miércoles, 22 de julio de 2026

ESPECIAL 1 DE HOY. CÓMO LA GUERRA DIVIDE A LOS IRANÍES, POR MITRA VAND. 22 DE JULIO DE 2026

 







No es de extrañar que el Memorando de Entendimiento de Islamabad firmado en junio entre Irán y Estados Unidos haya demostrado ser bastante endeble.

Este conflicto nunca se ha resuelto, solo se ha pospuesto. No porque ninguna de las partes sea incapaz de la diplomacia, sino porque ninguna ha creído jamás plenamente en la otra. Pero para la gente de Irán, la noticia significó lo que siempre ha significado: la vida estaba a punto de volverse más difícil.

Ambos países sostienen versiones contrapuestas sobre los motivos, pero el resultado es el mismo: la guerra ha regresado a las provincias del sur de Irán.

Para los iraníes, la geografía de estos recientes ataques tiene un peso psicológico propio, especialmente para aquellos que recuerdan la guerra Irán-Irak. Las escenas de los bombardeos aéreos en las provincias del sur de Irán han reabierto heridas que creían pertenecientes a otra época.

Para mi generación, esto tiene un significado especial. Nos llamaban la Generación Quemada, crecimos en un país que intentaba reconstruirse tras ocho años de guerra. Nos entreteníamos con películas de guerra, escuchábamos canciones sobre el frente y nos dormíamos con historias de jóvenes que se convirtieron en mártires antes de tener edad suficiente para ser otra cosa. Muchos, incluyéndome a mí, perdimos familiares en esa guerra y tuvimos que visitar a tíos que regresaron con un trastorno de estrés postraumático indescriptible. Incluso nos llevaron a los campos minados en excursiones escolares, cargando con la memoria colectiva de que un país extranjero, con la ayuda de Estados Unidos , había violado nuestras fronteras y había matado a nuestros hijos. Independientemente de si comprendíamos o no la política, heredamos el trauma.

Los iraníes han experimentado muchas promesas a lo largo de varias generaciones: el Shah prometiendo modernización, la Revolución prometiendo justicia, los reformistas prometiendo un cambio gradual, el Movimiento Verde prometiendo elecciones justas, la campaña entre Estados Unidos e Israel prometiendo la destitución del régimen y la instauración de la democracia.

Muchas promesas, ninguna de las cuales se materializó a lo largo de la vida de nuestros padres, de  nosotros mismos o de nuestros hijos . Y aquellos que una vez pidieron al mundo exterior que los apoyara, ahora ven cómo la "ayuda" llega en forma de bombas.

Hay tantas cosas insoportables y desgarradoras en la experiencia de los iraníes. Quizás lo que más duele es saber que existe otro Irán que nunca aparece en los titulares internacionales, que permanece oculto al mundo exterior y que, de no ser por la guerra y el actual auge de los sectores más intransigentes, podría marcar el comienzo de una nueva era, más abierta.

Un amigo que recientemente dejó Irán me lo describió: Es como caminar por las calles de París. Jóvenes, hombres y mujeres, están sentados en cafés, escuchando música, tomados de la mano, y las mujeres ya no usan el hiyab.

Me dijo que las mujeres simplemente se niegan a usarlo. Entra en una galería de arte, un café o un restaurante, y verás gente cantando, bailando, disfrutando de esta libertad limitada, y, si lo pides discretamente, incluso alguien podría traerte una bebida por debajo de la mesa.

“Es esta generación joven; son algo aparte.” Y no se trata solo de Teherán. Este cambio se está produciendo en todo Irán, incluso en ciudades religiosas como Mashhad y Qom —ciudades en torno a las cuales la República Islámica construyó su identidad— donde los jóvenes están poniendo a prueba los límites discretamente.

Durante mi adolescencia y juventud, el miedo era una parte fundamental de la vida cotidiana. El Ministerio de Cultura y la Policía de la Moral nos vigilaban constantemente. Se habían instalado en las calles, en las escuelas, en las universidades, en las oficinas públicas e incluso en los hospitales, como si ningún lugar estuviera fuera de su alcance. A menudo, respirar se sentía imposible. Exigíamos reformas y pedíamos libertad, pero siempre nos encontrábamos con promesas vacías o con toda la fuerza de la maquinaria represiva del Estado.

Todavía se reportan cierres de restaurantes y cafés por parte de la República Islámica debido a problemas como la violación del hiyab o la música en vivo. Pero la nueva generación ya no espera a que la República Islámica les conceda sus derechos, por pequeños que sean. No tienen nada que perder. Han crecido conectados con el mundo exterior, dotados de conocimiento y mucho menos dispuestos a vivir bajo reglas en las que no creen. En lugar de esperar permiso, reclaman discretamente lo que consideran que ya les pertenece: la dignidad de vivir libremente.

“Este no es el Teherán en el que crecimos”, me dicen, “donde íbamos a la cárcel por escuchar música”.

Incluso antes de los últimos ataques estadounidenses, los iraníes estaban profundamente divididos respecto a la campaña militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán. Algunos creían que la presión militar era necesaria para debilitar a un régimen que se había mostrado reacio a reformarse. Otros temían que la intervención extranjera, en última instancia, causara más sufrimiento a los iraníes de a pie que a quienes ostentaban el poder.

La forma en que los iraníes experimentan Irán puede variar enormemente de una comunidad a otra. Irán está gobernado por una teocracia envejecida, pero alberga una de las poblaciones más jóvenes y dinámicas de la región. Es profundamente ideológico y fundamentalista, y a la vez profundamente pragmático. Gran parte de la población es religiosa y, sin embargo, se opone a la República Islámica. Y cuenta con algunos de los sectores más seculares de la región, aunque sigue gobernado por una teocracia sólida. La gente transita entre estos dos mundos, se contradice y profesa creencias que no se ajustan fácilmente a etiquetas.

Esta guerra no ha unido a los iraníes contra un enemigo común, pero sí ha puesto de manifiesto su cercanía al poder y los beneficios que les reporta. Quienes están vinculados a la República Islámica, ya sea física o ideológicamente, se sienten vencedores de esta guerra. No se trata solo de la generación mayor aferrada al poder. El apoyo al régimen trasciende edades, clases sociales y orígenes de una forma que los ajenos al sistema no suelen esperar. Los leales no temen las dificultades: el régimen ha sobrevivido a casi medio siglo de sanciones impuestas por uno de los países más poderosos del mundo; no tiene que rendir cuentas a los ciudadanos porque no fue elegido , sino designado por potencias superiores; y ha arrastrado a Estados Unidos a una guerra más larga de lo previsto que Estados Unidos no deseaba. Para los leales, ellos son los vencedores.

Durante las negociaciones , e incluso después del alto el fuego del mes pasado, los sectores más intransigentes continuaron utilizando una retórica belicista, amenazando no solo al presidente de Estados Unidos y a funcionarios estadounidenses, sino también a sus propios líderes, incluidos el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, por aceptar negociar con Estados Unidos.

«Odio al régimen», me dijo una amiga que fue arrestada por protestar y que recientemente se convirtió en madre en Teherán, «pero odio aún más los bombardeos. Nunca sale nada bueno de ellos. El plástico solía ser lo más barato que existía. Ahora ni siquiera eso se puede comprar».

Su preocupación no era abstracta. Cuando se bombardean fábricas, se destruyen carreteras y se interrumpen las cadenas de suministro, las consecuencias las sufren primero las personas comunes que ya luchan contra la inflación, la pobreza y las sanciones. La gente pospone su futuro. Las empresas cierran antes de tener la oportunidad de crecer. Las deudas quedan sin pagar. Incluso pagar el alquiler o comprar alimentos se convierte en un cálculo diario agotador.

A los pocos días de la última oleada de ataques, murieron civiles, las carreteras quedaron destruidas , las escuelas cerraron, la ayuda tuvo dificultades para llegar a las comunidades afectadas y la vida cotidiana comenzó a organizarse de nuevo en torno a la posibilidad del próximo ataque aéreo.

Es a menudo en momentos como estos cuando un régimen arraigado se fortalece, no se debilita. Cuando la supervivencia está en juego, la gente recurre a cualquier estructura que funcione, incluso a la que odian.

Aun así, el ascenso de los sectores más intransigentes podría ser solo temporal, y no debemos olvidar el Irán que el mundo no ve. La nueva generación está rompiendo barreras de una forma que la nuestra jamás podría haber imaginado. Lo veo también en las redes sociales. A veces, apenas reconozco Teherán. Veo a jóvenes valientes, hombres y mujeres, que cada día superan los límites de lo posible , recuperando discretamente aspectos de la vida cotidiana.que antes parecían inimaginables.

« Quizás todo esto tenía que suceder —la masacre, el silencio de la comunidad internacional, el bombardeo de Irán— para que las cosas cambiaran », me dijo mi padre por teléfono. «A veces, incluso un enemigo puede obrar el bien, si Dios así lo quiere».

El coste psicológico de la guerra, sumado al trauma, moldeará tanto a Irán como a Estados Unidos de maneras que solo el tiempo podrá medir.

Las guerras acaban por terminar, se firman acuerdos de alto el fuego, los negociadores vuelven a la mesa de negociaciones, pero lo que queda es lo que hereda la siguiente generación. Mitra Vand es una escritora iraní-estadounidense originaria de Teherán. Su obra examina el autoritarismo, el exilio y las consecuencias emocionales de la violencia política. Escribe bajo un seudónimo. Substack, 22 de julio de 2026.






















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MIÉRCOLES, 22 DE JULIO DE 2026

 






























DEL ARCHIVO DEL BLOG. SOÑADORES DEL PASADO, POR JORGE MARIRRODRIGA. PUBLICADO EL 23 DE JULIO DE 2019

 





Mientras medio planeta se asoma a la pantalla del móvil —lo cierto es que ya no sale de ahí nunca— para ver cómo será de viejo y a continuación se gasta lo que no tiene en ungüentos, dietas, ejercicios y “experiencias vitales” en la ilusión de que podrá evitarlo, en Londres se ha producido un conmovedor ejercicio de realismo histórico que ha pasado bastante desapercibido en medio de tanta arruga y cana virtual.

“Nuestra Armada Real es demasiado pequeña para gestionar todos nuestros intereses a lo largo del mundo”, ha declarado el secretario de Estado de Defensa del Reino Unido en referencia al apresamiento de un buque británico por Irán en el estrecho de Ormuz. Lo ha dicho el representante de un país que gobernó el mundo gracias precisamente a sus barcos. Palabras pronunciadas a metros de donde se levanta el monumento a Horacio Nelson, el tipo que paró los pies a Napoleón en el mar y que se dejó la vida para vencer en Trafalgar. Los cuatro leones de su columna están hechos con el bronce de cañones españoles. Para Nelson, lo demasiado pequeño no era su Armada, sino el propio mar.

Es verdad que las cosas no son lo que eran. Y lo más importante que se les olvida a algunos: no lo volverán a ser. Pero parece que el reconocimiento del secretario de Estado de Defensa no tiene un sentido de reflexión, sino aires de recochineo político. “Si esa es nuestra intención futura, será algo que corresponderá reconocer y manejar al nuevo primer ministro”, ha añadido. En el alambicado estilo lingüístico británico, esto quiere decir ahí os quedáis. Significa que quien hoy sea elegido líder del Partido Conservador, y ocupe el cargo —dure el tiempo que dure— de primer ministro, tendrá que buscarse la vida con el problema.

Probablemente, el elegido será Boris Johnson, uno de esos soñadores del pasado que tanto triunfan ahora. Ese tipo de personaje que considera borrable de un plumazo todo el tiempo transcurrido desde el momento en que considera que las cosas comenzaron a torcerse. Johnson tiene al otro lado del Atlántico, en Donald Trump, un buen ejemplo de esa estrategia. En realidad, añoran el mundo grande de cuando ellos eran más jóvenes. Pero eso no hay aplicación informática que lo cambie y Nelson no va a bajar de su columna. Jorge Marirrodriga es escritor. 23 de julio de 2019.


























DEL POEMA DE CADA DÍA. TUS HIJOS NO SON TUS HIJOS, DE KHALIL GIBRAN (1883-1931)

 







TUS HIJOS NO SON  TUS HIJOS




Tus hijos no son tus hijos,

son hijos e hijas de la vida

deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti,

y aunque estén contigo,

no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,

pero no tus pensamientos, pues,

ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,

pero no sus almas, porque ellas

viven en la casa de mañana,

que no puedes visitar,

ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,

pero no procures hacerlos

semejantes a ti

porque la vida no retrocede

ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,

como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación,

en tu mano de arquero

sea para la felicidad

Pues aunque Él ama

la flecha que vuela,

Ama de igual modo al arco estable.




KAHLIL GIBRAN (1883-1931)

poeta libanés





***





Yibrán Jalil Yibrán (en árabe: جبران خليل جبران بن ميخائل بن سعد‎, Ŷibrān Jalīl Ŷibrān ibn Mijā'īl ibn SaꞫd; Bisharri, 6 de enero de 1883-Nueva York, 10 de abril de 1931) fue un poeta, pintor, novelista y ensayista libanés. Es conocido como "el poeta del exilio". La ortografía de su nombre más conocida procede de la transcripción inglesa Khalil Gibran del original árabe جبران خليل. La transcripción empleada usualmente en español en las ediciones de la obra de este autor es Gibrán Jalil Gibrán,[2] aunque las recomendaciones de romanización de la Fundéu[3] conduzcan a las transcripciones Yibrán Jalil Yibrán o Yubrán Jalil Yubrán.















DEL ASUNTO DEL DÍA. LA VERDAD DE LA FRACTURA GENERACIONAL, POR AZAHARA PALOMEQUE. 22 DE JULIO DE 2026

 







Hay una escena de los Diarios de Rafael Chirbes que me hiela el corazón cada vez que la leo. El escritor valenciano narra la desaparición del paisaje hortelano de su infancia, sustituido por grandes edificaciones y una maraña de corrupción, para, acto seguido, colocar la responsabilidad en su generación: “La de los que íbamos a transformar el mundo”, la del Mayo del 68 o, después, la Transición. Finalmente, sentencia, ya en tercera persona: “Son Saturnos. Se están comiendo a sus hijos entre dos rebanadas de cemento”. Chirbes, cuya clarividencia histórica es incuestionable, describe el legado dejado por los boomers como una retahíla de especulación inmobiliaria, desigualdad económica y destrucción medioambiental, a la vez que señala la traición de los ideales que alimentaron no pocas promesas de cambio.

No es el único que observa este fenómeno; la Premio Nobel francesa Annie Ernaux desgrana una culpa consustancial a quienes alentaron la revolución y luego se aburguesaron de la mano del neoliberalismo: ella misma, según cuenta a lo largo de su obra intimista. A los procesos descritos por ambos literatos los acompaña la estadística: era más barato, para los de su quinta, comprar una vivienda; los sueldos daban de media para vivir; estudiar hallaba su recompensa bajo el paraguas de cierta meritocracia; y la naturaleza aún no se había desbocado. ¿Qué ocurrió con la siguiente hornada de hijos? Que nos encontramos el templo en ruinas avivadas por la crisis de 2008.

Ha llovido desde que publiqué Vivir peor que nuestros padres en 2023 y la fractura generacional no ha hecho más que recrudecerse, extendiendo sus tentáculos dentro y fuera de España. El debate se ha ideologizado tanto que, aupado por la crispación y el odio ya hegemónico al que han contribuido las redes sociales, resulta casi imposible pensarlo con serenidad: a la derecha, se utiliza para pedir el desmantelamiento de garantías legítimamente adquiridas como las pensiones, y azuzar una rabia en algunos casos destructiva, contraproducente; a la izquierda, no falta quien niegue la mayor argumentando que todo es “clase social” con una suerte de marxismo destartalado que sirve para iluminar algunas zonas grises y, simultáneamente, opacar certezas cristalinas.

En mitad de este clima beligerante, las acusaciones de filicidio o parricidio se multiplican sin prestar atención a las causas estructurales que hacen de esta fractura una verdad irrebatible, independientemente de que siempre haya habido ricos y pobres, brecha, que, por cierto, también se ha incrementado. Pero ni el espíritu que atenta contra el Estado del bienestar y criminaliza a los mayores, ni el negacionismo de quienes obliteran el factor etario y anulan particularidades históricas conseguirán nunca llevarnos a buen puerto. Entre otras cosas, porque casi nadie vincula el problema a la emergencia climática, indispensable para ubicarnos conceptualmente en el mundo mientras nos abrasamos de calor, o entre las llamas de un incendio.

¿Por qué se omite este vector? Los cálculos más recientes de las muertes provocadas por la ola de calor de junio en Europa apuntan a las 10.000 almas, sin contar los fallecidos de julio. Sabemos que las temperaturas extremas no paran de aumentar, en grados y en duración; que no podremos librarnos de una meteorología tan devastadora como la que azuzó la dana; y ya hay estudios que hablan de “inflación climática”, referida, sobre todo, a la comida, debido a una debacle ecológica que, en el próximo año, agravará El Niño y el encarecimiento de los combustibles fósiles de la mano de Ormuz, entre otras cosas.

El planeta en ebullición que se ha construido de manera deliberada especialmente en el último medio siglo produce indefectiblemente una desventaja para los más jóvenes, como ha demostrado en numerosas ocasiones el IPCC (Panel de Expertos sobre Cambio Climático, dependiente de la ONU). Los bebés actuales, los adolescentes, los Z y hasta los millennials podemos esperar biografías que se desarrollarán en unas condiciones inhóspitas jamás sufridas por nuestros predecesores, dentro de una atmósfera política, además, cargada de tendencias autoritarias y el programa explícito de destrozar los servicios públicos destinados a la protección de la ciudadanía. De tan obvio, duele redactarlo: ni nos hemos beneficiado de la bonanza económica, ni gozaremos de un clima estable donde reconstruir nuestras vidas; para más inri, tampoco nos son útiles los marcos de sentido neoliberales, pues de ahí brota el espantoso calentamiento global.

Intentar solucionar esta encrucijada con fórmulas simplistas, mediante el ataque a los derechos sociales o borrando la pizarra constituye, una vez más, la pereza mental que caracteriza nuestra época, a veces movida por el rédito electoral. Da pena comprobar lo desnortados que andamos a pesar del conocimiento a nuestra disposición, también filosófico, pues esta fractura hunde las raíces en otra gran distancia: la que separa el horizonte de expectativas con que crecieron los boomers, su anhelo de tiempo conquistado, su esperanza, y el pavor al futuro agotado de los nacidos más tarde. Pero no nos engañemos, “alzad la mirada” —decía el Papa—: el rayo que no cesa baja con 45 grados, más mortífero para quien no tiene casa y respira a la intemperie. Azahara Palomeque es escritora y doctora en estudios culturales por la Universidad de Princeton. Su último libro es Pueblo blanco azul (Cabaret Voltaire). El País, 21 de julio de 2026.



















OLA, BOS DIAS A TODOS E FELIZ MÉRCORES, 22 DE XULLO DE 2026. PUBLICACIÓN EN LINGUA GALEGA DE HOXE

 







Ola, bos días a todos e feliz mércores 22 de xullo de 2026. Rematou o Mundial e volvemos a insultarnos uns aos outros. Un bo sinal; todo volveu á normalidade. Entón, imos coas entradas do blog de hoxe. O tema de hoxe é da escritora Azahara Palomeque e trata sobre a brecha xeracional. O poema de hoxe é o famosísimo "Os teus fillos non son os teus fillos" do poeta libanés (1883-1931) Khalil Gibran. O arquivo do blog é do escritor Jorge Marirrodriga; é de xullo de 2019 e trataba sobre Boris Johnson. As viñetas seguen co seu habitual enxeño mordaz (a maioría), e quizais sexa hora de deixar de chamalas humorísticas... A entrada sobre o café de despois de cear está escrita pola historiadora e profesora da UNED (para min, a mellor universidade española), Pilar Mera, e trata sobre as súas lembranzas infantís de Mundiales pasados. A sobre a última hora da tarde é do filósofo Santiago Alba, e trata sobre os non nacidos, os que aínda estamos vivos, e o que dixo sobre a gran filósofa á cuxa memoria está dedicado este blog, Hannah Arendt. E para rematar, como sempre, o autor do blog envía os seus desexos diarios de boas noites aos seus lectores, desexándolles todo o mellor da deusa da Fortuna e dos benévolos Destinos. Que teñades un bo día. Espero que atopedes interesantes as entradas de hoxe. Tamaragua, amigos. Harendt















ENTRADA NÚM. 11168

martes, 21 de julio de 2026

BUENAS NOCHES, FELIZ DESCANSO Y DULCES SUEÑOS. HOY MARTES, 21 DE JULIO DE 2026, EN ESPAÑOL

 





Hola de nuevo, amigos. Buenas noches, feliz descanso y dulces sueños a todos esta noche de martes a miércoles, del 21 al 22 de julio de 2026. Espero que hayan pasado un buen día en compañía  de sus familias y amigos. Gracias de todo corazón por haberse dado una vuelta por el blog. Me alegraría creer que han disfrutado de su visita. Tamaragua, amigos míos. Que la diosa Fortuna y las benevolentes Moiras les sean favorables. Hasta mañana. Les quiero. Besos. HArendt





















DE LA TARDE QUE CAE. LA ESPAÑA “NACIONAL”, POR ANTONI PUIGVERD. 21 DE JULIO DE 2026

 






No son pocas las cosas que me desagradan del presidente Sánchez. Durante sus tormentosos años de gobierno, no me han gustado sus extremos cambios tácticos. Pasar de no poder dormir, si debía pactar con Podemos, a nombrar a Pablo Iglesias como vicepresidente, por ejemplo. O pasar de estar en contra de la amnistía a decretarla. Una cosa es la flexibilidad, fundamento del diálogo democrático, y otra muy distinta es la visión cínica o descreída de la política: proponer esto y hacer exactamente lo contrario.

Los descreídos solo responden al interés particular. ¿Es Sánchez un descreído? No puedo saberlo, pero a menudo lo ha parecido. El reproche principal que se le puede hacer es que sus logros políticos han estado siempre relacionados con concesiones forzadas. Concesiones que alteraban sus posiciones iniciales. Los aliados que han hecho posible su presidencia parecen haberle forzado a hacer cosas muy importantes en las que no creía.

Sus enemigos (que son legión) siempre hurgan en esta herida: para conseguir y apuntalar una presidencia demasiado coja de apoyos electorales, sostienen, Sánchez ha comerciado con sus ideas. Por haber aceptado los votos del independentismo, sus enemigos (verbigracia: el conglomerado mediático, político, judicial y policial del deep state español) le han descrito como un traidor a la nación española y un destructor del Estado. Tal argumento ha dado vía libre al hostigamiento a Pedro Sánchez por tierra, mar y aire, como se ve con la sentencia a su hermano o con el grosero acoso judicial a su esposa. Si estos dos familiares merecen condena, la merece prácticamente todo aquel que tiene influencia o vínculo de poder con las administraciones.

Conociendo la malevolencia que siempre ha suscitado Sánchez entre los poderes fácticos, y a sabiendas de que, tras la proclamación de la amnistía, muchos jueces y policías se la tenían jurada y lo estaban analizando con lupa, no puede entenderse que Sánchez cayera en su otro gran defecto: la torpeza con la que ha elegido a sus más íntimos colaboradores: Ábalos, Cedrán y Koldo (sin olvidar el padrinazgo de Zapatero). El PSOE actual ha situado en lugares de primer orden a unos tipos primitivos y éticamente inconsistentes. Es inevitable llegar a la conclusión de que la carnadura moral de Sánchez es inquietante.

Sin embargo, cínico o convencido, Sánchez es el primer presidente que ha ensayado superficialmente una fórmula que podría haber sido beneficiosa para una España que siempre vive con tensión su pluralidad interna. El pacto con los independentistas (amnistía) no solo pacificaba, como ha reconocido el Tribunal de Justicia de la UE, un conflicto que nos perjudicó a todos, sino que también abría la puerta a una idea de España, perfectamente constitucional, que podría desembocar en federalismo (asimétrico, porque la necesaria igualdad de fondo debe ser compatible con la diferencia de partida: no todos los territorios tienen lengua propia). Esta puerta se ha toqueteado, pero no se ha abierto.

Los jueces europeos, en vez de dar la razón a los severísimos colegas españoles que forzaron la ley buscando crímenes inexistentes, han apoyado la amnistía. Pero la sentencia llega demasiado tarde. Ahora el fuego viene del otro lado: excepto durante la transición, España siempre elige la senda de la pasión incendiaria.

La sentencia del TJUE (que los jueces del Supremo dudo que acepten) concluye de forma indolora un sueño: el de la independencia de Catalunya. Tardará mucho dicho sueño en reponerse, si lo consigue. La alternativa realista y cordial a ese sueño no era otro sueño, sino un arduo camino: el federalismo, que no se ha querido transitar. En cambio, como demuestran Aznar, Vox y el Poder Judicial, existe otro sueño que, pese a la derrota europea, sale reforzado del procés y de los años de Sánchez: el sueño de planchar España a la francesa. Uniformización. Los errores del independentismo y del PSOE han dado alas al viejo sueño uniformista, que ya fue compartido, y trabajado a fondo (a palos), por los dictadores Primo de Rivera y Franco. Estamos, pues, en este punto: la España que se proclama “nacional” (expresión que, ojo, también abanderaba un bando de la Guerra Civil) cree estar­ en condiciones de imponerse de forma total y definitiva. Antoni Puigverd es escritor. La Vanguardia, 20 de julio de 2026.
























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. FRANCISCO AYALA, POR LUIS GARCÍA MONTERO. 21 DE JULIO DE 2026

 





La compañía de un maestro supone siempre una invitación a la memoria cuando se piensa el presente. El joven Francisco Ayala viajó a Berlín en 1929 en busca de la modernidad y del prestigio que la cultura germánica había adquirido en su formación. Nada más llegar escribió a Ortega y Gasset para celebrar sus primeras impresiones. Pero tardó poco en cambiar de opinión. En un artículo publicado en la revista Política advirtió del peligro de una modernidad manipulada por dinámicas de comunicación populista que estaban llevando a la juventud, antiguo motor de las vanguardias, hacia una ideología totalitaria. Un ejército de adolescentes legitimaba el protagonismo verboso de Hitler. El escritor que buscaba las contradicciones del ser humano en su narrativa vivió aquella historia y aprendió una lección que iba a definir todos sus ensayos: ser valiente a la hora de asumir las polémicas necesarias y ser precavido para no creerse en posesión de una verdad absoluta.

Ayala estudió después las ventajas y los peligros de la transformación tecnológica que globalizaba el mundo y la soledad de una cultura democrática asediada por la corrupción totalitaria de la Unión Soviética y por la falsificación avariciosa del capitalismo liberal norteamericano. La vida nos devuelve a los maestros. Recuerdo ahora un artículo suyo en EL PAÍS, publicado el 2 de abril de 1981: Libertad, ¿para qué? Pidió prestado ese título a Lenin, una famosa pregunta que el dirigente soviético había hecho a Fernando de los Ríos. Al analizar el golpe de Estado de Tejero, no bastaba con denunciar el autoritarismo de las dictaduras. Había que tomarse en serio las falsificaciones de la democracia y la responsabilidad ética a la hora de cultivar la convivencia y el respeto, evitando ruidos que sólo servían para ocultar indecencias. El libre albedrío es un regalo de peso casi insoportable, pues comporta muchas responsabilidades. Luis García Montero es poeta. El País, 20 de julio de 2026.