sábado, 20 de junio de 2026

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY NO TENGO GANAS DE VIVIR, POR MANUEL LLORENTE. 20 DE JUNIO DE 2026

 










HOY NO TENGO GANAS DE VIVIR



—“Hoy no tengo ganas de vivir, corazón”.


—Pues sí que nos hemos levantado con buen pie.


—Es un poema de César Vallejo.


—Ya, ¿y?


—Pues que estoy fuera de mí, o demasiado dentro.


—Todos estamos hartos.


—Ya, pero, y no se ofenda, me da igual cómo esté el vecino. No es que me dé igual, pero yo soy lo primero.


—Hombre, hombre…


—Hoy estoy cansado. Como si no pudiera vencer a la situación. Tengo una congoja, como un… hartazgo que me oprime. Estoy asfixiándome.


—Calma.


—¿Cómo que calma? ¿Cómo quiere me tranquilice? ¿Qué quiere, que me ponga a ver series desde por la mañana?


—Haga como los sabios de la Antigüedad.


—¿Y qué hacían?


—Por ejemplo descansar la mirada, viajar.


—Lo que veo desde mi ventana son tejados, ventanas, antenas, coches sucios aparcados. Veo hasta el silencio. Incluso me ha molestado escuchar el ruido de una cortadora de césped.


—Pues yo creo que va por el buen camino, está descubriendo el sabor del silencio.


—Lo que me molestaba era ese motor que de repente me ha perturbado la asepsia del día.


—Ya.


—Ya me había hecho a vivir en un nirvana y tuvo que llegar ese ronroneo que me acabó perturbando.


—Va por el buen camino.


—No estoy yendo a ningún sitio.


—Pues fíjese que igual sí.


—Todos los días el mismo paisaje y usted me dice que viaje.


—Claro, viaje con su imaginación, recréese en un atardecer en la playa caminando junto a las olas, intente escuchar el murmullo del oleaje. Piense en el susurro de las hojas de los árboles en algún paseo por las montañas.


—No es fácil concentrarse.


—Quédese en la cama recreando su último sueño.


—No sueño, o por lo menos no me acuerdo.


—Todos soñamos, lo que pasa es que lo olvidamos. Nabokov tenía un cuaderno encima de la mesilla para apuntarlos. Usted puede hacer lo mismo.


—Le he dicho que no sueño, o que no me acuerdo.


—Pues dé vueltas a cuando era niño y pedaleaba con todas las fuerzas carretera abajo.


—¿Y a dónde me conduce eso?


—A una tranquilidad interior.


—Es fácil decirlo.


—Inténtelo. Usted está mirando cómo cocina su madre, es un mocoso, está sentado en un taburete y mira cómo reboza una merluza mientras canturrea.


—Y me dice que ponga la mesa.


—Por ejemplo. Intente acordarse de qué ropa llevaba, la lluvia que caía el día en que fueron juntos a comprar unos zapatos de agua antes de que empezaran el nuevo curso. O cuando le daban la paga y se acercaba a un kiosco a comprar tebeos.


—Aquello sí que era inocencia.


—Era lo que fuese. ¿Usted no fue de colonias o de campamento? ¿No se acuerda de los viajes en autobús con el colegio, de las clases de dibujo mientras una profesora les leía un libro de Enid Blyton? ¿Del miedo en las clases de gimnasia a saltar el plinto?


—Por acordarme, si hago memoria…


—¿De cuando se declaró la primera vez, de cuando vio por primera vez el mar?


—Y ahora va a decirme que lo escriba, que coja papel y lápiz y escriba mi vida.


—No lo he dicho yo, ha sido usted mismo.


—Pero inducido por usted.


—¿Y por qué no lo hace?


—No se me da bien escribir.


—Hágalo para usted. Atrévase, nadie lo va a leer.


—No le veo el sentido.


—Es que igual no tiene sentido alguno, como decíamos el otro día. Las cosas hay que hacerlas, ponerse a ellas y luego ya se verá.


—No lo veo claro.


—Tampoco lo ve demasiado oscuro. Insisto: inténtelo.


—Me da pereza.


—No tiene nada que hacer, ni que perder.


—No sé… Ponerme a escribir ahora, a mis años. Seguro que me sale algo ñoño, ridículo.


—Y qué. Haga una cosa: escriba, pero cuando termine no lo lea. Siga adelante. Bastan unas líneas. Elija la hora del día que quiera. No se lo comente a nadie. Escriba por escribir.


—Qué fácil se ve todo desde fuera.


—Ahí se equivoca, porque es lo que yo estoy haciendo.


—¿Sí, todos los días?


—Casi todos.


—¿Lleva mucho?


—Algo. Lo que le he aconsejado me lo aplico, no miro lo que escribo, pero ya llevo unas cuantas páginas.


—¿Y no se lo ha enseñado a nadie?


—A nadie. Ni hasta ahora lo sabía nadie. Era un secreto conmigo mismo.


—No sé… ¿Y se siente mejor?


—Me siento, que ya es.


—Ya.



MANUEL LLORENTE 

escritor español 




***




Manuel Llorente, Manu para los amigos, que escribe en Zenda el blog Diario de un mal nadador, es uno de los referentes del periodismo cultural de nuestro país, gran apasionado del arte, del senderismo y, cómo no, de los libros y la literatura.


















DEL ASUNTO DEL DÍA. SEIS ARGUMENTOS CONTRA UN APOCALIPSIS LABORAL POR LA IA, POR TONI ROLDÁN. 20 DE JUNIO DE 2026

 







En su encíclica Magnifica humanitas, el papa León XIV muestra una profunda preocupación por cómo los avances en la inteligencia artificial (IA) pueden terminar debilitando el valor del trabajo humano. No está solo. Son muchos, especialmente desde dentro de la industria, los que muestran una visión apocalíptica del futuro del empleo. Sin ir más lejos, Dario Amodei, fundador de Anthropic, ha declarado que la IA podría destruir en poco tiempo hasta la mitad de los empleos de oficina. En España, en general, cuesta mucho encontrar voces en los debates públicos que digan cosas positivas sobre la IA.

Cualquiera que haya utilizado estas herramientas de forma mínimamente sofisticada entiende por qué estas advertencias resultan plausibles. En casi cualquier ámbito que podamos imaginar —desde el diseño de producto hasta la economía matemática, pasando por la abogacía o la investigación de materiales— tareas cognitivas que antes requerían horas de trabajo especializado hoy pueden completarse en minutos. Pero, ¿nos enfrentamos efectivamente al apocalipsis del empleo que algunos vaticinan? La realidad es que no lo sabemos. Pero pensar desde la economía puede ayudarnos a tener algunas claves para ser algo más optimistas.

Lo primero es que debemos dejar de pensar en términos de empleos y pensar en términos de tareas. Como explica muy bien Luis Garicano en su libro de reciente publicación Messy Jobs (“Trabajos caóticos”), los trabajos raramente consisten en hacer solamente una tarea. Y la exposición a la IA de las diferentes tareas que hacemos a lo largo de nuestra jornada puede variar mucho. Por ejemplo, piensen en un abogado. Es muy probable que una parte importante de las tareas que hacen abogados como resumir jurisprudencia o redactar denuncias vayan a ser automatizadas. Sin embargo, un abogado tiene que hacer muchas más cosas en un día: convencer a clientes para que le contraten, elegir los argumentos relevantes in situ para persuadir a un jurado o motivar a su equipo para trabajar duro.

Puede ser que esta nueva ola de automatización contribuya a premiar el juicio experto (como predicen Autor y Thompson) o las habilidades sociales. Sin duda, cambiará y mucho el tipo de tareas que los abogados realicen en un día —pasarán más tiempo revisando documentos que redactándolos, por ejemplo—. Pero eso es muy diferente a afirmar que esos trabajos van a desaparecer.

Un segundo argumento está relacionado con lo que los economistas llamamos la elasticidad de la demanda. Cuando una innovación hace que los precios caigan, la demanda puede reaccionar de diferentes maneras. En muchos casos, un precio más bajo puede llevar a que muchas más personas estén interesadas en comprar. El ejemplo clásico es el del transporte aéreo. A mediados del siglo pasado, volar en avión era muy caro. Sin embargo, al reducirse los costes, millones de personas nuevas empezaron a volar. El resultado fue un enorme aumento del tráfico aéreo y un montón de nuevos empleos creados en el sector.

Algo parecido puede estar pasando con el software y la demanda de programadores. Herramientas como Claude Code o Codex han reducido enormemente el coste de desarrollar software. Los propios creadores de Claude declaran que su código lo hace dicha herramienta de manera autónoma en un 80%. Es una transformación brutal. La intuición nos dice que estos cambios deberían llevar asociados una destrucción masiva de empleos. Sin embargo, aunque hay indicios de algunos efectos negativos en los trabajadores más jóvenes, no existe aún evidencia de impacto negativo en el empleo agregado de los programadores.

¿Por qué? Una posible explicación es que, al abaratarse el software, aumenta también su demanda. Por ejemplo, una pyme puede optar ahora por tener una página web mucho más potente, desarrollar nuevas aplicaciones internas o pensar en nuevos productos que antes no podía soñar. Lo relevante para el futuro del empleo de los programadores no es cuántos vamos a necesitar para hacer lo que hacíamos ayer, sino cuántos vamos a necesitar en un futuro dada la demanda al nuevo precio.

Hay un tercer argumento, relacionado con el anterior, que ha investigado en profundidad Alex Imas, de la Universidad de Chicago. Cuando una tecnología abarata mucho los costes, las personas pueden optar por usar esa renta liberada para consumir más de ese bien, pero también para comprar más de otras cosas. Imas usa el ejemplo de la agricultura: cuando su coste se fue abaratando con los progresivos cambios tecnológicos, no continuamos comiendo cada vez más. En un momento determinado, decidimos usar esa renta adicional en otras actividades, como el ocio o los cuidados. A medida que la IA vaya abaratando tareas intelectuales, según Imas, aumentará el valor de las actividades relacionales, puesto que lo humano —un médico que nos escucha o un profesor que nos motiva— será lo escaso. Aunque caiga la demanda de empleo en algunas áreas, crecerá en otras.

Esto tiene que ver con un cuarto argumento: la falacia de la cantidad fija de trabajo (lump of labor fallacy). Los humanos tendemos a centrar el foco en los trabajos que existen hoy y nos cuesta imaginar nuevas tareas o empleos que esa tecnología pueda generar. David Autor y otros investigadores muestran en un análisis con datos del censo estadounidense de un periodo de casi 80 años que alrededor de un 60% del empleo en 2014 se encontraba en ocupaciones que no existían en 1940. Imaginen: ¡en 1940 faltaban 30 años para los primeros ordenadores!

La prueba del algodón de esta realidad económica es la evolución de la población activa (el número total de personas que trabajan). A pesar de los gigantescos cambios tecnológicos, cada vez tenemos más personas ocupadas. En EE UU trabajaban aproximadamente 29 millones de personas en 1900 y hoy superan los 160 millones. La tecnología destruye tareas, pero también crea nuevas tareas, innovaciones y nuevas fuentes de demanda de empleo.

En muchos de esos empleos, el humano es el cuello de botella. Esa es la idea del O Ring, en alusión al desastre del transbordador espacial Challenger en 1986: al fallar una simple junta de goma (un o-ring), estalló toda la nave. Aplicada a la IA, la idea es que no basta con que el 95% de las tareas de un empleo se puedan automatizar. Si un humano es imprescindible para realizar el 5% restante, entonces ese empleo no se va a automatizar. Por ejemplo, si se automatiza el trabajo de cálculo de estructuras de un ingeniero, pero un humano sigue siendo el cuello de botella para revisar los cálculos o poner la firma para hacerse responsable jurídicamente del proyecto, su valor resulta insustituible.

Finalmente, los cambios suelen ser más lentos de lo que a primera vista puede parecer. Eso es lo que el economista de la Universidad de Standford Eric Brynjolfsson llama la curva J de productividad. En revoluciones previas con otras tecnologías de uso general, los cambios en la productividad tardaron mucho tiempo en verse (el rabito de la J). No es suficiente con inventar una tecnología, sino que ha de integrarse en los complejísimos entramados organizativos humanos: regulaciones, incentivos, gobiernos... Además, no basta con la primera ola de innovaciones. Para que haya cambios en el empleo y la productividad profundos ha de haber emprendedores que arriesguen y fracasen desarrollando tecnologías complementarias y aplicaciones diversas para, por ejemplo, crear un motor de combustión para automóviles que sea competitivo. Eso hace que la transición sea inevitablemente incremental y progresiva. Los ordenadores estaban disponibles desde los años setenta, pero las cifras de productividad no empezaron a cambiar hasta principios de este siglo.

Estos argumentos no son en ningún caso una invitación a la complacencia. Los efectos de la IA en el empleo resultarán sin duda muy profundos. Pero quizás el shock será menos catastrófico de lo que algunos pontifican. Toni Roldán-Monés es profesor de economía y políticas públicas en la Escuela de Políticas, Economía y Relaciones Internacionales (SPEGA) de IE University. El País, 18 de junio de 2026.






















EGUN ON. AGURRA NIRE HERRIALDEKO HIZKUNTZETAN. GAUR, LARUNBATA, 2026KO EKAINAREN 20A, EUSKARAZ

 





Kaixo, egun on berriro guztioi, eta larunbat zoriontsua eta asteburu zoriontsua, amaitzen ari den udaberri honen azkena... Gaurko blogeko sarrerak ikustera goaz. Lehenengoa, eguneko gaiarekin, Toni Roldán ekonomialari eta irakasleak idatzi du, zergatik ez den zertan IA askok oinarririk gabe iragartzen duten lan-apokalipsia bihurtu behar argudiatuz. Bigarrena, beti bezala, gaurko eguneko poema da, Manuel Llorente poetarena, "Ez dut bizitzeko gogorik" izenburupean. Blogeko artxiboa, hirugarren sarreran, John Carlin idazle britainiarrak idatzi du, 2017ko ekainekoa da, eta Erresuma Batua Europar Batasunetik ateratzeko erreferendumari buruzkoa da. Laugarrena, beti bezala, gaurko umorezko marrazki bizidunak dira (batzuk nahiko ilunak). Afalosteko kafea, bosgarren argitalpenean, Sergio Ramírez idazleak idatzia, sasikume eta gaizkileei buruzkoa da. Eta eguneko seigarren argitalpena, Shlomo Ben Ami Israelgo ministro ohiak idatzia, Estatu Batuen eta Iranen arteko bakearen aldeko benetako borroka Libanon dagoela esaten digu. Azkena, beti bezala, blogaren egileak bere irakurleei egunero ematen dien Gabon agurra da, gaur, goizaldeko Egun On bezala, euskeraz. Tamaragua, lagunok. Fortuna jainkosa eta Patu onbera zuekin egon daitezela. Egun ona izan. Espero dut gaurko blog argitalpenak interesgarriak izatea zuentzat. Eta bihar ikusiko dugu elkar, Fortuna jainkosak uzten badizu. Musuak. Maite zaitut. HArendt
















ENTRADA NÚM. 10838

viernes, 19 de junio de 2026

PERSONAL: MI PROYECTO DE LECTURAS PARA EL AÑO EN CURSO. MODIFICACIONES. 19 DE JUNIO DE 2026

 









PLAN DE LECTURAS. INVIERNO 2025-INVIERNO, 2025/2026

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INVIERNO, 2026

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LA FUGITIVA (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VI), de Marcel Proust (leída).

HANNAH ARENDT, UNA BIOGRAFÍA INTELECTUAL, de Thomas Meyer (leída).

IDENTIDAD Y AMISTAD, de Emilio Lledó (leída).

EL TIEMPO RECOBRADO (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VII), de Marcel Proust (leída). 

APOLOGÍA DE SÓCRATES, de Platón (leída).

WALDEN, de Henry David Thoreau (leída).

LOS GRANDES CEMENTERIOS BAJO LA LUNA, de George Bernanos (leída).

EL GRAN GATSBY, de F. Scott Fitzgerald (leída).

LA MARAVILLOSA HISTORIA DEL ESPAÑOL, de Francisco Moreno (leída).

FEDÓN, de Platón (leída).

SONETOS DE AMOR, de William Shakespeare (leída). 

ANA NO, DE Agustín Gómez Arcos (leída).

CAMINAR, de Henry David Thoreau (leída).

(Trece lecturas completadas).

     


PRIMAVERA, 2026

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LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO, de Byung-Chul Han (leída).

ENEIDA, de Virgilio (leída).

BIOGRAFÍA DEL SILENCIO, de Pablo D’Ors (leída).

TRISTRAM SHANDI, de Laurence Sterne (leída).

CRÓNICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, de la Real Academia Española (leída).

COMERÁS FLORES, de Lucía Solla (leída).

SAN MIGUEL, BUENO Y MÁRTIR, de Miguel de Unamuno (leída).

EL ARTE DE TENER RAZÓN, DE ARTHUR SCHOPENHAUER (leída).

SUITE FRANCESA, de Irène Némirovsky (leída).

ANTOLOGÍA GENERAL, de Pablo Neruda (leída).

EL PERIÓDICO DE LA DEMOCRACIA, de Javier Cercas (leída).

CÓMO EL MUNDO CREÓ OCCIDENTE, de Josephine Quinn (leída).

LENGUA MADRE, de Laura Spinney (leída)

(Trece lecturas completadas)


VERANO, 2026

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ANTOLOGÍA EN VERSO Y PROSA, de Gabriela Mistral (leyendo ahora).

POEMA DE GILGAMESH, Anónimo (leyendo ahora).

MARTÍ EN SU UNIVERSO, de José Martí (pendiente de lectura).

ORIGEN Y META DE LA HISTORIA, de Karl Jaspers (pendiente de lectura).

LA DECADENCIA DE OCCIDENTE - 2 TOMOS, de Oswald Spengler (pendiente de lectura).

ARTE SONORA, de Auserón (pendiente de lectura).

UNA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA, de Jürgen Habermas (pendiente de lectura).

HISTORIA ALTERNATIVA DE LA FELICIDAD, de Juan Antonio González Iglesias (pendiente de lectura).

POLÍTICA Y FICCIÓN, de Jorge Lagos y Pablo Bustinday (pendiente de lectura).

ESCRITOS 6, de Soren Kierkegaard (pendiente de lectura).

¿TIENE FUTURO LA VERDAD? de Georg Steiner (pendiente de lectura).

UN CABALLERO EN MOSCÚ, de Amor Towles (pendiente de lectura).

MANIFIESTO POR UNA DEMOCRACIA RADICAL, de Jordi Sevilla (pendiente de lectura).

GALDÓS, Yolanda Arencibia (pendiente de lectura).

CONTRA EL ESTADO, de James C. Scott (pendiente de lectura).

MOMO, de Michael Ende (pendiente de lectura).

LA MEMORIA RECUPERADA, de Antonio Iglesias (pendiente de lectura).

(Dieciséis lecturas pendientes, dos leyendo ahora).


OTOÑO, 2026

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ERASMO Y ESPAÑA, de Marcel Bataillon (pendiente de releer).

ULISES, de James Joycee (pendiente de releer).

ENSAYOS, de Michael de Montaigne (pendiente de releer).

OBRAS COMPLETAS, de Esquilo, Sófocles y Eurípides (pendiente de releer).

IBIS, de Vargas Vila (pendiente de releer).

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA, de Friedrich Nietzsche (pendiente de releer).

¿QUÉ ES LA POLÍTICA?, de Hannah Arendt (pendiente de releer).

REPÚBLICA, de Platón (pendiente de releer).

ANTOLOGÍA GENERAl, de Pablo Neruda. (Pendiente de releer).

DON QUIJOTE DE LA MANCHA, de Miguel de Cervantes. (Pendiente de releer).

(Diez relecturas pendientes).

TOTAL DE LECTURAS PROGRAMADAS EN EL AÑO: 50.

















BOAS NOITES, DESCANSADE E DOCES SOÑOS. HOXE, VENRES, 19 DE XUÑO DE 2026, EN GALEGO

 






Ola de novo, amigos. Boas noites, descansade e doces soños a todos esta noite de venres, 19-20 de xuño de 2026. Espero que pasarades un bo día coas vosas familias e amigos. Grazas de corazón por pasarvos polo blog. Espero que disfrutarades da vosa visita. Tamaragua, meus amigos. Que a deusa Fortuna e o benévolo Destino vos acompañen. Ata mañá. Quérovos. Bicos. HArendt
















DE LA TARDE QUE CAE. SE TRATA DE LIDERAZGO, POR MIQUEL ROCA JUNYENT. 19 DE JUNIO DE 2026

 







La visita del papa León XIV ha sido un éxito. Ciertamente, no todas las valoraciones coinciden, pero resulta difícil no constatar que, desde posiciones diversas, se coincide en señalar que el Papa ha manifestado un liderazgo incontestable. Un liderazgo ejercido, lógicamente, desde su perspectiva religiosa, pero que se ha proyectado al conjunto de la sociedad con un mensaje humanista, valiente, coherente, integrador y respetuoso. Algunas opiniones tienden a hacer valoraciones más interesadas; a veces parece como si se quisiera sacar provecho de las palabras del Papa, en beneficio de posiciones predeterminadas. O a veces buscando cómo censurarlas por razones muy específicamente ideologizadas. Pero, como sea, lo que no debería discutirse es que el Papa, en su visita, ha ejercido un liderazgo que ha trascendido del escenario local y se ha proyectado en el conjunto del mundo.

Curiosamente, el mensaje más desacomplejadamente anti-Trump en defensa de la paz ha sido el del Papa. No ha tenido necesidad de descalificar a nadie; ha tenido suficiente con señalar, con contundencia, que lo que él representa se pone al servicio de la paz. Y no en términos ambiguos, genéricos o imprecisos. Se ha manifestado explícitamente a favor del multilateralismo y de la legislación internacional. Sin tapujos ni circunloquios: no a la guerra, sí a la paz. No a la imposición de la fuerza, sí al diálogo y al imperio de la ley internacional. No hacía falta decir nada más; sencillo, contundente, sin miedo. Así se construye un liderazgo; o, más cierto todavía, así se sirve un liderazgo.

El Papa habla de migración, de dignidad, reclama responsabilidad; todos aplauden, pero ¿se lo creen?

Y ¿cómo se fundamenta esta posición? La respuesta aún es más contundente y lógica. La polarización es siempre una amenaza para la paz; en el mundo, en su dimensión de confrontación belicista, pero también internamente para cada sociedad. La polarización entierra la necesidad del diálogo, del acuerdo, del respeto y, por tanto, para todo aquello que un Papa representa y conoce de la historia que lo precede, la polarización es el riesgo más grave para el progreso de la humanidad. La polarización entierra el argumento, el proyecto, la propuesta; tiene suficiente con condenar al adversario. Cuando el Papa invoca el respeto, no se separa de aquello que le es propio e invita a todas las confesiones religiosas a construir conjuntamente el escenario de la convivencia. Esto tiene autoridad. Vuelve a ser un ejercicio de liderazgo. Simple, compartido, entendedor. Liderazgo.

Y vuelve a ejercerlo cuando habla de los movimientos migratorios. No les da, ni le corresponde darles, solución. Pero habla de dignidad; la dignidad no tiene pasaporte! Y reclama sensibilidad, responsabilidad, eficacia. Todos aplauden, pero ¿se lo creen? El Papa no pide respuestas, se limita –con contundencia y sin miedo– a señalar lo que, desde la dimensión que a él le corresponde servir, entiende que es justo. El liderazgo se compromete siempre con un determinado mensaje; con un compromiso que descansa en las convicciones propias. Y se expone lo que resulta; guste o no. Sin miedo. Con determinación. Coherentemente con el liderazgo que le corresponde servir.

Y, circunscrito a su ámbito religioso, invita a las instituciones europeas a que asuman los valores que, como civilización, comparten. El Papa les requiere a las instituciones para que acepten defender los valores que dan vida al europeísmo. Y les recuerda que será desde la fidelidad a estos valores que podrán conseguir que su voz sea escuchada en el mundo. Es desde Europa que la paz gana en esperanza; es desde Europa que la libertad encuentra las más fuertes raíces; es desde Europa que la solidaridad se convierte en exigencia. Para respetar los derechos de las personas, primero se han de reconocer; el pluralismo tiene acento europeo. Ahora cuesta recordarlo y, para algunos, incluso aceptarlo. Pero el Papa sí que lo califica como deber de europeidad. Una vez más, liderazgo.

Pues sí. El viaje del Papa ha ido muy bien. Todo el mundo debería aceptarlo. Incluso para criticarlo. Más vale criticar que condenar o ignorar. Esta es la servitud del liderazgo. Proponer, sin miedo y aceptar, desde el respeto, la disconformidad. Pero mientras esta no coja consistencia, bienvenido sea un liderazgo desacomplejado, entendedor y valiente­. Miquel Roca Junyent es abogado. La Vanguardia, 17 de junio de 2026.