sábado, 28 de septiembre de 2024

Del poema de cada día. Hoy, A una joven rica, de Simone Weil (1909-1943)

 







A UNA JOVEN RICA


Climena, con el tiempo quiero ver en tus encantos

Cómo mana de día a día y brota el don de las lágrimas.

Tu belleza no es aún más que una armadura de orgullo,

Que los días transcurridos convertirán en ceniza;

No se te verá [más], exultante, descender,

Orgullosa y sin máscara en la noche del sepulcro.

¿Hacia qué destino prometido, en tu flor pasajera,

Te deslizas? ¿Hacia qué destino? ¿Qué gélida miseria

Vendrá a oprimir tu corazón hasta hacerle gritar?

Nada se elevará para salvar tanta gracia;

Los cielos permanecen mudos a la espera del día que borre

Las facciones puras, una tez dulce que un día se vio brillar.

Un día puede hacer palidecer tu rostro, un día puede retorcer

Tus flancos bajo un hambre punzante; un escalofrío muerde

Tu frágil carne, recién salida de las cavidades de la tibieza;

Un día y serás un espectro en ese corro exhausto

Que sin respiro por la prisión del mundo

Corre, corre, con el hambre en el vientre por motor.

La noche perseguida por los bancales como un rebaño,

¿Dónde encontrar en lo sucesivo tu mano fina y delicada,

Tu compostura, tu frente, tu boca con su gesto altivo?

El agua brilla. ¿Te estremeces? ¿Por qué esa mirada vacía?

Demasiado muerta para morir, queda pues, carne lívida,

¡Montón de andrajos postrados en el gris de la mañana!

La fábrica abre. ¿Irás tú a penar ante la cadena?

Renuncia al gesto lento de tu gracia de reina.

Deprisa. Más deprisa. ¡Vamos! Deprisa. Más deprisa.

Por la tarde al marchar, miradas apagadas, rodillas rotas, sumisa,

Sin una palabra; en tus labios humildes y pálidos se leen

La obediencia al duro orden y el esfuerzo sin esperanza.

¿Irás tú en las tardes, con los rumores de la ciudad,

A dejar mancillar por unos céntimos tu carne servil,

Tu carne muerta, transformada en piedra por el hambre?

Ella no se estremece más que cuando una mano la acaricia;

Los retrocesos, los sobresaltos han sido borrados de tu vida.

Las lágrimas son un lujo [allí] donde son aspiradas en vano.

Pero tú sonríes. Para ti las desgracias son fábulas.

Tranquila y lejos de la suerte de tus hermanas miserables,

No les otorgas siquiera el favor de una mirada.

Tú puedes, cerrados los ojos, prodigar las limosnas;

Tu sueño incluso se mantiene puro de estos lúgubres fantasmas

Y tus días transcurren claros bajo el abrigo de una fortaleza.

Trozos de papel más duros que las murallas te protegen.

Que se quemen, y tu corazón, tus entrañas,

Serán entonces golpeados hasta quebrar tu ser.

Mas este papel te asfixia, él esconde el cielo y la tierra,

Esconde a los mortales y a Dios. Sal de tu invernáculo,

Desnuda y temblorosa envuelta en los vientos de un universo

           helado.


Simone Weil (1909-1943)

Filósofa francesa

















De las viñetas de humor de hoy sábado, 28 de septiembre de 2024

 



















viernes, 27 de septiembre de 2024

De las entradas del blog de hoy viernes, 27 de septiembre de 2024

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 27 de septiembre de 2024. Muchos constitucionalistas definen España como un “Estado casi Federal”, se dice en la primera de las entradas de hoy, expresión que pone en evidencia que se trata de una obra inacabada, pero no se puede ser “casi algo” sine die, en algún momento se debe alcanzar la condición plena. En la segunda entrada del día, un archivo del blog de julio de 2015, se hablaba del PP en Cataluña y de su escasez de candidatos y exceso de cinismo, y venía acompañada de varias viñetas de humor. La tercera, con el poema de cada día, es hoy de la mística Teresa de Jesús. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que sean de su interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos, y nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Y sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt






De una España federal

 







Muchos constitucionalistas definen España como un “Estado casi Federal”, expresión que pone en evidencia que se trata de una obra inacabada. No se puede ser “casi algo” sine die, en algún momento se debe alcanzar la condición plena. Lo dice el historiador José María Barreda en El País [De la España federal, 24/09/2024]. La historia explica las reservas de los constituyentes. El Estado-Nación que surgió a partir de las Cortes de Cádiz, y desarrollaron los liberales a lo largo del siglo XIX, se organizó según el modelo jacobino francés, pero no tuvo su capacidad de modernización y cohesión, ni consideró la diversidad y pluralidad de España. No obstante, la división en provincias de 1833, en torno a la cual se organizó el centralismo, cristalizó y se potenció, sobre todo con Primo[ de Rivera y Franco. En todo caso, cuando se aprobó la Constitución se mantuvieron las provincias, convertidas además en circunscripciones electorales, lo que produjo una problemática superposición del nuevo modelo sobre el antiguo.

La derecha siempre temió al federalismo. La Primera República, inmersa en revoluciones sociales y cantonales, inoculó la vacuna contra él, sinónimo de caos en la mentalidad conservadora. Su hegemonía ideológica consiguió que “república y federalismo” fueran sinónimos de desorden y desmembración nacional. En el llamado Sexenio Democrático el federalismo vino de la mano de la democracia y en democracia el poder se reparte.

Cánovas impuso en 1876 una monarquía basada en la concepción unitaria de la nación que solo permitió la Mancomunidad catalana en 1914 como toda modificación territorial. Los regionalismos del siglo XIX recelaron del federalismo por el poder central de cohesión inherente en el “pacto” federativo. La II República ofreció una alternativa al estado unitario y al federal con la formulación del Estado Integral , “compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones”. Los republicanos intentaron reorganizar el Estado y optaron por un proceso de descentralización gradual, comenzando por Cataluña, cuya autonomía se concedió en 1932; el Estatuto vasco empezó en el 36, iniciada ya la guerra, y el gallego no pudo entrar en vigor. Pero esta política descentralizadora, que mantenía las capacidades del Estado, resultó inadmisible para la mentalidad unitaria y centralista que provocó el golpe del 18 de julio.

Muerto el dictador, en un contexto difícil, con los aparatos del franquismo intactos, la generación que protagonizó la Transición tuvo el coraje cívico y la valentía de abordar el secular problema de la complejidad de “la España diversa”. Todo ello con una correlación de fuerzas políticas precarias y una débil democracia que se encontraba amenazada y parecía reversible.

Pasar del modelo unitario y centralizado al principio político del “derecho a la autonomía” era difícil. Los constituyentes, en aras del consenso y temerosos de las consecuencias, dejaron la Constitución abierta y ambigua. El añorado Tomás y Valiente explicó cómo el Artículo 2 condensa la tensión entre una fuerza centrípeta (“la indisoluble unidad de la Nación española”) y otra centrífuga (“el derecho a la autonomía de nacionalidades y regiones”). En él se contiene la dualidad (“nacionalidades y regiones”) que ha supuesto el mayor problema de interpretación y aplicación práctica. Condensa la dialéctica de la unidad en la pluralidad que anima a la sociedad federal. Su concreción política e institucional es el Título VIII . La necesidad condujo al pacto, pero pronto surgieron discrepancias. El consenso permitió aprobar una Constitución que evitó el error del llamado “exclusivismo de partido” y pudo conseguirse un texto que podía ser de todos porque no era de ninguno en concreto. Hubiese sido necesario que ese consenso, y una mínima lealtad constitucional, se hubieran mantenido como una “cuestión de Estado” vital para el desarrollo del modelo.

En 1981, con la resaca del 23-F, se intentó retomar el consenso para desbloquear el desarrollo autonómico paralizado desde el referéndum de Andalucía, que finalmente se concretó en la LOAPA, suscrita entre la UCD y el PSOE, en un intento de armonizar y controlar las tensiones centrífugas de las Comunidades Autónomas ya constituidas, en las que ni PSOE ni UCD eran mayoritarios.

Ahora, desgraciadamente, el ambiente político para abordar el desarrollo federal no es más propicio que en la Transición. El punto de partida necesita un acuerdo mayoritario sobre el concepto de nación española y la legitimidad, límites y alcance, de las nacionalidades del Artículo 2. Y temo que eso desata los demonios ideológicos.

El modelo de la Constitución es complejo pero lo suficientemente claro para excluir otros: el centralista y el de los que propugnan el derecho de autodeterminación como vía para la independencia, que supone el rechazo frontal de la Constitución. Por eso los independentistas no contemplan un desarrollo federal del Estado de las Autonomías. Como el federalismo supone un reparto del poder, el equilibrio constitucional exige la primacía de la Constitución ―interpretada por un Tribunal imparcial― sobre todos los poderes. Los independentistas no se sienten parte del todo, reclaman relaciones bilaterales, que es el principio de la confederalización y niegan que haya una única soberanía. En el federalismo no se plantea solo “qué hay de lo mío” sino que exige ocuparse del proyecto común, que es España.

Hay nacionalismos que no reclaman explícitamente la independencia pero sostienen que la reivindicación del derecho de autodeterminación cabe en la Constitución, omitiendo los efectos que tendría su salida de la Unión Europea y dando alas al independentismo. Lo mismo ocurre con cierta izquierda que parece ignorar su carácter reaccionario. Por su lado, los nostálgicos del antiguo modelo simplemente niegan las autonomías.

Para avanzar en un sentido federal, sería imprescindible un pacto entre el PSOE y el PP que pasara por la descentralización de los aparatos del Estado y el funcionamiento de instrumentos de cooperación y de participación de las comunidades en las cuestiones generales y de la Unión Europea.

Para construir el federalismo es importante que la izquierda defensora de este proyecto lo aborde con claridad y determinación para que su invocación no sea solo una reivindicación retórica.

La cooperación es requisito del federalismo y necesita espacios de encuentro (el Senado, las Conferencias de presidentes y sectoriales…) que permitan el diálogo y los pactos. El caso del Senado es paradigmático: debería ser la Cámara de las Autonomías pero la mayoría de los senadores son elegidos en circunscripciones provinciales y es una Cámara de segunda lectura.

Solé Tura planteó la posibilidad de un federalismo “de hecho” sin modificar la Constitución. Ello implicaría reconocer a las comunidades autónomas la representación normal del Estado; la disminución de su Administración periférica; fortalecer la cooperación y coordinación a nivel administrativo, legislativo y ejecutivo; definir con claridad el modelo territorial y delimitar las competencias, las funciones y los servicios. Y, por supuesto, garantizar la autonomía financiera de las Comunidades, cuestión que tampoco quedó resuelta, pese a que el artículo 156 de la Constitución la establece y permite a las CCAA “actuar como delegados o colaboradores del Estado para la recaudación, la gestión y la liquidación de los recursos tributarios”. Así mismo el artículo 158 establece el Fondo de Compensación Interterritorial. Todas estas generalidades se especifican en la Ley Orgánica de la Financiación de las Comunidades Autónomas de 1980 que necesita una revisión que, tratándose de una Ley Orgánica, exige una mayoría absoluta en el Congreso.

España es un Estado compuesto, difícil de gobernar, por eso los partidos no deberían hacerlo aún más complicado manteniendo una estrategia de tensión permanente.El futuro posible es el Estado Federal, pero la lectura del Título VIII en esa dirección constituye mucho más un problema político que técnico, requiere tender puentes entre partidos dispuestos a cruzarlos para negociar. Exige estadistas que piensen en las próximas generaciones. José María Barreda es expresidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y profesor de historia contemporánea en la Universidad de Castilla-La Mancha.
















Del PP catalán: ¿escasez de candidatos o exceso de cinismo? [Archivo del blog, 28/07/2015]










La presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, ha anunciado este martes que no será la candidata del partido a las elecciones del 27 de septiembre, y cede el testigo al exalcalde de Badalona Xavier García Albiol. "Xavi García Albiol ha demostrado su valía gobernando como alcalde de Badalona para todos sus vecinos. Es una muy buena persona y en política hacen faltas personas leales y trabajadoras como él", ha dicho Alicia Sánchez-Camacho. "Ha sido el mejor alcalde que ha tenido Badalona". Una elección, a dedo como todas las del PP, que ha merecido nada menos que todo un editorial de El País.
Xavier García Albiol, exjugador de baloncesto del Joventut, de 2,01 metros de altura y cuarenta y siete años de edad, se ha hecho conocido en toda España por sus duras políticas contra la inmigración cuando fue regidor. García Albiol ha generado en la ciudad tanto entusiasmo como rechazo por su discurso de máxima dureza con la inmigración; en especial, con dos colectivos: los gitanos rumanos y los musulmanes. Pese a haber ganado las elecciones, desde el 24-M se supo fuera del poder: la coalición de izquierdas sumaba mayoría. El alcalde en funciones se rebeló contra lo que ha llamado “pacto de perdedores” y se dedicó a calentar las redes sociales. "Anímicamente ha sido un golpe", admitió.
Les invito a leer la noticia y algunas de las perlas xenófobas del nuevo candidato del partido gubernamental a la presidencia de la Generalidad de Cataluña. Ante tamaño desvarío solo se me ocurren dos razones para proponer al señor García Albiol: 1) el Partido Popular anda escaso de candidatos no-imputados en procedimiento judicial alguno; o 2) el grado de desvergüenza y cinismo del partido ha llegado a tal extremo que les da igual cuatro que cuatrocientos. Aunque lo más probable es que ambas razones sean igualmente válidas.
Les dejo con sendas viñetas de Forges y Peridis. Ambas muy representativas de la escasa capacidad de inteligencia que cabe presuponer en algunos elementos que se dedican a la "cosa pública". A pesar de los calores y de la gravedad de la situación, un poco de humor, el justo para pasar el susto del día, no viene mal. Todo ello sin mayores pretensiones y aun reconociendo que meter en el mismo envoltorio unas viñetas humorísticas, por muy preñadas que estén de crítica social, y la dura realidad cotidiana, puede no resultar una fórmula afortunada. ¿El tiempo?, bien, gracias. En este momento, en Las Palmas, con panza de burro incluida, acercándonos a los 29 grados centígrados. Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt












Del poema de cada día. Hoy, Aquellas palabras, de Teresa de Jesús

 






AQUELLAS PALABRAS



Ya toda me entregué y di

y de tal suerte he trocado,

que es mi amado para mí,

y yo soy para mi amado.


Cuando el dulce cazador

me tiró y dejó rendida,

en los brazos del amor

mi alma quedó caída.


Y cobrando nueva vida

de tal manera he trocado

que es mi amado para mí,

y yo soy para mi amado.


Hirióme con una flecha

enherbolada de amor,

y mi alma quedó hecha

una con su Criador,


ya no quiero otro amor

pues a mi Dios me he entregado,

y mi amado es para mi,

y yo soy para mi amado.



Teresa de Jesús (1515-1582)

Mística española













De las viñetas de humor de hoy viernes, 27 de septiembre de 2024

 

























jueves, 26 de septiembre de 2024

De las entradas del blog de hoy jueves, 26 de septiembre de 2024

 








Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 26 de septiembre de 2024. Echando un vistazo a la Tierra actual, se dice en la primera de las entradas del blog de hoy, cuesta creer que este planeta haya sido un aburrimiento lacerante durante la mayor parte de su historia. En la segunda, un archivo del blog de diciembre de 2017, se hablaba de como la burguesía occidental estaba siendo objetivo de una gran operación mercantil que se fundamentaba en un nuevo narcicismo, un egocentrismo modelo ‘new age’, y un egoísmo rabiosamente autorreferencial. El poema del día, en la tercera de las entradas, es de la poetisa cubana Dulce María Loynaz y se titula Quiéreme entera. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que sean de su interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos, y nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Y sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt











De la vida en la Tierra

 







Echando un vistazo a la Tierra actual, cuesta creer que este planeta haya sido un aburrimiento lacerante durante la mayor parte de su historia, comenta en El País [De una bola de nieve llamada Tierra, 21/09/2024] el científico genetista Javier Sampedro. La Tierra tiene 4.500 millones de años, y durante casi 4.000 millones de ellos aquí no había ni helechos ni gusanos, ni árboles ni insectos, ni gambas ni caracoles, ni pájaros ni ratas, ni nada que pudiera verse a simple vista. Todo eso solo empezó hace 600 millones de años. Y la razón no es que la biología hubiera incurrido en dejación de funciones, porque las primeras bacterias evolucionaron sorprendentemente pronto. ¿A qué demonios vino entonces tan desesperante lentitud para que los microbios dieran lugar a organismos realmente interesantes como nosotros? ¿Eh?

Es la geología, amigo. Uno de los ejemplos más espectaculares es la “Tierra bola de nieve” (Snowball Earth, en inglés), que aún se considera una hipótesis, aunque se va consolidando con paso firme. Se trata de dos periodos (las glaciaciones sturtiana y marinoana) en que las capas de hielo que hoy se restringen a los casquetes polares llegaban hasta el mismísimo ecuador, cubriendo por entero el planeta y convirtiéndolo en una inmensa esfera de hielo. Esas dos glaciaciones formidables duraron cerca de 100 millones de años, y juntas definen el llamado periodo Criogénico. Lo más interesante es la fecha en que acabaron: hace 635 millones de años, poco antes de que los primeros animales, las esponjas, hicieran su aparición tras las exasperantes eras del aburrimiento. A partir de ese momento, la evolución animal —el proceso que nos creó— fue un paseo triunfal. Seiscientos millones de años pueden parecer una eternidad para nuestra miope escala humana, pero apenas supone el 10% de la historia del planeta.

El final del Criogénico coincide con algunos de los acontecimientos más importantes de la historia del planeta: una intensa actividad tectónica y volcánica, el enterramiento de grandes cantidades de carbono orgánico, un incremento sustancial del oxígeno atmosférico y la rotura del supercontinente Rodinia, que hasta entonces agrupaba toda la tierra firme en una sola masa continental situada en el sur del planeta. Atribuir todos estos fragores telúricos a una casualidad resultaría una verdadera excentricidad, aunque la verdad es que nadie comprende muy bien cuál es la conexión causal entre ellos, ni entre todos ellos y el origen de la vida animal en los recién formados litorales continentales.

Es probable que el incremento de la concentración de oxígeno sea especialmente relevante, pues pudo aportar la energía necesaria para construir unos cuerpos grandes y hechos de muchas células. La forma en que esos cuerpos —nuestros cuerpos— se organizaron en arquitecturas complejas, ordenadas y reproducibles es seguramente el mayor problema abierto en la genética y la biología evolutiva, si no en la biología en su conjunto. La lógica genética profunda del desarrollo animal es extraordinariamente invariante, pues los humanos la compartimos con los gusanos, y, por lo tanto, debió nacer en aquellos tiempos, y con una notable rapidez. En cualquier caso, si la biología tardó miles de millones de años en crear a los animales y las plantas fue solo porque la geología no se lo permitió antes.

Insisto en que la “Tierra bola de nieve” sigue considerándose una hipótesis, pero los geólogos Trent Thomas y David Catling, de la Universidad de Washington en Seattle, le acaban de dar un buen espaldarazo con unos innovadores métodos de datación precisa de aquellos acontecimientos, y en particular de la forma en que acabó la glaciación marinoana, el último episodio de Snowball Earth, que dio lugar a la gran explosión de la vida multicelular. Darwin estuvo toda su vida desconcertado por la relativamente brusca aparición de la vida animal en la Tierra, aunque conjeturó correctamente que toda ella procedía de “una o unas pocas formas muy simples y primordiales”. Todo encaja cada vez mejor en el gran cuadro de las cosas. Javier Sampedro es genetista.



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De la industria del espíritu. [Archivo del blog, 31/12/2017]












La burguesía occidental está siendo objetivo de una gran operación mercantil que se fundamenta en un nuevo narcicismo, un egocentrismo modelo ‘new age’, un egoísmo rabiosamente autorreferencial. Es la industria del espíritu, comenta en El País el escritor Jordi Soler. El filósofo Daniel Dennett, comienza diciendo, propone una fórmula para alcanzar la felicidad: “Busca algo más importante que tú y dedica tu vida a eso”. Esta fórmula va a contracorriente de lo que propone la industria del espíritu en el siglo XXl, que nos viene a decir que no hay más felicidad que esa que sale de dentro de uno mismo, lo cual puede ser verdad en el caso de un monje tibetano, pero no para quien es el objetivo de la industria del espíritu, el atribulado ciudadano común de Occidente que suele encontrar la felicidad afuera, en otra persona, en su entorno familiar o social, en su oficio, en un pasatiempo, etcétera.
De acuerdo con la fórmula de Dennett la clave está afuera, en el otro extremo, en la atención que dedicamos a cosas más importantes que nosotros, objetivo, por cierto, nada difícil de conseguir pues, en rigor, todo es más interesante que nosotros mismos.
La industria del espíritu, una de las operaciones mercantiles más exitosas de nuestro tiempo, ha crecido exponencialmente en los últimos años, no hay más que ver la cantidad de instructores y pupilos de mindfulness, o de yoga, que hay a nuestro alrededor. Mindfulness y yoga en su versión pop para Occidente, no precisamente las antiguas disciplinas que practican los maestros orientales, sino un producto práctico y de rápido aprendizaje que conserva su estética, su merchandising y sus toxinas culturales.
Hasta hace muy pocos años el yoga y el mindfulness eran actividades marginales, que practicaban unos cuantos, y hoy se han convertido, en muy poco tiempo, en una industria multimillonaria. No vamos a despreciar los beneficios físicos y mentales que da el yoga, ni puede negarse que en la introspección del mindfulness podría distinguirse eventualmente alguna luz, pero también es verdad que el éxito súbito y meteórico de estas dos industrias da qué pensar.
Lo de hoy es cultivar la espiritualidad, mirar hacia adentro de uno mismo, con un aire oriental, como vehículo para conquistar la felicidad. Como si de verdad la felicidad fuera una parcela conquistable, y no ese estado de ánimo aleatorio, espontáneo y efímero de, digamos, alegría integral, que llega de vez en cuando y a ramalazos. Lo más que puede experimentarse son momentos de felicidad, esa es precisamente la gracia; si la felicidad fuera un estado permanente viviríamos en un mundo de idiotas con sonrisa boba.
Frente al argumento de que la humanidad, finalmente, ha tomado consciencia de su vida interior, ¿por qué tardamos tanto en alcanzar este peldaño evolutivo?, propondría que, más bien, la burguesía occidental está siendo el objetivo de una gran operación mercantil que tiene más que ver con la economía que con el espíritu, la salud y la felicidad de la especie humana.
En su ensayo America the anxious (St. Martin’s Press, 2016), la periodista inglesa Ruth Whippman revela algunos datos que ha recabado el Departamento de Salud de Estados Unidos: más de veinte millones de personas, más o menos la mitad de los habitantes que tiene España, practican la meditación en aquel país, y el gasto anual en cursos de mindfulness, y los productos derivados de la enseñanza y de la práctica posterior, es de 4.000 millones de dólares. La cifra del yoga es todavía más importante: los nuevos yoguis invierten 10.000 millones de dólares al año en clases de yoga y accesorios como la alfombrilla, los leggings, el botellín yogui de acero inoxidable para el agua. De las industrias que crecen más, y más rápidamente, en Estados Unidos, el yoga ocupa el cuarto lugar.
Esto sucede en un país que en su acta de independencia consagra por escrito la búsqueda de la felicidad (the pursuit of happines) como uno de los derechos inalienables de las personas. Esta búsqueda, como todo lo que sucede en aquel país, se ha extendido por los países de Occidente y ha llegado aquí aplicada a la industria del espíritu, con un éxito, y una militancia entre sus practicantes, de los que no gozan la mayoría de los cultos.
La industria del espíritu es un producto de las sociedades industrializadas donde las personas tienen ya muy resueltas las necesidades básicas, desde el techo y la comida hasta el Netflix y el Spotfy. Una vez instalado en el angustioso vacío que producen las necesidades resueltas, el ciudadano maniobra para apuntarse a un grupo que le procure otra necesidad.
Este creciente colectivo de personas que hurgan en sí mismas buscando la felicidad, ya ha conseguido instaurar un nuevo narcisismo, un egocentrismo new age, un egoísmo rabiosamente autorreferencial que, de paso, ha venido a trastocar el famoso equilibrio latino de mens sana in corpore sano, decantándolo descaradamente hacia el cuerpo. El gurú del siglo XXI invita a sus pupilos a consentirse a sí mismos, a tratarse estupendamente mientras encuentran la puerta hacia la felicidad, los anima a descubrir los misterios del mundo en sus propios ombligos.
Este novedoso egocentrismo new age encaja divinamente en esa compulsión contemporánea de cultivar el físico, se tenga la edad que se tenga, de anteponer el corpore a la mens. A lo largo de la historia de la humanidad el objetivo había sido volverse más inteligente a medida que se envejecía; los viejos eran los sabios, ese era su valor, pero ahora asistimos a su claudicación: los viejos ya no quieren ser sabios, prefieren estar fornidos y musculosos, y dejan la sabiduría en manos del primer iluminado que se pone a impartir cursillos.
Walter Benjamin rescata el consejo de un viejo sabio cabalista que viene al caso; para conseguir un cambio importante en la vida no hacen falta grandes movimientos, ni cursillos de ningún tipo, añadiría yo: “Basta desplazar un poco esta taza, o este arbusto o esta piedra; y así con todas las cosas”, recomendaba el viejo cabalista. Si la industria del espíritu tiene de verdad los efectos que promociona su clientela, ¿por qué no vivimos rodeados de gente feliz y satisfecha?
Parece que el requisito para salvarse en el siglo XXI es inscribirse en un cursillo, pagarle a alguien que nos diga qué hacer con nosotros mismos y los pasos que hay que seguir para vivir cada instante con plena conciencia. Sería saludable no perder de vista que el objetivo principal de esas sesiones pagadas no es tanto salvarlo a usted, como mantener a flote la economía del espíritu que, sin sus millones de abonados, regresaría al nivel que tenía en el siglo XX, aquella época dorada del hedonismo suicida, en la que el mindfulness era patrimonio de los monjes, el yoga lo practicaban cuatro gatos y el espíritu se cultivaba leyendo libros en una gratificante soledad. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt