viernes, 1 de diciembre de 2023

Del empoderamiento con bragas y sujetadores

 







Empoderarte con bragas y sujetadores
NAJAT EL HACHMI
01 DIC 2023 - El País - harendt.blogspot.com

La publicidad se ha adueñado del lenguaje emancipatorio de las luchas sociales vaciándolo de contenido y, lo que es peor, pervirtiendo su sentido original. Si en su momento las marcas que se dirigían al público femenino no tenían reparos en asustarnos con la soledad, la falta de amor y el destierro si no comprábamos sus productos, ahora nos dicen que el maquillaje o la lencería nos empoderan. ¿Para qué esforzarte por llegar a ocupar sitios de responsabilidad, tener independencia económica o acceder al saber y el conocimiento o conquistar tu propia libertad si comprándote las bragas de Jennifer López puedes tener tanto poder como ella? Sin duda, la cantante es poderosa, pero, disculpen la obviedad, no por su ropa interior, sino porque es una mujer rica y famosa. Con talento, sí, pero a nadie se le escapa que parte de su riqueza viene del esfuerzo, tiempo y dinero que dedica a su apariencia externa, lo cual demuestra que seguimos en un sistema en el que la explotación sexual de los seres humanos de segunda, las mujeres, no solo no es cuestionada, sino que es un valor absoluto de la cultura hegemónica occidental.
Beyoncé y Rosalía nos dirán que son feministas y las letras de sus canciones inspirarán a las nuevas luchadoras por la igualdad, pero siguen integradas en una estructura que antepone la capacidad de excitar a los hombres a cualquier otro “don” que puedan tener. Ellas mismas juegan bien ese juego, aunque luego se quejen cuando se las sexualiza sin permiso, como le pasó a la catalana con el fotomontaje de JC Reyes. Solo me exploto yo, vendrían a decir las cantantes-vedettes de nuestro tiempo; solo yo tengo derecho a sacar pasta, mucha pasta, de poner cachondos a los hombres. He aquí, según algunos publicistas y colaboradoras de este sistema de dominación, el summum de la liberación y el empoderamiento.
Y antes que alguien me venga con el manido tópico de que las feministas odiamos el sexo, más bien es todo lo contrario: porque nos parece algo demasiado importante para convertirlo en mercancía, nos negamos a aceptar el denigrante papel de aprovecharnos de las necesidades sexuales de los hombres para ganar poder, porque el sexo es un espacio compartido que solo puede ser gozoso si es gratuito, deseado y se da entre iguales. Es vil y ofensivo pretender que sigamos como siempre, conformándonos con unas migajas de los privilegios que tienen ellos a base de enfundarnos en ásperos e insostenibles sujetadores de encajes de poliéster. Nayat El Hachmi es escritora.














Del antisemitismo en España

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes. Mi propuesta de lectura para hoy, del escritor y académico de la RAE, Juan Luis Cebrián, va del antisemitismo en España. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com












Un repaso histórico al antisemitismo en España
JUAN LUIS CEBRIÁN
25 NOV 2023 - El País - harendt.blogspot.com

No hubiera podido imaginar la autora de esta Breve historia de los judíos en España que el libro saldría a la venta apenas unos días antes del conflicto bélico en Gaza desatado tras el brutal atentado terrorista de Hamás. Paloma Díaz-Mas es la especialista más reputada en el devenir del pueblo sefardí, de cuya lengua ha sido docente en la Universidad del País Vasco y en otras muchas de Estados Unidos. Creadora de un admirable universo de ficción, ha escrito también numerosos ensayos sobre su especialidad lingüística y publicó hace ya décadas una historia del pueblo sefardí y de su cultura. Esta nueva entrega relata las venturas, más bien las desventuras, del judaísmo en la península Ibérica a través de los siglos. Su divulgación, fiel al rigor científico, narra sucesos que resultan nuevamente de rabiosa actualidad. En Europa y América se viven momentos de una preocupante crecida del antisemitismo, alimentado paradójicamente por la respuesta armada del Gobierno israelí al salvaje atentado del pasado 7 de octubre.
Las generaciones actuales se han educado en un mundo en el que el conflicto árabe-israelí, o entre musulmanes y judíos, ha sido una constante durante prácticamente un siglo. Pero es solo una herencia tardía de la inicial confrontación entre la cristiandad y el autodenominado pueblo elegido. Díaz-Mas explica que los judíos han sido siempre una minoría en la península Ibérica, tanto durante la dominación árabe como en los reinos cristianos. Constituyeron inicialmente apenas un 5% de la población, y fueron en principio respetados por el califato omeya, que admiraba los conocimientos científicos y las capacidades financieras de los inmigrantes. La invasión de los almohades y almorávides acabó con esas prácticas tolerantes y muchos judíos decidieron instalarse en los vecinos reinos cristianos, donde disfrutaron de cierta protección real pues los judíos mismos formaban parte de las propiedades del soberano. En el resto de Europa fueron mucho más discriminados que en Aragón o Castilla, y las restricciones y prohibiciones de todo tipo que se les impusieron tras el Concilio de Letrán no se cumplieron en nuestra Península. Fue tras la fusión de los dos reinos, en lo que más o menos desde entonces se ha llamado España, cuando los Reyes Católicos decretaron su expulsión y comenzó la persecución inquisitorial contra ellos, por inconcebibles motivos que en el libro se relatan puntualmente. Quemaban vivos en lugares públicos a los condenados, aunque en ocasiones los verdugos se apiadaban de sus víctimas y los estrangulaban antes de arrojarlos a la hoguera. Antes, mucho antes, los judíos habían sido expulsados por los soberanos de Inglaterra, Francia y Alemania. Los reinos ibéricos se habían caracterizado en cambio “por la participación de burgueses judíos en la vida económica y el importante papel de algunos en la corte”. Por eso mismo, según Díaz-Mas, “la expulsión fue una decisión bastante inesperada” y supuso un cambio radical en la política seguida hasta entonces.
La diáspora se refugió durante siglos en el imperio otomano y, desde allí, muchos emprendieron camino hacia América Latina
Solo tras el final de la Inquisición, bien avanzado el siglo XIX, comenzaron a repararse algunas de las injusticias del pasado, pero la población judía española continuó siendo muy minoritaria. La diáspora se refugió durante siglos en el imperio otomano y, desde allí, muchos emprendieron camino hacia América Latina. A lo largo de cientos de años, estos perseguidos por sus creencias y forma de vida religiosa mantuvieron con empeño el uso de su lengua originalmente materna, el castellano. Plagado de innumerables préstamos lingüísticos, dio pie al nacimiento del judeoespañol, cuya escritura se hacía con caracteres hebreos. El libro nos ayuda a comprender el origen y el destino de estos otrora compatriotas nuestros que ya durante la dictadura de Primo de Rivera pudieron optar por la nacionalidad española, como más recientemente ha sucedido también con las leyes de la democracia. Pero las patrias son las lenguas, y escritoras mexicanas como Sophie Goldberg o Myriam Moscona han recuperado, para la narrativa y la poesía, las palabras y sonidos del antiguo ladino, judeoespañol o como quiera llamarse.
Queda sin duda mucho por andar y renacen de continuo las políticas del odio, que recuerdan de nuevo la supuesta conspiración judeomasónica con la que la dictadura justificaba la represión de la disidencia. En 1940, el Gobierno decretó que para inscribir a los recién nacidos en el Registro Civil era obligatorio bautizarlos antes. Casi 20 años después, las leyes fundamentales franquistas establecían que la fe católica era “inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación”. El fundamentalismo religioso no es una exclusiva de la yihad islámica, y ni siquiera a ella se le debe semejante invención.



































[ARCHIVO DEL BLOG] La viralidad intemporal de Hannah Arendt. [Publicada el 15/01/2018]












Una entrevista en blanco y negro a la intelectual estadounidense de origen judeo-alemán Hannah Arendt, bate récords de visitas en YouTube, comenta en El País la periodista Ana Carbajosa. Ya la he reproducido alguna que otra vez en Desde el trópico de Cáncer, pero la repentina explosión de éxito de visitas en YouTube me anima a traerla de nuevo al blog, algo que, por cierto, no hace la periodista de El País en su crónica.
En la era de los formatos hiperbreves, comienza diciendo Carbajosa, un extenso y árido tesoro periodístico se ha colado en el panteón de los vídeos virales reproducidos compulsivamente en todo el planeta a golpe de clic. Se trata de una entrevista colgada en YouTube con Hannah Arendt (1906-1975), la célebre pensadora cuyas tesis sobre el totalitarismo y el antisemitismo transformaron la filosofía política del siglo XX. El documento forma parte de la serie de entrevistas que bajo el título Zur Person,Günter Gaus, convirtió en legendarias en los años sesenta.
La entrevista, grabada en alemán, en blanco y negro en 1964 y emitida ese mismo año en la cadena alemana ZDF, no tiene aderezo ninguno. Arendt, una filósofa madura, se sienta frente a un joven entrevistador, cuyo rostro apenas se ve. Las preguntas se suceden, a golpe de cigarrillos. Sin prisas, sin cortes y sin efectos especiales. El ritmo y la emoción lo marcan el pensamiento de los protagonistas. Y, ¡milagro!, cerca de un millón de usuarios en sus diferentes versiones, se han dejado seducir por la palabra de una pensadora excepcional.
La autora de Eichmann en Jerusalén o Los orígenes del totalitarismo fue la primera mujer que se sentó frente a Gaus. El documento dura poco más de una hora, en la que la intelectual habla de su infancia, del auge del nazismo en Alemania y de los que se dejaron convencer por las ideas que dieron pie al Holocausto. Pero también aborda temas universales como el lugar del ser humano en el mundo o la libertad. Y lo hace con una profundidad que hipnotiza. Arendt contesta a lo difícil y a lo fácil y exuda una honestidad que por algún motivo resulta hoy difícil de replicar en los platós, en los que se mezclan verdades y mentiras, con músicas a gran volumen e iluminaciones cegadoras.
La prensa buscaba estos días explicaciones a la viralidad de Hannah Arendt. “Es un sentimiento que va más allá de la nostalgia. El hecho de que 50 años después de la emisión todavía nos inspire, tiene mucho que ver con que encontramos en la entrevista mucho de lo que ahora echamos de menos”, escribía el Rheinische Post.
Pueden seguirla desde YouTube, en alemán, y subtitulada en español. Merece la pena hacerlo, sin duda, porque en ella se plasma de manera muy explícita el pensamiento más genuino y auténtico de Hannah Arendt. Disfrútenla. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt










jueves, 30 de noviembre de 2023

De mayúsculas y minúsculas

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. Mi propuesta de lectura para hoy, de la filóloga Lola Pons, va de mayúsculas y minúsculas. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com










Cosas grandes en letra pequeña
LOLA PONS RODRÍGUEZ
25 NOV 2023 - El País - harendt.blogspot.com

Si en las ciudades romanas las placas de los arcos conmemorativos y las inscripciones están escritas en mayúsculas, no es por elección, sino por necesidad: la vieja escritura latina no conocía la minúscula. La creación de la minúscula es, en el ámbito de la escritura alfabética, un logro similar a la invención de la rueda. Una vez que, a finales del siglo III d.C., se creó la minúscula, nacía la jerarquía en el renglón; se fundaba el principio por el que se reservaba el texto en minúscula para lo común y la letra mayúscula para lo relevante. Las mayúsculas aprovechan un espacio tan convencional como el del renglón para dar mayor valor a unas determinadas palabras.
Desde su fundación en el siglo XVIII, los criterios ortográficos de la Real Academia Española han ido fijando el uso de mayúsculas para evitar la tendencia que tenemos a mayuscular cuanto creemos que es importante. Aunque muchas personas contraríen la norma, palabras como alcalde, concejal o rey van en minúscula en español según las disposiciones actuales, y está bien que sea así. Las reglas ortográficas son cambiantes entre lenguas: el español no mayuscula los idiomas (hablamos de árabe o de suajili) pero el inglés sí (Arabic, Swahili); el español pone en minúscula culturas y gentilicios (cultura persa, sevillano) que, en cambio, en la lengua inglesa van en mayúscula (Persian Culture, Sevillian).
Basándose en esa norma, en los años 70 del siglo pasado, en Estados Unidos se empezó a usar dentro de los colectivos de personas sordas la expresión Deaf Culture o Deaf Community para subrayar una reivindicación: la de que la sordera no es una discapacidad, la idea de que hay una cultura sorda, una manera de vivir de las personas sordas, que hay que respetar y no tratar de cambiar clínicamente. Hablamos de personas sordas, a menudo sordos congénitos, con nula o poca audición, que tienen la lengua de signos como lengua materna, sordos que no quieren oír y que llaman “audismo” al prejuicio de quienes piensan que no oír al nivel común es una discapacidad. Esta cultura sorda reivindica su identidad y su lengua: los signos, las manos que hablan.
Quienes no tenemos falta de audición no solemos estar familiarizados con esta idea, que es respetable pero distinta de las pretensiones de otro grupo de personas con sordera o hipoacusia, de nacimiento o adquirida por enfermedades, que quieren, a través de prótesis como implantes cocleares o audífonos, acceder a las lenguas habladas. Para esas personas, la lengua de signos es secundaria y es primaria la de su entorno, entendida a través de la lectura labial. Si para los primeros la meta es gestualista, para otros las aspiraciones son oralistas.
En inglés fueron más allá y empezaron a llamar sordos con mayúscula (Deaf) a unos y sordos con minúscula (deaf) a otros. Con mayúscula, Deaf se aplica al grupo de personas con falta de audición que se expresan con lengua de signos preferentemente. Esta doble categoría de letra encaja en las normas ortográficas del inglés, donde se mayusculan culturas y grupos humanos, pero en español funciona mal, porque en nuestra lengua no hablamos de los Salmantinos o de las Viudas. Entiendo el fetichismo que nos producen las mayúsculas, pero, con todo respeto, me pregunto si es conveniente aplicar esa jerarquía dentro de la comunidad sorda, si es beneficioso separar con la escritura sus diferencias. En lengua inglesa ya hace unos años que se plantea la necesidad de evitar la distinción s/S y lo que se debate ahora es cuál debe ser el término por defecto.
Los lectores se preguntarán por qué, en medio de tanta noticia política, elijo este tema hoy. Y quiero explicarme. Por visible y grande que sea la mayúscula, nada puede parar la necesidad de novedad de la voraz actualidad informativa y su tendencia a la fagocitación de lo recién ocurrido en busca de lo que va a ocurrir. Y hay dos cosas que la mayoría hemos olvidado y que han sucedido en este año 2023. La primera, afortunada, es que en julio se aprobó en España el reglamento que regula la utilización de la lengua de signos: sin duda, un logro para la comunidad sorda. La segunda, trágica, es que hace justo un mes se produjo el último tiroteo múltiple ocurrido en Estados Unidos, en Maine, con 18 muertos, 4 de ellos sordos.
Como las personas, las letras ocupan el espacio mensurable que les es asignado: los acontecimientos van en mayúsculas (“Matanza de Maine” se puede escribir así), igual que las disposiciones legales (“Reglamento de las condiciones de utilización de la lengua de signos española”). A la mitad del tamaño, en minúsculas, están los ciudadanos que viven estas circunstancias, trágicas o prometedoras, y a los que no salvan ni visibilizan las mayúsculas, sino la salud física y mental, el derecho, la educación y la democracia, que, curiosamente, van en minúscula.