jueves, 7 de mayo de 2026

DE LA TARDE QUE CAE. ESPECIAL UNO. SAM ALITO Y MI AMIGO MICKEY, POR ROBERT REICH. 7 DE MAYO DE 2026

 








Amigos: Cuando me enteré de lo que Samuel Alito y los demás jueces republicanos designados para la Corte Suprema hicieron con la Ley de Derechos Electorales la semana pasada, pensé en Mickey.

(Perdóname si ya te he hablado de él, pero fue muy importante para mí).

Conocí a Mickey el verano después de tercer grado. Su familia había alquilado una de las cabañas de verano en las montañas Adirondack, donde mi abuela también tenía una pequeña cabaña. Yo tenía ocho años y Mickey era un adolescente. No éramos amigos, pero llegué a quererlo mucho.

Mickey era amable y gentil, con una sonrisa siempre presente. No recuerdo haberle pedido que me protegiera. No era el típico chico corpulento al que solía elegir para que me protegiera de los matones que me atormentaban y ridiculizaban. Mickey era bajito y delgado. Llevaba una gorra de marinero y parecía estar siempre alegre. No recuerdo que luchara para defenderme ni que siquiera calmara a los niños que se burlaban de mí, pero sí recuerdo su calidez y su presencia tranquilizadora. Su carácter tranquilo y bondadoso parecía ejercer una influencia positiva sobre los niños que, de otro modo, podrían haber recurrido a las burlas o al acoso.

Pasaron los años y me convertí en un adolescente que ya no necesitaba que los chicos mayores me protegieran de los acosadores, y le perdí la pista a Mickey.

No fue hasta septiembre de 1964, al comienzo de mi primer año en Dartmouth College, que me enteré de lo que le había sucedido.

A principios de ese verano, Mickey —cuyo nombre completo era Michael Schwerner— viajó a Misisipi. El Movimiento por los Derechos Civiles estaba cobrando fuerza. Martin Luther King Jr. había pronunciado su famoso discurso "Tengo un sueño" en la Marcha sobre Washington de agosto de 1963, donde 250.000 personas se habían congregado en el Monumento a Lincoln para escucharlo.

El “Verano de la Libertad” de 1964 reunió a estudiantes universitarios, tanto negros como blancos, entre ellos Mickey, procedentes de escuelas del norte, con personas negras de Mississippi para educar y registrar a los votantes negros, bajo los auspicios del Comité Coordinador Estudiantil No Violento (SNCC).

Mississippi fue elegido porque solo el 7% de los votantes negros elegibles del estado estaban registrados, en un estado donde la población negra era aproximadamente del 40%. La mayoría había sido excluida de las urnas mediante impuestos electorales, pruebas de alfabetización subjetivas y brutalidad. Esta situación se mantenía desde 1877. El sistema era impuesto por supremacistas blancos que podían cometer crímenes con impunidad porque toda la región se había convertido en un estado de partido único gobernado por supremacistas blancos.

Mickey fue uno de los primeros voluntarios que llegaron a Misisipi para el Verano de la Libertad. La tarde del 21 de junio, él y otros dos estudiantes voluntarios —Andrew Goodman, también blanco, y James Chaney, un joven negro— conducían cerca de la ciudad de Filadelfia cuando el ayudante del sheriff del condado de Neshoba, Cecil Ray Price, los detuvo por presunto exceso de velocidad. Price los encerró en la cárcel local. Esa noche, después de pagar la multa y salir de la cárcel, Price los siguió en su coche patrulla, los detuvo de nuevo, los obligó a subir y los llevó por un camino desierto donde los entregó a un grupo de sus compañeros del Ku Klux Klan. Golpearon a Mickey, Goodman y Chaney con cadenas. Luego los mataron y enterraron sus cuerpos en una presa de tierra en construcción.

Durante semanas, nadie supo qué les había sucedido a los tres voluntarios. Lyndon Johnson aprovechó la preocupación por su desaparición para presionar a la Cámara de Representantes a fin de que aprobara la Ley de Derechos Civiles de 1964 el 2 de julio.

El 16 de julio, poco más de tres semanas después de la desaparición de Chaney, Goodman y Schwerner, y dos semanas después de que Johnson firmara la Ley de Derechos Civiles, el senador Barry Goldwater aceptó la nominación republicana a la presidencia en el Cow Palace de Daly City, California. Goldwater declaró ante los delegados republicanos que «el extremismo en defensa de la libertad no es un vicio. Y… la moderación en la búsqueda de la justicia no es una virtud».

El cuerpo de Mickey, junto con los de Chaney y Goodman, fueron encontrados el 4 de agosto. Eran ejemplos de extremismo en defensa de lo que los supremacistas blancos definían como libertad.

El estado de Misisipi se negó a presentar cargos de asesinato contra ninguno de los asesinos, pero finalmente Price, el sheriff del condado de Neshoba, Laurence Rainey, también miembro del Ku Klux Klan, y otras dieciséis personas, entre ellas Samuel Bowers, el Gran Mago Imperial de los Caballeros Blancos del Ku Klux Klan de Misisipi, fueron procesadas por el delito federal de conspiración para violar los derechos civiles de los jóvenes asesinados. Un jurado compuesto exclusivamente por blancos declaró culpables a siete de ellos, incluidos Price y Bowers. Tras varias apelaciones infructuosas, cada uno recibió una sentencia de entre tres y diez años. Ninguno pasó más de seis años en prisión.

Cuando me enteré de que Mickey había sido golpeado y asesinado por supremacistas blancos —por matones adultos que no se detendrían ante nada para impedir que las personas negras ejercieran su derecho al voto— algo se rompió dentro de mí. Fue como si me hubieran dado una nueva perspectiva y empezara a ver todo de otra manera. Antes, entendía el acoso como cuando unos niños se burlaban de mí por ser bajita, haciéndome sentir mal conmigo misma. Después de saber lo que le pasó a Mickey, empecé a ver el acoso a mayor escala, a mi alrededor: personas negras acosadas por blancos; trabajadores acosados ​​por sus empleadores; niñas y mujeres acosadas por hombres; personas discapacitadas, homosexuales, pobres, enfermas o inmigrantes acosadas por políticos, compañías de seguros, propietarios y fanáticos. Vi a los poderosos y a los indefensos, a los explotadores y a los explotados.

Parecía que el mundo había cambiado, cuando en realidad era yo quien había cambiado. Tenía una comprensión diferente del significado de la injusticia. Se volvió tan personal para mí como los acosadores que me insultaban y amenazaban en el baño de chicos y en el patio de recreo, pero más amplia, más abarcadora, más urgente.

En 1965, el Congreso aprobó la Ley de Derechos Electorales, que protegía el derecho al voto de las personas negras.

Después de eso, el dominio de los supremacistas blancos sobre el Sur, dominado por un solo partido, comenzó a debilitarse. La clave del éxito de la ley residía en la Sección 5, conocida comúnmente como la "fórmula de cobertura", que determinaba qué estados debían obtener la autorización del Departamento de Justicia antes de modificar sus normas electorales, basándose en su historial de discriminación racial en el voto.

Otro aspecto crucial de la ley fue la Sección 2, que prohíbe a los estados y subdivisiones políticas imponer requisitos, normas o prácticas de votación que discriminen por motivos de raza, color o pertenencia a un grupo minoritario lingüístico. Prohíbe cualquier norma electoral que resulte en la negación o restricción del derecho al voto, con el fin de evitar la dilución del voto, como la redistribución de distritos electorales discriminatoria.

En los 20 años posteriores a la aprobación de la ley, la disparidad en las tasas de registro electoral entre blancos y negros se redujo de casi el 30 por ciento a principios de la década de 1960 al 8 por ciento. Gracias a su continuo éxito, la Ley de Derechos Electorales fue prorrogada repetidamente por el Congreso. Sin embargo, las fuerzas del racismo y la violencia no desaparecieron.

El 3 de agosto de 1980, Ronald Reagan lanzó su campaña presidencial con un mitin en la Feria del Condado de Neshoba, a pocos kilómetros de donde Cecil Ray Price había detenido a Schwerner, Chaney y Goodman aquella fatídica noche dieciséis años antes. Al defender los "derechos de los estados" ese día, Reagan, el optimista candidato del "nuevo amanecer en Estados Unidos", enviaba un mensaje velado a los racistas, diciéndoles que estaba de su lado.

Treinta y tres años después, el 25 de junio de 2013, la Corte Suprema anuló la fórmula de cobertura de la Ley de Derechos Electorales en el caso Shelby County v. Holder . Los cinco magistrados conservadores de la Corte decidieron que la fórmula estaba desactualizada, a pesar de las reiteradas reautorizaciones del Congreso, poniendo fin de facto a la aprobación previa. La opinión de la Corte fue redactada por el Presidente de la Corte Suprema, John Roberts, y se unieron Samuel Alito, Antonin Scalia, Anthony Kennedy y Clarence Thomas. Reagan había designado a Scalia y Kennedy para la Corte.

“Nuestro país ha cambiado”, escribió Roberts. La Ley de Derechos Electorales fue una medida drástica, pero en 1965 fue la respuesta adecuada a la discriminación racial arraigada. Cuando se promulgó por primera vez, escribió, la tasa de inscripción de votantes entre la población negra de Misisipi era del 6,4 %, y la diferencia entre las tasas de inscripción de personas negras y blancas superaba los 60 puntos porcentuales. Pero ahora, dijo Roberts, ya no era necesaria la autorización previa.

Sin embargo, a las 24 horas del fallo, los estados de la antigua Confederación ya estaban demostrando que Roberts estaba equivocado. Texas anunció que implementaría una estricta ley de identificación con fotografía. Misisipi y Alabama comenzaron a aplicar las mismas leyes de identificación con fotografía que la autorización previa federal había prohibido anteriormente. Otros estados del Sur comenzaron a depurar sus padrones electorales, restringir la votación anticipada, eliminar el registro el mismo día de las elecciones e impedir que las juntas electorales de los condados abrieran las urnas durante una hora más.

En 2021 y 2022, en respuesta a la participación récord de votantes en las elecciones de 2020, 19 estados aprobaron más de 30 leyes que dificultaban el voto. El Senado de los Estados Unidos, aunque nominalmente bajo control demócrata, no contaba con los votos necesarios para superar la obstrucción republicana y restablecer la Sección 5.

Luego, la semana pasada, los seis jueces designados por los republicanos en el tribunal decidieron desmantelar la Sección 2. En Louisiana v. Callais , Alito —en una opinión notablemente deshonesta, incluso para él— dijo que solo estaba actualizando la Sección 2. "Se han producido grandes cambios sociales en todo el país", escribió Alito, "particularmente en el Sur". Como resultado de la Ley de Derechos Electorales, afirmó, los afroamericanos, antes excluidos de las urnas, ahora votan en proporciones similares a las del resto del electorado.

Tonterías. Según un estudio reciente en el que los investigadores analizaron casi mil millones de votos emitidos en las elecciones generales federales entre 2008 y 2022, "pruebas significativas y sólidas" demuestran que la brecha de participación racial se amplió en partes del país que habían estado cubiertas por la Ley de Derechos Electorales después de que Shelby desmantelara la Sección 5.

Los magistrados republicanos designados para el tribunal han invitado a las legislaturas estatales republicanas a rediseñar los distritos electorales del Congreso, lo que probablemente creará un sur sólidamente republicano, generando la mayor reducción de la representación política negra desde el fin de la Reconstrucción. Esto podría resultar en la pérdida de hasta 19 escaños en la Cámara de Representantes de EE. UU. y casi 200 escaños en las legislaturas estatales a nivel nacional, y alterar drásticamente el equilibrio de poder a favor de los republicanos. El tribunal Roberts-Alito ha garantizado el renacimiento de Dred Scott y la Confederación.

Inmediatamente después del fallo, la legislatura de Florida aprobó un nuevo mapa de distritos electorales para el Congreso, elaborado por la oficina del gobernador Ron DeSantis, con el objetivo de arrebatar hasta cuatro escaños a los demócratas. Luisiana está posponiendo las primarias para convocar una sesión especial y rediseñar los distritos. En Alabama, las autoridades buscan levantar una orden judicial de un tribunal inferior que les impide modificar su mapa. Misisipi también está explorando activamente la creación de nuevos distritos republicanos de mayoría blanca.

Me resulta difícil recordar las muertes de Mickey Schwerner, Andrew Goodman y James Chaney, junto con la de Martin Luther King Jr. y otros mártires de los derechos civiles y del voto, y no temer que, debido a las opiniones deshonestas y retrógradas de Roberts, Alito, Thomas y otros jueces republicanos designados para la Corte Suprema, hayan muerto en vano. Robert Reich es economista y profesor de la Universidad de California en Berkeley. Substack. 5 de mayo de 2026.



























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. SOL, LA AUCTORITAS DEL PERIODISMO, POR MARUJA TORRES. 7 DE MAYO DE 2026

 





Tenía que irse en el 50º aniversario quien fue ejemplo largo y fecundo del mejor periodismo que se hizo en esta Redacción. Qué jugada, amiga.

Soledad Gallego-Díaz, para mí y para muchos otros Sol, tuvo muchas vidas, tantas como tareas se le encargaron o solicitó a su gente ya al mando del diario que veneró y al que fue leal más allá de cualquier condición. Austera y discreta como en vida; así se ha ido. Nos ha tenido en vilo y en silencio hasta el final, temerosos de romper su secreto con una pregunta.

Da rabia que ya no esté cuando estuvo tanto y tanto le quedaba por estar. La última vez que nos vimos fue con motivo de la grabación del programa En primicia dedicado a su trayectoria (me ahorro los adjetivos porque serían muchos). “Les dije que vinieras, que si no va a ser todo muy serio”. Así fue como nos encontramos charlando y riendo, recordando lo bien que lo pasamos viajando a Ámsterdam con amigas para ver van goghs y fumar canutos (más yo que ella) y cómo nos divertimos en Nueva York, cuando Sol estaba de corresponsal y yo de itinerante e íbamos tropezándonos con famosos, como si los atrajéramos, desde el tonto del hijo del shah de Persia (sí, el aspirante de ahora) hasta Louis Malle y Candice Bergen, pasando por Octavio Paz y Don Johnson. Con mucha gracia, me recordó que la noche de Ámsterdam entré en su habitación para anunciarle el prodigio que acababa de producirse en la mía: de un grifo roto brotaba un manantial que daba gloria. Fue Sol quien llamó a recepción para que lo arreglaran. Seguro que el recepcionista la obedeció sin rechistar. Como si le hubiera propuesto hacer un reportaje.

Soledad Gallego-Díaz se junta en mi memoria con recuerdos de Asturias, de amigas, de tardes jugando al siete y medio, de llamadas que me sacaban de la depresión profesional y me hacían sentirme valiosa. “Sé que preferirías estar en Beirut esta Nochebuena”, me dijo una vez, “pero lo más parecido que puedo ofrecerte es cenar con mi familia”. Tenía razón, la verdad, aunque más que Beirut aquella cena fue Frank Capra.

Poseía lo que llamamos auctoritas. Según la IA, y esta vez tiene razón, es el “prestigio, autoridad moral y reconocimiento social basado en el saber, la experiencia y la coherencia de una persona”. Sabiamente añade que se diferencia de la potestas o poder impuesto por un cargo. Gallego-Díaz hizo de todo en EL PAÍS, como bien sabéis, y no necesitó mandar, aunque lo hizo, para que quienes la queríamos por encima de todo la respetáramos.

Da rabia, da coraje que en este tiempo de canallas se vaya de nosotros una mujer tan valiosa. Su muerte, junto con el hecho de que las rodillas estén delante (creo que lo dijo Billy Wilder) es la prueba de que Dios no existe. Anda, Soledad, riámonos un poco de este disparate. Maruja Torres es escritora. El País, 6 de mayo de 2026.






















MI PLAN DE LECTURAS PARA EL INVIERNO/OTOÑO DE 2026. ACTUALIZADO AL DIA DE HOY, 7 DE MAYO DE 2026

 







PLAN DE LECTURAS. INVIERNO 2025-OTOÑO 2026

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INVIERNO, 2025/2026

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LA FUGITIVA (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VI), de Marcel Proust

 HANNAH ARENDT, UNA BIOGRAFÍA INTELECTUAL, de Thomas Meyer  

IDENTIDAD Y AMISTAD, de Emilio Lledó


EL TIEMPO RECOBRADO (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VII), de Marcel Proust 


APOLOGÍA DE SÓCRATES, de Platón


WALDEN, de Henry David Thoreau


LOS GRANDES CEMENTERIOS BAJO LA LUNA, de George Bernanos


EL GRAN GATSBY, de F. Scott Fitzgerald


LA MARAVILLOSA HISTORIA DEL ESPAÑOL, de Francisco Moreno


FEDÓN, de Platón


SONETOS DE AMOR, de William Shakespeare 


ANA NO, DE Agustín Gómez Arcos


CAMINAR, de Henry David Thoreau


(LEÍDAS TODAS)

     


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PRIMAVERA, 2026

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SOCIEDAD DEL CANSANCIO, de Byung-Chul Han


ENEIDA, de Virgilio


BIOGRAFÍA DEL SILENCIO, de Pablo D’Ors


TRISTRAM SHANDI, de Laurence Sterne


CRÓNICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, de la Real Academia Española


COMERÁS FLORES, de Lucía Solla


SAN MIGUEL, BUENO Y MÁRTIR, de Miguel de Unamuno


EL ARTE DE TENER RAZÓN, de Arthur Schopenhauer


SUITE FRANCESA, de Irène Némirovsky


(LEÍDAS TODAS)


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ANTOLOGÍA GENERAL, de Pablo Neruda


(LEYENDO AHORA MISMO)


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ANTOLOGÍA EN VERSO Y PROSA, de Gabriela Mistral


MARTÍ EN SU UNIVERSO, de José Martí


EL PERIÓDICO DE LA DEMOCRACIA, de Javier Cercas


(PENDIENTES DE LECTURA)



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VERANO, 2026

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ORIGEN Y META DE LA HISTORIA, de Karl Jaspers


LA DECADENCIA DE OCCIDENTE (2 tomos), de Oswald Spengler 


ARTE SONORA, de Auserón


UNA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA, de Jürgen Habermas


HISTORIA ALTERNATIVA DE LA FELICIDAD, de Juan Antonio González Iglesias


POLÍTICA Y FICCIÓN, de Jorge Lagos y Pablo Bustinday


ESCRITOS 6, de Soren Kierkegaard


¿TIENE FUTURO LA VERDAD? de Georg Steiner


UN CABALLERO EN MOSCÚ, de Amor Towles


MANIFIESTO POR UNA DEMOCRACIA RADICAL, de Jordi Sevilla


GALDÓS, Yolanda Arencibia


CONTRA EL ESTADO, de James C. Scott


MOMO, de Michael Ende


LA MEMORIA RECUPERADA, de Antonio Iglesias



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OTOÑO, 2026

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ERASMO Y ESPAÑA, de Marcel Bataillon (releer)


ULISES, de James Joycee (releer)


ENSAYOS, de Michael de Montaigne (releer)


OBRAS COMPLETAS, de Esquilo, Sófocles y Eurípides (releer)


IBIS, de Vargas Vila (releer)


ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA, de Friedrich Nietzsche (releer)




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SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA ESPAÑOL. HOY JUEVES, 7 DE MAYO DE 2026, EN CASTELLANO

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. Se nos fue Soledad Gallego-Díaz, la gran periodista, exdirectora de El País, el periódico de referencia en lengua española para todo aquel que ame la verdad y no la verborrea chismosa. Que la tierra le sea leve y que descanse en paz. Y maldito sea el cáncer que se la llevó, como a tantos otros cada día. Pero vamos con las entradas del blog de cada día, que también tendrá fin más pronto que tarde. La primera la firma el filósofo Daniel Innerarity y se titula Gestionando el colapso; la segunda, un archivo del blog de mayo de 2017, escrita por HArendt, se títulaba ¿A quién creer ya?. No hemos avanzado mucho, la verdad. Evidentemente, a peor; el poema del día, en la cuarta, continúa la serie sobre los horrores de la guerra: se titula Sí, es España, y está escrito por la poetisa británica Nancy Cunard; la cuarta son las viñetas de humor de cada día; la quinta, del café de sobremesa, se titula Sol, la auctoritas del periodismo, y la firma Maruja Torres; la sexta, séptima y octava son los De la tarde que cae de hoy. El primero, de Robert Reich, se titula Sam Alito y mi amigo Mickey; el segundo, de Damon Linker, se titula El barco que se hunde de Trump; y el tercero y último del día, escrito por Julie Guirado, se titula Las empresas de IA no son malvadas, pero son imprudentes. Espero que les resulten de interés. Tamaragua, amigos míos. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, se lo ruego: se lo merecen, nos lo merecemos. Besos. Les quiero. HArendt 














ENTRADA NÚM. 10450

DEL ASUNTO DEL DÍA. GESTIONANDO EL COLAPSO, POR DANIEL INNERARITY. 7 DE MAYO DE 2026

 







Llevo toda mi vida reclamando que los sistemas políticos superen su fijación obsesiva en lo inmediato, que atiendan más al largo plazo, y no vi venir la posibilidad de que la apelación al futuro pudiera tener una componente ideológica muy inquietante. En vez de corregir estas disfunciones, buena parte de las élites tecnológicas dan por descontado el colapso y se limitan a fantasear acerca del modo como pueden salvarse unos pocos.

Se ha ido construyendo en estos años esa ideología que Naomi Klein y Astra Taylor han denominado “fascismo del fin de los tiempos”, una combinación ideológicamente mediocre de capitalismo ultraliberal, el viejo elitismo antidemocrático y una cutre teología para dummies. Su principal característica es que tiene una concepción negativa del futuro cercano y una positiva del futuro lejano. Desde Silicon Valley ya no llega aquella narrativa utópica de los libertarios de antaño sino el recital de un inevitable colapso. Tenemos, por un lado, a Peter Thiel anunciando la llegada del Anticristo (que personifica en Greta Thunberg, Alexandria Ocasio-Cortez e incluso en León XIV) y, por otro, a Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, con un discurso apocalíptico sobre el desarrollo de la tecnología, algo que no es tan incoherente si tenemos en cuenta que las advertencias respecto de la tecnología se han convertido en su mejor propaganda. Algunos de los que defendían una moratoria no han dejado de hacer caja con la inteligencia artificial. El futuro que vende Silicon Valley no es utópico sino devastador, siniestro, inexorable y elitista. Ya no es aquel que prometía democratización y oportunidades para todos con el despliegue tecnológico, sino el de la supresión de puestos de trabajo, aceptada la derrota ante el desastre climático, y en el que la supervivencia solo será posible para unos pocos, una supervivencia en búnkeres o en Marte, que tampoco parece muy atractiva.

Se llama largoplacismo (longtermism) a la teoría según la cual la humanidad se enfrenta a unos riesgos existenciales que le obligan a elegir entre la autodestrucción y la continuidad de la especie. Al convertirlo en un programa de acción, los tecnoligarcas cuentan con que les creamos en dos cosas: que su diagnóstico catastrofista es correcto y que ellos representan la mejor solución (no para impedir el colapso, sino para gestionarlo garantizando una peculiar forma de supervivencia). Nos enfrentamos a un nuevo tipo de poder, el de los señores de la tech-right, que quieren desmantelar la soberanía democrática y la legitimidad del Estado y transferir el poder a una élite cognitiva que sería la única capaz de gobernar el futuro.

Para estos altruistas de la civilización, la empresa de salvar a la humanidad futura es tan importante que legitima cualquier medio, incluidas decisiones de las que resultaría el sufrimiento de muchas personas en el presente. Y es que los peores desastres de la historia humana se convierten en algo casi irrelevante contemplados desde una perspectiva cósmica. Lo único importante sería el bien común de una humanidad futura imaginada como especie multiplanetaria, cuya supervivencia justifica todas las pérdidas padecidas por las poblaciones actuales. Declararse responsable de un futuro lejano e improbable permite ser completamente irresponsable respecto del presente real.

Esta manera de pensar en largos plazos temporales podría conducir a una mayor preocupación medioambiental; si no lo hace, es porque el largoplacismo piensa el futuro en tal lejanía temporal que incluso una catástrofe climática le parece un episodio irrelevante, con el que ya cuentan, y de ahí que prefieran trabajar en la colonización de otros mundos. No es extraño que este pensamiento se haya desarrollado entre los superricos (tecnoligarcas contrarios a cualquier regulación, magnates del petróleo, responsables del extractivismo y la predación de recursos), que son los mayores responsables de la ruina de nuestro planeta.

Tenemos un ejemplo de ello en el experimento de los coches autónomos. Tesla puso sus coches en el mercado sabiendo que no cumplían los estándares de seguridad que prometían. Esa operación equivalía de hecho a que los primeros usuarios trabajaran para la compañía poniendo en juego sus vidas. Elon Musk justificaba la operación apelando a las muertes que iban a ahorrase en el futuro. Tesla es un caso de utilización del cínico principio “finge hasta que lo consigas”: di que tus coches son seguros que, después de trágicos errores y gracias a la involuntaria colaboración de sus usuarios accidentados, tal vez llegues a la completa seguridad.

Este nuevo paisaje ideológico es una curiosa combinación de pesimismo en cuanto al presente y optimismo en relación con el futuro, de colapso inminente y solucionismo tecnológico. Los superricos piensan en modo pánico: construyen búnkeres, se hacen intervenciones médicas extravagantes, sueñan con colonizar otros planetas, están obsesionados con la inmortalidad. Es increíble lo preocupados que están cuando no deberían tener ninguna preocupación. Liberados de las regulaciones estatales, los individuos podrán acelerar la trayectoria evolutiva de la especie humana gracias al progreso tecnocientífico: prolongación indefinida de la vida, colonización espacial, manipulación genética, inteligencia artificial e hibridación hombre-máquina.

La élite tecnológica cree que logrará salvar nuestra civilización si se libera del peso de la condición humana y el lastre de la solidaridad. De hecho, los proyectos eugenésicos proliferan desde hace tiempo en Silicon Valley. El mejoramiento poshumanista se sirve de las drogas inteligentes (smart drogues) y el biohacking con el objetivo de liberarse de los condicionantes colectivos y acceder individualmente a un nivel superior de percepción y rendimiento.

El furor futurista en torno a la inteligencia artificial tiene que ver con el hecho de que se concibe como una tecnología que nos permitiría superar nuestra realidad corporal y temporal, la pesadez antropológica, material y terrestre. A este objetivo responde la aceleración de la inteligencia artificial por la autorregulación del mercado, convencidos de que los costes y las externalidades negativas de su desarrollo desenfrenado resultarán, a medio plazo, insignificantes frente a los beneficios de la superinteligencia.

El supuesto altruismo respecto de las generaciones futuras se traduce en un individualismo brutal en el presente. El mayor obstáculo de la supervivencia es la “empatía suicidaria”, que constituye para Peter Thiel “la debilidad fundamental de la civilización”. La empatía sobrevalora a las minorías indeseables en detrimento de los individuos más meritorios. Buena parte de la nueva élite tecnológica ve en la intervención eugenésica una antítesis de ese Estado que iguala y protege, consagrando así la debilidad (actual) e impidiendo la excelencia (futura).

Esta mezcolanza ideológica de entusiasmo tecnológico, teología barata y autoritarismo político nos obliga a revisar nuestras categorías de análisis y las estrategias para hacerle frente. Mi conclusión es que una sociedad democrática debería protegerse de unos gobernantes que planifican para la eternidad, más todavía que frente a aquellos que improvisan y solo piensan en el corto plazo. Debe haber otra forma de articular el presente y el futuro, lo inmediato y lo sostenible. En cualquier caso, la única manera de sobrevivir a la catástrofe que se avecina es asegurarse de que no suceda. Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política, investigador Ikerbasque en la UPV-EHU y titular de la cátedra Inteligencia Artificial y Democracia del Instituto Europeo de Florencia. Su último libro es El futuro de la democracia (Galaxia Gutenberg). El País, 6 de mayo de 2026.



























DEL ARCHIVO DEL BLOG. CORRUPCIÓN, MENTIRAS, POLÍTICA. ¿A QUIÉN CREER YA?, POR HARENDT. PUBLICADO EL 10 DE ABRIL DE 2016

 








Esto más que un goteo es ya un chorro abierto sin control y una alcantarilla que revienta porque no da más de sí: solo en el día de hoy un exvicepresidente de la comunidad autónoma de Madrid y exsecretario general de su partido en esa comunidad, el presidente de la diputación provincial de León, un grupo de alcaldes en ejercicio y hasta una cincuentena de empresarios repartidos por toda España, detenidos por presunta corrupción... Es para no creer en nada ni nadie, pero el caso es que yo si creo que la inmensa mayoría de los políticos españoles son honrados, pero también creo, como dice el aforismo romano, que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. ¿Entonces, qué hacer? 

No soy dado a las grandes admiraciones. Por cumplir con mi personal ley de igualdad de género cito entre esas grandes admiraciones a dos mujeres, Hannah Arendt, teórica política estadounidense de origen judeo-alemán y a Simone Weil, filósofa francesa de origen judío, y a dos hombres, Emilio Lledó, filósofo y filólogo español y a Hans Küng, teólogo católico suizo. Por los cuatro siento una profunda admiración y respeto, tanto por la importancia de su obra intelectual como por el ejemplo de sus vidas. Y uno de ellos fue profesor mío en la Facultad de Geografía e Historia de la UNED; sólo por el privilegio de haberle conocido y tenido como profesor merecieron la pena todos los años de estudio.

Pero hoy sólo quiero traer a colación a Hans Küng, teólogo católico de renombre universal, consultor especial del Concilio Vaticano II por decisión expresa del papa Juan XXIII, y apartado fulminantemente de su cátedra de Teología en la Universidad alemana de Tubinga por el papa Juan Pablo II por oponerse públicamente al dogma de la infalibilidad pontificia.

No soy creyente. No lo era ya cuando leí durante unas vacaciones en Mallorca hace al menos cuarenta años la primera de sus grandes obras teológicas: "Ser cristiano". Seguí sin serlo después de leer con sincera admiración al menos una docena sus títulos posteriores. Y al día de hoy sigo ateo-no beligerante, a Dios gracias, diría yo. Pero no, desde luego, por culpa suya, porque reconozco que pocos libros existen con la profunda religiosidad y el rigor teológico de los escritos por Hans Küng. A sus casi 90 años, sigue empeñado en la elaboración de una ética de validez universal y del diálogo sin condiciones entre todas las iglesias. Y yo, sigo esperando con ilusión la publicación en español de la tercera parte de sus memorias. 

Hace unos años el diario El País publicó un interesantísima artículo suyo, hoy más que nunca de plena actualidad, titulado "¿Está justificada la mentira en política?" por el que desfilan George W. Bush, Henry Kissinger, Richelieu, Metternich, Bismarck, Theodore Roosevelt, Maquiavelo, Thomas Jefferson, Martín Lutero, Helmut Schmidt, Jimmy Carter, Bill Clinton y Monica Lewinsky..., entre otros. Hoy, oyendo justificarse ante sus electores a la presidenta del partido popular de Madrid y expresidenta de dicha comunidad autónoma, expresidenta del Senado y exministra, Esperanza Aguirre, y soplar plumas hacia arriba a la secretaria general del partido popular español, Dolores de Cospedal, o mirar hacia otro lado como si la cosa no fuera con él y con todos nosotros al presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, creo que merece la pena releer lo que en su día dijera un teólogo tan solvente como Hans Küng sobre la mentira y la política. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt