miércoles, 15 de julio de 2026

DEL POEMA DE CADA DÍA. ALGO SOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES, POR JAIME SABINES (1926-1999). 15 DE JULIO DE 2026

 







ALGO SOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES



PRIMERA PARTE


1. Déjame reposar,
aflojar los músculos del corazón
y poner a dormitar el alma
para poder hablar,
para poder recordar estos días,
los más largos del tiempo.
Convalecemos de la angustia apenas
y estamos débiles, asustadizos,
despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño
para verte en la noche y saber que respiras.
Necesitamos despertar para estar más despiertos
en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos.
Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que este hachazo nos sacude.
Nunca frente a tu muerte nos paramos
a pensar en la muerte,
ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la alegría.
No lo sabemos bien, pero de pronto llega
un incesante aviso,
una escapada espada de la boca de Dios
que cae y cae y cae lentamente.
y he aquí que temblamos de miedo,
que nos ahoga el llanto contenido,
que nos aprieta la garganta el miedo.
Nos echamos a andar y no paramos
de andar jamás, después de medianoche,
en ese pasillo del sanatorio silencioso
donde hay una enfermera despierta de ángel.
Esperar que murieras era morir despacio,
estar goteando del tubo de la muerte,
morir poco, a pedazos.
No ha habido hora más larga que cuando no dormías,
ni túnel más espeso de horror y de miseria
que el que llenaban tus lamentos,
tu pobre cuerpo herido.

2. Del mar, también del mar,
de la tela del mar que nos envuelve,
de los golpes del mar y de su boca,
de su vagina oscura,
de su vómito,
de su pureza tétrica y profunda,
vienen la muerte, Dios, el aguacero
golpeando las persianas,
la noche, el viento.
De la tierra también,
de las raíces agudas de las casas,
del pie desnudo y sangrante de los árboles,
de algunas rocas viejas que no pueden moverse,
de lamentables charcos, ataúdes del agua,
de troncos derribados en que ahora duerme el rayo,
y de la yerba, que es la sombra de las ramas del cielo,
viene Dios, el manco de cien manos,
ciego de tantos ojos,
dulcísimo, impotente.
(Omniausente, lleno de amor,
el viejo sordo, sin hijos,
derrama su corazón en la copa de su vientre.)
De los huesos también,
de la sal más entera de la sangre,
del ácido más fiel,
del alma más profunda y verdadera,
del alimento más entusiasmado,
del hígado y del llanto,
viene el oleaje tenso de la muerte,
el frío sudor de la esperanza,
y viene Dios riendo.
Caminan los libros a la hoguera.
Se levanta el telón: aparece el mar.
(Yo no soy el autor del mar.)

3. Siete caídas sufrió el elote de mi mano
antes de que mi hambre lo encontrara,
siete mil veces he muerto
y estoy risueño como en el primer día.
Nadie dirá: no supo de la vida
más que los bueyes, ni menos que las golondrinas.
Yo siempre he sido el hombre, amigo fiel del perro,
hijo de Dios desmemoriado,
hermano del viento.
¡A la chingada las lágrimas!, dije,
y me puse a llorar
como se ponen a parir.
Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras,
las mujeres, el tiempo,
me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba
(si es que tengo tumba algún día).
Me gusta mi rosal de cera
en el jardín que la noche visita.
Me gustan mis abuelos de totomoste
y me gustan mis zapatos vacíos
esperándome como el día de mañana.
¡A la chingada la muerte!, dije,
sombra de mi sueño,
perversión de los ángeles,
y me entregué a morir
como una piedra al río,
como un disparo al vuelo de los pájaros.

4. Vamos a hablar del Príncipe Cáncer,
Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata,
que se divierte arrojando dardos
a los ovarios tersos, a las vaginas mustias,
a las ingles multitudinarias.
Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer
en la raíz del cuello, sobre la subclavia,
tubérculo del bueno de Dios,
ampolleta de la buena muerte,
y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.
El Señor Cáncer, El Señor Pendejo,
es sólo un instrumento en las manos obscuras
de los dulces personajes que hacen la vida.
En las cuatro gavetas del archivero de madera
guardo los nombres queridos,
la ropa de los fantasmas familiares,
las palabras que rondan
y mis pieles sucesivas.
También están los rostros de algunas mujeres,
los ojos amados y solos
y el beso casto del coito.
Y de las gavetas salen mis hijos.
¡Bien haya la sombra del árbol
llegando a la tierra,
porque es la luz que llega!

5. De las nueve de la noche en adelante
viendo la televisión y conversando
estoy esperando la muerte de mi padre.
Desde hace tres meses, esperando.
En el trabajo y en la borrachera,
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños,
en su dolor tan lleno y derramado,
su no dormir, su queja y su protesta,
en el tanque de oxígeno y las muelas
del día que amanece, buscando la esperanza.
Mirando su cadáver en los huesos
que es ahora mi padre,
e introduciendo agujas en las escasas venas,
tratando de meterle la vida, de soplarle
en la boca del aire…
(Me avergüenzo de mí hasta los pelos
por tratar de escribir estas cosas.
¡Maldito el que crea que esto es un poema!)
Quiero decir que no soy enfermero,
padrote de la muerte,
orador de panteones, alcahuete,
pinche de Dios, sacerdote de las penas.
Quiero decir que a mí me sobra el aire…

6. Te enterramos ayer.
Ayer te enterramos.
Te echamos tierra ayer.
Quedaste en la tierra ayer.
Estás rodeado de tierra
desde ayer.
Arriba y abajo y a los lados
por tus pies y por tu cabeza
está la tierra desde ayer.
Te metimos en la tierra,
te tapamos con tierra ayer.
Perteneces a la tierra
desde ayer.
Ayer te enterramos
en la tierra, ayer.

7. Madre generosa
de todos los muertos,
madre tierra, madre,
vagina del frío,
brazos de intemperie,
regazo del viento,
nido de la noche,
madre de la muerte,
recógelo, abrígalo,
desnúdalo, tómalo,
guárdalo, acábalo.

8. No podrás morir.
Debajo de la tierra
no podrás morir.
Sin agua y sin aire
no podrás morir.
Sin azúcar, sin leche,
sin frijoles, sin carne,
sin harina, sin higos,
no podrás morir.
Sin mujer y sin hijos
no podrás morir.
Debajo de la vida
no podrás morir.
En tu tanque de tierra
no podrás morir.
En tu caja de muerto
no podrás morir.
En tus venas sin sangre
no podrás morir.
En tu pecho vacío
no podrás morir.
En tu boca sin fuego
no podrás morir.
En tus ojos sin nadie
no podrás morir.
En tu carne sin llanto
no podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
Enterramos tu traje,
tus zapatos, el cáncer;
no podrás morir.
Tu silencio enterramos.
Tu cuerpo con candados.
Tus canas finas,
tu dolor clausurado.
No podrás morir.

9. Te fuiste no sé a dónde.
Te espera tu cuarto.
Mi mamá, Juan y Jorge
te estamos esperando.
Nos han dado abrazos
de condolencia, y recibimos
cartas, telegramas, noticias
de que te enterramos,
pero tu nieta más pequeña
te busca en el cuarto,
y todos, sin decirlo,
te estamos esperando.

10. Es un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!

11. Recién parido en el lecho de la muerte,
criatura de la paz, inmóvil, tierno,
recién niño del sol de rostro negro,
arrullado en la cuna del silencio,
mamando obscuridad, boca vacía,
ojo apagado, corazón desierto.
Pulmón sin aire, niño mío, viejo,
cielo enterrado y manantial aéreo
voy a volverme un llanto subterráneo
para echarte mis ojos en tu pecho.

12. Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.
Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.
Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.
Apagarse es morir, lento y aprisa,
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.

13. Padre mío, señor mío, hermano mío,
amigo de mi alma, tierno y fuerte,
saca tu cuerpo viejo, viejo mío,
saca tu cuerpo de la muerte.
Saca tu corazón igual que un río,
tu frente limpia en que aprendí a quererte,
tu brazo como un árbol en el frío,
saca todo tu cuerpo de la muerte.
Amo tus canas, tu mentón austero,
tu boca firme y tu mirada abierta,
tu pecho vasto y sólido y certero.
Estoy llamando, tirándote la puerta.
Parece que yo soy el que me muero:
¡padre mío, despierta!

14. No se ha roto ese vaso en que bebiste,
ni la taza, ni el tubo, ni tu plato.
Ni se quemó la cama en que moriste,
ni sacrificamos un gato.
Te sobrevive todo. Todo existe
a pesar de tu muerte y de mi flato.
Parece que la vida nos embiste
igual que el cáncer sobre tu omoplato.
Te enterramos, te lloramos, te morimos,
te estás bien muerto y bien jodido y yermo
mientras pensamos en la que no hicimos
y queremos tenerte aunque sea enfermo.
Nada de lo que fuiste, fuiste y fuimos
a no ser habitantes de tu infierno.

15. Papá por treinta o por cuarenta años,
amigo de mi vida todo el tiempo,
protector de mi miedo, vaso mío,
palabra clara, corazón resuelto,
te has muerto cuando menos falta hacías,
cuando más falta me haces, padre, abuelo,
hijo y hermano mío, esponja de mi sangre,
pañuelo de mis ojos, almohada de mi sueño.
Te has muerto y me has matado un poco.
Porque no estás, ya no estaremos nunca
completos, en un sitio, de algún modo.
Algo le falta al mundo, y tú te has puesto
a empobrecerlo más, ya hacer a solas
tus gentes tristes y tu Dios contento.

16. (Noviembre 27)
¿Será posible que abras los ojos y nos veas ahora?
¿Podrás oírnos?
¿Podrás sacar tus manos un momento?
Estamos a tu lado. Es nuestra fiesta,
tu cumpleaños, viejo.
Tu mujer y tus hijos, tus nueras y tus nietos
venimos a abrazarte, todos, viejo.
¡Tienes que estar oyendo!
No vayas a llorar como nosotros
porque tu muerte no es sino un pretexto
para llorar por todos,
por los que están viviendo.
Una pared caída nos separa,
sólo el cuerpo de Dios, sólo su cuerpo.

17. Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo
que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza.
No eras distinto a mí, ni eras lo mismo.
Eras, cuando estoy triste, mi tristeza.
Eras, cuando caía, eras mi abismo,
cuando me levantaba, mi fortaleza.
Eras brisa y sudor y cataclismo
y eras el pan caliente sobre la mesa.
Amputado de ti, a medias hecho
hombre o sombra de ti, sólo tu hijo,
desmantelada el alma, abierto el pecho,
ofrezco a tu dolor un crucifijo:
te doy un palo, una piedra, un helecho,
mis hijos y mis días, y me aflijo.



SEGUNDA PARTE


1. Mientras los niños crecen, tú, con todos los muertos,
poco a poco te acabas.
Yo te he ido mirando a través de las noches
por encima del mármol, en tu pequeña casa.
Un día ya sin ojos, sin nariz, sin orejas,
otro día sin garganta,
la piel sobre tu frente agrietándose, hundiéndose,
tronchando obscuramente el trigal de tus canas.
Todo tú sumergido en humedad y gases
haciendo tus deshechos, tu desorden, tu alma,
cada vez más igual tu carne que tu traje,
más madera tus huesos y más huesos las tablas.
Tierra mojada donde había tu boca,
aire podrido, luz aniquilada,
el silencio tendido a todo tu tamaño
germinando burbujas bajo las hojas de agua.
(Flores dominicales a dos metros arriba
te quieren pasar besos y no te pasan nada.)
2. Mientras los niños crecen y las horas nos hablan
tú, subterráneamente, lentamente, te apagas.
Lumbre enterrada y sola, pabilo de la sombra,
veta de horror para el que te escarba.
¡Es tan fácil decirte “padre mío”
y es tan difícil encontrarte, larva
de Dios, semilla de esperanza!
Quiero llorar a veces, y no quiero
llorar porque me pasas
como un derrumbe, porque pasas
como un viento tremendo, como un escalofrío
debajo de las sábanas,
como un gusano lento a lo largo del alma!
¡Si sólo se pudiera decir: “papá, cebolla,
polvo, cansancio, nada, nada, nada”!
¡Si con un trago te tragara!
¡Si con este dolor te apuñalara!
¡Si con este desvelo de memorias
-herida abierta, vómito de sangre-
te agarrara la cara!
Yo sé que tú ni yo,
ni un par de balbas,
ni un becerro de cobre, ni unas alas
sosteniendo la muerte, ni la espuma
en que naufraga el mar, ni -no– las playas,
la arena, la sumisa piedra con viento y agua,
ni el árbol que es abuelo de su sombra,
ni nuestro sol, hijastro de sus ramas,
ni la fruta madura, incandescente,
ni la raíz de perlas y de escamas,
ni tu tío, ni tu chozno, ni tu hipo,
ni mi locura, y ni tus espaldas,
sabrán del tiempo obscuro que nos corre
desde las venas tibias a las canas.
(Tiempo vacío, ampolla de vinagre,
caracol recordando la resaca.)
He aquí que todo viene, todo pasa,
todo, todo se acaba.
¿Pero tú? ¿pero yo? ¿pero nosotros;
¿para qué levantamos la palabra?
¿de qué sirvió el amor?
¿cuál era la muralla
que detenía la muerte? ¿Dónde estaba
el niño negro de tu guarda?
Ángeles degollados puse al pie de tu caja,
y te eché encima tierra, piedras, lágrimas,
para que ya no salgas, para que no salgas.

3. Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo
y van y vienen máscaras.
Amanece el dolor un día tras otro,
nos rodeamos de amigos y fantasmas,
parece a veces que un alambre estira
la sangre, que una flor estalla,
que el corazón da frutas, y el cansancio
canta.
Embrocados, bebiendo en la mujer y el trago,
apostando a crecer como las plantas,
fijos, inmóviles, girando
en la invisible llama.
Y mientras tú, el fuerte, el generoso,
el limpio de mentiras y de infamias,
guerrero de la paz, juez de victorias
-cedro del Líbano, robledal de Chiapas-
te ocultas en la tierra, te remontas
a tu raíz obscura y desolada.

4. Un año o dos o tres,
te da lo mismo.
¿Cuál reloj en la muerte?, ¿qué campana
incesante, silenciosa, llama y llama?
¿qué subterránea voz no pronunciada?
¿qué grito hundido, hundiéndose, infinito
de los dientes atrás, en la garganta
aérea, flotante, para escamas?
¿Para esto vivir? ¿para sentir prestados
los brazos y las piernas y la cara,
arrendados al hoyo, entretenidos
los jugos en la cáscara?
¿para exprimir los ojos noche a noche
en el temblor obscuro de la cama,
remolino de quietas transparencias,
descendimiento de la náusea?
¿Para esto morir?
¿para inventar el alma,
el vestido de Dios, la eternidad, el agua
del aguacero de la muerte, la esperanza?
¿morir para pescar?
¿para atrapar con su red a la araña?
Estás sobre la playa de algodones
y tu marea de sombras sube y baja.

5. Mi madre sola, en su vejez hundida,
sin dolor y sin lástima,
herida de tu muerte y de tu vida.
Esto dejaste. Su pasión enhiesta,
su celo firme, su labor sombría.
Árbol frutal a un paso de la leña,
su curvo sueño que te resucita.
Esto dejaste. Esto dejaste y no querías.
Pasó el viento. Quedaron de la casa
el pozo abierto y la raíz en ruinas.
Y es en vano llorar. Y si golpeas
las paredes de Dios, y si te arrancas
el pelo o la camisa,
nadie te oye jamás, nadie te mira.
No vuelve nadie, nada. No retorna
el polvo de oro de la vida.




***




Jaime Sabines Gutiérrez (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 25 de marzo de 1926-Ciudad de México; 19 de marzo de 1999) fue un poeta y político mexicano, reconocido como uno de los grandes poetas mexicanos del siglo XX.[












DEL ASUNTO DEL DÍA. EL CONSENTIMIENTO DE LOS PERDEDORES EN LA DEMOCRACIA, POR DANIEL INNERARITY. 15 DE JULIO DE 2026

 





Una democracia funciona bien cuando cualquiera puede ganar las elecciones y quienes pierden aceptan la legitimidad de los ganadores; deben darse las condiciones para que a nadie se le impida ganar y que quien ha perdido pueda aceptar el resultado electoral. En ocasiones no se dan estas condiciones, pero incluso cuando las elecciones se han desarrollado con normalidad democrática sigue habiendo actores que no aceptan su derrota, no reconocen la victoria del adversario y declaran ilegítimo al Gobierno que surge del resultado electoral. Se produce una peculiar degradación de la vida política cuando no contamos con eso que Christopher Anderson denominó el consentimiento de los perdedores. Una de las propiedades más importantes de la democracia es que, más allá de la mera existencia de la oposición, se asegure la lealtad de quienes deseaban otro gobierno, de las minorías que han quedado fuera de la mayoría gubernamental, de manera que sus decisiones —por muy contrarias e incluso equivocadas que les parezcan— sean consideradas vinculantes y legítimas también por parte de quienes no están a favor del gobierno.

Hay ocasiones en las que es muy difícil aceptar la derrota y quien pierde tiene todo el derecho de impugnar el resultado. Me refiero a las manipulaciones electorales y a la modificación ventajista de las reglas de la competición. En Estados Unidos hay una larga tradición de modificar los distritos para maximizar las ventajas electorales (una distorsión que se conoce como gerrymandering), algo que también se ha llevado a cabo en otros países.

Pero los casos más preocupantes son aquellos en los que se impugna el resultado de las elecciones sin aportar ninguna prueba que justifique esa impugnación. Guardamos en la memoria el asalto al Capitolio de Washington en 2021 y a las instituciones de Brasilia en 2023. Una versión preventiva de esta deslegitimación del triunfo ajeno es anticipar un posible fraude a través del voto por correo o la sospecha de que la regularización de emigrantes obedezca a la pretensión de modificar el censo electoral. Esta anticipación no necesita una prueba; le basta con crear un estado de opinión para justificar una posible retirada de reconocimiento en el caso de una futura derrota. Hay en amplios sectores sociales una creciente incredulidad en el funcionamiento ordinario de las instituciones y una desmesurada credulidad ante cualquier explicación conspiratoria. Ciertas formas de populismo viven en esta contradicción: se alimentan de la desconfianza social que ellos mismos generan, aunque su comportamiento no la justifique. De hecho, Trump no dejó de utilizar el voto por correo en las elecciones del Estado de Florida y Feijóo defendió una regulación de emigrantes cuando era presidente de la Xunta de Galicia muy similar a la que ahora ha puesto en marcha el Gobierno y que ha calificado como ingeniería electoral. Por supuesto que la limpieza de las elecciones no dependerá de que se cumplan determinados requisitos sino de que ganen quienes han alimentado la sospecha. No se conoce el caso de alguien que haya lanzado esas acusaciones y las mantenga después de ganarlas; solo valen si se pierden. Lo que cabe adivinar cuando se anticipa esa sospecha es que la oposición intuye que no está tan clara su victoria en las próximas elecciones.

Hay unas razones estructurales en nuestra cultura política (o incultura) que explican el hecho de que se haya extendido tanto la desautorización de los resultados electorales. Vivimos en una cultura de la urgencia, de la satisfacción inmediata y las recompensas en el corto plazo que está abreviando despiadadamente la vida política de los candidatos. Antes, con ritmos políticos más lentos, quien perdía unas elecciones sabía que gozaría de nuevas oportunidades en el futuro. Hoy hemos tensado tanto nuestras demandas de éxito que partidos y electores apenas conceden nuevas oportunidades; al primer fracaso se declara agotado el liderazgo y se lo remplaza. El mandato político es considerado como una especie de “última oportunidad” que ha de aprovechar quien gobierna y quien está en la oposición. Esta prisa explicaría algunos errores de los que han ganado, que a veces gobiernan como si no hubiera un mañana, y de una oposición que actúa confundiendo la construcción de una alternativa con la destrucción de la mayoría gobernante. Como en muchos otros aspectos de la vida, solo hay manuales para ganar y nadie te prepara para gestionar bien la derrota. La democracia necesita gobernantes competentes y gobernados críticos, pero también requiere perdedores a la altura de la situación. Necesitamos unos buenos perdedores tanto o más que buenos ganadores. Un buen perdedor es aquel que reconoce la legitimidad de quien ha ganado y juega sus cartas en la oposición sin poner en peligro los procedimientos que le permitirían volver a gobernar. Es más difícil hacer una buena oposición que gobernar y se acredita para esto quien ha sabido hacer aquello.

Da la impresión de que no terminamos de entender que ganar es lo que pasa antes de perder y que perder es el preludio de una futura victoria. Una democracia se caracteriza porque no hay nada definitivo. Ganar y perder son algo provisional, aunque la ansiedad de los actores políticos lo experimenten como una última oportunidad (de acabar definitivamente con la corrupción, de asaltar los cielos, cambiar o asegurar el régimen actual, salvar la democracia o la nación) y, de su fracaso se seguiría la muerte política personal y la definitiva desaparición de los valores que pretenden monopolizar. Que los perdedores no reconozcan la victoria justa dice mucho de la gravedad de la fractura social, algo más serio que eso que llamamos polarización. El respeto a los adversarios es necesario para que, ganen o pierdan, formen parte de nuestra comunidad política. Y eso es lo que delata la retirada injustificada de legitimidad al adversario: que en el fondo pensamos que no son de los nuestros, que solo son tolerables en posición subordinada.

En España el consentimiento de los perdedores tiene un carácter asimétrico. Todos perdemos mal, por supuesto, pero solo la derecha, cuando pierde, en vez de ejercer su derecho y obligación de criticar al nuevo Gobierno lo declara ilegítimo desde el principio. Esto explica que el tensionamiento de la vida política sea como una corriente alterna, más intenso cuando la derecha está en la oposición, como si gobernar fuera su estado natural y ser desalojada del poder, una anomalía. En ocasiones esta tensión ha sido y es insoportable, pero me pregunto qué grado de toxicidad y qué crisis de gobernabilidad podría producirse si la retirada del consentimiento de los perdedores fuera general, en la derecha y en la izquierda; si una eventual victoria de la derecha en unas próximas elecciones no fuera entendida por la opinión pública progresista como resultado de que los electores hubieran preferido las alternativas ofrecidas por la derecha, sino la consecuencia de un brutal asedio a la actual mayoría gobernante, con la colaboración interesada de otros actores de carácter policial o judicial que estuvieran haciendo lo que pueden para alterar las reglas del juego. Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política, investigador Ikerbasque en la UPV-EHU y titular de la cátedra Inteligencia Artificial y Democracia del Instituto Europeo de Florencia. Su último libro es El futuro de la democracia (Galaxia Gutenberg). El País, 13 de julio de 2026.

























HOLA, BONS DIES A TOTS I FELIÇ DIMECRES, 15 DE JULIOL DE 2026. AVUI EN CATALÀ

 






Hola, bon dia a tots i feliç dimecres, 15 de juliol de 2026. Bé, doncs ja està, Espanya, a la final de la Copa del Món de Futbol. Anem ara amb les entrades del bloc d'avui. Una democràcia funciona bé quan qualsevol pot guanyar les eleccions i els que perden accepten la legitimitat dels guanyadors; s'han de donar les condicions perquè a ningú no se li impedeixi guanyar i que qui ha perdut pugui acceptar el resultat electoral; ho diu a l'assumpte d'avui el filòsof Daniel Innerarity. El poema d'avui, el poeta mexicà Jaime Sabines (1926/1999), el comença amb aquests versos: Deixa'm reposar/afluixar els músculs del cor/i posar a adormir l'ànima/per poder parlar. L?arxiu del bloc d?avui és del maig del 2016, el firmava HArendt, i anava d?un dels seus assumptes preferits: la Justícia a Espanya. Després de les vinyetes d'humor del dia, el cafè de sobretaula el signa l'escriptora Marta Peirano, i va del dol i de com és de difícil acompanyar-lo quan no és el teu; consolar és un talent que no s'ensenya a classe i, potser per això, gairebé ningú no ho practica bé, diu en ell. El de la tarda que cau ho firma l'economista Mar Jiménez, que hi parla de Finlàndia, comentant que si és any rere any, el país més feliç del món, és per la seva relació amb la naturalesa, que és part intrínseca de la seva quotidianitat, encara que costa pensar que un país que viu els hiverns en la foscor i on cada conjunt residencial té un refugi ciutadans tan feliços. Finalment, com sempre, van les bones nits diàries de l'autor del bloc als seus lectors, desitjant-los tot el millor de part de la deessa de Fortuna i de les Moires benvolents. Que tinguen un bon dia. Espero que trobin interessants les entrades de hui. Tamaragua, amics. HArendt














ENTRADA NÚM. 11101

martes, 14 de julio de 2026

GAU ON, ATSEDAN ON ETA AMETS GOZOAK IZAN. GAUR, ASTEARTEA, 2026KO UZTAILAREN 14A, EUSKARAZ

 





Kaixo berriro, lagunok. Gau on, atseden on eta amets gozoak izan guztioi astearte gau honetan, 2026ko uztailaren 14-15ean, asteazkenera arte. Espero dut egun ona izan duzuela zuen familiekin eta lagunekin. Eskerrik asko bihotz-bihotzez bloga bisitatzeagatik. Pozten naiz zuen bisita gustatu izana pentsatzeaz. Tamaragua, lagunok. Fortuna jainkosa eta Moirai onberak izan daitezela zuekin. Bihar arte. Maite zaituztet. Musuak. HArendt