martes, 12 de mayo de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. “STRUWWELPETER”, POR LEILA GUERRIERO, 12 DE MAYO DE 2026

 







Uno de mis parientes más jóvenes viene a cenar a casa. Se concentra en el camión de juguete que le regalo, se mantiene en un silencio tozudo. Cuando terminamos de cenar le digo que vayamos a mi estudio. Se levanta, pide que le dé la mano para atravesar el pasillo. Ya en el estudio, le muestro libros de mi infancia, de esos que llaman pop up y despliegan figuras en tres dimensiones. Él pasa las páginas mirando construcciones de papel que tienen más de 50 años, ajadas por el toqueteo de mis manos infantiles, un rastro fósil que no puede percibir. Bajo de un placard un perro de plástico blando, Pluto, con el que aparezco en una foto, tomada en la galería de la casa de mi abuela alemana, a los dos años. Un perro que tiene mi edad. Le toca las orejas, habla como un loro: leeme ese cuento, quién es el señor de esa foto (no sé cómo explicarle que la única foto que hay en mi estudio es de mi editor uruguayo, Homero Alsina Thevenet, entonces le digo que era mi maestro). De pronto mira un libro viejo que está en un estante. Lo señala. Se lo acerco. Le digo: “Es el Struwwelpeter, me lo contaba tu bisabuela”. Pasa las páginas, acaricia la melena de ese muchacho que se negaba a cortarse el pelo y las uñas. Dice. “Contame”. No sé alemán, recuerdo la historia porque mi abuela me la tradujo cientos de veces. La dulcifico, no le digo que el muchacho terminó con los dedos mutilados por negarse a un corte de uñas. Él se sienta en mi regazo en un movimiento inesperado y conmovedor. ¿Por qué se acerca así, como si yo le perteneciera? Me pregunto si este pequeño instante quedará grabado en sus recuerdos como quedará en los míos. Ese lazo de sangre y memoria, yo contándole el cuento que me contaba mi abuela. Le digo que hay helado, pregunta si es de chocolate, le digo que sí. Se baja de mi regazo, me extiende la mano y vamos juntos por el pasillo, atravesando las grandes, las hermosas aguas, hacia nuestros futuros inciertos. Leila Guerriero es escritora. El País, 9 de mayo de 2026.
























DEL ASUNTO DEL DÍA. EL BUQUE FANTASMA, POR SANTIAGO ALBA RICO. 12 DE MAYO DE 2026

 






La dramática aventura del crucero MV Hondius tiene una vertiente sanitaria respecto de la cual los ciudadanos apenas podemos hacer otra cosa que informarnos y confiar en nuestras instituciones. Pero tiene otra antropológica y política que vale la pena analizar. Todo lo que en los últimos días hemos aprendido sobre esta nueva amenaza —la existencia de los hantavirus, el carácter excepcional de la variante Andes, su baja morbilidad y su alta mortalidad— ha activado en nosotros la memoria reciente de la pandemia del coronavirus y reeditado temores muy radicales de los que aún no nos hemos curado, pues están demasiado cerca y forman parte además, me atrevería a decir, de la condición humana.

El primer temor tiene que ver, en efecto, con la idea de la zoonosis; es decir, con la transmisión a los humanos de enfermedades propias de los animales. La larga convivencia neolítica con especies domésticas (porque nos servimos de ellas o porque nos parasitan) lleva siglos erosionando una frontera que para los humanos es fundamental conservar y que, bajo la presión del capitalismo y de la globalización, se ha vuelto más frágil que nunca. ¿Por qué nos asusta ese salto —del murciélago, de la gallina, del ratón— al cuerpo humano? Porque revela una continuidad interespecista que cuestiona nuestra exterioridad dominante: formamos parte inconsútil de la naturaleza, como puntita periférica de un gran arbusto bacteriano. No creo que un ser humano sea más especista que una ardilla o un escarabajo; más bien, al contrario, hay que recordar que somos los únicos animales que podemos ser también antiespecistas; que podemos considerarnos cúspide de la creación o de la evolución, sí, pero también reconocernos como una especie más, y no la menos dañina, en el seno de un gran telar biológico.

Ahora bien, forma parte inalienable de nuestra especie, y de nuestro particular especismo, la voluntad taxonómica. Quiero decir que nos distinguimos de los otros animales porque solo los humanos hacemos clasificaciones: reino, filo, clase, orden, familia, género, etc., según el conocido esquema de Linneo. Las hacemos para comprender el mundo circundante; pero las hacemos también para defendernos de él. Conocer, sí, es nuestra forma de defendernos del entorno; y el conocimiento, por tanto, está siempre lastrado por nuestros miedos y nuestros deseos, socialmente determinados. Una clasificación es un procedimiento mediante el cual ponemos fronteras —nombres— a las criaturas y que nos permite, al mismo tiempo, afirmar nuestra diferencia frente a un abanico de diferencias bien definidas. Pues bien, la idea de zoonosis nos desasosiega porque viene a destruir o disolver nuestras clasificaciones: el salto de la enfermedad entre especies amenaza la condición humana no tanto porque pueda matar nuestros cuerpos individuales sino porque revela de pronto inútiles todos nuestros esfuerzos por nombrar y mantener separadas las diferencias. La continuidad entre virus, ratones y seres humanos nos aterra, pero no porque demuestre el fracaso de nuestra ciencia y nuestra medicina sino porque debilita la singularidad de nuestra especie: la voluntad de establecer y defender límites mentales.

El otro temor es aún más poderoso. Es la idea del “intruso”. Ratones y ratas, lo sabemos, siempre han viajado como polizones en los largos viajes marítimos. Es verdad que en un crucero de lujo, perfectamente desinfectado, no hay intrusos animales. Pero uno de los pasajeros del MV Hondius, después fallecido, llevaba en su cuerpo un ratón metonímico (el virus de un roedor contraído quizás en Ushuaia), de manera que con él introdujo en el barco el monstruo que ahora puebla desde allí todas nuestras pesadillas. ¿A qué nos recuerda esto? A lo que sucedió en el Nostromo, la nave espacial de la mítica película de Ridley Scott Alien (1979), cuyo subtítulo acertadísimo nos produce una y otra vez un escalofrío: “el octavo pasajero”, ese que no debía estar ahí, la criatura de más que, por eso mismo, amenaza la supervivencia de los otros siete. Ese octavo pasajero es la otra fuente de terror del MV Hondius: el otro que, de pronto, está entre nosotros. En el caso del hantavirus y en razón de esa continuidad entre las especies que mencionábamos, ese otro no es extraterrestre sino intraterrestre.

Es este “intruso intraterrestre” el que ha volteado de manera siniestra un crucero de placer y lo ha hecho por tres vías simultáneas. En primer lugar ha convertido el océano infinito (el lugar terrestre más parecido al universo) en un recinto cerrado, claustrofóbico, del tamaño de un dedal: el barco entero es ahora él mismo un roedor, un diminuto cuerpo intruso que pretende entrar en nuestro territorio. En segundo lugar, ha convertido un espacio multinacional (en el que hay representantes de 23 nacionalidades) en una otredad homogénea y amenazadora: el virus los ha igualado a todos, incluidos los 14 españoles, al menos a los ojos de Fernando Clavijo, el presidente del Gobierno de Canarias. Por último, ha convertido una comunidad de gente adinerada (las tarifas del viaje oscilan entre los 8.000 y los 25.000 euros) en una amenaza migratoria: el MV Hondius se ha llenado de pronto ―digamos― de subsaharianos clandestinos, de esos que no queremos que lleguen a nuestros puertos.

Esto último, creo, es muy importante. En 1966, la antropóloga británica Mary Douglas escribió un libro aún fundamental, Pureza y peligro, en el que se ocupaba precisamente de la voluntad clasificatoria de las sociedades humanas: las liturgias, las reglas alimenticias, los tabús dejan siempre fuera ciertos objetos que, por eso mismo, se consideran sucios o impuros y que, por eso mismo, se experimentan como peligrosos. La idea de Douglas es que hay un reflejo especular entre el cuerpo y la sociedad, y que la prácticas corporales que protegen los límites de nuestro cuerpo —las higiénicas o profilácticas, por ejemplo— intentan proteger también los límites sociales. El intruso, según el cliché racista más común, es al mismo tiempo, y de manera indiscernible, sucio y amenazador. Fuera de nuestras clasificaciones, pasa a representar una amenaza biológica.

Quiero decir que los humanos solemos tender a biologizar el peligro o lo que percibimos como tal. Y que este es el verdadero peligro social. Por eso es bueno contar con instituciones sanitarias que nos recuerdan que un enfermo merece cuidados y compasión; y por eso es bueno contar con instituciones democráticas que nos recuerdan que los migrantes forman parte de nuestra especie y, por lo tanto, tienen los mismos derechos que cualquier otro ciudadano, cualquiera que sea su origen o su color. Esas instituciones, no lo olvidemos, son antiguas decisiones nuestras que deben primar luego sobre nuestros temores o deseos coyunturales. Lo inquietante del insolidario e interesado discurso de Clavijo en Canarias contra la acogida del MV Hondius es que reproduce con fidelidad casi religiosa los argumentos de la derecha española y europea contra los inmigrantes. Al explotar políticamente el temor “ancestral” de los ciudadanos, aupado en medias verdades y alarmas populistas, Clavijo está tratando a los enfermos como intrusos intraterrestres, como aliens, como inmigrantes. ¿No debería servirnos esta crisis —y ese discurso— para revisar desde ahí la monstruosidad de las políticas migratorias europeas? Primero los españoles, primero los sanos, primero los arios. Así empezó todo hace 90 años. Quizás nos cueste trabajo imaginarnos a nosotros mismos “negros” o “pobres” o “trans”, pero seguro que nos resulta más fácil imaginarnos enfermos, al menos después de la pandemia de 2020. Tengo la esperanza de que los supervivientes de esta aventura aciaga se pongan luego en la piel de un africano que, a merced de las olas en una frágil patera, son rechazados en todos los puertos de Europa.

El ser humano es el único animal que hace clasificaciones; y el único que se rebela contra ellas. No hay intrusos, ni extraterrestres ni intraterrestres, en la nave común. Santiago Alba Rico es filósofo. Acaba de publicar Elogio de la literatura. Obras paralelas (Akal). El País, 11 de mayo de 2026.


























DEL POEMA DE CADA DÍA, AMOR MAYOR, POR WILFRED OWEN

 






AMOR  MAYOR

 


No es tan intenso el rojo de unos labios

como el de aquellas piedras que besan nuestros muertos.

El dulce lamentar de plañideras

sólo inspira vergüenza a su amor puro.

¡Oh, Amor, tus ojos pierden todo encanto

cuando veo otros ojos, por mí ciegos! (…)


Tu voz, aunque yo pueda compararla

al viento que murmura en los tejados,

aunque amada por mí, no es tan amable,

tan clara y delicada como aquella

de los hombres que ahora nadie escucha

pues la tierra ha acallado el ruido de sus toses.


Corazón, corazón, no has sido nunca

grande como el que recibe un disparo.

Y, aunque tu mano sea pálida,

lo son aún más aquellos que secundan

tu carrera a través de llamas y alaridos.

Puedes llorar, pues no puedes tocarlos.




***




GREATER LOVE



Red lips are not so red

As the stained stones kissed by the English dead.

Kindness of wooed and wooer

Seems shame to their love pure.

O Love, your eyes lose lure

When I behold eyes blinded in my stead!


Your slender attitude

Trembles not exquisite like limbs knife-skewed,

Rolling and rolling there

Where secondary flesh comes de-vined and bare,

Lifting graves’ patches in shocks of white hair.


Your voice sings not so soft,—

Though its own music weeds my heart of sin,—

As their throats, after shouting into hollow of hills,

Are lullaby-bellied, sealed of the winds’ will.


Heart, you were never hot

Nor large as theirs burns now with shouts of fire;

And though your hand be pale,

Paler are all which trail

Your cross through flame and hail:

Weep, you may weep, for you may touch them not.




WILFRED OWEN (1893-1918)

poeta británico




***





Wilfred Edward Salter Owen (Oswestry, Shropshire, 18 de marzo de 1893 - Ors, 4 de noviembre de 1918) fue un poeta y un soldado británico. Su mentor, Siegfried Sassoon, fue una clara influencia en su chocante y cruda poesía acerca de los horrores de la Primera Guerra Mundial, que contrastaba con la percepción general que se tenía de la misma. Entre sus obras más conocidas figuran "Anthem for Doomed Youth", "Dulce Et Decorum Est", "Insensibility", "Strange Meeting", "Futility" y "The Parable of the old man and the young".




















DEL ARCHIVO DEL BLOG. SOBRE EL FASTIDIO DE ESPAÑA Y LA GENÉTICA DE LOS ESPAÑOLES, POR HARENDT. PUBLICADO EL 7 DE DICIEMBRE DE 2013

 







En la entrada de hoy, como es uso y costumbre de un servidor, voy a mezclar churras con merinas trayendo a colación lecturas antiguas y recientes, serias y menos serias, personales y universales, para tratar un tema tan antiguo como es de la propia existencia de España y de los españoles: el de su esencia íntima, su fastidio generalizado a admitirse como son, a no aceptarse como tales, y sobre todo la ignorancia supina que mantienen sobre su propio origen genético. 

En resumen, sobre el inacabable debate en torno al "Ser de España". Y lo hago no para rebatir argumentos en contrario de los que dicen que España es un asco, o que no es una nación, o que los españoles somos un pueblo de borregos, o que "este" país nuestro no tiene solución, etc., etc., etc. No voy a molestarme en rebatir esas opiniones porque no son mas que eso, opiniones. Tampoco pretendo demostrar nada, ni a favor ni en contrario de esas tesis; si acaso, al que sea capaz de terminar de leer esta entrada, que le quede al menos la quisicosa de tener que admitir la posibilidad de que no seamos tan distintos como suponemos, ni tan desastre como país y pueblo respecto de cualquier otro pueblo o país de Europa o del mundo de los que han pasado por él (por el mundo) a lo largo de la historia. Si me permiten el atrevimiento, les animo a la lectura de dos ensayos al respecto: "El secreto de España" y "La novela de España. Los intelectuales y el problema español", de los historiadores Juan Marichal y Javier Varela, respectivamente, y ambas publicadas por Taurus (Madrid, 2008).

Para los lectores "no españoles" del blog les aclaro la expresión anterior de churras y merinas, que forma parte del refranero nacional, y que alude a la inconveniencia de mezclar cuestiones distintas en un mismo debate, al igual que no debían mezclarse churras y merinas en un mismo rebaño; ambas son dos tipos o razas de ovejas españolas históricamente dedicadas a la producción de carne y leche, las primeras; y de lana, excelente lana, origen de la expansión del comercio castellano durante siglos, las segundas.

Comencemos por la genética. El país que hoy conocemos como España, situado en la península ibérica, en el extremo sudoeste de Europa, ha sido colonizado y habitado por pueblos diversos a lo largo de los siglos, pueblos que han dado a su nueva patria nombres también diversos. Tras sus primeros pobladores conocidos, los iberos y los celtas, fenicios y cartaginenses la conocieron como Ispani; los griegos la dieron el nombre de Iberia; romanos y visigodos el de Hispania; los judíos, que llegaron a ella en el siglo III a.C., le dieron el nombre de Sefarad; y por último, los musulmanes, el de al-Andalus. A partir del siglo XIII d.C. los reinos cristianos del norte de la península, en contraposición a los musulmanes del sur, considerándose herederos directos del reino visigodo, le dan ya el nombre de España al conjunto de los reinos que la ocupan.

Todos ellos se fueron asentando e integrando en el territorio peninsular y mezclándose con la poblaciones anteriores. Así ocurrió entre romanos e iberos, y entre visigodos e hispanorromanos. La invasión musulmana propicia una conversión masiva de la población aborigen al islam, quedando como únicos reductos cristianos la cornisa cantábrica y los pirineos.

Aunque los historiadores no se han puesto de acuerdo en el número de los judíos españoles, se supone que a finales del siglo XV podían ser unos 400.000. Es el momento en que los reyes católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, decretan la conversión forzosa de los judíos al catolicismo, y la expulsión inmediata para los que no lo hagan, con confiscación de todos sus bienes y propiedades. Aproximadamente la mitad del total de los judíos españoles optan por el exilio.

Cien años más tarde, Felipe III ordena la expulsión tajante y definitiva de los moriscos de todo los territorios de la Corona. Los moriscos eran los cristianos de origen musulman que se habían convertido al catolicismo durante el período de la reconquista. Aproximadamente otros 300.000 españoles son obligados a exiliarse sin opción contraria alguna.

Cientos de miles de españoles desarraigados, desterrados, exiliados por la voluntad de otros españoles... La historia se ha repetido después en numerosas ocasiones; la última hace apenas 70 años. Pero eso es ya historia reciente; la pregunta de ahora es: ¿Cuántos judíos conversos y moriscos quedaron en la península y cuantos son sus descendientes? Hasta ahora no hubo forma de dar una respuesta concreta, pero el estudio genético de los españoles realizado por la American Journal of Human Genetics, que presentó sus datos en Madrid a finales de 2008, vino a confirmar que unos ocho millones de nuestros compatriotas son descendientes directos de judíos conversos (aproximadamente el 20 por ciento de la población total de España), y unos cuatro millones y medio lo son de moriscos (el 10 por ciento del total). 

Todo lo anterior lo contaba el historiador Javier Sampedro en un artículo de El País de esas fecha titulado "Sefardíes y moriscos siquen aquí". No deja de ser curioso en un país en el que el antisemitismo campa a sus anchas, que uno de cada cinco de sus pobladores sea descendiente directo de esos judíos a los que detesta; y uno de cada diez, descendiente de esos "moros" que le atemorizan, pero necesita...

Una anécdota personal: En el otoño de 1956 yo acababa de comenzar los estudios de primero de bachillerato en el colegio "Infanta María Teresa" de Madrid. Era el primer día de clase de la asignatura de Historia de la Música, que impartía un joven profesor muy atildado, al que siempre conocí vestido de riguroso traje negro, con corbata de colores chillones y camisa blanca. Podría tener unos cuarenta y pocos años, y lamento no recordar su nombre. Lo que no voy a olvidar nunca fue ese primer día de clase, pues nada más comenzar la misma se dirigió a mi, me preguntó mi nombre y apellidos, y me soltó: "Usted es de origen judío, ¿verdad, señor Campos?". Me quedé sorprendido pues era la primera vez que alguien me mencionaba tal cosa; le respondí con sinceridad que no tenía la menor idea, pero que pensaba que no, puesto que yo, mis padres, mis hermanos y toda mi familia eran católicos. Él me contestó que los rasgos de mi cara y mi apellido paterno decían que sí, y que se lo preguntara a mis padres. Nunca lo hice, pero mucho más tarde, por otras vías, vine a confirmar que formo parte orgullosa de ese veinte por ciento de españoles de origen judeo-converso; y que, al menos para mí, Américo Castro y no Sánchez Albornoz tenía razón en cuanto a la famosa polémica sobre el "Ser de España". Castrista como soy, les recomiendo leer su monumental "España en su historia. Cristianos, moros y judíos" (Círculo de Lectores, Barcelona, 1989).

En cuanto a, en palabras de Pedro Laín Entralgo, "la dramática inhabilidad de los españoles desde hace siglo y medio, para hacer de su patria un país mínimamente satisfecho de sus instituciones políticas y sociales", escribía el también historiador Rafael Núñez Florencio en el número de octubre de 2005 de Revista de Libros, un enjundioso artículo titulado "Sobre el fastidio de España y la incomodidad de ser español", cuya lectura les recomiendo encarecidamente. El artículo constituía una acerada crítica de sendos libros publicados en aquel año por José Luis Abellán: "El problema de España y la cuestión militar" (Dykinson, Madrid); Manuel Azaña y José Ortega y Gasset: "Dos visiones de España. Discursos en las Cortes Constituyentes sobre el Estatuto de Cataluña. 1932" (Círculo de Lectores, Barcelona); Suso de Toro: "Otra idea de España" (Península, Barcelona); y de Vicente Palacio Atard: "De Hispania a España. El nombre y el concepto a través de los siglos" (Temas de hoy, Madrid). 

Termino, o casi, con otras palabras del hispanista Gerald Brenan en su "El laberinto español. Antecedentes sociales y políticos de la guerra civil española" (Ruedo Ibérico, París, 1962), escritas en 1943, y citadas por José Luis Abellán en su "Historia crítica del pensamiento español. Tomo 6. La crisis contemporánea I. 1875-1897" (Círculo de Lectores, Barcelona, 1993), de cuya lectura estoy disfrutando ahora mismo, palabras en las que Brenan se preguntaba por la falta de arraigo que el liberalismo económico y el capitalismo habían tenido históricamente en España. 

Su reflexión no podía ser más elocuente. Decía Brenan: "Nadie puede suponer que una raza tan activa e inteligente como los españoles no pudiera, si lo desease, aplicarse a hacer fortuna; la explicación de este fenómeno no pueda ser otra que, como observó un embajador veneciano hace dos siglos, nunca se lo propusieron ni desearon. Verdaderamente, esto es obvio para cualquiera que haya vivido en España. Cada clase tiene su especial modo de mostrar la repugnancia que siente por la civilización capitalista moderna. Los alzamientos de los carlistas y anarquistas son una forma de ello. La ociosidad del rico, la ausencia de empresas y de hombres de negocios, la pereza de los banqueros son tantas otras formas de esa repugnancia. Así, hallamos también el fenómeno de la empleomanía, con la superabundancia de funcionarios del gobierno y de oficiales del Ejército. Aparte de cualquier causa histórica que se pueda asignar a este espíritu refractario, queda el hecho de que los españoles viven para el place o los ideales, pero nunca para el éxito personal ni para hacer fortuna". 

No estoy seguro de que Brenan siguiera pensando hoy lo mismo sobre los españoles que aquello que decía sobre nosotros en 1943, pero como retrato de la idiosincrasia profunda de lo que somos, no andaba muy desviado.Creo que por hoy es bastante. Quizá en otra ocasión volvamos a tratar sobre España y los españoles. Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt






















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES, 12 DE MAYO DE 2026

 






























SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA ESPAÑOLA, HOY MARTES, 12 DE MAYO DE 2026, EN CASTELLANO

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes. Aunque ninguno de los amables lectores de Desde el trópico de Cáncer me ha preguntado sobre ello, me gustaría decir unas palabras sobre el sentido, mi sentido, sobre eso del saludo en las lenguas de “mi patria” española. De entrada, que no soy nacionalista en el sentido “político” del termino, es más, odio el nacionalismo: el canario, el español y el europeo; cualquier nacionalismo. No ocurre lo mismo con el término patria, que no tiene otro significado original que el de la tierra de los “padres”, y el de tierra natal o adoptiva a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. En ese sentido, “yo” tengo tres patrias: la canaria, donde vivo, y donde han nacido mis hijas y mis nietos; la española, en la que nací; y la europea, a la que amo con pasión. En mi patria español se hablan cuatro lenguas, de ahí mi saludo diario a los lectores del blog en cada una de ellas, la que toque ese día. Explicado queda, así que vamos con las entradas del blog de hoy.  La primera, como todos los días, son las viñetas de humor. La segunda, con el archivo del blog, hoy, de 7 de diciembre de 2013, escrito por HArendt, y que iba del fastidio de España y la genética de los españoles. La tercera, con el poema del día, hoy del poeta británico Wilfred Owen, y que se titula Amor mayor. La cuarta, con el asunto del día, se titula El buque fantasma, y es del filósfo Santiago Alba. La cuarta, con el café de sobremesa, es de la escritora Leila Guerriero, y se titula Struwwelpeter, que es una palabra alemana que significa Pedro Melenas, y es un antiguo cuento infantil. La sexta, con el primer del caer de la tarde la firma el historiador Timothy Snyder, y se titula Sobre el suicio con superpoderes. La séptima es del profesor Robert Reich y va del Optimismo desmedido de su madre. Y la octava y última del día es del premio Nobel de economía Paul Krugman y se titula ¿Está Europa en declive económico? Espero que les resulten de interés. Tamaragua, amigos míos. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, se lo ruego: se lo merecen, nos lo merecemos. Besos. Les quiero. HArendt 
















lunes, 11 de mayo de 2026

DE LA TARDE QUE CAE. ESPECIAL TRES DE HOY. UN RASGUÑO EN LA PIEDRA, POR LEONARDO PADURA. 11 DE MAYO DE 2026

 







1. Vengo de hacer mi primera estancia en Chiapas. De ciudad en ciudad, desde la actual capital, Tuxtla Gutiérrez, he visitando la muy turística San Cristóbal de las Casas, los “pueblos mágicos” de Comitán de Gutiérrez y Chiapa de Corzo, el mundo fantástico de Chamula. Y salgo convencido de lo insólita, maravillosa e insondable que aún puede ser la realidad americana.

2. San Cristóbal de las Casas, antigua capital del Estado, es uno de los tres “pueblos mágicos” de esa región del suroeste de la República mexicana, colindante con Guatemala, a cuya Capitanía General perteneció en la época colonial. Fundada en 1528, su condición de “pueblo mágico”, conferida por la Secretaría de Turismo del país, resulta evidente: impresionantes edificios coloniales, coloridos mercados callejeros, sitio de efervescente mestizaje cultural propiciado por los traumáticos eventos históricos que ocurren a partir de la llegada de conquistadores españoles portadores de una visión del mundo que intentó imponerse sobre la milenaria cosmogonía de las poblaciones originarias de la región, provocando las contracciones, fusiones y traumas que aun acompañan la existencia de este peculiar rincón del planeta.

El pasado 1 de enero se cumplieron 32 años de que nos despertara la noticia de que un ejército de indígenas, capitaneados por un enigmático personaje que se hacía llamar Marcos, quien se había autoconferido los grados de subcomandante y andaba cubierto con un pasamontañas, había entrado en esa ciudad chiapaneca y tomado sus poderes civiles. Se anunciaba entonces el inicio de otra revolución de los humildes y para los humildes, que, tomando distancia de la devaluada ideología marxista, se bautizaba como zapatista —en recordación del líder campesino Emiliano Zapata—, pues se presentaba como una insubordinación indigenista, avalada por una histórica marginación y la profunda pobreza de los pobladores originarios de la región.

Hasta el día anterior el Estado de Chiapas apenas existía en el imaginario mundial porque sus millones de indígenas de diversas etnias y sus mestizos pobres parecían no existir ni siquiera para los poderes de la república federativa. Una idea de lo que allí ocurría lo revela la frialdad de los números: unos años antes Chiapas recibía apenas el 0,3% del presupuesto del poder federal. La pobreza, la marginación cundían allí entre más de 500.000 analfabetos. En la misma San Cristóbal uno de sus obispos católicos había publicado la orden de que las aceras eran para que circularan las personas, no los indios. Pero la sublevación zapatista con sus reclamos de justicia social puso a Chiapas en las páginas de los periódicos, y el enigma de la identidad del subcomandante Marcos o sitios como la selva Lacandona pasaron a formar parte de las conversaciones de la gente, no solo en México… Dos años después, tras algunos enfrentamientos armados entre los zapatistas y el Gobierno, se firmaron los acuerdos de paz de San Andrés Larraínzar que contemplaban la promesa de cambios y mejoras en las vidas de los chiapanecos.

3. En la plaza central de Chiapa de Corzo —considerada la primera ciudad española de la región—, se levanta una especie de capilla abovedada, de estilo mozárabe, conocida como la Pilona, pues en su interior se halla el manantial del cual se surtían de agua los pobladores de la ciudad. Otro edificio emblemático del poblado es la gigantesca estructura de la iglesia y convento de Santo Domingo, en cuyas fachadas aparecen relieves de heráldicas flores de lis francesas llegadas de nadie sabe dónde.

Pero esta localidad es célebre sobre todo por su técnica de laqueado de las artesanías de madera, conseguido con la maceración de insectos de la zona y también por su fiesta grande, nombrada por la UNESCO Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Esta celebración, que corre cada año del 8 al 21 de enero, celebra la convergencia cultural que se concretó en la ciudad y se ha convertido en un atractivo turístico sobre todo por su acto de clausura: sobre las aguas del río Grijalva se escenifica un combate naval en el que participan cientos de embarcaciones que alumbran el cielo con fuegos artificiales. Lo curioso es que ese combate rememora la derrota de los habitantes originales de la zona ante los conquistadores españoles.

4. También he recalado en la ciudad de San Juan Chamula, donde la magia es parte activa de la vida más real. La iglesia de San Juan Bautista, en Chamula, es un sitio extraordinario que alberga una mezcla de culturas en plena efervescencia sin que se haya concretado una aplastante superposición dominadora.

El templo católico con estructura de estilo barroco novohispano, encierra entre sus paredes muchas de las esencias de la cultura de Chamula: allí conviven ritos católicos, como la misa y el bautismo, las imágenes de santos y vírgenes como la muy mexicana Guadalupe, con ancestrales prácticas religiosas y medicinales. En lugar de bancos alineados, en el interior de la iglesia se distribuyen mesas cubiertas de millares de velas cuya esperma cubre el piso del local, mientras los magos curanderos (iloles, en lengua tzotzil), hombres y mujeres, realizan sus ceremonias de invocación y curación. El poder de estos iloles proviene de las revelaciones de sus sueños, gracias a los cuales obtienen la sabiduría para curar, tanto males físicos como espirituales. Con velas y, por lo general, con gallinas sacrificadas en el acto, los iloles alivian las penas de la gente bajo las cúpulas de la iglesia católica dedicada al Bautista, santo patrón de la ciudad, mientras utilizan la Coca Cola como una de sus bebidas rituales... Aquí, como bien dice Alejo Carpentier al teorizar sobre lo maravilloso americano, los que creen en milagros de santos se pueden curar con milagros de santos.

5. En cada sitio he recibido las vigorosas impresiones, sensaciones, sospechas a las que puede acceder un forastero llegado a un universo que resulta insondable. Tal es la profundidad y densidad de su historia y cultura, sus múltiples cosmovisiones expresadas muchas veces en las lenguas originarias que allí sobreviven. Y a pesar de mi interés y concentración, de curiosidad alarmada, sé que la diversidad y complejidad del mundo chiapaneco apenas me permitirá, como dijo un poeta, hacer un rasguño en la piedra de su realidad. Porque si André Breton, en su estancia en la capital mexicana, tuvo la certeza de que México era la tierra electa del surrealismo, si hubiera visitado Chiapas habría visto cómo todos sus paradigmas de provocación intelectual palidecían ante una realidad palpable.

Treinta años después del levantamiento zapatista el mítico Marcos es un sesentón pasado de peso que ha cambiado sus grados pero no su pasamontañas y vive refugiado en una comunidad zapatista en la selva, mientras muy poco se ha cumplido de aquellos acuerdos de paz de 1996. Y aunque no igual, la vida de los indígenas sigue sufriendo de carencias y ciertos grados de marginación, pues se estima que el 78% de la población chiapaneca vive en diversos niveles de pobreza. Aunque puede consolarnos saber que su actual gobierno emprende campañas para erradicar males como el analfabetismo mientras se potencia la existencia de las llamadas universidades interculturales que ofrecen superación con sentido de preservación.

Lo que resulta evidente, incluso para el forastero, es que en estos territorios del de Chiapas aun se sostiene el viejo combate americano entre civilización y barbarie, hoy contextualizado como una pugna entre globalización y tradición, aunque en realidad es la eterna contienda entre pobreza y supervivencia. Leonardo Padura es escritor. El País, 10 de mayo de 2026.