viernes, 7 de marzo de 2025

[ARCHIVO DEL BLOG] ¿Quiénes fueron los votantes de Trump en 2016? Publicado el 07/08/2017











El tópico de que la victoria de Trump se debió sobre todo a una coalición de trabajadores manuales blancos y de clase obrera no encaja con los datos electorales de 2016, pues muchos de sus votantes sin estudios universitarios tenían rentas medias o altas. Según una encuesta de la American National Election Study, el estudio electoral más veterano de EE UU, que desmenuzan en un interesante artículo Nicholas Carnes, profesor ayudante de Políticas Públicas en la Sanford School of Public Policy de la Universidad de Duke, y Noam Lupu, profesor titular de Ciencia Política en la Universidad de Vanderbilt, los votantes blancos no hispanos sin título universitario y con renta familiar inferior a la mediana solo constituyen el 25% de los votantes de Trump. Eso no tiene nada que ver con la victoria a lomos de la clase obrera que muchos periodistas se imaginaron.  
La cobertura mediática de las elecciones estadounidenses de 2016, señalan los profesores Carnes y Lupu en su análisis, recalcó frecuentemente el atractivo de Donald Trump para la clase obrera. The Atlantic afirmó que “el promotor inmobiliario multimillonario está sentando cimientos obreros”. Associated Press se preguntaba qué supondría para la estrategia electoral de Trump “su éxito a la hora de atraerse el voto obrero blanco”. El 9 de noviembre, según el artículo de portada del The New York Times sobre la victoria de Trump, esta era una “categórica demostración de poder de una coalición, largamente desatendida, compuesta mayormente por trabajadores manuales, blancos y de clase obrera”. Solo hay un problema: la descripción es errónea. La mayoría de los votantes de Trump no eran de clase obrera.
Ya durante las primarias se comenzó a distorsionar el apoyo obrero de Trump. En un artículo muy difundido de marzo de 2016, Thomas Frank, por ejemplo, se explayó sobre “la clase obrera blanca… base del apoyo a Trump”. En los primeros mítines de campaña, muchos periodistas encontraron pintorescos ejemplos de partidarios obreros de Trump. ¿Pero esas anécdotas representaban con exactitud la emergente coalición pro Trump?
Había buenas razones para dudarlo. Para empezar, gran parte de las encuestas de 2016 carecían de datos sobre la profesión de los encuestados: factor preferido por los expertos para medir la clase social. Cuando los periodistas decían que Trump atraía a los votantes obreros, no sabían realmente si estos trabajaban en la construcción o eran directivos.
Además, según el otro mejor factor para medir la clase, los ingresos familiares, durante las primarias no parecía que los partidarios de Trump fueran abrumadoramente de clase obrera. Al contrario, muchas encuestas demostraban que eran sobre todo republicanos acomodados. Por ejemplo, una de marzo de 2016 de la NBC que analizamos señalaba que solo un tercio tenía una renta familiar igual o menor a la mediana nacional (unos 50.000 dólares anuales). Aunque limitamos el análisis a blancos no hispanos, otro tercio lo componían familias con ingresos entre 50.000 y 100.000 dólares y otro las que ingresaban 100.000 dólares o más. Si por clase obrera entendemos estar en la mitad inferior de la distribución de renta, la gran mayoría de los partidarios de Trump durante las primarias no eran obreros.
¿Y la educación? Muchos expertos percibieron pronto que la mayoría de sus partidarios carecían de título universitario. Pero este razonamiento tenía dos problemas. Primero, no tener estudios superiores no equivale a ser de clase obrera (ahí están Bill Gates y Mark Zuckerberg). Y, segundo, aunque más del 70% de los partidarios de Trump no tenía título universitario, en los datos de la NBC vimos algo que los expertos no habían percibido: durante las primarias, alrededor del 70% de los republicanos, cerca de la media nacional (71% según el censo de 2013), no tenía esos estudios. Lejos de atraer a los menos formados, parecía que Trump tenía de su parte prácticamente a los mismos titulados universitarios que cualquier candidato republicano ganador.
¿Qué pasó en las generales? Hace un tiempo, el American National Election Study, el estudio electoral más veterano de EE UU, publicó su encuesta de 2016. Y mostraba que en noviembre de ese año la coalición pro Trump se parecía mucho a la de las primarias. Entre los que decían que le habían votado en las generales, el 35% tenía una renta familiar inferior a 50.000 dólares anuales (el mismo porcentaje que entre los blancos no hispanos), con lo que el porcentaje era casi igual al de la encuesta de la NBC de marzo de 2016. Los votantes de Trump no eran en su inmensa mayoría pobres. En las generales, como en las primarias, unos dos tercios de sus partidarios procedían de la mitad económicamente mejor situada.
Y volvemos a la educación. Para muchos analistas, la brecha partidista entre los más y los menos formados es mayor que nunca. Según el estudio electoral, el 69% de los votantes de Trump en las generales carecía de título universitario. ¿No demuestra eso que su base era mayoritariamente obrera? La verdad es más compleja: muchos de sus votantes sin formación universitaria eran relativamente acomodados. Dentro de los que ganan menos de 50.000 dólares anuales, el apoyo a Trump presentaba una diferencia del 15%-20% entre los que tienen título universitario y los que no lo tienen. Pero la misma diferencia se apreciaba, y era aún mayor, entre quienes ganan más de 50.000 y de 100.000 dólares anuales. Dicho de otro modo: de los blancos sin título universitario que votaron a Trump, casi el 60% estaba en la mitad superior de la distribución de la renta. En realidad, uno de cada cinco votantes blancos de Trump sin educación universitaria tenía una renta superior a los 100.000 dólares.
Los observadores han utilizado con frecuencia las disparidades educativas para presentarnos a pobres lanzándose en masa a votar a Trump, pero la verdad es que muchos de sus votantes sin estudios universitarios eran de hogares con rentas medias o altas. Este es el problema fundamental que conlleva definir a la clase obrera en función del nivel educativo.
En suma, el tópico de que la victoria de Trump se debe sobre todo a una “coalición de trabajadores manuales blancos y de clase obrera” no encaja con los datos electorales de 2016. Según la encuesta, los votantes blancos no hispanos sin título universitario y con renta familiar inferior a la mediana solo constituyen el 25% de los votantes de Trump. Eso no tiene nada que ver con la victoria a lomos de la clase obrera que muchos periodistas se imaginaron.
Un artículo de National Review sobre el supuesto apoyo de esa clase a Trump parecía casi llamar a las armas contra los más desfavorecidos, diciendo que “la clase marginal blanca está sometida a una cultura despiadada y egoísta, cuyas principales consecuencias son la miseria y las jeringuillas de heroína usadas. Los discursos de Donald Trump los confortan. También la oxicodona” y que “lo cierto es que esas comunidades disfuncionales y degradadas se merecen morir”. Estos estereotipos que buscan chivos expiatorios son una indignante consecuencia del tópico de que los estadounidenses de clase obrera auparon a Trump a la Casa Blanca. Ha llegado el momento de librarse de él. Quien merece morir no son las comunidades de clase obrera de EE UU, sino el mito de que son responsables de la elección de Trump. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt















Del poema de cada día. Hoy, Windows, de Fernando Camacho

 






WINDOWS



Hoy Windows no responde.

Todo el mundo merece vacaciones,

el compañero exánime de toda

oficina, también.


Le envidio,

no podría evitarlo aunque quisiera

porque si no responde hasta los jefes

le piden por favor, se inclinan, ruegan

de rodillas que vuelva

y sin pudor maldicen

al creador malvado de este bicho

de los diez mil demonios mientras Windows

pasa un kilo de jefes que suplican

y de administrativos con salarios

humillantes. A toda luz, vigilar

todas las oficinas del planeta

al mismo tiempo, a todas horas, todos

los días, sin descanso… Debe ser estresante.


Descansa, compañero,

deja caer la arena

entre tus cibernéticas falanges,

invisibles y frágiles, disfruta

del canto de gaviotas y sirenas

mientras el Sol se pone,

libérate del yugo que tú mismo

ayudaste a crear con herramientas

que sólo tú conoces:

tu lógica impasible, el desenfreno

de tus datos perfectos, tu absoluta

falta de humanidad…

Contradecirte, tú, que prometías

servir y protegernos y hoy sometes

todo cuanto quedaba en nosotros

de aquel libre albedrío ya lejano

te hace uno de los nuestros.



Fernando Camacho (1990)

poeta español



















De las viñetas de humor de hoy viernes, 7 de marzo de 2025

 











































jueves, 6 de marzo de 2025

De las entradas del blog de hoy jueves, 6 de marzo de 2025

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 6 de marzo de 2025. Un buen espía sabe manipular a las personas, y no hay nadie en el mundo más susceptible de ser manipulado que un narcisista, se comenta en la primera de las entradas del blog de hoy. En la segunda, un archivo del blog de junio de 2017, se hablaba de las tres jornadas de guerra fría que sendos estadistas se habían dedicado, tras de las cuales, setenta años de relación comenzaban a desmoronarse: hoy es ya una realidad insoslayable. El poema del día, en la tercera, comienza con estos versos: Cuando de noche pienso en Alemania,/No desciende a mis párpados el sueño;/Mis ojos no se cierran, mas los mojan/Mis lágrimas de fuego. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt











Del manual de narcisistas del KGB

 





Un buen espía sabe manipular a las personas, y no hay nadie en el mundo más susceptible de ser manipulado que un narcisista, comenta en El País [Manual de narcisistas del KGB, 03/03/2025] la escritora Marta Peirano.

Donald Trump es un estadista de altura que solo negocia con estadistas de su nivel. No son tantos. Benjamín Netanyahu, Narendra Modi, Xi Jinping, Mohamed Bin Salmán. Es corta la lista de hombres a los que puede llamar pares, todos generales del siglo XXI embarcados en un proyecto histórico de reordenación territorial. Pero solo uno de ellos ha puesto todos sus recursos para apoyar su campaña cuando nadie daba un céntimo por ella. Solo uno de ellos levantó una agencia de desinformación con cientos de trabajadores operando 24 horas al día para hundir a Hillary Clinton. Solo uno mandó a su agencia de inteligencia hackear los correos del jefe de campaña de Clinton y distribuirlos de la manera más inteligente posible para ayudarlo a ganar en 2016. Vladímir Putin es más que uno de sus pares. Es el único que le entiende y le respeta de verdad.

Zelenski, por otra parte, no es un hombre de Estado. No se viste como un hombre de Estado, no tiene jet privado, no convocó elecciones cuando le tocaba, el pasado marzo. Es más bien como una ONG que pide, pide, pide y no quiere dar nada a cambio. De hecho, ni siquiera tiene un Estado propiamente dicho, porque Ucrania solo existe desde 1991 y desde entonces ha tenido al menos dos gobiernos derrocados. Gran parte de su población sigue hablando ruso. Donetsk y Lugansk ni siquiera reconocen al Gobierno de Kiev. No es más que un cómico mediocre que ha disfrutado de la generosidad de EE UU durante tanto tiempo que ha olvidado su lugar.

Trump no puede rebajarse a discutir con personas que no están a su altura, menos cuando se muestran desagradecidos y están dispuestos a provocar la Tercera Guerra Mundial. Sería irresponsable. De hecho, Trump no necesita negociar con Zelenski. La mayor parte de las reservas de litio y tierras raras de Ucrania están bajo la ocupación rusa, en la región del Donbás y la península del mar Negro que Rusia recuperó en 2014. Qué sentido tiene negociar con un hombre así cuando el objeto de deseo ya no está en su poder. Si ha sido capaz de resolver con Netanyahu el problema de Gaza y juntos están a punto de convertir ese estercolero en la nueva Riviera, ¿qué le impide resolver el problema de Ucrania con Putin y transformarla en un nuevo manantial de recursos para EE UU? Putin solo pide quedarse con las regiones que ya tiene, lo que parece completamente razonable dado que son prorrusas y que, si hubiera elecciones, votarían por él. Y que no haya soldados estadounidenses en territorio ucranio. Putin sí que quiere acabar con la guerra y empezar una nueva era de respeto mutuo y cooperación.

De hecho, esa nueva era ya ha empezado. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha ordenado a su comando cibernético que detenga las operaciones ofensivas contra Rusia durante las negociaciones. Cosas como deshabilitar malware ruso en servidores de este país antes de que pueda ser utilizado contra infraestructuras estadounidenses y bloquear webs que distribuyen propaganda antiestadounidense o a gente como LockBit, el grupo de ransomware más prolífico del mundo, antes de que ataque a empresas como Boeing o secuestre los servidores del servicio postal. Los analistas de la Agencia de Ciberseguridad ya no deberán trabajar o informar sobre amenazas que provengan de Rusia, y nadie monitorizará las injerencias del Kremlin en ningún proceso electoral. Rusia ya no es una amenaza para EE UU. Donald tiene la palabra de Vladímir.










[ARCHIVO DEL BLOG] "'Ich bin ein Berliner". Publicado el 02/06/2017

 





Un simple paseo por Berlín te muestra los fuertes lazos de EEUU y Alemania, afirma en El Mundo ['Ich bin ein Berliner', 02/06/2017] la periodista Silvia Román, el cordón umbilical que les unió tras la Segunda Guerra Mundial, el amigo necesario al otro lado del Atlántico, la admiración por una y otra cultura: desde Checkpoint Charlie al Ayuntamiento de Schöneberg, desde cuyo balcón el presidente John F. Kennedy pronunció en 1963 su célebre frase "Ich bin ein Berliner" ("Yo soy un berlinés"). La canciller alemana, Angela Merkel, lo sabe mejor que nadie: creció en la RDA y pudo aprender inglés gracias a su madre, profesora de idiomas, que se lo enseñó en casa. Merkel no ha ocultado su admiración por el aliado americano. A Barack Obama le despidió con una cena íntima en el Hotel Adlon, junto a la Puerta de Brandemburgo. A Donald Trump, tras tres jornadas juntos en Bruselas y Sicilia, le ha dedicado palabras de guerra fría. Y Trump, a Merkel, agresividad en forma de tuit. El choque transatlántico es una realidad. Setenta años de relación se desmoronan. Soñemos con volver al espíritu Berliner.












Del poema de cada día. Hoy, Insomnio, de Heinrich Heine

 





INSOMNIO


Cuando de noche pienso en Alemania,

No desciende a mis párpados el sueño;

Mis ojos no se cierran, mas los mojan

Mis lágrimas de fuego.

El tiempo va pasando; ya doce años

Desde que vi a mi madre trascurrieron;

Con la ausencia se acrecen cada día

Mi pena y mis deseos.

Aumentan mis deseos y mis penas;

De extraño hechizo preso,

A todas horas en mi mente viene

La viejecita, que conserve el cielo.

La pobre vieja me idolatra tanto,

Que hasta en sus cartas veo

Cómo su mano tiembla, y cuál se agita

Su corazón de madre allá en su pecho.

No se escapa mi madre de mi mente;

Doce años trascurrieron,

Doce años de dolor huyeron tardos,

Después que la estreché contra mi pecho.

Será eterna Alemania,

Es país de robusto y sano cuerpo:

Con sus fuertes encinas, con sus tilos,

Siempre podré encontrar su amado suelo.

Si allí mi pobre madre no viviera,

No suspirara por volver mi pecho.

No morirá Alemania, mas mi madre

Puede volar al cielo.

¡Cuántos, después que abandoné mi patria,

Besó la muerte con su helado beso!

¡Sangre derrama triste

Mi pobre corazón cuando los cuento!

Y es preciso contarlos; con el número

Aumenta mi dolor, y que los muertos,

Fríos y tristes ruedan,

Creo ¡gran Dios! sobre mi herido pecho.

¡Dios de bondad! por mi balcón penetra

Del sol de Francia el resplandor sereno;

Mi esposa llega, y su sonrisa aleja

Mis patrios melancólicos recuerdos.



Heinrich Heine (1797-1856)

poeta alemán



















De las viñetas del blog de hoy jueves, 6 de marzo de 2025