El blog de HArendt (2006-2026). Pensar para comprender, comprender para actuar
miércoles, 9 de julio de 2025
DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY MIÉRCOLES, 9 DE JULIO DE 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 9 de julio de 2025. Como le gusta afirmar a Alberto Núñez Feijóo, las formas lo son todo; y en el congreso del PP, al modo democristiano, participa todo el mundo, dice en la primera de las entradas del blog de hoy el escritor Ignacio Peyró. En la segunda, un archivo del blog de noviembre de 2022, el filósofo Nuccio Ordine hablaba de la gran repercusión que todos los años, con gran repercusión en los medios de comunicación y en internet, leíamos los resultados de los rankings internacionales de universidades, que al igual que sucede con las mercancías y las empresas que cotizan en Bolsa, suben y bajan posiciones. El poema del día, en la tercera, se titula España, es del poeta Ángel Crespo, y comienza con estos versos: Escribían su nombre en las paredes./Con un carbón, con una tiza, con un lápiz mordido,/con un pedazo de yeso arrancando de una esquina,/con un clavo negro sacado de una tabla. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt
DEL CONGRESO DEL PP
Como le gusta afirmar a Alberto Núñez Feijóo, las formas lo son todo; y en el congreso del PP, al modo democristiano, participa todo el mundo, comenta en El País [Una boda y un funeral, 06/07/2025] el escritor Ignacio Peyró. Todos los congresos se parecen, comienza diciendo Peyró. Tras hora y media en la silla, incluso el más zelote de los compromisarios escucha los lugares comunes con los que el Partido Popular se describe a sí mismo con el espesor de un ruido de fondo: la frase “ofrecemos un proyecto ilusionante para España y los españoles” podría intercambiarse por “el Estado Libre de Kampuchea envía un mensaje de solidaridad a los pueblos del mundo”. Nadie se daría cuenta. De hecho, buena parte de las formalidades congresuales hoy podrían tramitarse con el envío de un par de adjuntos para aceptación y firma: la rendición de cuentas de la gerente, de la secretaria general, e incluso —en el raro mediodía de unanimidad que acaba de vivir el PP— también la ponencia política y la estatutaria. Sin embargo, como le gusta afirmar a Alberto Núñez Feijóo, las formas lo son todo. Y del mismo modo que uno no vive las procesiones de Sevilla sin esperas, apretujones y dolor plantar, para experimentar el cónclave del PP en su plenitud también hay que entregarse a la extenuación y resistir no solo lo que tiene de congreso de partido comunista bielorruso sino lo que tiene de Festival de San Remo. Porque aquí, al modo democristiano, participa todo el mundo: Cuca Gamarra haciendo el elogio fúnebre de sí misma al despedirse, Xavier García Albiol —se ha querido contar con los poetas— dando y quitando los turnos de palabra, y hasta Monago, ¡Monago!, en un papel protocolario, pero también con acceso a la gloria del micro. Como decía Zaplana, un partido es también una familia. Y ha de haber lugar para todos. Para la mordiente intelectual de Cayetana Álvarez de Toledo y para los carraspeos de Beatriz Fanjul. Para la ira de aleación purísima de Aznar y la inteligencia oblicua de Rajoy. Para los tatus de Noelia Núñez y la guayabera con la que Íñigo Méndez de Vigo se ha paseado por IFEMA como un general centroamericano en el exilio. “Se puede ser lo que uno quiera y del PP”, ha dicho esta arde Feijóo al presentar a su equipo: el Jaime de los Santos que escribía artículos sensibles sobre arte o un Miguel Tellado que no ha llegado a la secretaría general para citar a filósofos.
En un partido cuya ponencia política reivindica la paella mixta de liberalismo y conservadurismo, la mayor preocupación es asegurar la convivencia de pasado y futuro. Por eso siguen teniendo su presencia Javier Arenas y —pasados los noventa— el mentor de Feijóo, José Manuel Romay. Por eso se cita, con un aplauso reverente, a Miguel Ángel Blanco. Por eso el actual presidente ha querido rodearse de la legitimidad que le aportan los presidentes antiguos: José María Aznar y Mariano Rajoy. Sobre el escenario, ambos transmiten el odio frío que se tenían Simon y Garfunkel, y oír a Aznar para luego oír a Rajoy es como dejar un partido de rugby por un concierto de Chopin. Pero ni Aznar, que ha tenido berrinches en otros congresos, ni —importante— Ayuso, que se ha mantenido en una paciencia silenciosa, han rizado la superficie de las aguas: este fin de semana ha sido el rompimiento de gloria de Feijóo. En un partido de la disciplina del PP, se le ha dado la plenipotencia para concurrir a las elecciones como él —y con quien él— quiere.
Y es ahí donde a la continuidad de le añade la novedad. Desde el primer momento ha habido una Schadenfreude vivida con desparpajo —Koldo, Cerdán, Ábalos— ante los infortunios del PSOE: los populares estaban de boda mientras a los socialistas les tocaba el funeral, y Núñez Feijóo solo tendrá una noche más alegre que la de IFEMA si en la próxima noche electoral se asoma vencedor al balcón de Génova. Es más, la algidez de la euforia ha borrado incluso esa presencia a la vez incómoda e imprescindible de Vox, apenas intuida en el fervorín de Aznar. Pero en estos dos días, la autoafirmación satisfecha del PP ya ha ido conociendo, como decíamos, el sabor desacostumbrado de lo nuevo. Se ha podido ver en la elección de Ester Muñoz: leal, joven, muy consistente. Y se ha podido oír en el discurso de Alma Ezcurra, que ha pasado el paño al ideario clásico liberal-conservador. “¿Vosotros tenéis claro cuál es el propósito del Partido Popular?”, se preguntaba la nueva número tres. A horas de investir de nuevo a Feijóo, la intención es que no sea solo —como abomina Alejandro Fernández— ese partido preocupado por el IVA de las legumbres. Ignacio Peyró es escritor.
[ARCHIVO DEL BLOG] LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. PUBLICADO EL 09/11/2022
DEL POEMA DE CADA DIA. HOY, ESPAÑA, DE ÁNGEL CRESPO
ESPAÑA
Escribían su nombre en las paredes de las casas vecinales,
Les ataban ambas manos con alambres y con esposas y
Pero ellos escribían su nombre en las paredes de los
Decidieron borrar aquellas letras y montaban andamios y
Como ya la creían muerta, nadie más escribió su nombre
Para borrarlo, decidieron derribar la ciudad y hacer otra
Tras el primer crepúsculo, a la primera hora de la noche,
martes, 8 de julio de 2025
DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY MARTES, 8 DE JULIO DE 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 8 de julio de 2025. Durante una pausa de un encuentro de escritores organizado en Roma por la Universidad de Georgetown, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy el escritor Javier Cercas, le pregunté a Pankaj Mishra por qué vive desde hace años en España. “Porque es el mejor país del mundo”, me contesta. “Eso lo dices porque nos conoces poco”, replico. Mishra se ríe; ha nacido en la India, escribe en inglés, acaba de publicar El mundo después de Gaza y es uno de los creadores del evento. “Hablo en serio”, insiste. “Por ejemplo: España es el único país que conozco donde los escritores publicáis habitualmente en la prensa”. En la segunda, un archivo del blog de abril de 2020, el escritor Manuel Jabois se preguntaba: ¿Hemos sacado alguna lección del virus?: ninguna, responde. El poema del día, en la tercera, es del poeta Jorge Guillén, se titula 12 de octubre, y comienza así: Esa España que quiso demasiado/Con grandeza afanosa y tuvo y supo/Perderlo todo ¿se salvó a sí misma? Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt
DEL PARA QUÉ ESCRIBIMOS EN LOS PERIÓDICOS
En mis novelas, no puedo decir ni Sí ni No (las novelas lo tienen prohibido); en este artículo, en cambio, sí puedo decirlo, comenta en El País Para qué escribimos en los periódicos, 05/07/2025] [el escritor Javier Cercas. Durante una pausa de un encuentro de escritores organizado en Roma por Georgetown University, comienza diciendo Cercas, le pregunto a Pankaj Mishra por qué vive desde hace años en España. “Porque es el mejor país del mundo”, me contesta. “Eso lo dices porque nos conoces poco”, replico. Mishra se ríe; ha nacido en la India, escribe en inglés, acaba de publicar El mundo después de Gaza y es uno de los creadores del evento. “Hablo en serio”, insiste. “Por ejemplo: España es el único país que conozco donde los escritores publicáis habitualmente en la prensa”. “Eso a algunos no les gusta”, le informo. “Sobre todo, a los politólogos”. “Claro”, dice. “Porque creen que les estáis quitando el trabajo; y porque piensan que la política es una ciencia. Pero no lo es”. “No”, admito, recordando a Javier Pradera. “La ciencia política es a la ciencia lo que la música militar a la música”. Mishra vuelve a reírse; concluye: “Por eso es bueno que escribamos en la prensa”.
Mishra lleva razón, pero solo en parte: no creo que España sea el mejor país del mundo; lo que pasa es que somos mucho más críticos con nuestros propios países que con los ajenos, cuyos defectos detectamos con menos facilidad, y nos irritan menos. Pero, aunque suene a apologia pro domo sua, no me parece malo que los escritores escribamos en los periódicos. Insisto en lo elemental: la palabra “política” viene de “polis”, que en griego significa más o menos “ciudad”, y la ciudad es de todos, incluidos los escritores; la palabra “democracia” significa en griego “poder del pueblo”, y el pueblo somos todos, incluidos los escritores. Por eso está bien que participemos en el debate público: porque, además de escritores, somos ciudadanos, y porque es bueno que los ciudadanos intervengamos en el debate público; mejor dicho: no existe democracia digna de tal nombre sin que lo hagamos. De la manera que sea: escribiendo artículos, discrepando o mostrándonos de acuerdo con esos artículos, opinando en las redes sociales, manifestándonos por la calle. En el encuentro de Roma, que estuvo casi monopolizado por escritores anglófonos, la atmósfera era de un pesimismo espoleado por la presidencia de Donald Trump y los crímenes de Gaza. En determinado momento la novelista británica Zadie Smith dijo que nuestras democracias han fracasado, que la gente está decepcionada de ellas; es verdad (y por eso triunfa por todas partes el populismo); pero, de nuevo, solo es verdad en parte: quienes nacimos en una dictadura sabemos que hay diferencia entre una dictadura y una democracia, y que la peor democracia es mil veces mejor que cualquier dictadura, entre otras razones porque una democracia, por pobre y defectuosa que sea, es perfectible, infinitamente perfectible, y perfeccionarla depende de nosotros, lo cual significa que las democracias no han fracasado, o que todavía podemos impedir que fracasen. En otro momento, la novelista turca Ece Temelkuran argumentó que, para los amos del mundo actual —los Trump, Musk, Zuckerberg, Bezos—, nosotros, los ciudadanos de a pie, no existimos; mucho me temo que esto es verdad sin más. Pero el caso es que sí existimos: la prueba es que aquí está usted, leyendo este artículo, y aquí estoy yo, escribiéndolo. Y es cierto que yo, en mis novelas, no puedo decir ni Sí ni No (las novelas lo tienen prohibido: las novelas dicen Sí y No al mismo tiempo, dicen que don Quijote está loco, pero no está loco, que es ridículo, pero también heroico); en este artículo, en cambio, sí puedo decirlo: hay que parar a los amos del mundo, hay que parar el genocidio en Gaza, hay que parar la agresión imperial en Ucrania. No sirve de nada, por supuesto, salvo para que usted esté de acuerdo o en desacuerdo; pero incluso su desacuerdo es una forma de acuerdo, de solidaridad entre nosotros. Y esa solidaridad, por poco que sea, es mucho.
Para eso escribimos en los periódicos: para no sentirnos solos, para dejar constancia de que continuamos existiendo, de que esto es cosa de todos. Para eso escribimos y para eso leemos; por lo mismo que nos reunimos un puñado de escritores en Roma: para no andar por el mundo sintiéndonos sometidos. Para oponer resistencia. Javier Cercas es escritor y miembro de la Real Academia Española.


















































