena de representaciones pictóricas firmadas por Miguel Ángel, Tiziano, Tintoretto, Bellini, Brueghel, Caravaggio, Ricci, Gérôme, Rembrandt y Van Dick, entre otros grandes artistas de la pintura universal.

La historia de la pintura occidental -dice el autor del reportaje- sencillamente no podría entenderse sin el cristianismo. Las causas de tan sólido matrimonio entre el arte y la religión dan para una tesis, pero en un primer vistazo es evidente que si la segunda descubría en el arte un atractivo vehículo para su mensaje, este no resultaba menos beneficiado al encontrar en la religión patrocinio y, no menos importante, inspiración. Raro es el pintor que de forma reiterada o al menos en algún momento de su carrera no haya querido retratar algún pasaje bíblico. Los ejemplos son innumerables, así que como una primera acotación nos centraremos ahora en el Antiguo Testamento. La verdad es que no le falta de nada: crímenes espantosos, sexo salvaje, lluvias de azufre y fuego, fenómenos paranormales, venganzas, traiciones y sobre todo mucho espectáculo y efectos especiales. De manera que a continuación va esta pequeña selección distribuida en dos partes con la que aportar un mínimo de orden y contexto, centrándonos especialmente en el Génesis y el Éxodo, que son las partes que más han llamado la atención de los artistas a lo largo de los siglos. Disfruten de ellas. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt












DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, TU PALABRA, DE MARÍA REGLA PRIETO









TU PALABRA



Tu palabra, padre,

me redimía del acechante averno,

alineaba planetas,

iluminaba astros,

y, como soplo divino,

rasgaba el aire.

Ella sola

alimentaba la ternura

de los silencios,

aligeraba el peso

de las noches

y levantaba la bruma

de la soledad primigenia.

Nombraste mi mundo

con tu certero verbo,

armonizándolo todo

o no.

Solo tu aliento

separaba la luz de las tinieblas,

alimentaba la avidez de la llama,

recomponiendo las raíces

del mundo.

No importa que no pudiera descifrar

la plegaria de la tormenta entonces

ni su estallido.

Qué más daba que me cegara

el resplandor amarillo del liquen,

que el temblor se apoderara

del albor de los sueños

o que me estremeciera

ante el secreto rumor del mar.

Mi despertar a la vida

se estrenó

con tu palabra.



MARÍA REGLA PRIETO (1964)

poetisa española

 












DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 16 DE ENERO DE 2026





 
























SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI, DIVENDRES, 16 DE GENER DE 2026, EN CATALÀ

 







Hola, bon dia de nou a tots. Ja estem enfilant el cap de setmana i el món segueix girant sobre si mateix indiferent a totes les nostres preocupacions i anhels. En el fons, és un consol, no creuen? No? Doncs jo tampoc però no tinc el remei, així que no hi insisteixo. La primera entrada del bloc d'avui va que el mantell protector dels EUA va abstreure el Vell Continent fins al punt de creure que la raó havia triomfat sobre la força després de la fundació de l'ONU, però com diu el filòsof Pau Luque Sánchez, aquest mantell es va acabar. La segona és un arxiu del bloc escrit el gener de 2016 on es comentava que en totes les cultures i al llarg de tota la història de l'home, la religió havia jugat un paper fonamental en el desenvolupament de l'art: influint en els seus motius, inquietuds, formes i funcionalitats, i utilitzant-lo sovint per expressar els seus interessos. El poema del dia es titula La teva paraula, i és de la poetessa espanyola María Regla Prieto. I la quarta i darrera, com sempre, són les vinyetes d'humor. Doncs només per avui, ens veiem demà si la deessa Fortuna ho permet. Sigueu feliços, si us plau. Tamaragua, amics. Petons. Els vull. HArendt












jueves, 15 de enero de 2026

EL ESTADO QUE ME AMÓ

 







En el sexto y último de los artículos preliminares que Kant propuso para una paz perpetua entre Estados, se prohíbe estrictamente el espionaje, el uti exploratoribus, que Kant tilda de «arte infernal». La prohibición, de acuerdo con Kant, debía mantenerse vigente incluso en tiempo de guerra pues de otro modo habría una pendiente resbaladiza, «no podría nunca ajustarse la paz –señala– y las hostilidades degenerarían en guerra de exterminio» (La paz perpetua). Lo escribe el filósofo Pablo de Lora en su artículo El Estado que me amó (Revista de Occidente, núm. 536, 11/01/2026), que reproduzco a continuación.

Vana pretensión la del filósofo de Königsberg, comienza diciendo, –amén de augurio falto de respaldo suficiente– que choca con el peso de la historia: del espía Caleb, comisionado por Moisés para explorar las posibilidades de asentarse en Canaán, hasta el doble agente Aldrich Ames, pasando por Thomas Edward Lawrence, el célebre Lawrence de Arabia, de quien Alejandro Molina escribe en este número –«Las múltiples vidas del soldado Shaw»–, por citar tan sólo algunos exponentes, el espionaje no encuentra descanso. Pero, además, esa prohibición kantiana se sostiene difícilmente si tenemos en cuenta las muchas razones morales –si bien de naturaleza «consecuencialista»– que justifican disponer de información que el «enemigo» no desea que se conozca y que, precisamente por ello, resultará útil, valiosa. De esta forma podemos, de la mano de Cécile Fabre (2022), caracterizar la actividad de espiar que resulta jurídica, política o moralmente más relevante por controvertida, aunque los contornos –por ejemplo, entre el espía y el detective, como bien pone de manifiesto Mercedes Cebrián en «De la gabardina al gadget: cuando espiar era un oficio elegante», o, contemporáneamente, entre las labores de «consultoría» y las del espionaje– no son siempre fáciles de demarcar.

Razón de Estado y espionaje justificado. No por casualidad, Maquiavelo, Grocio o Hobbes consideran el uti exploratoribus como parte del arte de la guerra, o cubierto por el ius in bello o por la «razón de Estado», respectivamente, y, así, con el nacimiento del Estado moderno, los embajadores, mensajeros, peregrinos o mercaderes que ejercían las labores de «información» son sustituidos por una maquinaria burocrática, como tantas otras piezas funcionales del engranaje estatal (Fabre, 2022, p. 12): los «fondos reservados» que tanto han dado que hablar en España son prueba elocuente de ello. Pues bien, en ese contexto, frente al absolutismo kantiano y como parte de un paradigma revisionista de la doctrina de la guerra justa pujante en los últimos años (así, por todos: McMahan, 2009), Cécile Fabre ha argüido que espiar está moralmente permitido, o es incluso obligatorio, en función de la causa; señaladamente, la protección de los derechos humanos o la prevención o disminución de la afectación de aquéllos en el contexto de las relaciones internacionales. Además, la actividad del espionaje ha de ser necesaria, proporcional y efectiva, como el uso mismo de la fuerza durante la guerra –de nuevo las exigencias del ius in bello grociano–.

Así, no hay justificación posible para las actividades que desarrolló a favor de la Unión Soviética el arriba mencionado Aldrich Ames, pues se movió por dinero; pero los engaños o confusiones que deliberadamente sembraron los dobles espías alemanes durante la Segunda Guerra Mundial en sus comunicaciones desde Inglaterra acerca del tino o desacierto de los misiles V-1 o V-2 lanzados contra Londres para, así, poder mantener su reputación y que siguieran siendo útiles para los británicos, incluso al precio de causar más víctimas británicas inocentes, tenían el noble objetivo de terminar derrotando al Tercer Reich (Burri, 2020). De manera muy parecida, como detalla en su análisis Julius Ruiz –«La quinta columna en la Guerra Civil española: mito y realidad»–, la existencia de esa «quinta columna» –un servicio de espionaje y fuerza de choque interna en pro de la sublevación franquista– que carcomía el noble propósito de la defensa de la República y su esfuerzo para que «no pasara» el fascismo, fue el eficaz expediente para justificar las matanzas de Paracuellos y otros desmanes de los republicanos durante la Guerra Civil.

El espía y la «trampa de miel». El espía que nos conmueve o intriga, el que repugna a la conciencia deontológica de corte kantiano pero también ejerce irresistible atractivo, no es el mero fisgón que microfilma el documento tras infiltrarse en las líneas o instalaciones enemigas cual James Bond, sino el traidor, el que hace del engaño, la deshonestidad, la simulación y la manipulación de otros su oficio, arte incluso; el que explota sagazmente la condición humana en beneficio de su noble causa informativa. Bajo ese paradigma ha pasado al panteón del espionaje un Kim Philby, por poner un ejemplo indudable, pero también las que han sabido pulsar la tecla de las pulsiones más primarias de su víctima y fuente de inteligencia: el placer sexual.

Dalila, valiéndose de sus «armas de mujer», descubre para los filisteos dónde radica la fuerza de Sansón, y desde ella, hasta Anna Chapman, la «007 rusa» infiltrada en los cenáculos y círculos de poder neoyorquinos, pasando por la célebre Mata Hari1 o Christine Keeler2, son muchas las mujeres que han tendido con gran eficacia la «trampa de miel», que acostumbra a decirse en la jerga del espionaje.

¿Y ellos? Haberlos haylos y los ha habido, aunque son menos conocidos y han inspirado menos. Roald Dahl, uno de los escritores de literatura juvenil más aclamados de la historia, usó sus artes de seducción para, siendo empleado de la Embajada británica en Washington, obtener información de importantes mujeres de la alta sociedad estadounidense, de inclinación pro-alemana, y así promover la causa británica durante la Segunda Guerra Mundial (Conant, 2009). Pero también disponemos de un caso más reciente y cercano en el tiempo y en la distancia, del que quisiera dar cuenta en lo que resta.

El espionaje, la inteligencia o contrainteligencia en general, necesariamente coloca a sus agentes en la posición de tener que quebrantar la ley, normas penales incluidas. En el límite, como también se ha reflejado en la novela o en el cine, los espías infiltrados, actuando como se les supone, o sometidos a pruebas internas con las que la organización infiltrada trata de detectar «topos», tienen que comportarse como «ellos», matando incluso. En casos menos extremos habrán de penetrar ilícitamente en archivos o sistemas informáticos, acceder a documentos reservados, hurtarlos o robarlos con fuerza en las cosas (escalar, romper puertas o ventanas, usar ganzúas o llaves falsas, como señala el artículo 239 del Código Penal) si fuera necesario. Pues bien, vale la pena preguntarse si, cuando utilizan la «trampa de la miel» para obtener información, cometen, en alguna de sus múltiples variantes, un delito contra la libertad e indemnidad sexual de su víctima.

La agresión sexual y el alcance del engaño. La pregunta sólo sorprende si se desconoce el contexto normativo en el que hoy se caracteriza la agresión sexual, una caracterización y una tipificación que, como se acostumbra a decir con lema manido, «pone el consentimiento –el de la presunta víctima– en el centro». Así, el artículo 178.1 del Código Penal que, tras la reforma operada por la conocida como «ley del sólo sí es sí», establece el tipo básico, reza:

Será castigado con la pena de prisión de uno a cuatro años, como responsable de agresión sexual, el que realice cualquier acto que atente contra la libertad sexual de otra persona sin su consentimiento. Sólo se entenderá que hay consentimiento cuando se haya manifestado libremente mediante actos que, en atención a las circunstancias del caso, expresen de manera clara la voluntad de la persona.

Los hechos que merecen atención son sencillos de exponer: D.H.P., policía nacional infiltrado en movimientos sociales vinculados al independentismo en Cataluña con la misión de recabar información, había mantenido relaciones sexuales con varias de las activistas a las que había conocido en el curso de sus labores de espionaje. Tiempo después, una vez fue desvelada su condición, esas mujeres acusaron al policía de haber cometido un delito de abusos sexuales, pues de haber conocido su identidad no habrían consentido a las relaciones que mantuvieron con él. Cabría incluso sostener que, si la encomienda por parte del poder público a su funcionario consistía específicamente en tender la «trampa de miel» para así ganarse la confianza de los miembros del grupo y obtener más y mejor información, el Estado podría aparecer como autor mediato del delito, si bien, como antes he apuntado, habría una exculpación posible dado el fin perseguido, común al resto de esas actividades de espionaje e información que de ordinario suponen quebrantamientos del ordenamiento jurídico.

Resulta, pues, fácil de aprehender la razón por la cual, al menos prima facie, el espía que tiende la «trampa de miel» pudiera ser un agresor sexual: el consentimiento que recaba está viciado por el (su) engaño3. De nuevo Roald Dahl puede venir al rescate: en su delicioso cuento «El gran cambiazo» –«The Great Switcheroo»– que publicó originalmente en la revista Playboy, en 1974, dos maridos se conjuran para acostarse con la mujer del otro, para lo cual se informan primero de los específicos gustos y preferencias amatorias de ambas. Aprovechan la noche y el hecho de que están dormidas y se cuelan en la cama ajena. El genial giro de la historia es que, a pesar de haberse olvidado la lección y haberse desplegado el haz de destrezas propias, la esposa del amigo goza como no había gozado antes. ¿Ha sido violada, pues, de haberse propuesto el amigo de su marido «con luz y taquígrafos», no habría consentido?

La licitud de una relación sexual depende del consentimiento, lo que, al modo de un interruptor, troca en permitido lo que está prima facie prohibido; en una concepción clínica o contractual de tal consentimiento en materia sexual, todos los elementos que hubieran sido decisivos para que se consintiera a esa interacción podrían igualmente determinar que la relación deba considerarse ex post como un supuesto de agresión si finalmente no se dan: así ocurriría en la relación sexual a cambio de precio si el cliente no paga a la prostituta tras el servicio recibido.

Pero más allá de los elementos «objetivos», piénsese en los subjetivos, en todas las capas de la identidad que harían declinar la propuesta y que son susceptibles de ser ocultadas con menos artificiosidad o fortuna que en el cuento de Dahl para así obtener, ora explícita ora implícitamente, el consentimiento: de la religión profesada a la propia condición sexual biológica, pasando por el nivel de ingresos o la afiliación política, más de uno y una pueden arrepentirse, incluso repudiar(se), por haberse encamado con quien creían musulmán y era judío; rico pero en realidad pobre; marxista y a fin de cuentas neoliberal, o, para nuestro caso, «indepe» y que resultó ser policía del «Estado opresor».

El problema de este planteamiento es que, como he tratado de argumentar en otro lugar (2019), toda forma de seducción sería en el límite un vicio del consentimiento, con lo que no habría espacio conceptual posible para la sexualidad lícita. Junto a ello, hacer depender la validez del consentimiento de cualesquiera aspectos –subjetivos u objetivos–, que la ahora presunta víctima de una agresión sexual tenga por decisivos, genera consecuencias groseras, entre otras, la banalización de la agresión sexual por indiferenciación (Coca Vila, 2023), cuando no una generalizada inseguridad jurídica. Piénsese en quien alegue haber sido víctima de una violación porque, en realidad, su amante, frente a lo que dijo o deslizó, si está casado, o su potencia viril está mediada por la Viagra y «así cualquiera».

Quizá la salida de este laberinto nos exige dar un paso atrás y preguntarnos: ¿a qué consentimos cuando tenemos relaciones sexuales? ¿En qué consistió el ejercicio de la autonomía sexual de esas mujeres que ex post facto (o más bien «acto») acusan al policía-espía de violación? Y es que parecería obvio que una cosa es engañar o traicionar sobre lo que se ha explicitado que se va a desear y rechazar en el transcurso de la relación sexual, y otra muy distinta no desvelar las características de la identidad de quien además sabe que, de ser desveladas, provocarían que no se consintiera. Lo segundo, me parece a mí, sólo podría suponer un reproche cuando existe el riesgo de causar un daño –piénsese en quien es portador del virus del sida y lo oculta– pero no así cuando simplemente se frustran expectativas si resultase que lo que las motivó forma parte de alguna de esas formas de «hipocresía civilizatoria», y más en el contexto de las relaciones sexuales; de la cosmética sobre nuestros defectos, la brillantina espolvoreada sobre nuestras virtudes, las alzas que enaltecen nuestra estatura moral, todo lo que nos exhibe en nuestra mejor versión frente a los demás y que circulan en la vida civil a lomos de un entramado de reglas y convenciones sociales que admiten el uso de esos maquillajes, y que no imponen a nadie la obligación de develar lo que pudiera ser causa de rechazo.

Así pues, las activistas independentistas, como las damas de la alta sociedad estadounidense a las que Roald Dahl engatusó, no consintieron más que a relacionarse sexualmente con un hombre que en ese momento juzgaron deseable; el objeto de su consentimiento no incluía, además, «tener relaciones sexuales con quien no sea un espía del Gobierno británico o un infiltrado de la Policía española». Así lo ha manifestado expresamente la Audiencia Provincial de Barcelona que, mediante Auto de 29 de julio de 2024, ha dado carpetazo al asunto mediante la inadmisión de la querella presentada por las activistas independentistas. Y por supuesto, no hay deber ninguno de revelar esa condición por parte de quienes luego son tenidos como posibles autores del delito de agresión sexual; y menos aún si resultaba que tal desvelamiento frustraba su labor como informantes para un fin que, se me antoja, se alineaba con bienes y derechos importantes.

Cuestión distinta es el engaño o la ocultación sobre la identidad nominal tal y como ocurre en el cuento de Dahl (Coco Vila, 2023), aunque tal vez las presuntas víctimas, lejos de reprochar al marido fake, celebrarán el «gran cambiazo». Quién sabe si quizá también, en su fuero interno, esas querulantes activistas despechadas. P. de L.












ENTRADA NÚMERO 9714

ARCHIVO DEL BLOG. HOY, LAS LÁGRIMAS DE MARIANNE. PUBLICADO EL 13/01/2015

 







À mes amies, depuis 1963, 

Marie-Claude Bonté et Françoise Selosse,

toujours à mon coeur 


Una semana después de los atentados terroristas en París a los redactores del semanario satírico Charlie Hebdo y un supermercado de comida judía en la Porte de Vincennes, saldados con veinte muertos, tres de ellos policías, e incluidos los tres terroristas abatidos por las fuerzas de seguridad, puede ser ya un buen momento para una recapitulación serena sobre lo sucedido y echar una mirada a lo que se ha dicho en España y algunos otros lugares sobre ello. 

En España los acontecimientos fueron seguidos con expectación, pero la respuesta ciudadana en apoyo de los ciudadanos franceses víctimas del terrorismo islamista no ha sido la que cabía esperar. ¿Por qué? No tiene una explicación racional si nos atenemos al hecho de que precisamente España es el país europeo más castigado por el terrorismo islamista, al menos en el número de víctimas. Resaltaba el hecho el escritor Luis Prados en un artículo en El País titulado "Todos somos Excalibur", en el que señalaba que las pequeñas concentraciones de residentes franceses en nuestro país o de la comunidad musulmana en Madrid o la iniciativa de un grupo de dibujantes en Galicía palidecían de vergüenza en comparación con las multitudes reunidas en Londres, Washington, Berlín y otras capitales. Resulta dramático, concluye su artículo, que parezca que los españoles estimen en tan poco su libertad que den más valor a la vida de un perro (Excalibur, el perro de la enfermera infectada de ébola, sacrificado por orden de las autoridades sanitarias) que a la de diecisiete víctimas del terrorismo. 

También el domingo pasado, en su crónica semanal en El País, la escritora Elvira Lindo escribía un corrosivo artículo titulado "¿Respeto o miedo?", reivindicando el derecho de humoristas y viñetistas a tomarse la religión y el poder a cachondeo sin tener que arriesgar sus vidas e invitándoles a tomar el relevo de los periodistas asesinados en la redacción de Charlie Hebdo sin tener que hacer repaso acerca de las posiblesa las culpas de Occidente, como ha hecho ese impresentable personaje que es el actor español Willy Toledo o el (¿negacionista?, ¿conspiranóico?) profesor estadounidense, Paul Craig Roberts, del que hablo más adelante.

El viernes, 9 de enero, el escritor y periodista canadiense David Brooks, escribía en The New York Times, El País y otros diarios, un clarificador artículo, "Yo no soy Charlie Hebdo", en el que apuntaba que quizá era este un buen momento para adoptar posturas menos hipócritas hacia nuestras propias figuras provocadoras, que concluía con estas palabras: "Las sociedades sanas no silencian el discurso, pero conceden un estatus diferente a los distintos tipos de personas. A los eruditos sabios y considerados se les escucha con gran respeto. A los humoristas se les escucha con un semirrespeto desconcertado, A los racistas y a los antisemitas se los escucha a través de un filtro de oprobio y falta de respeto. La gente que desea ser escuchada con atención tiene que ganárselo mediante su conducta. La masacre de Charlie Hebdo debería ser una oportunidad para poner fin a las normas sobre el discurso. Y debería recordarnos que desde el punto de vista legal tenemos que ser tolerantes con las voces ofensivas, aunque seamos selectivos desde el punto de vista social".

Ese mismo día y de nuevo en El País, el premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa publicaba un artículo con el mismo título que se se había convertido ya en el más fuerte alegato contra los terroristas de París: "Je suis Charlie Hebdo", que comenzaba diciendo: "Creo que lo que ha ocurrido en París en estos días es no sólo un hecho horrible que pone los pelos de punta por su crueldad y salvajismo sino también una escalada en lo que es el terror. Hasta ahora mataban personas, destruían instituciones, pero el asesinato de casi toda la redacción de Charlie Hebdo significa todavía algo más grave: querer que la cultura occidental, cuna de la libertad, de la democracia, de los derechos humanos, renuncie a ejercitar esos valores, que empiece a ejercitar la censura, poner límites a la libertad de expresión, establecer temas prohibidos, es decir, renunciar a uno de los principios más fundamentales de la cultura de la libertad: el derecho de crítica".

Y con la misma fecha la escritora y profesora neerlandesa de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, Ayaan Hirsi Ali, escribía para Global Viewpoint un artículo titulado "Cómo responder al atentado de París", que también reproducía El País, en el que decía: "Cuanto más conciliamos y nos autocensuramos más audaz se vuelve el enemigo [...] Después de la horrenda masacre del miércoles en el semanario satírico francés Charlie Hebdo, tal vez Occidente renuncie por fin a la abundante retórica inútil con la que intenta negar la relación entre la violencia y el islam radical. No fue el ataque de un pistolero perturbado que actuaba como un lobo solitario. No fue una agresión “no islámica” perpetrada por un puñado de matones: se pudo oír cómo los criminales gritaban que estaban vengando al profeta Mahoma. Tampoco fue una acción espontánea. Había sido planeada para causar el mayor daño posible durante una reunión del equipo, con armas automáticas y con un plan de huida. Fue diseñada para sembrar el terror, y en ese sentido, ha funcionado".

Un día antes, el profesor y filósofo español Manuel Cruz, en su blog Filósofo de guardia, escribía otro artículo sobre el atentado contra Charlie Hebdo: "Al enemigo ni agua (o los peligros del diálogo)", en el que señalaba: "El prestigio de las ideas, como tantas otras cosas en el mundo actual, es algo extremadamente volátil. La idea de diálogo, por ejemplo, hace tiempo que se encuentra en horas bajas. Son muchos los que, desde posiciones que en principio se diría muy alejadas, coinciden en desdeñarla, cuando no en criticarla abiertamente. En especial por la connotación blanda, humanistoide, buenista que suele ofrecer. Frente a ello, la actitud presuntamente firme, coherente, rotunda, goza de saludable imagen. [...] Quien es de veras radical es el que se atreve a medirse con el otro, lo que no deja de ser una forma de medirse con uno mismo. Dialogar es una forma de beneficiarse de lo mejor del otro, tanto como de enriquecerlo con nuestros aciertos".

Casi voy terminando con este repaso selectivo de los dicho sobre los atentados islamistas de París. El escritor y periodista español Ilya U. Topper escribía desde Estambul para el diario electrónico El Confidencial un durísimo alegato titulado "Respetando a los caníbales: Europa es cómplice del fundamentalismo islámico" en el que decía: "Europa ha fomentado de forma activa y continua, de forma criminal, las corrientes más extremistas del islam, financiadas desde Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y sus vecinos gracias a la marea del petróleo [...] La izquierda probablemente desgastará sus últimos cartuchos de tinta en intentar convencerse a sí misma de que el islam de los saudíes es diferente, exótico, intocable, digno de todo respeto como cualquier rito de una lejana tribu caníbal. [...] Europa, sus gobiernos, sus pensadores, sus demagogos, -termina diciendo- son el aliado necesario para los dirigentes de la hegemonía islamista financiada con petrodólares cuyo objetivo es convertirse en dueños absolutos de esa sexta parte del globo habitada por musulmanes, o personas forzadas por ley a considerarse musulmanes. Dueños absolutistas, por encima de las críticas, las parodias, las sátiras y las consideraciones de derechos humanos. Esto nada tiene que ver con una islamización de Occidente. Europa no es víctima. Es cómplice".

Contrapunto a las opiniones anteriormente expresadas, el politólogo estadounidense Paul Craig Roberts, exsubsecretario del Tesoro bajo la presidencia de Ronald Reagan, se sumaba en su blog a la teoría conspiranoica tan del gusto de la televisión de Putin (que no ha desaprovechado la oportunidad de oro que se le ofrecía) atribuyendo la autoría intelectual de los atentados de París a indeterminados servicios secretos occidentales,  No hay prueba alguna de la misma y las evidencias dicen lo contrario, pero ¿qué importan las evidencias cuando contradicen nuestros deseos?

Marianne, la matrona símbolo de la República Francesa llora y honra a las víctimas de los atentados del 7, 8 y 9 de enero. Sus lágrimas nos estremecen, pero ¿y ahora, qué hacer?. Los gobiernos de la Unión Euopea se han apresurado a anunciar medidas de control dentro y sobre las fronteras de la Unión en aras de la seguridad. Al lema de la República: Libertad, Igualdad y Fraternidad ¿pretenderán añadirle un cuarto:  Seguridad? Bien, pero no en detrimento de la Libertad. Decía Thomas Jefferson, padre de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América y tercer presidente del país, que quien sacrifica su libertad a su seguridad acabará más o menos tarde por perder ambas. 

No es casualidad, no puede serlo, que la libertad ocupe el primer lugar del lema del republicanismo, por delante de la igualdad y la fraternidad (solidaridad, diríamos ahora). También aquí podemos aducir la experiencia de la historia: libertad, igualdad y solidaridad están en un mismo plano, sí, pero tenemos que tener claro cual es la prioridad: no hay igualdad que valga sin libertad. Lo contrario es la igualdad del comunismo, de las experiencias totalitarias habidas, y quizá por haber. No hay igualdad posible sin libertad, pero conseguir la igualdad es sencillísmoi, basta con suprimir las libertades... y todos esclavos. Ya lo han intentado varias veces en el pasado siglo, y funcionó. En todo caso, como ha dicho el primer ministro francés, Manuel Valls, no estamos en una guerra de religiones, sino en una guerra contra el terrorismo y el fanatismo.

Al final de su libro "La invención de los Derechos Humanos" (Tusquets, Barcelona, 2009), la historiadora y profesora estadounidense de la Universidad de California en Los Ángeles, Lynn Hunt, dice: "La violencia (¿terrorista?) dista mucho de ser excepcional o reciente; judíos, cristianos y musulmanes llevan mucho tiempo tratando de explicar porqué el Caín bíblico mató a su hermano Abel. A medida que han pasando los años desde las atrocidades nazis, estudios detenidos han mostrado como seres humanos corrientes, sin anormalidades psicológicas ni apasionadas convicciones políticas o religiosas podían ser inducidas en circunstancias apropiadas a cometer con sus propias manos lo que sabían que eran asesinatos en masa. Todos los torturadores de Argelia, Argentina y Abu Ghraib también empezaron siendo soldados corrientes. Los torturadores y los asesinos son como nosotros, y con frecuencia infligen dolor a personas que tienen delante. [...] El marco de los derechos humanos, con sus organismos internacionales, sus tribunales internacionales y sus convenciones internacionales, podría resultar exasperante dada la lentitud conque responde o la repetida incapacidad de alcanzar sus objetivos últimos; sin embargo -añade la profesora Hunt- no disponemos de ninguna estructura mejor para afrontar estos asuntos. Los tribunales y las organizaciones gubernamentales, por muy internacional que sea su ámbito, siempre se verán obstaculizadas por consideraciones geopolíticas. La historia de los derechos humanos demuestra que al final la mejor defensa de los derechos son los sentimientos, las convicciones y las acciones de multitudes de individuos que exigen respuestas acordes con su sentido interno para la indignación". 

Termino. Desde este enlace del diario El País pueden acceder a un listado actualizado día a día y permanentemente de todos los artículos publicados hasta la fecha, y que se vayan publicando en lo sucesivo en el mismo, sobre los atentados de París. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt





















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY: UN PASEO POR EL LOUVRE, DE PEDRO ALCARRIA

 








UN PASEO POR EL LOUVRE



Es el error fatal de abrigar esperanzas:


Siempre que voy al Louvre a iluminarme

me asalta un ataque de furor.


No perdono la belleza

que es como una perra cariñosa

saltando de alegría a mi lado.


Y querría apalearla hasta la muerte,

por un repugnante juego de la inteligencia,

por el trino ambicioso de mi corazón.


Y me pongo a contar fábulas idiotas,

de las que no tengo fotos ni pruebas.


Todo para que el asno ascienda.


A menudo me arrepiento,

-sala tras sala del Louvre

de este arranque atrabiliario,

de esta flor de mi crimen,

de estos estúpidos augurios.


Maldiciendo por los pasillos del museo,

enfermo de esperanza.



PEDRO ALCARRIA (1975)

poeta español

























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 15 DE ENERO DE 2026