viernes, 8 de mayo de 2026

DEL ARCHIVO DEL BLOG. EUROPA ÜBER ALLES, POR HARENDT. PUBLICADO EL 19 DE JUNIO DE 2010

 






En 64 años de vida da tiempo para bastantes lecturas. ¿Cuántas?: la verdad es que no tengo ni la menor idea, y tampoco me preocupa. En una de las secciones del blog: "Mis autores y libros favoritos", tengo puestos algunos de ellos. Sólo una mínima parte de los que recuerdo con especial cariño. Sí sé, en cambio, cuál fue mi primer libro leído del que tengo recuerdo: "La isla del tesoro", de Robert Louis.Stevenson, cuando tenía ocho años, y cuál el último, éste releído: "Infierno", de Dante Alighieri, ayer mismo. También estoy seguro de cuál es el que más veces he releído: "La República", de Platón, tanto por placer como por obligaciones académicas.

Para algunos tratadistas, "La República" de Platón es un libro sobre el gobierno ideal de la "polis". Discrepo cordialmente de dicha opinión. Para mí, "La República", es un tratado sobre la educación; de los gobernantes de la "polis", eso sí, pero de educación, no de gobierno. La tesis central del libro es la de que los filósofos, educados conforme a los preceptos expuestos por Platón, son los que deben gobernar las ciudades-estados: los reyes-filósofos. Esa es la teoría, claro está, porque cuando Platón pretendió convertirla en práctica real en la ciudad-estado siciliana de Siracusa, se salvó por los pelos de acabar vendido como esclavo. Mi conclusión personal es la de que a los filósofos hay que escucharlos y leerlos siempre con respeto, pero seguir sus consejos es harina de otro costal.

Pero hay excepciones: como la de Jürgen Habermas (1929), también filósofo, y premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2003. Con toda seguridad, uno de los más influyentes, sino el que más, de los filósofos vivos actuales. Y de los más leídos y escuchados. El pasado 23 de mayo publicó en el diario El País un artículo titulado "En el euro se decide el destino de la U.E.". Todo un lujo para el periódico, pero sobre todo para el lector, en el que analiza la crisis financiera que se ceba sobre los estados europeos y la propia Unión y las posibilidades de cohesión que sobre esa misma Unión desata. A pesar de ello, o quizá precisamente a causa de ello, es un texto eminentemente político, que ensalza las virtudes de una Unión más estrecha y de la necesidad de ir a un gobierno económico de Europa. Es un texto largo, pero no complejo. Se lee y se comprende con suma facilidad.

Un ejemplo: "Por lo que respecta a la doma del asilvestrado capitalismo financiero, nadie puede engañarse sobre la voluntad mayoritaria de las poblaciones. Por primera vez en la historia del capitalismo, en el otoño de 2008 sólo pudo salvarse la columna vertebral del sistema económico mundial, impulsado por los mercados financieros, gracias a las garantías de los contribuyentes. Y este hecho -que el capitalismo no pueda ya reproducirse por sus solas fuerzas- se ha fijado desde entonces en las conciencias de los ciudadanos que, como ciudadanos-contribuyentes, tuvieron que salir fiadores del fracaso del sistema.

Y una recomendación final: "En épocas de crisis, incluso los individuos pueden hacer historia. Nuestra enervada élite política, que prefiere seguir los titulares del Bildzeitung, no puede convencerse a sí misma de que son las poblaciones quienes impiden una unificación europea más profunda. Saben perfectamente que el retrato demoscópico de la opinión de la gente no es lo mismo que el resultado de la formación de una voluntad democrática deliberativamente constituida de los ciudadanos. Hasta hora, no ha habido en país alguno una sola elección europea o un solo referéndum en el que se haya decidido sobre algo que no sean temas y listas electorales nacionales. Sin mencionar siquiera la miopía nacional-estatal de la izquierda (y aquí no hablo sólo del partido alemán La Izquierda), hasta este momento todos los partidos políticos nos deben el intento de conformar políticamente la opinión pública mediante una Ilustración a la ofensiva. Con un poco de nervio político, la crisis de la moneda común puede acabar produciendo aquello que algunos esperaron en tiempos de la política exterior común europea: la conciencia, por encima de las fronteras nacionales, de compartir un destino europeo común."

¿Serán los gobiernos y los pueblos de Europa capaces de escucharle? Espero que sí, porque, al menos para mí, la esperanza se llama Europa: "Europa über alles".En la sección de vídeos del blog he puesto una intervención en el Parlamento europeo del diputado verde Daniel Cohn-Bendit, del 18 de mayo, sobre la ayuda financiera a Grecia que me parece absolutamente ilustrativa. Les recomiendo que la vean, pero sobre todo, que lean el artículo de Habermas. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt

























DEL POEMA DE CADA DÍA. ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESE CÁLIZ, POR CÉSAR VALLEJO

 







ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESE CÁLIZ




Niños del mundo,

si cae España -digo, es un decir-

si cae

del cielo abajo su antebrazo que asen,

en cabestro, dos láminas terrestres;

niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!

¡qué temprano en el sol lo que os decía!

¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!

¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo. está

la madre España con su vientre a cuestas:

está nuestra maestra con su férulas;

está madre y maestra,

cruz y madera, porque os dio la altura,

vértigo y división y suma, niños;

está con ella, padres y procesales!

Si cae _digo es un decir_ si cae

España, de la tierra para abajo,

niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!

¡cómo va a castigar el año al mes!

¡cómo van a quedarse en diez los dientes,

en palote el diptongo, la medalla en llanto!

¡Cómo va el corderillo a continuar

atado por la pata al gran tintero!

¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto

hasta la letra en que nació la pena!


Niños,

hijos de los guerreros, entre tanto,

bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo

la energía entre el reino animal,

las florecillas, los cometas y los hombres.

¡Bajad la voz, que esta

con su rigor, que es grande, sin saber

qué hacer, y está en su mano

la calavera hablando y habla y habla,

la calavera, aquélla de la trenza,

la calavera , aquélla de la vida!

¡Cuídate, España, de tu propia España!

¡Cuídate de la hoz sin el martillo!

¡Cuídate del martillo sin la hoz!

¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,

del verdugo a pesar suyo

y del indiferente a pesar suyo!

¡Cuídate del que antes de que cante el gallo,

negárate tres veces!

¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,

y de las tibias sin las calaveras!

¡Cuídate de los nuevos poderosos!

¡Cuídate del que come tus cadáveres,

del que devora muertos a tus vivos!

¡Cuídate del leal ciento por ciento!

¡Cuídate del cielo más acá del aire

y cuídate del aire más allá del cielo!

¡Cuídate de los que te aman!

¡Cuídate de tus héroes!

¡Cuídate de tus muertos!

¡Cuídate de la República!

¡Cuídate del futuro!…

¡Bajad la voz, os digo;

bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto

de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún

el de las sienes que andan con dos piedras!

¡Bajad el aliento, y si

el antebrazo baja,

si las férulas suenan, si es la noche,

si el cielo cabe en dos limbos terrestres,

si hay ruido en el sonido de las puertas,

si tardo,

si no veis a nadie, si os asustan

los lápices sin punta, si la madre

España cae _digo, es un decir_

salid, niños del mundo; id a buscarla!…




CÉSAR VALLEJO (1892-1938)

poeta peruano





***





César Abraham Vallejo Mendoza (Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892-París, 15 de abril de 1938) fue un poeta y escritor peruano. Es considerado uno de los mayores innovadores de la poesía universal del siglo XX y el máximo exponente de las letras en Perú. Es, en opinión del crítico Thomas Merton, «el más grande poeta católico desde Dante, y por católico entiendo universal» y, según Martin Seymour-Smith, «el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas».




















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 8 DE MAYO DE 2026

 





























jueves, 7 de mayo de 2026

DE LA TARDE QUE CAE. ESPECIAL TRES. LAS EMPRESAS DE IA NO SON MALVADAS, PERO SON IMPRUDENTES, POR JULIE GUIRADO. 7 DE MAYO DE 2026

 






Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, principios de este año, una importante empresa con millones de clientes anunció una actualización importante de su producto, aunque con un pequeño inconveniente.

Según la empresa, si este nuevo producto saliera al mercado, podría utilizarse para perturbar —y quizás destruir— la infraestructura de la civilización, desde los mercados financieros hasta los sistemas de transporte y los servicios públicos de energía y agua.

¡Pero no teman! La empresa se apresuró a asegurar al público que tenía la situación bajo control. La empresa decidiría, a su manera, qué información debía compartirse, a quién llamar para contener el problema y cuánta gratitud debíamos sentir por habernos librado de una catástrofe inesperada. No se requería rendición de cuentas pública ni intervención gubernamental. Esta es, por supuesto, la historia de Anthropic y su último modelo de IA.

Anthropic descubrió que el modelo, conocido como Mythos, podía identificar de forma autónoma vulnerabilidades de día cero —es decir, fallos de seguridad cuya existencia desconocen los desarrolladores de software— en todos los principales sistemas operativos y navegadores web. Algunos de los fallos detectados por Mythos tenían décadas de antigüedad y habían pasado desapercibidos para millones de personas. Esta no era una característica intencionada, sino una que la IA parece haber adquirido sobre la marcha, a medida que los desarrolladores de Anthropic se apresuraban a crear un modelo más potente con mejores capacidades de razonamiento y programación.

Intencionadamente o no, introdujo un nuevo y considerable peligro para el mundo. En las manos equivocadas, Mythos podría convertirse en un arma digna de un supervillano: una herramienta para atacar la infraestructura más crítica del planeta.

Sin embargo, la decisión de construir un modelo tan avanzado no fue tomada por ningún organismo externo. Ningún ente independiente lo evaluó. Ningún regulador fue notificado con antelación.

Una vez identificada la amenaza, Anthropic decidió, por su cuenta, qué hacer al respecto. Tras considerar que Mythos era demasiado peligroso para su lanzamiento público, Anthropic creó un consorcio privado formado por socios cuidadosamente seleccionados, como Amazon, Apple, Cisco, JPMorgan Chase y Nvidia, para corregir los errores y garantizar la seguridad de Mythos.

Una vez resuelto todo eso, alertaron a los responsables políticos y al público sobre su nuevo y peligroso producto y el plan para contenerlo.

Esto es lo que se considera gobernanza de la IA en 2026: una sola empresa crea accidentalmente una entidad lo suficientemente poderosa como para representar una amenaza existencial para los sistemas digitales que impulsan la vida moderna, decide unilateralmente cómo lidiar con ella y luego involucra a todos los demás.

Claro que no está nada claro que estén solucionando el problema: pocas semanas después de que todo esto ocurriera, descubrimos que Mythos, de hecho, había sido accedido por usuarios no autorizados . ¿Se evitó la catástrofe o simplemente se retrasó? Quizás lo averigüemos.

Mythos es la prueba más clara hasta la fecha de que nuestro sistema para desarrollar, evaluar y difundir sistemas de IA potentes es peligrosamente disfuncional.

Aunque resulte tentador culpar de esta disfunción a personas malintencionadas o a directores ejecutivos de empresas tecnológicas sin escrúpulos, creo que el problema es más profundo: una estructura de incentivos defectuosa. Por muy descuidadas que parezcan sus acciones en ocasiones, los desarrolladores de IA no actúan con mala intención; simplemente operan racionalmente dentro de un sistema que recompensa la búsqueda del progreso inmediato y la preocupación por las consecuencias a largo plazo.

Las principales empresas de IA, con miles de millones de dólares en capital, corren a toda velocidad hacia el mismo objetivo, con la imperiosa necesidad de ser las primeras en llegar a la meta. Todas comparten la misma motivación: « Si no lo creo yo, lo hará otro » .

Esa lógica coexiste con la creencia genuina de que la IA puede ser una fuerza transformadora para el bien, generando productividad de formas inimaginables y marcando el camino hacia el progreso. Los beneficios potenciales de la IA han sido documentados exhaustivamente, ya sea para abordar el cambio climático, mejorar la medicina o simplemente ampliar nuestros horizontes; pero en esta etapa de la era de la IA, todos debemos reconocer que la IA viene acompañada de innumerables peligros, desde la pérdida de empleos hasta la manipulación , la descarga cognitiva , la psicosis inducida por IA y el suicidio y asesinato asistidos por IA .

La magnitud de estos numerosos desafíos exige una respuesta tan amplia y profunda como nuestra sociedad. No se puede confiar en que una sola empresa con intereses propios o un consorcio corporativo selecto lo resuelvan correctamente; el problema es mucho más complejo. La solución, si llegamos a ella, requerirá la comprensión y participación ciudadana, así como la supervisión gubernamental.

A quienes afirman que la IA es demasiado compleja, trascendental o poderosa para gobernar: se equivocan. En realidad, este argumento es, en el mejor de los casos, una defensa deficiente del sistema de incentivos defectuoso que la produce.

Dado que la IA es compleja, tenemos la responsabilidad de comprenderla. Y dado que la IA tiene consecuencias tan importantes, tenemos la responsabilidad de regularla. Es comprensible que las instituciones, los responsables políticos y los reguladores se hayan visto desorientados por el frenesí de la IA de los últimos años, pero ahora deben superar el ruido y redefinir los incentivos desalineados. Esto significa, efectivamente, establecer un papel para el gobierno en el ámbito de la IA. Las preocupaciones sobre la eficacia gubernamental son comprensibles, pero el gobierno debe participar de manera significativa. Sencillamente, no hay otra forma de manifestar la voluntad pública.

Ya hemos regulado tecnologías trascendentales: la automoción, la aviación, la industria farmacéutica, la energía nuclear y muchas más. Cada una de estas industrias opera hoy dentro de un sistema de rendición de cuentas que se logró con mucho esfuerzo; un sistema que requirió tiempo para construirse, pero que, fundamentalmente, no frenó la innovación. Es hora de aplicar las mismas reglas y estructuras de rendición de cuentas a la IA, y con aún mayor urgencia, considerando la rapidez con la que se está integrando en prácticamente todos los aspectos de nuestra sociedad.

Lo cierto es que actualmente no existe una regulación federal significativa de la IA. Los estados han tomado la iniciativa para llenar este vacío, con 73 leyes sobre IA —que abarcan desde la protección de los menores en línea hasta la garantía de la participación humana en decisiones críticas como la atención médica— promulgadas en 27 estados en 2025. Sin embargo, el alcance de los estados es cada vez más limitado, y Trump emitió una orden ejecutiva en diciembre dirigida contra la "regulación estatal excesiva". Mientras tanto, la industria tecnológica ha trabajado para paralizar la regulación en cada oportunidad, con empresas de IA invirtiendo grandes sumas de dinero en Super PACs para apoyar a candidatos afines a la tecnología y bloquear las leyes regulatorias estatales.

Entonces, ¿cómo sería una estructura regulatoria significativa, suponiendo que existiera la voluntad política para implementarla? Tomemos a Mythos como caso de estudio.

En un marco de gobernanza más racional, una herramienta con capacidades para transformar la sociedad, como la inteligencia artificial, se sometería a pruebas obligatorias previas a su implementación por parte de evaluadores independientes, y no de la empresa que vende el producto.

Se establecería un sistema estandarizado de informes públicos sobre riesgos, para que los reguladores, las empresas y los usuarios pudieran tomar decisiones informadas en lugar de depender de la información que el desarrollador decida divulgar. Se garantizaría una protección real para los empleados de los laboratorios de IA que, al detectar irregularidades, decidan denunciarlas.

Y si un producto de IA causara daños previsibles tras su lanzamiento, la empresa que lo desarrolló e implementó sería legalmente responsable. La responsabilidad es lo que alinea los incentivos privados con la seguridad pública. Por eso los coches tienen cinturones de seguridad y airbags: no porque los fabricantes los quisieran, sino porque sabían que pagarían las consecuencias de escatimar en seguridad y porque las aseguradoras y los legisladores impulsaron con firmeza medidas de seguridad. La misma lógica se aplica aquí.

Estos dos principios —seguridad y transparencia antes del despliegue; y un auténtico deber de diligencia hacia el público— son clave para establecer un marco que oriente a los responsables políticos, las empresas y los ciudadanos hacia lo que realmente exige una IA responsable.

Nada de esto es radical. Es algo habitual en los productos existentes. Y todo esto ya debería haberse implementado.

Mythos es solo la prueba más reciente y flagrante de que no podemos seguir confiando en el criterio de las empresas individuales para que sustituyan las estructuras de rendición de cuentas públicas que hasta ahora nos hemos negado a construir en torno a la IA. La próxima amenaza podría no detectarse a tiempo. O podría provenir de una empresa más desesperada por triunfar en un sistema de incentivos que premia la conducta imprudente.

Ya lo hemos hecho antes. Tenemos las herramientas. Es hora de que recuperemos nuestro futuro con principios que nos protejan, individual y colectivamente. Julie Guirado es la Directora Ejecutiva del Centro para la Tecnología Humana y supervisa su hoja de ruta de IA. Substack, 5 de mayo de 2026..





























DE LA TARDE QUE CAE. ESPECIAL DOS. EL BARCO QUE SE HUNDE DE TRUMP, POR DAMON LINKER. 7 DE MAYO DE 2026

 






El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega para dar un discurso en la escuela The Villages Charter School el 1 de mayo de 2026 en The Villages, Florida. (Foto de Roberto Schmidt/Getty Images)

Como habrán notado, estoy escribiendo menos en respuesta a los titulares.

Gran parte de lo que escribí durante el primer año de la era Trump 2.0 fueron comentarios reactivos sobre las noticias o los escándalos del día. Algo que entusiasmó a los ideólogos que rodeaban a Donald Trump al comienzo de su segundo mandato (y alarmó a muchos de nosotros) fue la sensación de que las acciones de la administración se guiaban por el principio nihilista (moral y legalmente vacío) de que el presidente "simplemente puede hacer lo que quiera".

Todas las fantasías de la derecha sobre un poder ejecutivo sin control se estaban haciendo realidad: Donald Trump intentó contratar y despedir a funcionarios públicos a su antojo, incluso a aquellos considerados "independientes" por el Congreso; nombró y autorizó (sin la supervisión ni la confirmación del Senado) a Elon Musk para que se hiciera cargo y desmantelara programas autorizados por el Congreso (siendo la disolución instantánea de USAID el ejemplo más destacado); envió inmigrantes a países extranjeros donde algunos fueron recluidos en prisiones de máxima seguridad sin recurso judicial; hundió repetidamente embarcaciones civiles en aguas internacionales; permitió que agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza mataran a manifestantes, que miembros de su administración calificaran a estos manifestantes de terroristas nacionales sin pruebas, y se negó a cooperar con las autoridades locales que buscaban investigar los incidentes. Créeme, podría seguir.

Pero no lo voy a hacer. Desde el inicio de la guerra con Irán, me ha quedado claro que escribir en respuesta a las acciones de la administración, ya sean diarias o semanales, resulta inútil. Al igual que con la oleada inicial de aranceles (arbitrariamente amenazados, impuestos, levantados y reimplantados) que Trump impuso a gran parte del mundo, sus acciones a menudo desafían la lógica. Nos enfrentamos a los dictados impulsivos de un individuo poco inteligente y desinformado, sin que se intente siquiera dar una explicación o justificación razonable.

La situación se ha agravado aún más con la guerra contra Irán. Trump decidió bombardear el país junto con Israel sin siquiera intentar obtener la autorización del Congreso ni recabar el apoyo público estadounidense. Supongo que esto se debe a que, ingenuamente, pensó que la operación se parecería a la acción militar de una sola noche en Venezuela, que le hizo sentirse como un tipo duro y poderoso a un costo mínimo. Pero no ha sido así, y aún así, nunca ha intentado ganarse el apoyo de los votantes, incluso cuando las consecuencias de la guerra han estrangulado la economía y disparado los precios de la energía.

Como resultado, los índices de aprobación de Trump se han desplomado . Pasé gran parte de la primavera, el verano y el otoño pasados ​​esperando que esto sucediera, y me desesperé cuando nunca ocurrió, salvo un breve período de volatilidad en torno al anuncio de los aranceles hace poco más de un año. Pero ya no. Trump ha perdido una gran parte de los votantes independientes que lo llevaron a la victoria en 2024, e incluso ha comenzado a perder apoyo entre los republicanos.

¿Adónde nos ha llevado esto tras más de 15 meses de la era Trump 2.0? ¿Qué debemos pensar de esta nueva realidad? ¿Cómo debemos reflexionar sobre el presente y el futuro político? A continuación, encontrará mis reflexiones actuales, divididas en secciones dedicadas al presidente, el Congreso, los tribunales, los demócratas, la opinión pública y lo que más nos preocupa de cara a los próximos años.

Trump es (ya) un presidente fracasado. Damon Linker es profesor de la Universidad de Pensilvania. Substack, 5 de mayo de 2026.