El blog de HArendt (2006-2026). Pensar para comprender, comprender para actuar
jueves, 3 de abril de 2025
[ARCHIVO DEL BLOG Facebook, en su laberinto. Publicado el 27/06/2018
Del poema de cada día. Hoy, Oración, de Juan Gelman
ORACIÓN
Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar…
Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed
quemándome.
Con esta sed quemándome.
La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.
JUAN GELMAN (1930-2014)
poeta argentino
miércoles, 2 de abril de 2025
De las entradas del blog de hoy miércoles, 2 de abril de 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 2 de abril de 2025. A veces, dice en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora Elvira Lindo, se tiene la sensación de que nada está en nuestra mano, de que la defensa de la democracia o del bienestar son aspiraciones inaprensibles para la gente corriente. En la segunda, un archivo del blog del 4 de marzo de 2019, el profesor Pere Vilanova comentaba que cualquier aspirante a “hacer política” debería leer el libro La política como profesión, donde el sociólogo alemán Max Weber (1864-1920) disecciona la ética de la actividad pública y la relación entre pensamiento y acción. El poema del día, en la tercera, de la poetisa canadiense Margaret Atwood, lleva por título Son naciones hostiles, y comienza con estos versos: En vista de la extinción de animales/la proliferación de cloacas y miedos/el mar congestionado, el aire/próximo a agotarse. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt
De la esperanza como obligación cívica
A veces se tiene la sensación de que nada está en nuestra mano, de que la defensa de la democracia o del bienestar son aspiraciones inaprensibles para la gente corriente, cuenta en El País [¿Es posible la esperanza?, 30/03/2025] la escritora Elvira Lindo. La conversación giraba esta semana, comienza diciendo Lindo, en torno a una inquietud: ¿cómo hacer para mostrarnos cada semana, por escrito o en radio, esperanzados a pesar de la deriva amenazante de los tiempos? Venía muy a cuento el asunto por el ensayo del periodista Andrea Rizzi, La era de la revancha, inspirado sin duda por el viejo pensamiento gramsciano que animaba a situar frente al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad. Y es que después de dar con los factores que han ido alimentando el resentimiento contagioso que propicia la extrema derecha procede Rizzi a invocar a la rebeldía, a militar en la resistencia, a no caer en la confortable trampa del nihilismo que nos disculpa de no hacer nada si es que nada se puede cambiar.
Las escenas que observamos a diario y que están elevando su tono grotesco en progresión geométrica, esa visión pesadillesca de presos encerrados como animales en granjas de producción intensiva, de inmigrantes acusados y expulsados, de detenidos por un pensamiento disidente, o de los débiles a los que se deja a la intemperie, esa codicia ilimitada de los ricos nihilistas que contribuyen orgullosamente al deterioro climático, el sorprendente neocolonialismo que anuncia apropiaciones de territorios ajenos o que decide borrar de la faz de la tierra a un pueblo, todo, todo es tan abrumador que cabe la tentación de encogerse de hombros y refugiarse en el tiempo y el espacio que a uno le haya tocado en suerte, borrada ya de nuestra mente la necesidad imperiosa de reaccionar contra la barbarie.
Así lo hablábamos en La Ventana, pastoreados por Carles Francino, que se preguntaba también cómo responder a lo que está ocurriendo cuando a veces se tiene la sensación de que nada está en nuestra mano, que la defensa de la democracia o del bienestar son aspiraciones demasiado inaprensibles para el escaso poder que nos asiste a la gente corriente. Eso mismo, el qué podemos hacer, le preguntaba yo a la politóloga Cristina Monge ante un público en Huesca que asentía como si esas fueran las preguntas que asaltan no solo al que se expone públicamente sino también al que lee información o la escucha. Lo hacíamos sabiendo que luego compartiríamos copa y comida con los siempre acogedores amigos aragoneses y que, al menos, en ese espacio recogido en torno a una mesa, se respiraría el deseo común de reducir el infierno en la medida de lo posible. Éramos conscientes de que en la vida diaria los seres humanos desarrollamos por instinto de supervivencia una diplomacia básica que nos evita el enfrentamiento cotidiano con quien tenemos cerca, con el vecino, el colega, la pareja o el hijo.
A veces la violencia se desata, pero la historia nos demuestra que generalmente ese conflicto ha sido alentado a conveniencia por quienes ostentan el poder. La brutalidad que se nos retransmite en un directo incesante nos hace sentir que estamos desamparados y esos tonos chulescos que a menudo se hacen presentes en políticos de allá, pero también de aquí, auténticos voceros de la grosería y el cinismo, nos llevan a poner en duda nuestra capacidad de influir en la deriva del mundo. Corremos el serio peligro de aceptar resignadamente que no pintamos nada, que nada está nuestra mano, que sale más a cuenta esquivar los charcos y ponerse a resguardo. Pero mi vida diaria contradice una y otra vez ese pesimismo que nos asalta, y seguro que a usted le pasa como a mí: si prestamos atención, vemos a tanta gente que de manera desinteresada se desvela por otros, que carga sobre sus espaldas el cuidado de sus viejos o el bienestar de sus hijos, que asiste a personas a las que apenas conoce por el puro deseo de ampararlas, que cuando la comparamos con esos líderes repugnantes que abusan de su poder para amedrentarnos y se sacuden su culpa sin que se les caiga la cara de vergüenza, deberíamos hacer acopio de toda la voluntad posible, que a veces flaquea, y tener confianza en nuestra contribución a que un día sean ellos los expulsados por el destrozo que dejan a su paso, aunque los platos rotos, como suele ocurrir, los paguemos todos.
[ARCHIVO DEL BLOG] Sobre la política como profesión. Publicado el 04/03/2019
Del poema de cada día. Hoy, Son naciones hostiles, de Margaret Atwood
SON NACIONES HOSTILES
1
En vista de la extinción de animales
la proliferación de cloacas y miedos
el mar congestionado, el aire
próximo a agotarse
deberíamos ser amables, deberíamos
estar atentos, perdonarnos unos a otros
En cambio nos enfrentamos, nos tocamos
como si nos estuviéramos atacando,
os regalos que traemos
incluso de buena fe pueden
volverse, en nuestras manos,
herramientas, maniobras
2
Si dejas de mirarme con tus
binoculares como si fuera un blanco
prometo rendirme
esta fotografía aérea
(tus puntos débiles
marcados en rojo)
me pareció muy útil
Mira, estamos solos en
el campo en barbecho, la nieve
que no podemos comer ni juntar
3
Aquí no hay ejércitos
aquí no hay dinero
Hace frío y está refrescando
Necesitamos mutuamente de
nuestro aliento, calor, sobrevivir
es la única guerra
que podemos afrontar, sigue
caminando a mi lado, ya casi
es el momento / si tan solo
pudiéramos llegar
hasta este (posiblemente) último verano
MARGARET ATWOOD (1939-2005)
poetisa canadiense
martes, 1 de abril de 2025
De las entradas del blog de hoy martes, 1 de abril de 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 1 de abril de 2025. Trump ha entrado como elefante en cacharrería en la crisis democrática de un mundo desordenado y ha acelerado las tendencias de fondo llevándolas hacia su paroxismo, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el exministro socialista Ramón Jáuregui. En la segunda, un archivo del blog de tal día como hoy de hace dieciséis años, la periodista Natalia Junquera recordaba que este primero de abril de hacía 70 años finalizó la más cruel de las numerosas guerras civiles que los españoles hemos afrontado en nuestra historia, y que ninguna de ellas produjo tan alto número de muertos, heridos, desaparecidos y exiliados. La tercera de hoy es el poema Mujer con alcuza, del gran poeta y exdirector de la Real Academia Española Dámaso Alonso, que comienza con estos versos: ¿Adónde va esa mujer, arrastrándose por la acera,/ahora que ya es casi de noche,/con la alcuza en la mano? Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt







































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