El blog de HArendt (2006-2026). Pensar para comprender, comprender para actuar
martes, 1 de abril de 2025
lunes, 31 de marzo de 2025
De las entradas del blog de hoy lunes, 31 de marzo de 2025
Del cambio de paradigma que perjudica a la izquierda
La política occidental se centra ahora en disputas sobre la inmigración, la identidad y la seguridad, antes que en la mejora económica, y esa transformación perjudica a la izquierda, comenta en Nueva Revista [El cambio de paradigma que perjudica a la izquierda, 18/03/2025] el politólogo Eric Kaufmann. La izquierda generalista está pasando por serios apuros en todo Occidente, comienza diciendo Kaufmann. La razón subyacente que explica esta tendencia es el realineamiento de la política actual, que se aparta de los conflictos económicos del siglo XX para adentrarse en las batallas culturales del XXI. En lugar de limitarse al tradicional debate entre la distribución gubernamental de la riqueza y el apoyo al libre mercado, los procesos electorales cada vez dan mayor importancia a cuestiones como la inmigración, la identidad nacional y la seguridad ciudadana. Este cambio en el paradigma perjudica a la izquierda. ¿Por qué? Pues porque como señaló David Goodhart, resulta más fácil que un partido de derechas dé un giro económico a la izquierda que el que uno de izquierdas dé un giro cultural a la derecha.
Los partidos de izquierdas no son capaces de abrirse hueco en esa amplia franja del electorado en el que reside el votante medio: un individuo que suele tender a lo conservador en lo cultural y al centro izquierda en lo económico. A los conservadores les resulta más sencillo, puesto que no están tan atados a la ortodoxia económica libertaria como lo están los partidos de izquierda a los valores culturales progresistas. Para el tipo de activista con estudios superiores que ha llevado las riendas en los partidos izquierdistas desde mayo del 68, las políticas identitarias y el multiculturalismo son dos caballos de batalla fundamentales. Sin embargo, se trata de ideas con un calado popular mucho menor que el de sus propuestas económicas, de ahí el atolladero en el que se encuentra el progresismo.
Ese no es el único factor que explica la falta de flexibilidad en la izquierda. Hay que añadir un ingrediente más: el auge de la corrección política. A día de hoy, se ha erigido como un sistema ideológico capaz que imponer dogmas emergentes, aunque sean pocos los que realmente crean en ellos. Igual que ocurría en el cuento de El traje nuevo del emperador, nadie se atreve a cuestionar un tema tabú si cree que eso le puede costar muy caro.
Sin andarnos por las ramas, la corrección política tiene más poder en la izquierda que en la derecha. Por ejemplo, muchos votantes conservadores en lo social podrán sentir antipatía por aquellos candidatos de sus filas que muestren un perfil más ecologista, pero ciertas disensiones de carácter progresista no van a hacer que la reputación de un candidato de derechas se ponga en entredicho, ni que su buen nombre acabe arrastrado por los suelos.
Sin embargo, un político de izquierdas que tienda a la derecha en lo cultural, por ejemplo, que reclame una reducción de la inmigración o la abolición de la discriminación positiva, probablemente se encuentre con un aluvión de acusaciones de racismo y machismo en las redes sociales. El escarnio público al que someten los activistas radicales de internet no solo es humillante, sino que además, al tratarse de temas tabú, puede empujar a otros compañeros de partido a unirse al linchamiento para dar fe de su propia intachabilidad. Estos daños irreparables no se limitan a lo político. No es de extrañar que sean pocos los progresistas dispuestos a acercar sus posturas culturales con la derecha. Eric Kaufmann es profesor de Política en la Universidad de Buckingham (Reino Unido) y miembro del Instituto Manhattan (Nueva York).
[ARCHIVO DEL BLOG] La vergüenza como sentimiento revolucionario. Publicado el 26/08/2019
La vergüenza es un sentimiento revolucionario, y al final, va a resultar que los auténticos cristianos son los que pasan por descreídos, comenta el escritor Julio Llamazares en relación con las vicisitudes de lps ocupantes y la tripulación del "Open Arms" en el Mediterráneo durante estas últimas semanas.
El 31 de marzo de 2018, comienza diciendo Llamazares, durante su oración en la celebración del vía crucis del Viernes Santo ante el Coliseo de Roma, el papa Francisco calificó de vergüenza que quienes hoy dirigen los destinos del planeta “dejen a los jóvenes un mundo fracturado por las divisiones y las guerras, un mundo devorado por el egoísmo donde los jóvenes, los débiles, los enfermos y los ancianos son marginados”. No era la primera vez que el Papa argentino de origen italiano utilizaba la palabra vergogna (vergüenza) para definir una situación, ya fueran los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes católicos, ya fuera la actitud de algunos gobernantes europeos ante la llegada al continente de personas que huyen de la hambruna y de las guerras que asolan los suyos. Incluso llegó a hablar el papa Francisco en una ocasión de la vergüenza como “una gracia divina que nos impulsa a pedir perdón”.
Se ha echado en falta, por eso mismo, la voz del Papa estos días ante el incidente internacional provocado por el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, con su negativa a acoger a un barco de una ONG española que transportaba a inmigrantes ilegales rescatados del mar, condenándolos a permanecer frente a las costas de Lampedusa en circunstancias penosas durante 18 días hasta que un fiscal italiano le obligó a acogerlos. En lugar del Papa, la que ha utilizado esta vez la palabra vergüenza ha sido la ministra de Defensa española, Margarita Robles, quien no ha dudado en calificar la actitud de su colega italiano Salvini como “una vergüenza para la humanidad en su conjunto”.
Pero lo que produce más vergüenza, aparte de la actitud de Salvini (quien, por cierto, no duda en aparecer, cuando se fotografía en bañador con sus admiradores en cualquiera de las playas italianas cuya inviolabilidad con tanto rigor defiende, con un crucifijo en el pecho y en presumir de cristiano; (“cristiano pero no tonto”, ha precisado, eso sí), es la de los representantes de los partidos de la derecha española, que también se declaran cristianos, criticando la actitud del Gobierno español en funciones en un asunto que no admite disensión, salvo por oportunismo político. Si ya no entienden el interés nacional al tratarse de un conflicto entre un barco español y un Gobierno extranjero —ellos que tanto hablan de patriotismo— ni las razones humanitarias que han llevado al nuestro a ofrecerse a acoger a los náufragos solidariamente con otros Gobiernos europeos en el caso, que finalmente no se produjo, de haber llegado aquéllos a territorio español, al menos que lo hagan por vergüenza y por caridad cristiana, esa de la que tanto presumen y a la que se agarran cuando les interesa. Que el propio Papa vaya por delante de ellos, si bien en este caso concreto no haya alzado la voz (sí en otros anteriores), debería hacerles pensar y reconsiderar su comportamiento, poniéndose, no ya del lado del Gobierno español, sino del de los Evangelios, esos que recomiendan y santifican la caridad y el socorro a los que los necesitan: “Dichoso el que cuida del pobre y desvalido; en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor” (salmo 40).
Al final, va a resultar que los auténticos cristianos son los que pasan por descreídos y comecuras, y que el papa Francisco es uno más de ellos, como algunos de sus seguidores, por cierto, ya han dejado caer por alinearse con los desfavorecidos y no con ellos, dejándoles en evidencia. Lo dijo Carlos Marx y lo reprodujo como cita en su poema Malos recuerdos, publicado dentro del libro Blues castellano, el poeta Antonio Gamoneda: “La vergüenza es un sentimiento revolucionario”. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt
El poema de cada día. Hoy, Carpe diem, de Horacio
CARPE DIEM
Nunca trates, Leuconoe (sacrílego es saberlo)
de averiguar el fin que nos tiene los dioses
reservado, ni sondees las cifras babilonias.
¡Cuánto mejor será pechar con todo lo que vaya
a ocurrir! Ya sea o no este invierno que al Tirreno
bate contras las costas, el último que Júpiter
te deje, has de saber estar; bebe tus vinos
y modera esas largas esperanzas, ya que la
vida es corta. Mientras aquí charlamos vuela el tiempo,
envidioso. Así que atrapa el día y note fíes
ni un pelo del que viene.
HORACIO (65 a.C.- a.C.)
poeta romano




































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