lunes, 31 de marzo de 2025

Del cambio de paradigma que perjudica a la izquierda

 








La política occidental se centra ahora en disputas sobre la inmigración, la identidad y la seguridad, antes que en la mejora económica, y esa transformación perjudica a la izquierda, comenta en Nueva Revista [El cambio de paradigma que perjudica a la izquierda, 18/03/2025] el politólogo Eric Kaufmann. La izquierda generalista está pasando por serios apuros en todo Occidente, comienza diciendo Kaufmann. La razón subyacente que explica esta tendencia es el realineamiento de la política actual, que se aparta de los conflictos económicos del siglo XX para adentrarse en las batallas culturales del XXI. En lugar de limitarse al tradicional debate entre la distribución gubernamental de la riqueza y el apoyo al libre mercado, los procesos electorales cada vez dan mayor importancia a cuestiones como la inmigración, la identidad nacional y la seguridad ciudadana. Este cambio en el paradigma perjudica a la izquierda. ¿Por qué? Pues porque como señaló David Goodhart, resulta más fácil que un partido de derechas dé un giro económico a la izquierda que el que uno de izquierdas dé un giro cultural a la derecha.

Los partidos de izquierdas no son capaces de abrirse hueco en esa amplia franja del electorado en el que reside el votante medio: un individuo que suele tender a lo conservador en lo cultural y al centro izquierda en lo económico. A los conservadores les resulta más sencillo, puesto que no están tan atados a la ortodoxia económica libertaria como lo están los partidos de izquierda a los valores culturales progresistas. Para el tipo de activista con estudios superiores que ha llevado las riendas en los partidos izquierdistas desde mayo del 68, las políticas identitarias y el multiculturalismo son dos caballos de batalla fundamentales. Sin embargo, se trata de ideas con un calado popular mucho menor que el de sus propuestas económicas, de ahí el atolladero en el que se encuentra el progresismo.

Ese no es el único factor que explica la falta de flexibilidad en la izquierda. Hay que añadir un ingrediente más: el auge de la corrección política. A día de hoy, se ha erigido como un sistema ideológico capaz que imponer dogmas emergentes, aunque sean pocos los que realmente crean en ellos. Igual que ocurría en el cuento de El traje nuevo del emperador, nadie se atreve a cuestionar un tema tabú si cree que eso le puede costar muy caro.

Sin andarnos por las ramas, la corrección política tiene más poder en la izquierda que en la derecha. Por ejemplo, muchos votantes conservadores en lo social podrán sentir antipatía por aquellos candidatos de sus filas que muestren un perfil más ecologista, pero ciertas disensiones de carácter progresista no van a hacer que la reputación de un candidato de derechas se ponga en entredicho, ni que su buen nombre acabe arrastrado por los suelos.

Sin embargo, un político de izquierdas que tienda a la derecha en lo cultural, por ejemplo, que reclame una reducción de la inmigración o la abolición de la discriminación positiva, probablemente se encuentre con un aluvión de acusaciones de racismo y machismo en las redes sociales. El escarnio público al que someten los activistas radicales de internet no solo es humillante, sino que además, al tratarse de temas tabú, puede empujar a otros compañeros de partido a unirse al linchamiento para dar fe de su propia intachabilidad. Estos daños irreparables no se limitan a lo político. No es de extrañar que sean pocos los progresistas dispuestos a acercar sus posturas culturales con la derecha. Eric Kaufmann es profesor de Política en la Universidad de Buckingham (Reino Unido) y miembro del Instituto Manhattan (Nueva York). 










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