jueves, 2 de octubre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY JUEVES, 2 DE OCTUBRE DE 2025

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 2 de octubre de 2025. La belleza no cotiza en el mundo actual pero Robert Redford y Claudia Cardinale lo fueron por dentro y por fuera, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el cineasta David Trueba. En la segunda, un archivo del blog de diciembre de 2012, hablaba de su pasión por Hannah Arendt y reproducía el prólogo de Fernando Savater a su obra La condición humana. El poema del día, en la tercera, se titula Ensimismamiento, es de la filósofa Hannah Arendt, y comienza con estos versos: Cuando contemplo mi mano/—una cosa ajena pero emparentada conmigo—/de pronto no estoy en ningún país,/no quedo sujeta a ningún aquí ni a ningún ahora,/ni quedo ligada a ningún qué. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt












DEL DÉFICIT

 







La belleza no cotiza en el mundo actual pero Robert Redford y Claudia Cardinale lo fueron por dentro y por fuera, escribe en El País [El déficit, 30/09/2025] el cineasta David Trueba. Aunque a veces lo ignoremos, la búsqueda de la belleza, en lo que tiene de armonía, es un motor del mundo. Lo malo es que la belleza no cotiza en los mercados, como lo hace el petróleo, el oro o las acciones de las grandes empresas. Nos ha tocado vivir un momento en el que algunos de los liderazgos más importantes tanto en lo político como en lo social en lugar de traer algo de belleza al mundo están empeñados en ensuciarlo y vulgarizarlo, subidos a una ola salvaje en la que el resentimiento de unos contra los otros resulta ser la emoción más rentable de agitar. Al ver morir, casi simultáneamente, a dos personas como Robert Redford y Claudia Cardinale es normal que nos asalte una preocupación: ¿cómo vamos a compensar este déficit de belleza en el mundo? Porque Redford no solo fue ese rubio ideal con la raya del pelo al lado de los zurdos y una mirada pausada y entre irónica y civilizada, sino también un señor que se preguntó a menudo por las desigualdades sociales y las enmiendas al progreso.

Una vez fui invitado a su festival de Sundance entre las nieves de Utah para presentar una película que habíamos rodado íntegramente en un cuarto de baño de Madrid durante doce días. El actor y director norteamericano estaba empeñado en que las grandes corporaciones de Hollywood no fueran los únicos diseñadores de cómo había de ser el cine. El sello de cine independiente norteamericano taponó la llegada a ese mercado del cine extranjero. Ya poco celebró, como había celebrado dos décadas antes, nombres ajenos como Kurosawa, Fellini o Truffaut. Las grandes corporaciones crearon y adquirieron los sellos mal llamados indies para acabar por dominar todas las esquinas de la exhibición en aquel país. Harvey Weinstein fue el epítome de esa prepotencia disfrazada de alternativa, con su dominio escandaloso de los premios Oscar y los Globos de Oro. En el festival de Sundance se citaba un público especial, muchos se tomaban una semana de vacaciones para venir a ver películas que no se parecieran a las que poblaban las pantallas de los centros comerciales de los suburbios en que vivían. Incluso se utilizaba una sinagoga como sala de proyección donde al acabar se tomaba un vino y se discutía la película. Me regalaron un anorak para los días de frío que aún conservo y que me hace acordar con cariño del protagonista de Las aventuras de Jeremiah Johnson y El valle del fugitivo. Un tipo que fue guapo por dentro y por fuera.

A Claudia Cardinale la conocí en persona gracias a mi hermano Fernando, que le dio un papel en una de sus películas. Era ya una anciana, pero alegre e inteligente como esas presencias que embellecen el rincón que ocupan. Esa es una de las mejores contribuciones al planeta. Era dueña de una impresionante belleza, Ocho y medio o El gatopardo sirven de muestra. Una brutal biografía de emigrante, con un hijo fruto de una violación a los 17 que presentó durante años como su hermano pequeño, le daba autoridad para ser una voz feminista y comprometida. Hay relevos para sus figuras en el cine, pero costará igualar su significación, su afán de mejora, su generosidad tras alcanzar el éxito y su empeño porque el mundo fuera un poco menos abominable. Si fuéramos una especie seria, nuestros suplementos económicos y nuestras cabeceras de noticias llevarían una semana preguntándose por cómo vamos a compensar este déficit. Tanta horterada cruel precisa de un contraste hermoso que la ponga en evidencia. David Trueba es escritor y director de cine.
















DEL ARCHIVO DEL BLOG. REIVINDICACIÓN DE HANNAH ARENDT. PUBLICADO EL 13/12/2012

 









Traer a Hannah Arendt a este blog no necesita justificación alguna. Si acaso, el cumplimiento del deseo ya anunciado hace unos días de dedicarle una atención especial en el transcurso de este mes de diciembre en que se cumplen los treinta y siete años de su fallecimiento.

El título de la entrada de hoy tiene su razón de ser en las brevísimas páginas que el filósofo y ensayista Fernando Savater le dedica en la presentación de la edición de su, quizá, obra más emblemática, La condición humana, en la colección Ensayo Contemporáneo del Círculo de Lectores, que ya comenté en una entrada anterior. Páginas, apenas un par, no por breves menos admirativas hacia su persona y su obra, y que reproduzco más abajo. 

Dice en ellas nuestro filósofo que la elección de Hannah Arendt y su libro La condición humana para inagurar la colección de ensayo contemporáne no significa menosprecio alguno hacia la obra de otras mujeres como Virginia Wolf o Simone de Beauvoir, sino al deseo de potenciar obras que no versaran propiamente sobre la propia condición femenina.

A Hannah Arendt, dice, le debemos la reflexión filosófica sobre la política más genuina de este siglo. Reflexión llena de originalidad inspiradora, incluso para quienes menos comparten sus análisis, ya que su filosofía política no aspira al final de la política sino a su esclarecimiento y prolongación. Arendt, dice más tarde, permanece siempre entusiástica y lúcidamente fiel a la política como actividad, porque para ella, añade, hacer política es también hacer humanidad. Les dejo con Savater:

Pregunten a cualquier persona de instrucción media o alta, aunque sin especiales conocimientos de historia política, cuándo conquistaron las mujeres efectivamente su derecho a votar en nuestras democracias europeas. El noventa por ciento responderá que fue a mediados del siglo pasado, todo lo más en su última década. Y se sorprenderán al saber que el primer país en incorporar tal derecho (¡cómo tantos otros!), Inglaterra, no lo hizo hasta bien avanzado el siglo XX. Aún viven entre nosotros muchas personas que nacieron antes de lo que hoy se considera un requisito básico de cualquier democracia mínimamente decente. Recordémoslo antes de indignarnos virtuosamente contra los intolerables abusos machistas de ciertos países islámicos o del Oriente profundo...

En el plano de la educación superior, la docencia universitaria o la creación intelectual, la "novedad" que representa la plena aceptación de mujeres -¡allí donde afortunadamente se da!- en tales desempeños no es mucho menor. Lo que hoy es cuestión de sentido común era común sinsentido hace poquísimo. Disculpemos pues, cuando los haya, los excesos de énfasis de las feministas y no perdamos la perspectiva histórica que sirve para sustentar la vigilancia antidiscriminatoria. No se trata de "corrección política", sino de mera precisión cultural y equidad humana.

Estos precedentes explican en parte la escasez de ensayos firmados por mujeres en esta colección. En tal penuria interviene también otro factor: la más pronta y destacada incorporación femenina a la creación propiamente literaria que a la producción ensayística. Los casos indiscutibles de Jane Austen, George Sand, Emily Bronte, Emily Dickinson, etcétera, tardan más en aparecer -a mi juicio- en el campo del ensayo, pese a excelentes pioneras como Mary Wollonescraft y alguna otra. Aunque quizá sea cuestión de ir recuperando lo hasta ahora sectariamente minusvalorado. En nuestro siglo, los más obvios ensayos escritos por mujeres candidatos a selección creo que serían Una habitación propia de Virginia Wolf y sobre todo El segundo sexo de Simone de Beauvoir. Si hemos preferido otros de Hannah Arendt o María Zambrano no ha sido por menosprecio de la calidad de los anteriores, sino por potenciar obras que no versaran prioritariamente sobre la condición femenina. Una de las formas más habituales -y sutiles- del menosprecio cultural es reconocer a los miembros de un grupo hasta hace poco discriminado solamente la capacidad de teorizar sobre sí mismos, pero no sobre lo común a todos o lo universal. Por eso me ha parecido digno de la más elemental justicia poética -¡y filosófica!- empezar aquí por la inclusión de un libro espléndido significativamente titulado La condición humana. 

A Hannah Arendt le debemos la reflexión filosófica sobre política más genuina de este siglo. Digo "genuina", no simplemente acertada o sugerente. Por supuesto, su gran libro sobre los orígenes del fenómeno totalitario, su comparación entre la revolución americana y la francesa a la luz de las libertades públicas, sus esbozos sobre la violencia o sobre la crisis de la educación, están siempre llenos de originalidad inspiradora incluso para quienes menos comparten su análisis (¡con la posible excepción de sir Isaiah Berlin, que siempre le tuvo una ojeriza teórica sin desmayo!). Pero su filosofía política es genuina porque no aspira al final de la política, sino a su esclarecimiento y prolongación.

Me explico: el filósofo que se dedica a la epistemología no ansía llegar a una visión del conocimiento capaz de cancelar su progreso ulterior, ni el que piensa sobre moral pretende que llegue el momento feliz en que la moral sea cosa del bárbaro pasado... ¡aunque fuese gracias a la victoria definitiva del Bien! Pero el noventa por ciento de los filósofos políticos parecen considerar que la actividad política misma, su agitación, sus constantes cambios de proyecto o ideal, etcétera, son algo a erradicar cuanto antes. El ejercicio contradictorio de la política (necesariamente contrtadictorio, porque si no faltaría la libertad que lo hace posible) proviene para ellos de ambiciones, caprichos o accidentes igualmente detestables. De ahí su empeño por promulgar el "final de la historia" o la "utopía", objetivos simétricos aunque el primero sea conservador y el segundo, supuestamente revolucionario. En ambos casos (y en otros adyacentes, aunque menos graves) se da a entender que la culminación de la política llegará cuando ya no sea necesario hacer política.

Por el contrario, Arendt permanece siempre estusiástica y lúcidamente fiel a la política como actividad. Y la vincula en cuanto tal a la concepción de la vida humana como algo más que la acumulación de labores reproductivas o fabricación de objetos. Para ella, creo que acertadamente, hacer política es también hacer humanidad. Desde el punto de vista genérico de esta colección, La condición humana es particularmente interesante porque muestra las posibilidades del ensayo para abordar de una manera casi "aérea" perspectivas amplísimas que un tratadista minucioso no lograría agotar satisfactoriamente salvo que perpetrase toda una biblioteca de agobiantes volúmenes. Y desde luego porque en este caso el resultado de tal perspectiva sintetizadora merece realmente la pena. Y sean felices, por favor. A pesar del desgobierno que padecemos. Tamaragua, amigos. HArendt













DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, ENSIMISMAMIENTO, DE HANNAH ARENDT

 








ENSIMISMAMIENTO


Cuando contemplo mi mano
—una cosa ajena pero emparentada conmigo—
de pronto no estoy en ningún país,
no quedo sujeta a ningún aquí ni a ningún ahora,
ni quedo ligada a ningún qué.

Entonces me siento como si tuviera que despreciar el mundo:
pues bien, por mí que transcurra el tiempo
con tal de que no sucedan más señales.

Contemplo mi mano,
que guarda un parentesco conmigo inquietantemente cercano,
siendo no obstante una cosa distinta.
¿Es más de lo que yo soy?
¿Tendrá un sentido superior?


¿Por qué me das la mano
con timidez y como a escondidas?
¿Tan lejano es el país del que vienes?
¿No conoces nuestro vino?

¿En tamaña soledad vives
que no conoces nuestra hermosísima fogosidad
cuando estamos uno en otro
con el corazón y con la sangre?

¿No conoces las alegrías diurnas
cuando uno va con el amado?
¿Ni conoces la despedida vespertina
cuando uno va aquejado de pesadumbre?

Vente conmigo y quiéreme,
no pienses en tus miedos.
¿Acaso no puedes sincerarte?
Ven y toma y da.

Vayamos luego por los campos dorados
—amapola y trébol silvestre—,
y más tarde, en el ancho mundo,
nos llegará a doler

cuando sintamos que el recuerdo
sopla con fuerza en el viento,
cuando, estremeciéndose, suspire nuestra alma
con una ternura de ensueño.




Hannah Arendt (1906-1975)
escritora estadounidense



















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY JUEVES, 2 DE OCTUBRE DE 2025

 




























miércoles, 1 de octubre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY MIÉRCOLES, 1 DE OCTUBRE DE 2025

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 1 de octubre de 2025. Tengo un truco para detectar a la gente que se odia a sí misma: son los que te tratan mal cuando tú los tratas bien, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora Marta Peirano. En la segunda, un archivo del blog de octubre de 2014, HArendt ironizaba sobre el cálculo de probabilides: ¿Sabían ustedes que la probabilidad de sufrir un accidente aéreo es de 1 entre 4.000.000? ¿Sabían ustedes que la probabilidad de sufrir un error clínico grave si está internado en un hospital es de 7 entre 100? ¿Sabían ustedes que una revisión de historias clínicas en los hospitales de Nueva York demostró que 4 de cada 100 pacientes fueron objeto de errores clínicos registrados y que esos errores causaron la muerte de 14 de cada 100 pacientes afectados? ¿Sabían ustedes que cada año 300.000 personas desarrollan infecciones adquiridas en los hospitales españoles? Sí, seguramente si lo sabíamos, o lo intuíamos, pero preferimos ignorarlo. El poema del día, en la tercera, se titula Humedal, está escrito por la poetisa argentina Daiana Henderson, y comienza con estos versos: Anoche, de súbito pero sin susto, me desperté en la cama./Dormía boca abajo con las dos/manos empuñadas en el hueco de mi cuello/los codos apretados contra los costados del cuerpo. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt













DEL MAL QUERER

 












Tengo un truco para detectar a la gente que se odia a sí misma: son los que te tratan mal cuando tú los tratas bien, comenta en El País [El mal querer, 29/09/2025] la escritora Marta Peirano. Vivo rodeada de gente que lo consigue de forma frecuente y aparentemente sin esfuerzo, pero hacer amigos es para mí un acontecimiento extraordinario, prácticamente mágico, un hecho histórico y excepcional, comienza diciendo Peirano. Sufro importantes limitaciones. En un acto social, mi ancho de banda no supera las cinco personas, incluyendo las que ya conozco. Tampoco fui agraciada con el don de la promiscuidad. Quizá por eso, cuando la conexión sucede, para mí es como estar enamorada. Pienso en esta nueva persona cada día y me gusta escuchar sus audios de cuatro minutos por el simple placer de oírla reír o pensar. Quiero ver fotos de su familia, visitar la aldea de su infancia, descubrir lo antes posible cuántas canciones, películas y ciudades favoritas tenemos en común. Leo todo lo que escribe y escucho todo lo que dice. Hago regalos sin justificación. Soy instantáneamente cariñosa, violentamente protectora, y doy por hecho que esa persona siente lo mismo. Todo esto es muy problemático. Todos vemos el mundo como somos nosotros, y no como realmente es.

Hay personas que, cuando reciben amor, lo devuelven por triplicado. Cuando se cruzan conmigo, estalla un romance victoriano de escribirse mucho, intercambiar ropa, ir al cine los martes. Sincronizarse, contarse la infancia, leer los mismos libros a la vez. Cuando ese romance echa raíz, el mundo se expande porque podemos vivir en él con ligereza, equivocarnos en alto y arriesgar por encima de nuestras posibilidades. También porque uno entra en las sombras del otro y las protege y las hace suyas. El amor no nos hace perfectos pero sí más libres porque, irónicamente, amamos más en los defectos que en la virtud.

Luego hay personas que, cuando las quieres, te tratan mal. Mi tesis más generosa es que lo hacen porque no te creen. Sienten que no merecen ser queridas y desconfían de tus intenciones; o “saben” que dejarás de hacerlo en cuanto las conozcas de verdad. Entonces te ponen a prueba constantemente o mantienen las defensas puestas, o te castigan por querer convencerlos de algo que “saben” que no es cierto. Típica profecía autocumplida porque, el día que abandonas por agotamiento, confirmas su peor teoría sobre sí mismos.

La variante extrema es el cínico que ve tu generosidad y tu cariño como debilidades a explotar. Los que creen que toda relación es un juego en el que sólo existe dominar o ser dominado, o eres el quе pimpea o te pimpean a ti. Tardamos en darnos cuenta porque son grandes imitadores del amor. Lo simulan para elevar su estatus, conseguir contactos, atención y oportunidades. No creen en la reciprocidad. Hay nombres muy feos para esa clase de gente, porque la vergüenza del incauto es incompatible con la compasión. Pero tiene que ser triste que todos se arrepientan de haberte querido. Hasta las plantas más venenosas necesitan la luz.

Amar es peligroso. Exige que abandones la máscara de normalidad y ofrezcas todo lo que hay dentro, esplendor y miseria, lo bello y lo terrible, todo sin editar. No trae garantía de supervivencia. Dice Alain de Botton que por eso hay quien se pasa la vida esquivándolo y llega a los 50 sereno y vacío. No saben que el propósito de la vida no es salir indemne sino ser derrotado por cosas cada vez mayores. Conquistar el espacio para poder estirarnos y crecer. Marta Peirano es una periodista española especializada en las relaciones entre tecnologías informáticas y poder.​​ Ha publicado varios libros sobre derechos digitales y sobre el conflicto entre ciberseguridad y privacidad en la sociedad de la información.​ Vive entre Madrid y Berlín.
















DEL ARCHIVO DEL BLOG. CÁLCULO DE PROBABILIDADES. PUBLICADO EL 31/10/2014

 






¿Sabían ustedes que la probabilidad de sufrir un accidente aéreo es de 1 entre 4.000.000? ¿Sabían ustedes que la probabilidad de sufrir un error clínico grave si está internado en un hospital es de 7 entre 100? ¿Sabían ustedes que una revisión de historias clínicas en los hospitales de Nueva York demostró que 4 de cada 100 pacientes fueron objeto de errores clínicos registrados y que esos errores causaron la muerte de 14 de cada 100 pacientes afectados? ¿Sabían ustedes que cada año 300.000 personas desarrollan infecciones adquiridas en los hospitales españoles? Sí, seguramente si lo sabíamos, o lo intuíamos, pero preferimos ignorarlo. Entrar en un hospital es hacer oposiciones a contraer una enfermedad más grave que aquella que te ha hecho ir a él... Es como para echarse a temblar. Lo comentaba hace un tiempo en El País, con ironía y algo de mala leche (justificada), el doctor Jesús Villar, miembro de la Red de Investigación Translacional en Disfunción Orgánica del Hospital Universitario Dr. Negrín de Las Palmas de Gran Canaria. Una de las causas principales de estas infecciones son responsabilidad directa de los médicos, enfermeras y del personas sanitario de los hospitales por no cumplir con las normas de esterilidad previstas... 

Nuestra casa en Las Palmas está a escasos quinientos metros de dos de los principales centros hospitalarios de la isla: el Hospital General Universitario de Gran Canaria (el Hospital Insular) y el Hospital Materno-Infantil de Gran Canaria. Cada día decenas de médicos, enfermeros, personal sanitario, limpiadoras, administrativos, bedeles y el sursumcorda, aparcan sus coches en las calles de nuestro barrio y bajan hasta los hospitales citados con sus batas blancas y verdes, sus monos de trabajo, y sus zuecos puestos, los mismos con los que van a atender a los pacientes, enfermos y visitantes de los centros sanitarios. Y al finalizar su jornada de trabajo, vuelta al coche, arrastrando todos los virus y bacterias a su domicilio particular... Y así, hasta el día siguiente, y vuelta a empezar. A pesar de que los protocolos de ambos centros hospitalarios establecen claramente que el personal no puede entrar ni salir de los mismos con las ropas de trabajo puestas a nadie parece preocuparle. Ni a los gestores de los hospitales, ni a los controladores del personal sanitario, ni a los propios infractores, ni a los pacientes y sus familiares... Procuren no ponerse enfermos por si acaso. Sean felices por favor. Y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt




















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, HUMEDAL, DE DAIANA HENDERSON

 







HUMEDAL




Anoche, de súbito pero sin susto, me desperté en la cama.

Dormía boca abajo con las dos

manos empuñadas en el hueco de mi cuello

los codos apretados contra los costados del cuerpo,

una posición, diríase, poco convencional o agraciada

y sin embargo

lo plácida que me sentía

aun habiendo despertado y escuchado

en medio de la noche el silencio más total.

Ni una hojita crujiendo, todo congelado

por el frío, ni un gato saltando el tapial

los perros ovillados postergaban sus ladridos teatrales

que en verano derrocharían para demostrar su punto:

su imprescindible función en el hogar.

Tampoco los graznidos de una bandada

organizada en forma de comilla angular, ni alarmas

bocinas o el rugido de un motor en guardia.

El espíritu de la noche me despertó

y me honró con una responsabilidad.

Tengo un canto, me dijo, vas

a por fin escucharlo, aclimatá tu oído

no lo has sentido todavía, sentí.

Y aunque sentí no escuché nada,

tampoco su voz dulce que decía

no te duermas,

no te duermas




DAIANA HENDERSON (1988)

poetisa argentina

























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY MIÉRCOLES, 1 DE OCTUBRE DE 2025

 





























martes, 30 de septiembre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY MARTES, 30 DE SEPTIEMBRE DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 30 de septiembre de 2025. El exilio es dramático, pero no entiendo a quienes lo sufren y aun así se suman a discursos excluyentes y xenófobos, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy el escritor cubano Leonardo Padura. En la segunda, un archivo del blog de septiembre de 2014, HArendt comentaba que una de las razones de que los títulos de muchas entradas del blog fueran "entrecomillados" no era solo la falta de respuesta clara del autor, es decir, de él, a lo que se planteaba en el titulo; sino que tampoco tenía clara cual debería ser la pregunta; será por eso que decía Dante de que "tanto como saber le agradaba dudar", o el más cercano en el tiempo, Voltaire, de que "la verdad era una fruta que convenía cogerse muy madura". El poema del día se titula Agua y polvo, es de la poetisa española Kiku Adatto, y comienza con estos versos: Tengo una pequeña disputa con Dios/una más grande con los hombres./Se trata de la historia bíblica/de la creación,/que no es una historia/sino dos, una tras otra. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt















DEL EXILIO

 







El exilio es dramático, pero no entiendo a quienes lo sufren y aun así se suman a discursos excluyentes y xenófobos, comenta en El País [Ángeles caídos, 28/09/2025] el escritor cubano Leonardo Padura.

1. Unos meses después de establecerse en Madrid, Irving fundó una costumbre. La practicaría cada domingo, con sol o lluvia, frío o calor, con algún o casi ningún dinero en los bolsillos. Saldría de su minúsculo piso rentado en Chueca, bajaría hasta la plaza de Vázquez de Mella, donde desayunaría con un cruasán y unos churros mojados en café cortado. Luego compraría la edición dominical de EL PAÍS y buscaría la calle de Alcalá para cruzar la Cibeles. Ya con la puerta de Carlos III a la vista, siempre cantaría en voz baja los versos más pegajosos de aquella canción que desde hacía mucho lo perseguía: “Mírala, mírala, mírala, la puerta de Alcalá…” y, dejando a su izquierda el monumento, penetraría en el parque del Buen Retiro.

Irving nunca privilegió uno de los posibles senderos hacia su meta en el parque. Tomaba uno u otro según su ánimo. Si estaba muy nostálgico, buscaba la plaza de Cuba, si estaba muy cabrón, pues el monumento a Valeriano Weyler, el genocida de la guerra de Cuba, y aliviaba la tensión cagándose en su puta madre. Entonces enrumbaba y no paraba hasta llegar a su destino manifiesto: la fuente del Ángel Caído.

Allí se acomodaba en alguno de los bancos cercanos y volvía a contemplar la extraña representación diabólica, una de las pocas estatuas erigidas al demonio y colocadas en un sitio público. La obra, creada por el escultor Ricardo Bellver en 1885, había sido montada sobre un pedestal, diseñado por el arquitecto Francisco Jareño, que no demeritaba la calidad de la pieza que sostenía. Al paseante dominical le atraía el dramatismo y movimiento del conjunto, el rostro aterrorizado del ángel condenado por su vanidad a convertirse en morador de las tinieblas y también admiraba las caras luciferinas de los monstruos que rodean el octágono del pedestal y alimentan el estanque por las comisuras de sus fauces.

Entonces Irving abría el periódico, leía algunos de los artículos e informaciones del día y solía sentir que los embates de su desarraigo se tranquilizaban, le daban un respiro para seguir, avanzar, procurar el complicado trámite de intentar pertenecer a un sitio ajeno.

Irving, es hora de decirlo, era cubano, diseñador de profesión, gay de nacimiento, y ahora exiliado o migrante por necesidad. Y, también debo recordarlo, Irving es un personaje de ficción, pero pudo haber sido una persona real.

2. En 1836, sabiéndose enfermo de muerte, el poeta desterrado cubano José María Heredia le envió una carta al capitán general español de la isla de Cuba pidiéndole una dispensa para poder volver por unas semanas a su patria, donde pretendía despedirse de su madre y hermanas. Heredia había salido al exilio en 1824 y, por sus actividades independentistas, condenado al destierro eterno que lo había llevado a Estados Unidos y luego a México, donde moriría en 1839 y sería sepultado en una fosa común.

Cuando a fines de 1836 Heredia pudo regresar a la isla, varios de sus compatriotas, escritores como él, criticaron lo que ellos consideraron una claudicación del poeta. Alguno, incluso, lo calificó de “ángel caído” por haber solicitado un permiso para el breve regreso. Heredia perdía su estatura moral con semejante decisión, adujeron esos compatriotas suyos, escritores como él que nunca asumieron los riesgos que él corrió ni recibieron los castigos que él sufrió.

Un siglo y medio después, otros exiliados cubanos se vieron imposibilitados de volver a la tierra natal cuando en ella enfermaron o murieron algunos de sus afectos. La condena al destierro eterno por sus actitudes o pensamientos disidentes fue incluso más compacta que la sufrida por Heredia en tiempos de la colonia. Todavía hoy existen cubanos sin posibilidad de retorno.

3. El exilio es dramático, desgarrador. Entraña muchos extravíos culturales y casi siempre exige la práctica de estrategias de asimilación a otras costumbres y modos de entender la vida, en un proceso que quizás llegue a compensar a la persona desarraigada con diversas ganancias: económicas, políticas, incluso intelectuales. Pero el dolor por lo amputado puede ser incurable. Y es comprensible. El exiliado debe armarse de escudos protectores para seguir adelante.

En Cuba, mi país, vimos a muchos españoles pasar por esos trances. Porque este es un drama universal. Inmersos en esos conflictos han estado desde los emigrantes que se han propuesto sellar el pasado para concentrarse en el presente y diseñar un futuro, hasta los que, aun llevando años lejos, viven como si jamás se hubieran marchado. Los que acarician su nostalgia y los que se alimentan del rencor. Y todos pueden ser comprendidos, pues la intensidad de su drama suele provocar reacciones viscerales.

Lo que, en cambio, soy incapaz de entender —y, quizás debo advertirlo: aquí no me refiero solo a mis compatriotas— es que algunos exiliados o migrantes, ya establecidos y más o menos asimilados a un nuevo contexto cultural, sean capaces de repudiar a otros que aspiran a lo que ellos buscaron y han logrado. Que acaten discursos excluyentes, incluso xenofóbicos, que rechazan a los nuevos aspirantes a las condiciones que ellos han alcanzado.

Mucho más doloroso me parece el caso de esos hijos de migrantes que, para más ardor, militan en facciones, partidos, tendencias que rechazan o hasta criminalizan la migración —y debo advertir ahora que no solo me refiero a lo que hoy puede ocurrir en Estados Unidos—. Es como si hubieran olvidado quiénes son, de dónde vienen, por qué están ahí y no en otro sitio, como si consideraran a los recién llegados miembros de una especie diferente, inferior, peligrosa incluso. Y aunque bien sabemos que la condición humana entraña la existencia de actitudes altruistas, también conocemos que es capaz de albergar posturas perversas, pero aun así cuesta entender semejante mezquindad.

4. Hace unos días ocurrió algo casi milagroso, y es que tuve una mañana dominical madrileña vacía de compromisos. Entonces, como si respondiera a un llamado del más persistente subconsciente, hice algo así como una peregrinación para llegar hasta la fuente del Ángel Caído.

Allí recordé la costumbre del emigrante Irving, su lucha por asimilarse al país de acogida, y también la condena a la que fue sometido el desterrado José María Heredia, eternamente enfermo de nostalgia por la patria lejana. Dos exiliados, dos apátridas que nunca se curaron de las heridas del desarraigo mientras trataban de recomponer sus existencias en otras geografías y culturas. Mirando la escultura del Ángel Caído, en medio de una ciudad que me acoge con frecuencia pero que no es la mía, intenté verme a mí mismo como migrante y no lo conseguí. Mi destino no ha sido el de Irving y otros cientos de miles de mis compatriotas. Tampoco, afortunadamente, el de Heredia, pues todavía puedo regresar a mi lugar en el mundo, a mi casa. Pero aun así intento valorar lo que humanamente entrañan los exilios o destierros, entender el dolor de los desarraigos y quizás poder solidarizarme con quienes lo sufren, pues la mayoría de ellos han tenido que escapar más por necesidad que por elección, viven lejos porque no les es posible ya vivir cerca. Y recordé a Milán Kundera, también exiliado, que alguna vez escribió: “Nadie se va del sitio en que es feliz. Leonardo de la Caridad Padura Fuentes es un escritor, periodista y guionista cubano, conocido por sus novelas policiacas del detective Mario Conde y por la novela El hombre que amaba a los perros.