viernes, 10 de abril de 2026

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, ABSTINENCIA. PUBLICADO EL 13 DE OCTUBRE DE 2018

 






Seguiremos viendo cada vez más propuestas que nos ayuden a lidiar con un mundo hiperconectado, escribe en El País la periodista Cristina Manzano, directora de "Foreign Policy en español" y subdirectora general de FRIDE. El día que cobró conciencia de lo que había hecho, Justin Rosenstein decidió dejarlo todo, comienza diciendo Manzano. ¿Su pecado? Haber creado uno de los inventos más revolucionarios del siglo XXI; el botón del Me gusta de Facebook. Algo en apariencia inocuo, pero que activa al máximo un mecanismo psicológico que de la manera más sencilla produce satisfacción sin compromiso, lo que a su vez desencadena toda una dinámica de dependencia y manipulación hasta hace poco impensable.

Rosenstein es solo uno más de los frikis reconvertidos en abstemios tecnológicos. Que sea otra prueba del esnobismo de Silicon Valley o arrepentimiento genuino poco importa. Hay un movimiento cada vez mayor que alerta de los peligros de la adicción a la tecnología y su capacidad para penetrar en todos los resquicios de nuestras vidas.

En lo personal, junto a sus múltiples ventajas, la conexión permanente y las redes sociales han logrado que la atención se mute en distracción —con alteraciones incluso en la forma en que aprendemos y retenemos información— y está generando una dependencia que puede degenerar en enfermiza, literalmente. Según un reciente estudio, los españoles consultamos el móvil unas 150 veces al día; cada menos de diez minutos.

En lo público, han creado un espacio que, además de ampliar y democratizar la conversación, permite sacar a relucir lo peor del ser humano, con comportamientos inconcebibles en la vida “real”. Un espacio de verdades difusas donde la interferencia y la manipulación campan a sus anchas con sus consecuencias políticas.

En realidad, según el historiador británico Niall Ferguson en su último libro La plaza y la torre, el poder de las redes ha existido siempre, aunque no le hayamos prestado suficiente atención. Ahora cambia la rapidez y el alcance de su influencia. En una reciente visita a Madrid le preguntaron a Ferguson qué podemos hacer, como individuos, para preservar la libertad, y su respuesta fue: “Yo lo estoy dejando”. Él también. En boca de un intelectual público que ha alcanzado gran notoriedad en parte por las redes, sonaba como cuando los curas recomiendan la abstinencia para evitar los embarazos.

Pero sí es necesario aprender a gestionar esta nueva realidad. Algunos límites están llegando por las políticas públicas, como la decisión de Francia de prohibir los móviles en las escuelas, o como las leyes que reconocen el derecho de los empleados a desconectarse fuera de su horario laboral, además de los esfuerzos por combatir las noticias falsas y la injerencia.

En otros casos, la desintoxicación llegará por iniciativa particular, ya sea por hartazgo, autocontención o disciplina. Una encuesta en Estados Unidos revela que un 51%, ante la desconfianza hacia los medios, ha comenzado a contrastar la información con diversas fuentes. Un ejercicio de responsabilidad.

La política del avestruz no suele funcionar. Entre la abstinencia y la dependencia seguiremos viendo cada vez más propuestas que nos ayuden a lidiar con un mundo hiperconectado. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




























DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LETANÍAS DE LAS GANANCIAS DE LA GUERRA, DE ALLEN GINSBERG

 







LETANÍAS DE LAS GANANCIAS DE LA GUERRA




Dedicado a Ezra Pound


Estos son los hombres de las compañías que han sacado

                    dinero de esta guerra

milnovecientossesentayocho Annodomini cuatromil

                    ochenta Hebraico

Estas son las corporaciones que se han beneficiado con el comercio

                    de fósforo que abrasa la piel o de bombas fragmentadas en

                    miles de punzantes agujas

Y en esta lista los millones ganados por cada mancomunidad manufacturadora

y aquí están las ganancias numeradas, catalogadas desde hace una década puestas

                    en orden,

aquí nombrados los Padres en el gobierno de estas industrias teléfonos

                    dirigiendo las finanzas,

Nombres de directores, hacedores de destinos, y los nombres de los

                     accionistas de estos Agregados. Predestinados.

Y aquí están los nombres de sus embajadores en la capital,

                     representantes ante la legislatura, aquellos que se sientan bebiendo

                     en salones de hotel para persuadir,

y aparte, por orden, aquellos que dejan caer Anfetaminas con los

                     militares, chismorrean, discuten, y persuaden

sugiriendo políticas, nombrando lenguajes proponiendo estrategias, esto

                     hecho con dinero como embajadores ante el Pentágono, consultores

                     de los militares, pagados por su industria:

y estos son los nombres de los generales y capitanes militares,

                     que así, ahora trabajan para los fabricantes de bienes de guerra;

y encima de éstos, por orden, los nombres de los bancos combinados,

                     trusts de inversión que controlan estas industrias:

Y estos son los nombres de los periódicos propiedad de estos bancos

Y estos son los nombres de las estaciones de radio propiedad de estos

                    combinados;

y estos son los números de miles de ciudadanos

                    empleados por las citadas empresas;

y el comienzo de esta relación es 1958 y el final 1968,

                    que la estadística sea contenida en una mente ordenada,

                    coherente y definida,

y la primera forma de esta letanía comenzó el primer día de diciembre

de 1967 y lleva más allá este poema sobre estos Estados.




ALLEN GINSBERG (1926-1997)

poeta estadounidense


 


***




Irwin Allen Ginsberg (1926-1997) fue un poeta estadounidense y una de las figuras más destacadas de la generación beat en la década de 1950. Se opuso enérgicamente al militarismo, materialismo económico y la represión sexual. Es conocido principalmente por su poema épico Aullido (Howl), en el que denunció lo que consideraba fuerzas destructivas del capitalismo y de la conformidad en Estados Unidos. Budista practicante y estudió ampliamente distintas disciplinas religiosas orientales. Participó en las protestas políticas no violentas de su época, desde la guerra de Vietnam a la guerra contra las drogas. Su poema September on Jessore Road, donde llamó la atención sobre la difícil situación de los refugiados de Bangladés, es un ejemplo de lo que la crítica literaria Helen Vendler describió como la incansable persistencia de Ginsberg en la protesta contra la «política imperial, y la persecución de los sin poder». Fuente: Wikipedia.















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 10 DE ABRIL DE 2026

 






























jueves, 9 de abril de 2026

HUNGRÍA 12-A: LA ELECCIÓN QUE PUEDE CAMBIAR EUROPA. ESPECIAL NOCHE TRES DEL 9 DE ABRIL DE 2026

 






El próximo domingo 12 de abril, diez millones de húngaros decidirán bastante más que su gobierno. En circunstancias normales, unas elecciones parlamentarias en un país del tamaño de Andalucía no deberían alterar el equilibrio continental. Pero Hungría no vive circunstancias normales desde hace dieciséis años. Lo que ocurra en Budapest tendrá consecuencias directas sobre la guerra en Ucrania, la política energética europea, la relación transatlántica y la propia capacidad de la Unión Europea para actuar como actor geopolítico. No es una exageración: es aritmética institucional. En una UE que exige unanimidad para las grandes decisiones de política exterior, un solo Estado miembro tiene capacidad de bloqueo. Ninguno la ha ejercido con tanta constancia ni con tanta eficacia como la Hungría de Viktor Orbán. Un sistema diseñado para no perder. Para entender lo que está en juego hay que entender primero en qué condiciones se juega. Hungría celebra elecciones, pero no compite en igualdad. Orbán reformó el sistema electoral en 2011, apenas un año después de recuperar el poder: redujo los escaños del Parlamento casi a la mitad, eliminó la segunda vuelta en las circunscripciones uninominales e introdujo un mecanismo de compensación que premia desproporcionadamente al partido más votado. El resultado es un sistema que, sobre el papel, combina representación proporcional con mayoría simple, pero que en la práctica funciona como una máquina de amplificación del incumbente. En 2022, con el 54% del voto popular, Fidesz obtuvo dos tercios de los escaños por cuarta vez consecutiva. A eso hay que sumar un ecosistema mediático capturado: la gran mayoría de los medios húngaros están controlados directa o indirectamente por la órbita de Fidesz. El Parlamento Europeo calificó a Hungría de «régimen híbrido de autocracia electoral» en 2022. No es un adjetivo: es un diagnóstico institucional. Con todo, por primera vez en dieciséis años, Orbán se enfrenta a un desafío electoral real. Péter Magyar, que formó parte del entorno de Fidesz hasta que rompió con el partido en 2024 —tras el escándalo del indulto presidencial a un cómplice en un caso de pederastia, que provocó la dimisión de su entonces exesposa, la ministra de Justicia—, lidera el partido Tisza con una ventaja de entre 19 y 23 puntos en los sondeos independientes. La consolidación parcial de la oposición —varios partidos minoritarios han renunciado a presentarse para no fragmentar el voto— y el deterioro económico del país —contracción en 2023, crecimiento raquítico en 2024 y 2025, déficit del 5%— han creado una tormenta perfecta contra el actual primer ministro. Magyar ha centrado su campaña en tres ejes: desmontar el Estado capturado por Fidesz, combatir la corrupción sistémica y recuperar los fondos europeos congelados por Bruselas. Es un discurso pragmático, más centrado en la gestión que en la geopolítica, lo cual puede ser a la vez su fortaleza y su vulnerabilidad: habla el lenguaje de los ciudadanos hastiados, pero deja a Orbán el monopolio del relato de seguridad. Porque Orbán no compite en el terreno de los servicios públicos. Su campaña es un ejercicio de movilización por el miedo: Ucrania como amenaza existencial, la guerra como riesgo inminente si él pierde, la neutralidad como única garantía de supervivencia nacional. Es un guion ya probado —funcionó en 2022, cuando la invasión rusa coincidió con la recta final de campaña— pero que esta vez choca con una realidad económica difícil de esconder con retórica. El caballo de Troya del Kremlin. La dimensión interna de estas elecciones importa, pero la exterior importa más. Hungría no es, desde hace tiempo, solo un problema de gobernanza doméstica. Es el principal instrumento de Rusia dentro de la arquitectura institucional europea. El patrón es conocido. Orbán visitó a Putin en Moscú en noviembre de 2025, mientras el resto de Europa reforzaba sanciones. Hungría sigue importando petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba y avanza con el proyecto nuclear Paks II, construido por Rosatom con financiación rusa. Budapest se ha convertido, además, en el principal hub de inteligencia rusa en territorio de la UE. Pero lo que ha salido a la luz en las últimas semanas supera el nivel de la colaboración implícita. El medio de investigación VSquare reveló, citando fuentes de seguridad europeas, que el Kremlin desplegó en Budapest un equipo de operadores vinculados al GRU semanas antes de las elecciones. La operación está supervisada por Serguéi Kirienko, principal arquitecto de la infraestructura de influencia política rusa en el exterior —el mismo que dirigió las operaciones de compra de votos y campañas de influencia en Moldavia durante las presidenciales de 2024—. Y el Washington Post reveló que Moscú llegó a proponer escenificar un falso intento de asesinato contra Orbán para movilizar a sus votantes —lo denominaron internamente «the Gamechanger»—. No hay constancia de que se ejecutara, pero su mera concepción revela hasta qué punto el Kremlin considera la continuidad de Orbán un activo estratégico de primer orden. La paradoja es extraordinaria. Fidesz ha construido todo su relato político sobre la soberanía nacional y la denuncia de la «interferencia de Bruselas». Al mismo tiempo, acoge operaciones de inteligencia militar rusa en su territorio y ha abierto una causa de espionaje contra el periodista que lidera las investigaciones sobre esas operaciones. El daño causado a la capacidad de acción europea no es retórico: es cuantificable. Hungría ha bloqueado paquetes de préstamos para Ucrania, vetado negociaciones de adhesión y obstaculizado sistemáticamente las sanciones contra Moscú. Y cuando finalmente aceptó el paquete de préstamos en diciembre de 2025, dio marcha atrás semanas después —una maniobra sin precedentes en la política comunitaria— porque Ucrania se negó a reparar un tramo del oleoducto Druzhba que Rusia había bombardeado. La alianza MAGA. Donald Trump no es un actor secundario en esta elección. Orbán ha sido durante años el modelo europeo del movimiento MAGA: un líder que combina nacionalismo cultural, hostilidad hacia las instituciones multilaterales y una relación transaccional con las alianzas occidentales. Budapest se convirtió en punto de peregrinación para la derecha trumpista: CPAC se celebró allí, los think tanks de Orbán financiaron viajes de congresistas estadounidenses, y la relación personal entre ambos líderes se consolidó como una de las más estrechas del panorama internacional. El vicepresidente J.D. Vance tiene previsto visitar Budapest en los días previos a la votación, señal inequívoca de apoyo en plena recta final de campaña. Pero la relación tiene también una cara menos visible: Orbán ha desempeñado un papel clave en la legitimación de narrativas del Kremlin en la derecha americana. La conexión Budapest-Moscú ha funcionado como canal de transmisión: lo que un político americano no aceptaría de labios de un ruso, lo acepta de un aliado europeo que comparte sus valores culturales. Con todo, la alianza tiene límites. Orbán buscaba una visita de Trump a Budapest, pero el presidente está centrado en la crisis con Irán. Vance es un sustituto de alto nivel, pero no es Trump. La puerta trasera China. Si Rusia utiliza Hungría como instrumento de bloqueo político, China la utiliza como plataforma de penetración industrial. Y ambas estrategias convergen en el mismo punto: la capacidad de Budapest para sabotear decisiones comunitarias que afectan a los intereses de Pekín. Los datos son elocuentes. En 2024, Hungría concentró el 31% de toda la inversión china en Europa. BYD está construyendo una megaplanta de vehículos eléctricos en Szeged. CATL invierte más de 7.000 millones en la que será la mayor planta de baterías del continente. Orbán firmó con Xi Jinping una «asociación estratégica integral para todas las estaciones» en 2024, el nivel más alto de relación bilateral que Pekín otorga. No es ceremonial: implica una alineación que tiene consecuencias directas sobre la política comunitaria. Cuando la UE votó aranceles a los vehículos eléctricos chinos, Hungría votó en contra. No por principio librecambista, sino por dependencia. La Comisión Europea está investigando si BYD recibió subsidios estatales ilegales para construir la planta de Szeged. Las primeras pesquisas apuntan a que se construyó con mano de obra china, ensamblará componentes fabricados exclusivamente en China y no transferirá tecnología avanzada fuera del país. En otras palabras: no es una inversión industrial, sino una línea de ensamblaje con bandera europea que permite a BYD esquivar aranceles sin generar valor local significativo. La Comisión planea proponer una prohibición permanente del petróleo ruso el 15 de abril —tres días después de las elecciones húngaras— precisamente para evitar que se convierta en argumento de campaña. Que Bruselas tenga que calibrar el calendario regulatorio del continente entero en función de unas elecciones en un país de diez millones de habitantes dice todo lo que hay que saber sobre el peso desproporcionado de Hungría en la toma de decisiones europea. Lo que se juega Europa. La elección húngara es, en última instancia, un test sobre la UE misma. No solo sobre si Orbán puede perder, sino sobre qué ocurre cuando un Estado miembro captura las reglas del juego comunitario y las usa como arma. Si Magyar gana, el efecto inmediato será un desbloqueo: los fondos para Ucrania, las sanciones contra Rusia, la política comercial hacia China y el proceso de adhesión ucraniano dejarán de tener un veto permanente. El efecto simbólico puede ser aún mayor: demostrar que un líder autocrático puede ser derrotado en las urnas dentro de la propia UE enviaría un mensaje poderoso en un momento en que la extrema derecha gobierna o lidera las encuestas en media docena de países europeos. Pero la victoria electoral, si se produce, no garantiza la transformación. Orbán ha tenido dieciséis años para colonizar la judicatura, la administración pública, los medios, la economía y el sistema educativo. Ha colocado personas leales en posiciones que no dependen de los ciclos electorales. Desmontar esa estructura requiere no solo ganar, sino gobernar con determinación suficiente para reformar las instituciones sin provocar una crisis constitucional. Y hay una pregunta estructural que estas elecciones plantean pero no resuelven: ¿tiene sentido que la UE siga exigiendo unanimidad para las decisiones de política exterior y seguridad? El caso húngaro demuestra que esa regla, concebida para proteger a los Estados pequeños, puede ser instrumentalizada por un gobierno que actúa como agente de potencias exteriores. No es una anomalía: es un fallo de diseño. Gane quien gane el 12 de abril, ese fallo seguirá ahí. La pregunta que importa. Las encuestas favorecen a Magyar. La movilización ciudadana es real. La consolidación de la oposición no tiene precedentes. Pero en Hungría la distancia entre ganar una elección y cambiar un régimen es enorme. Orbán no ha construido solo un gobierno: ha construido un sistema. Un sistema que controla el recuento, los medios que cubren el recuento, los tribunales que resuelven las impugnaciones y las empresas que financian a quien gana. Por otra parte, Hungría tiene una geografía electoral peculiar: Budapest concentra la oposición, pero las circunscripciones rurales —donde vive la mayoría del país y donde Fidesz domina con comodidad— son las que deciden el resultado. Es una asimetría que, por ejemplo, Polonia, con varias ciudades grandes de peso electoral equivalente, no tiene. La pregunta, en definitiva, no es si Magyar puede ganar. La pregunta es si ganar basta. Para Hungría, la respuesta depende de lo que ocurra en los meses posteriores a la victoria, si es que se produce. Para Europa, depende de algo más profundo: de si la UE es capaz de reformar sus propias reglas para que lo que ha ocurrido con Hungría no pueda repetirse. El 12 de abril no se vota solo en Hungría. Se vota, en cierta medida, el futuro de la UE. EDUARDO BAYÓN es politólogo. Publicado en InfoPolítica el 7 de abril de 2026.




















TRUMP HA PERDIDO LA CABEZA DE UNA FORMA REALMENTE SERIA Y ATERRADORA. ESPECIAL NOCHE DOS DE HOY, JUEVES, 9 DE ABRIL DE 2026

 







Amigos: Su última amenaza es una locura. Trump declaró hoy a los periodistas que, a menos que Irán reabra el estrecho de Ormuz, "todos los puentes de Irán quedarán destruidos" y "todas las centrales eléctricas de Irán quedarán fuera de servicio, ardiendo, explotando y sin volver a utilizarse jamás", y añadió que "todo el país puede ser arrasado en una sola noche, y esa noche podría ser mañana mismo".

¿Qué hay del derecho internacional, que tipifica como crimen de guerra la destrucción de infraestructura civil? ¿Qué hay de las reiteradas afirmaciones de Trump de que Estados Unidos ya ha "eliminado" el peligro que representa Irán?

Lo más absurdo de todo esto es que Trump ahora centra el objetivo final de su guerra en la disposición de Irán a abrir el estrecho. Pero el estrecho ya estaba abierto antes de que Trump atacara a Irán el 28 de febrero. Irán lo bloqueó en represalia por ese ataque.

Irán declaró hoy que solo reabrirá el estrecho si recibe garantías de que no volverá a ser atacado, si Israel pone fin a sus ataques contra Hezbolá en el Líbano y si Estados Unidos levanta todas las sanciones económicas contra Irán. Todo indica que Irán cree tener ahora mayor poder de negociación que antes de que Trump iniciara su guerra.

Trump también hizo una sorprendente confesión hoy. "Si por mí fuera", dijo, "me quedaría con el petróleo, me lo quedaría, me daría mucho dinero". Pero no lo hará, dijo, porque "desafortunadamente, al pueblo estadounidense le gustaría que volviéramos a casa".

¿Hola? ¿Trump ya está culpando al público estadounidense por su fracaso en lograr sus objetivos en Irán?

El problema no es que el público estadounidense quiera que esta guerra termine. Claro que sí, pero la mayor parte del público estuvo en contra de la guerra desde el principio.

El problema fundamental es que tenemos un comandante en jefe que llevó a la nación a esta guerra imposible de ganar por razones que nunca articuló, sin una estrategia sobre cómo responder si Irán hacía lo esperado y cerraba el estrecho en represalia, y sin una estrategia de salida si Irán no se rinde.

¿Qué pasaría si Irán se negara a reabrir el estrecho antes de la fecha límite que Trump ha fijado para mañana? ¿Acaso ha reflexionado sobre las consecuencias de cumplir su amenaza, que probablemente implicaría la muerte de miles de civiles iraníes? ¿Y qué ocurriría entonces ? ¿Ha considerado qué pasaría si no cumple su amenaza y pierde aún más credibilidad?

El problema subyacente es que tenemos un presidente que ya no piensa con claridad. Como publicó el senador Chris Murphy, Trump “está completamente desquiciado. Ya ha matado a miles de personas. Va a matar a miles más”.

¿Cómo abordamos este problema subyacente ? Murphy sugiere la 25ª Enmienda, cuya sección cuatro autoriza al vicepresidente y a la mayoría del Gabinete, o al vicepresidente y a la mayoría de otro organismo creado por el Congreso, a declarar a un presidente "incapaz de ejercer las facultades y deberes de su cargo". De hacerlo, el vicepresidente asumiría la presidencia interina.

No sucederá pronto, pero si Trump continúa deteriorándose —exponiendo a los estadounidenses a precios cada vez más altos y peligros cada vez mayores— los republicanos no tendrán otra alternativa. Ni Estados Unidos. ROBERT REICH es profesor de universidad. Publicado en Substack el 7 de abril de 2026.
















¿A QUIÉN DESPEDIRÁ TRUMP PRÓXIMAMENTE? ESPECIA NOCHE UNO DE HOY JUEVES, 9 DE ABRIL DE 2026

 







Amigos: Pam Bondi ha sido expulsada del Departamento de Justicia y Kristi Noem ha dejado el Departamento de Seguridad Nacional. ¿Quién será la siguiente?

No es raro que un presidente renueve su gabinete antes de elecciones cruciales, y Trump, en particular, necesita dar la impresión de que está renovando las cosas. Su índice de aprobación está por los suelos, no encuentra una estrategia para poner fin a su impopular guerra, el precio de la gasolina se dispara y otros precios suben. Para colmo, se acercan las elecciones de mitad de mandato y los republicanos cuentan ahora con una mínima mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

“Está muy enfadado y va a hacer cambios de personal”, declaró a Politico un funcionario familiarizado con los posibles relevos . Es de suponer que Trump también sabe que la confirmación de los nuevos nombramientos del gabinete podría ser difícil el año que viene, sobre todo si los demócratas ganan más escaños en las elecciones de mitad de mandato.

He trabajado en suficientes Casas Blancas como para reconocer las señales. He aquí una: el portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, declaró el viernes que Trump tiene "el gabinete y el equipo más talentosos de la historia de Estados Unidos". Esto indica que Trump busca deshacerse de algunos de ellos, y pronto. ¿Pero de quiénes? ROBERT REICH es profesor de la Universidad de California en Berkeley. Publicado en Substack el 6 de abril de 2026.



















DEL SABOR DEL CAFÉ. HOY, QUE EL PATRIOTISMO CAMBIE DE BANDO. ESPECIAL TARDE DEL JUEVES, 9 DE ABRIL DE 2026

 







Aquella década larga que pasé viviendo en el extranjero echaba de menos España. El sol, la seguridad en las calles, las risas atravesadas por un lenguaje común o la sanidad pública se convirtieron en objeto de una nostalgia que, progresivamente, fue horadándome las entrañas hasta que, exhausta del síndrome de Ulises, decidí retornar con un cariño renovado a las raíces. Este fenómeno, que el filósofo Edward Said ya describió, ha perseguido siempre a emigrantes y exiliados, más propensos a desarrollar un profundo patriotismo ya que les falta el suelo que querrían pisar. Poco a poco, fui despojándome de unos complejos asociados a las connotaciones negativas que el nacionalismo español acarrea desde que el franquismo se lo apropiara, y abracé un sentimiento de pertenencia a mi tierra que no es excluyente ni discriminatorio, pensando que, si la nación es una comunidad imaginada —como decía Benedict Anderson— no podemos sino imaginar sobre las coordenadas de la memoria, unas costumbres y vínculos afectivos anclados en un lugar específico. Así que me volví patriota, de las que reconocen la carga emotiva de los espacios que moldean subjetividades, pero también las garantías legales asociadas a los territorios, como el principio de soberanía o el derecho a existir en un mundo en paz.

Lamentablemente, esta aspiración tan sencilla, que es fuente de identidad y abre la puerta a una estabilidad deseable, parece haberse fragmentado en añicos como un plato de duralex conforme las aberraciones bélicas prosiguen su curso en Oriente Próximo, tras la estancada guerra en Ucrania, la intervención militar en Venezuela o la amenaza flotante en torno a Groenlandia. No hay nada a salvo más que lo que podamos construir juntos, amarrados a un orden global basado en reglas que deben ser defendidas, por mucho que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo haya dado por perdido, sin especificar cuál es la alternativa.

El sistema de contrapesos jurídicos diseñado sobre los cadáveres de millones de personas y amparado por la ONU ha permitido un periodo largo de relativa mansedumbre geopolítica, que es donde a menudo florece lo más querido. A la luz de la actualidad, repudiarlo supone no sólo un acto de vasallaje ante las potencias hegemónicas y una legitimación de la violencia como instrumento de control de los pueblos, sino también una afrenta a los antepasados que pelearon por un futuro apacible y a las generaciones más jóvenes, privadas de toda esperanza si el contexto vital que se les lega consiste en una lluvia de drones.

En este sentido, la consigna “no a la guerra” se vuelve un búnker donde guarecernos, una suerte de banco de semillas que pugna por cobijar las posibilidades de la vida frente a quienes ensalzan abiertamente el sufrimiento impulsado por la sinrazón. Por una parte, el eslogan actúa de contrapeso a la destrucción y fábrica de memoria productiva: recuerda nociones de la condición humana que poco tienen que ver con la falacia hobbesiana, así como los valores con que una gran mayoría de dirigentes crecieron y que, hasta hace poco, empuñaban ferozmente contra la agresión de Putin: democracia, civismo, respeto a las fronteras. Por otra parte, evoca la fuerza de una colectividad que disiente de los dislates institucionales, tal como la que, en nuestro país, salió a la calle para rechazar la guerra de Irak o sacar el dedo acusador ante los responsables del atentado de Atocha en 2004. ¡Qué bello resultó aquel acto de patriotismo! Porque esgrimir la verdad, oponerse a conflagraciones ilegales y violaciones de los derechos humanos que, además, sientan un precedente para un potencial daño a lo propio, conforma un ejercicio de amor al país de primer nivel, mucho más que izar una bandera o ser connivente con la ley del más fuerte.

Decía la filósofa Simone Weil que “echar raíces quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana”. Ese suelo simbólico bajo nuestros pies implica una espiritualidad y una cultura compartidas, junto a la mirada bifronte hacia el pretérito y hacia el porvenir que dibuja el significado de las biografías formando una continuidad amable. La raigambre contiene, asimismo, un componente literal: allá donde explotan misiles no crece la hierba ni prosperan las cosechas. La ecología, esa gran olvidada en mitad de la barbarie, nos informa de un apego consustancial a nuestra plenitud y alimenta concepciones de paz y equilibrio mundial apremiantes hoy. Parece mentira que, sumidos en la emergencia climática, haya que reiterar aún una sensatez que se valió de mecanismos diplomáticos para articularse tras la Segunda Guerra Mundial, y contradecir a quien la anula. Así que, pidiendo permiso a la valiente Gisèle Pelicot, creo que el patriotismo, al igual que la vergüenza, debe cambiar de bando, posicionarse contra los agresores, a favor de la dignidad y la justicia, antes de que se desmiembre completamente el mapa global que nos sostiene. De lo contrario, nuestro sol, nuestra sanidad pública, unos lazos sociales sólidos… todo lo que una vez extrañé con la fuerza de la pérdida, podría desvanecerse bajo el cetro más despiadado. AZAHARA PALOMEQUE es escritora y doctora en estudios culturales por la Universidad de Princeton. Publicado en El País el 6 de abril de 2026.



























SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA. HOY JUEVES, 9 DE ABRIL DE 2026, EN CASTELLANO

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. Hoy no quiero hablar de la guerra… ¿Han visto ustedes las fotos de la Luna y de la Tierra que están enviando desde la nave estadounidense? Son preciosas. ¿Cómo podemos estar matándonos los humanos desde hace al menos 10000 años viviendo un planeta tan hermoso? Quizá porque somos la especie más estúpida que lo ha poblado hasta la fecha. Lo dejamos así. Vamos con las entradas del blog de hoy. La primera, con el tema del día, está firmada por el escritor Antonio Muñoz Molina, que comienza diciendo en ella que en la parte privilegiada del mundo, en la que vivimos los españoles, ir a la escuela puede ser un hábito aburrido y banal, y la educación un bien nada brillante, mucho menos valioso que el dinero y el éxito, pero que fuera de aquí, la educación es a veces un don por el que vale la pena arriesgar la vida, y caminar hacia la escuela y pasar el día en ella puede ser un sueño que no se cumpla nunca, o una trampa mortal. La segunda es un archivo del blog del 25 de noviembre de 2012 en el que HArendt divagaba sobre la creencia o no creencia en Dios, y que lo primero que uno debería hacer a la hora de plantear un diálogo es esperar que todos los participantes en él compartan, al menos, el significado de los conceptos sobre los que van a hablar. El poema del día, en la tercera, es de la poetisa rusa Anna Ajmatova, se titular Julio de 1914, y va como todos los últimamente publicados, sobre el horror de las guerras. La cuarta, como siempre, son las viñetas de humor, y para terminar, como cada día, El sabor del café de todas las tardes y los especiales de la noche, si los hubiera, que haberlos, como las meigas en esta vieja tierra que es España, haylos. Tamaragua, amigos míos. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna así nos lo permite. Sean felices, se lo ruego: se lo merecen. Besos. Les quiero. HArendt














ENTRADA NÚM. 10206