DEDOS
No pienso discutir con Dios
por una tontería así.
No pienso discutir con Él
sobre la utilidad de los dedos de los pies.
Claro que me gusta chuparlos
uno a uno
y a veces
hasta metérmelos todos en la boca,
pero he de estar enamorado
si no, no.
Aunque nunca haya entendido su servicio
(salvo para agarrarse a una fuerte bajada)
para mí son la cosa más dulce del mundo.
Son el final del cielo del cuerpo de mi amada
y no pienso moverme de ahí,
por más que sea un amor imposible
voy a quedarme ahí colgado
(como al rabo de una nube)
apretando los dientes.
Es un asunto que se me escapa.
ALBERTO MANZANO (1955)
poeta español
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