viernes, 25 de agosto de 2023

De la incertidumbre de la investidura








Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del politólogo Fernando Vallespín, va de la incertidumbre de la investidura. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com







Entre la incertidumbre y el desconcierto
FERNANDO VALLESPÍN
20 AGO 2023 - El País - harendt.blogspot.com

A pesar de lo que vimos en la elección de la Mesa del Congreso, todo sigue en el aire. La prueba de fuego sigue siendo la investidura. Supongamos, no obstante, que se consigue, ¿qué escenario político nos vamos a encontrar? Del lado de los vencedores va a salir un gobierno eufórico pero cargado de incertidumbre, y del de los perdedores una oposición apesadumbrada y desorientada. Los primeros, porque dependen de un personaje imprevisible que, además, mancha su propia autodefinición. No es fácil extender la identidad “progresista” a quien ha hecho gala de supremacismo étnico en su propio territorio, ha sido condenado por incumplir la ley y representa a buena parte del sustrato más burgués de Cataluña. Con el añadido de que muchas de sus demandas irán en clara colisión con el ordenamiento jurídico. Para conseguir su aquiescencia habrá que compensar su inviabilidad con otro tipo de prebendas para su Comunidad, necesariamente de índole económica. Una cosa es, sin embargo, el reconocimiento de la diferencia y otra distinta la vulneración del principio de igualdad. En la primera dimensión estaría de acuerdo, en la segunda no. Precisamente porque me considero progresista.
Y ya que estamos en cuestiones semánticas, otro pequeño inciso. Ignoro si es parte del pacto, pero que en la declaración conjunta del grupo que se unió para la constitución de la Mesa se dijera que se trata de buscar “el fin de la represión” producida como consecuencia del procés no ha podido dejar de chirriarme. Una determinada ley nos podrá gustar más o menos, pero en una democracia su aplicación nunca es “represiva”, siempre se sustenta sobre procesos democráticos. Las palabras importan, y más si de forma explícita ponen en cuestión el Estado de derecho. A donde quiero llegar con esto es a que el hipotético nuevo gobierno deberá estar muy alerta en no entrar en rumbo colisión con el Poder Judicial. Y esto afecta muy particularmente al PSOE, obligado por su historia y sus expectativas electorales futuras a ser tremendamente cauteloso al respecto; evitar caer también en el síndrome del Zelig de Woody Allen, a no confundirse sin más con las exigencias de sus aliados; y explicar cada concesión como algo más que una mera estrategia de supervivencia en el poder.
Por parte de la derecha, en particular el PP, no tiene más remedio que despertar al fin a la realidad que le toca, hacer de oposición y aprender de sus errores. Y uno de ellos, el más importante quizá, porque es lo que impidió su mayoría, es el tratar de ser más hospitalario con la realidad plural de España. De forma implícita significa también aclarar de una vez su relación esquizofrénica con Vox. No lo tienen nada fácil, porque estarán cogidos en una pinza entre maximalismos de uno y otro lado, a su derecha y a su izquierda. Pero, aunque el tema nacional estará en el centro de la legislatura, la política no se reduce solo a eso. La oposición más inteligente no es la que niega por principio cada paso que da el Gobierno, sino la que consigue presentar alternativas mejores. La demonización del sanchismo le ha servido hasta ahora de magnífica cobertura para encubrir su falta de ideas. Una vez que aquel puede volver a ser entronizado ya no le sirve de excusa para su indolencia programática.
No me hago muchas ilusiones, esta legislatura será en gran medida similar a la anterior; es decir, se abundará en la supuesta maldad del otro como única estrategia de acción política, el bálsamo de Fierabrás de la polarización. La parte mala es que presenta toda posibilidad de cooperación transversal como una traición a la propia causa partidista. Y por eso mismo unos se ven obligados a tener que depender de Vox y otros del exiliado en Waterloo. O sea, que un panorama estupendo ante los graves desafíos que tenemos por delante.






























[ARCHIVO DEL BLOG] Misceláneas constitucionales. [Publicada el 05/12/2009]












Reconozco que a mi los aniversarios me ponen sentimental. El hecho de que mañana se cumplan treinta y un años de la aprobación de la Constitución de 1978 en referéndum nacional ha motivado que estos últimos días los haya dedicado a releer los Diarios de Sesiones del Congreso de los Diputados y del Senado que recogen los debates habidos durante su tramitación. También he releído algunos de los artículos de El Federalista (Fondo de Cultura Económica, México, 1994), la magnífica defensa que del proyecto de la Constitución estadounidense hicieran en 1788 Hamilton, Madison y Jay. Y por último, ante el descrédito en que algunos quieren colocar al Tribunal Constitucional, he vuelto a releer la interesantísima polémica que en el año 1931 sostuvieron dos ilustres juristas: uno alemán, Carl Schmitt (1888-1985), autor de La defensa de la Constitución (Tecnos, Madrid, 1983); el otro austriaco, Hans Kelsen (1881-1973), autor de ¿Quién debe ser el defensor de la Constitución? (Tecnos, Madrid, 1995), sobre cuál es el órgano político al que debería corresponder la defensa, salvaguardia y protección de la Constitución.
Carl Schmitt, Jurista de Estado, escribió centrado en el conflicto social como objeto de estudio de la ciencia política, y más concretamente sobre la guerra. Su obra atraviesa los avatares políticos de su país y de Europa a lo largo del siglo XX. Militó en el Partido Nazi, aunque las S.S. le consideraba un advenedizo, y le apartaron del primer plano de la vida pública del régimen. Hans Kelsen fue un jurista, filósofo y político austríaco de origen judío, profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Viena desde 1917. Autor intelectual de la Constitución federal austriaca de 1920, es nombrado miembro vitalicio del Tribunal Constitucional, del que es removido años más tarde a causa de sus tendencias socialdemócratas. En 1930, obtuvo una cátedra en la Universidad de Colonia (Alemania), que abandona tras la ascensión del nazismo. En Suiza enseña en la Universidad de Ginebra y más tarde (1936) en la Universidad de Praga. En 1940 emigra a Estados Unidos donde enseña Ciena Política en la Universidad de Harvard y más tarde en la de California-Berkeley, hasta su muerte.
La polémica que sostuvieron ambos es muy conocida. Básicamente se centraba en la respuesta que debería darse a la pregunta sobre "quién debe ser el defensor de la Constitución", que da título al opúsculo (apenas 80 páginas) con el que Kelsen responde y hace explícitas sus objeciones al anteriormente citado de Schmitt. Para éste, el "guardián" de la Constitución no puede ser el Parlamento, del que desconfía por su falta de carácter y espíritu "nacional" a causa de la pluralidad de su conformación y por el origen partidista de su elección, ni tampoco un tribunal de justicia ordinario ni creado "ad hoc", puesto que ello supondría "politizar" la Justicia, sino que como establecía la Constitución de la República de Weimar, está función debería corresponder al Presidente del Reich (Imperio) alemán, elegido por sufragio universal de "todo el pueblo alemán". Para Kelsen, la solución no pasa por encargar la defensa de la Constitución, básicamente frente a las leyes emanadas del Parlamento o los actos y disposiciones del gobierno (los únicos que podrían conculcarla) al propio Jefe del Estado, que preside el gobierno, o al Parlamento encargado de hacer las leyes, sino precisamente, y por esa causa, a un órgano "neutral, colegiado e independiente", con la tarea específica de proteger la Constitución, es decir, a un Tribunal Constitucional. (Todos los entrecomillados son míos).
Que la Constitución española de 1978 necesita un "repaso" está claro. Hasta el propio Consejo de Estado lo vio así cuando en Febrero de 2006 emitió el famoso Dictamen sobre Modificaciones de la Constitución Española que le había solicitado el Gobierno, centrado en cuatro puntos: 1) la supresión de la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión al Trono; 2) la recepción en la Constitución del proceso de construcción de la Unión Europea; 3) la inclusión de la denominación de las Comunidades Autónomas en la Constitución; y 4) la reforma del Senado.
A mi juicio, ese tímido intento de reforma se ha quedado ya bastante corto. Ineludible es la reforma del Senado, para convertirlo en lo que la Constitución dice que es: la Cámara de representación territorial, y en la que deberían estar representados los gobiernos de las distintas comunidades y ciudades autónomas, con voto ponderado para cada una de ellas en función de su población, y con un renovado procedimiento de adopción de acuerdos que implique tanto una mayoría cualificada de la población representada como del número de éstas. Pero también una reforma en profundidad del titulo VIII de la Constitución, en clave federal, que determine claramente cuales son las competencias indelegables de carácter estatal, y dejé todas las demás a lo que decidan los respectivos Estatutos de Autonomía, así como los mecanismos de financiación, colaboración y cooperación de las Comunidades autónomas con el Estado. Y por último, como no, del propio Tribunal Constitucional, delimitando sus competencias a la estricta defensa de la Constitución frente a cualquier ley o acto de gobierno contraria a la misma, y con un renovado proceso de conformación que bien podría ser por designación real (a propuesta del Gobierno, lógicamente), con la aprobación cualificada del Senado, entre juristas de reconocido prestigio, y cuya designación sería vitalicia, o hasta su renuncia voluntaria o impedimento físico apreciado por el propio Tribunal y aceptado por el Senado.
No podría terminar este recorrido sentimental sobre el 31 aniversario de la Constitución de 1978 sin un emocionado recuerdo de quien fuera uno de sus ponentes, Jordi Solé Tura, recientemente fallecido. Descanse en paz. Y a ustedes, pues que quieren que les diga: ¿gritamos "¡Viva la Constitución!"? Por mi, vale. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. (HArendt)













jueves, 24 de agosto de 2023

Del respeto debido a Sartre

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del escritor y académico Mario Vargas Llosa, va del respeto debido a Sartre. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com







La voz augusta
MARIO VARGAS LLOSA
20 AGO 2023 - El País - harendt.blogspot.com

Fue el secretario general del Comité Central de la URSS, o jefe del Kremlin, Leónidas Brezhnev, quien decidió poner fin a la Primavera de Praga, como se llamó a esa demostración de un socialismo abierto y plural, de jóvenes que podían anteponerse a los viejos carcamales que se limitaban a seguir y a respaldar todas las directrices de Moscú. Este periodo, a finales de los años sesenta, dio una gran popularidad a Checoslovaquia, pues participaron muchos intelectuales y pareció que las masas acudían a secundarlos. Brezhnev procuró que la URSS no estuviera sola en el cometido de aplastar el experimento del socialismo en libertad y enviar un mensaje contundente a todo el bloque soviético, sino acompañada de Polonia, Bulgaria y Hungría, en agosto de 1968. El ataque fue simultáneo y ruidoso, y cayeron centenares de víctimas, hasta que la URSS terminó dominándolo todo. La ocupación duró 23 años, hasta 1991, y el caso provocó múltiples renuncias y apartamientos del Partido Comunista en Europa y otras partes.
La conducta de Jean-Paul Sartre fue ejemplar en esta ocasión. Está descrita en el artículo de muchas páginas que escribió (La voz augusta), y que forma parte, a modo de prefacio, del libro de Antonin Liehm, Trois générations, publicado en 1970 por la editorial Gallimard. Sartre condenó la expedición militar y lamentó los muertos, a la vez que explicó, con lujo de detalles, las razones por las que el Partido Comunista soviético no había tolerado la Primavera de Praga y había cortado con ella. En esto hubo en él coherencia, pues en 1956, con motivo de la intervención de la URSS en Hungría a raíz de una gran rebelión popular, también había tomado distancia de Moscú y de los comunistas europeos que la apoyaron o fueron ambiguos al respecto.
Sin embargo, Sartre siguió insistiendo, en los años siguientes, en que era indispensable que todos los movilizados por las ideas de Marx se afiliaran al Partido Comunista, en los lugares donde este prosperaba, como en Francia e Italia (en Francia, los comunistas habían obtenido inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial más del 26% de los votos y desde entonces el partido mantenía el apoyo de una quinta parte de los electores a pesar de sus tropiezos y controversias). Pero eso es algo que él no hizo, y tampoco lo haría en otras ocasiones en las que estuvo cerca de él y propuso que, por más críticas que hubiera al Partido Comunista, todos debían afiliarse a él, estuvieran o no comprometidos con una “liberación” del marxismo. Después de la Segunda Guerra Mundial sus relaciones con el Partido Comunistas habían sido ásperas (los comunistas lo habían atacado mucho por su admiración filosófica a Heidegger), pero en los años cincuenta se había acercado a ellos.
¿Cuál era la razón de animar a otros a afiliarse? Muy simple: el único partido que podía arrebatar a la burguesía el control de la economía era el comunista, y todos debían apoyarlo. A pesar de esta convicción, él continuó, hasta su muerte, preservando su independencia, aunque en ciertas ocasiones se expusiera a actuar en público y ante masas de trabajadores. ¿Por qué Sartre se definió a sí mismo como un escritor independiente y ajeno a toda militancia? La explicación, además de que propugnaba un socialismo con visión humanista que no era compatible con la rigidez del partido, es su extraordinario prestigio, que aliados y enemigos respetaban por igual, y que hacía innecesario someterse a una estructura o jerarquía partidista.
Es sorprendente, a la distancia, observar que Sartre gozaba de esta excepción a una regla en la que él mismo quería embarcarnos a todos. Pero la verdad es que nadie se lo reprochó, incluso cuando aceptó ser la voz y el ejemplo viviente del Tribunal Russell, convocado por el anciano e ilustre inglés, Bertrand Russell, que soñaba con despedirse de este mundo condenando los asesinatos americanos en el lejano Vietnam.
El respeto que inspiró Sartre en amigos y enemigos fue enorme, casi tanto como la inmensa obra que produjo en esos años. Porque sus ensayos políticos no lo apartaron de sus investigaciones literarias. Siguió dedicándose con lujo de detalles a las investigaciones sobre Flaubert, sobre el que publicó un minucioso relato en Gallimard, y la obra maestra que era, y en eso estuve siempre de acuerdo con él, Madame Bovary. Si, además, tenemos en cuenta todas las obras de teatro que escribió en estos años, la fecundidad de Sartre está fuera de toda comparación con sus compañeros de oficio. Estos estudios literarios son tal vez las mejores obras que dejó en herencia. Son muy desiguales, sin lugar a dudas, probablemente porque fueron interrumpidas muchas veces debido a los ensayos políticos. Y en algún caso, en la biografía de Flaubert, en su exploración biográfica de tres volúmenes, que yo leí rigurosamente en esos años, no llegó a escribir el punto y final del ensayo, ni siquiera en lo que concierne a Madame Bovary.
El caso de Sartre es muy curioso. Su influencia fue reconocida en todos los medios, sobre todo en los más alérgicos a él, y a menudo le daban tribuna diarios o revistas que estaban en las antípodas de su pensamiento. Y creo que por una razón simple: por su enorme talento. Era acaso el único que podía competir de igual a igual con los filósofos alemanes que estaban cambiando la visión de las ciencias sociales. Las obras completas de Sartre alcanzarían muchos volúmenes y nadie todavía ha sido capaz de reunir la totalidad de sus novelas, obras de teatro y ensayos. Si a estas obras se añaden los muchos reportajes que dio, donde se explaya sobre sus ideas y convicciones, puede decirse que no hay, probablemente, ningún escritor tan fecundo ni ambicioso como él en la época contemporánea. Esa es la autoridad de la que él presumió, y que el propio general De Gaulle reconoció, llamándolo en una carta célebre “mi querido maestro”. A nadie se le reconoció tanto el derecho de equivocarse como a él, gracias, precisamente, a esa obra monumental. Salvo alguna excepción aislada, nadie lamentó sus graves errores en aquellos años, ni a la hora de su muerte. Como si a las alturas intelectuales que había alcanzado Sartre tuviera un derecho de estar equivocado en cosas importantes que no se les reconocía a otros intelectuales.
Yo lo tengo muy presente porque en los años de San Marcos, en Lima, una universidad de la que tengo tan buenos recuerdos, Sartre era una guía que servía de referencia a muchas personas de la vida intelectual y universitaria de ese país en el que, una vez más, un generalote gobernaba. El Partido Comunista era probablemente mínimo, y los militantes —yo estuve sólo un año en él— no podían, no debían, enterarse de su número, pero es evidente que éramos muy pocos y, probablemente, las enseñanzas de Sartre, que defendía la libertad de la cultura y una visión humanista del socialismo, eran la mejor de las guías que podíamos tener.
En nuestra época, como reconocía con pesar ese viejo librero que encontré hace no mucho en la Place Saint-Sulpice, “casi nadie lee a Sartre” y aún no se han revisado las extraordinarias contradicciones en que incurrió en esa vida tan fecunda que tuvo y en la que, además de escribir, vivió intensamente, compartiendo experiencias múltiples con esa amiga de toda la vida, Simone de Beauvoir. Ha llegado la hora de una revisión exhaustiva y objetiva de Sartre, ahora que su prestigio ya no tiene por qué inhibir a nadie de hacerlo. Es una tarea que queda pendiente.





























[ARCHIVO DEL BLOG] Dos mujeres. [Publicada el 19/04/2009]













He dado a esta entrada el título de "Dos mujeres", el mismo de la hermosísima y dura película de Vittorio De Sica (1961), basada en un relato de Alberto Moravia, e interpretada por Sofía Loren, Emma Baron, Eleanora Brown, Raf Vallone, y un principiante Jean Paul Belmondo. Salvo el título, nada tiene en común la trágica violencia ejercida por esos soldados aliados que avanzan por la península italiana en en las postrimerías de la II Guerra Mundial sobre una joven viuda y su hija, con esa otra historia de dos mujeres, contemporáneas, y aparentemente con muy pocas cosas en común, que hoy comento: Rita Levi-Montalcini y Corín Tellado. La primera, italiana y judía, neurocirujana, premio Nobel de Medicina, soltera, que cumple 100 años dentro de unos días; la segunda, española de Asturias, católica, prolífica autora de novelas "rosa", la escritora en español más leída después de Cervantes, separada, fallecida la semana pasada. Y sin embargo, ambas unidas por su condición femenina, por un indomable carácter, una voluntad férrea y una increíble capacidad de trabajo. Esta mañana, leyendo por Internet el suplemento Domingo de El País de hoy, que les dedica sendos reportajes ("Un cerebro centenario", por Miguel Mora, y "El amor sólo en los libros", por Javier Cuartas) he descubierto el gran paralelismo profundo existente entre dos vidas tan dispares, y que puede resumirse en el insobornable deseo de vivir con dignidad. No se si he acertado en la comparación, pero a mí me ha parecido interesante. Sean felices. Tamaragua, amigos. HArendt








miércoles, 23 de agosto de 2023

De duelos e iluminaciones

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, de la escritora Amanda Mauri, va de duelos e iluminaciones. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com








Duelos e iluminaciones de Siri Hustvedt
AMANDA MAURI
19 AGO 2023 - El País - harendt.blogspot.com

La escritora Siri Hustvedt anunció en marzo que su marido y compañero de profesión, Paul Auster, está enfermo de cáncer y en tratamiento. Atraviesa desde hace meses y junto a ella un extraño reino, a la vez simbólico e indudablemente material, al que Hustvedt llama Cancerland. “Sé que atesoraré este momento para siempre”, refiriéndose a una fotografía reciente; “Paul de pie en nuestra terraza bajo un sol deslumbrante, la gorra cubriéndole una cabeza casi calva”.
La enfermedad es un estado que excede lo físico; no limita sus estragos al cuerpo, a la carne, a los órganos, sino que se extiende hasta cubrir nuestra percepción de la realidad. Anida en la consciencia y tiñe el espacio, todo cuanto nos rodea tiembla o parece estar a punto de colapsar, como si en lugar de mirar las cosas y verlas como son, viéramos sólo su reflejo sobre el agua.
Quien haya tenido problemas de salud, dolores muy intensos, trastornos mentales o físicos, y los haya sufrido de forma prolongada, se habrá encontrado ante la misma encrucijada: por un lado, el deseo inapelable de querer entender por qué, por qué a mí, por qué a nosotros, junto con la imposibilidad de encontrar respuesta, y, por otro, la obligación de acostumbrarse a habitar este submundo, aceptar la moratoria en un lugar que es y no es a la vez. Algunas veces, nuestro paso por el reino de la enfermedad es transitorio; otras, permanente. Pero en ninguno de los casos existe un final de trayecto y uno debe seguir penetrando, una a una, las capas de significado que dan forma a un vocabulario desconocido, lleno de metáforas y silencios, para acercarse a la única fuente de luz posible en estas latitudes: aprender a vivir de otra manera.
La enfermedad, como la muerte, necesita un duelo. Proceso íntimo pero compartido que dé sentido al dolor, a la incertidumbre, a la desesperación, y abra la posibilidad de expresarse no a pesar de, sino a través de nuestra nueva condición.
En 2006, Hustvedt se subió a un estrado para pronunciar un discurso en memoria de su padre, fallecido dos años antes. Habló con voz firme, controlando la cadencia de su respiración y dando a sus palabras la inflexión correcta. Sin embargo, eso no es lo que el público vio. O no solo eso. Los presentes asistieron atónitos a una curiosa escisión, lucha interna, dos fuerzas opuestas o incluso dos mundos, contenidos en un único ser: mientras Hustvedt hablaba, su cuerpo se sacudía en violentos espasmos, le temblaban tanto los brazos y las piernas que parecía que la estuvieran “electrocutando”.
Las convulsiones se repitieron en otras ocasiones, además de fuertes migrañas, alucinaciones, ataques de euforia. La muerte de su padre quedó parcialmente absorbida en una nueva forma de duelo. Hustvedt necesitaba aprender a reconocerse, a nombrar a esa mujer-temblorosa-capaz-de-hablar, y a encontrar la mejor manera de darle vida. Escribió un libro, La mujer temblorosa o la historia de mis nervios (2010), parte ensayo y parte testimonio, para llevar a cabo ese proceso. Porque escribir es atravesar lo que no tiene explicación (aunque a veces se la encuentre, con el mismo éxtasis distraído con que una recibe los orgasmos que llegan por sorpresa, cuando el polvo merece la pena por su travesía, y no por su remate).
Menciono el sexo porque comparte con la muerte un lugar determinado en nuestra imaginación. Eros y Tánatos. Pulsiones que nos hacen ser y que nos amenazan constantemente con la disolución. Cráteres en la piel de nuestra psique que llenamos con sentimientos y connotaciones. A uno, el goce, la euforia. A otro, el terror, la impotencia. Los significados varían, pero no su origen, y su origen es inexplicable. Muerte y sexo retienen una opacidad imposible de desentrañar. De ahí que asomarse al abismo y atreverse a compartirlo sea un gesto terriblemente aterrador y terriblemente generoso.
Una forma de hacerlo son las palabras. Tal vez por eso Hustvedt escogió como unos de sus favoritos estos versos de Emily Dickinson: “Tras un gran dolor, llega un sentimiento formal”. El dolor no puede comprender, ni enunciar. Cae sobre nosotros, fogonazo que arrasa todo tiempo y toda perspectiva. Como el delirio egotista de un enfermo de identidad, el dolor solo se ve a sí mismo: es espejo, reflejo y mirada. Pero siempre termina. Existe un después de y en su resaca la lucidez termina por imponerse.
Otra forma es la compañía. A pesar de la neblina y de lo extraño del lugar, uno no está del todo perdido en la enfermedad. No mientras haya algo o alguien que nos permita seguir contándonos al mundo. Tejiendo un duelo múltiple y cambiante. Duelo por nuestro antiguo Yo, por nuestra ilusión de entereza, inmunidad, invulnerabilidad. Duelo por lo que puede perderse a partir de ahora, lo que de pronto queda en entredicho (ni pronunciado del todo, ni tampoco en silencio). Duelo por él o ella, a quien amamos y acompañamos, a quien vemos sufrir y a quien vemos temblar y seguir hablando, y a quien deberemos reconocer de nuevo, de otra manera.