viernes, 22 de agosto de 2025

DE LA NECESIDAD DE POSICIONARSE CONTRA LA XENOFOBIA

 







Frente al miedo y la destrucción de los xenófobos, es tiempo de responsabilidad: no hacerles el juego por unos presupuestos o por miedo a perder votos, escribe Pilar Mera en El País [Contra la xenofobia, 10/08/2025]. “España es una nación forjada sobre los fundamentos de la filosofía griega, el derecho romano y la civilización cristiana”. Así comienza la exposición de motivos de la moción de Vox que ha expulsado las celebraciones musulmanas de las dependencias municipales de Jumilla, comienza diciendo Mera. Así comienza también la exposición de motivos de esta moción tras la enmienda del PP que permitió su aprobación. Y ambas, que son la misma, continúan: “En este marco, determinados ritos y celebraciones importadas, como la conocida como Fiesta del cordero, resultan completamente ajenas a los usos y costumbres que han configurado nuestra identidad nacional de forma continuada”.

Si no hubiera una alusión explícita a la fiesta del cordero, una podría entender la última frase como un ataque, qué sé yo, a Papá Noel, ese abuelo gordito, barbudo y bonachón que cada Nochebuena nos inunda de regalos, incorporado a nuestros usos y costumbres en tiempos recientes. Aun por encima, este anciano del norte de Europa compite con los protagonistas de una tradición autóctona: los Reyes Magos. Una tradición autóctona, por cierto, que celebra a tres extranjeros llegados de Oriente, uno de ellos negro.

Papá Noel, en cambio, no es negro, sino de piel blanca y sonrosada, como la de muchos alemanes jubilados que viven en Baleares, llenando sus pueblos de palabras, usos y costumbres germánicas. Sobre ellos también pesa la amenaza de deportación que Vox promete cumplir si consigue arrimarse al poder lo suficiente. A Rocío de Meer y otros colegas de partido de apellidos de exótico origen les preocupa y les sobran los más de nueve millones de ciudadanos residentes en España que no han nacido aquí. Aunque tres millones de ellos ya sean españoles. También el millón y medio de menores nacidos en España con al menos un progenitor extranjero. Como Hermann Tertsch, aunque él no es menor y su identidad española es tan española en el sentido español de Vox, que supongo que no corre peligro de expulsión.

Esa identidad tan española de Vox es tan ambigua, tan pura y tan ficticia que no caben ni ellos. Pero ¿qué importa? Todo es ruido y relato en busca del miedo. La cantinela populista adopta la melodía de la xenofobia y toma por bandera el sentido literal de su etimología griega. El miedo al extranjero. Y la agitan hacia un extranjero muy concreto que subliman y convierten en el todo. Un extranjero de origen árabe y piel oscura, musulmán y agresivo, diabólico y deshumanizado. El desconocido que nos resulta ajeno y amenazador. El chivo expiatorio perfecto de todos nuestros males.

Si este paso adelante de Vox cuaja, nuestra convivencia y nuestra democracia están en peligro. Y no es alarmismo ni exageración. La exclusión y el señalamiento no son buenos compañeros de la democracia. Pero señalarlo como un mal inevitable que nos asusta tampoco es alternativa. Ni rendirse a ello. Frente al miedo y su destrucción, es tiempo de responsabilidad. La responsabilidad de no hacer el juego a los xenófobos por unos presupuestos o por miedo a perder votos. La de pelear esos votos desde la pedagogía y los datos, centrando el foco en los problemas reales de la ciudadanía y no en fantasmas de distracción. La de no rechazar y señalizar a los menores no acompañados por hacer oposición al Gobierno central. Y también la de gobernar intentando construir con todos los partidos una política de inmigración realista e integradora.

Porque la integración es un proceso demasiado complejo como para caer en simplismos y aunque no hay una solución mágica, quizás podamos empezar por entender que integrar no es sinónimo de diluir, sino de construir y asumir realidades plurales y móviles que partan de unos mínimos irrenunciables para la convivencia democrática. Sin espacio para los guetos y combatiendo la exclusión social que es la principal gasolina para los conflictos. Y sin olvidar nunca la humanidad del otro y su condición de igual. Pilar Mera Costas (Vigo, 1978), es doctora en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense, y profesora en el departamento de Historia Social y del Pensamiento Político de la UNED. Está especializada en la historia de la Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo.























DEL ARCHIVO DEL BLOG. POR FIN ESTOY DE ACUERDO CON TODOS. PUBLICADO EL 24/08/2019

 








No suelo tratar en mis "A vuelapluma" asuntos de la actualidad política, pero el artículo del profesor, filósofo y politólogo Xosé Luís Barreiro Rivas que subo hoy al blog merece una excepción por la ironía gallega, rozando el sarcasmo, que destila. Les dejo con él. Estoy de acuerdo con Sánchez, comienza diciendo Barreiro, en que un Gobierno de coalición con Unidas Podemos sería como meter la legislatura en un banco de arenas movedizas. También creo, con Yolanda Díaz, que con 123 escaños, y un diputado cántabro, no se puede gobernar. Y hasta le doy la razón a Rivera cuando dice que, a estas alturas de la película, contemplando el «histórico» de sus relaciones con Pedro Sánchez, ya no es posible que la mejor de las soluciones -una coalición PSOE-Ciudadanos- se materialice y opere en tan amolado contexto. Me parece lógico que el PP de Casado se sitúe en un «no» absoluto a Sánchez, sin más matices que esas puñeteras verónicas, disfrazadas de «acuerdos de Estado», que hacen a puerta gayola. Y hasta consiento con Torra y Puigdemont en que unos independentistas de pro -cantamañanas, populistas, supremacistas y absolutamente ineficaces-, no necesitan más palabras que el «no a todo» para desarrollar sus actividades en el Congreso. Mi generoso acuerdo alcanza también al PNV, que está convencido de que, cuando se puede hacer la puñeta al país, para obtener ventajas pírricas, no queda más remedio que actuar con indecencia. E incluso apoyo a Iglesias cuando dice que, si un partido tiene la llave del poder, no tiene más remedio que entrar en el cielo y okupar varios apartamentos. Y, siendo coherente conmigo mismo, no me opongo a que el pueblo vote como le da la gana, repita su bloqueo esencial en cada elección, y comente en la taberna que «nós xa fixemos os nosos deberes, e agora tócalle falar aos políticos». Escuchando las simplezas que dicen los empresarios, los obispos, los tertulianos, los millones de politólogos que brotan en toda España como las setas, los científicos y los camareros de temporada, no me atrevo a quitarle la razón a nadie, ni a insistir en que todo lo que estamos haciendo con el sistema -la fragmentación de los partidos, el chalaneo con los nacionalistas, el ascenso de los populismos, el germen de ingobernabilidad que hemos sembrado concellos y autonomías, y la creencia en que la indignación y la corrupción justifican todas las chuminadas-, constituye una muestra de como uno de los pueblos más felices del mundo anda buscando «o pau para o lombo», convencido que el caos es el principio fundante del cosmos.

¡Somos demócratas, y hacemos lo que nos da la gana! Pero el resultado que estamos obteniendo es que el país lleva cuatro años desgobernado; que estemos perdiendo inercias y ocasiones de oro para dar el salto a un orden económico y social envidiable; que estemos acercando al borde del abismo el modelo sanitario y el sistema de pensiones; que las finanzas públicas se vuelvan a teñir de rojo, y que el orden social da síntomas de grave agrietamiento. Porque este es el desorden y el bloqueo del que algunos hemos advertido siempre, ante el enfado de los demás. Pero, si es cierto que «sarna con gusto no pica», debemos mantener el rumbo y convocar nuevas elecciones. Para conseguir que un cuarto bloqueo, consecutivo, nos haga inmensamente felices. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt











DEL POEMA DE CADA DÍA, HOY, POR QUÉ ENTRO EN LAS IGLESIAS, DE VALERIA TENTONI

 







POR QUÉ ENTRO EN LAS IGLESIAS




Por el silencio, y contra nadie,

por el silencio húmedo de las iglesias

y sus mosaicos,

por lo que las iglesias le hacen a la luz,

cómo la dulcifican y la tiñen y la devuelven

al lugar del que proviene


por lo que esa luz, antes de irse,

transforma en las estatuas,

en las figuras esmaltadas

y sus manos perfectas


por la perfección, además,

de los confesionarios

en los que nunca me arrodillo

aunque las primeras muecas de la fe

como las del terror

jamás nos abandonen.


Porque en medio de la ciudad

y del ruido

hay silencio,

y porque el silencio es húmedo

y esmaltado


porque casi siempre estoy sola

en las iglesias

donde hasta las flores que se pudren

son hermosas

y porque no entro

con la mirada lacia

de los que van de visita.




VALERIA TENTONI (1985)

poetisa argentina


























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY VIERNES, 22 DE AGOSTO DE 2025

 



































jueves, 21 de agosto de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY JUEVES, 21 DE AGOSTO DE 2025

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 21 de agosto de 2025. La producción de falsos artículos científicos, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el divulgador científico Javier Sampedro, se ha convertido en una actividad industrial que amenaza a la propia ciencia. En la segunda, un archivo del blog de noviembre de 2019, el escritor bosnio Aleksandr Hemon, escribía con dolor y tristeza sobre la concesión del premio nobel de literatura al escritor austriaco Peter Handke, defensor acérrimo de los tiranos serbios que regaron de sangre los Balcanes. El poema del día, en la tercera, se titula La noche, es de la escritora argentina Alejandra Pizarnik, y comienza con estos versos: Poco sé de la noche/pero la noche parece saber de mí,/y más aún, me asiste como si me quisiera,/me cubre la conciencia con sus estrellas. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos.














EL AUGE DE LA MENTIRA EN LAS PUBLICACIONES CIENTÍFICAS

 







La producción de falsos artículos científicos se ha convertido en una actividad industrial que amenaza a la propia ciencia, escribe Javier Sampedro en El País [El triunfo de la mentira, 09/08/2025]. Jorge Luis Borges, comienza diciendo Sampedro, remató así su relato Emma Zunz, de 1949: “La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”. Siento empezar por un espóiler, pero supongo que eso da igual en este caso, porque si quieres entender el espóiler vas a tener que leer el cuento de todos modos. Ese relato es la mejor dramatización que conozco de un principio general de creciente importancia: que la mejor mentira es casi una verdad.

Los humanos somos unos mentirosos compulsivos (y no me lo niegues, porque no te voy a creer). Desde el caballo de Troya hasta los virus troyanos que se inspiran en él, desde las armas de destrucción masiva en Irak hasta el vínculo entre la inmigración y la delincuencia en España, desde la infancia inmaculada hasta el currículum académico, la historia y la vida se construyen sobre estratos de engaños, autoengaños y engañifas desfilando en machacona sucesión hasta la única certeza final, llamada muerte. Hay mariposas que despistan a los pájaros y leonas que se esconden tras un árbol para engañar a las gacelas, por supuesto que sí, pero lo nuestro es mentir a dos carrillos con razón o sin ella. Está en nuestra naturaleza.

Hay una mentira particularmente insidiosa, porque afecta al núcleo de nuestro mejor sistema para averiguar la verdad, que es la ciencia. Y esa mugre venenosa está creciendo literalmente de forma exponencial, hasta el punto de que ya se puede considerar una industria. El número de artículos científicos falsos generados por paper mills (editoriales dedicadas a inflar currículos a cambio de dinero) se está duplicando cada año y medio. Eso es lo que significa exponencial: algo que crece como 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64…, aunque el término se está convirtiendo en un sinónimo pomposo de “grande”, sobre todo en las tertulias políticas. Cuando algo crece exponencialmente hay que llevarse la mano a la cartuchera, porque el proceso puede consumir los recursos en dos patadas, como en la famosa parábola del arroz y el tablero de ajedrez.

Reese Richardson y sus colegas de la Northwestern University en Evanston han revelado que una serie de organizaciones oscuras han convertido la producción de falsos papers (artículos científicos revisados por pares) en una actividad industrial. A veces no son enteramente falsos, sino solo de una pésima calidad o con unos contenidos que no sirven para nada. El currículum de un científico se basa de una forma desmesurada en su lista de papers, y muchas universidades y centros de investigación contratan, ascienden y financian a los investigadores basándose en una evaluación al peso de todo ese material.

Si sumamos a esto el hecho de que los científicos pagan a las editoriales por publicar sus trabajos, tenemos el caldo de cultivo perfecto para que los mediocres prosperen en la ciencia, aunque sea a costa de destruirla por el camino. Autores que pagan decenas o cientos de miles de euros por aparecer en un trabajo en el que no han hecho nada, textos plagiarios, imágenes manipuladas y un uso creciente de las herramientas comerciales de la inteligencia artificial han alcanzado ya límites intolerables. Rusia e Irán albergan buena parte de las editoriales falsarias, y hay otros países en la lista.

El sistema debe erradicar estas prácticas con urgencia y mano de hierro. Nuestras sociedades parecen convivir felizmente con las tuberías de basura que circulan por las redes sociales, pero la ciencia no puede tolerar la mentira bajo ningún concepto. Aunque solo sean falsas “las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”, este cuento no cuela. Javier Sampedro Pleite es un científico y periodista español. Se doctoró en genética y biología molecular, y fue investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid y del Laboratorio de Biología Molecular del Medical Research Council de Cambridge.












DEL ARCHIVO DEL BLOG. PETER HANDKE, EL BOB DYLAN DE LOS APOLOGETAS DEL GENOCIDIO. PUBLICADO EL 03/11/2019

 






"Cuando vivía en Sarajevo, en Bosnia y Herzegovina, leí los libros del escritor austriaco Peter Handke, me quedé agradablemente desconcertado por sus obras de teatro y vi las películas que escribía, -comienza diciendo el escritor bosnio Aleksandr Hemon-. Me encantó el brillante vacío de su novela El miedo del portero al penalti. Me fascinó la belleza de la obra maestra de Wim Wenders Cielo sobre Berlín, en cuyo guion trabajó él.

A finales de los años ochenta, yo era joven y me obsesionaba la búsqueda de la inteligencia y la modernidad. Handke no solo parecía inteligente y moderno sino que además, como autor, estaba ampliando las fronteras de la literatura. Era el tipo de escritor en el que yo deseaba convertirme.

Sin embargo, las cosas cambiaron para él y para mí en 1991, cuando Eslovenia y Croacia se separaron de Yugoslavia. Ante el llamamiento del presidente de Serbia, Slobodan Milosevic, el Ejército Popular Yugoslavo emprendió una breve guerra en Eslovenia y luego otra mucho más larga y sangrienta en Croacia, en la que arrasó ciudades y cometió todo tipo de atrocidades.

Reacios a permanecer en Yugoslavia, los habitantes de Bosnia y Herzegovina decidieron por mayoría proclamar la independencia en un referéndum celebrado en 1992. Milosevic estalló. Su ambición nacionalista de crear una “gran Serbia” requirió una operación genocida contra los musulmanes bosnios. Radovan Karadzic, uno de los colaboradores de Milosevic en Bosnia, llevó a cabo una campaña de “limpieza étnica”, es decir, violaciones y asesinatos, expulsiones en masa, campos de concentración y asedios. El Estado de Milosevic proporcionó toda la ayuda económica y militar necesaria.

En julio de 1995, los serbios entraron en Srebrenica, una ciudad en el este de Bosnia, que había sido declarada zona segura y, en teoría, estaba protegida por un batallón holandés bajo la bandera de Naciones Unidas. El general Ratko Mladic, jefe del Ejército serbobosnio, estuvo allí celebrando la toma de la ciudad y declaró que era la victoria más reciente en los 500 años de guerra contra “los turcos”, un término racista para designar a los musulmanes bosnios. Unas días más tarde, los soldados de Mladic asesinaron a 8.000 musulmanes bosnios y los enterraron en fosas comunes sin identificar.

No recuerdo cómo ni cuándo me enteré de que Peter Handke, cuya madre era eslovena, había decidido que las verdaderas víctimas de las guerras yugoslavas eran los serbios y que los Gobiernos y los periodistas occidentales mentían sobre ellos por odio.

Es posible que mi reacción inicial fuera de mera incredulidad ante la idea de que el escritor que había imaginado a los ángeles en el cielo sobre Berlín cuidando de sus ciudadanos en la película de Wenders pudiera pensar que los “musulmanes” de la multiétnica Sarajevo estuvieran matándose a sí mismos para culpar a los serbios y que las atrocidades en Srebrenica fueran responsabilidad de los dos bandos. Handke insistía en que el número de bosnios asesinados se exageraba y los serbios estaban sufriendo tanto como los judíos en la época de los nazis.

Poco después de que terminara la guerra en 1996, Handke publicó un libro titulado Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Morava y Drina o Justicia para Serbia. Había descubierto una especie de pureza de dos mil años de antigüedad en Serbia y la República Srpska (la entidad serbia que se estableció después de la limpieza étnica dentro de Bosnia como consecuencia de loa Acuerdos de Paz de Dayton) y había llegado a la conclusión de que la verdadera Europa solo existía allí.

Milosevic tenía tanto afecto a Handke que le otorgó la Orden del Caballero de Serbia por su compromiso con la causa. Incluso después de que el inmenso volumen de pruebas de los crímenes cometidos por los serbios en Croacia y Bosnia (y, desde 1999, en Kosovo) condujera a la detención y el procesamiento de Milosevic y sus secuaces tras la guerra, el apoyo de Peter Handke al carnicero de los Balcanes no remitió jamás.

Milosevic le pidió que testificara en su juicio en La Haya, pero Handke rechazó amablemente la petición, aunque acudió al juicio más de una vez. Cuando murió Milosevic, en 2006, Handke habló en su funeral, ante un público de 20.000 patriotas afligidos. En Belgrado lo consideran “el amigo que los serbios no necesitaron comprar”.

Fuera de las tierras puras de Serbia y la cabeza del señor Handke, la responsabilidad de Milosevic y sus adláteres quedó establecida más allá de toda duda razonable: Karadzic y Mladic fueron condenados a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y genocidio.

Podría tener la tentación de pensar que aquellos crímenes se han convertido ya en historia imposible de negar, pero los bosnios hemos aprendido por las malas que “¡Nunca más!”, normalmente, quiere decir “¡Nunca más, hasta la próxima vez!”. Es frecuente que nos encontremos con gente que no sabe nada, no quiere saber nada, piensa que es demasiado complicado o niega directamente lo que sucedió en Bosnia y quién tuvo la culpa.

Cualquier superviviente de un genocidio dice que no creerle o despreciar su experiencia es una forma de prolongar ese genocidio. El que niega el genocidio está favoreciendo que vuelva a ocurrir. En cuanto a Handke, The Irish Times contó así su reacción: “Cuando los que le criticaban señalaron que los cuerpos de las víctimas eran pruebas de las atrocidades serbias, el escritor respondió: ‘¡Podéis meteros vuestros cadáveres por el culo!”.

Tal vez los delirios inmorales del señor Handke estén relacionados con su estética literaria, su falta de confianza en la capacidad del lenguaje para representar la verdad, que acaba desembocando en la idea de que todo es igualmente cierto o falso. Su fracaso moral también podría interpretarse en el contexto de la interminable islamofobia europea, o del “y tú más” que considera que todas las partes de la antigua Yugoslavia fueron igualmente responsables de su desaparición, una teoría que encajaba muy bien con la aversión instintiva al imperialismo de Occidente que, en los sangrientos años noventa, nublaba las mentes más excelsas de muchos círculos europeos.

Ahora bien, incluso aunque se pudiera explicar el descarrilamiento moral de Peter Handke por su escepticismo intelectual o por su sentimentalización acrítica de los Balcanes, ligada a su historia familiar, cuesta comprender qué pudo hacer que idolatrara a un monstruo como Milosevic.

Milosevic, un hombre gris del aparato cuya ambición estaba a la altura de su carácter sanguinario, se apoyaba en la maquinaria opresora de su policía, su servicio secreto y sus paramilitares. Tenía la costumbre de ordenar el asesinato de sus rivales políticos. Convirtió Serbia en una cleptocracia adicta a la guerra, arruinó su economía, perdió todas las guerras que libró y fue derrocado por su propio pueblo en el año 2000. Para Handke, era “un hombre más bien trágico” que hizo lo que habría hecho cualquiera en su situación.

Desde que Peter Handke decidió entregarse a la causa perdida de Milosevic y Serbia, no he sido capaz de leer sus obras. Como buen bosnio, no soy tan europeo como los sabios suecos del Comité del Nobel que le han otorgado el Premio Nobel de Literatura. Por eso me resulta imposible, una y otra vez, no buscar la conexión entre lo que escribe, por ejemplo, sobre un portero que padece ansiedad ante el penalti y su convicción de que los defensores de Sarajevo arrojaron una bomba sobre el mercado abarrotado para poder echar la culpa a los serbios.

Las ideas políticas de Handke invalidaron irreversiblemente sus ideas estéticas, y su adoración por Milosevic invalidó sus principios éticos. En el funeral proclamó: “El mundo, el llamado mundo, lo sabe todo de Yugoslavia y de Serbia. El mundo, el llamado mundo, lo sabe todo de Slobodan Milosevic. El llamado mundo sabe la verdad... Yo no sé la verdad. Pero miro. Escucho. Siento. Por eso estoy hoy aquí, cerca de Yugoslavia, cerca de Serbia, cerca de Slobodan Milosevic”. Un escritor capaz de decir esas palabras no puede tener nada valioso que decir.

Es evidente que no saber la verdad sobre Milosevic y el genocidio no ha sido un problema para el Comité del Nobel, que tiene el mandato, instituido por Alfred Nobel, de recompensar “a la persona que haya producido en el campo de la literatura la obra más sobresaliente en una dirección ideal”. Quizá la literatura comprometida de la gran Olga Tokarczuk no sea, para ellos, más que una más entre muchas opciones estéticas y éticas, del mismo valor que la obra de Handke.

Es posible que los respetados miembros del Comité del Nobel estén tan dedicados a preservar la civilización occidental que, para ellos, una página de Peter Handke valga lo mismo que mil vidas musulmanas. O que en los exclusivos salones de Estocolmo, el portero ansioso de Handke resulte mucho más real que una mujer de Srebrenica cuya familia fue aniquilada en la masacre.

La elección de Peter Handke implica una concepción de la literatura a resguardo de los infortunios de la historia y las realidades de la vida y la muerte humanas. La guerra y el genocidio, Milosevic y Srebrenica, el valor de las palabras y los actos de un escritor en este momento histórico, pueden ser interesantes para los toscos plebeyos que han sufrido asesinatos y desplazamientos, pero no para quienes saben valorar “un ingenio lingüístico [QUE]ha explorado la periferia y la especificidad de la experiencia humana”. Para ellos, el genocidio pasa, pero la literatura es eterna.

En medio de una epidemia mundial de islamofobia y nacionalismos blancos, el Premio Nobel de Handke ha validado una estética que no se inmuta por cuestiones de decencia, un proyecto literario cuyo valor debería disolverse como un cuerpo en ácido ante la magnitud de los crímenes que su autor a negado repetidamente y, por tanto ha respaldado. Handke es el Bob Dylan de los apologetas del genocidio. El Comité del Nobel ha demostrado que sabe poco sobre la literatura y su verdadero lugar en este llamado mundo". Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt


















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LA NOCHE, DE ALEJANDRA PIZARNIK

 







LA NOCHE




Poco sé de la noche

pero la noche parece saber de mí,

y más aún, me asiste como si me quisiera,

me cubre la conciencia con sus estrellas.

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.

Tal vez la noche es nada

y las conjeturas sobre ella nada

y los seres que la viven nada.

Tal vez las palabras sean lo único que existe

en el enorme vacío de los siglos

que nos arañan el alma con sus recuerdos.

Pero la noche ha de conocer la miseria

que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.

Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas

Sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.

Su lágrima inmensa delira

y grita que algo se fue para siempre

Alguna vez volveremos a ser




ALEJANDRA PIZARNIK (1936-1972)

poetisa argentina